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viernes, 12 de mayo de 2017

El neoimpresionismo.

El neoimpresionismo.

El neoimpresionismo aparece en 1886, cuando Seurat obtuvo un triunfo inmenso en la octava exposición, con Una tarde de domingo en la Grand-Jatte, en la que las formas y los colores son representados mediante la técnica puntillista o divisionista: pequeños puntos de color que construyen la percepción de nuestra visión real (tal como la teoría de los colores defendía entonces). Para Keller, el neoimpresionismo era una prolongación directa del Impresionismo, del cual tomaba los principios, pero llevándolos a la última consecuencia.
Seurat, así, se caracteriza por intentar la conciliación del arte y de la ciencia, aparentemente divergentes. Las críticas a su pintura no podían ocultar que había conseguido concentrar en ella la atención del público y la crítica. Pero el puntillismo (o divisionismo) tenía unos límites muy claros, por lo que pronto fue abandonado (Pissarro, en 1890, vuelve a su estilo anterior) o superado, siendo el estilo determinante en la evolución de Henri Matisse, pues lo cultivó en 1904 en una estancia pictórica en el sur de Francia junto a los puntillistas Signac que utiliza pinceladas más amplias y Cross, pasando de inmediato hacia el fauvismo (los fauves fueron influidos por el puntillismo a través de Matisse). Otros que habían practicado temporalmente el puntillismo fueron Gauguin en 1886, Lautrec en 1887 y Van Gogh en casi todo su periodo parisino (1886-1888). Los futuristas Giacomo Balla y Gino Severini también fueron influidos por las teorías de Seurat, durante su estancia en París en los primeros años del siglo XX.

Miró y los neoimpresionistas.*
Los neompresionistas —también han sido llamados “postrimpresionistas científicos”, divisionistas o puntillistas— más importantes son Seurat y Signac, junto a un artista relativamente menor, Cross. El término mismo de “neoimpresionismo” está sometido a debate, porque el impresionismo era espontáneo e intuitivo, mientras que Seurat y sus seguidores son reflexivos y minuciosos, por lo que bastantes autores desestiman considerarlo un movimiento y prefieren verlo como una técnica, denominada “puntillismo” y los más científicos “divisionismo”; otros, en su época y con ánimo peyorativo, el de “confettismo”; y algunos todavía usan “postimpresionismo” o “posimpresionismo”. Horst Keller [Miroir de l’Impressionisme. 1980: introd.] ve en el neoimpresionismo una prolongación directa del impresionismo, del cual toma los principios, pero llevándolos a la última consecuencia.
Los neoimpresionistas tienen tres ideas básicas:
- Intentan conciliar el arte y la ciencia, aparentemente divergentes, para dar una base científica al método intuitivo de los impresionistas, fundada en la ley de los “contrastes simultáneos de los colores” de Chevreul, que plasman en una técnica puntillista (aplicación de puntos de color) o divisionista (división de los colores en sus elementos), que aplica pequeños puntos (como las teselas de un mosaico) o manchas multicolores cuidadosamente yuxtapuestos que construyen la percepción de nuestra visión real, lo que los diferenciaba de los impresionistas, que utilizaban pinceladas más largas de colores puros. Miró aplicará este criterio neoimpresionistas en algunas obras iniciales y la integra y supera hasta llegar a los personajes construidos con un damero colorista de su estilo de madurez, combinando los colores de acuerdo a pautas muy medidas.
- Conceder un valor expresivo a las líneas básicas de composición, que expresarían una diversidad de estados de ánimo. Es un factor psicológico de interpretación y desarrollo del cuadro, que se emparenta con la poética expresionista y abstracta, y que podría influir decisivamente en Kandinsky, y, a través de este, en Miró.
- Superar la pintura au plein air de los impresionistas, para volver al método tradicional de esbozar unos dibujos previos al natural para pintar luego en el estudio. Es la técnica que Miró empleará toda su vida.
Las críticas de frialdad a la pintura neompresionista no podían ocultar que había conseguido concentrar en ella la atención del público y la crítica, pero el puntillismo tenía unos límites estrechos, por lo que pronto fue abandonado o superado: Camille Pissarro lo practica unos años hasta que en 1890 vuelve a su estilo anterior; otros lo experimentan más brevemente, como Gauguin en 1886, Toulouse-Lautrec en 1887 y Van Gogh en casi toda su época parisina (1886-1888); es el estilo determinante en la evolución de Henri Matisse, pues lo cultivó en 1904 en una estancia pictórica en el sur de Francia junto a Signac y Cross, para pasar de inmediato hacia el fauvismo (parece que los fauvistas fueron a su vez influidos por el puntillismo a través de Matisse). También fueron influidos por las teorías del puntillismo de Seurat, durante sus estancias en París o la visión de sus obras, en los primeros años del siglo XX, los fauvistas y luego independientes Derain y Robert Delaunay, los futuristas Giacomo Balla y Gino Severini, los expresionistas Kandinsky y Kirchner... Y Miró, aunque el influjo puntillista le pudo llegar indirectamente, pues admiraba sobremanera a Kandinsky y conocía personalmente a los Delaunay y la obra de Derain.

