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domingo, 9 de noviembre de 2014

HA 7 UD 04. Arte de India. Artes plásticas.

HA 7 UD 04. ARTE DE INDIA.
*La arquitectura en otra entrada.


Índice.
Introducción.
Características.
ARTES PLÁSTICAS.
ESCULTURA
PINTURA.
ARTES DECORATIVAS.
FUENTES

Introducción.
El arte y la arquitectura de India incluye el realizado en el subcontinente indio desde el III milenio aC hasta hoy, tanto en sus manifestaciones de la civilización india como en las de las influencias islámica, budista u occidental en el país.


El arte indio, en sus manifestaciones de la arquitectura, la escultura, la pintura, la joyería, la cerámica, la metalistería y los tejidos, se extendió por el Oriente Lejano y el Sureste asiático gracias a la difusión del budismo y del hinduismo, por lo que ejerció una gran influencia sobre el arte de China, Corea, Japón, Birmania, Tailandia, Camboya, Vietnam o Insulindia. Su influjo en Occidente fue mucho menor, pero se han apuntado afinidades con el arte de Sumeria, Persia y sobre todo el islámico, en este caso gracias a la llegada del islamismo a la India a partir del siglo XI dC, comenzando una relación en doble sentido, especialmente intensa entre los siglos XIII y XVIII, en la que destaca que la religión musulmana prohíbe la representación de la figura humana en los contextos religiosos, por lo que la decoración del arte indio-islámico se centró en los motivos geométricos.

Características.
El arte indio se caracteriza en lo formal por la calidad del dibujo y la intensidad del color; en la temática por la importancia de la narrativa de la mitología y la literatura; y por la libertad de expresión de la naturaleza y la voluptuosidad de la reproducción. Estas pautas ya eran evidentes en el I milenio aC y se han mantenido en lo esencial desde entonces, debido a la lentitud de la evolución de la sociedad, la cultura y la estética.
La compleja visión hindú-budista-jainí del mundo se centra en la convicción de que la existencia es un proceso total que incluye el cambio y la perfección, el tiempo y la eternidad, la inmanencia y la trascendencia, elementos todos ellos que funcionan como partes de un único proceso, en el que no se puede separar la creación del creador, y el tiempo debe ser entendido sólo como una trama de la eternidad.
Esta concepción, aplicada al arte, divide el universo de la experiencia estética en tres partes distintas pero interrelacionadas: los sentidos, las emociones y el espíritu. Las tres inspiran las pautas de la arquitectura, entendida como un instrumento para cerrar y transformar el espacio, y para las artes plásticas de la escultura y pintura, entendidas como una conjunción de elementos tales como el volumen, la plasticidad, el modelado, la composición, la luz, la sombra o los valores estéticos para glorificar el misterio que resuelve el conflicto entre la vida y la muerte, entre el tiempo y la eternidad.
Al estar todo interrelacionado, el arte indio funde la carne y el espíritu en una unidad, opuesta a la dicotomía occidental entre ambos. Así, las representaciones de hombres y, sobre todo, de mujeres, muestran una sensualidad muy libre, que trata de mostrar y transformar la carnalidad del cuerpo como un misterio perenne de sexo y creatividad, en el cual la esposa momentánea se revela como símbolo de la madre eterna.
La naturaleza entera se contempla pues bajo una visión carnal-espiritual, que marca los variados motivos de su arte, como la figura femenina, la montaña, el árbol, el agua, el león o el elefante, el pájaro o la serpiente, que se conjugan en una composición que relaciona los conceptos que encarnan en un lenguaje narrativo que a menudo solo los iniciados en la mitología india pueden comprender en su esencia.

LAS ARTES PLÁSTICAS DE LA INDIA.

ESCULTURA 
La escultura india del período más primitivo se realizaba en piedra, arcilla, marfil, cobre y oro, con una temática predominantemente religiosa, en la que los motivos humanos o animales están relacionados con prácticas rituales.

