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miércoles, 1 de abril de 2015

HA 4 UD 03. Arte bizantino. Introducción y fuentes.

HA 4 UD 03. ARTE BIZANTINO.
*Hay otras tres entradas para Resumen, Arquitectura y Artes Plásticas.

INTRODUCCIÓN.
Bizancio: un puente entre las culturas antigua y medieval.
Concepto de arte bizantino.
Periodización.
Marco espacial.
Las influencias en su origen.
La influencia bizantina en Oriente y Occidente.
La importancia de la capital Bizancio y de la corte imperial.
El urbanismo de Bizancio.
La época de Justiniano.
La crisis iconoclasta del siglo VIII.

ARQUITECTURA.
Características de la arquitectura.
Evolución de la arquitectura anterior a Justiniano.
La arquitectura de Justiniano.
Los elementos arquitectónicos.
Los dos modelos de plantas.
El modelo de planta centralizada poligonal.
Comentario: Iglesia de los Santos Sergio y Baco.
Comentario: Iglesia de San Vitale de Rávena.
El modelo de planta basilical y sus cuatro variantes:
La variante de planta paleocristiana.
Comentario: Iglesia de San Apolinar in Classe.
Comentario: Iglesia de San Apolinar Nuevo de Rávena.
La variante de planta longitudinal.
Comentario: Iglesia de Santa Irene de Constantinopla.
Variante de planta ecléctica.
Comentario: Santa Sofía de Constantinopla.
Variante de planta de cruz griega.
Comentario: Iglesia de Santos Apóstoles de Constantinopla.
Comentario: Iglesia de San Juan de Éfeso.
La arquitectura posterior a Justiniano.
La arquitectura del segundo periodo.
La arquitectura del periodo final paleólogo.

ARTES PLÁSTICAS.
Influencias en el origen.
Estilos iniciales.
Iconografía inicial.
Las artes plásticas del periodo deuterobizantino.
La nueva disposición iconográfica en las iglesias.
La iconografía deuterobizantina.
MOSAICO.
La evolución inicial del mosaico hasta Justiniano.
Comentario: Los mosaicos de San Apolinar in Classe.
Comentario: Los mosaicos de San Apolinar Nuevo de Rávena.
Comentario: Los mosaicos de San Vitale de Rávena.
La evolución posterior.
Los mosaicos deuterobizantinos.
PINTURA.
La evolución de los iconos.
Los frescos murales.
La miniatura.
ESCULTURA.
La evolución de la escultura.
ARTES MENORES.
Marfil.
Orfebrería.
Textil.
Vidrio y cerámica.

INTRODUCCIÓN.
La UD estudia la evolución del arte bizantino, desde sus inicios en el siglo V, el primer gran periodo bizantino con las grandes obras de Justiniano, y el arte posterior, hasta la caída de Constantinopla en 1453. Aunque los conquistadores otomanos destruyeron algunos tesoros artísticos bizantinos, se han conservado numerosas obras.

Bizancio: un puente entre las culturas antigua y medieval.
Imperio bizantino es el término historiográfico utilizado desde el siglo XVIII para referirse al Imperio romano de Oriente en la Edad Media.
La capital de este Imperio cristiano se encontraba en Constantinopla (en griego, Κωνσταντινούπολις, actual Estambul), de cuyo nombre griego antiguo, Bizancio, fue creado el término Imperio bizantino por la erudición ilustrada de los siglos XVII y XVIII.
En tanto que continuación de la parte oriental del Imperio romano, su transformación en una entidad cultural diferente de Occidente fue un proceso que se inició cuando el emperador Constantino I el Grande trasladó en 330 la capital a la antigua Bizancio (que entonces rebautizó como Nueva Roma, y más tarde se denominó Constantinopla); continuó con la escisión definitiva del Imperio romano en dos partes tras la muerte de Teodosio I, en 395, sobrevivió a la posterior desaparición, en 476, del Imperio romano de Occidente; y alcanzó su culminación durante el siglo VII, bajo el emperador Heraclio I, con cuyas reformas, el Imperio adquirió un carácter helénico, muy diferente al latino del viejo Imperio romano. Heraclio reorganizó el ejército para rechazar a los persas (aunque poco después sufrió el impacto devastador de la invasión islámica), abandonó el antiguo título imperial de “Augusto” y se proclamó basileus (palabra griega que significa rey o emperador), título que los gobernantes bizantinos asumieron hasta el final del Imperio en 1453. Y, cambio trascendental, también reemplazó el latín por el griego como lengua administrativa en 620. Después de su reinado, el Imperio bizantino tuvo un marcado carácter helénico, lo que ha llevado a algunos académicos, como Theodor Mommsen a finales del sglo XIX, a afirmar que hasta Heraclio existió el Imperio romano de Oriente y después de él hubo el Imperio bizantino.

