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lunes, 21 de julio de 2014

Urbanismo: Historia y bibliograf'ia.

URBANISMO E HISTORIA DEL URBANISMO.

URBANISMO.
Concepto de Urbanismo.
Ciencia que estudia los distintos aspectos del desarrollo del espacio vital. Aspectos que pueden ser históricos, geográficos, culturales y económicos. Desde el punto de vista estético, el urbanismo se relaciona con la arquitectura y el diseño.
Desarrollo del Urbanismo.
Siempre ha habido un planteamiento previo en la creación de una ciudad, aunque hasta 1800 no se ordenó según directrices estatales. Las primitivas formas de urbanismo son irregulares, porque obedecen a necesidades de defensa (son de «libre crecimiento»). En cambio, la tendencia racional prefiere la estructuración geométrica, atendiendo a las necesidades económicas.
Con la Revolución Industrial el desarrollo urbano se extendió alrededor de las vías de acceso a la ciudad y cayó en manos de especuladores (se potenció la vivienda en alquiler).
Chueca opina: «Para pulsar el grado de cultura de una nación el mejor índice es comprobar cómo se desarrollan sus ciudades». El caos y el desorden son pruebas de vacío cultural, la libertad urbanística se ha transformado paradójicamente en sinónimo de opresión urbanística.
Siglo XIX.
La solución a los problemas de ordenación en el s. XIX dio origen al urbanismo como ciencia. Destacan el ingeniero y urbanista Ildefonso Cerdá (1815-79), con la Teoría General de la Urbanización (1867), autor del Plan de Ensanche de Barcelona; Stübbe, con Der Städtebau (1893, El Urbanismo), dándole una metodología científica, y el británico Ebenezer Howard (1850-1928), con Garden Cities of Tomorrow (1902), manifiesto de la ciudad-jardín, una síntesis de las ventajas de la vida en la ciudad y en el campo, sin sus factores negativos, con autosuficiencia económica, armonizando en un conjunto la agricultura, industria, residencia, ocio y cultura.
Siglo XX.
El IV CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna), reunido a bordo del barco Patris, entre Atenas y Marsella, fijó en la Carta de Atenas (1933) las condiciones indispensables, ordenando la ciudad en diferentes unidades orgánicas separadas entre sí por una red de zonas verdes.
Gropius diría de los CIAM: «Lo más importante fue el hecho de que en un mundo lleno de confusión, de esfuerzos fragmentarios, un pequeño grupo internacional de arquitectos sintió la necesidad de reunirse para intentar ver como un conjunto unitario los distintos problemas con que se venían enfrentando.»
Son problemas tan vitales como la vivienda, la estandarización, el urbanismo...
Las tesis de la Carta de Atenas perduraron hasta el VIII CIAM, en 1951. Benévolo criticaría el urbanismo del IV y por extensión de la primera etapa de todos ellos (1930-34): «Los CIAM, como era fácil de prever, derivan hacia la pura teoría y preparan un sistema de reglas abstractas que resultan inadecuadas y casi irónicas en un mundo agotado por una crisis tan grave, donde se están poniendo en duda no sólo preceptos de la urbanística, sino las primeras bases de la convivencia humana.»
En la segunda etapa (1950-1959), hasta el último, el X CIAM, se intentó revitalizar este foro internacional en una línea más dirigista e intervencionista que recibió reparos de los miembros principales: Giedion, Sert, Gropius y Le Corbusier, abocando a una segunda y definitiva crisis.

Hoy existen muchas escuelas urbanísticas, en una clara y constante disgregación, atendiendo a diferencias geográficas e ideológicas.


UNA HISTORIA DEL URBANISMO. Este texto es un resumen comentado de Chueca Goitia, Fernando. Breve historia del urbanismo. Alianza Editorial. Madrid. 1981 (1968). 243 pp.