La escultura primitiva.
En el valle del Indo, entre los restos de los edificios de ladrillo quemado de Mohenjo-Daro, han aparecido objetos del III milenio aC entre los que hay figuras de alabastro y mármol, figurillas representando a diosas desnudas y animales en terracota y loza fina, un modelo de una carreta en cobre y numerosos sellos cuadrados de marfil y loza con animales y pictografías. La similitud de estos objetos con las obras de Mesopotamia en cuanto a los temas y a las formas estilizadas indica la existencia de una relación entre las dos culturas y un posible origen común. No hay pruebas de que hubiera contactos con la cultura de Oriente Próximo en la época védica y posterior.
A la fase más antigua de este periodo pertenece una figurilla de oro, del siglo IX, que representa a una diosa, y que ha sido encontrada en Lauriya Nandangarh. Entre los objetos posteriores, pertenecientes al periodo en torno al 600 a.C. hay discos de piedras pulidas y ornamentadas, y monedas que representan diferentes tipos de animales y símbolos religiosos.

La escultura budista.
Con la llegada del budismo en el siglo III aC tiene lugar la evolución de una arquitectura monumental en piedra, que se complementa con escultura en bajo y altorrelieve. 
La figura de Buda no estaba presente en el arte primitivo indio y se recurría a símbolos y a escenas de su vida, a representaciones de deidades budistas y de leyendas edificantes. 
Las figuras y la ornamentación se disponían en complicadas composiciones y destacan los capiteles con formas de animales de los pilares de arenisca para los edictos del rey Asoka, y las barandillas de mármol que rodean las stupas de Bharhut, en Madhya Pradesh, cuyos relieves parecen estar comprimidos entre la superficie y el fondo.
Asombran las monumentales puertas de la stupa de Sanchi (construida entre el siglo III aC y el I dC), cuyos relieves tienen la delicadeza y la minuciosidad del tallado en marfil.

La escultura grecobudista de Gandhara.
En el noroeste de la India, en una región que antaño se llamaba Gandhara y que ahora comprende Afganistán y parte del Punjab, surgió una escuela de escultura greco-budista que combinaba la influencia de las formas griegas con los temas budistas y que alcanzó su auge en el siglo II de nuestra era.
Aunque el estilo Gandhara influyó notablemente en la escultura del Asia central, e incluso de China, Corea y Japón, apenas tuvo influencia en el resto de la India, si bien es probable que sus obras llegaran a Mathura (hoy en Uttar Pradesh), donde se desarrolló una importante escuela de escultura entre los siglos II aC y VI dC.
Las obras tempranas de esta escuela de Mathura denotan también una estrecha relación con el estilo escultórico de Bharhut. Más tarde, en los siglos I y II, la escuela de Mathura desechó los antiguos símbolos de Buda y empezó a representarle con figuras reales; esta innovación fue adoptada en las sucesivas fases de la escultura india.
Cabeza de Buda. Esta cabeza de estuco de Buda, de Gandhara, antigua región de India y actualmente en su mayor parte en Pakistán, muestra claras influencias griegas. El arte de Gandhara estuvo influenciado por su contacto con Grecia y otros países occidentales después de que Alejandro Magno conquistara la India en el siglo IV aC. Este contacto alentó el desarrollo de una escuela de escultura greco-budista que llegó a su máximo esplendor en el siglo II aC.

La escultura gupta.
En el periodo gupta, que abarca entre 320 y 540-600, se realizaron figuras de Buda con líneas claramente definidas y depurados contornos, envueltas en vestiduras diáfanas que se pegaban al cuerpo como si estuvieran mojadas. Estas figuras eran frecuentemente de gran tamaño. Destacó la escultura gupta en los territorios indios de Sarnath, Uttar Pradesh oriental y Bihar. 
Durante los tres primeros siglos de nuestra era casi todas las esculturas de piedra no excavadas en la roca que se conservan, incluidas las estelas, salieron de los talleres de Gandhara y Mathura.
Hay unas pocas obras, la mayoría haksis, de estilos relacionados con Mathura que se han encontrado en regiones tan orientales como Patna. Sin embargo, para las imágenes de Buda, tanto erguido como sentado, se recurría a las exportaciones de la propia Mathura. Normalmente se está de acuerdo en que la estela Kanoria Parsvanatha, de Patna, es de finales del siglo IV, y la inscripción fragmentaria del Neminatha sentado de Rajgir se puede asignar al reinado de Chandragupta II (h. 377-414), por la forma en que la prenda inferior de la figura de sirviente en pie termina justo encima de las rodillas, con cuatro ondas vigorosas cayendo entre las piernas. Ambas demuestran las etapas iniciales de un estilo que culminará en los budas post-Gupta de Nalanda, pero no, curiosamente, los grandes budas Gupta de Sarnath, más alejados hacia el oeste.

