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lunes, 28 de mayo de 2012

HA 3 UD 03. Arte egipcio.

HA 3 UD 03. ARTE EGIPCIO. 
Índice:
Introducción.
EVOLUCIÓN.
Periodo predinástico.
Imperio Antiguo.
Imperio Medio.
Imperio Nuevo.
Época tardía.
URBANISMO.
ARQUITECTURA.
ESCULTURA.
PINTURA.
ARTES DECORATIVAS.

APÉNDICES.
FUENTES.


Introducción.
El arte y arquitectura de Egipto comprende los edificios, pinturas, esculturas y artes aplicadas del antiguo Egipto, desde la Prehistoria hasta la conquista romana en el año 30 aC.
La historia antigua de Egipto se extiende casi sin interrupción desde aproximadamente el año 3400 aC hasta el siglo I aC y a menudo se añade el periodo de dominio romano hasta el siglo IV dC.
La naturaleza del país, determinada por el río Nilo que facilita el transporte interior y riega y fertiliza los campos; la relativa estabilidad del sistema económico, político, social y cultural; y la escasez de influencias culturales exteriores, produjeron un estilo artístico que apenas sufrió cambios a lo largo de tres milenios.
Las principales manifestaciones artísticas estuvieron destinadas al servicio de la religión y los rituales de la muerte, del Estado y el faraón, considerado como un dios sobre la tierra. Sólo el faraón, como mediador con los dioses y protector de los hombres y contra los enemigos, podía alejar el caos del Nilo, el desierto, los bárbaros, la muerte. Su salud era fundamental como signo de la protección de los dioses a Egipto. El más longevo fue el gran Ramsés II (1314-1224), que vivió 90 años, siendo faraón a los 25 años (1289 aC), lo que explica que fuera uno de los que más monumentos nos ha legado.
Era un arte sobre todo al servicio del varón. No se sabe todavía si la sucesión de los faraones era matrilineal o patrilineal. Probablemente en varias épocas los faraones se casaban con sus hermanas, porque sólo el hijo de una hermana-esposa tendría la legitimidad requerida para ser el heredero. Los otros hijos serían sólo hijos reales. Pero la lengua egipcia no tiene una palabra propia para definir a la reina, salvo algunos como “gran esposa real” y “Madre de los hijos del rey”, lo que abona la tesis de que sólo el rey era importante en el ejercicio del poder. Sin embargo, las reinas, las hermanas y las hijas y otros miembros femeninos de la familia real tuvieron pirámides, esculturas, pinturas e incontables objetos decorativos y cotidianos, lo que indica que la mujer sí tenía un importante estatus social, 
El arte quería ser útil, lo que explica que los textos antiguos no menciones que las piezas eran obras bellas, sino eficaces.
La regularidad de los ciclos naturales, la crecida e inundación anual del Nilo, la sucesión de las estaciones, y el curso solar que provocaba el día y la noche, fueron considerados por los egipcios como regalos de los dioses, lo que inculcó a su cultura un profundo respeto por el orden y el equilibrio. Asimismo, desde los primeros tiempos, la creencia en una vida después de la muerte dictó la norma de enterrar al muerto con sus mejores pertenencias para asegurar su tránsito hacia la eternidad.
El cambio y la novedad nunca fueron considerados importantes por sí mismos; así, el estilo y los convencionalismos representativos del arte egipcio establecidos desde un primer momento continuaron casi invariables durante tres milenios.

Para el espectador contemporáneo el lenguaje artístico egipcio puede parecer rígido, estático o hierático, pero es que su intención fundamental no fue crear una imagen real de las cosas tal como aparecían, sino captar para la eternidad la esencia de la persona, animal u objeto representado.