Concepto de arte bizantino.
Es una convención histórica el distinguir el arte bizantino del romano pues el Imperio Bizantino del siglo V es todavía el Imperio Romano de Oriente y lo será aún más después del 476, cuando se considerará el legítimo heredero del Imperio de Occidente. Hay, pues, una continuidad respecto a la cultura tardo-romana, aunque hay diferencias respecto al arte paleocristiano, romano y oriental.
El arte bizantino se extendió por el territorio del Imperio Bizantino entre los siglos V y XV. Adquirió sus principales características a partir del emperador Teodosio II en el siglo V y finalmente se independizó del arte paleocristiano en la época del emperador Justiniano, a mediados del siglo VI.
Como en su antecedente paleocristiano, la sociedad bizantina es de religión cristiana, y se caracteriza por el rigorismo del cristianismo ortodoxo oriental y la creencia en una visión trascendente del mundo, que deriva en un teocentrismo que sitúa a Dios como centro del mundo. La estética bizantina siguió la corriente paleocristiana de idealización, simbolismo y desnaturalización de la realidad.
En lo político es una sociedad cesaropapista, en la que el monarca se considera jefe de la Iglesia, y esto influirá en una visión jerárquica de los espacios arquitectónicos y de la iconografía.
El gusto artístico fue profundamente afectado por el teocentrismo y el cesaropapismo, que fueron muy conservadores en la política, la economía o la cultura. El arte tuvo una función propagandística del poder político imperial y del poder religioso de la Iglesia, lo que explica su afectación e hieratismo. En suma, es un arte propiamente medieval, que profundiza aun más que el paleocristiano en la abstracción, y que llegará incluso al aniconismo, esto es, el rechazo de las imágenes, sobre todo en la crisis iconoclasta (726-843) de destrucción de las imágenes por una reacción religiosa que contó con el apoyo imperial.
Por todo lo anterior, el arte bizantino evolucionó poco y lentamente a lo largo de su milenio de vida. Esta estabilidad es una vocación que comparte con el arte egipcio, por lo que se debe considerar un arte más de Oriente que de Occidente.
Sus dos ideas básicas se anudan a las de la ideología de una sociedad con pretensión de inmutable, regida por dos ideas básicas: el orden (en griego táxis, que también quiere decir ceremonia) y la representación (en griego mímesis, que también significa imitación). La Nueva Roma aspiraba a ser la nueva Ciudad Eterna, a mantener el orden político, social y religioso, de supuesta fundación divina, con todo su esplendor y pompa orientales, bajo la égida de un emperador que era representante de Dios en la tierra, en la mejor tradición del emperador pontífice romano. Este orden perfecto espejea el del ámbito celestial, y la corte terrestre recrea la estructura de la corte celeste, con sus santos y arcángeles, transmutados en altos dignatarios civiles y eclesiásticos. La jerarquía lo armoniza todo, así en la tierra como en el cielo.
El arte bizantino refleja bien esa búsqueda del orden ideal. Los individuos se integran en retratos colectivos, de grupos muy bien formados, mejor incluso, uniformizados. En estas representaciones, cada uno ocupa su posición, sea santo o cortesano, bestia simbólica o evangelista. Todos miran de frente, se muestran firmes y están en guardia. El artista sabe que debe seguir los dictados de unas reglas establecidas por un modelo de arte clásico, reguladas por una etiqueta del arte, entendido como creación y como apéndice de la Corte. “El emperador es el representante del Bien y de lo Bello”, y como tal, la belleza es competencia suya, tanto como el mando de sus ejércitos.

