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miércoles, 6 de mayo de 2015

HA 4 UD 08. Arte prerrománico en Europa. Arte carolingio.

ARTE CAROLINGIO.


Busto relicario de Carlomagno.


Un resumen.
El imperio de Carlomagno.
Características del arte carolingio.
ARQUITECTURA.
Introducción.
Características generales de la arquitectura carolingia.
Capilla Palatina de Aquisgrán.
St. Germigny-des-Pres.
ARQUITECTURA MONÁSTICA.
Centula (o St. Riquier).
El Westwerk.
Crucero, transeptos y doble coro.
Las criptas.
Los monasterios: St. Gall.
El Pórtico de Lorsch.
MOSAICO.
PINTURA.
ESCULTURA.
METALISTERÍA.
ORFEBRERÍA.
MARFIL.
MINIATURA.
APÉNDICES:
LA MINIATURA CAROLINGIA.
Introducción.
Grupo de Aquisgrán.
Grupo de Ada de Tréveris.
Grupo de Ludovico Pío.
Grupo de Reims.
Grupo de Tours.
Grupo de pintores de Carlos el Calvo.
Grupos monacales secundarios.
EL ARTE CAROLINGIO EN ITALIA.

BIBLIOGRAFÍA.

Un resumen.
En el siglo VIII sólo pervive el reino franco entre los diversos reinos bárbaros que se establecieron aprovechando la caída del Imperio Romano de Occidente. Los últimos en caer fueron los lombardos, que deseaban unificar Italia pero que fueron derrotados por Pipino y su hijo Carlomagno, que finalmente conquistó Pavía en 774 y se proclamó rey de los lombardos. Esta conquista tendría grandes repercusiones artísticas, pues los afamados arquitectos lombardos pondrían su consumada técnica en la construcción de bóvedas y su arte en la decoración con arquerías ciegas al servicio de la corte carolingia.
El Imperio Carolingio era sobre todo un núcleo estable de francos alrededor del cual otros pueblos reaccionaron de modo muy diverso. Los factores de cohesión eran una firme estructura administrativa, un poderoso ejército, la alianza con la Iglesia católica, las saneadas finanzas y algunos elementos culturales como la escritura y la lengua. Los graves elementos disgregadores, que a la postre vencerían, eran la variedad de grupos étnicos y las ambiciosas familias condales con poder territorial.
El reinado de Carlomagno (786-814) significó el momento de mayor equilibrio entre estos factores, inaugurando un periodo de esplendor político y cultural, al que se ha llamado «Renacimiento carolingio», tras un largo intermedio de decadencia de la cultura antigua. No se puede generalizar para todo el Occidente europeo, pero es claro el estado de aletargamiento cultural de la Galia en los siglos VI y VII. El arte carolingio recibirá el impulso de los dos focos que mantenían vivo el legado clásico: Roma y Oriente.
El arte carolingio es un arte cortesano y eclesiástico, pues Carlomagno sueña con un imperio bendecido por Roma, en el que resalte la unidad espiritual por encima de las distintas naciones. Las primeras basílicas construidas por el emperador sólo se pueden conocer por medio de excavaciones o fuentes literarias (la iglesia del Monasterio de Céntula, en Normandía; la basílica de Fulda, en Alemania).
No son muchos los restos de la arquitectura que han sobrevivido. En los templos predomina la planta basilical aunque hay también de planta central. El crucero es más destacado que en las construcciones anteriores. Los deambulatorios son más frecuentes detrás del altar. El ábside cobra gran importancia. Las cubiertas son generalmente de madera y se apoyan en soportes cruciformes, tanto columnas como pilares.
El monumento más famoso es la Capilla del Palacio de Carlomagno en Aquisgrán (consagrada en 805), aunque no sea el prototipo de este estilo. Su autor fue Otón de Metz, que tomó como modelo la iglesia de San Vitale en Rávena y su juego de contrapesos para soportar la pesada bóveda central. Es un edificio de planta central octogonal inscrita en un polígono de 16 lados. Sus pilares sostienen una tribuna o galería superior reservada al emperador y a su corte. El deambulatorio está cubierto con siete bóvedas de arista rectangulares e intercaladas hay seis de arista triangulares.
El interior ofrece una sensación de solidez que trata de determinar espacios bien definidos e inmóviles. En los pisos superiores, los arcos están subdivididos por columnas. Las bóvedas se cubrían de mosaicos dorados según el gusto bizantino.
Otra interesante iglesia de planta central es Saint Germigny-des-Prés, en Orleans, consagrada en 806 por el obispo Teodulfo, de origen hispano-visigodo, lo que explicaría las particularidades del templo (arcos y cuatro ábsides en forma de herradura).
La iglesia de Corvey (873-85) conserva un testimonio de la llamada “obra oeste” o “cuerpo occidental” (Westwerk), típica de la arquitectura carolingia, y que consistía en un agrandamiento del edificio en su parte occidental para albergar las escaleras que daban acceso a la tribuna.
El renacimiento cultural carolingio tuvo su principal centro en la Escuela Palatina de Aquisgrán, donde se escribieron e ilustraron con miniaturas numerosas obras, como el Evangeliario de Godescalco (781-783).

El imperio de Carlomagno.


El imperio de Carlomagno.

En el siglo VIII sólo pervive el reino franco entre los reinos bárbaros que se establecieron en Occidente. Los lombardos, que deseaban unificar Italia, fueron derrotados por Pipino y su hijo Carlomagno, que finalmente tomó Pavía en 774 y se proclamó rey de los lombardos. Esta conquista tendría grandes repercusiones artísticas, pues los afamados arquitectos lombardos pondrían su técnica de construcción de bóvedas y su decoración con arquerías ciegas al servicio de la corte carolingia.
El Imperio Carolingio era sobre todo un núcleo estable de los francos alrededor del cual otros pueblos reaccionaron de modo muy diverso. Los factores de cohesión eran una firme estructura administrativa, un poderoso ejército, la alianza con la Iglesia, las finanzas y algunos elementos culturales como la escritura y la lengua. Los graves elementos disgregadores, que a la postre vencerían, eran la variedad de grupos étnicos y las ambiciosas familias condales.
El reinado de Carlomagno (768-814) significó el momento de mayor equilibrio entre estos factores, inaugurando un periodo de esplendor político y cultural, al que se ha llamado «Renacimiento carolingio», tras un largo intermedio de decadencia de la cultura antigua, que no se puede generalizar para todo el Occidente europeo, aunque era evidente el estado de aletargamiento cultural de la Galia en los siglos VI y VII. El arte carolingio recibirá el impulso de los dos focos que mantenían vivo el legado clásico: Roma y Oriente.
El ámbito espacial del arte carolingio es la inmensa zona desde el Norte de Alemania a la Marca Hispánica y norte de Italia. La cronología es aproximadamente desde 750 a 900, determinada por la historia política, al inicio y extinción de la dinastía carolingia, motivada por las invasiones de vikingos y húngaros, junto al triunfo de las fuerzas centrífugas de la aristocracia territorial. Desde el tratado de Verdún en 843 para la división del Imperio hay un periodo de decadencia en la cultura carolingia. Los centros de actividad artística germánicos ganan importancia respecto a los franceses desde el 843.