EVOLUCIÓN.
Periodo predinástico.
Los primeros pobladores prehistóricos se asentaron sobre las terrazas o mesetas formadas por los sedimentos que el río Nilo iba depositando en su recorrido y en humedales y oasis del actual desierto, que hasta el VIII milenio aC era mucho más acogedor y desde entonces lo fueron abandonando paulatinamente para establecerse en el gran valle.
Las herramientas y útiles dejados por estos primeros habitantes de Egipto muestran su paulatina evolución desde una sociedad de cazadores-recolectores seminómadas a agricultores sedentarios. Al respecto, el arqueólogo polaco Schild descubrió el primer observatorio astronómico, fechado en 5.000 aC, en el oasis del Sahara húmedo en Playa Nafda.
El periodo predinástico abarca desde el 4000 aC al 3100 aC aproximadamente, durante el primer Calcolítico.
Se han encontrado restos de asentamientos organizados que datan de este periodo, así como diversos materiales asociados a enterramientos. Los objetos se introducían en la sepultura junto con el cadáver a fin de que su espíritu pudiera disfrutar de ellos en la siguiente vida; gracias a eso se han conservado una gran cantidad de efectos personales, cerámica, utensilios y armas. La cerámica se solía decorar con pinturas que reflejaban la vida y costumbres de la época. Entre los motivos representados se incluyen imágenes de los pájaros y animales característicos de las zonas próximas al Nilo, así como también, ya al final del periodo predinástico, representaciones de embarcaciones con remeros.
El cobre forjado se utilizó, en pequeñas cantidades, para la elaboración de collares y algunas herramientas, aunque la mayoría de los elementos se obtuvieron de la piedra. Las espátulas hechas de piedra se utilizaron para pulverizar la pintura de ojos. Se tallaron pequeñas esculturas y figurillas en marfil y hueso, así como también en arcilla.


Imperio Antiguo.
El Imperio Antiguo de Egipto, dominado por las dinastías III a VI, abarca los cinco siglos comprendidos entre los años 2755 y 2255 aC.
Hacia el año 3100 aC el país se unificó bajo el mando de poderosos caudillos del sur, pero la idea de un Egipto dividido en dos zonas bien diferenciadas (Alto Egipto al sur y Bajo Egipto al norte) persistió durante algún tiempo.

Es la época conocida como Tinita, dominada por las dinastías I y II, y en ella destaca el rey Narmer (algunos historiadores lo identifican con el rey Menes), artífice de la unificación y fundador de la primera dinastía.
Dina Faltings, excavadora alemana en Buto, considera que Egipto estaba dividido en reinos de culturas distintas, hasta que en 3.200 aC se unificaron, en un solo reino; ¿cómo se unieron? por la paleta de Narmer se cree que fue una guerra victoriosa del Alto Egipto.
Günter Dryer, arqueólogo de Abidos, explica que la tumba de Narmer reveló el mismo acontecimiento que la paleta, pero pudo ser una victoria sobre los rebeldes del Bajo Egipto, pues Dryer descubrió las tumbas de una dinastía 0, cinco generaciones anterior a Narmer, con la primera escritura, incluso anterior a la sumeria, desmintiendo las teorías anteriores, Menes sería un rey anterior a Narmer y fundó Menfis como capital única. 



En la Paleta de Narmer (c. 3100 aC, Museo Arqueológico de El Cairo), en piedra tallada, se puede ver al faraón portando la corona del sur y subyugando a las gentes del norte, con dos animales entrelazados que significan la unificación de las dos zonas de Egipto bajo el mando único del faraón.

Las tumbas de la dinastía en la localidad de Abidos eran simples enterramientos en forma de agrupaciones de cistas de muros de piedra y adobe, que llenaban con los cuerpos y ofrendas.

Pirámide escalonada de Dzoser (dinastía III) en Sakkara.

Pirámides de Keops, Kefrén y Micerino (dinastía IV) en Guiza.

Las primeras dinastías históricas, sobre todo la IV, erigieron cerca de la capital en el delta del Nilo grandes necrópolis, de las que las obras cumbres serán las pirámides de Sakkara y Guiza. La escultura progresó extraordinariamente, como atestigua la famosa Triada de Micerino.

Imperio Medio.
Mentuhotep II, faraón de la XI dinastía, reinó entre los años 2061 y 2010 aC, y fue el primer faraón del nuevo Egipto unificado del Imperio Medio (2134-1784 aC). Creó un nuevo estilo o una nueva tipología de monumento funerario, probablemente inspirado en los conjuntos funerarios del Imperio Antiguo.


