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sábado, 11 de abril de 2015

HA 4 UD 02. Arte paleocristiano: Arte copto de Egipto.

HA 4 UD 02. ARTE PALEOCRISTIANO: ARTE COPTO DE EGIPTO.

Introducción.
El arte copto.
Arquitectura.
Escultura.
Pintura.
Artes menores: el textil.
FUENTES. 

Introducción.

Shenuda III, pontífice de la iglesia copta.

El término copto es la abreviación que hacen los árabes de la palabra griega Aigyptios, que en el lenguaje faraónico designaba un lugar sacro en Menfis. Durante el siglo VII los árabes tomaron el término para referirse a los nativos del país que conservaban el cristianismo y hablaban el copto, y de esta manera los diferenciaban de los pobladores de los grupos de origen griego, judío, romano, árabe. Hoy los coptos son una importante minoría étnica en Egipto, unos nueve a diez millones de fieles, cerca de un décimo del total de la población,
Los elementos fundamentales del pueblo copto son la religión cristiana y el idioma. Mientras que la religión pervive con dificultades pero está sólidamente enraizada, el lenguaje es hoy marginal, usado solo en determinados rituales. Es una lengua descendiente directa de la egipcia antigua en su variante más popular, la demótica. Es por ello que el estudio cabal de la antigua escritura egipcia exige el dominio de la lengua copta.
Sin duda hacia el siglo III, como demuestran los hallazgos arqueológicos, la lengua copta se había fijado definitivamente, en contacto (y recibiendo la influencia) con las lenguas griega y latina. Los altos funcionarios y gran parte de la población urbana eran de cultura grecorromana, pero la mayoría hablaba copto, al menos una minoría en las ciudades y la mayoría en el campo. Su élite la componían pequeños propietarios, funcionarios subalternos, artesanos y sacerdotes, que fueron quienes fijaron el gusto artístico. Pero hoy habla copto solo un pequeño núcleo dentro de la minoría, pues fue sustituido por el árabe de manera coercitiva desde el siglo XI y hacia el siglo XIII ya era minoritario.
Hay un debate desde hace dos siglos sobre la periodización de su cultura (y arte). Para algunos autores hay que hablar de cultura copta ya antes del cristianismo y se extendería hasta el presente. Para otros su periodo está acotado estrictamente al periodo entre los siglos II y VII dC. Pero hay muchos autores que desplazan estas fechas hacia abajo y hacia arriba. Es un tema todavía controvertido.
Cuando en el año 525 aC el rey persa Cambises se apoderó de Egipto, comenzó un largo período de dominaciones extranjeras. En el año 332 aC Egipto fue conquistado por Alejandro Magno, accediendo Grecia, al poder político de un territorio en el que se había asentado, por medio de colonias, en siglos anteriores. Esta conquista supuso el inicio de un proceso de degradación de lo egipcio en favor de lo griego. Alejandro fue coronado faraón y a su muerte, en el año 323 aC, el gobierno del territorio egipcio pasó a manos de su general Ptolomeo, que tras vencer en la guerra de los Diádocos fundó la dinastía ptolemaica con capital en la nueva ciudad de Alejandría. La dinastía ptolemaica desapareció con la muerte de Cleopatra en el 31 aC y la anexión definitiva de Egipto por el emperador Augusto al Imperio romano. Desde entonces el devenir histórico del país corrió paralelo al de Roma y su sucesor, el Imperio Romano de Oriente, transformado luego en Bizantino, hasta que llegaron los invasores islámicos en el siglo VII. La cultura y el arte egipcios, que ya habían experimentado la poderosa influencia griega, recibieron la romana con facilidad, como se reconocen en las numerosas obras de arquitectura, escultura y pintura en los monumentos del poder real tolemaico y del imperial romano.
El cristianismo llegó pronto a Alejandría. La tradición dice que fue predicado por San Marcos, que en el 40 dC fundó una pequeña comunidad, que creció hasta hacerse importante a finales del siglo II, cuando los textos de historia informan de su difícil convivencia con las poderosas comunidades griega y judía de la ciudad. En cambio, parece que su presencia en las zonas rurales fue muy minoritaria hasta bien entrado el siglo IV, aunque son destacables las comunidades de anacoretas que vivían en los bordes del valle del Nilo y los oasis del desierto, que nos han legado algunos de los mejores monasterios coptos.
Egipto sufrió también las persecuciones contra los cristianos decretadas en todo el Imperio. El cristianismo provocaba el rechazo de la población pagana y el Estado, ya que anteponía el poder celestial al terrenal y se negaba a admitir el culto oficial al emperador. Esto provocó persecuciones de carácter local a las que siguieron las generales decretadas por Decio (249-251), Valeriano (257-258) y Diocleciano (284-305). Muchos mártires cayeron en Alejandría, hasta que finalmente, la libertad religiosa otorgada por el emperador Constantino en 313, benefició a los cristianos, que pudieron desarrollar libremente su arte, que y apodemos denominar copto, en paralelo al arte paleocristiano y más tarde el bizantino, con los que tiene numerosos rasgos comunes, hasta el punto de que a menudo los manuales consideran al arte copto como sólo la variante regional en Egipto de estos dos artes.