Características del arte carolingio.
En su desarrollo artístico hay tres rasgos: la decisiva acción imperial; la combinación de poderes civiles y religiosos; y las fuentes heterogéneas clásica y bárbara.
La acción imperial es decisiva, dirigida por una élite: el emperador, sus familiares y la nobleza cortesana, junto a los intelectuales que Carlomagno convocó desde todo el Imperio. Se buscaba una consolidación de la disciplina eclesiástica y una reforma de la liturgia (789) y la imposición de la regla de la orden benedictina, de acuerdo con Roma, para unificar los distintos ritos cristianos de los dominios del Imperio (lo que era muy conveniente para la unidad imperial), junto a la formación de una poderosa aristocracia político-religiosa.
Se combinan los poderes civiles y religiosos. Los acontecimientos históricos llevan a que Pipino se alía con el papado, que sustituye la alianza con Bizancio por la carolingia. Carlomagno, rey desde 776, coronado en Roma en 800, se autoproclama heredero directo de Constantino, con una manifiesta intención de continuidad respecto al Imperio romano cristiano, con la elección de un emperador por decisión divina. Es un arte áulico (y aristocrático), que se desarrolla con el apoyo de la Iglesia y de la orden benedictina, que recrean las formas artísticas imperiales del siglo  IV.
-Es áulico, porque los principales promotores son los emperadores, en la Corte imperial, en los talleres palatinos.
-Aristocrático, porque los nobles y el alto clero, que ocupan el alto funcionariado, promueven la difusión del arte. Los obispos y los abades dominan respectivamente las ciudades y los centros monásticos (una población media de unas 1.000 personas), con funciones políticas, económicas y culturales.
Las fuentes o bases de este arte son heterogéneas: clásica y bárbara, oriental y bizantina.
Hay un programa político y cultural emanado desde la Corte en Aquisgrán, en una vuelta a las fuentes de la Antigüedad, en una renovatio. Alcuino y Eginardo son los grandes intelectuales de la Corte. Los scriptoria palatinos se dedican especialmente a temas religiosos y científicos, copiando las fuentes que restaban en la Galia, y no miniaron literalmente las fuentes antiguas, sino que las pasaron del rollo al codex, haciendo ilustraciones nuevas, debido al cambio en la cultura visual, con sorprendente distorsiones, confundiendo lo latino y lo bizantino. La influencia clásica está reducida al arte del siglo  IV, confundiendo lo bizantino (predominante) y lo paleocristiano. El sustrato merovingio es muy importante (como se ve en los frontispicios). El influjo de la miniatura insular se nota en las ilustraciones de los numerosos scriptoria monacales, en Alemania y norte de Francia, y en los scriptoria palatinos.
El arte carolingio, aunque se limitó a unas pocas formas, ejerció notable influencia sobre el arte otónida, y a través de este en el románico, amén de influir en el arte anglosajón y el asturiano contemporáneos.

ARQUITECTURA.
Introducción.
El arte carolingio es un arte cortesano y eclesiástico, pues Carlomagno sueña con un imperio bendecido por Roma, en el que resalte la unidad espiritual por encima de las distintas naciones. La arquitectura destaca por sus grandes dimensiones, con soluciones tipológicas y constructivas tomadas de la herencia romana, paleocristiana y bizantina. Las formas religiosas determinarán luego el románico en Alemania y norte de Francia. De hecho, Conant llega a considerar (se debate entre llamarla prerrománica o románica) a la arquitectura carolingia como románica por tener los mismos rasgos de sillar, solidez, etc. Incluso se emplea ya el módulo matemático (medida del pie) para el trazado del edificio. Pero para Sabater es sólo un episodio prerrománico, en razón de que sus artes suntuarias y decorativas no son románicas, como el mosaico (que no existe en el románico). El apoyo de la élite religiosa a los ideales imperiales se tradujo en la construcción de gran número de iglesias y dependencias monásticas, con una función tanto religiosa como cultural, motivadas a menudo por el traslado e instauración de reliquias de santos. Asombra que entre 768 y 855 se construyeron hasta 27 catedrales, 417 monasterios y 100 residencias reales.
La arquitectura se clasifica en palatina, monástica y episcopal, según sus promotores más que por su tipología.
La arquitectura palatina es la más destacable, pero las innovaciones de mayor influencia posterior son las de los monasterios y las iglesias episcopales, construidas según un programa ideológico, político y religioso a la vez.
No son muchos los restos de la arquitectura que han sobrevivido. Las primeras basílicas construidas por el emperador sólo se pueden conocer por medio de fuentes literarias y por las excavaciones en el siglo XIX motivadas por el interés por la Edad Media, y otras fomentadas curiosamente por los destrozos bélicos del siglo XX. Así, se han podido estudiar recientemente la iglesia del Monasterio de Centula, cerca de Abbéville y la basílica de Fulda, en Alemania (comenzada en 802), con su enorme crucero. Asimismo subsisten numerosas pequeñas iglesias rústicas de una sola nave (con ábside único o triple) en el oeste de Alemania (Büraberg), Suiza (Disentis, Müstair y Münster) o en el norte de Italia (Malles), cuya construcción antes se atribuía a la acción en aquellos territorios de monjes irlandeses.     Quedan tres grandes iglesias monacales carolingias: la primitiva francesa de St. Denis, construida por el abad Fulrado y consagrada en presencia de Carlomagno (775), edificada sobre la iglesia paleocristiana anterior, con el transepto todavía junto al ábside, la iglesia de San Nazario de Lorsch (c. 774) y la de San Emerán de Ratisbona (740), con sus tres ábsides paralelos.
En los templos predomina la planta basilical, con módulos en pies (12 generalmente), aunque hay también de planta central (sobre todo en los palatinos) con cúpulas y bóvedas de influencia bizantina. El crucero es más destacado que en las construcciones anteriores, alumbrado con una torre-cimborrio con linterna que domina el exterior. Los deambulatorios son más frecuentes detrás del altar, como un pasillo que prolonga las naves laterales, que al principio fue por fuera del templo y luego penetró en el recinto. El ábside cobra gran importancia. Las cubiertas son de madera generalmente y se apoyan en soportes cruciformes, tanto columnas como pilares. El material es un robusto sillar de piedra.
De los 65 palacios carolingios, repartidos por el Imperio, hay unos pocos restos en Ingelheim (810), Padeborn y Aquisgrán. Tienen una tipología común, de conjuntos organizados en torno a patios, con varias funciones: palacio (residencia), aula regia (representación), iglesia, economía, termas, estancias para nobles, escuela, etc. Cada lugar tenía una función específica, de acuerdo a la tradición tardorromana: Tréveris, Spalato. Heitz explica que en estos palacios se combinan dos tradiciones: la de la Antigüedad con su tipología de aula regia y termas, y la germánica con las cámaras del rey y de la nobleza en madera y decoradas con telas.
Hacia 784-787 la Corte se fijó en la ciudad de Aquisgrán (con el nombre alemán de Aachen y francés de Aix-la-Chapelle), famosa por sus termas romanas. Es una ciudad palatina (centrada en el palacio) promovida por el emperador por la necesidad de emular a Bizancio hizo necesario este cambio a una capital (nunca oficial). Según Eginardo el palacio de Carlomagno era un símbolo de la cohesión imperial, planteado como una réplica del Palacio Imperial de Constantinopla y del Palacio Laterano de Roma, y fue construido por Eudes (Odón de Metz, llamado así sólo porque residió en Metz), un arquitecto bizantino, posiblemente sirio, llamado por Carlomagno. Había citas romanas antiguas: se puso una loba en el vestíbulo e hizo traer una estatua ecuestre de Teodorico (se creía que era de Constantino). Otra cita es la cristiana: la simbología del número, perceptible en la proporción de la Capilla, como trasunto de la Jerusalén Celestial.
La planta del palacio fue muy modificada en el Gótico y Renacimiento. Se conserva el atrio del palacio y parte de las paredes originales que fueron utilizadas en edificios posteriores (el ayuntamiento de Aquisgrán está sobre la Aula Regia). En 1911 se excavó el conjunto y se trazó una reconstrucción ideal. Se conocen descripciones de la decoración pictórica profana del palacio de Carlomagno, con episodios de sus campañas en España.

Características generales de la arquitectura carolingia.
La arquitectura palatina carolingia opta por la planta centralizada y las cúpulas y bóvedas bizantinas, los pilares y los sillares clásicos sin ornamentación y el cimborrio. Sigue los modelos bizantinos y clásicos.
En resumen, los rasgos de la arquitectura carolingia son:
-Sistematiza las bases del monasterio medieval.
-Desarrolla la arquitectura monumental con sillar, pilares macizos, con efectos estéticos de la piedra. Al mismo tiempo abunda la construcción en madera (incluso en las torres).
-Es el esquema básico de la planta románica, con planta longitudinal, con un transepto y gran cripta.
-Revaloriza el acceso principal del edificio, con las torres de la fachada y el cuerpo central.
-Retoma el sistema clásico de la planimetría del edificio, con módulos numéricos.
-El Westwerk, que tendrá continuidad hasta el gótico.
-En contra de la tesis de Conant, no hay preocupación por la bóveda todavía.
-Los soportes (columnas y pilares) no se articulan con la cubierta. Hay ejemplos de pilares compuestos (cruciformes, con cuatro columnas adosadas a cada lado), sin función de soporte tectónico, aunque hay diversas tesis al respecto.
-La decoración es escasa, en relieve, mosaico y pintura.

Capilla Palatina de Aquisgrán.





