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martes, 24 de marzo de 2015

HA 3 UD 09. Arte romano. Arquitectura.

HA 3 UD 09. ARTE ROMANO. 3. ARQUITECTURA.
Podemos hacernos una clara idea de la arquitectura romana a través de los impresionantes vestigios de los edificios públicos y privados de la Roma antigua y su territorio imperial, así como gracias a los escritos de la época, como el De Architectura, un tratado en 10 volúmenes compilado por Vitrubio hacia el final del siglo I ac.

3.1. CARACTERÍSTICAS.
- Es una arquitectura práctica, funcional y utilitaria, con un rango más eminente que las artes plásticas.
- Toma como primer modelo el arte etrusco y luego el griego, aunque carente de su sentido religioso.
- Asume las técnicas empleadas por las culturas anteriores, especialmente el arco y la bóveda de los etruscos.
- La arquitectura romana tiene la finalidad de construir espacios interiores (sobre todo desde la época de Nerón), mientras que la griega es racionalista y eleva muros visibles exteriormente para los ciudadanos.
- Propone nuevos programas arquitectónicos, para satisfacer las necesidades sociales, sin el predominio griego del templo, con tipos como teatros, circos, basílicas, palacios, termas, puentes, acueductos.
- Surge la teorización, siempre con fines prácticos, en la que destaca la obra de Vitruvio Los diez libros de la Arquitectura, muy influyente en el Renacimiento.
- La decoración es muy rica y variada: vegetales (acantos, rosetas, palmetas, guirnaldas sobre todo), bucráneos (cráneos de buey), pintura, frontones arquitectónicos, mosaico. Al final del Imperio la decoración se volvió más geométrica.
- Órdenes: se aplican los mismos órdenes griegos (sobre todo el corintio), pero dotados de carácter propio o reinterpretados con variaciones como dórico romano, con basa y sin éntasis; el toscano, una versión etrusca del dórico, tan austero como este, de altura de 14 módulos (veces el diámetro inferior), con basa ática simplificada, fuste liso con mucho éntasis, y capitel dórico de molduras; y el compuesto (denominado así en el Renacimiento), que surge en la época de Augusto de la fusión del orden corintio (hojas de acanto y ábaco) y jónico (volutas y equino con óvulos), con una proporción corintia. Es frecuente la superposición de órdenes en una fachada: dórico, jónico y corintio de abajo arriba, como ocurre en el Coliseo.
- Sistema arquitectónico nuevo. Mientras que Grecia prefería el adintelado (o arquitrabado), Roma utiliza básicamente tres elementos: el arco y la bóveda, de origen etrus­co, más la estructura adintelada griega.
- El arco, en la forma general de medio punto.
- La bóveda para las cubiertas, con variedad de formas (cañón, arista, cúpulas...). Desde la época de Sila se aplica la técnica constructiva del hormigón, que permite obras colosales con bóvedas, como el Tabularium (78 aC), el archivo oficial promovido por el dictador Sila.
- El dintel, tomado de los griegos, pero en novedosa combinación con el arco (así a un arco con pilares le superponen un dintel sobre columnas). Entre el trasdós del arco, el dintel y la columna hay una enjuta (desnuda o decorada).
- Los materiales más usados son la piedra (no sólo el mármol como en Grecia) para los edificios más relevantes, mientras que para el resto se usaba el ladrillo y la gran in­novación del hormigón o cemento (con agua, cal, cascotes, piedras...), muy resistente, ligero y barato, que por su aspecto de pobreza se compensaba con estucos, frescos y mosaicos, y que les permitía levantar en poco tiempo grandes edificios.