El arte copto.
El arte copto es el desarrollado por los egipcios desde, aproximadamente principios del siglo IV dC, hasta mediados del siglo VII y caracterizado por el influjo del cristianismo, entonces religión mayoritaria y oficial en el territorio. Las sectas cristianas no oficiales, en especial la monofisita, causaron algunas variantes menores dentro del arte copto, en especial en la temática.
El arte copto se caracteriza por ser un arte cristiano, autóctono y popular, heterogéneo y ecléctico, que se desarrolla en paralelo al arte aristocrático de raíces extranjeras.
En sus orígenes hay pequeñas influencias de los artes egipcio faraónico, griego y romano. La influencia faraónica es la menor porque este desarrolló más bien un estilo oficialista y áulico, monumental e hierático, controlado por la corte y los sacerdotes; pero sin duda son claras las similitudes en la frontalidad y simetría de las composiciones. Más importante es la influencia del arte griego helenístico, en su variedad alejandrina, del cual adoptó sus ideales estéticos y su repertorio iconográfico y ornamental, pero si éste es de un realismo naturalista, en cambio el arte copto tiende a interpretar simbólicamente la realidad, y le interesan más los gestos rápidos y expresivos que las bellas actitudes, evolucionando su factura a una técnica ruda con figuras rígidas, estilizadas, desproporcionadas y a motivos decorativos en los que dominaba la sequedad de las líneas y los contornos tendentes a la abstracción.
Otras influencias son el arte sirio y de otras regiones del Próximo Oriente, de donde toma la rígida frontalidad de las figuras, sus grandes ojos y su fija mirada, así como el valor simbólico de las representaciones y el carácter decorativo y lineal de los motivos vegetales. Incluso hay afinidades con el arte persa sasánida, que aporta su gusto por la linealidad, frontalidad y simetría, la riqueza cromática y la alternancia de colores que imprimen vitalidad a las expresiones artísticas.

Cruz ankh de Al Badari, siglo VI.

El arte copto ha influido a su vez en el arte paleocristiano, gracias a motivos artísticos que derivan del lejano repertorio iconográfico del Egipto faraónico. Los dos ejemplos más conocidos son la cruz del crismón, cuyo origen probablemente es el Ankh (la cruz egipcia), un signo jeroglífico que aludía a la fuerza vital y aparecía en manos de la divinidad; y San Jorge matando al dragón, que procede del dios Horus atravesando con su lanza a un cocodrilo (símbolo del mal)

Arquitectura.
No hay restos de arquitectura civil, que se hacía según los estilos oficiales de Roma Y Bizancio, así que los restos conservados son cristianos, casi todos de los siglos IV y V.  Destacan los templos y los monasterios. 

Ábside copto en Medinet Habu.

Los templos a menudo reutilizaron palacios y templos faraónicos, sobre todo en el Alto Egipto, a veces simplemente adaptándolos con decoraciones para las nuevas prácticas religiosas, como se observa en los templos de Medamud y Medinet Habu, y en las pequeñas capillas cristianas de los grandiosos templos faraónicos de Karnak y Luxor,
Pero en otros casos se emprendieron importantes transformaciones de las estructuras arquitectónicas, como vemos en el templo de Denderah, donde en el siglo V por desgracia destruyeron casi todos los vestigios faraónicos. En Esneh modificaron el vestíbulo hipóstilo del templo del dios Khnum para convertirlo en una basílica.