El monumento más famoso que ha quedado es la Capilla Palatina de Carlomagno en Aquisgrán, construida desde c. 790 y consagrada el 6 de enero de 805 ante el papa León III, aunque no sea el prototipo de este estilo. Su planta central se debe a que sirvió al parecer como mausoleo de Carlomagno, fallecido el 28 de enero del 814, enterrado en un sarcófago romano antiguo, al parecer junto al Evangeliario de Carlomagno y otros tesoros, que encontró Otón III en la solemne apertura de su tumba en el 1000.
Su autor fue Odón de Metz, que tomó como modelo la iglesia de San Vitale en Rávena y su juego de contrapesos para soportar la pesada bóveda central, aunque introdujo inteligentes modificaciones en el sentido de una mayor verticalidad aun que en Rávena (ya esta lo era respecto a las bizantinas). Se emplea el sillar macizo y bien tallado. El edificio fue restaurado en 983 y 1881 y tiene adiciones góticas y renacentistas.







Hay una dualidad de intenciones: la centralización bizantina (como en Sergio y Baco, y en San Vital) y la cruz latina (en la disposición de las iglesias laterales, capilla y atrio).



Es un edificio de planta central octogonal inscrita en un polígono de 16 lados. Sus pilares hasta el tambor de la cúpula sostienen una tribuna o galería superior reservada al trono del emperador y a su corte en vez de a las mujeres.
El deambulatorio en la planta baja está cubierto con ocho tramos de bóveda de arista de planta rectangular opuestos a los ocho lados del octógono interior, con los huecos cubiertos por cuñas triangulares de bóveda de arista.



La tribuna está cubierta con pequeñas bóvedas triangulares y rectangulares rampantes (llamadas así por estar en niveles distintos), sostenidas por grandes arcos-diafragma, sobre los que se apoyan radialmente ocho bóvedas rampantes de cañón, que soportan la cúpula superior.
El ábside es rectangular, aunque fue reformado en el Gótico. A los lados tiene dos iglesias o capillas basilicales más pequeñas, con lo que se forma un eje longitudinal y otro transversal, en una composición conjunta de cruz latina.
El interior ofrece una sensación de solidez que trata de determinar espacios bien definidos e inmóviles, sin decoración bizantina en los pilares.
En los pisos superiores, los arcos de medio punto que enmarcan el octógono interior están subdivididos por columnas antiguas (traídas de Roma y Rávena), en lo que desde abajo parece un falso segundo piso. Las bóvedas se cubrían entonces de mosaicos dorados según el gusto bizantino. Las columnas tienen fustes reutilizados.

La torre tenía entonces un tambor muy alto para la cúpula, que es gallonada de ocho secciones, y está todavía cubierta de mosaico, con una temática de Maiestas, Tetramorfos y 24 Ancianos del Apocalipsis, con un evidente mensaje político.
En el exterior la entrada tiene un atrio porticado en dos pisos, un cuerpo occidental (antecedente inmediato del Westwerk), formado por un vestíbulo muy profundo y alto.
En el primer piso hay una tribuna reservada al trono de Carlomagno, que se comunicaba a través de una galería con el palacio imperial y se prolonga en una sala sobre el vestíbulo, entonces para la capilla del Salvador (abajo la Virgen María) y la sala del gran tesoro imperial de reliquias. Flanqueando este cuerpo había dos torretas de escalera que permitían acceso directo a las tribunas (como en Lorsch). Es el esquema básico de la fachada románica (cuerpo entre torres) y luego de la gótica.
El espacio es usado en distintos niveles. El Emperador estaba en la tribuna sobre el vestíbulo, frente a la cabecera y con vistas a todos los puntos interiores y exteriores. Los nobles están en las demás tribunas. Así, hay un nivel terrenal, otro real y otro divino. Es una pirámide jerárquica, que realza el papel carolingio de vicario de Cristo en la tierra.

St. Germigny-des-Prés.





Otra interesante iglesia de planta central es Saint Germigny-des-Prés, cerca de Orléans, consagrada en 806 por Teodulfo, el obispo de Orleans (desde 799) y abad de Fleury (desde 803), de origen hispano-visigodo (de Septimania), lo que explicaría las particularidades del templo (arcos y cuatro ábsides en forma de herradura), aunque la mayor influencia es la bizantina (típico edificio centralizado). Ha sido muy modificada y hoy vemos el resultado de la excesiva restauración de 1867-1876, aprovechando algunos materiales originales.






Es muy pequeña, de unos 10 metros de ancho, con cabecera tripartita. Es de planta de cruz griega inscrita en un cuadrado, con los brazos terminados en ábsides redondeados en forma de herradura. Hay una multiplicación de capillas para los varios santos. El alzado es de cuatro pilares en el centro que definen nueve tramos abovedados. El tramo central tiene una torre-cimborrio. Los brazos de la cruz se cubren con bóveda de cañón. Los tramos en las esquinas se cubrían con pequeñas cúpulas sobre trompas a un nivel más bajo. Es el mismo modelo de la iglesia deuterobizantina, con un sistema de cuatro pilares en el centro y cubiertas a varias alturas.



La decoración cuenta con un magnífico mosaico en el ábside principal, uno de los pocos conservados de época carolingia, de estilo bizantino (rostros uniformes, fondo dorado, mármoles policromos), con una iconografía de Arca de la Alianza, la Mano de Dios entregándola y dos ángeles custodios. La Madre de Dios y Cristo no están representados en figuración, lo que se explica por el aniconismo propio de la época iconoclasta y que Teodulfo compartiría. En la cripta hay unas pinturas murales de la Vida de San Esteban.

ARQUITECTURA MONÁSTICA.
Centula (o St. Riquier).


La abadía de Centula (o St. Riquier), destruida durante la Revolución Francesa, es conocida por un grabado de 1612, copia de un manuscrito dibujado por Hariulfo en 1088. Fue edificada por el culto y poderoso abad Angilberto, amigo de Carlomagno, que suministró grandes fondos y materiales de Roma. Angilberto fue además amante de una hija del emperador, Berta, siendo los padres del historiador Nithard.
La abadía, construida entre 790 y 799, tiene un inmenso claustro triangular (referencia a la Trinidad), con una larguísima vía procesional cubierta uniendo los edificios a lo largo de 720 metros, con tres iglesias en los ángulos (una innovación, ligada a la liturgia procesional). St. Riquier es la más importante, con las pequeñas iglesias de San Benito (¿basilical?) y de Santa María (de planta central como la Capilla Palatina) en los otros dos ángulos.


El Westwerk está señalado en la parte central con unas trazas romboidales.

Las innovaciones son muchas en la iglesia de St. Riquier. Era un templo con un gran Westwerk con tres torres (toda la iglesia tenía nueve, el primer ejemplo con tantas), que se dividía en la parte inferior en un gran vestíbulo exterior abovedado (con el sepulcro de Angilberto y relieves en estuco y mosaicos dorados), con un vestíbulo interior como nártex, que era realmente un transepto occidental, con altar y pila bautismal, y una gran cubierta con una bóveda sostenida por pilares y columnas. Arriba del nártex, en el piso superior, estaba la gran capilla del Salvador, con una arquería que la separaba de la nave (como la Capilla de Aquisgrán), y rodeada por deambulatorios y galerías para el coro de niños. Arriba de esta capilla había una torre-cimborrio.
En la nave central y las dos naves laterales, con cubierta de madera, había más capillas y altares. El altar de la Cruz estaba en medio (lo que es habitual en las iglesias monásticas). Había unas criptas semisubterráneas bajo el ábside.



La capilla de St. Riquier estaba en el ábside principal, precedido por un presbiterio cuadrado más elevado que la nave, con funciones de coro, lo que diferencia esta iglesia de las paleocristianas. Otras dos torres circulares y en el crucero una gran torre-cimborrio eran simétricas a las del Westwerk.
Había una simetría entre los dos lados opuestos de la iglesia, una bipolaridad de focos, como si fuera una doble iglesia, con naves amplias pero poco longitudinales, con simple función de paso, muy compartimentadas por cuatro monumentos (Natividad, Pasión, Resurrección y Ascensión), altares, canceles y tapices-cortinas.
Su iglesia modelo es la paleocristiana, pero cambiada debido a las reformas en la liturgia y por el retorno a las fuentes constantinianas con una valorización del extremo oeste de las iglesias (Constantino las había dirigido hacia el oeste y se recupera esta tradición).
Se conoce el ceremonial por un escrito del propio Angilberto. La adopción de la liturgia procesional romana implicaba cambios en el espacio, que fueron posibles por el avance en las técnicas constructivas y la prosperidad de la época carolingia. Era una liturgia larga y repetitiva, con mucha necesidad de espacio. Cada día los 300 monjes y 100 novicios hacían tres procesiones (al ábside, Westwerk y centro de la nave) y los domingos cuatro procesiones. En esta época las reliquias son llevadas desde Italia a las nuevas iglesias francesas, que se pelean por ellas porque las multitudes de peregrinos fomentan la riqueza de los monasterios y ciudades. Hay nuevas necesidades que cubrir: guardar las reliquias y albergar a los peregrinos, lo que exige un mayor desarrollo de las naves transversales, de los transeptos y de las criptas, que dejan de ser exclusivos para el clero y se abren a los peregrinos para visitar las reliquias. La cabida se aumenta con tribunas, no sobre las naves laterales como en el arte paleocristiano, sino sobre los cuerpos occidentales y los transeptos.

