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lunes, 11 de mayo de 2015

HA 4 UD 08. Arte prerrománico en Europa. Arte hispano-visigodo.

HA 4 UD 08. ARTE PRERROMÁNICO: EL ARTE HISPANO-VISIGODO.
Introducción.
La arquitectura del siglo VI.
La escultura y la orfebrería del siglo VI.
La fusión hispano-visigoda del siglo VII.
LA ARQUITECTURA HISPANO-VISIGODA DEL SIGLO VII.
Introducción.
Características generales.
San Juan de Baños.
Santa Lucía del Trampal.
San Fructuoso de Montelios.
Santa Comba de Bande.
El templo y la escultura del siglo VII de San Pedro de la Nave.
El templo y la escultura del siglo VIII de Quintanilla de las Viñas.
LAS ARTES MENORES. LA ORFEBRERÍA HISPANO-VISIGODA.
FUENTES.

EL ARTE HISPANO-VISIGODO.
Introducción.
Los visigodos dominaron militarmente la mayor parte de la península ibérica en el siglo V, desde que entraron en ella en 415 para expulsar a los vándalos y los alanos, y posteriormente volvieron en 456, cuando el rey Teodorico derrota a los suevos en Astorga y la mayor parte de la Hispania romana queda bajo la dominación visigoda. Los suevos fueron rechazados a los suevos hasta la provincia de Gallaecia (Galicia y norte del actual Portugal), donde tuvieron un reino durante 170 años, desde 415 hasta 585.

Mapa del reino visigodo h. 500.

Los godos no tuvieron durante su primer siglo en Hispania una presencia humana importante, pues la inmensa mayoría vivían en el sur del río Loira en la Galia, esto es en el llamado reino de Tolosa (actual Toulouse). Esto cambió tras la derrota y muerte del rey Alarico II en 507 en la batalla de Vogladum (actual Vouillé) a manos de los francos de Clodoveo I, que contaba con el apoyo de los galorromanos católicos.
Los godos trasladaron su capital a Narbona (507-531) y en esa época los visigodos abandonaron progresivamente la Galia, donde solo conservaron la pequeña región de Septimania (también llamada Narbonense por su capital, Narbona; es la parte sur del actual Languedoc), y se establecieron en la península ibérica, sobre todo en las llanuras de la actual Castilla así como en las ciudades de Toledo (su nueva capital desde 531), Tarragona, Córdoba y Mérida, más unos pocos puntos estratégicos.
Una minoría de unos 200.000 godos de religión cristiana de la secta arriana, de los cuales unos 30.000-40.000 eran guerreros, dominó a una población hispanorromana de entre dos y tres millones de personas según las mejores estimaciones (algunos autores exageran hasta incluso cinco o siete millones, pero es muy improbable), de religión católica. Al principio la segregación étnica y legal fue rotunda y buenas pruebas de ello son los dos códigos que convivieron durante decenios, uno para cada comunidad, o que en las principales ciudades, como Barcelona, hubiera dos obispos, uno arriano y otro católico.
El carácter electivo de la monarquía goda favoreció la formación de facciones entre los nobles que desencadenaban guerras civiles por el trono y la intervención de tropas extranjeras en apoyo de los bandos. Destaca que por la rivalidad entre Agila y Atanagildo, y a petición de este último, llegaron a España tropas del Imperio Bizantino que se apoderaron durante largo tiempo de la franja costera entre Murcia y Cádiz (555-624).

La arquitectura del siglo VI.
La mayoría hispanorromana mantuvo vivo en los siglos V y VI el arte paleocristiano anterior, tanto en la arquitectura como en las artes plásticas, y durante estos doscientos años recibieron las influencias bizantina (en especial a través de la zona costera que Justiniano había recuperado a mediados del siglo VI) y paleocristiana del norte de África (la mayoría refugiados del reino vándalo).
Fueron muy pocos los edificios nuevos debido al descenso y la pobreza de la población y se evidencia la continuidad del arte hispano-romano de estilo paleocristiano en las ruinas de Cabeza de Griego en Saelices (Cuenca), hacia el año 550 con una planta basilical de tres naves y una cabecera con ábside ultrasemicurcular; en la ciudad de Recópolis (Guadalajara, fundada en 578 por Leovigildo, con una iglesia de culto arriano de una sola nave, pórtico externo y recintos añadidos en el crucero; y hay también algunos restos menores en Toledo.