LECCIÓN PRIMERA.
INTRODUCCION. Un planteamiento global del problema permite comprender la multiplicidad de puntos de vista para afrontar el estudio de la ciudad: historia, política, geografía, economía, sociología, arte y arquitectura, etc., así como la aportación de la literatura al conocimiento del pasado urbano.
La primera dificultad estriba en ponerse de acuerdo sobre la definición de ciudad. Aristóteles la define políticamente como reunión de ciudadanos, Alfonso X de Castilla por sus muros (una concepción medieval), Cantillon por su carácter señorial (es la época barroca) y Ortega y Gasset la considera como lo opuesto a la naturaleza, con una gran plaza para el contacto humano, de tipo mediterráneo, clásico, político.
TIPOS FUNDAMENTALES DE CIUDAD.
Chueca Goitia opone la ciudad mediterránea a la ciudad americana, que tiene un gran espacio vacío en el centro (reminiscencia del campo). La ciudad islámica no tiene una perspec­tiva pública, sino de vida privada en la interiorización de la vivienda, por lo que no hay plazas (excepto los zocos). La ciudad española concilia a la urbe latina y la islámica en un tipo propio, la ciudad-convento.
Spengler aporta el concepto de alma ciudadana, que Chueca acepta para poder definir como ciudad sin alma a la que nace de la Revolución Industrial, con sus fábricas y barrios obreros. En la ciudad contemporánea asisti­mos a un proceso de desintegración de sus características particulares, juntando varios de los tipos antes referidos sin orden ni concierto.

LECCIÓN SEGUNDA. LA CIUDAD, ARCHIVO DE LA HISTORIA.
Chueca estudia el papel fundamental de la ciudad en la Historia, con su repercusión en todas las facetas de la sociedad. Por ejemplo, la construcción de las murallas en la ciudad medieval origina las finanzas municipales, la autonomía y el derecho municipal, la misma libertad municipal que para Perry Anderson será el mayor factor destructor del feudalismo.
En los siglos XVII y XVIII la ciudad se racionaliza en contraposición a la concepción azarosa anterior, mientras que en el siglo XIX se adecúa a la función de producción y a la residencia de grandes masas humanas.
Hay, pues, un proceso de cambio e innovación en los fines y en las características históricas de cada ciudad. Pero a pesar de este constante cambio hay una esencial continuidad del espacio natural y artificial, de las costumbres, debido a las raíces materiales y espirituales. La ciudad se presenta como un archivo de historia, de recuerdos, en cada calle y edificio, vinculándose la historia de la ciudad a la Historia.
Chueca, influido por los filósofos Ortega y Dilthey, define la ciudad como: «una aglomeración humana fundada en un solar convertido en patria y cuyas construcciones internas y externas se constituyen y desarrollan por obra de la historia, para satisfacer y expresar las aspiraciones de la vida colectiva, no sólo la que en ellas transcurre, sino la de la humanidad en general».