Deir el Abiad.
En el caso del Deir el Abiad o Convento Blanco de Sohag, construido en 440, la basilica de tres naves y ábside tripartito, construida excepcionalmente en piedra (de ello proviene el nombre), se cierra con un muro ligeramente oblicuo articulado con dos filas paralelas de ventanas que corresponden a los dos niveles que presenta el alzado del edificio, otorgando así al convento un aspecto fortificado, tal vez según una tradición faraónica, pues ya desde las primeras dinastías eran usuales los conjuntos religiosos amurallados. Otro elemento faraónico es la cornisa exterior, afín a la típica gola egipcia.

Deir el-Ahmar.
En el cercano Deir el-Ahmar o Convento Rojo, construido con adobe, también se sigue la tipología de planta basilical. Ambos edificios incorporan elementos arquitectónicos procedentes de templos paganos de época romana, y esto contribuye a su aspecto ecléctico.
En cambio, en Alejandría y sus aledaños se construyeron de nueva planta varias criptas, basílicas y martyria de planta centralizada circular u octogonal, con estructuras muy sólidas y mármoles de calidad, como muestran las excavaciones realizadas.
La tipología basilical fue la más abundante en estos templos de nueva construcción. Los templos basilicales se construyeron con paredes de adobe por su bajo costo y porque los constructores eran los pobladores locales; el mármol solo era usado en los principales edificios de Alejandría; y también fueron reutilizados como sillares los grandes bloques de piedra extraídos de las antiguas edificaciones faraónicas. Las estructuras del interior de las basílicas eran usualmente de ladrillo y de madera, destacando los nichos abovedados con diferentes modelos de ornamentación y las guirnaldas que circundan las puertas. 



Abu Mina.
De la tipología centralizada sólo nos ha dado un ejemplo en la compleja iglesia de Abu Mina, a apenas 40 km al sur de Alejandría. Fue comisionada por el emperador Arcadio, inaugurada por Teodosio II en el año 412, y después remodelada por Zenón. El conjunto lo forman un iglesia de planta cruciforme con acusado transepto de dos brazos, que se extiende hacia el nártex rematado por una hilera de columnas. A continuación se encuentra la martyria de planta centralizada con cuatro ábsides, la llamada basílica de La Cripta, en donde se supone está sepultado San Menas, antiguo patriarca de Constantinopla y muy venerado la ciudad, al que se atribuían curaciones milagrosas, lo que explica las inmensas termas y grandes dormitorios que se hallan justo al lado hacia el norte, así como la gran necrópolis para los devotos del santo, en la que se han hallado muchos objetos coptos. Más allá se sitúa el baptisterio de forma octogonal, que estaba rodeado por un largo corredor adosándose a su exterior algunos nichos de enterramiento para los potentados. 
Los complejos monásticos son los monumentos más extensos, con una o varias iglesias en el interior de recintos rodeados de altos muros, que albergan jardines, dormitorios, refectorios, bibliotecas, escritorios... Su origen se remonta a los siglos III-V y comenzaron a construirse porque los anacoretas buscaban un sitio donde estar a salvo de las persecuciones a las que eran sometidos y se refugiaron en los montes. 


El monasterio más conocido es el de Santa Catalina del Sinaí, construido a una altura de 1.570 metros, a los pies del monte Sinai, donde, según la tradición, Dios se apareció a Moisés en una zarza que ardía y no se consumía. El emperador Justiniano en el 557 construyó una iglesia rodeada por una gran muralla, ambas de granito, que servía de defensa a los monjes que allí habitaban desde el siglo IV. La iglesia, de planta basilical, consta de tres naves separadas por tres hileras de seis columnas de granito de capiteles ornamentados. En su interior se encuentra la colección más antigua y preciada de iconos bizantinos.


El monasterio de San Antonio, en el camino que lleva a la costa del Mar Rojo, destaca por sus muros de 12 metros de altura. Fundado en el siglo III, se amplió varias veces a partir del siglo siguiente por lo que su estructura original es confusa. Guarda una notable colección de iconos y restos de pintura mural del siglo IX.
El pequeño monasterio de San Pablo, muy cercano al Mar Rojo, también fue fundado en el siglo III y apenas ha sufrido modificaciones,
Otros monasterios muy antiguos y minúsculos son los de Uadi Natrum, del siglo III a IV.