Los materiales y métodos de construcción.
El principal material de construcción romano a partir del periodo republicano, fue el sillar de piedra de cantería local, utilizado junto con vigas de madera, tejas y baldosas cerámicas. La piedra elegida variaba desde la toba y el travertino del centro de Italia al brillante mármol blanco importado de Grecia y Asia Menor o, en tiempos de Julio César, desde Luna (actual Luni, cerca de Carrara, Italia) y los mármoles polícromos traídos desde las canteras de todo el mundo antiguo. A menudo se utilizaron finas placas de mármol como revestimiento para cubrir las paredes construidas de sillería o sillarejo ligado con mortero.
Los mármoles dieron esplendor a las construcciones romanas, al igual que a los edificios griegos anteriores, pero la argamasa, material equiparable al hormigón actual inventado por los romanos, les permitió levantar edificios imposibles de construir con el anterior sistema de estructuras adinteladas. El opus caementicium romano era una amalgama de piedras informes, cal y polvo de piedra puzzolana (de origen volcánico), que suministró a los arquitectos romanos los medios para cubrir espacios enormes con grandes arcos y bóvedas, y liberar al diseño arquitectónico de los modelos rectilíneos que se usaron en la arquitectura griega.
Las cubiertas concrecionadas hicieron posible la construcción de los grandes anfiteatros y baños del mundo romano, así como la cúpula del Panteón y algunos santuarios espectaculares en las colinas, como el de Fortuna Primigenia en Palestina (finales del siglo II dC). Debido a que los muros y cubiertas estaban hechos con moldes, los arquitectos comenzaron a experimentar con configuraciones irregulares que proporcionaban un cierto dramatismo al interior de los edificios. Aunque la argamasa romana podía ser revestida con gran variedad de materiales, el ladrillo fue el más popular durante el imperio. De hecho, durante los dos siglos anteriores a nuestra era, el ladrillo llegó a ser apreciado por derecho propio como elemento de construcción en las fachadas de los edificios. Las fachadas de argamasa revestida de ladrillo se convirtieron rápidamente en el modelo favorito para los edificios grandes como las insulae o casas de apartamentos, las termas y los horrea o almacenes (como los horrea de Epagathius en Ostia, del 145 al 150 dC).

3.2. TIPOLOGÍA.
Roma era una ciudad que vivía para el ocio y el espectáculo. Deportes, juegos, carreras, competiciones o luchas eran promovidos por el poder público para atemperar las pasiones de la gente y para desempeñar una función imperial en las ceremonias. Por ello, los edificios civiles, generalmente destinados al ocio, también fueron muy numerosos. Su conservación ha sido posible porque muchos fueron reutilizados durante los siglos siguientes. Así, el teatro de Marcelo fue usado como viviendas de pobres hasta el siglo XIX y otros edificios fueron reconvertidos en iglesias (el Panteón), fortalezas (el castel de Sant=Angelo) o palacios.
Una serie de lecturas complementarias nos pueden hacer comprender mejor la evolución de Roma, el costumbrismo popular (en las sátiras de Juvenal), la vivacidad de sus ruidosas calles (Séneca), la majestuosidad del emperador (de inmóvil hieratismo en sus entradas triunfales, como la de Constancio II descrita por Amiano Marcelino), la multitud de villas costeras (Plinio), la placidez de una vida en la que un hombre rico podía ver desde su dormitorio el paisaje marino y la actividad de la pesca (Marcial).

TEMPLOS.
- El templo no es la tipología dominante en la arquitectura como sí lo era en Grecia.
- Se reúne la influencia etrusca y griega. Se sigue generalmente el modelo griego, pero a menudo se toman rasgos etruscos. En suma, el templo romano fue el resultado de una combinación de elementos griegos y etruscos: planta rectangular, tejado a dos aguas, vestíbulo profundo con columnas exentas y una escalera en la fachada dando acceso a su alto pódium (a veces llamado plinto). El templo modelo era el de Júpiter Capitolino, situado en un extremo del Foro de Roma.
- Los romanos conservaron los tradicionales órdenes griegos (dórico, jónico y corintio), pero inventaron o adoptaron otros dos: el toscano, una especie de orden dórico sin estrías en el fuste y el compuesto, con un capitel creado a partir de la mezcla de elementos jónicos y corintios.
- Hay gran variedad de plantas: rectangulares, circulares, heterodoxas.
- El templo es de reducidas dimensiones.
- Se prefieren los tipos próstilo y seudoperíptero, porque marcan una fachada principal.
- Se levanta sobre un alto podio, con una pequeña escalinata frontal que da carácter principal a una fachada (el templo griego, aislado de la ciudad, daba igualdad a las cuatro fachadas, mientras que el romano está integrado en la ciudad y necesita una entrada principal).
- Lo rodea un peristilo (pórtico columnado) cerrado por detrás y por los lados con intercolumnios, de manera que usualmente es seudoperíptero.
- La pronaos se hace más profunda y desaparece el opistodomos (el pórtico posterior, a veces un tesoro cerrado, de los griegos).

Templos republicanos.
Hay un notable eclecticismo.
En época republicana hay templos rectangulares: de Cori, dórico, tetrástilo; de la Fortuna Viril, en el Foro Boario de Roma, jónico, pequeño, seudoperíptero y tetrástilo; de Vesta en Tívoli (79 aC), y dos de Vesta en Roma, uno de ellos sin entablamento.
Los templos rotondos, más simples, como el construido hacia el 75 aC en Tívoli, cerca de Roma, basados en prototipos griegos (tholos) de cellas circulares perípteras, fueron también populares, como uno de Vesta en Roma.
Destaca por su composición el santuario de la Fortuna Primigenia en Preneste, en varias terrazas adaptadas al desnivel, con rampas y escaleras, con decoración teatral, bóvedas...