LECCIÓN TERCERA. LA CIUDAD ANTIGUA.
Las primeras ciudades aparecen en los valles del Nilo, Tigris, Eufrates e Indo, como resultado de la consolidación de los Estados, de modo que sin la aparición de estos no podríamos explicar el fenómeno urbano.
En Egipto tenemos pocos restos de ciudades, casi siempre secundarias, creaciones temporales que pronto fueron abandonadas, por lo que no podemos reconstruir el modelo urbano del Antiguo Egipto. Tell-el-Amarna fue sólo una excepción en un momento de crisis de las instituciones y de la ideología. Tampoco son un modelo los complejos religiosos porque eran el reflejo de una casta sacerdotal aislada del pueblo.
En Mesopotamia las ciudades tienen fortificaciones y un palacio-templo, debido a que los gobernantes tenían las funciones militar, política y religiosa, al modo de las sociedades con modo de producción «asiático». El palacio vigilaba y controlaba a la población. Babilonia será el ejemplo, muchas veces destruida y reconstruida, la primera gran urbe de la Humanidad.
En el Indo destacan las ciudades de Mohenjo-Daro y Harappa, máximos ejemplos de una civilización que distribuía la población urbana en pequeñas ciudades que dominaban sus comarcas, sin extenderse a regiones amplias.
En Grecia encontramos las primeras ciudades cretenses, sin murallas al estar protegidas por la flota minoica. Cnossos, Mallia o Gurnia contaban con un alto nivel de vida, un equilibrio social y buenas medidas sanitarias, con una notable adaptación al medio ambiente.
Las monarquías micénicas controlaban toda la vida económica y social desde sus palacios reales, verdaderos centros comunales. La tesis de Chueca de que el pueblo era libre se contrapone a la de Vernant y otros autores, que opinan que la ciudadela era una fortaleza interior para dominar a la población.
Las ciudades griegas desde el siglo VII aC tienen una gran plaza central, como reflejo de un gran cambio político y social con la llegada de la democracia. Los palacios son sustituidos por nuevos edificios públicos al servicio de la ciudad-estado. La colonización mediterránea supondrá nuevos planteamientos urbanísticos, más racionales y científicos, gracias a una planificación ejemplificada en Mileto, Rodas y El Pireo, donde el primer urbanista conocido, Hipodamos, armoniza las plantas urbanas geométricas de trama ortogonal con la realidad del medio geográfico. La ciudad de Olinto se edificó de acuerdo al plan hipodámico y su destrucción en el siglo IV aC nos permite conocer fielmente este modelo.
El desarrollo urbano es generalizado en este periodo antigua, pues la civilización griega  helenística es muy urbana, con ciudades que dominan y explotan el campo a su alrededor, como señalaba el historiador ruso Rostovtzeff. Pero no hubo una real integración de los griegos en el Oriente conquistado por Alejandro, sino una superposición humana y cultural que tardaría en fusionar los grupos étnicos. Esta debilidad explica la facilidad de la posterior conquista romana, pero el modelo helenístico sobrevivirá en Oriente y se extenderá con éxito por Occidente, a lo largo del mundo romano.
Roma es el más grandioso ejemplo de expansión de una ciudad-estado hasta crear un imperio mundial y perder su propia identidad. Para Chueca el Imperio romano será una unión de ciudades griegas, itálicas y provinciales, al final de un proceso de incorporación a la oligarquía romana de las clases dominantes de los países sometidos, atraídas por la estabilidad social que Roma ofrecía. La creación de ciudades será así un medio de control de las provincias, como evidencian tantos campamentos militares que se han convertido en ciudades.
Roma y luego la capital oriental de Constantinopla se convirtieron en verdaderos monstruos urbanos por su desarrollo, con unos gastos nunca cubiertos por las finanzas munici­pales, pero que el Estado mantenía porque ostentaban la capitalidad del Imperio. Con ellas competían en magnificencia las mayores ciudades provinciales, con el resultado de que en el siglo III las curias municipales fueron incapaces de sufragar los enormes gastos de mantenimiento de la infraestructura urbana de acueductos, termas o teatros, lo que supuso la ruina y despoblación de la ciudad clásica, que restó inerme ante las invasiones bárbaras.

LECCIÓN CUARTA. LA CIUDAD ISLAMICA.
La expansión islámica de los siglos VII y VIII extendió su dominio sobre las ciudades clásicas en decadencia, además de las ciudades persas y después de las indias de tipo oriental. Sobre ambos tipos impuso una nueva concepción del espacio urbano, de un carácter vital, biológico, en el que las ciudades se disponen y crecen desordenadamente; salvo el caso del primer trazado concéntrico de Bagdad, que pronto se desordena.
Chueca considera la puerta como el elemento primordial de la ciudad islámica, contra la tesis de otros autores de que es la mezquita, aglutinadora de la vida religiosa. El retiro privado, la ocultación del interior de la vivienda al exterior, tiene la motivación de proteger la intimidad del harén. La plaza, el zoco, no tiene la función de la convivencia social sino de centro de comercio y de trabajo.
La ciudad no tiene ordenamiento, ni tampoco unos requisitos mínimos de vías o higiene, como demuestra la ausencia de cloacas, por lo que las calles están siempre sucias. Se construye primero la casa y luego se prolonga la calle hasta su puerta, de lo que resulta un callejero inextricable, con numerosas calles sin salida (adarves). Hay un carácter intimista y secreto, ligado a la radical igualdad del Corán. En mi opinión influyen más otros factores económicos, climáticos y jurídicos, destacando la notable dificultad de la expropiación en el mundo islámico, lo que impide la planificación urbana.
En España el carácter islámico ha perdurado en muchos cascos antiguos, incluyendo Palma, aunque resten pocos edificios musulmanes.