La escultura y la orfebrería del siglo VI.
En cambio, en la comunidad visigoda en el siglo V no hay el arte reconocible y todavía en el siglo VI la producción artística es de escasa relevancia, salvo en la escultura y la orfebrería, y desconocemos si hubo construcciones propias, apuntando los autores que lo más probable fue que se reconvirtieran algunos templos hispanorromanos de culto católico al nuevo culto arriano.
Con todo, hay que destacar que de toda la escultura del siglo VI de los pueblos germánicos la más innovadora es la hispano-visigoda, en la que cumple una función ornamental subordinada a la arquitectura, como demuestran las piezas en el Museo de Mérida, con cimacios, canceles, jambas... Los motivos son hojas de viña, rolleos circulares de influencia latina, cimacios geométricos (con forma y función de casetones), canceles con fajas de variada decoración vegetal esquematizada, rosetas, pavos reales... Las principales características son el horror vacuii, la talla a bisel, la decoración lineal y plana de motivos vegetales y geométricos, y las influencias bizantina y oriental.
La orfebrería es de extraordinaria calidad y nos ha dejado abundantes restos en forma de fíbulas y broches.

La fusión hispano-visigoda del siglo VII.
En el siglo VII, en cambio, la situación es muy distinta. A la expansión territorial sobre el reino suevo y parte del territorio bizantino encabezada por el rey Leovigildo (573-586) le sigue la unificación religiosa por el rey Recaredo (proclamada en 587 y reafirmada en 589) y después se logra fundir las dos comunidades de hispanorromanos y visigodos en todos los ámbitos, lo que renueva las artes y la cultura al fundir elementos de ambos pueblos, al tiempo que continúan llegando las influencias norteafricana, oriental y bizantina.

Mapa del reino visigodo h. 600.

Muñoz Degrain. La conversión de Recaredo (1887). Col. Senado, Madrid. Pintura romántica.

La Iglesia se revitaliza en una estrecha alianza con el Estado y absorbe funciones políticas y legislativas, que se manifiestan en los Concilios de Toledo. Se recopilan los textos antiguos y patrísticos. San Leandro y San Isidoro serán las grandes figuras intelectuales del periodo. Las Etimologías de San Isidoro tendrán una difusión extraordinaria hasta Santo Tomás de Aquino e influyen en la iconografía del arte hispano-visigodo. El monacato en su vertiente eremítica alcanza su máximo auge en la Alta Edad Media.

Mapa del reino visigodo h. 700.

Pero las disputas por el trono persistieron y la última fue decisiva, entre el rey Rodrigo y los partidarios de los hijos del anterior rey, Witiza (710-711), pues en apoyo de estos desembarcaron las tropas musulmanas que iniciaron con su victoria en el Guadalete (711) la conquista del reino para el Islam.