Periodización.
La Historia del Imperio Bizantino se divide según el consenso historiográfico en tres grandes periodos: Primero (395-850), Segundo (850-1050) y Tercero (1050-1453).
Esta división quiso extenderse a la Historia de su Arte, pero en esto surgió un grave desacuerdo entre los historiadores.
Hay consenso en que el arte bizantino se desarrolló durante casi un milenio, desde al menos la caída del Imperio romano de Occidente el año 476 hasta la toma de Constantinopla por los turcos en 1453.
El primer debate es la fecha de su inicio, con cuatro grandes propuestas: el 395, fecha de la división del Imperio en dos partes; el 476 con la extinción del Imperio de Occidente; el 500, por la venida del siglo VI; y el 527, fecha de la entronización de Justiniano. La cuarta es la tesis más aceptada, pues se razona que antes habían existido cambios y rasgos artísticos propios pero que no eran sustanciales. De hecho, durante la época tardo-romana, Constantinopla fue un núcleo más clasicista, en el sentido de que mantuvo el gusto profano, que la propia Roma.
En la división interna hay menos debate historiográfico, con un acuerdo básico en plantear al inicio un periodo protobizantino en que no se distingue plenamente del paleocristiano pero ya se observan características propias en Oriente, más los tres grandes periodos o edades: Primera Edad de Oro (527-640), Segunda Edad de Oro o Primer Renacimiento (850-1204) y Tercera Edad de Oro o Segundo Renacimiento (1260-1453), con unos largos hiatos o cortes, en especial durante las crisis de las invasiones árabes (desde 632), el conflicto iconoclasta (750-850) y la invasión latina (1204-1261).
Otra división propuesta por los historiadores establece una separación en dos grandes periodos: la Edad de Oro de Justiniano (527 hasta una fecha dudosa, anterior en todo caso a 850), con un hiato debido a la crisis iconoclasta, seguido por un periodo Deuterobizantino desde 850 hasta 1453. Estos periodos se subdividen por siglos: VI, VII... hasta el XV, o por dinastías, en especial la macedónica (867-1056), la comnena (1081-1185) y finalmente la paleóloga (1261-1453).

Marco espacial.
Se extendió desde Bizancio hacia las dos orillas del Mediterráneo por el oeste y hasta Armenia por el este. Pero la historiografía se debate entre dos grandes propuestas:
- El área concreta del dominio político del Imperio Bizantino, con la capital y las regiones bajo su directo control político, en especial Grecia, Anatolia (en Turquía) y la zona de Rávena en Italia.
- La concepción de “producción bizantina”, que incluye otros lugares que fueron parte del imperio durante un tiempo corto o largo, como Armenia, Serbia, Venecia o Sicilia, o que incluso nunca lo fueron, como Rusia, pero que fueron influidos decisivamente por Bizancio.

Las influencias en su origen.
El arte bizantino se nutre en su inicio y desarrollo del arte de las otras grandes civilizaciones cercanas de Occidente y Oriente, anteriores o coetáneos: romano, paleocristiano, griego helenístico, sasánida…, con una veta popular que lo emparenta con artes anteriores como el egipcio (a través de los coptos) o el mesopotámico, todo ello transformado profundamente por la ideología del cristianismo pues será un Imperio “romano cristiano”.
En la arquitectura las influencias son muy variadas, pero las más intensas son las del arte romano y paleocristiano, tanto en las formas como en los materiales (piedra y, sobre todo, el ladrillo), con gruesas paredes en hileras, unidas con mortero (cal y arena), mientras que se recupera la bóveda romana (tan poco utilizada en la arquitectura paleocristiana), con sus modelos de bóveda de cañón, de arista y la cúpula.
La fusión de tantas influencias será un largo y complejo proceso que maduró en la época de Justiniano, y que posteriormente volverá a registrar nuevas influencias, como el arte islámico, el románico o el gótico.

