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martes, 28 de abril de 2015

Arte egipcio. Comentario: El escriba sentado.

COMENTARIO: EL ESCRIBA SENTADO.

Escriba sentado. Imperio Antiguo. Dinastía V (h. 2500 aC). Col. Museo del Louvre, París.

Descripción.
La escultura es una obra exenta de 53,7 cm de altura realizada en piedra caliza policromada y representa a un escriba sentado. De autor desconocido, la obra se hallaba en la necrópolis de Saqqara, cerca de la capital Menfis, en la tumba de un funcionario menor al servicio de los primeros faraones de la V Dinastía (ca. 2500-2350 a.C), durante el Imperio Antiguo, descubierta en el siglo XIX por arqueólogos franceses, por lo que hoy pertenece a la colección del Museo del Louvre, en París.

Análisis formal.
La escultura es muy naturalista en su representación de un hombre adulto que ya pasado hace tiempo desde la juventud a la madurez.


Adopta una postura frontal, sentado y con las piernas dobladas en una pose equilibrada y simétrica, según la norma general de estatua-bloque, con una tendencia a la concentración de la masa, lo que explica que el escultor ensanche ligeramente la cadera y esconda los pies, de los que sólo se muestran tres dedos.
Se viste sólo con un faldellín (shenti) cuyo color blanco destaca sobre el color terroso del cuerpo semidesnudo, representado con un notable realismo, con los músculos del pecho caídos y una barriga relativamente prominente (un signo de prosperidad en la época) mientras los brazos se separan del cuerpo, un movimiento relativamente infrecuente en la estatuaria egipcia, que prefiere representar al cuerpo en un único bloque, pero que es común en la representación de los escribas, pues contribuye a dar al escriba una postura más natural y relajada y permite que sostenga los atributos de su oficio.



El rostro es simétrico, el cabello bien cuidado, la frente amplia, los ojos realizados con cristal de roca perfilado, cuarzo, ébano y cobre que otorgan gran fuerza y vivacidad a la mirada, los pómulos y las mejillas finamente modelados, los labios finos y apretados que expresan determinación, y el cuello corto que refuerza la impresión de solidez. Las manos son asimismo un prodigio de tallado realista.
Si ya su postura es la típica del escriba, la idea se refuerza con elementos propios de su oficio, puesto que sobre las piernas coloca un rollo de papiro que sujeta con la mano izquierda mientras con la mano derecha se entiende que sujetaba un cálamo para escribir, que hoy ha desaparecido, tal vez porque estaría hecho con un material valioso, pero cuya existencia reconocemos porque se ha salvado en otras obras escultóricas del mismo periodo. No hay adornos tales como joyas o una peluca, que sí se añaden en obras muy posteriores, del primer milenio aC, pero que en el Imperio Antiguo se consideraban elementos superfluos.

Significado.
La función es inequívocamente funeraria. Los egipcios entendían que las estatuas servían de soporte al Ka (un nivel superior al del cuerpo y su alma) en la otra vida y por lo tanto los que podían pagarse una escultura procuraban tener a los mejores artistas y que la representación fuera fidedigna y a la vez idealista, porque querían resucitar según ese ideal.
Tanto la postura canónica del escriba que espera las instrucciones como los elementos propios del oficio permitían al espectador identificar de inmediato su condición social, por lo que se deduce que la intención del representado y del artista era mostrar a los hombres y a los dioses su digno puesto en la jerarquía de la sociedad egipcia, para recuperar esa dignidad durante su nueva vida en el más allá. Para ello había que reforzar su postura hierática de respeto ante Osiris, así como la mirada interrogadora y atenta hacia el espectador que adopta la posición de un invisible personaje que dicta las instrucciones, y que es el mismo lugar que tendría el dios-juez,

La estatua indica la dicotomía de la escultura egipcia, con un estilo naturalista que se bifurcaba empero en dos tendencias, una más idealista para representar a los dioses y los faraones, de la que es un buen ejemplo la Triada de Micerino, y otra en cambio más realista para representar a los restantes miembros más bajos de la sociedad, de la que uno de los mejores ejemplos es este Escriba sentado. Para reunificar ambas tendencias habrá que esperar más de un milenio, hasta el breve periodo llamado amarniense (por la capital Tell el-Amarna), cuando el faraón Akhenatón, de la XVIII Dinastía en el Imperio Nuevo, promueva la representación realista de su propia persona y de su familia. Después el arte egipcio volverá a la dicotomía tradicional, hasta el final a manos del Imperio romano.

Escriba sentado Morgan. Imperio Antiguo. Dinastía V (ca. 2450 aC). Muy naturalista, porta una peluca y es más estilizado anatómicamente.

Escriba sentado. Imperio Antiguo. Dinastía V (ca. 2500-2350 aC). Destaca la sencillez de la composición, muy similar a la cobra que comentamos. No porta el cálamo y las piernas apenas están insinuadas en el bloque.

Escriba Dersenedj. Imperio Antiguo. Dinastía V (ca. 2500-2350 aC). Obsérvese la simplificación de la escultura.

Escriba sentado. Imperio Antiguo. Se mantienen los brazos más pegados al cuerpo, respetando la norma de la estatua-bloque, y la clara idealización del rostro y el torso, Carece de peluca, pero tal vez tuvo una postiza.

Escriba Amenhotep. Imperio Nuevo (siglo XIV aC). Se respeta la norma de la estatua-bloque, y la clara idealización geométrica del rostro y el torso,

FUENTES.

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