LECCIÓN QUINTA. LA CIUDAD MEDIEVAL.
En la Alta Edad Media las ciudades europeas sufren una profunda crisis. La población vivirá durante siglos de la tierra, siendo las ciudades meros centros administrativos y religiosos, residencias de los príncipes y obispos. No obstante, hacia el año 1000 comienza a resurgir la economía, aumenta la población, hasta la crisis del siglo XIV, multiplicándose y creciendo las ciudades.
Las ciudades medievales eran oasis de libertad jurídica, en medio de un campo dominado por el sistema feudal con la institución de la servidumbre, cuya decadencia tiene a la ciudad como factor esencial, pues durante las crisis demográficas (como la Peste Negra), el descenso de la población obligó a los señores a reducir su explotación sobre los campesinos para que no huyeran a las ciudades: Die Stadtluft macht Frei (el aire de la ciudad hace libre).
Chueca considera la ciudad medieval como aristocrática, aunque los últimos estudios revelan que las urbes italianas y flamencas prosperaron en gran parte por la influencia de la aristocracia que se estableció en ellas. En la Baja Edad Media los príncipes protegieron especialmente a las ciudades, de las que conseguían los preciados tributos en moneda.
La ciudad medieval se rodea de murallas y se sitúa en lugares de fácil defensa. Hay una variada tipología: lineales, cruciales, en escuadra, nuclear, binuclear, en espina de pez, acrópolis, radioconcéntricas... Hay tantos tipos, realmente, como ciudades existentes. Sólo hay un modelo planificado, la bastida francesa, que era una plaza fuerte con trazado regular.

LECCIÓN SEXTA. LA CIUDAD DEL RENACIMIENTO.
En el Renacimiento vuelven al primer plano del urbanismo los métodos del racionalismo y de la planificación, que Chueca achaca a un movimiento puramente intelectual, pero que otros historiadores fundamentan en la renovación económica, la colonización americana y la aparición del absolutismo.
El arquitecto romano Vitruvio había elaborado en el siglo I un proyecto de ciudad ideal, con planta octogonal rodeada de murallas, modelo que retoman los renacentistas Alberti y Filarete, este para su utopía de la ciudad ideal de Sforzinda en Milán. Se suceden los ejemplos italianos (Pienza, Ferrara, Mantua) y franceses y Chueca se refiere finalmente a los españoles, con el ejemplo máximo de El Escorial.
América fue la tierra ideal para la realización de esta ideología urbanística. Las Leyes de Indias de 1573 representan una de las primeras legislaciones urbanísticas, estableciendo que antes de la fundación debe hacerse un plan. Pero los nuevos planes no tienen grandes novedades, sino que son generalmente copias o trasuntos de ciudades ibéricas. Hay cinco grupos: irregulares, semirregulares, regulares, fortificadas de trazado regular, y singulares.