El famoso Buda sentado de Bodhgaya (h. 384 dC) de un rey sin identificar que casi con toda certeza reinó dentro de la era Gupta, es una de las piezas fundamentales de la larga historia de la escultura india. Durante mucho tiempo se pensó que era una importación de Mathura porque el cuerpo está en la misma postura que los budas de tipo Katra que se producían allí, los pliegues de la túnica están apretados de una forma parecida y late con su gran vitalidad física. Pero la cabeza es muy distinta: la cara es pensativa, de párpados pesados, los ojos mirando a la punta de la nariz —una evocación extremadamente poderosa del Buda como el gran yogui. En palabras de Stella Kramrisch, se trata de «la primera imagen de India que por su forma significa lo que su nombre implica».
El Buda sentado de Mankuwar, en el Uttar Pradesh oriental, que data de 429, muestra la influencia de los estilos más o menos contemporáneos de Mathura, con su base baja que lleva una cakra central y dos leones mirando hacia delante. La cara, aunque es más redonda, también muestra algo de la dureza de los budas de Mathura del siglo V. Incuestionablemente la imagen hindú más hermosa del periodo Gupta que se conoce hasta ahora, procedente de Madhyadesa oriental, es el gran Krsna Govardhana (Krsna sosteniendo la Montaña Govardhan), de 2,1 m, de Benarés, que ahora está en el Bharat Kala Bahvan. Los brazos están restaurados, no sin acierto, aunque quizá sean demasiado abultados. El joven príncipe (kumara) Krsna lleva la típica pareja de garras de tigre (vyaghra nakha) en el colgante, una corona baja, y los tres rizos del cabello (trisikhin), marcas habituales de Karttikeya (Skanda) y del Bodhisattva Mañjusri, todos descritos como kumaras. La parte inferior del torso y el estómago tienen la sensibilidad de Sarnath, un rollo de carne apenas perceptible que surge sobre el extremo apretado del dhoti. La ancha cara redonda, sin embargo, y los ojos, no demasiado profundamente situados dentro de la cuenca, recuerdan todavía a Udayagiri.
El dintel o friso de Gadhwa es un misterio acerca de sus fines y temática. En el centro de la larga talla estrecha se alza Visnu Visvarupa, una de sus formas de encarnación. En un extremo está Surya en su carro contra un disco circular, al otro extremo Candra (la luna) sentada con su consorte sobre una media luna. En la parte izquierda propiamente aparece una larga procesión de músicos, muchachas jóvenes y otros personajes que llevan comida que van andando, tras una figura arrodillada a los pies de Visnu, con un parasol, que denota alto rango, sostenido sobre su cabeza. En el otro lado, con más regalos de comida, se aproxima otra procesión, incluyendo a un corpulento soldado (?) con una gran mata de cabello llevando una espada que se parece a un kukri de Nepal. A la cabeza hay también una figura con un parasol. Son recibidos por otros dos que salen de un edificio, probablemente una dharmasala o sala de peregrinos, donde unas figuras agachadas están siendo alimentadas por mujeres que llevan una prenda distintiva que les cubre la cabeza y acaba debajo de la barbilla. El dintel de Gadhwa se distingue por la ausencia de elementos puramente decorativos (ni siquiera las figuras llevan joyas) y por la artística colocación rítmica y la variedad de actitudes que se pueden apreciar en la procesión, obra de un maestro de la escultura «raramente aficionado a representar poses en tres dimensiones, con un canon de proporciones excepcionalmente esbelto». Por el estilo, el dintel pertenecería a finales del reinado de Kumaragupta (aproximadamente 414-455), cuyas inscripciones aparecen en el emplazamiento entre otras de fecha Gupta. Representa el cenit del relieve narrativo Gupta.
Por lo que respecta a imágenes, los budas de Sarnath probablemente sean el mayor logro de la escultura india. También son los más extendidos geográficamente y continuaron ejerciendo influencia sobre las representaciones de Buda en la India oriental y mucho más allá, en el sudeste de Asia, durante siglos. Por un golpe de suerte que rara vez se da en la historia del arte antiguo de India, existen ejemplos fechados, que demuestran que son un producto relativamente tardío, no anterior al tercer cuarto de siglo V. Nada parece presagiar estas suaves creaciones de una perfección casi única; muestran una ruptura total, por fin, con respecto a las concepciones plásticas de Mathura, y un tratamiento del cuerpo humano que prevalecerá a partir de entonces en el este de India.
Los budas se levantan en un vestido muy ligero. Llevan la prenda inferior convencional, cubierta con el shamghati, que está indicado sólo por las líneas que siguen los bordes; el cuerpo está, por tanto, totalmente a la vista, excepto los órganos sexuales. Los grandes halos, bellamente decorados, se parecen mucho a los de los budas erguidos de Mathura que son de la misma época; las caras, por el contrario, son las de seres que han trascendido el mundo de samsara o flujo y existen en un estado de conciencia espiritual perfecta —cualidad que impregna la totalidad de la imagen—. Los cuerpos, de proporciones perfectas, no están tratados de forma naturalista, pero alcanzan una armonía de planos entrelazados casi milagrosa. Se encuentran entre las grandes obras clásicas de todo el mundo: clásicas tanto en cuanto no tienen rival posterior como en el sentido histórico, es decir, en la determinación de la forma que la imagen de Buda iba a adoptar durante siglos.