En la orilla oeste de Tebas, al otro lado del Nilo, en el lugar denominado Deir el Bahari, Mentuhotep II construyó un templo en el valle conectado por un largo camino real a otro templo que se encontraba adosado a la ladera de la montaña. Formado por una mastaba coronada por una pirámide y rodeado de pórticos a dos niveles, los muros fueron decorados con relieves del faraón en compañía de los dioses.

Imperio Nuevo.
La XIII dinastía sufrió una larga y profunda inestabilidad debido a problemas climáticos y la debilidad de los faraones, muchos poco duraderos, pues se calcula que hubo entre 50 y 60 faraones en 150 años.
El segundo periodo intermedio, entre las XIV y XVIII dinastías, fue para Egipto una época crítica, de gobiernos débiles, con el país dividido entre distintos reinos.
Los hicsos, pueblos venidos del Asia occidental, entraron en Egipto y se proclamaron a sí mismos como faraones. Impusieron su poder gracias a la utilización de caballos y carros de guerra. Este dominio extranjero tuvo una prolongada influencia, ya que introdujeron nuevas tecnologías y proporcionaron una visión más amplia de su lugar en el Próximo Oriente.


Una vez más, la ciudad sureña de Tebas promovió la reunificación del país, los extranjeros fueron expulsados y se restableció el poder central de la monarquía. El Imperio Nuevo (1570-1070 aC) comenzó con la XVIII dinastía, y fue una época de gran poder, riqueza e influencia, como lo evidencia su importante comercio exterior y sus conquistas en el extranjero.
 Mohamed Saleh, director del Museo Egipcio de El Cairo, explica la épica historia del fundador de la dinastía XVIII, Sekenenreta, sucedido por sus hijos Kamosis y Amosis, héroes de la lucha contra los hicsos del rey Apofis, que tenía su capital en la ciudad de Avaris en el Delta, descubierta por el austriaco Bietak en 1975, que destaca por su gran palacio fortificado.
En el 1555 Apofis tramó un plan contra Tebas y se intentó aliar con el rey de Kush, pero su enviado fue detenido, según una inscripción que encontró el matrimonio de arqueólogos John y Deborah Darnell descubrieron en 1991 en la colina de Gebel Jauti, llena de graffiti de viajeros durante miles de años a través de las rutas del desierto vigiladas por las torres de policía del desierto. Finalmente, Amosis liberó Egipto al vencer a los hicsos gracias a que había adoptado con acierto el carro de combate hicso, como se refleja en relieves y pinturas de la época.
Vivian Davies, conservador del British Museum, investiga la tumba de un militar, Amosis, al servicio de su homónimo, que participó en la conquista de Avaris en 1530 aC y de la fortaleza de Charouen en Canaan; al parecer, Amosis se alió con Creta, según lo descubierto por Bietak en un fresco minoico en un palacio egipcio, y atacó al reino de Kush, rico en oro, y que tenía su capital en Kerma. Un reino que ya había recibido un importante influjo artístico agipcio. El suizo Charles Bonnet excavó en 1991 el templo solar de Fufa en Kerma, hoy desierto pero que entonces era un lugar bien cultivado gracias a dos canales, descubiertos por el británico Derek Welsby, que se secaron h. 1500 aC justo cuando los egipcios del faraón Tutmosis I atacaron y saquearon Kerma; muchos nubios fueron asimilados culturalmente en la nueva colonia que se estableció. la influencia egipcia se incrementó todavía más, como veremos más abajo en las numerosas pirámides nubias, las últimas que se erigieron en el valle del Nilo. 
Betsy Bryan, investiga las pinturas en la tumba del mayordomo Su-ennuit, en el reinado de Amenhotep II, que sugieren una etapa de esplendor, que continuó con sus sucesores, la reina Hatshepsut y el gran faraón militar Tutmosis III, que dominó Nubia al sur y Siria al norte. Amenhotep III fue un faraón poderoso, que mantuvo el dominio en Siria, y rico en oro. 
Los poderosos faraones de las dinastías XVIII, XIX y la primera parte de la XX erigieron numerosos monumentos en el valle, destacando sus reformas en los templos de Karnak y Luxor, o promovieron obras de arte extraordinarias, en especial los de la dinastía XVIII, con la reina Hatshepsut, Tutmosis III, Amenofis III, Akhenatón... o los primeros ramésidas. Un tesoro famoso será el del joven faraón Tutankamón.