LECCIÓN SEPTIMA. LA CIUDAD BARROCA.
Hay un nuevo modelo de urbanismo con la consolidación del absolutismo. Las ciudades no se multiplican sino que la vitalidad urbana se concentra en las capitales políticas de los Esta­dos absolutistas y en las ciudades más importantes que dominan regiones. París llega en 1594 a los 180.000, pese a sufrir entonces un periodo de crisis debido a las Guerras de Religión. Londres alcanza en 1602 los 250.000. Venecia cuenta en 1575 unos 195.000, aunque descenderá ya en 1624 a 140.000 debido a las repetidas epidemias. Nápoles tenía en 1600 unos 200.000; 240.000 para Chueca.
En España Madrid sería la ciudad nobiliaria y cortesana por excelencia, de señores y criados, una creación política que de 4.000 habitantes en 1531 pasó a 100.000 en 1600 y a 200.000 en 1650, para caer en una crisis y quedar en 150.000 en 1700. Mientras, Lisboa y Sevilla se mantuvieron durante un siglo sobre los 100.000 habitantes a pesar de las periódicas epidemias.
Chueca explica este auge de acuerdo con la tesis de Sombart de que las mayores urbes fueron creadas más por el consumo que por la producción, con el ejemplo del París de 1790, que producía 20 millones de francos y consumía 260 millones. Pero Chueca rechaza la tesis de una explotación de las capitales sobre sus naciones, pues se deben entender como representación del Estado y de la Nación, una idea de raíz orteguiana. En cambio, mi opinión es que las clases superiores y sus servidores se asentaron en las capitales, cerca del poder político, para garantizar la estabilidad social de su posición, y usaron sus rentas procedentes del campo y los recursos estatales.
En el siglo XVIII el urbanismo francés fue el más prestigioso de Europa, basado en tres principios: la línea recta, la perspectiva monumental y la uniformidad, que según Chueca se resumen en la perspectiva. El barroco y el neoclasicismo en Francia vuelven a los modelos anti­guos: Versalles es una creación de finales del siglo XVII pero pertenece ideológicamente al siglo XVIII, cuyo más acabado modelo es la ciudad lorenesa de Nancy. Un elemento esencial de este nuevo modelo urbano es la plaza monumental adornada con una gran estatua propagandística del soberano.
Con el rey Carlos III estas ideas llegan a España en el segundo tercio del siglo XVIII, gracias a la reordenación urbana de Madrid y el innovador modelo de Aranjuez.
En Inglaterra surge la ciudad-balneario de Bath, obra de los Wood [padre e hijo; Chueca, al parecer, solo conoce a uno], que toman el modelo de la antigua ciudad romana para unificar el paisaje natural y el urbano con un sorprendente desarrollo curvilíneo. El ejemplo de Bath influyó enormemente en el urbanismo contemporáneo, sobre todo en Le Corbusier.
La capital rusa de San Petersburgo, fundada ex novo por el zar Pedro I a principios del siglo XVIII, es un ejemplo todavía poco difundido en Europa Occidental, de ciudad artificial, a partir de una humilde aldea de pescadores convertida en una capital con doble función política y comercial, mostrando en sus trazas la unión del barroco y del neoclasicismo, de los ideales aparentemente opuestos de sencillez y monumentalidad.
Chueca salta en el tiempo para referirse a la reforma de París emprendida por Haussman en el Segundo Imperio, en los años 1860 [comete los errores de hacerle alcalde y extender su reforma a 25 años, cuando era prefecto del Sena y duró 16 años]. París tenía en 1800 unos 500.000 habitantes, en 1850 1.000.000 y en 1870 1.800.000, un crecimiento desorbitado debido a la difusión del maquinismo y el crecimiento de las masas obreras, protagonistas de las grandes revoluciones de aquel periodo. El proyecto de Haussman era configurar una ciudad de grandes avenidas, con objetivos policiacos y sanitarios. Chueca considera que fue una reforma barroc, pero mi opinión es que fue completamente contemporánea, pues se integra dentro de la problemática de la Revolución Industrial en el siglo XIX.
En España la primera mitad del siglo XIX es de escasa vitalidad urbanística, en medio de una profunda crisis nacional, pero a partir de mediados de siglo hay una nueva expansión demográfica que obliga a realizar grandes proyectos de ensanche en Bilbao, San Sebastián, Madrid, Barcelona...

LECCIÓN OCTAVA. LA CIUDAD INDUSTRIAL
La Revolución Industrial en el siglo XIX lleva a las ciudades una inmensa corriente de pobladores. Se crean nuevas ciudades y crecen exponencialmente, perdiendo sus anteriores rasgos. Manchester pasa de 70.000 habitantes en 1800 a 400.000 en 1850 y 710.000 en 1910. Cardiff pasa de 1.020 habitantes en 1800 a 100.000 en 1900. Londres pasa de 1.000.000 de habitantes en 1800 a 4.500.000 en 1910.
La nueva ciudad industrial crece junto a la maquinización y el transporte, que permiten concentrar la producción y el consumo. La industria ya no necesita situarse cerca de sus mer­cados sino que busca los lugares con mano de obra, materias primas, fuentes de energía o facilidad de comunicación. La fisonomía urbana cambia con la multiplicación de fábricas con sus chimeneas, de barrios obreros (slums), con míseras condiciones de vida, peores incluso que las del campo de donde venían los inmigrantes.
La mejora de la situación urbana fue muy lenta. En la segunda mitad del siglo XIX se comenzó a planificar la mejora de la vivienda (de tipología más uniforme), la educación y la sanidad, pues había que reformar y mejorar la sociedad para evitar la revolución.
En España este espíritu reformista se concreta en la Ley de Viviendas Obreras (1911) y proyectos como la Ciudad Lineal de Arturo Soria, que prolonga los edificios a lo largo de una vía única, en una comunión campo-ciudad, que influirá en proyectos de ciudad-jardín de EE UU y Gran Bretaña. Un ejemplo de ciudad lineal, aunque con un fin industrial y no residencial es la reforma rusa de Stalingrado, a lo largo del río Volga.
Chueca acierta en su crítica del proceso de especulación en las nuevas ciudades industriales. El aumento del valor del suelo dejó éste en manos de un pequeño grupo social de constructores y urbanizadores, que buscaron el interés privado y no el público. En España la Ley del Suelo de 1956 fue un intento desafortunado en la práctica de ordenar el urbanismo en todo el país (artículo 1), pese a que proclamaba abandonar el “laissez faire” porque se le juzgaba contraproducente para los intereses del conjunto del sistema económico. La realidad fue la contraria.