En la mayoría de las estelas de Buda de Sarnath Sakyamuni está sentado, con las manos en la mudra de dharmacakrapravartana, «poniendo la rueda de la ley en movimiento», esto es, predicando el Primer Sermón en el Deer Park de Sarnath —tema muy apropiado—. En las bases los ciervos miran de frente a una cakra. La mayoría de las imágenes de Bodhisattva son posteriores, pero se conservan una o dos de este periodo. Sarnath también produjo una escultura narrativa de primer orden, sobre todo estelas que muestran acontecimientos de la vida de Buda. De estilo Gupta elevado, no obstante tiene una cualidad ligeramente naïf si la comparamos, por ejemplo, con el dintel de Gadhwa —quizá debido al carácter tradicional del tema del que se ocupan—. [Harle J. C. Arte y arquitectura en el subcontinente indio. Madrid: Ediciones Cátedra, 1992.]

Escultura india de época medieval.
Durante el periodo gupta se produjo también el desarrollo de la escultura hindú. Se tallaron relieves para adornar los santuarios excavados en la roca de Udayagiri, Madhya Pradesh (400-600) y los templos de Garhwal, cerca de Allahābād y Deogarh. Numerosas escuelas florecieron entre el siglo VII y el IX. A ellas pertenecen el estilo de Pallavas, de alto nivel arquitectónico, buen ejemplo del cual es la obra de Kānchipuram, Tamil Nadu; el estilo Rastrakuta, cuyas mejores muestras son un colosal relieve y el busto de tres cabezas de Siva con forma de elefante, cerca de Bombay, y el estilo Cachemira.
Desde el siglo IX hasta la consolidación del poder musulmán a principios del siglo XIII, la escultura india fue poco a poco volviéndose hacia formas lineales, más de contornos pronunciados que de volúmenes. Cada vez se utilizaba con más frecuencia como decoración, subordinándola al entorno arquitectónico. Era rica en intrincados detalles y se caracterizaba por figuras de múltiples brazos sacadas del panteón de los dioses hindúes y jainíes, que venían a sustituir a las sencillas figuras de los dioses budistas, y a la multiplicidad de formas había que añadir la importancia del dominio técnico.

Siva, señor de la danza (1000 dC). Esta escultura de bronce que representa a Siva como Nataraja (Señor de la Danza) es una de las numerosas esculturas que de este dios indio se realizaron en la India durante el gobierno de la dinastía Chola (siglos X-XIII). Muestra a Siva danzando dentro de un círculo de fuego. Una de sus manos sostiene una llama, mientras que la otra golpea un tambor. Su pie descansa sobre el demonio de la ignorancia.

La escultura de aquella época procedía de tres zonas: del norte y el este, de Rajputana (actualmente parte de los estados de Gujarāt, Madhya Pradesh y Rājasthān) y de las regiones sur-centro y occidentales. Bihar —sobre todo el monasterio y la universidad de Nalanda— y Bengala eran el centro de una de las principales escuelas de la zona del norte y del este bajo la dinastía Pala (750-1200). Se utilizaba sobre todo la pizarra negra, y los temas, aún budistas al principio, fueron adquiriendo paulatinamente el carácter hindú. 
La escuela de Orissa realizaba obras típicamente hindúes, entre las que se cuentan los elefantes y los caballos monumentales y los frisos eróticos del templo del Sol en Konarak. 