Época tardía.
Ramsés III, último de la poderosa saga de faraones de la XX dinastía, levantó un enorme templo funerario (1198-1167 aC) en Medinet Habu, cerca de Tebas, en la orilla occidental del Nilo, cuyos restos son de los mejor conservados en la actualidad. La existencia de un palacio junto al templo indica que el faraón frecuentó y habitó aquel lugar en bastantes ocasiones. Escenas de batallas relatando las campañas de Ramsés III contra los invasores extranjeros (Pueblos del Mar) aparecen representadas con gran viveza en relieves distribuidos por los muros del templo.
Pero siguieron débiles monarcas que sumieron al país en una nueva etapa de crisis y decadencia, con continuas usurpaciones del poder.
Las dinastías XXI a XXIV están consideradas como el tercer periodo intermedio, un lapso de tiempo de más de 350 años en el que diversos monarcas se establecieron paralelamente en Sais, Tanis y Bubastis, capitales del delta del Nilo, en un momento de división política del país.
La reunificación llegó con los faraones de la XXV dinastía, reyes etíopes que penetraron desde Nubia, ocuparon Tebas y avanzaron hacia el Delta. Respetaron las creencias y divinidades egipcias, asumiendo también sus costumbres con la idea de ser ellos quienes tenían la obligación de restablecer la gloria y el esplendor de Egipto. Restauraron los viejos templos y construyeron otros nuevos dedicados a sus dioses. Tomaron los nombres de los antiguos faraones y en sus producciones artísticas copiaron e imitaron escenas y motivos de épocas pasadas. Recuperaron la tipología de la pirámide como lugar de enterramiento. Durante su reinado los asirios, acaudillados por Asarhadon, llegaron hasta Tebas en el año 671 aC pero fueron rechazados hacia el Delta.
Poco después de este primer intento fallido, el rey asirio Assurbanipal conquistó completamente Egipto y lo convirtió en provincia asiria hasta que Psamético I (664-610 aC) libera al país de la dominación asiria y crea una nueva dinastía, la XXVI, denominada saíta por su capital en Sais. Continuó la restauración de las viejas tradiciones iniciada por los etíopes y florecieron las artes. Destacan las esculturas en bronce, de gran suavidad y blandura en el modelado, con tendencia hacia formas contorneadas. Tuvieron contacto con los griegos, pues muchos servían en el ejército egipcio como mercenarios. También había mercernarios judíos, establecidos en una guarnición en la isla sureña de Elefantina, cerca de Asuán. El arte de la XXVI dinastía utilizó muchas formas y modelos del pasado, copiando a veces literalmente los motivos de los antiguos monumentos.
La dinastía XXVI finalizó cuando el emperador persa Cambises invadió Egipto, que salvo breves periodos, ya no recuperó su libertad con dinastías propias.
A la conquista del país por parte del rey macedonio Alejandro Magno en el 332 aC, siguió la dinastía ptolemaica, fundada por Ptolomeo y de origen macedonio, y finalmente el dominio romano directo cuando Augusto acabó con la última faraona, Cleopatra VII, en el año 30 aC.
En este largo periodo Egipto recibió la influencia griega aunque persistió el gusto por sus antiguas tradiciones artísticas. Alejandro fundó la ciudad costera de Alejandría, que se convirtió en un importante foco de la cultura helenística, y sus sucesores aparecen representados en los muros de los templos como si fueran auténticos faraones, en relieves, , con un estilo egipcio aunque hay detalles naturalistas que evidencian la influencia helenística.
Los templos construidos durante el periodo ptolemaico repiten los modelos arquitectónicos tradicionales de Egipto.
El arte egipcio ejerció también una poderosa influencia sobre las culturas de sus invasores. En los primeros artistas griegos se reconoce una clara deuda con Egipto. Los romanos también mostraron gran interés por el arte de este país, se llevaron a Roma piezas originales (como los obeliscos) extraídas de los templos y tumbas egipcias, e imitaron su estilo en numerosas esculturas realizadas por artistas romanos. La influencia de Egipto, su cultura y su arte, así como la fascinación que despiertan sus antigüedades, ha persistido hasta nuestros días.