LA ARQUITECTURA HISPANO-VISIGODA DEL SIGLO VII.
Introducción.
En el siglo VII se siguieron edificando edificios según modelos paleocristianos, pero también aparecen edificios de un estilo nuevo, que funde elementos visigodos, paleocristianos o bizantinos. No tenemos restos estructurales de edificios hispano-visigodos en la capital de Toledo ni en las otras grandes ciudades, pues aunque tenían los mejores templos estos fueron destruidos en los siglos siguientes, por lo que hoy restan apenas elementos como columnas, pilastras y canceles. Por ejemplo, la actual basílica de Santa Leocadia de Toledo, construida en el reinado de Sisebuto (612-621) es muy posterior a la época visigoda, en estilo mudéjar del siglo XIII, y solo se conservan algunos relieves visigodos en la torre y la fachada.
Sí se conservan algunas innovadoras iglesias rurales de los eremitas, sobre todo en el norte de la Meseta, que constituyen la primera variación innovadora del arte de las invasiones respecto a la arquitectura paleocristiana. Hay también algunos restos de arquitectura civil en Mérida y Toledo, las dos principales ciudades del reino visigodo.
La arquitectura hispano-visigoda del siglo VII es un antecedente directo del estilo prerrománico, tanto asturiano como mozárabe, gracias tal vez a que se difundió el mito del precedente visigodo como legitimador de la monarquía en la España cristiana medieval. Además, influyó en la arquitectura mozárabe pues la constante restauración de los edificios por los hispanorromanos en época islámica permitió que no se olvidaran sus técnicas. También influyó en el arte hispano-musulmán mediante el uso del arco de herradura; incluso el tipo magrebí de mihrab procederá del ábside visigótico, con un arco de herradura bajo en la entrada.

Características generales.
Sus características principales son:
-La tipología de la planta eclesial cuenta con tres modelos:
1) La planta basilical clásica, muy abierta. Tiene un espacio interior de gran claridad y apertura, con ligeras modificaciones. Los mejores ejemplos son San Juan de Baños, San Pedro de Balsemao y Alcalá de Gazules.
2) La planta cruciforme, de cruz latina, con un espacio muy compartimentado, en San Pedro de la Nave, San Pedro de la Mata, Santa Comba de Bande y Quintanilla de las Viñas.
3) La planta centralizada de cruz griega, inscrita o no en un cuadrado, de influencia oriental, con el mejor ejemplo en San Fructuoso de Montelios (Portugal).
-El espacio es muy compartimentado, con cabecera, cámaras y canceles (pretiles con función de transepto).
-La cabecera, a veces cuadrada, siempre tiene el ábside orientado al este, está abovedada y termina en testero recto.
Generalmente a ambos lados de la cabecera aparecen dos cámaras que compartimentan todavía más el espacio. A veces comunican con el ábside por entradas muy pequeñas y se ha interpretado que cuando la abertura al ábside es la de un vano de dimensiones normales la cámara pudiera ser una sacristía, pero cuando es excesivamente reducida pudiesen ser celdas monásticas en donde los monjes eremitas realizaban penitencia.
A veces las cámaras (o camarillas si son muy pequeñas) no están al lado del ábside sino del presbiterio, en el pórtico e incluso sobre la bóveda del ábside, a donde se accede por una escalera de mano. Son de dudosa función; se ha insinuado que tal vez tendría esta compartimentación, tan frecuente en Hispania, una función religiosa de liturgia secreta. Parece que las cámaras en el suelo serían residencias de los monjes (Palol, Yarza, Schunk), pero las del piso superior es más probable que tengan una función simbólica (Yarza) o un simple granero (Schunk).
-Se emplean buenos materiales, como el sillar, bien cortado y escuadrado, con aparejo de soga y tizón, montado a hueso (sin unión por argamasa) en grandes paramentos, aunque las hiladas son irregulares. En ocasiones se usa el ladrillo. Sillería y ladrillo son herencia de la arquitectura romana; San Isidoro muestra su contento por el retorno a la «buena construcción romana», a excepción de alguna cubierta de bóveda con ladrillo o madera.
-Los muros son gruesos, por lo que no se necesitan contrafuertes exteriores (sí los hay en San Juan de Baños), y tienen pocos y pequeños vanos, lo que explica que la luz de los templos sea muy escasa. En el ábside normalmente hay una sola ventana, de tamaño mayor que las otras.
-Se utiliza la bóveda, aunque la cubierta en las naves es plana, realizada en madera. Hay bóvedas para los pequeños espacios más importantes, el ábside y el crucero. Los tipos de bóvedas son de medio cañón (la más usual) y de arista; hay cúpulas vaídas en los cruceros.
-Se utiliza el arco como elemento de soporte principal, configurando unas arquerías clásicas romanas apoyadas en pilares y en columnas sólo decorativas. Los arcos son de medio punto y, sobre todo, de herradura. El arco de herradura, una herencia de la arquitectura hispano-romana, es menos circular que el islámico, con un centro alzado un tercio del radio y un trasdós desviado puesto que cae recto a partir de la circunferencia; el arco cuenta con doble dovela como clave (es la denominada “ausencia de clave”).
-Los capiteles pueden ser de orden corintio muy esquemático o el de tronco de pirámide invertido, de influencia bizantina.
-Según los textos de San Isidoro la belleza del edificio radica no tanto en la buena estructura o en su distribución como en su adorno, por lo que decoraron los muros con frisos a base de elementos geométricos o florales repetitivos, tallos ondulantes de vid y estrellas o figuras de animales; se cubrieron grandes superficies con artesonados de madera dorados; se usaron mármoles en los canceles, en las placas, en los muros, en los iconostasios y en las columnas, para lo que se aprovecharon los materiales de mármol de antiguos edificios romanos; y además se disponía de una multitud de lámparas votivas, velos colgantes y objetos sagrados.