El estilo local de Rajputana queda patente en el templo de arenisca de Khajuraho, construido en 950-1050, literalmente cubierto de esculturas hindúes de pronunciado erotismo.
Las escuelas centro-meridionales y occidentales produjeron notables obras en Mysore, Halebid y Belur. Los templos se embellecían con frisos, pilares y ménsulas tallados en fina piedra oscura.
Cuando los musulmanes se hicieron con el poder en el siglo XIII, adoptaron muchos de los motivos nativos para sus ornamentaciones. Las tradiciones se han mantenido hasta la época actual, sobre todo en el sur, donde el arte aún conserva su pureza indígena.

PINTURA.
La pintura india se desarrolla principalmente en frescos y en soporte de papel en forma de libros ilustrados, que tienen una larga tradición en las religiones budista, jainí e hinduista. En la época moderna ha recibido la influencia persa en la ilustración de libros y álbumes. Obras maestras son el libro Shahmama de Firdawsi y los cinco poemas líricos titulados Khamsa de Nizami.

Radha y Krishna en un pabellón (c. 1760) es un ejemplo del estilo de la miniatura india predominante entre los siglos XVI al XIX. La miniatura está llena de simbolismo y el uso del espacio plano y el tipo de dibujo están claramente influenciados por el estilo de la miniatura persa anterior. Esta pieza, procedente de la India, representa la historia tradicional del dios Krishna con su amante Radha.
En dos localidades se conservan restos de pinturas indias anteriores al año 100 de nuestra era. Los fantásticos murales de las cuevas de Ajanta cubren el periodo comprendido entre los años 200 a.C. y 650 d.C. Los más antiguos representan figuras indígenas de noble aspecto y fuerte sensualidad. Las pinturas de la cueva de Jogimara en Orissa pertenecen a dos periodos, al siglo I a.C. y a la época medieval, las primeras de dibujo más vigoroso y mejor calidad que las segundas.

La pintura del periodo gupta.
En el periodo gupta se alcanzó la fase clásica del arte indio, a la vez sereno y enérgico, espiritual y voluptuoso. El arte era el medio explícito de dar a conocer los conceptos espirituales y, por medio de la pintura sobre rollos, se representaba la recompensa del bien y las hazañas del maligno en el mundo. 
En tres de las cuevas de Ajanta se conservan pinturas pertenecientes a este periodo, entre las que hay representaciones de budas, mujeres dormidas y escenas de amor.
En Bamian, Afganistán, se ha encontrado otro grupo de murales budistas en los que queda patente la destreza de los artistas para representar cualquier postura humana. Los temas van desde lo sublime a lo grotesco y denotan una fuerza enfática y apasionada. Las pinturas de la primera y segunda cuevas de Ajanta datan de principios del siglo VII y tienen un estilo muy similar a las del periodo gupta. Representan bacanales del género que se repite en el arte budista desde el periodo Kusana en adelante.
Las pinturas de Jain Pallava (siglo VII) han sido descubiertas en una capilla rupestre de Sittanavasal, en el estado de Tamil Nadu.
En Ellora se han encontrado restos de murales de finales del siglo VIII, cuyos temas, como un jinete cabalgando sobre un león y parejas de figuras flotando entre las nubes, se anticipan a los temas característicos del estilo medieval.

La pintura del periodo medieval. 
Los únicos documentos pertenecientes a la escuela de Pala (750-1200) que se conservan son dos manuscritos ilustrados realizados en hojas de palma (Biblioteca de la Universidad de Cambridge, Reino Unido), de principios y de mediados del siglo XI respectivamente, con un total de 51 miniaturas, que representan divinidades budistas y escenas de la vida de Buda. Se trata evidentemente de réplicas de composiciones tradicionales.
En Lalitpur, Gujarāt, se conserva un Kalpa Sutra (manual de liturgia religiosa) del año 1237, ilustrado en hoja de palma. La gran variedad de escenas representadas aporta un valioso testimonio de los usos, costumbres y vestidos de la cultura de Gujarāt, cuya pintura era una continuación del estilo primitivo occidental indio; los frescos de Ellora representan una etapa intermedia de desarrollo.