URBANISMO.
En Egipto tenemos pocos restos de ciudades, casi siempre secundarias, creaciones temporales que pronto fueron abandonadas, por lo que no podemos reconstruir el verdadero modelo urbano del Antiguo Egipto, que parece ser orgánico, no regular, con materiales muy pobres y pocas fortificaciones (por la paz casi continua que vivió durante tres milenios). 
Las capitales del Antiguo Egipto, Menfis en el Delta del Bajo Egipto para el Reino Antiguo (III milenio) y Tebas en el Alto Egipto para los Reinos Medio y Nuevo (II y I milenios), fueron destruidas con el paso de los siglos, pues sus edificios de barro y chamizo eran muy débiles. No quedan de estas ciudades más que unos pocos restos de muros y estatuas.

Plano parcial de Tebas, Karnak y Luxor, con el Valle de los Muertos en el Oeste.

David Jeffreys, excavador en Menfis, considera que esta capital cambió de emplazamiento, por los desastres de las irregulares crecidas del Nilo. Menfis estaba en el lugar del actual El Cairo, construida en gran parte con los materiales de aquella, una prueba de cómo los lugares mejores son aprovechados una y otra vez a lo largo de la Historia. Junto a ellas estaban los valles (Sakkara, Meidun, Guiza) para la sepultura en pirámides de los faraones. Las calles eran irregulares, con casas con patio interior, sala amplia, cocina trasera, con escalera que llevaba a los dormitorios del segundo piso y a la terraza superior. Las fachadas eran pintadas y rematadas con balaustradas de ramas de palmeras. Las numerosas ventanas abrían la casa al exterior (al contrario de la casa mesopotámica). Las villas fuera de la ciudad tenían hermosos jardines.

Plano urbano de Tell-el-Amarna.

La ciudad ortogonal en piedra de Tell-el-Amarna fue sólo una excepción en una época  de graves crisis institucional e ideoloógica. Fundada por el gran faraón heterodoxo Amenofis IV (1370-1352 aC) se abandonó a su muerte. Se pusieron los límites urbanos con estelas. Las calles anchas y rectas definían las manzanas con las casas de los ricos, los palacios, templos de Amón, cuarteles y almacenes pero, en contraste, las casas pobres estaban apretujadas en los suburbios de trazado irregular en la segunda línea. Convivía lo regular con lo irregular, el orden con el caos, lo que es inusual en la cultura egipcia, reacia al desorden.
Los grandes complejos religiosos de Luxor y Karnak eran el hábitat sólo de una casta sacerdotal aislada del pueblo. Contaban con monumentales avenidas, grandes plazas y salas hipóstilas, almacenes de grano... Se adaptan al terreno, con un plan geométrico y un efecto voluntariamente escenográfico.
Tampoco son representativas las poblaciones temporales de los obreros que construyeron la arquitectura funeraria, como el poblado de Kahun, creado para los obreros de la pirámide de Sesostris II (1897-1879 aC), con planta regular con pequeñas viviendas en bloques rectangulares sin vanos (como es común en Oriente), pero con patios interiores, con estrechas calles con la función de desagües.

ARQUITECTURA.
La piedra era un material para la eternidad, que sustituyó al adobe en los monumentos que se pretendían más duraderos. Se usa en forma de sillares, grandes piedras bien escuadradas. Se trabajaba en las pirámides todo el año, no sólo durante las inundaciones, y no era la generalidad de la población, sino pequeños contingentes en proporción (25.000 trabajadores de media, aproximadamente un 1% de la población). Se subían las piedras mediante rampas (según la teoría de Diodoro de Sicilia, hoy apoyada por Lauer, y no como escribió Herodoto mediante poleas) y se levantaban en hiladas horizontales, no en etapas. Un gran problema era hacer una cámara funeraria interna y desviar el peso superior a fin de no aplastar la cámara con su sarcófago; la solución fue bóvedas de saledizo, arquitrabes, etc.
Había una avanzada arquitectura funcional de presas, canales, acequias, fortificaciones, de la que poco nos ha llegado. Günter Dryer ha excavado la primera presa construida en Egipto (IV dinastía), en Helwan, en el wadi el-Garawi, al este del Nilo, frente al lado oeste de Sakkara, que no funcionó, porque fue arrasada durante su construcción por una inundación repentina.