San Juan de Baños.



La iglesia de San Juan de Baños de Cerrato, en Palencia, fue erigida hacia 661 por el rey Recesvinto. Se discute su novedad: para Palol es una mera iglesia paleocristiana y para Yarza es el primer ejemplo de arquitectura hispano-visigoda. El consenso actual es que es muy original y representa la conjunción entre dos tendencias características de la época altomedieval: la continuidad de la planta basilical de origen paleocristiano, con una cabecera rectangular tripartita, representativa de la influencia oriental y africana; y la nueva corriente visigoda que tiende a la ruptura de la planta basilical mediante el empleo de arquerías con arcos de herradura que compartimentan el espacio.
Tiene una planta de tres naves, con una original cabecera con ábside rectangular y dos cámaras al final de los dos lados del crucero y sin comunicación con el ábside principal. La cabecera tripartita es, pues, muy compartimentada, sin claridad visual.
El volumen interior se refleja en el exterior, dotado con contrafuertes, y tiene pórticos adosados a las naves laterales y a los pies de las naves.
Tiene arcos de herradura sobre columnas monolíticas de mármol con capiteles corintios, cubierta plana de madera y una espadaña (añadida en el periodo del arte asturiano).
La decoración es austera: cruz en la dovela central de la entrada, friso en pared absidal con motivos geométricos, rosetones, y cancel con calado. Los muros lisos alternan con bandas decorativas. Los temas más frecuentes son las combinaciones de círculos, reticulados, aspas y otras combinaciones geométricas elementales. Se puede observar una composición homogénea y rigurosa de círculos secantes que crean cuadrifolios.

Santa Lucía del Trampal.

Santa Lucía del Trampal: Vista de la cabecera tripartita

La iglesia monacal de Santa Lucía del Trampal, en Alcúescar (Cáceres) no estuvo documentada hasta 1981 (por el profesor Juan Rosco y su esposa Luisa Téllez) y tiene una datación dudosa. Unos autores la datan en el siglo VII y otros la consideran mozárabe del siglo IX. Los sillares tienen inscripciones de una diosa prerromana, Ataecina, lo que sugiere que se cristianizó un santuario pagano.

Santa Lucía del Trampal: planta de la basílica según caballero y otros

Tiene una planta de tres naves muy estrechas, separadas entonces por pilares que ya no existen, un estrecho coro central que comunica con un crucero, y un cabecera tripartita, con tres ábsides rectangulares exentos (independientes) muy semejantes a San Juan de Baños.
Disponía de pórticos laterales con compartimentos monásticos, formando una estructura muy compleja, que fue simplificada en una reconstrucción en el siglo XV que elimino las arquerías de separación de las naves, dejándola en una nave única cubierta por arquerías ojivales de un típico estilo gótico.