La pintura del periodo rajputa.
La pintura rajputa floreció en Rajputana, Bundelkhand (actualmente parte de Madhya Pradesh), y en el Punjab entre los siglos XVI y XIX. Se basaba en la iluminación de manuscritos con motivos decorativos planos, de brillantes colores, que se parecían a la pintura persa y mogola del mismo periodo. Es una pintura popular refinada y lírica que ilustra las epopeyas hindúes tradicionales, sobre todo la vida del dios Krishna.

La pintura del periodo mongol.
La pintura mogola, derivada de la sofisticada tradición persa, era un arte cortesano patrocinado por los emperadores. Reflejaba un interés exclusivo por la vida seglar y se basaba esencialmente en el retrato y en la crónica histórica. Los manuscritos o las hojas de álbum sueltas están realizados con un detalle realista de gran precisión y denotan la influencia occidental. Las obras iban firmadas por sus autores, de los que se conocen hasta 100 nombres.

La pintura contemporánea.
Después de la caída del imperio mongol en 1857 empezó una pronunciada decadencia de la pintura tradicional, muy evidente hacia finales del siglo XIX; los artistas se limitaban a copiar los estilos occidentales, ya que bajo el mandato británico se habían empezado a filtrar las influencias europeas.
A principios del siglo XX se reavivó el interés por los estilos antiguos (estimulados por los estudios arqueológicos que se habían iniciado en la India a mediados del siglo anterior).
Surgieron centros artísticos en Bombay, y sobre todo en Bengala, donde muchos artistas se adhirieron a la Escuela de Arte de Calcuta y a Visva-Bharati, la universidad fundada en 1921 por el poeta y pintor Rabindranath Tagore para reconciliar las tradiciones indias y occidentales. Se practicaban multitud de estilos desde los de Ajanta, rajputa y mogol hasta el impresionismo, el postimpresionismo y el surrealismo. Algunos artistas, entre los que se contaba Nandolol Bose, se inspiraron en el arte de Ajanta; otros, como Jamini Roy, encontraron su fuente de inspiración en el arte popular bengalí.
Hacia mediados del siglo XX, la pintura india había adquirido aroma internacional y los artistas indios utilizaban diferentes lenguajes en sus obras, y desde la independencia se han integrado en las corrientes internacionales, perdiendo gran parte de sus características indias..

ARTES DECORATIVAS.
JOYERÍA, CERÁMICA Y TEXTILES
La joyería es, entre las artes decorativas indias, la más bella y la que más interés despierta universalmente. Las técnicas de la filigrana y del granulado, que desaparecieron en Europa después de la caída del Imperio romano y que no volvieron a emplearse hasta su introducción por los árabes en el siglo XV, no se han perdido nunca en la India.
Las características especiales que distinguen la mejor cerámica india son la estricta subordinación del color y de la ornamentación a la forma, y la repetición de formas naturales en la decoración. En toda la India se trabaja la cerámica sin vidriar, aunque en varias provincias se fabrican distintas variedades de piezas decorativas, con fines comerciales, pintadas, doradas y vidriadas. Los azulejos vidriados que se pusieron de moda con la conquista musulmana, después del siglo XI, ofrecen un exquisito colorido y bellas combinaciones. En la rama de la metalistería artística destacan las armas y pertrechos de los militares de alta graduación.
Cachemira es notable por sus chales de lana de rico colorido; Surat, en Gujarāt, es famosa por sus sedas estampadas; y Ahmadabad y Vārānasi (antes Benarés), junto con Murshidabad, en Bengala Occidental, producen suntuosos brocados. India ha destacado siempre por sus tejidos de seda y de algodón, estampados y bordados, y por sus tapices.

BIBLIOGRAFÍA.
Internet.
Arte y Arquitectura de la India. Enciclopedia Encarta. Microsoft. Es la fuente de la mayor parte del texto, con una amplia paráfrasis en varios apartados.
[http://revistanot.com/notas/efernande/] Una descripción de las obras de Le Corbusier en Chandigarh.
[http://es.wikipedia.org/wiki/Khajuraho] Templo y esculturas hinduistas de 950-1050.

Documentales.