LECCIÓN NOVENA. LA CIUDAD DEL PRESENTE. EL URBANISMO EN EXPANSIÓN.
La ciudad es hoy el marco esencial de la vida de la mayoría de la población mundial y este fenómeno aún crecerá más. En Occidente el incremento relativo parece estancado y las clases sociales más acomodadas incluso vuelven a las áreas rurales cercanas a las ciudades, cerca de la naturaleza y lejos de las masas humanas, los problemas sociales, el ruido y la contamina­ción. Pero en el Tercer Mundo inmensos grupos humanos afluyen continuamente a las grandes ciudades, en especial a las capitales, buscando una oportunidad de escapar de la miseria.
Las estadísticas que usó Chueca son hoy muy obsoletas. Del caso de España saca la peregrina conclusión de que el poblamiento está mucho mejor repartido que en Europa, salvo los casos de Madrid, Barcelona y Bilbao, sin mencionar el gran vacío demográfico del interior de la Península.
Chueca opina que «todas las grandes ciudades han entrado en lo que yo llamaría una fase de transformación incongruente», con un ritmo de crecimiento que supera todas las posibilidades de previsión de las autoridades.
Las grandes capitales del Tercer Mundo se rodean de barriadas exteriores miserables sin unas mínimas condiciones de bienestar, con gravísimos problemas sociales.
Paralelamente se reacondicionan o reorganizan en Occidente las ciudades al alejarse la población del centro, reservado para oficinas, con el ejemplo de la reducción demográfica de la City de Londres, con 125.000 habitantes en 1850, 60.000 en 1900 y 19.600 en 1911. Pero este centro no pierde su vida administrativa, comercial o turística por lo que aumenta sus necesidades de infraestructura, con el grave problema de cómo regular el inmenso tráfico rodado.
Le Corbusier propone varias soluciones para la ciudad moderna: la separación de funciones de las zonas, grandes vías de acceso, parques y zonas verdes en el centro, bloques aislados de apartamentos con infraestructura deportiva y de parques, zonas industriales aisladas del resto y comunidades satélite orgánicamente articuladas con el centro.
Pero Le Corbusier (como Wright), no comprendió la imposibilidad político-social de aplicar estas reformas sin un previo cambio político, sino que opinaba que el cambio urbano lle­varía al cambio político al variar la mentalidad de las personas.
Chueca incluso llega a una postura socialdemócrata [p. 215], apostando por una solución de urbanismo planificado, con una fuerte intervención pública.