San Fructuoso de Montelios.


La iglesia de San Fructuoso de Montelios, en Portugal, fue construida en la segunda mitad del siglo VII, por orden del propio San Fructuoso, obispo de Braga, siguiendo los modelos del mausoleo de Gala Placidia y San Vital, ambos en Rávena, para ser enterrado en él.
Es el primer edificio cruciforme de esa época y su estructura en cruz griega dio origen al grupo de iglesia visigodas cruciformes, seguida por Santa Comba de Bande, que también pertenecía al obispado de Braga.


Los cuatro ábsides son rectos en el exterior, mientras que en el interior tres son semicirculares ultrapasados y el otro, que sirve de acceso, es recto. Los brazos de la cruz tienen exactamente la misma longitud de 13 metros.

Santa Comba de Bande.



La iglesia de Santa Comba de Bande (Orense) está construida con grandes sillares graníticos, y pese a sus reformas posteriores todavía se adivina su compartimentación interior gracias a la armónica conjunción de volúmenes.
La planta del tempo es cruciforme inscrita en un rectángulo, del que sobresale el ábside cuadrangular. Posee un atrio a los pies que se comunica con sendas habitaciones laterales. La zona cuadrada central se cubre con un gran cimborrio, con bóveda de aristas. El ladrillo de la bóveda contrasta con los sillares del muro.
Tiene una planta de cruz griega, anteriormente inscrita en un cuadrado o rectángulo. Tenía cámaras laterales al presbiterio que compartimentaban el espacio, y una cámara suprabsidal (para Schunk era solo un granero).
Los arcos de herradura son relativamente bajos, sostenidos sobre dobles columnas de función decorativa. Los volúmenes escalonados se iluminan con una luz irregular por las ventanas.
Las dos naves cruzadas se cubren con cuatro bóvedas de cañón con forma de herradura, construidas con ladrillo del tipo romano. Así, el sistema de bóveda de cañón cubre la nave, el ábside y los brazos del crucero, menos en el cimborrio del crucero, que cuenta con bóveda de arista con ladrillo (para Yarza posterior; para Palol y Schunk de la misma época visigoda).
Cuenta con una sobria decoración escultórica en unos pocos capiteles, cimacios, el cancel y un friso.

El templo y la escultura del siglo VII de San Pedro de la Nave.




San Pedro de la Nave (Zamora) es el mejor modelo, por su excelente conservación, de la segunda mitad del siglo VII. Fue una iglesia monasterial y en época contemporánea ha sido desmontada y trasladada con motivo de la construcción de un embalse, lo que ha favorecido el conocimiento de la excelente calidad de sus sillares grandes y bien tallados, así como sus interesantes innovaciones arquitectónicas, destacando la búsqueda de la verticalidad y la evolución en el arco de herradura, y sus numerosas esculturas.
Su original planta de cruz griega, inscrita en un rectángulo, con los pies de la iglesia mirando a Occidente, es un compromiso entre la planta basilical hispano-romana con sus tres naves longitudinales y la planta visigoda muy compartimentada mediante cámaras en el transepto y sobre el ábside rectangular (una típica cámara supraabsidal no accesible desde el interior) que finaliza la nave central, que sobresale en altura sobre las laterales, las tres con cubierta plana sin bóveda, con una torre cimborrio en el crucero.
Tiene pilares, columnas decorativas, arcos de herradura con esculturas longitudinales. Se reutilizaron los capiteles corintios.
La escultura ornamental más destacada del arte hispano-visigodo es la de San Pedro de la Nave. Son relieves planos que descuidan las proporciones y mantienen rasgos muy primitivos en la cabeza y los pies de perfil y el cuerpo de frente, los ojos almendrados, el esquematismo, el seguimiento de la ley de adaptación al marco arquitectónico y los primeros capiteles historiados. Son características que pervivirán en el Románico.
Se han distinguido dos talleres, uno arcaizante y el del maestro de San Pedro de la Nave.
1) El taller arcaizante desarrolla motivos geométricos y vegetales, y los coloca en los frisos del muro absidal, en la pared del transepto y algunos capiteles.
2) El Maestro de San Pedro de la Nave sobresale por sus relieves figurativos, que están en los nuevos capiteles (de tipo bizantino) del crucero y en las basas de las columnas. Destacan los relieves de los Cuatro Evangelistas en las basas. En los capiteles historiados (los primeros) de las columnas en las naves hay temas bíblicos como el Sacrificio de Isaac con la Mano de Dios, y el Sacrificio de Isaac y Daniel en actitud orante en el foso con dos leones. Aparecen los rostros de los apóstoles Pedro, Pablo, Tomás y Felipe y otros santos, más una notable decoración vegetal y zoomórfica. En los capiteles más próximos al presbiterio hay decoración bizantina con animales, con unos rostros desconocidos.
Daniel en actitud orante en el foso con dos leones.


