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domingo, 12 de abril de 2015

HA 4 UD 03. Arte bizantino: un resumen.

HA 4 UD 03. ARTE BIZANTINO: UN RESUMEN.
*Hay otras tres entradas para Introducción y fuentes, Arquitectura y Artes plásticas.

INTRODUCCIÓN.
Bizancio: un puente entre las culturas antigua y medieval.
Fundamentos del arte bizantino.
La influencia bizantina en Europa.

ARQUITECTURA.
Características de la arquitectura.
Evolución de la arquitectura.
Comentario: Santa Sofía de Constantinopla.
ICONOGRAFÍA.
PINTURA.
Los iconos.
La miniatura.
MOSAICO.
La evolución del mosaico.
ESCULTURA.
La evolución de la escultura.
ARTES MENORES.
Marfil.
Orfebrería.
Textil.
Vidrio y cerámica.

INTRODUCCIÓN.
Bizancio: un puente entre las culturas antigua y medieval.
El arte bizantino se extendió por el territorio del Imperio Bizantino entre los siglos V y XV. Adquirió sus principales características a partir del emperador Teodosio II en el siglo V y finalmente se independizó del arte paleocristiano en la época del emperador Justiniano, a mediados del siglo VI.
Fundamentos del arte bizantino.
El arte se desarrolló en el contexto de un estado teocrático en lo religioso, y muy conservador en la política, la economía y la cultura, por lo que perduró con pocos cambios hasta su final en 1453. El gusto artístico fue profundamente afectado por el rigorismo del cristianismo ortodoxo oriental y por el determinante poder imperial, como lo prueba la crisis iconoclasta (726-843), cuando muchas imágenes fueron destruidas por una reacción religiosa que contó con el apoyo imperial.
La influencia bizantina en Europa.
El arte bizantino fue muy influyente durante la Edad Media, tanto en Oriente, como revela el arte copto egipcio, el primer arte islámico, el arte de los países balcánicos y de Rusia, así como en Occidente, sobre todo a través de Italia.
El proceso se inició con el imperio de Constantino a principios del siglo IV cuando se quiso convertir la ciudad de Bizancio en la nueva capital imperial, una nueva Roma pero oriental, rebautizándola como Constantinopla y con un urbanismo y edificios monumentales al nivel de su nuevo papel político, con el trabajo de los excelentes constructores y artesanos de Asia Menor y materiales ricos como el preciado mármol de la isla de Proconessos, en el Mar de Mármara.
El esfuerzo prosiguió con los emperadores siguientes, con obras colosales como el acueducto de Valente, hacia el 370.

ARQUITECTURA.