Greene (2017) resume: ‹‹Los neoimpresionistas entraron en escena como grupo en 1886, en la octava (y última) Exposición Impresionista de París, encabezados por Georges Seurat; aquel mismo año, Félix Fénéon, crítico y defensor de estos artistas, acuñó el término “Neoimpresionismo” en una reseña. Cuando Seurat falleció prematuramente, Paul Signac le sucedió como líder y teórico del movimiento. Durante algunos años, también se unieron a los principales artistas del Neoimpresionismo —Henri-Edmond Cross, Maximilien Luce, Seurat y Signac— Camille Pissarro, que había sido anteriormente impresionista, y otros autores con intereses similares procedentes de países cercanos, como el pintor belga Théo van Rysselberghe.
A  la hora de crear efectos ópticos en sus lienzos puntillistas, estos vanguardistas pintores se inspiraron en las teorías del color y la percepción, y en los métodos ópticos y cromáticos desarrollados por científicos de la época, como el químico francés Michel-Eugène Chevreul y el físico estadounidense Ogden Rood. Esta moderna y revolucionaria técnica pictórica se basaba en la yuxtaposición de pinceladas de pigmento, que conseguía generar la apariencia de un solo tono de gran intensidad. La combinación de colores complementarios y formas delicadas permitió a los neoimpresionistas crear composiciones formalmente unificadas. La representación del efecto que la luz ejercía sobre el color al refractarse sobre el agua, al filtrarse en determinadas condiciones atmosféricas o al reverberar y propagarse por los campos fue una preocupación constante en su trabajo.
La mayoría de los neoimpresionistas compartían la ideología política de izquierdas, como puede observarse, por ejemplo, en la manera en que Pissarro y Luce retrataron a las clases trabajadoras. Las visiones idealizadas del anarcosocialismo y del anarcocomunismo también se plasmaron en las escenas utópicas que los neoimpresionistas representaban frecuentemente en sus trabajos, y que solían aunar contenido ideológico y teoría técnica. Pero incluso cuando no les guiaba un objetivo político, las brillantes interpretaciones que los neoimpresionistas hacían de la ciudad, las zonas de extrarradio, el mar o el campo reflejan lugares llenos de armonía.›› [Greene. *<París, fin de siglo. Signac, Redon, Toulouse-Lautrec y sus contemporáneos>. Bilbao. Museo Guggenheim (2017).] 