El Westwerk.
El Westwerk (se puede definir como fachada, anteiglesia, macizo o cuerpo occidental), tras el impacto sobre sus contemporáneos del edificio de St. Riquier, se puso de moda, con dos funciones: religiosa, al facilitar el poner otro altar para el Salvador y consagrar más reliquias; política, al realzar el lugar donde el emperador y el obispo asisten a misa, imparten justicia, siguen las ceremonias de investidura y homenaje.
Los historiadores alemanes piensan que el Westwerk es sólo un elemento de liturgia imperial, en la que la planta superior se reserva al emperador y la administración de justicia. Hubert encuentra influencias romanas (la vuelta a la tradición de Constantino), Heitz le da una lectura política (función imperial) y Conant la asocian a una liturgia del Salvador inspirada en el Apocalipsis.




Abadía benedictina de Corvey (Alemania), h. 873-885, actual iglesia de San Vito.

La iglesia de Corvey (830-844), creada como una nueva Corbie, conserva todavía un Westwerk añadido posteriormente (873-885), típico de la arquitectura carolingia, con un agrandamiento del edificio en su parte occidental para albergar las escaleras que daban acceso a la tribuna, con torres a los lados, siendo el precedente de los futuros templos medievales.
Es casi seguro que tuvieran un Westwerk, como el conservado en Corvey (884), las iglesias de Corbie, St. Denis, Lorsch, Ratisbona y Centula, así como la Capilla de Aquisgrán. Es seguro que también lo tenían las iglesias de Reims (852), Halberstadt (859) y Hildesheim (872). Pasaría a la arquitectura románica y gótica con inmenso éxito (Santiago, Cluny, etc.).
El modelo general de Westwerk se superpone a la entrada (que queda formando un zaguán o cámara baja) y consiste en una alta estructura soportada por robustos pilares que se eleva en la fachada flanqueada por dos torres-campanarios, con otro remate turriforme en el centro un poco atrás, sobre el coro-tribuna (la alta estancia imperial donde se instalaba el trono del emperador), desde la cual podía seguir la misa a través de una apertura interior sin parapeto, habiendo otra para ver el exterior. Los textos de la época denominan al westerk como «triturrium o tres torres».
El Westwerk se relaciona con la revalorización del Oeste, en los ejemplos de Fulda (el enorme crucero está en el oeste) y Corvey. Destaca la fachada principal con un cuerpo entre torres. Es un esquema compositivo turriforme. Puede ser de dos torres, o de tres cuando el Westwerk da a la nave transversal (transepto o crucero) y se le pone una tercera torre. El westerk tiene en la planta baja un vestíbulo de entrada que conduce a la nave transversal. Arriba hay un sistema de tribunas o galerías y en el tramo central hay una torre. En Fulda no hay un Westwerk porque no hay un elemento en alzado. Westwerk sólo hay cuando se destaca la fachada realmente, asociada a una nave transversal.

Crucero, transeptos y doble coro.
El crucero reapareció en la arquitectura carolingia después de su desaparición en los «siglos oscuros», por influencia de Roma. Más que de crucero cabe hablar de transepto o nave transversal.
Los transeptos (cuando los hay) pueden ser de dos tipos:
-Dividido por un profundo tramo de presbiterio.
-Duplicado (o doble transepto, en ambos extremos), en St. Riquier y en Colonia, que puede estar en el Westwerk o sólo estar asociado a un doble coro.

El doble coro semicircular (en la entrada y en el ábside principal opuesto) viene motivado por la necesidad de instalar reliquias, que se colocan tanto en el ábside principal como en el otro extremo del templo, lo que sirve para occidentalizar la iglesia. El ejemplo más antiguo es el del monasterio de San Mauricio de Agaune (Suiza). Otros ejemplos son San Salvador de Paderborn y San Wilibrordo de Echternach.
Hay dos tipos:
-No asociado al transepto. En St. Gall y en Fulda el doble coro está colocado fuera del transepto, que está en los pies de la iglesia, así como el altar mayor.
-Asociado al transepto. El doble coro en Colonia está asociado a un doble transepto, lo que ocurrió también en otros casos.

Las criptas.
Las criptas para las reliquias son lugares de gran experimentación (junto con la bóveda y la planta), como antecedente de las cabeceras del Románico. Hay varios tipos: anulares, en forma de una sola cámara abovedada o de tres enlazadas con pasadizo. La evolución las diferencia en dos etapas:
Primera, las de herencia paleocristiana, inspiradas en Roma, que serían del siglo VIII, como las «confessio», muy pequeñas, con un nivel muy cercano a la planta. El presbiterio está muy elevado para dar sitio a la cripta circular, que partiendo del crucero llevaba al santo. El ejemplo es St. Denis (787).
Segunda, la evolución desde este modelo fue rápida:


St. Philibert-de-Grand-Lieu.

En St. Philibert-de-Grand-Lieu (836-839), la cripta se reformó para albergar a los numerosos peregrinos. La cripta con su cámara sepulcral y los pasadizos estaba a nivel del suelo por lo que el pavimento del ábside se levantó por encima del de la nave. Los pasadizos fueron sustituidos (antes de 847) por capillas, abarcando parte del transepto y de las naves, formando un camino procesional escalonado a distintas alturas [se ve una imagen de un pasadizo con una pasarela de piedra a media altura] con absidiolos. El deambulatorio de la nave deja de mostrar al exterior la forma del ábside para presentar dos ángulos rectos (una novedad).


Cripta de Saint-Germain de Auxerre.

En Saint-Germain de Auxerre (841-858) se define la cripta-vestíbulo, totalmente subterránea, más amplia, ocupando toda la cabecera e incluso parte del transepto. La planta de la cripta (c. 850-859) es enorme, creando un camino procesional (deambulatorio) alrededor del altar mayor, con absidiolos escalonados para los altares de los santos menores, acabando el camino debajo del ábside en una rotonda. No es ya una confessio sino una verdadera sala con columnas. Es un antecedente de Cluny, el tipo de planta de cabecera escalonada con deambulatorio.




Cripta de St. Médard de Soissons 

La abadía de St, Médard antes de su destrucción, en un grabado antiguo.

En St. Médard de Soissons solo sobrevive hoy la cripta, que cuenta con un camino procesional. Los tramos de bóveda son de arista (que serían los típicos de la cripta románica). Albergó las tumbas de los príncipes merovingios.
Pero en las grandes iglesias abaciales carolingias la cripta permanece casi al mismo nivel de la planta, con una escalera de sólo dos o tres escalones, al estar muy elevado el santuario en el ábside principal. El coro cerrado de los monjes estaba al pie del santuario y así los fieles en la nave de la iglesia podían ver el altar mayor.

Los monasterios: St. Gall.
La arquitectura de la orden benedictina domina en Occidente desde que Carlomagno ordena que su regla sea obligatoria en el Imperio desde 789. Había una gran proliferación de monasterios y se necesitaba una planificación de sus funciones y estructura, combinada con una reforma del monacato, con imposición de vida comunitaria a los monjes eremitas.
La vida comunitaria exige un conjunto común de edificios, con especialización de funciones para los diversos edificios. La planta del conjunto era poco organizada al principio del siglo VIII, como muestra el ejemplo de Jumièges, pero luego los planes constructivos fueron muy ambiciosos, con una estricta planificación. La primera sistematización es parcial en la iglesia principal (que tiende a la monumentalidad), el claustro, el refectorio y el dormitorio, para completarse en el Románico en Cluny. Se conocen las protestas de los monjes por una excesiva tarea constructiva, como fue el caso de Fulda (791-821), cuyo abad quería competir con el edificio de San Pedro de Roma, debiendo intervenir el emperador para moderar al abad.
Los monasterios más importantes están en Francia: Tours, St. Denis, Corbie (uno de los mayores, con gran influencia), Centula (o St. Riquier). En Germania y Suiza están: St. Gall, Fulda, Hersfeld, Reichenau, Lorsch y Metz.