Bizancio fue embellecida con nuevas obras por Arcadio (395-408), que inició el gran foro imperial, y Teodosio II (408-450), que amplió y amuralló la ciudad, reconstruyó el Palacio Imperial decorándolo con mosaicos helenísticos, y reedificó la iglesia principal dedicada a la Sabiduría Divina (Santa Sofía), que había sido construida por Constantino pero que había padecido un incendio en la época de Arcadio, quedando hoy solo de ella algunos restos del pórtico.
Las construcciones religiosas eran entonces de dos tipos: la iglesia de planta basilical —que más tarde evolucionará hacia un compromiso entre la planta basilical y la centralizada— y la martyria de planta centralizada.
La iglesia de planta basilical comprende tres naves precedidas de atrio y nártex, con unas escaleras que conducen a las tribunas laterales del interior (con la función de ser gineceos, sitios reservados para las mujeres), con un ábside que con frecuencia está flanqueado por dos cámaras o pastoforios: la prótesis a la izquierda del sacerdote y el diaconicón a la derecha. El presbiterios está separado de las naves por la iconostasis, un muro relativamente abierto en cuyo intercolumnio sobre plúteos de mármol se corrían velos o cortinas durante ciertos momentos de la misa, una división ritual que desapareció en Occidente a partir del siglo XI, pero que se mantiene en Oriente aunque ahora mediante la exposición de unos iconos colgados en el intercolumnio.
Los mejores ejemplos de las primeras iglesias bizantinas de planta basilical son:
-·La basílica de San Juan en Studion, cerca de Bizancio, que cuenta con gruesos muros de aparejo mixto (mampostería y ladrillo), una separación de las naves mediante columnas de pórfido con basas y capiteles de mármol de orden corintio, que sustentan un arquitrabe cuyos dinteles marmóreos están ricamente labrados.
-La basílica de San Demetrio en Salónica, que muestra columnas de pórfido y unas series de arcos cintrados. Ha sido restaurada varias veces, la última en 1917, por lo que no es segura su forma original.
-La basílica de Damasco, de la que destacan las grandes proporciones y los monumentales pilares. Fue transformada posteriormente en la Gran Mezquita de la ciudad, de forma que solo queda parte de la estructura interior.
-Los templos de los monasterios sirios, de estructuras muy sólidas (para prevenir los frecuentes terremotos) gracias a sus sillares grandes y regulares, las bóvedas y los arcos cintrados y moldurados, y un nártex reducido y compacto, con una puerta cuadrada. A veces incluían un martyria para el fundador.
Los martyria son santuarios dedicados a la veneración del sepulcro de un santo o una reliquia sagrada. Su planta generalmente es de cruz griega, aunque abunda el cuadrado y el octógono. Cuenta con dobles hileras de columnas que convergen en el espacio central, cuya forma de cubo está cubierta con una cúpula y de tejas o placas metálicas. Al respecto hay que señalar que el mausoleo de Gala Placidia en Ravena no es bizantino ni por su temprana época (mediados del siglo V) ni por sus mosaicos, muy del gusto paleocristiano romano.
La gran cúpula en las plantas centralizadas se generalizó en Bizancio y en Asia Menor. Un ejemplo es la iglesia de los santos Sergio y Baco, un martyria con cúpula segmentada que cobija el octógono central, en el que se alternan nichos oblongos y semicirculares. Otro ejemplo es Santa Irene (Santa Paz), que tiene una cúpula en cuyo tambor se abren ventanas y grandes arcos laterales con ventanas para la iluminación interior.
Fue en el siglo VI cuando los arquitectos bizantinos resolvieron el problema de sustentar una cúpula sobre un edificio cuadrado, al disponer cuatro arcos en los muros principales de sustentación, con el objetivo de que los trapecios curvilíneos, las pechinas, que quedan entre el anillo de la cúpula y los arcos descargasen los empujes del peso de la cúpula.
La decoración de las iglesias se resolvió mediante la utilización de mármoles y otras piedras multicolores en el revestimiento de los muros, arcos y columnas decoradas con capiteles bizantinos calados al trépano y con temas vegetales muy entrelazados, y mosaicos de figuras.

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El mayor monumento que ha pervivido es la basílica justiniana de Santa Sofía, edificada (532-537) después del incendio en 532 del edificio anterior, que había sido a su vez edificado sobre otro más antiguo también incendiado. Sus arquitectos son Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto. Combina las plantas de basílica y martyria. Tiene una amplia área central (33 metros de anchura), un altísimo espacio cúbico con dos exedras en los extremos de su eje, desde la entrada en el nártex hasta el ábside. En el centro destaca la gran cúpula con una hilera de ventanas en su parte baja, que se asienta sobre cuatro enormes pechinas, dos exedras menores y dos inmensos arcos laterales, perforados a su vez con hileras de ventanas cuadradas en su parte alta, y que cobijan galerías en su planta superior y en las naves inferiores. La cúpula se derrumbó en 558 por un terremoto y en 562 la reconstruyó un sobrino homónimo de Isidoro de Mileto, que reforzó el templo con robustos y salientes contrafuertes.
El templo es precedido por un amplio atrio y un colosal nártex, y está decorado con placas de mármoles policromos, puertas de bronce, columnas de pórfido con capiteles de mármol blanco del tipo prismático con adornos de hojarasca labrada al trépano de origen teodosiano, o con caprichosos recamados. Los mosaicos que han pervivido son posteriores a los de la época de Justiniano, destruidos por los iconoclastas, y son de los mejores ejemplos del mosaico bizantino posterior.
Los templos de Rávena, capital del Imperio Romano de Occidente ya en el siglo V, del reino ostrogodo y después de la provincia bizantina de Italia, se inspiraron en modelos bizantinos ya en época del rey ostrogodo Teodorico y después de la conquista bizantina de la ciudad en 540, bajo el obispado de San Maximino, se construyeron dos monumentos extraordinarios en ladrillo:
-La basílica de San Apolinar in Classe (el puerto de la ciudad), con un gran ábside adornado con mosaicos.