Imperio Antiguo.
Las primeras tumbas fueron simples agujeros en la arena o la roca, pero pronto se erigieron conjuntos más complejos, con decenas de tumbas rectangulares en forma de cista cubierta con losas.



El paso siguiente fueron los sepulcros llamados mastabas, del árabe mastabah, “banco (o mesa) de adobe”, que a menudo se agruparon en vastas necrópolis. De cubierta plana y paredes inclinadas, recibieron ese nombre por su semejanza con las casas egipcias de adobe en forma de pirámide truncada, que probablemente inspiraron las navetas de Menorca y otras formas similares en las costas del Mediterráneo. Exteriormente la mastaba parece una pirámide truncada de planta rectangular que consta de una pequeña sala denominada sirdab, donde se guardaba la estatua del difunto, considerada como un ser vivo, y la falsa puerta que comunicaba el mundo de los muertos y los vivos. Delante de ella se depositaban las ofrendas y se realizaba el culto funerario. Bajo tierra se encontraba la cámara mortuoria, a la que se accede por un pozo que se ciega una vez depositado el cadáver.
Durante las primeras dinastías se construyeron importantes complejos funerarios para los faraones en Abidos y Sakkara, a imitación de los palacios y templos (la tumba era una síntesis de la noción de templo y de mansión privada). La gran cantidad de cerámica, trabajos en piedra y tallas de marfil o hueso encontrados en estas tumbas atestigua el alto grado de desarrollo de esta época. Los jeroglíficos (escritura mediante dibujos), forma de escribir la lengua egipcia, se encontraban por entonces en su primer nivel de evolución, y ya mostraban su carácter de algo vivo, como el resto de la decoración.
En la III dinastía la capital se trasladó a Menfis y los faraones iniciaron la construcción de pirámides, que sustituyeron a las mastabas como tumbas reales.
El arquitecto, científico y pensador Imhotep construyó para el faraón Djoser (o Zoser) (c. 2737-2717 aC) el conjunto de Sakkara (o Saqqara); es una necrópolis integrada por una pirámide escalonada de piedra y un grupo de templos, altares y dependencias afines. La gran pirámide escalonada donde reposan los restos del faraón está compuesta de varias mastabas superpuestas, y es el ejemplo más antiguo de arquitectura monumental conservado en la actualidad; ilustra también una de las fases en el desarrollo de la pirámide como tipología arquitectónica.
¿Pero fue Imhotep o Imutes el primer arquitecto de pirámides? Günter Dryer excava en Abidos desde 1995 una tumba anterior a la de Djoser en Saqqara, h. 2611; David O'Connor ha comprobado que el fuerte militar de Abidos de la II Dinastía es en realidad el templo de la inmortalidad del faraón Jasejemui (h. 2680). Ian Mathieson ha excavado un enorme recinto de Abidos (h. 2630), de Jasejemui, posiblemente el padre adoptivo de Djoser. Se cree que Imhotep evolucionó sus ideas desde este modelo, también con un recinto y una mastaba, pero innovándolo al elevarlo sobre el nivel del muro del recinto, mediante nuevos escalones.

Pirámide escalonada de Djoser (dinastía III) en Sakkara.

La arquitectura del Imperio Antiguo es monumental, dado que la caliza y el granito locales se utilizaron para la construcción de edificios y tumbas de grandes dimensiones. Desarrollaron una hábil técnica para usar bloques colosales de piedra, que se ajustaban a la perfección sin utilizar argamasa, con métodos de elevación por arrastre sobre troncos.
La bóveda ya era conocida pero no se empleaba en la arquitectura en piedra.
De los templos construidos durante este periodo apenas se conservan unos pocos ejemplos. El primer templo conocido (c. 3.500 aC) está en Hieraconpolis y se dedicó a Horus; destacan sus columnas de madera de 6 metros de altura.