La influencia bizantina en Oriente y Occidente.
El arte bizantino fue muy influyente durante la Edad Media, tanto en Oriente, como revela el arte copto egipcio, el primer arte islámico, el arte de los países balcánicos y de Rusia, así como en Occidente, sobre todo a través de Italia.
El arte bizantino influyó en el arte medieval de Occidente porque Bizancio era todavía una gran potencia europea y por su prestigio como modelo imperial admirado por los papas, emperadores como Carlomagno y los otónidas alemanes, o la nobleza feudal. Esta influencia disminuyó desde el siglo XI, cuando el Románico se convirtió en el movimiento europeo dominante, aunque persistió en la escuela de pintura italo-bizantina hasta el Gótico.
Asimismo el arte bizantino influyó en el arte islámico, del cual constituye un importante sustrato cultural y artístico, sobre todo en las artes suntuarias y en la técnica e iconografía de la decoración de los edificios.

La importancia de la capital Bizancio y de la corte imperial.
Constantinopla es el gran centro de la vida política, económica, social, cultural y artística, de modo que quien domina la capital domina el Imperio.
La Corte Imperial es el principal cliente del arte, tanto el civil como el religioso, y así el arte bizantino modélico será el de los talleres imperiales o áulicos, que establecen un estilo “cortesano” pero que también es un arte cristiano, por la doble vinculación: arte/ideología del poder imperial y arte/religión cristiana.
La iconografía y las formas del arte plástico bizantino se explican por este doble vínculo, mientras que en la arquitectura se alumbra una nueva concepción espacial, un espacio dilatado, dinámico, con una fuerte jerarquización de la distribución interna, que extrema la tradición paleocristiana de tal distribución en la basílica, por ejemplo en la separación física del clero respecto a los fieles mediante la iconostasis.

El urbanismo de Bizancio.
El urbanismo de la capital es extremadamente variado, con parques, caminos, puentes, puertos, acueductos, cisternas, murallas, villas en el campo próximo, mansiones para los ricos dentro de la urbe, palacios para la familia imperial, iglesias para el pueblo y una gran iglesia imperial, termas, bibliotecas, hipódromo…
Hay un cuidado exquisito de la estética, lo que se percibe incluso en monumentos ocultos a la visión normal de los ciudadanos, como la famosa cisterna subterránea de las 336 columnas con capiteles.
El centro urbanístico más importante era el sector palacial o ciudad palatina, en el extremo al este de la península. Su modelo influyó en la Europa de la Alta Media, por ejemplo en la Aquisgrán carolingia.

La época de Justiniano.
El imperio de Justiniano cubre los años 527-565, cuando se abrió un periodo de estabilidad en las estructuras políticas, económicas y sociales, que se prolongó hasta el fin de la crisis iconoclasta. Justiniano lideró una gran expansión territorial hacia Occidente: norte de África, Italia y sur de Hispania, motivado por la voluntad de reconstruir el antiguo poder del Imperio Romano.
Justiniano consolidó un Estado de monarquía absoluta, apoyada en una aristocracia de corte, consagrada a la función burocrática. El Estado controló estrechamente la economía, acaparando gran parte de la plusvalía del campo, la industria y el comercio, lo que le permitió casi monopolizar el mecenazgo cultural y artístico.
En lo ideológico rigió la doctrina constantiniana del “cesaropapismo”, basada en un completo control de la Iglesia por el emperador, que lo es “por la gracia de Dios”, como verdadero representante de Dios en la tierra, lo que le legitima para nombrar a las autoridades eclesiásticas e intervenir en cuestiones dogmáticas y litúrgicas. Es la tradición del emperador-pontífice romano, que pervivirá en la tradición oriental en Rusia hasta principios del siglo XX, y que se readaptó en la Inglaterra anglicana de Enrique VIII en el siglo XVI.

La crisis iconoclasta del siglo VIII.
En el siglo VII Bizancio sufre una fuerte crisis política, territorial (ataque del Islam, pérdida de importantes regiones), demográfica (peste, guerras, hambres), rural y urbana (despoblación de regiones enteras y de las ciudades). La crisis se prolonga en lo religioso, con la crisis de la iconoclastia en el siglo siguiente, una violenta reacción contra la iconodulia.
Aunque el arte religioso estaba estrechamente ligado a la iglesia de Oriente, importantes sectores de esta se opusieron a cualquier representación de escenas o personajes sagrados, pues se deploraba que las imágenes eran veneradas casi como dioses.
Esta postura llevó al comienzo de la iconoclastia en 726-727, cuando el emperador León III ordenó la destrucción por todo el imperio no sólo de los iconos, sino de todas las representaciones religiosas donde apareciera la figura humana. Había un sentido político en su decisión: luchar contra el poder monacal y el papado de Roma. Únicamente el territorio bizantino de Italia se resistió a esta nueva norma y la iconoclastia alejó a Bizancio y Occidente hasta que fue abandonada definitivamente en 843, pero ya había fomentado una importante división, que se ahondó en los siglos siguientes, hasta el cisma del siglo XI.
Todo ello se refleja en la crisis artística, con menos obras y menos innovación.