-La iglesia de San Vitale de Ravena, con los dos mejores mosaicos del arte bizantino, los dedicados al emperador Justiniano y su esposa Teodora.
La crisis del siglo VII, motivada por la crisis económica posterior a las conquistas de Justiniano como consecuencia de sus grandes gastos militares, y por las grandes guerras con el naciente Islam, que se apoderó de los territorios desde Siria al norte de África, repercutió en la arquitectura reduciendo el número y la monumentalidad de las obras, así como el empleo de materiales nobles en los edificios, como demuestra que las columnas de la gran cisterna de Yerebatan Saray son reutilizadas, mientras que las de la muy anterior cisterna teodosiana de las Mil y Una Columnas eran nuevas.
La arquitectura religiosa se transformó.
Comenzamos a verlo en Santa Sofía de Salónica, del siglo VIII, con cúpula de ladrillo, naves abovedadas y ábside de tres capillas.
Desde el siglo IX las iglesias son de cruz griega, con los brazos cubiertos de bóveda de cañón; la cúpula surge sobre un alto tambor cilíndrico o forma un lucernario poliédrico con columnitas adosadas, apoyada en cuatro pilastras o, en edificios pequeños, sobre cuatro columnas unidas por arcos. Destaca la Pequeña Metrópoli de Atenas, del siglo XI, con placas esculpidas anteriormente, que adornan la pequeña fachada de piedra.
En los templos mayores hay cúpulas en los extremos de los brazos y en el nártex: la iglesia de los Santos Teodoros en Atenas, con nártex abierto en arcos; la iglesia de los Santos Apóstoles, en Constantinopla (derribada en el siglo XV, que fue modelo de la catedral de San Marcos de Venecia); la iglesia monástica de Dafni, famosa por sus bellos mosaicos.
Tras la crisis de la invasión selyuqí y las Cruzadas en los siglos XIII y XIV se vivió un breve renacimiento con los emperadores Paleólogos en la segunda mitad del siglo XIV. Destaca la Paregoretissa (o Consoladora) y las siete pequeñas iglesias de Mistra (Morea), construidas en ladrillo, con adornos de posible influencia gótica. Los templos mayores ganan verticalidad en el ábside y en su parte central, con un aspecto monumental, con formas piramidales, que se transmitirá a la arquitectura monástica serbia, como muestra la iglesia conventual de Gravánica.
El periodo paleólogo es de una refinada decadencia en sus exteriores polícromos, que tenían un antecedente en el Palacio Imperial de las Blachérnai (hoy Tefki Saray, en ruinas), y destacan tres templos:
-La iglesia de los Santos Apóstoles de Salónica (1315).
-La iglesia de la Chora (hoy mezquita Karye Camii), financiada por Teodoro Metochites, el logoteta (tesorero) del emperador Andrónico II, muy admirada por sus preciosos mosaicos (probablemente los mejores del último periodo bizantino) y sus pinturas murales.
-La iglesia de Theotókos Pammakáristos (Madre de Dios Bienaventurada, hoy mezquita Fetiye Camii), construida hacia 1300.
ICONOGRAFÍA.
El arte bizantino representó los temas religiosos mediante mosaicos, tablas de marfil y pequeñas tablas pintadas, conocidas como iconos. La furia iconoclasta, muy intensa en el siglo VIII, suprimió las representaciones figuradas de la Divinidad, simbolizada entonces mejor por la Hetimasía, que consistía en el Trono de Dios con un texto sacro. Desde mediados del siglo IX y definitivamente desde el XI, reaparecieron los mosaicos, marfiles e iconos.