Sacrificio de Isaac. Capitel de San Pedro de la Nave.

La iconografía es de discutido origen. Para Fontaine (1972) se resuelve con la ordenada ubicación de los motivos: figuración a los pies de la iglesia, disminuyendo su presencia en dirección al altar, como símbolo del acercamiento o de elevación a lo sagrado. La fuente de esta iconografía (según Yarza) es el libro de las Etimologías de San Isidoro que explica que la base de la Iglesia son los Cuatro Evangelistas (por ello figuran en las basas).

El templo y la escultura del siglo VIII de Quintanilla de las Viñas.



La iglesia del monasterio de Santa María de Quintanilla de las Viñas (Burgos) fue construida a finales del siglo VII o a principios del siglo VIII, aunque tal vez la obra fue suspendida por la invasión islámica y se completó en época mozárabe, y de ella sólo queda parte de la cabecera de planta rectangular con ábside y el crucero con parte del transepto, porque al parecer las naves se desplomaron en el siglo XIV.
Originalmente, este templo debió pertenecer a un monasterio, lo que explicaría sus grandes dimensiones, con tres grandes naves (a tenor de las huellas de los pilares del suelo y la cimentación), un transepto y una cabecera con ábside rectangular. El interior debió estar muy compartimentado, probablemente debido al complejo rito hispánico de celebración de la misa.
Los materiales son grandísimos sillares de caliza y arenisca colocados a hueso (sin argamasa, al modo visigodo).
Destaca por su escultura en la que se mezcla la influencia oriental con la visigoda y que está repartida en los frisos que anillan el edificio y los arcos de herradura del interior. Es de relieve muy plano, con representación frontal y de perfil a la vez, con esquematismo de los rasgos faciales y de las manos.
En el exterior de la cabecera y los muros del crucero hay tres frisos con una lacería de motivos vegetales como árboles, flores y racimos dátiles u uvas; animales como pájaros (espléndidos los faisanes) y cuadrúpedos; y motivos geométricos y monogramas de tradición bizantina.
Los arcos de herradura del interior también están decorados con vegetales, animales, figuras humanas y decoración de soga, con una novedosas representaciones cristológicas, con temas como la Luna y el Sol, de influencia bizantina (el modelo eran monedas), situados en clípeos con ángeles a los lados; un Jesucristo rodeado de ángeles.
Resaltan las dovelas del arco triunfal decoradas mediante roleos con racimos, aves y palmetas.
También destacan los bloques o sillares que funcionan a modo de capiteles (capiteles-imposta), y los bloques de sillares tallados con ángeles y personajes bíblicos.

Bloque de ángeles portando el medallón del sol.