El arte deuterobizantino (siglos IX-XV).
El arte deuterobizantino (deuteros: segundo) se clasifica en dos periodos, subdivididos en dinastías: 1) Un Imperio Medio (867-1204), con las destacadas dinastía de los Macedonios (867-1057) y los Comnenos (1081-1185), desde mediados del siglo IX a finales del siglo XII. En esta etapa Bizancio conoce un periodo de auge político, económico y artístico, con su cima en 850-1050, cuando se consolida el lenguaje bizantino, con una difusión por toda Europa. 2) Un Imperio final, el llamado periodo de Renacimiento Paleólogo, que transcurre de 1261 a 1453, con su auge en el siglo XIV.
Estas dos etapas de esplendor tienen dos rasgos en común para Krautheimer:
- La influencia imperial. Los emperadores desarrollan un mecenazgo extraordinario, con una implicación personal en el arte. Algunos emperadores incluso son ilustradores y copistas.
- El desarrollo de la conciencia de identidad nacional. En el siglo X se reivindican las formas del primer bizantino, y la miniatura del siglo X vinculada a la Corte vuelve a temas y formas del arte clásico antiguo. Lo mismo ocurre en las artes suntuarias (que no se verán en este curso). Así, la pintura bizantina es la más clásica del Arte Medieval. En el siglo XIV hay un renovado interés por la Antigüedad, visible en la miniatura, el mosaico y el fresco, debido a que se entiende como una vuelta al pasado mítico del Imperio en un momento de desesperación ante la inminencia del fin.
En arquitectura la iglesia típica de la primera etapa desarrolla el modelo de planta central, con cruz inscrita en la planta y de cúpula de aspa en la cubierta. Este modelo pasa a Rusia y los Balcanes. Son iglesias pequeñas pero muy altas relativamente. Las iglesias rurales en Rodas son un modelo, con planta de cruz griega inscrita en un cuadrado, con brazos de la cruz que llegan hasta la pared exterior. En el esquema de ábside central y pastoforios estas tienen la forma occidental tripartita. Las cubiertas del tramo central de la cruz tienen una cúpula elevada con un alto tambor. En los brazos de la cruz tienen bóveda de cañón que destaca al exterior. Hay tres tipos de cubierta: pequeñas cúpulas para los espacios pequeños, cúpula con cubierta de arista, y algunas veces con bóveda de cañón con cúpula. Es el sistema de cúpulas en aspa. Un relicario del siglo XII en San Marcos de Venecia nos muestra este tipo de iglesia.

FUENTES.
Internet.
Enciclopedia Encarta. Microsoft. Se ha utilizado para el estudio diacrónico.
Documentales.
La construcción de un imperio. Los bizantinos. 45 minutos.
Las grandes épocas del arte. Arte paleocristiano y bizantino. 53 minutos.