Nagara hindú. Documental.
Tesoros perdidos de la Humanidad. India. Documental. 47 minutos. Desde la civilización del Indo.

Exposiciones.

*<India. Miniature e dipinti dal XVI al XIX secolo. La co­llezione di Hoeard Hodgkin>. Vero­na. Museo di Castelvecchio (1 mayo-3 agosto 1997). Cat. Electa.

*<El imperio de los gupta. La edad de oro de la India clásica>. París. Grand Palais (10 abril-25 junio 2007). Reseña de Martí, Octavi. En el imperio de los gupta. “El País” (12-IV-2007) 49.
*<La escultura de los templos indios. El arte de la devoción>. Barcelona. Caixafórum (27 julio-18 noviembre 2007). Reseña de Catalina Serra. A la devoción por la belleza. “El País” (27-VII-2007) 43.
*<Visiones de la India>. Madrid. Museo Thyssen-Bornemisza (28 febrero-20 mayo 2012). 106 obras. Comisaria: Sonia Rhie Quintanilla, historiadora de arte asiático. Cat. Obras de la col. Edwin Binney del San Diego Museum of Art, una de las más importantes de arte indio, con unas 1.500 piezas. Reseña de Beaton, Edwin. Visiones de la India. “Álbum Letras Artes” 108 (2012) 20-22.

Libros.
AAVV. Asia. En Historia del Arte. Volumen 13. Barcelona: Océano-Gallach, 1996. Obra de divulgación que sintetiza rigurosamente la evolución artística de la India, apoyada en abundantes ilustraciones. Incluye bibliografía.
García-Ormaechea, Carmen. El arte indio. Tomo 24 en col. ‘Historia del Arte’. Historia 16. Madrid. 1989. Estudio de síntesis rigurosa y divulgación. Incluye comentario de obras clave y selección bibliográfica.
Gerhard Franz, Heinrich; et al. La antigua India. Plaza &Janés Editores. Barcelona. 1990. Síntesis enciclopédica sobre los diversos aspectos y temas del arte y civilización de la India, completada con importantes apéndices y bibliografía.
Harle, James. Arte y arquitectura en el subcontinente Indio. Ediciones Cátedra. Madrid. 1992. Obra que aporta una visión científica y ampliamente documentada sobre el tema. Incluye bibliografía e ilustraciones.
Junquera, Juan José; Morales y Marín, José Luis (dirs.). Historia Universal del Arte. 12 vols. Espasa Calpe. Madrid. 1996. vol. XII. García-Ormaechea Quero, Carmen. Sección de India.
Kim, Sue-Hee. El arte del Extremo Oriente. Ediciones Generales Anaya. Madrid. 1993. Breve síntesis introductoria al conocimiento del tema. Incluye ilustraciones.
Ràfols, Josep Francesc; Cirici Pellicer, Alexandre; Selva, José. El Arte de la Edad Media. Editorial Ramón Sopena. Barcelona. 1981. Tomo III de Historia del Mundo en la Edad Media. 445 pp. 343 ilustraciones en negro, 98 en color. Selva. 3ª parte: Arte de la India, China y Japón (397-412. India: 397-402. China: 402-408. Cerámica coreana: 409. Japón: 409-412).
Rivière, Jean Roger. Arte de la India. col. Summa Ar­tis. XIX. Espa­sa-Calpe. Madrid. 1989 (1964). 803 pp.
Sivaramamurti, C. El arte de la India. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 1975. Obra divulgativa que ofrece un amplio panorama de conjunto. Incluye abundantes ilustraciones y apéndices.
Taddei, Maurizio. India antigua. Mas-Ivars. Valencia. 1983 (2ª ed.). Estudio riguroso de conjunto, desde una óptica innovadora. Incluye apéndices de textos, gráficos y abundantes ilustraciones.

Artículos. Orden cronológico.
Maliniak, Thierry. Chandigarh y la igualdad. “El País” El Viajero 716 (13-VII-2012) 8. El gran proyecto urbanístico de Le Corbusier sigue vigente con éxito.
Redacción. El éxodo gitano empezó hace 1.500 años. “El País” (7-XII-2012) 36.
Pataczek, Anna. Berliner Unis sparen sich die indische kunst“Tagespiel” (27-VIII-2013) 21. Se amplía la colección india del Museum für Asiatische Kunst de Berlín.