Plano del monasterio de St. Gall (a menudo San Galo en español y Saint-Gallen en alemán).
Hay un plano ideal de St. Gall, realizado de acuerdo con las ideas adoptadas en un sínodo (hubo dos en 816 y 817, este más permisivo, que sería el que se seguiría en St. Gall, según Horn y Dobsch), celebrado cerca de Aquisgrán para consejo litúrgico y arquitectónico de los abades del Imperio, cuya copia fue enviada a Gozbert, abad de St. Gall (816-36), por el abad Haito de la abadía de Reichenau, uno de cuyos monjes es el escritor y dibujante. Al acabarse las obras en 870 el plano ideal había sido modificado en gran parte pero sirve para conocer cómo eran la mayoría de los monasterios. En 1965 se encontraron folios de este plano en la abadía de Reichenau. Es el primer plano conocido antes del siglo XIII, con una intención planificadora total, sobre los edificios, árboles y plantas, santos de cada capilla, mobiliario, etc.


Reconstrucción hipotética de acuerdo al plano.

El trazado de los edificios y la iglesia tiene un sistema modular con cuadrados. El modulo es de 40 pies (12 metros), con clara simbología numérica (el 40 se asocia a la Penitencia y la Paciencia y hay exactamente 40 edificios en el plano ideal).
Hay cuatro áreas, atendiendo a la división de los monjes en monjes y novicios, así como para los residentes permanentes y los peregrinos o viajeros:
-La principal es la clausura de los monjes, con una iglesia monumental (con un transepto delante del ábside) y el resto de los edificios para los monjes adosados a la cara sur, con una estricta regularidad: claustro, dormitorio conectado con la iglesia, refectorio, cocina, bodega, baños y letrinas. El scriptorium y la biblioteca (en el piso de arriba) están en el diaconicon (lado norte de la cabecera, a la derecha vista desde el altar), con la sacristía y el vestuario en la protesis. La biblioteca en los posteriores monasterios estará junto al claustro, debajo del dormitorio.
-En el lado norte, con edificios regulares, para la relación exterior del monasterio: el palacio del abad (conectado con el scriptorium y con la iglesia a través de él), los servicios del palacio abacial, la escuela, el albergue de los nobles y visitantes ricos, y los servicios de este albergue.
-Detrás de la cabecera de la iglesia el espacio se reserva para los novicios y los enfermos, con la enfermería, cementerio (siempre cerca de la cabecera), capilla propia, dormitorios, huertos, establos, etc.
-A los pies de la iglesia y al sur de la zona de clausura, están los servicios complementarios y la zona abierta a los pobres: establos, panadería, tiendas comerciales, almacenes, limosnería, albergue de los pobres, huertos, etc.
En la iglesia hay una armónica división en módulos, con tres tramos cuadrados en la nave mayor, mientras que las naves laterales son la mitad de anchas que la central. La planta longitudinal de la basílica tiene un crucero y un coro ante el ábside principal al Este, con ábside contrapuesto con altar en el Oeste. La entrada, muy longitudinal, se alinea con la misma entrada principal del monasterio, con un atrio semicircular porticado que conecta a dos torres-escalera, donde también había altares. La función de la iglesia era doble, de oratorio para los monjes e iglesia popular para los habitantes de la parroquia y los peregrinos. Los ábsides contrapuestos de las iglesias son para aumentar el número de criptas y realzar la planta. Además había numerosas capillas y altares, separados con canceles que compartimentaban el espacio. Por el mismo motivo había numerosas entradas laterales.

El Pórtico de Lorsch.


La abadía de Lorsch nos ha legado un pórtico (c. 800), cuyo modelo sería el propileo de San Pedro de Roma, donde eran recibidos los grandes dignatarios visitantes.



Está en la entrada al atrio del conjunto. La planta baja está inspirada en los arcos de triunfo, con tres entradas. En el primer piso tiene una sala amplia, con planta similar a la forma típica de vivienda de la época, con un acceso a través de dos torres adosadas. La cubierta es de doble vertiente.
Serviría como sala de recepción o vivienda del abad o para residencia del emperador en sus visitas. Posteriormente fue transformada en una capilla y finalmente en la casa del guarda.



La decoración y el aparejo son clásicos, con losetas de piedra roja y blanca en el muro de opus reticulatum. El interior está decorado con un fresco mural, una cita clásica de la arquitectura, una imitación pompeyana, parecido al asturiano de San Julián de Prados (Santullano).

MOSAICO.
Los pocos restos de mosaico han sido ya citados en las obras arquitectónicas.



En la Capilla Palatina de Aquisgrán las bóvedas se cubrían de mosaicos dorados según el gusto bizantino y en la cúpula hay (según Durliat, ya que Hubert desconocía en su libro que se restauraron en 1965) un mosaico con una temática de Maiestas, Tetramorfos y 24 Ancianos del Apocalipsis, con un evidente mensaje político.

En St. Germigny-des-Prés hay un magnífico mosaico en el ábside principal, también de estilo bizantino (rostros, dorado), con una iconografía de Arca de la Alianza, la Mano de Dios entregándola, ángeles custodios. La Madre de Dios y Cristo no están representados en figuración, lo que se explica por el aniconismo propio de la época iconoclasta y que Teodulfo compartiría.

PINTURA.
La pintura profana es muy escasa y sólo tenemos descripciones de los cronistas, como la decoración del palacio de Carlomagno en Aquisgrán, con episodios de sus campañas en España, así como las del palacio de Ludovico Pío en Ingelheim, con figuras heroicas guerreras; y los frescos decorativos del pórtico de Lorsch.
Los únicos frescos que han sobrevivido son los religiosos.




Vista de conjunto de la cabecera y detalle de los frescos de San Juan en Müstair.

Destacan sobre todo los de la iglesia de la abadía de San Juan en Müstair (cantón de Grisones, Suiza), con un ciclo de evidente función didáctica, con estilización estereotipada, sin una buena técnica ni concisión. Tiene tres imágenes de Cristo (una en cada ábside), el Juicio Final en el muro Oeste, y un resumen narrativo del AT y NT en los muros laterales, con 82 paneles rectangulares distribuidos en cinco secciones. En la parte baja de los ábsides está la vida de santos ilustres (Pedro, Pablo, Esteban...). Una arquitectura ilusionista crea ambiente, tomando el tema y la forma de la miniatura.


La lapidación de San Esteban.

La cripta de St. Germain de Auxerre muestra tres escenas (como la prisión y la lapidación) de la Vida de San Esteban, retratos de obispos alineados y una decoración vegetal (c. 841-857), una forma y tema que parecen tomados de la miniatura carolingia.

La iglesia de Tréveris tiene la Vida de San Maximino. La Capilla de San Benito en Malles (Italia, antes de 881) atesora figuras muy conseguidas. La iglesia de San Procolo (Naturno, Tirol de Italia) muestra pinturas de un estilo popular, emparentado con el arte precarolingio. Muy similares debieron ser las pinturas de San Julián de Prados (Santullano), del arte asturiano.

ESCULTURA.
La escultura fue escasa, de tema áulico y religioso, con la misma técnica de bajorrelieve merovingia y temas geométricos muy sencillos. Se recuperó la tradición de Teodorico, que en la mentalidad de la época era el representante de la antigua dignidad romana. Carlomagno hizo llevar a su palacio en Aquisgrán la estatua ecuestre de Teodorico (algunos autores dicen que se la confundió con una de Constantino), a imitación de la gran estatua ecuestre imperial que ornaba la entrada de Santa Sofía en Bizancio.

Imitación de la estatua de Teodorico puede ser esta estatuilla ecuestre que representa posiblemente a Carlomagno o a Carlos el Calvo (Museo del Louvre), con un marcado hieratismo en el personaje. El caballo es una restauración muy posterior, de estilo gótico.
Fue usual la escultura en estuco (se ha querido ver en los estucos de Cividale un ejemplo de escultura carolingia), pero han quedado pocos restos, en las columnas en estuco de Malles.
En los capiteles se usó muy poco el mármol. Los corintios se imitaron en piedra y aljez (piedra de yeso). Sus formas anuncian las románicas. Los canceles son muy abundantes en las iglesias, labrados con composición simple, con la cruz, motivos vegetales, con bajorrelieve.

Trono de Carlomagno, en la Capilla Palatina de Aquisgrán. Realizado en 790, con placas de mármol blanco traídas de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. En él se coronaron numerosos emperadores posteriores del Imperio Romano Germánico. Los súbditos debían pasar por el corredor inferior, como señal de reconocimiento y obediencia. La placa trasera muestra una representación de la Crucifixión.

METALISTERÍA.


Puertas de la Capilla Palatina de Aquisgrán.