PINTURA. 
Los iconos.
Los iconos o tablas pintadas, a veces con enriquecimientos metálicos, crean una tradición que perdura aún. Se representa a la Virgen con el Niño en brazos, o figuras de santos. Destacan los iconos rusos de mano bizantina, como la Virgen de Vladimir (1130, col. Museo Tretiakov, Moscú). El tema y la composición influyeron en las Madonnas occidentales, sobre todo las italianas.
La miniatura.
La iluminación de códices sigue la tradición siria, con el Codex Purpureus (siglo VI, guardado en la catedral italiana de Rossano) y códices del siglo IX en los que se percibe una influencia helenística. Destacan los salterios, muy ricos los de ámbito cortesano, debido al impulso cultural del emperador Constantino VI Porfirogeneta, en cuyo reinado se ilustran también obras científicas y literarias. En el siglo XI aparecen ilustraciones polícromas en viñetas marginales o páginas con varios episodios. En el siglo XIV destacan los retratos miniados de emperadores o dignatarios. 

MOSAICO.
Los mosaicos del periodo teodosiano son similares de estilo a los romanos del Bajo Imperio. Las obras más celebradas son los del emperador Justiniano y su esposa Teodora con sus séquitos, en la iglesia de San Vitale de Rávena.
Se han perdidos los mosaicos justinianeos de Santa Sofía debido a la posterior crisis de la iconoclastia, y los actuales datan de los siglos IX a XII, y son de un estilo muy refinado. Conmemoran las ascensiones al trono imperial, y sitúan al Pantocrátor entre el emperador y su esposa, o representan la Déesis, esto es el Ruego por el que la Virgen y el apóstol San Juan imploran a Jesús el perdón para los mortales.
Destacan fuera de Contantinopla los mosaicos de la iglesia de Dafni del siglo XI; y más tarde, en los siglos XII y XIII, los mosaicos sicilianos de un estilo muy hierático en las catedrales de Cefalù y Monreale, y en Palermo los de la Martorana y la iglesia de Santa María del Almirante, y en Venecia los de San Marcos.
Más pictóricos son los mosaicos del periodo paleólogo en Bizancio, como los de la iglesia de Chora, hacia 1310, sobre todo el de la Anástasis (Descenso al Limbo).
Hay que apuntar que desde el 1100 y sobre todo en el siglo XIV abundan los pequeños mosaicos portátiles, con menudas teselas.

ESCULTURA.
Las obras en relieve son escasas ya en los inicios, de modo que se ha afirmado que el arte bizantino sintió aversión hacia las imágenes esculpidas, pese a las representaciones del Pantocrátor y de la Madre de Dios, y esa tendencia se acentuó cuando llegó la crisis iconoclasta y prosiguió después del final de esta.
En escultura las formas propias aparecen en la época del emperador hispánico Teodosio I el Grande (379-395), con varios ejemplos significativos:
-La base esculpida del obelisco de origen egipcio que se implantó (390) en el gran hipódromo de Bizancio, en el que se representó el palco imperial con una perspectiva vertical de los personajes, representados estos con proporciones jerárquicas, con el emperador como figura dominante.
-Un estilo neoático manifestado en las estatuas togadas de retrato, halladas en Bizancio y la ciudad asiática de Afrodisia, como el sarcófago de Serigüzel (col. Museo de Arte de Estambul o MAE), cuyos lados mayores muestran unos relieves de ángeles voladores que sostienen el crismón.
En la escultura posterior a la época teodosiana destaca un obra maestra, la enorme estatua broncínea de un emperador, probablemente Marciano (450-457), saqueada en Bizancio por los cruzados en 1204 y hoy visible en la ciudad italiana de Barletta.
Del siglo VI son las cabezas en mármol de la emperatriz Ariadna, cuyas copias se admiran en Milán, Roma y París (col. Louvre) y la de la emperatriz Teodora, en Milán.