Templos imperiales: el Panteón.
Los templos imperiales (destinados al culto del emperador) se caracterizan por la solidez y grandiosidad, como el de Augusto y Roma en Nîmes (iniciado c. 18 aC, Maison Carrée). El capitel corintio se generaliza entonces, con la variante del capitel compuesto. Los templos tenían “tesoros”, que eran verdaderos museos de escultura, pintura y artes menores de los mejores artistas de Roma, Grecia y Oriente. Los templos romanos no se levantaron únicamente en el foro, sino que aparecen también a lo largo de toda la ciudad y en el campo.
Destaca sobre todos el Panteón de Roma ((118-128 dC), construido tal vez por el arquitecto Apolodoro de Damasco (aunque no hay seguridad documental al respecto) en su forma actual en época de Adriano; fue erigido sobre un templo de Agripa, construido bajo el gobierno de Augusto, que no tenía cúpula. Estaba dedicado a todos los dioses y creencias de Roma, como símbolo de la Roma Universal, pero se desconoce su exacta función e incluso su nombre en aquella época.
El Panteón introduce una gran novedad de la arquitectura romana, sobre todo respecto a la griega: la valoración del espacio interior pues daba cabida a los fieles para adorar a los dioses, además de tener monumentalidad, naturalismo y perfecta técnica. Sus elementos principales son:
- Un patio porticado, que hoy ha desaparecido al ser ocupado por las viviendas y la plaza.
- Un podio alto, hoy oculto al subir el nivel de la plaza.
- Un pórtico octástilo doble, de columnas corintias. El vestíbulo interior está dividido en  dos filas y tres naves, con cubierta a dos aguas. Está rematado con un frontón, entonces adornado con relieves en bronce, que fueron despojados para revestir el baldaquino de Bernini en San Pedro del Vaticano.
- Una inmensa cella circular y esférica (43,2 metros de diámetro y de altura), sustituyendo la tradicional cella o habitación principal rectangular. Cuenta con gruesos muros (8 metros de ancho) que sostienen una gran cúpula semiesférica, coronada por un óculo (9 metros de diámetro). La cúpula es de extraordinaria importancia en la Historia de la Arquitectura, pues fue la mayor cúpula de Occidente hasta la de Miguel Ángel en San Pedro de Roma y fue modelo de la de Brunelleschi en el Duomo de Florencia. Para aligerar la cúpula en el techo hay casetones estucados y nervaduras, así como materiales más ligeros en la parte superior (cerámica, piedra pómez). Las capillas laterales refuerzan la obra y le infunden movimiento visual. No hay contrafuertes.
- El amplio espacio interior estaba circundado por nichos semicirculares y rectangulares alternados para las estatuas de los dioses.
- El material es el cemento, con revestimiento de bronce, mármoles. Se emplea el ladrillo para los arcos de descarga.
En España subsisten algunos restos arqueológicos de templos de época imperial romana en las ciudades de Barcelona (templo de Augusto, aunque sólo son unas columnas), Mérida (dedicado a la diosa Diana), Córdoba (columnas de la calle Claudio Marcelo) y Sevilla (Hispalis e Itálica).

BASÍLICAS.
Las basílicas romanas albergaban las transacciones comerciales y los procesos judiciales, pero este edificio se adaptó en tiempos cristianos, convirtiéndose en la tipología de iglesia occidental con un ábside y un altar al final de la nave mayor. Su origen es republicano, con el modelo de la stoa griega o las salas reales sasánidas. Las primeras basílicas aparecen c. 184 aC, para la administración de justicia y el comercio y se levantaron en el propio foro romano, pero es en Pompeya donde se encuentran los ejemplos de basílicas más antiguas y mejor conservadas (c. 120 aC).
- La basílica es el edificio de mayor influencia posterior, sobre todo en el templo cristiano.
- Su planta es rectangular, de amplio interior en tres naves, sistema adintelado en arcada, como si fuera un templo períptero al revés (muro por fuera y peristilo por dentro), con un ábside para albergar el magistrado.
Destaca la basílica de Majencio en Roma (h. 312 dC), de enormes proporciones, y de la que subsiste el ala norte.