La metalistería nos ha proporcionado las monumentales puertas y rejas de bronce de la Capilla Palatina de Aquisgrán, fundidas en el taller imperial (para Janson importadas de Italia). Las puertas tienen un medallón en el centro de estilo antiguo con una cabeza de león. Destaca el Trono de Dagoberto (c. 800), que después estuvo en St. Denis, que es una silla plegadiza con respaldo, que imita las antiguas sillas curules romanas, con patas curvas en forma de cabeza de pantera y pies en garra, decorado en algunas partes.

ORFEBRERÍA.
La orfebrería fue muy rica, con adornos afiligranados, con engastes de perlas y cabujones (piedra preciosa pulimentada en forma convexa y no tallada) bárbaros.


La corona imperial de Carlomagno, repujada en piedras preciosas y perlas.


Urna funeraria de Carlomagno; contiene sus restos. Se guarda en la Capilla Palatina de Aquisgrán.

La influencia del arte de las estepas debió provenir de la conquista del inmenso tesoro de metales preciosos del ring de los reyes ávaros por Carlomagno en 796. Los relicarios se adornaron con variadas técnicas de esmalte, así como las religaduras de los libros. Un bello ejemplar de jarrita labrada en oro (regalo de Carlomagno al santuario de San Mauricio en Augane) emplea en su decoración placas de esmaltes sasánidas. El relicario de Enger (Museo de Berlín), fue posiblemente regalado por Carlomagno al jefe sajón Witekind cuando fue bautizado.
El altar de San Ambrosio de Milán fue labrado en oro y plata (el brillo áureo era una manifestación divina) por el orfebre Wolvinus (835), en un taller del Rin, influido por la escuela de miniatura de Reims, con una iconografía muy rica y monumental, en una cara con modelos paleocristianos y en la otra cara con un modelo bizantino. El grabado en cristal de roca nos ha dado el Disco de Lotario II, con escenas descriptivas de la historia de Susana (British Museum).

MARFIL.
Las placas de marfil labradas reviven la importancia del marfil romano y el del primer periodo bizantino, aunque recibió influjo del coetáneo arte bizantino. Las aplicaciones en libros son los marfiles más interesantes. El estilo es variado, con escuelas muy distintas. Destacan las tapas del Evangeliario de Lorsch (Victoria & Albert Museum y B. Vaticana), en un primer estilo con sede en Aquisgrán, muy influido por el arte paleocristiano en las figuras humanas. La escuela de Metz, iniciada con el arzobispo Drogón, a principios del siglo IX, produjo marfiles para los ricos códices, guardados en la Biblioteca Nacional de París, y siguen una evolución hacia la vivacidad. En una escena de Adán y Eva en el Paraíso abundan los animales mitológicos. El tema más repetido es la vida de Cristo.
El maestro Liuthard hizo las dos placas de marfil de un salterio, con unos excelentes movimiento y psicología. A finales del siglo  IX destacó el monje Tuotilo en St. Gall, con una técnica más esquemática y adornos vegetales. Destaca también la tapa del Evangeliario de Lorsch, heredera de los dípticos consulares. También destacan las empuñaduras de báculo y los peines litúrgicos de la última etapa del arte carolingio.

MINIATURA.


Tres sacerdotes: Alcuino de York,  Rabano y Mauro.

Destaca el papel del scriptorium de Aquisgrán y su influencia palatina que se difunde por los scriptoria alemanes y suizos, que se independizan posteriormente.
Hay dos tendencias en la miniatura carolingia, la palatina de tipo clásico, dividida en escuelas, y la tendencia más relacionada con la precarolingia (de influencia insular y continental), que no se divide en escuelas.
Los libros miniados son los textos de la Antigüedad clásica y, sobre todo, los litúrgicos, con evangelios, sacramentarios, salterios. En época tardocarolingia se ilustran también las biblias, cuando se crea una iconografía de poder, con la imagen del emperador en los Libros.


Portada del Evangeliario de Godescalco.

La ilustración se ubica en el Evangeliario según las normas insulares, en las cuatro hojas de portada y las cuatro de incipit con las iniciales, así como también en la página-tapiz. En cambo, no se ilustra el anagrama de Cristo, en la página llamada «ji-rho» de la miniatura insular (es un ejemplo de la mayor independencia respecto a los modelos paleocristianos).
Es muy novedosa e importante la sistematización de la decoración de los sacramentarios (en lo que sería un premisal). En miniatura precarolingia se decoraba una parte del sacramentario: la oración eucarística, el prefacio y el incipit. La novedad carolingia es que se decora la página de prefacio con una ligadura de letras, mientras que el canon missae se decora con el Vere Dignum (letras U D) y también se decora la página del canon con una letra T en forma de cruz (asociada a Cristo). Esta sistematización se transmite a la miniatura románica.
En la técnica se sigue la misma anterior de la aguada, salvo en el Salterio de Utrecht, que sólo usa la pluma y la tinta monocroma.
La recuperación de la figuración humana es su principal característica, en una parcial vuelta al clasicismo, en parte por la copia de obras bizantinas y en parte porque llegan artistas bizantinos, aunque hay siempre una estereotipación relativa en estas figuras, que no se confunden con las romanas.
Incluso en esta corriente clasicista los motivos ornamentales siguen los modelos insulares. En el Salterio de Dagulfo la cenefa tiene motivos vegetales, con la inicial decorada muy legible, siendo importante que las iniciales decoradas carolingias son reconocibles, lo que era siempre dudoso en la insular. Esto significa una clara separación de texto e imagen. Se recargan los motivos con elementos de oro (crisografía) y el fondo de color púrpura, que son rasgos imperiales.
Las escuelas principales de esta corriente clasicista son:
1) Escuela de Palacio, con dos scriptoria: A) Taller de Ada de Tréveris, B) Taller de Palacio de Aquisgrán.
2) Escuela de Reims.
3) Escuela de Tours.
Probablemente los Evangelios de Ada de Tréveris son anteriores a los de la escuela palatina. Destacan las imágenes del grupo de Ada, San Lucas y San Mateo [presentadas en una sola diapositiva], con el evangelista sentado en un trono con un marco arquitectónico de inspiración clásica, con un gran trabajo de la línea y colores azul, rojizo y amarillo. En esta escuela destacan el motivo del trono y el dibujo lineal, mientras que en la otra escuela palatina predominan el color y el volumen de inspiración clasicista. Este grupo de Ada de Tréveris marca el último tercio del siglo  VIII, con cambios en su evolución. Sabater incluye dentro de este grupo el Evangeliario de Godescalco, con la oriental Fuente de la Vida.
El grupo del taller del palacio de Aquisgrán, con el Evangeliario de la Coronación o de Carlomagno, será para Sabater el grupo de Ludovico Pío según la exposición de Porcher. Presenta sus característicos color y volumen, en pose ora frontal y ora de perfil, con las imágenes de los evangelistas San Juan (frontal), San Marcos (frontal) y San Mateo (en pose de perfil de escritor clásico escribiendo), con fondo de naturaleza esquemática. Debieron ser copia de modelos bizantinos.
La Escuela de Reims tiene el Evangeliario de Ebbon (o Ebbone), que nos muestra el mismo modelo clasicista bizantino del libro anterior, en el San Mateo, escribiendo de perfil, pero con un trazo nervioso, apasionado, expresivo. Es de principios del siglo IX. Destaca el paisajismo.


 El evangelista San Mateo. Evangeliario de Ebbon.