El pintor francés Georges Seurat (París, 2-XII-1859 a 29-III-1891), formado en la École des Beaux-Arts, estudió a los clásicos del Quattrocento, Ingres, Delacroix, Puvis de Chavannes, la escuela de Barbizon... Tomó del impresionismo desde 1883 la pintura al aire libre, los temas modernos y el paisaje.
Sus estudios, inspirados en Chevreul, sobre el color y la composición como estructura y comunicación, buscaban dar al arte un estatus científico, con experimentos ópticos y geométricos; y, en sus últimos años, se concentró en los aspectos emocionales del color.
Las formas y los colores son representados mediante la técnica puntillista (aplicación de puntos) o divisionista (división de los colores en sus elementos): aplica pequeños puntos de color que construyen la percepción de nuestra visión real (tal como la teoría de los colores defendía entonces). 

Bañistas de Asnières (1884). Obsérvese la deformación de las columnas vertebrales de  los dos muchachos en segundo plano, un ejemplo de la soterrada crítica social que Seurat introducía en sus obras.

Una tarde de domingo en la Grand-Jatte (1886). Obsérvese la selección simbólica de colores: la blanca pureza de la niña en el centro, los colores rosado y azul de los sueños de las adolescentes y mujeres a su alrededor, el uso metafórico de los animales (el mono infiel y el perro fiel que huye), la composición en las tres parejas dispuestas en la primera diagonal izquierda que sugiere la evolución desde la niña pura a la adolescente soñadora y la joven mantenida en primer plano.
Su primera obra maestra es Bañistas de Asnières (1884) aunque el neoimpresionismo sólo lo aplicó radicalmente desde 1886, con Una tarde de domingo en la Grand-Jatte, que obtuvo un triunfo inmenso. Celebró una exposición individual en París (1888), dos póstumas en Bruselas y París (1892) y una antológica en París (1905). Falleció de improviso, por difteria.
Sus ideas fueron difundidas por Signac en De Delacroix au Neoimpressionisme (París. 1899) e influirán en el cubismo y el futurismo.
Georges Seurat se forma en el clasicismo de los pintores italianos del Quattrocento, Ingres, Delacroix, Puvis, la escuela de Barbizon... y en el impresionismo (1883), del que toma la pintura al aire libre, los temas modernos y el paisaje. En su obra maestra, Una tarde de domingo en la Grand-Jatte, las formas y los colores son representados mediante la técnica puntillista; una obra que Miró admiró cuando visitó Chicago en el otoño de 1965: ‹‹[Kandinsky residió] en el lugar mismo en que Seurat se inspiró para una obra maestra que acabo de ver en Chicago.›› [Carta de Miró a Nina Kandinsky (19-I-1966). cit. Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews1986: 273. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens1995: 293. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 361.]
El joven Miró se interesó por sus teorías y obras y en 1923 le comentó en una carta a Cassanyes que admiraba en la disposición de las figuras de Seurat y Derain la misma dignidad y ley de equilibrio que las columnas de un templo griego. [Comentario extraído de una carta de M.A. Cassanyes a Miró, en Mont-roig. Sitges (7-XII-1923) FPJM.] Que este interés continuó lo probaría que Miró tenía en su biblioteca personal la monografía de Germain Seligman, The drawings of Georges Seurat. Aplicó en algunas pinturas la técnica del divisionismo y su descripción detallada de los objetos, así como el modo en que Seurat aplicaba las teorías de Blanc y Chevreul de los colores primarios y secundarios. Probablemente estudió su pintura inconclusa El circo (1891) [Óleo sobre tela. Col. Musée d’Orsay. [Tazartes; et al. Los impresionistas y los creadores de la pintura moderna. Rousseau - Gauguin - Van Gogh - Seurat. 2000: 249.], comprado por Signac y que Miró contemplaría en París, para inspirarse en su propia serie de El circo (1925-1927), con su escena, el caballo, la acróbata voladora, los espectadores, el lazo del látigo... En cambio, debió rechazar el severo control científico con que Seurat establecía la composición y el colorido, pues le parecería muy frío.