MONUMENTOS CONMEMORATIVOS.
Arcos de triunfo.
Pronto aparecerá el arco de triunfo, el símbolo imperial por excelencia, por su fuerte sentido de autoafirmación y de culto a la personalidad del emperador y de la utilización del arte como vehículo de propaganda al servicio del poder. Los arcos de triunfo levantados en todas las partes del imperio se destacan como uno de los monumentos más importantes. Aunque casi ninguno de los grandes grupos escultóricos (a menudo cuadrigas) que alguna vez remataron estos arcos ha subsistido, el propósito originario de tales construcciones fue únicamente servir de soporte a la estatuaria honorífica. Los arcos primitivos eran muy sencillos pero bajo Augusto y los emperadores posteriores se fueron complicando. Con el tiempo se convirtieron en verdaderos soportes propagandísticos, recubiertos con series extensas de bajorrelieves, anunciando las victorias y las grandes hazañas de los emperadores. Las imágenes solían representar acontecimientos históricos concretos, pero frecuentemente se desarrollaron también temas alegóricos en los que el emperador podía aparecer en compañía de los dioses o recibiendo el homenaje de los pueblos conquistados.
Hay variantes de arco único, triple y cuádruple, de los que hay numerosos ejemplos en Roma y las provincias.
- Arco único, de Tito en el foro romano (c. 81 dC). En los dos bajorrelieves del arco de Tito se representa el desfile triunfal del emperador, en Roma para festejar la conquista de Jerusalén (con los tesoros del gran templo), y guarda proporción en los pilares y el arco de medio punto, los frisos con rica escultura en los frontales y la bóveda interior.
El arco de Trajano (114) en Benevento, sur de Italia, con 14 placas.
- Arco triple, de Tiberio (25) en Orange (Provenza), con un arco mayor en el centro, y que se decoró con representaciones de las tropas militares y de los prisioneros fronterizos, escenas de los romanos luchando contra los galos, escudos y armas de los prisioneros. El de Septimio Severo (204), con los pilares centrales horadados transversalmente. Destaca el de Constantino (315), erigido cerca del Coliseo en Roma, que presenta una mezcla de relieves reutilizados de monumentos más antiguos (un signo de decadencia) y otros realizados es­pecial­mente para dicho arco. Los medallones y frisos muestran una gran cantidad de temáticas, incluyendo escenas de batalla, sacrificio y distribución de dádivas. En los relieves antiguos la cabeza de Constantino fue labrada en sustitución de las de sus predecesores. Esta remodelación de los relieves antiguos fue algo corriente en la Roma imperial, pues los monumentos de los emperadores condenados a título póstumo por el Senado (damnatio memoriae) fueron modificados o destruidos.
- Arco cuádruple, con cuatro pilares cubiertos con cúpula o bóveda de arista. Destacan los de Marco Aurelio en Trípoli y el Boario en Roma.
Una variedad es el tetrapilono triple, con ocho pilares formando tres espacios cuadrados, como el de Diocleciano en Salónica (300).
En España hay monumentos conmemorativos: un arco en Bará (en Tarragona), triple en Medinaceli (en Soria) con un arco central más grande flanqueado por otros dos de menor tamaño, cuádruple en Caparra (finales del siglo I dC, en la ciudad antigua de Capeta, cerca de Cáceres).
Columnas triunfales.
Ocasionalmente se levantaron también columnas triunfales conmemorativas historiadas, con frisos de bajorrelieves en espiral, relatando con gran detalle las campañas militares de los romanos, en forma de episodios históricos.
La mayor es la del foro de Trajano (113) de Roma, levantada por el arquitecto Apolodoro de Damasco, que describe las actividades del ejército romano en su guerra contra los dacios, en la frontera danubiana septentrional del Imperio (actual Rumania). Es un pedestal funerario, de 30 m de altura, con 250 metros de relieves figurativos de la guerra dacia, en una historia gráfica de extraordinario realismo; Trajano fue enterrado en una urna de oro en una cámara bajo el pedestal de la columna.
Otras columnas destacadas son las de Antonino Pío y Marco Aurelio en Roma.

Altares.
También se construyeron altares con esculturas de dioses y héroes, en homenaje a hechos importantes o para glorificar a los personajes. Así, Pompeyo y César construyeron dos altares en la misma frontera de Hispania y Galia.
Augusto construyó el Ara Pacis (13-9 aC) de Roma, austero monumento a la Paz Romana, con excelentes relieves de figuras de la familia imperial y los dioses, más un friso continuo de adornos florales. Los relieves celebran el inicio con Augusto de la pax romana, la gran época de paz y prosperidad del Imperio romano.