ARTES MENORES.
Las principales artes menores o suntuarias son las del marfil, la orfebrería, el textil, el vidrio y la cerámica. El mosaico es un arte parangonable a la pintura mientras que la miniatura se incluye como una variante dentro de la pintura, junto a los iconos.
Marfil.
Los marfiles más antiguos datan de circa 500. Son placas conmemorativas o “dípticos consulares”: el Marfil Barberini (col. Louvre, París), con la imagen ecuestre del emperador Zenón; la placa de la emperatriz Ariadna o tal vez de la reina ostrogoda Teodelinda (col. museo Bargello, Florencia); la placa de San Miguel (col. British Museum, Londres); y el gran conjunto de placas que recubren la cátedra (la silla obispal) de San Maximino, del siglo VI, en Ravena.
Los marfiles post-iconoclásticos son de solemne pero suave labra: placas con el Pantocrátor, o conmemorativas de coronaciones, como la que nos presenta a Jesús coronando a Romano y Eudoxia (col. Gabinete de Medallas, París), el Tríptico Harbaville (col. Louvre, París), y la estatuilla de la Virgen y el Niño (col. Victoria & Albert Museum, Londres).
En los siglos X y XI se datan unos marfiles de un estilo abigarrado, de un movimiento casi barroco, con elaborados baldaquines cubriendo las escenas, y cofrecillos con temas paganos, como el Cofre Veroli (col. Victoria & Albert Museum, Londres). Este estilo influyó en los marfiles carolingios y otónidas coetáneos.
Orfebrería.
La orfebrería sigue la línea helenística. Al principio se hacen fuentes circulares o discos de plata repujada con temas mitológicos, simbólicos o conmemorativos, y patenas con temas sacros o eucarísticos, como las dos Patenas con la Comunión de los Apóstoles, labradas probablemente en Antioquía en el siglo V, hoy conservadas en los Museos de Estambul y Dumbarton Oaks.
Otras obras importantes de orfebrería son los cálices de ónice o sardónice, de tal magnificencia que los devotos los reverenciaron como copias del auténtico cáliz de la Última Cena; la Cruz de Justino II (siglo VI, col. Museo Vaticano, Roma); los staurothékai (relicarios de la Cruz de Cristo) con lujosas placas (como una del siglo X, en la catedral de Limburgo, y otra del siglo XII en Esztergon, Hungría), y en los que en los siglos XIV y XV se emplearán formas y adornos de modelos góticos; y las tapas de libros, como la de oro, esmaltes y pedrería, representando a San Miguel, que se guarda en la catedral de San Marcos de Venecia.
Sobresale en orfebrería la especialidad del esmalte (de técnica cloisonné), que derivado de los esmaltes sasánidas, triunfó en la corte imperial de Bizancio y persistió hasta 1204, cuando se difundió por Occidente y Georgia. Cuenta con obras maestras como la corona de Constantino IX (siglo XII, hoy en Budapest), el altar de San Marcos de Venecia, conocido como Pala d'Oro (hacia 976) y cruces esmaltadas, como la de Cosenza, y la de la reina Dagmar guardada en Copenhague.
Textil.
En los tejidos destacan los lienzos de lino con adornos morados y polícromos de Egipto, que se confunden con los del arte copto; los lienzos de seda de Bizancio desde el siglo VI, polícromos y con fondo purpúreo para los miembros de la familia imperial; y los bordados y recamados, como la Dalmática de Carlomagno (h. 1400, col. Museo Vaticano, Roma).
Vidrio y cerámica.
El vidrio y la cerámica bizantinos, de los que se conoce relativamente poco, también fueron famosos en la Edad Media. Los mejores ejemplos se hallan repartidos por los museos de Grecia, Turquía, Reino Unido, Francia y Alemania.