LECCIÓN DÉCIMA. ECOLOGÍA URBANA.
Chueca opina: «Para pulsar el grado de cultura de una nación el mejor índice es comprobar cómo se desarrollan sus ciudades». El caos y el desorden son pruebas de vacío cultural, la libertad urbanística se ha transformado paradójicamente en sinónimo de opresión urbanística.
Al respecto, las teorías de ecología urbana en EE UU  son clasificadas por W. Firey en tres grupos:
1) Los esquemas descriptivos lineales, con una distinción entre dos teorías:
A) La teoría de las zonas concéntricas de W. Burgess, que divide a la urbe norteamericana en cinco zonas concéntricas según su función, desde el centro comercial y de negocios hasta la zona residencial exterior desde la cual la población acude a sus trabajos, gastando gran parte del tiempo en el transporte y reduciendo su vida social al marco de su vehículo (público o privado). La zona de transición es la zona del vicio y de la marginación social. La tesis de Burgess ha recibido muchas críticas pero es incuestionable su fecundidad teórica.
B) La teoría de los sectores de círculos, es una derivación de la anterior, con un determinismo más atenuado. También es llamada teoría de los gradientes y se caracteriza por estudiar los fenómenos sociales de la pobreza, el paro o el analfabetismo, de acuerdo a la distancia respecto al centro.
Chueca distingue la concepción de suburbio en EE UU, más próspero que el centro urbano,  respecto a la concepción en Europa y América Latina, donde el suburbio es la sede de la miseria. Pero en Europa asistimos hoy a un proceso de americanización del paisaje urbano, y así vemos como la burguesía tiende a alejarse del centro para vivir en el campo o en la costa. Al respecto apunto el ejemplo de Mallorca.
2) Las teorías empírico-racionalistas, con dos tendencias, de estrictos y moderados. Para los estrictos la realidad está determinada por factores materiales, no humanos. Para los mode­rados (McKenzie y Park) también influyen los factores sociales.
3) Las teorías metodológico-racionalistas sientan unas bases metodológicas para universalizar las tesis racionalistas. El purista A. Weber excluye los factores sociales y culturales, la historia y el hombre. Aísla los elementos de localización industrial, para poder medir su importancia relativa y mutuas dependencias. Factores de localización industrial son: costo de mano de obra, distancias, peso de las materias primas y de los productos finales.
A. Predohl acentúa aun más que Weber el método de sustitución, con resultados más matemáticos y precisos.
Los teóricos realistas incluyen los factores sociales y culturales. O. Englander opina que participan a través del sistema de cambios, la organización de la producción y la estructura de la población.

BIBLIOGRAF'IA DE URBANISMO



Internet.
[http://es.wikipedia.org/wiki/Urbanismo]

Documentales.
Entonces… ¿Quieres estudiar urbanismo? 4 minutos. Presentación didáctica de los estudios de la carrera universitaria de Urbanismo en México.

Exposiciones.
*<Ciutats: del globus al satèlAlit>. Barcelona. CCCB (febrero-marzo 1994). Textos de Albert Garcia Espuche et al. 247 pp. Urbanismo.

Libros.
Bastie, Jean; Dezert, Bernard. L'espace urbain. Masson. París. 1980. 381 pp.
Benevolo, Leonardo. Orígenes del urbanismo moderno. Celeste. Madrid. 1992 (1963 italiano. 1ª ed. Hermann Blume. Barcelona. 1979.) 208 pp.
Braunfels, Wolfgang. Urbanismo occidental. Alianza Forma. Madrid. 1987 (1976). 323 pp.
Chueca Goitia, Fernando. Breve Historia del Urbanismo. Alianza. Madrid. 1981 (1968). 243 pp.
Collins, George Roseborough; Collins, Christiane Crasemann. Camille Sitte y el nacimiento del urbanismo moderno. Construcción de ciudades según principios artísticos. Gustavo Gili. Barcelona. 1980. 462 pp.
Ellin, Nan. Postmodern Urbanism. Blackwell. Oxford. 1995. 288 pp.
Morris, A. E. J. Historia de la forma urbana. Desde sus orígenes hasta la Revolución Industrial. Gustavo Gili. Barcelona. 1991 (1979). 477 pp.
Ragon, Michel. Historia Mundial de la arquitectura y el urbanismo modernos. 3 vols. Destino. Barcelona. 1979 (1971). I. Ideologías y pioneros (1800-1910). 295 pp. II. Prácticas y métodos (1911-1971). III. Prospectiva y futurología.
Reichert, Henri; Remond, Jean-Daniel. Analyse sociale de la ville. Masson. París. 1980. 226 pp.
Rosenau, Helen. La ciudad ideal. Alianza Forma. Madrid. 1986 (1983). 197 pp.
Schoenauer, Norbert. 6.000 años de hábitat. De los poblados primitivos a la vivienda urbana en las culturas de Oriente y Occidente. Gustavo Gili. Barcelona. 1984 (1981). 381 pp.
Secchi, Bernardo. La ciudad de los ricos y la ciudad de los pobres. Libros de la Catarata. Madrid. 2015. 96 pp. Ensayo. Fragmento: Las nuevas ciudades de los ricos. “El País” Domingo (1-II-2015) 10.