ARQUITECTURA FUNERARIA.
La tumba sepulcral fue un tipo de construcción que casi siempre estaba emplazada fuera de la urbe propiamente dicha. Las tumbas romanas, levantadas generalmente junto a las calzadas principales de entrada a la ciudad, tuvieron una extraordinaria variedad formal porque reflejaron los gustos personales de sus promotores y porque su función, alojar los cuerpos o restos incinerados de los muertos, podía adecuarse a cualquier forma.
Adopta muchas formas, a medida que la incineración fue sustituida paulatinamente por la inhumación. Destaquemos:
- La excepcional pirámide de Cayo Cestio en Roma (15 aC).
- Túmulos turriformes. La denominada Tumba o Torre de los Escipiones (primera mitad del siglo I dC) constituye uno de los mejores sepulcros conservados en la Hispania romana. Localizado cercano a Tarragona, presenta un aspecto de torre con cuerpos superpuestos, en los que se colocaron esculturas del dios Atis y bajorrelieves que quizás representan a los difuntos para los que se realizó el monumento, supuestamente rematado por una pequeña pirámide.
- Templetes. Se erigieron también grandes tumbas verticales, como la realizada en honor de la familia patricia de los Julios en Saint-Rémy de Provenza (la antigua Glanum, Francia). Su mausoleo, construido hacia el 25 dC, consiste en una gran base bajo un cuerpo de cuatro arcos y un pequeño templo circular rematado por dos estatuas.
- Imitaciones de arcos triunfales.
- Tumbas con representaciones realistas como la de un próspero panadero, Marcus Virgilium Eurysaces (h. 15 aC), que decoró su tumba con un friso de una panadería, en el que se detallaban las diferentes fases de la cocción del pan.
- Los sepulcros provinciales también podían estar horadados en las laderas de las montañas (al modo de los hipogeos egipcios), con portadas monumentales talladas en los taludes de piedra, como en la necrópolis romana de Petra (actual Jordania).
- Las personas con menos recursos, los plebeyos y libertos en particular, fueron enterrados en tumbas comunales llamadas columbaria, en las que las cenizas de los fallecidos se depositaban en urnas cinerarias en alguno de los innumerables nichos diferenciados por una simple inscripción.
De este último tipo derivan las famosas catacumbas, tumbas subterráneas que se disponían en pisos, a lo largo de kilómetros. Muy usadas por los cristianos y judíos, se popularizaron en el siglo II dC. En ellas a veces había algunas capillas familiares, dedicadas al culto secreto.
Destaca además el modelo de tumba “imperial”, en forma de gigantesco túmulo cilíndrico, como la Tumba de Cecilia Metela (30 ac), la nuera del rico político Craso.
El emperador Augusto construyó su propio mausoleo en Roma entre los años 28 y 23 ac, un gigantesco (75 metros de diámetro) tambor macizo coronado por un túmulo, recordando los sepulcros de tierra de la época etrusca. Fue la tumba de Augusto y la familia Julia.
El emperador Adriano erigió en el otro lado del Tíber un mausoleo aún mayor, construido para él mismo y sus sucesores (135 dC-139 dC), que en el siglo V se transformó en el castillo de Sant'Angelo.

ARQUITECTURA LÚDICA.
El pueblo romano era amante del ocio y de las diversiones, y desarrolló una arquitectura recreativa especializada en los diversos espectáculos, a una escala monumental.

Teatros.
Los teatros romanos aparecieron por primera vez al final del periodo republicano. Se inspiran en el teatro griego, pero el teatro romano era, en comparación con el griego, exento, más unitario y cerrado, incluso con una lona superior. A diferencia de los teatros griegos, situados en pendientes naturales, los teatros romanos se construyeron sobre una estructura de pilares y bóvedas y de esta manera pudieron ubicarse en el corazón de las ciudades. Además, tanto cavea como su orquestra son semicirculares, a diferencia de la orquesta griega, más alargada (la griega se califica como ultrasemicircular, por exceder del semicírculo; incluso podía ser circular).
Tienen tres partes: orquestra, cavea y escena.
- La orquestra es un foso semicircular. Es más reducido que en el teatro griego porque en Roma el coro era menos importante.
- La cavea es un área semicircular circundante de asientos dispuestos en gradas or­ganizadas jerárquicamente (los patricios y caballeros en la cavea inferior o ima, y los plebeyos en la media y la superior o summa) y se eleva artificialmente (aunque hay ejemplos en las provincias en los que se aprovechó una colina como en Grecia), con puertas (vomitoria) y pasillo abovedados.
- La escena es un alto escenario monumental y cerrado con una fachada, sobre una plataforma rectangular alta, y tiene pasillos laterales abovedados (a diferencia de Grecia). Se dividía en proscenio (parte delantera), escena (donde actuaban los actores) y postcenio (parte trasera).
Destacaba como modelo el de Marcelo en Roma, circular, con dos series de arcadas superpuestas, dórica la inferior (en la forma modificada del orden toscano), jónica la superior. Los teatros fueron populares en todos los lugares del Imperio. Podemos encontrar ejemplos impresionantes en Orange (principios del siglo I dC, Francia); Arlés (Francia), que  sigue el modelo del de Marcelo; Sabratha (finales del siglo II dC, Libia)... Los teatros de Itálica y de Mérida fueron realizados en tiempos de Augusto y de Agripa, respectivamente. El de Mérida, aunque presenta diferentes fases constructivas, destaca por su pórtico a modo de gran fachada trasera del escenario (frons scenae) del siglo I dC y por su orquestra semicircular.