El Primer Salterio de Utrecht (c. 820-830), es un trabajo monocromo, a la pluma, con yuxtaposición de escenas en una misma página, lo que es un rasgo anticlásico. Pacht explica que se debe al contenido del Salterio, una compilación de salmos, de lenguaje alegórico y metafórico, lo que implica explicar e ilustrar ideas sueltas, sin continuidad del texto. Schapiro explica el dibujo nervioso por el intento de exponer la excitación mística del pintor, con expresividad.
El taller de Tours, de época tardocarolingia, de c. 840 a 900, con los mismos libros litúrgicos más la novedad de las Biblias. El modelo de evangelista es el mismo anterior, en el pupitre, con un lenguaje ya medieval, no clasicista, sin perspectiva ni naturalidad ni proporción de la figura. No hay referencias ni arquitectónicas ni de paisaje naturalista en una imagen que nos presenta (con dos registros) y un fondo neutro.
La Biblia de Carlos el Calvo. Destaca la Biblia de Tours (840), relacionada con los Beatos mozárabes, por la disputa adopcionista, y de ella sobresalen unas escenas del Génesis (en cuatro calles horizontales), con una gran eficacia didáctica. El Evangeliario de Tours presenta a San Mateo (muy sencillo, escribiendo, con un ángel arriba, separados por una franja roja).
En las biblias, como la de Viviano (846), que presenta al emperador Lotnio en su trono, se introducen imágenes del emperador en su trono, como una maiestas. Es una novedad que pasa al arte otónida. La ilustración está en el Libro de Lotnio.
Las obras de los centros periféricos sigue la tendencia de la miniatura precarolingia, al ser menos influidos por la Corte. St. Gall, Reichenau, Metz, Corbie... En Francia Poitiers (con Sacramentarios). Pervive lo merovingio en Francia, mientras que en Germania hay más influencia de la miniatura insular. Hay una nueva inmigración de artistas insulares, por los ataques normandos. Los elementos figurativos están más subordinados a la decoración, que transforma las figuras. Lo ornamental predomina, con vegetales, animales. Evangeliario de Flavigny (con sus rollos verticales). No se asimilan los modelos anteriores de un modo mimético, como se ve en las iniciales (que son legibles claramente). Se mantiene también la simbología imperial del color en el fondo púrpura (aunque no habrá crisografía en esta tendencia). Se ornamentan otras iniciales a lo largo del texto en los Evangelios, con pervivencia de lo merovingio (zoomorfia), o insular (no zoomorfia). Aparecen las iniciales historiadas, con el vacío de la letra para situar escenas pequeñas, como en el Sacramentario de Dagulfo (posiblemente de Metz). También hay iniciales habitadas, con el uso del propio cuerpo de la letra. De un Salterio de Corbie destaca otra inicial historiada.

APÉNDICES:
LA MINIATURA CAROLINGIA.
Introducción.
La fuente principal para su conocimiento ha sido Porcher (en su libro conjunto con Hubert y Volbach).
La miniatura fue la más innovadora de las artes carolingias. El emperador, en 789, había ordenado, junto a la reforma litúrgica unificadora, que se rehiciesen los Libros Sagrados de acuerdo a los modelos romanos y promovió una inmensa obra de copia e ilustración de los textos.
Se copiaron textos científicos: bestiarios, calendarios y tratados geométricos, y textos religiosos: evangelios y evangeliarios, biblias, salterios y sacramentarios.
Destaca la elegante letra carolingia (que ha pervivido hasta la actualidad), basada en las letras mayúsculas romanas, impuesta por el emperador para facilitar la difusión cultural, de acuerdo a un modelo desarrollado antes de 781 en la abadía de Corbie (el mayor scriptorium merovingio) por el abad Maurdramnus. El siguiente abad, Adalardo (entre 781-826), primo de Carlomagno, fue decisivo en esta difusión.
La palabra y la imagen se ponen de acuerdo, intercalando la imagen para difundir el mensaje sagrado con mayor facilidad al tiempo que se multiplica la variedad de la iconografía, volviendo a la figura humana, aislada o en grupo, de Cristo, los Apóstoles, reyes, etc. La decoración tiene elementos vegetales (acantos y hojas) y entrelazos.
Predomina la ornamentación a página completa, con escenas en fajas. Las letras iniciales se decoran con fruición. La página es envuelta en una gran orla, de influjo insular. Son representaciones planas, pero con efectos de modelado.
Hay numerosas escuelas y grupos, tanto en Aquisgrán como en los scriptoria monacales, con graves problemas de atribución, siempre polémica y abierta a investigaciones.

Grupo de Aquisgrán.
El renacimiento cultural carolingio tuvo su centro en la Escuela Palatina de Aquisgrán, impulsada por la familia imperial y Alcuino de York, donde se escribieron e ilustraron con miniaturas numerosas obras antiguas.
El nuevo influjo bizantino y del clasicismo tardío es evidente en esta escuela, que mantiene las páginas iniciales y el adorno de entrelazo según el estilo de los códices insulares. En Aquisgrán hay varios grupos o talleres, que se diferencian seguramente por sus mecenas, que imponían su gusto y el modelo a copiar.


La Virgen María. Evangeliario de Godescalco.

Destaca el Evangeliario de Godescalco (781-83), en la Biblioteca Nacional de París. Fue un encargo imperial de una compilación de extractos de Evangelios, de acuerdo a modelos iconográficos y figurativos bizantinos pero con decoración y técnica insulares. Presenta una página ilustrada con la Fuente de la Vida (tema paleocristiano de Siria del siglo  VI), con un pórtico columnado, decoración de motivos animales (sobre todo pájaros), vegetales y geométricos, con una cruz en la cúspide. Los Evangelistas siguen la tradición figurativa bizantina. El grupo de ilustradores de este Evangeliario de Godescalco fue sustituido y no se conocen otras obras suyas.

Grupo de Ada de Tréveris.
Se considera que el grupo de Evangelios llamados de la abadesa Ada de Tréveris (supuesta hermanastra de Carlomagno), pertenece a otra escuela de Aquisgrán (aunque los libros estén guardados en Tréveris). Tiene un estilo más evolucionado y medieval que las obras anteriores. Se pintan después de 785, tal vez por influencia de Eginardo. Las imágenes de San Lucas y San Marcos se pintan en un contexto arquitectónico imperial.

Destaca el Codex Aureus de Tréveris, de influencia bizantina, con los Evangelistas sentados en un gran sillón y en el tabernáculo.
Otros códices de c. 800 (para Durliat, pero no para Porcher, relacionados con el grupo de Ada) son los Evangelios del British Museum, los Evangeliarios de St. Médard de Soissons (donados en 827 por Ludovico Pío), con un carácter clásico y composición en un fondo arquitectónico y los Evangelios de Lorsch.

Grupo de Ludovico Pío.


San Mateo. Evangeliario de Carlomagno.

De otro taller de Aquisgrán, pero con influencia italiana, es el Evangeliario de Carlomagno o de la Coronación (Tesoro Imperial de Hofburg, Viena), porque fue usado en la coronación de los emperadores, encontrado (1000) tal vez en su tumba sobre sus rodillas y hecho en 800-810. Entre sus páginas destaca la figura de San Mateo, de acuerdo a la tradición pictórica romana, en pose de escritor clásico que lee su libro y con un adorno de hojas de acanto en el ancho marco que aparenta ser una clásica ilusión de ventana, aunque rodea al santo una gran aureola dorada típicamente medieval. Los evangelistas están en plena naturaleza, sin elementos arquitectónicos. Es posible que fuera una copia de un texto tardorromano, porque es muy helenista en su composición.


Evangeliario de Aquisgrán.

Del mismo grupo (según Porcher) son los Evangelios de la catedral de Aquisgrán, con los signos de los evangelistas en los ángulos sobre sus figuras en pose de escritor y los Evangelios de Xanten (Biblioteca Nacional de Bruselas), que se diferencian porque los evangelistas no llevan nimbo (característica muy bizantina). Para Porcher tal vez están hechas las tres obras del grupo para Ludovico Pío, hijo de Carlomagno, en 790-810.

Grupo de Reims.
El grupo de Reims nos ha dado obras extraordinarias, de enorme influencia posterior, promovidas por el mecenazgo de Ebbon, arzobispo de Reims en 816-841.


San Lucas. Evangeliario de Ebbon.

El Evangeliario de Ebbon (Biblioteca de Epernay), es anterior a 823. El libro se escribió e iluminó en el monasterio de Hautvillers (cerca de Reims). En las páginas con figuras de los evangelistas es notoria la influencia bizantina. El dibujo es enérgico, con un movimiento extraño en las figuras, las casas y el paisaje, como sometidos a un vendaval. El evangelista San Mateo tiene la mirada fija no ya en su libro, sino en su símbolo (león alado con un pergamino enrollado, que actúa como transmisor del texto sagrado). El hombre está sometido a la voluntad divina. Es el mismo modelo clásico del Evangeliario de Carlomagno pero ya traducido al arte carolingio. Los índices tienen una decoración arquitectónica clásica, con figuras espléndidas de trabajadores en los tejados. ¿San Juan? sí que escribe el libro, pero con el mismo dibujo inquieto, agitado, expresivo, con un paisaje estilizado, esquemático y dinámico.

La Santa Cena y escena de Judas. Salterio de Utrecht (c. 820-830).

En este mismo monasterio también se realizó otra obra maestra, pero de otro estilo, el Salterio de Utrecht (Biblioteca Universitaria de Utrecht), realizado c. 820-832, adornado con viñetas dibujadas a la pluma, con sólo leves toques monocromos, trazados con un toque nervioso (sin duda de influencia bizantina), con una energía aun mayor que la del Evangeliario de Ebbon. El modelo debió ser también muy antiguo, por la escenificación arquitectónica y paisajística de los episodios y el empleo de letras mayúsculas romanas, pero el ritmo extraordinario del dibujo es medieval. La iconografía trata de visualizar el texto de un modo dramático y didáctico.
Otras obras son los Salterios de Oxford y Troyes, con las mismas formas vibrantes, apasionadas, y obras científicas, los Physiologus, con un naturalismo excelente en figuras, vegetales y animales. Los Evangelios de Hyncmar (B. Mun. de Reims), después de 845, son de un diferente grupo de artistas, pues se despidió por motivos políticos al grupo de Ebbon c. 833, que se desperdigó por Tours, Metz y otros scriptoria.