El artista francés Paul Signac (París, 11-XI-1863 a 15-IV-1935) después de sus inicios impresionistas, en 1884 funda el Salon des Indépendants (que presidirá durante muchos años), junto a Cross y Signac, con los que configura el neoimpresionismo, dedicándose sobre todo a la pintura de paisajes urbanos y, sobre todo, las acuarelas de temas marinos con puertos. Destaca su libro De Eugène Delacroix al neoimpresionismo.




Su obra fue conocida por Miró en los años 10 y podemos reconocer la afinidad de sus pinceladas (más amplias que las de Seurat) puntillistas con las de los paisajes mironianos de 1917-1918.

El mayor de edad del grupo neoimpresionista es Henri-Edmond Cross (1856-1910), que cultiva unas acuarelas de trazo rápido pero meditada composición que Miró conocería en las exposiciones barcelonesas; algunas de sus obras, como Las Islas de Oro (s/f, MNAM de París), muestran despojados paisajes que semejan románticos por mostrar la infinitud mediante el recurso al vacío y son afines a algunos de Urgell y Miró. 
Apunto además que un autor (y artista menor) de apellido homónimo, Charles Cross, despertará el interés de Miró hacia 1930, por su recapitulación de las teorías científicas del colorido mediante el puntillismo y la construcción del espacio, que podían servirle en esta época para sus experiencias de obras abstractas geométricas. [Miró. Apunte en hoja por las dos caras. Hacia 1930-1931. Col. FJM doc. 1463a 1463.]

FUENTES.
Internet.
[https://iessonferrerdghaboix.blogspot.com.es/2015/04/ha-6-ud-15-el-postmpresionismo-el.htmlEl artista neoimpresionista francés Henri-Edmond Cross (1856-1910).
[https://iessonferrerdghaboix.blogspot.com.es/2017/05/el-neoimpresionista-frances-georges_12.htmlEl neoimpresionista francés Georges Seurat (1859-1891). 
[https://iessonferrerdghaboix.blogspot.com.es/2017/05/el-artista-neoimpresionista-frances.htmlEl neoimpresionista francés Paul Signac (1863-1935).

Exposiciones.

*<Le Néo-impréssionisme, de Seurat à Paul Klee>. París. Musée d’Orsay (15 marzo-10 julio 2005). 120 obras. Cat. 432 pp. 200 ilus. Reseñas de Goetz, André. Points de recontre. “Beaux Arts”, 249 (III-2005) 58-59. / Martí, Octavi. París reivindica el puntillismo. “El País” (28-III-2005) 36. / Maldonado, Guitemie. Les néoimpressionistes, aux temps d’harmonie. “Connaissance des Arts”, 626 (IV-2005) 92-98.
*<Neoimpresionismo, eclosión de la modernidad>. Madrid. Fundación Mapfre (18 abril-10 junio 2007). 75 obras de Seurat (seis), Pissarro, Henri-Edmond Cross, Théo van Rysselberghe, Jan Toorop…; y su influencia en Dalí, Juan Gris, Heckel, Kandinsky, Klee, Picasso, Bridget Riley, Russolo, Schmidt-Rottluff, Severini… Comisarios: Serge Lemoine, Josep Casamartina. Entrevista de Segurola, Santiago. Serge Lemoine / Director del Musée d’Orsay. “No se entiende a Picasso sin el neoimpresionismo”. “El País” (17-IV-2007) 48. / Maderuelo, Javier. El color de la luz. “El País”, Babelia 807 (12-V-2007) 19.

Libros.
Tazartes, Maurizia; et al. Los impresionistas y los creadores de la pintura moderna. Rousseau - Gauguin - Van Gogh - Seurat. Ed. Carroggio. Barcelona. 2000. 296 pp. Textos de Maurizia Tazartes, Anna Maria Damigella, Ronald de Leeuw. Rousseau (5-63), Gauguin (65-127), Van Gogh (129-197), Seurat (199-251).

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