Anfiteatros.
Los anfiteatros (literalmente, teatros dobles) tuvieron planta elíptica con una pista (arena) central y un graderío alrededor similar al de los teatros. Algunos tienen forma circular. Resultan de la fusión de las formas de dos teatros unidos por la escena, con grandes dimensiones. La arena se destinaba a los espectáculos en los que se celebraban combates entre gladiadores y animales, las naumaquias, etc.
Hay dos tipos: el republicano y el imperial. El republicano es macizo, con grandes muros de sillería y rellenos en los que se disponen gradas para el público; ejemplos son los de Pompeya, Mérida y Córdoba. El imperial es un modelo basado en bóvedas y su ejemplo máximo es el Coliseo de Roma.
El Coliseo (Colosseum) de Roma (h. 71-82), fue construido por la dinastía Flavia, por lo que fue llamado Anfiteatro Flavio, para celebrar los juegos y espectáculos públicos (panem et circenses).
Lo comenzó Vespasiano h. 71, lo inauguró Tito en 80 y lo terminó Domiciano en 82, con el añadido del cuarto piso. Podía albergar 50.000 espectadores en un graderío dividido en sectores (para grupos sociales, arriba los plebeyos), de gran planta ovalada (también se puede calificar de elipsoidal o ligeramente elíptica), con 76 entradas, arcadas (80 arcos) con superposición de tres órdenes (dórico, jónico, corintio; esta combinación tuvo un inmenso éxito en la historia de la arquitectura) más un altísimo parapeto (50 m de altura) de cinco pisos. El edificio sufrió la caída de un rayo en 217, que causó un incendio que afectó la estructura, hasta que fue restaurado en 238. El 404 se prohibieron los juegos de gladiadores, bajo el emperador Honorio, y el último espectáculo se celebró en 523, bajo el reinado del ostrogodo Teodorico. Sufrió graves daños por terremotos en 442 y 508, y otros dos en 801 y 847, convirtiéndose varias partes del edificio en fortaleza, iglesia… e incluso en cantera hasta que se prohibió en 1749.
Se levanta en el lugar del lago de la villa de Nerón, aprovechando el vacío para los cimientos y cámaras subterráneas, y tomando el nombre del Colosso, estatura gigante de Nerón, que permaneció varios siglos en el lugar, cambiando su cabeza por la del dios Helios. La arena era elíptica (87 x 54 m) y en ella había peleas de fieras y gladiadores, en escenografías teatrales. El edificio se sostiene en contrafuertes ocultos bajo la cavea, no sobre una pendiente como un teatro griego. Su sistema constructivo combina los sillares de piedra escuadrada y el hormigón, el arco y la bóveda. La planta se podía cubrir con un enorme toldo (manejado por 100 marineros del puerto de Miseno, que residían en un cuartel vecino) que se apoyaba en mástiles de madera anclados en la cornisa exterior. En los vanos de los arcos había estatuas. Era excelente la distribución de los espectadores con escaleras interiores.
Se calcula que murieron unas 700.000 personas entre sus muros, en sangrientos espectáculos.
El más antiguo conocido es el italiano de Pompeya (75 ac). Otros anfiteatros importantes son los de Verona, Cartago, Arlés, Nimes (hoy todavía se usa como una plaza de toros) y Pola.
En la Hispania romana destacan los anfiteatros de Córdoba, Mérida (el mejor conservado, junto al de Pompeya), Tarragona e Itálica.
El anfiteatro de Córdoba fue descubierto en 2003 por los arqueólogos Juan Murillo y Mahudillo Moreno, detrás del edificio de la Facultad de Veterinaria. Del siglo I dC, sigue un modelo republicano, de volumen macizo, y fue probablemente el tercero en tamaño del imperio, detrás del Coliseo de Roma y del de Cartago, pues su eje máximo mide 178 metros, cuatro más que el de Itálica de Sevilla, para un público entre 30.000 y 50.000 personas. Tenía una altura de 15 a 20 metros, de los que quedan unos cuatro. Fue abandonado en el siglo IV coincidiendo con la crisis de los espectáculos de gladiadores, prohibidos por los sucesores de Constantino, registrándose unos asentamientos ya en este siglo, y en los siglo IX y X se superpuso un arrabal musulmán. Fue intensamente expoliado para reutilizar sus materiales. Se han hallado 20 inscripciones lapidarias de gladiadores, la serie más numerosa tras la de Roma, y una placa que marca la reserva de localidades de una familia de la curia romana.