Los dos bloques que soportan el arco triunfal son similares, con parejas de ángeles sujetando sendos medallones, un medallón para el sol y otro para la luna; esta iconografía proviene de Bizancio, de la Patrística y de San Isidoro con la asociación de Jesucristo/Sol e Iglesia/Luna.
Otros dos bloques presentan ángeles en los laterales son ángeles y en los frontales unos personajes, probablemente uno es Cristo portando una cruz y el otro una mujer, tal vez María.
Como se ha indicado, exteriormente, la cabecera y muros del crucero de la iglesia de Quintanilla de las Viñas también cuentan con tres bellos frisos escultóricos con

LAS ARTES MENORES. LA ORFEBRERÍA HISPANO-VISIGODA.
Se trabajó con gran calidad la cerámica, el vidrio, el tejido, la metalistería (armas) y la orfebrería.
De la excelente orfebrería del siglo VII nos han llegado abundantes restos debido a las ocultaciones de tesoros que provocaron los continuos conflictos dinásticos y, sobre todo, la invasión musulmana. A la base de metal le añaden esmaltes con la técnica de esmalte en frío: encajan en un agujero hecho en el metal el esmalte previamente realizado. La utilización de diferentes piedras, llamadas cabujones, de diferentes colores ha hecho que se le llame “estilo coloreado”.
Hay dos grupos: objetos litúrgicos (cruces procesionales y ofrendas votivas en forma de coronas), objetos de adorno personal (fíbulas, pulsera, collares, pendientes...).
Las numerosas fíbulas para abrochar la ropa se clasifican en dos tipos:
-Fíbula de puente: que tiene dos piezas, una rectangular y otra cuadrada unidas por un elemento curvado. El ejemplo que vemos es una Fíbula de hoja o puente, en bronce, losa. Rota la paleta. Altura: 72 mm. Probable procedencia de Castiltierra (Museo Lázaro Galdiano, Madrid).
-Fíbula aquiliforme: con forma de águila, que se relaciona con la imagen del dios Odín, sobrecargada de esmaltes. El ejemplo que vemos son las de Alovera (Guadalajara) siglo VII (museo Arqueológico Nacional de Madrid).
Los mejores tesoros de objetos litúrgicos son los de Guarrazar y Torredonjimeno.
El Tesoro de Guarrazar (649-672) fue enterrado durante la ocupación musulmana por unos clérigos visigodos en el monasterio de Santa María de Sorbaces, en la Huerta de Guarrazar, cerca de Guadamur, localidad a pocos kilómetros de Toledo, donde fue encontrado a mediados del siglo XIX y se han perdido algunas piezas por robos y ventas parciales. El conjunto fue donado entre otros por los reyes Suintila y Recesvinto a la iglesia de Toledo como ofrendas votivas. Está compuesto por cinco cruces y seis coronas en un estilo bizantino con influencias germánicas y estaban destinadas a ser colgadas del techo. Son de oro repujado, con piedras preciosas y cristal de roca sin tallar; con perlas, cadenas y letras colgantes que constituyen los epígrafes.

La pieza más sobresaliente de Guarrazar es, sin duda, la corona de Recesvinto, que tiene veintitrés letras que forman la frase RECCESVINTHUS-REX-OFFERET.

El Tesoro de Torredonjimeno (Jaén) es también del siglo VII e igualmente fue escondido de los musulmanes, hasta que fue hallado en 1926. Tiene al menos 35 cruces y fragmentos de otro centenar. Destaca la magnífica Cruz de Torredonjimeno, realizada en oro con incrustaciones.

FUENTES.
Internet.

Exposiciones.
*<Los bárbaros. Nacimiento de un nuevo mundo>. Venecia. Palazzo Grassi (26 enero-20 julio 2008). 1.700 obras. Comisario: Jean Jacques Aillagou. Reseñas de Martí, Octavi. Las invasiones bárbaras toman Venecia. “El País” (27-XII-2007) 42. / Storch de Gracia, José Jacobo. Roma y los bárbaros. “Descubrir el Arte”, año X, nº 109 (III-2008) 19-25.

Libros.
Perea Cavea, Alicia. El Tesoro visigodo de Torredonjimeno. Polifemo. Madrid. 2009. 344 pp.

Artículos.