Exposiciones.
*<Bizancio>. Nueva York. Metropolitan Museum (1977). Obras de la primera Edad de Oro bajo Justiniano.
*<Bizancio>. París. Louvre (1992).
*<Bizancio>. Londres. British Museum (1994).
*<Bizancio>. Copenhague (1996).
*<The Glory of Byzantium>. Nueva York. Metropolitan Museum (11 marzo-6 julio 1997). 344 obras de la segunda Edad de Oro de Bizancio, entre 843 y 1261. Cat. Textos de Oleg Grabar et al. Reseña de Calvo Serraller, F. La gloria de Bizancio. “El País” Babelia (15-III-1997). García Gual, Carlos. Bizancio. “El País Semanal” 1.071 (6-IV-1997) 70-75.
*<Bizancio en España. De la antigüedad tardía a El Greco>. Madrid. Museo Arqueológico Nacional (22 abril-6 julio 2003). 165 obras, entre las que destacan El Disco de Teodosio, de los siglos IV-V, en plata fundida y cincelada, descubierto en 1847 en Almendralejo (Badajoz), col. Real Academia de la Historia, y el manuscrito del Nuevo Testamento (col. Monasterio de El Escorial, Patrimonio Nacional), del siglo XII, con las figuras de Judas y Pablo. Comisario: Miguel Cortés Arrese, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha y miembro del comité español de estudios bizantinos. Cat. Textos de Miguel Cortés Arrese, Marina Chinchilla, Pedro Bádenas, Darío Bernal y Margarita Vallejo, Inmaculada Pérez, Ángela Franco y Miguel Ángel Elvira. Reseña de Samaniego, Fernando. El Museo Arqueológico Nacional rastrea el arte bizantino en España. “El País” (23-IV-2003).
*<Bizancio: Faith and Power>. Nueva York. MET (24 marzo-julio 2004). 350 obras de ssiglo XIII-XV, desde 1261 a 1453. Comisaria: Helen Evans. El término “bizantino” fue acuñado por el erudito Hyeronimus Wolf en 1558.
<Byzantium 330-1453>. Londres. Royal Academy of Arts (25 octubre 2008-22 marzo 2009). 300 objetos de arte y cultura bizantinos. Reseña de Walter Oppenheimer. Arte y disputas bizantinas. “El País” (29-X-2008) 43.

Libros.
Beckwith, John. Arte Paleocristiano y Bizantino. Cátedra. Madrid. 1997. 420 pp.
Borsook, Eve. Message in Mosaic. The Royal Programmes of Norman Sicily 1130-1187. Clarendon Studies in the History of Art. Clarendon Press. Oxford. 1990. 112 pp. más 118 ilus. en b/n. Los mosaicos de influencia bizantina de Cefalù, Monreale, Cappella Palatina de Palermo.
Cutler, Anthnoy; Spieser, Jean-Michael. Byzance médiévale. Col. Universe des Formes. NRF. París. 1997. 448 pp. 347 ilus. Los siglos VIII-XII.
Grabar, André. La Edad de Oro de Justiniano. Desde la muerte de Teodosio hasta el Islam. Col. El Universo de las Formas. Aguilar. Madrid. 1966. 408 pp.
Grabar, André. La iconoclastia bizantina. Akal. Madrid. 1998. 400 pp.
Grabar, André. La iconografía bizantina. Akal. Madrid. 2012. 400 pp.
Grabar, André. La peinture byzantine. Skira. Ginebra. 1953. 204 pp. más ilus.
Grabar, André; Chatzidakis, Manolis. La pintura bizantina y de la Alta Edad Media. Vicens Vives. Barcelona. 1967. 63 pp. más 176 ilus. La peinture byzantine et du Haut Moyen Age. Pont Royal. París. 1965. 63 pp. más 176 ilus.
Krautheimer, Richard. Arquitectura paleocristiana y bizantina. Cátedra. Madrid. 1984 (1965 inglés). 619 pp.
Lowden, John. L'Art paléochrétien et byzantin. Phaidon. Londres. 2001. 447 pp.
Mango, Cyril A. The Art of the Byzantine Empire 312-1453: Sources and Documents. University of Toronto Press. Toronto. 2000 (1972). 272 pp.
Mango, Cyril A. Arquitectura bizantina. Aguilar. Madrid. 1989. 387 pp. Incluye una recopilación de fuentes.
Pijoan, Josep. Arte cristiano primitivo. Arte bizantino hasta el saqueo de Constantinopla por los cruzados el año 1204. Col. Summa Artis, tomo VII. Espasa-Calpe. Madrid. 1994 (1935 1ª edición). 592 pp.
Rodley, Lyn. Byzantine art and architecture. Cambridge. Cambridge University Press.1994. 394 pp.
Velmans, T.; Korac, V.; Siput, M. Bizancio. El esplendor del arte monumental. Lunwerg. Barcelona. 1999. 527 pp. 516 ilus. Una obra de referencia, muy ilustrada.


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