Circos.
Los circos o hipódromos se construyeron también en las ciudades más importantes. Tienen forma de un enorme rectángulo alargado, con extremos en semicírculo y segmento de arco, para las carreras de carros, con una pista de arena, una spina (eje axial) y las gradas. Destacaba el Circo Máximo, al sur del Palatino, iniciado en tiempos de Calígula. La plaza Navona de Roma ocupa el lugar de un circo que fue construido durante el imperio de Domiciano (81-96).
En Hispania hay circos notables en Mérida, Sagunto y en las ciudades de Tarragona, Sagunto y Toledo pueden hoy día contemplarse algunos restos de antiguos circos romanos.

Estadios.
Para las competiciones deportivas, son grandes espacios abiertos, generalmente de forma rectangular, con gradas bajas a uno o varios lados. Había edificios anejos, especializados en funciones similares: gimnasios y palestras.

Odeones.
Para los espectáculos musicales, tenían habitualmente la forma de pequeños teatros, los cuales a menudo tenían un uso tanto teatral como musical.

Bibliotecas.
Había bibliotecas en muchas ciudades. Destacan las ruinas de la de Adriano en Atenas, y parece que las dos de Trajano en su foro romano, una griega y otra latina, estuvieron entre las mayores de la historia romana.

Termas.
Las ciudades grandes, como las pequeñas, tuvieron baños públicos o termas (thermae). Bajo la república se completaron generalmente con un vestuario (apodyterium) y habitaciones para bañarse con agua, que eran: frigidarium, tepidarium y caldarium (para el agua fría, templada y caliente), junto a una zona de ejercicios, la palestra. Las termas cerca del foro de Pompeya (75 aC) son un ejemplo excelente de los modelos más antiguos.
En el Imperio estas estructuras modestas se volvieron más grandiosas. Las termas de época imperial eran un gran conjunto de edificios, destinados al aseo, ocio, cultura y descanso corporal y mental, con baños, gimnasios, jardines... Su servicio era esmerado aunque su precio era relativamente modesto y al final incluso será gratuito. Era un centro de la vida ciudadana, artística y cultura, para conversar y relacionarse, con numerosos servicios, desde el comercio de perfumes y los masajes hasta la prostitución. Era tanta su popularidad que llegaron a establecerse turnos (de hombres y de mujeres, de mañana y de tarde usualmente, como en el Islam) para su disfrute. El equipamiento era complejo y costoso, con grandes obras de infraestructura y numerosos empleados, un gran consumo de combustible para la calefacción del agua a diversas temperaturas.
Las termas imperiales más enormes eran las de Trajano, Caracalla y Diocleciano en Roma, con grandes y sólidas bóvedas adornadas con casetones.
Las termas de Caracalla (c. 217) en Roma tenían incluso bibliotecas, pinacotecas, tiendas y enormes espacios públicos abovedados, decorados con estatuas, mosaicos, pinturas y estucos. Tenían una precisa regulación, con simetría en todos los edificios, de gran diversidad arquitectónica, y bellos efectos de luz (incluso mejores que los de una catedral gótica), con las numerosas ventanas y los mármoles humedecidos por el vaho dando transparencias y tornasoles de incomparable riqueza.
Las termas de Diocleciano eran incluso más monumentales. En el recinto termal, una iglesia renacentista, Santa Maria de los Ángeles, construida por Miguel Angel, ocupa tan sólo una de las gigantescas habitaciones.