Escultura.
A pesar de sus antecedentes faraónicos la escultura copta no es de tipo conmemorativo o monumental, sino que se dispone al servicio de la arquitectura, a menudo adaptándose a la llamada ley del marco arquitectónico, una de las características más generales del arte medieval.

Cruz sobre concha de perla, siglo VII.

Por esta causa, las piezas escultóricas se han hallado en su mayoría en iglesias o restos de ellas, que conservan frisos, dinteles, capiteles, frontones, nichos y pilastras ornamentados con motivos figurativos, animales, vegetales y geométricos.

Anunciación. Probablemente siglo IV. Fragmento de friso, con un ángel inspirado en los putti clásicos grecorromanos y y la Virgen María con los rasgos y emblemas de la diosa Isis.

Se observa una evolución desde un estilo naturalista en las primeras obras más cercanas al pasado helenístico, en el que las figuras y objetos se situan en un espacio real y se conciben con proporciones armónicas y movimientos equilibrados, a un estilo más decorativo y convencionalmente esquemático con representaciones bidimensionales concebidas en bloque y de virtuoso modelado.

Pintura.
Los antecedentes de la pintura copta se sitúan con certeza en la tradición helenístico-romana, por la similitud de las técnicas, la composición y la temática.


Destacan por su excelente estado de conservación, los retratos funerarios de la zona de El Fayum, de época imperial, los mejores datados entre los siglos I a IV dC, observándose la continuidad estilística entre los paganos y los cristianos, en especial en los enormes ojos. Los retratos se colocaban en las tapas de los sarcófagos como reflejo de las tradiciones funerarias y del realismo mágico de la antigua civilización faraónica.
Los coptos emplearon dos tipos de soporte: la tabla y el muro.
Sobre tabla se pintaron retratos e iconos, bien al temple o a la encáustica, diferenciándose que el primero usa como aglutinante la yema del huevo y la segunda usa la cera.
Sobre los muros de las iglesias y monasterios se pintaron ciclos iconográficos al fresco y, sobre todo, al temple.

Relicario copto, siglo VII.

Artes menores: el textil.
El arte copto alcanzó su máxima altura en las artes del metal, vidrio, cerámica y textil. La inmensa mayoría de los objetos conservados son de función litúrgica, decorativa y funeraria.

Historia de José. Tela de un relicario, siglos VII-X.

Los más preciados son los tejidos, muy bien conservados en las tumbas en Egipto, generalmente situadas en terrenos secos y arenosos. Los vestidos coptos estaban formados por túnica y manto, con materiales de lino y lana, y en algunos casos la seda y otras fibras textiles. La ornamentación de los tejidos se hacía a mano con hilos de colores y abundan los temas mitológicos, vegetales y geométricos.

FUENTES.
Museos.
Museo Copto de El Cairo. Una espléndida colección, la mayor parte de los siglos III-X. Destacan los manuscritos de Nag Hammadi, de los siglos III-IV, que comprenden textos gnósticos, incluyendo la única versión completa del Evangelio de Santo Tomás. [http://www.coptic-cairo.com/museum/museum.html]

Internet.
[http://www.arteguias.com/artecopto.htm] Se ha hecho una amplia paráfrasis de este artículo de Ana Belén Fernández.

Exposiciones.
*<Retratos de Fayum – Adrian Paci: Sin futuro visible>. Madrid. Museo Arqueológico Nacional (30 mayo-24 julio 2011). Reseña de Antón, Jacinto. Mirad, muertos con la mirada viva. “El País” Babelia 1018 (28-V-2011) 19.
*<Otro Egipto>. Palma de Mallorca. CaixaFòrum (2012). Jurado, Laura. Egipto… después de Cristo. “El Mundo” (16-II-2012) 59-60. El arte copto.

Libros.
Bailly, Jean-Christophe. La llamada muda. Ensayo sobre los retratos de El Fayum. Akal. Madrid. 2001. 174 pp. Reseña de Glòria Picazo. “L’Avenç”, 277 (II-2003) 74-75.

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