Artículos. Orden cronológico.
Zabalbeascoa, Anatxu. El campo reconquista la ciudad. “El País” Babelia 1.052 (21-I-2012) 18. La tendencia a que la ciudad recupere terrenos de cultivo, en el centro y la periferia, en Nueva York, Londres, Madrid…
Ariza, Luis Miguel. Así serán nuestras ciudades. “El País” Semanal 1.848 (26-II-2012) 68-74. Arquitectura y urbanismo del futuro.
Maliniak, Thierry. Chandigarh y la igualdad. “El País” El Viajero 716 (13-VII-2012) 8. El gran proyecto urbanístico de Le Corbusier sigue vigente con éxito.
Fariña Tojo, José. Una ciudad más próxima. “El País” Ideas (28-VI-2015) 2-3.
Galindo, Cristina. ¿Demasiado inteligentes? “El País” Ideas (28-VI-2015) 3.
Zabalbeascoa, A. Crecer sin segregar. “El País” Ideas (28-VI-2015) 5.
Fernández, Milena. Venecia, Ciudad Ducal, ciudad infernal. “El País” (27-VIII-2015). Los millones de turistas, la invasión de los grandes cruceros y la construcción de modernos edificios en el Gran Canal, desnaturalizan la ciudad. El reportaje del fotógrafo Gianni Berengo Gardin Monstruos marinos en Venecia desencadena la polémica sobre los cruceros.
Valdés, Isabel. Pensar la ciudad como un hogar. “El País” Extra Retos Globales (3-X-2015) 10-11.
García Vega, Miguel Ángel. Barrios que mueren de éxito. “El País” Negocios 1.563 (18-X-2015) 27. El fenómeno de la ‘gentrificación’ (subida de los precios del suelo y expulsión de la población con rentas bajas) altera la identidad de los espacios urbanos.
Carrera, Judit. Geografía de los sentidos. “El País” Cataluña (27-X-2015) 2.
Zabalbeascoa, A. Los pisos de lujo son la nueva moneda. “El País” Semanal 2.041 (8-XI-2015) 14. Crece la inversión privada en pisos de lujo, con Nueva York como el paradigma. Pero no son tanto para vivir como para especular.
Izquierdo, José María. Iñaki Ábalos. “El País” Semanal 2.041 (8-XI-2015) 28-33. Entrevista al arquitecto y urbanista español (San Sebastián, 1956) sobre el futuro de las megaciudades. Vive en Madrid, donde es catedrático de la Escuela de Arquitectura, proyecta en todo el mundo y dirige el departamento de arquitectura de la Universidad de Harvard.
Planelles, M. La alerta por contaminación se vuelve cotidiana. “El País” (3-I-2016) 8. La contaminación en las ciudades se vuelve crónica y aumenta, forzando medidas para reducir las emisiones. En 2050 se prevé que el 70% de la población mundial vivirá en las ciudades.
Shenker, Jack. The story of cities, part 1: how Alexandria laid foundations for the modern world. “The Guardian” (14-III-2016). La fundación de la ciudad por Alejandro Magno.
Mourby, Adrian. Story of cities #2: Rome wasn't planned in a day… in fact it wasn't planned at all. “The Guardian” (15-III-2016). La ‘no’ planificación urbanística de Roma.
Marozzi, Justin. Story of cities #3: the birth of Baghdad was a landmark for world civilisation. “The Guardian” (16-III-2016). La fundación de la “ciudad circular” de Bagdad en 762 por el califa Al-Mansur.
Zabalbeascoa, A. Jan Gehl. ‘Una ciudad viva siempre está en construcción’. “El País” Semanal 2.085 (11-IX-2016). El danés Jan Gehl (1936), arquitecto y urbanista de prestigio mundial, es partidario de peatonalizar los centros urbanos y reducir el uso del automóvil, y aumentar el de la bicicleta.