Jardines y ninfeos.
También eran importantes en Roma los numerosos jardines públicos, a menudo ornados con obeliscos que se asociaban a relojes de sol, como el famoso de Augusto. El jardín se cuidaba con esmero. Macetas y rosales se encajaban en el suelo para que las raíces penetraran en él. La disposición podía ser simétrica o caprichosa. Se ha conseguido reconstruir la disposición de los setos vivos de flores mediante el estudio de las raíces.
Los ninfeos eran jardines con estanques, generalmente en las afueras. Se acostumbraban a hacer allí las fiestas de desponsorios. Destaca el ninfeo de Lúculo.

Las tiendas y los mercados.
Los edificios lúdicos y las tiendas estaban diseminados por toda la ciudad de Roma. Generalmente las tiendas eran unidades de una habitación (tabernae) abiertas a las aceras de la calle. Muchas tiendas, incluyendo las que asociaban el molino con la panadería, se conservan aún en Pompeya y en otros lugares. A veces, se construyó un complejo unificado de tiendas, como los mercados de Trajano (98-117) en la colina del Quirinal en Roma, que incorporaron numerosos locales comerciales (tabernae) en diferentes niveles y grandes vestíbulos abovedados de dos pisos.

Calzadas, puentes, acueductos, cloacas, puertos.
La ingeniería romana era de gran calidad, gracias a los materiales y el progreso matemático. Entre los diversos proyectos de construcciones públicas de los romanos, la red de puentes y calzadas que facilitaron la comunicación a través de todo el imperio y los acueductos que traían el agua a las ciudades desde los manantiales cercanos son los más extraordinarios.
Las calzadas eran de enorme longitud y excelente técnica en su construcción. En España había dos principales: la vía occidental de la Plata en sentido N-S y la hercúlea por la costa mediterránea. Las numerosas y bien cuidadas vías de comunicación eran vitales para la integración política y económica del Imperio. En Mallorca había una entre Palma y Pollentia, de la que aún quedan algunos restos junto a la carretera que une Palma y Alcudia, y que en gran parte fue utilizada hasta el siglo XIX.
Los puentes eran de sólidos sillares, con pilares y arcos de medio punto, y tajamares que cortan el agua del río. En Hispania destacan los de Mérida, Córdoba y Alcántara. El de Mérida es largo, con muchos arcos sobre pilares chatos. El de Córdoba ha sido demasiado restaurado. El mejor conservado es el puente de Alcántara sobre el río Tajo, en Cáceres (España), que puede ser considerado como una gran obra de ingeniería, gracias a la combinación del arco y la bóveda, con 6 arcos y una altura de 48 metros. Fue construido por el arquitecto Lacer en tiempos de Trajano y cuenta con un pequeño arco de triunfo en el centro y un templete en un extremo.
Los acueductos portaban el agua a las ciudades, por acequias o por elevación, con gigantescas edificaciones de sólidos sillares, con pilares y arcos de medio punto. No necesitaban argamasa, sino que eran sillares y piedras regulares encajadas hábilmente unas en otras. Destacan los de Pont du Gard (19 dC, cerca de Nîmes, Provenza), Tarragona y Segovia (siglo I o principios del II), que aún se yergue y está formado por dos series de arquerías (118 arcos en su totalidad), superpuestas en dos niveles por robustos pilares de granito, y los acueductos de los Milagros y de San Lázaro en Mérida.
Las cloacas, como la Cloaca Máxima de Roma, de clara influencia etrusca.
Los grandes puertos de Claudio y de Trajano en Ostia.
Las murallas de las ciudades se construyen sobre todo a partir del siglo II dC y destacan las de Roma construidas por Aureliano h. 270. Las murallas de las fronteras eran menos elaboradas y destacan por su extensión el muro de Adriano en el norte de Britania y el limes germánico entre el Rin y el Danubio.

ARQUITECTURA MILITAR.
Los romanos desarrollaron una variada arquitectura e ingeniería militar, que se manifiesta sobre todo en las fortificaciones, en las que cabe distinguir las murallas (destaca la de Aureliano en la misma Roma) con paramentos de sillares, torres almenadas y puertas monumentales (como la excepcional Porta Nigra de Tréveris).

Levantaron para sus campañas militares largas calzadas, numerosos puentes (los más famosos fueron los del Rin que mandó César, y el del Danubio que Apolodoro construyó para Trajano) y un sinnúmero de campamentos (castra) para sus legiones y guarniciones, que a menudo originaron ciudades, como revelan las excavaciones en Hispania: Barcelona, Zaragoza, Palma, León, Lugo..., con su cuadrícula regular, con foro en el centro y las calles de cardus (norte-sur) y decumanus (este-oeste).

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