Grupo de Tours.
El scriptorium de San Martín de Tours (hubo otro en la ciudad, en Marmoutier) se caracterizó por la riqueza de la decoración. Fue dirigido entre 796 y 804 por el abad Alcuino de York, aunque este no aportó influencias insulares, sino de la escuela de Aquisgrán (con la venida de artistas después de la muerte de Carlomagno en 814). Obra primera de este taller, con el mismo evidente clasicismo de Aquisgrán, es el Evangeliario de San Gaucelino (catedral de Nancy). Evolucionará el taller hacia planos rigurosamente delimitados de concepción medieval, con un Cristo en Maiestas en una mandorla rodeado por cuatro profetas mayores y de los evangelistas (enmarcado en un rombo inscrito en un rectángulo).
Aumentó su importancia con el abad Fridugiso, en 807-834 y hacia 833 recibió influencias de los artistas venidos de Reims, con los abades laicos Adalardo (834-843) y Vivien (843-851), que promueven la realización de una Biblia ilustrada de la que se conservan cuatro ediciones en las que se evidencia la evolución de la escuela de Tours hacia la multiplicación de imágenes:


La Biblia de Alcuino (Bamberg), después de 834, con dos imágenes, con una sola página de los Cuatro Evangelistas con sus signos juntos en un rombo, y con la escena del Génesis de  la Creación y la Caída de Adán y Eva en cuatro calles.

La Biblia de Moutier-Grandval (British Museum), después de 834, con representaciones espaciales muy primitivas que dan la ilusión de perspectiva. El azul es intenso. El tema es la Redención, en cuatro cuadros. El artista es un gran pintor anónimo (el Remense), que seguirá la serie.
La Primera Biblia de Carlos el Calvo (Biblioteca Nacional de París), también llamada de Vivien (c. 846), regalada por el conde y luego abad Vivien a Carlos el Calvo. El Remense pinta un frontispicio que representa la Entrega de la Biblia al emperador, sentado en su trono y rodeado de sus cortesanos, con ricos y coloridos vestidos, en un marco arquitectónico.
También del Remense son los Evangelios de Lotario, en 849-851 (Biblioteca Nacional de París), con el emperador sentado en el trono, y los Evangelios de Prüm (850), hechos en Tours antes de que se fuera a St. Denis o a Corbie porque el taller de Tours estaba en decadencia.
El cuarto ejemplar de la Biblia (869) no se hizo en Tours. El Remense cuenta aquí con un ayudante. Es la obra cumbre de la escuela por su lujo y narratividad. Destacan las escenas de San Jerónimo.

Grupo de pintores de Carlos el Calvo.
La cima (y el final) de la miniatura carolingia son las obras que, inspiradas por el mecenazgo o el gusto de Carlos el Calvo, un gran bibliófilo de un gusto muy recargado, están en la Biblioteca Nacional de París. Son obras hechas en talleres de Corbie o St. Denis.

El Salterio de Carlos el Calvo, con su retrato.
El Libro de Horas de Carlos el Calvo (Múnich), el primero de los Libros de Horas medievales, con oraciones.
Carlos el Calvo hizo que el mejor pintor del reino, el Remense, le hiciera las ilustraciones de:
El Sacramentario de la Coronación (869), en Metz, la mejor obra del Remense.
La Biblia de San Calixto (San Pablo Extramuros de Roma), después de 869, con 24 representaciones.
Los Evangelios de San Emerán de Ratisbona (Biblioteca de Múnich), que se creen hechos en Corbie, con el emperador en trono, con una edición lujosa.

Grupos monacales secundarios.
Las escuelas monacales secundarias de Metz, Corbie, St. Gall, Fulda, Reichenau, etc., tienen una característica común de las escuelas provinciales, la ausencia de figuras humanas, limitándose a adornar las iniciales, los frontispicios y los índices de concordancias, con almocárabes y animales bidimensionales, lo que establece una cesura respecto a la Antigüedad.


Ascención de Cristo. Evangeliario de Drogon, de la Escuela de Metz.

La escuela de Metz fue posible por el mecenazgo de Drogon (hijo bastardo de Carlomagno), obispo en 826-853. Rechaza las influencias insulares y utiliza hojas de acanto doradas que se enrollan alrededor de las iniciales. Las letras e iniciales sirven de marco a pequeñas composiciones, muy vivaces. Destaca el Evangeliario del arzobispo Drogon (Biblioteca Nacional de París).
La escuela de Corbie, heredera del principal scriptorium merovingio, nos ha legado el Salterio de Corbie (c. 800), cuyas iniciales tienen imaginativas y sorprendentes figuras decorativas o en relación con el texto, fusionando imagen y adorno.

Alcuino de York y Rabano Mauro ofrecen un libro al obispo Otgar de Maguncia. Manuscrito de Fulda (830-840).

Las escuelas de St. Gall, St. Amand, Fulda, Reichenau y otras nos han legado otras obras menores, como el Salterio de Dagulfo (Biblioteca Nacional de Viena).
La miniatura carolingia tuvo un enorme impacto en Centroeuropa (Salzburgo y St. Gall sobre todo el estilo de Reims), y marcó la miniatura otónida (que la fusionó junto a la influencia bizantina).
Las tapas de muchos códices se trabajaron en orfebrería, de plata labrada y dorada, con esmaltes y pedrería, como en el Evangeliario de San Gaucelino, el Codex Áureo con ornamentación en fajas, o en la cubierta del Evangeliario de Lindau (Pierpont Library), con engaste de piedras finas sobre pies ganchudos o torretas arquedas a fin de que la luz penetre por debajo de ellos y se les dé el máximo brillo. El Cristo crucificado de la cubierta no es sufriente, sino que parece un orante sin dolor. También se adornaban las cubiertas en su centro con placas de marfil labradas.

EL ARTE CAROLINGIO EN ITALIA.





En Italia del Norte, hay una obra muy polémica, los frescos de Castelseprio, en la iglesia de Santa Maria Foris Portas, entre Pavía (capital lombarda) y Milán, de un claro retorno a la época tardorromana paleocristiana, con una datación polémica (siglos VI a X). Schapiro, en los años 50, apuntó a una filiación carolingia, la tesis más aceptada, sobre el siglo IX.
Hay una presencia (carolingia) en estos frescos de elementos arquitectónicos y paisajísticos, para separar o unir escenas distintas. Esto estaba ya presente en el Génesis de Viena y en el Salterio de Utrecht lo que lo vincula con la miniatura. Las caras son bizantinas, con una expresividad muy dinámica propia de la escuela de Reims. Hay refinamiento, espacialidad, contraste de luz y sombras, proporcionalidad de las figuras y el paisaje, con un esfuerzo de crear personalidades distintas (como el hombre viejo). Las formas son amplias como en el arte paleocristiano. Los frescos se adaptan a su marco arquitectónico pero sin distorsionarse.
Los temas son del NT, con algunas escenas de los Evangelios apócrifos, como la Ordalía del Agua (con el hombre viejo), un tema popular, lo que vincula estos temas a la época carolingia, La huida a Egipto, la Natividad, la Anunciación a los pastores, etc.

Libros.
Braunfels. Wolfgang. La arquitectura monacal en Occidente. Barral. Barcelona. 1975. 350 pp.
Conant, Kenneth John. La arquitectura carolingia y románica 800/1200. Cátedra. Madrid. 1982. 556 pp.
Heitz, Carol. L’arquitecture religieuse carolingienne. Picard. París. 1980. 288 pp.
Hubert, Jean. El imperio carolingio. Col. Universo de las Formas. Aguilar. Madrid. 1968. 379 pp.
Hubert, Jean; Porcher, Jean; Volbach, W. F. La Europa de las invasiones. Col. Universo de las Formas. Aguilar. Madrid. 1968. 394 pp.
Lasko, Peter. Arte sacro. 800-1200. Cátedra. Madrid. 1999. 520 pp. 367 ilus. Libro de referencia sobre las artes menores.
Schapiro, Meyer. The frescoes of Castelseprio. George Braziller. Nueva York. 1979. 16 más 414 pp.