El faraón Snefru (o Snofru) llegó a construir tres pirámides , que destacan por sus excelentes bóvedas de hiladas y entre ellas se cuenta la última en escalones, en Meidun, y emprendió la construcción de las primeras pirámides sin escalones, en las dos de Dashur, la primera romboidal, que se resquebrajó por el peso y los débiles cimientos de arena, y la segunda ya triangular perfecta con una inclinación de 43º y con fuertes cimientos de caliza, que sería el modelo definitivo, con cámaras internas en bóvedas de saledizo en hiladas , una pirámide dentro de una pirámide, lo que incrementaba la posibilidad de resurrección, Se calcula que se tardó 17 años para toda la pirámide (cuatro años solo para los primeros 15 metros).
El conjunto monumental de Guiza (investigado entre otros por Lehner y Hawass recientemente), donde fueron enterrados varios de los faraones de la IV Dinastía, pone de manifiesto la destreza y habilidad de los arquitectos egipcios a la hora de construir monumentos que han permanecido como una de las maravillas del mundo, y muestran el esplendor de la civilización egipcia.

Pirámides de Keops, Kefrén y Micerino (dinastía IV) en Guiza.

Keops fue sucesor de Snefru y promovió la mayor pirámide, que llegó a alcanzar en su momento 146 metros de altura, está formada por cerca de 2,3 millones de bloques de piedra con un peso medio de 2,5 tm. Su hijo Kefrén levantó una pirámide menor, y Micerinos fue el artífice de la tercera gran pirámide de este conjunto monumental.
El fin que se perseguía con las pirámides era preservar y proteger los cuerpos de los faraones para la eternidad. Cada pirámide formaba parte de un conjunto en el que figuraban un templo en el valle, un embarcadero y un corredor de comunicación entre unos espacios y otros, así como también un espacio reservado para realizar los ritos religiosos previos al enterramiento.
Alrededor de las tres pirámides mayores de Giza (Keops, Kefrén y Micerinos) creció una necrópolis (ciudad de los muertos), que cuenta con pirámides menores para las reinas, tumbas pequeñas para los miembros de la corte (miembros menores de la familia real, altos mandos militares y religiosos, funcionarios) y grandes recintos para los barcos sagrados de los faraones. La mayoría son mastabas.
Entre las pirámides posteriores destaca la tumba del faraón Neferer-re en Abusir, excavada por el checo Miroslav Verner. 
En la V Dinastía comienzan a construirse los templos funerarios, uno bajo junto al Nilo y otro junto a la pirámide, unidos los dos templos mediante una calzada sagrada. Hay dos ejes: El Este/Oeste; el Este de los vivos, el Oeste de los muertos. El Norte-Sur del curso del Nilo.
Frente a la relativa abundancia de restos monumentales de carácter funerario conservados, apenas hay ejemplos de arquitectura doméstica y construcciones civiles de las ciudades egipcias del Imperio Antiguo; puede suponerse su disposición sobre calles bien trazadas y planificadas, tal y como se hizo en las necrópolis, pero la utilización del adobe (ladrillos de barro mezclado con heno o paja y cocidos al sol) para levantar los palacios y viviendas no ha permitido su conservación hasta nuestros días. De este modo, los templos y tumbas, edificados en piedra y construidos con una clara idea de eternidad, proporcionan la mayor y casi única información acerca de las costumbres y forma de vida de los antiguos egipcios.
Las primeras inscripciones en las pirámides aparecen hacia el 2300 aC, a finales del Imperio Antiguo, en la cámara de la pirámide de Honos.

Imperio Medio.
La arquitectura del Imperio Medio nos ha legado pocos restos.


Destaca la llamada Capilla Blanca, una pequeña construcción vinculada a Sesostris I (1962-1928 aC), faraón de la XII dinastía, recuperada del interior del tercer pilono (puerta monumental) del templo de Karnak, para el que se utilizaron sus ladrillos como material de relleno. Esta pequeña capilla puede considerarse como el ejemplo típico del estilo de la época. De forma cúbica, construida con un riguroso sistema de pilares y estructuras adinteladas, se caracteriza por la pureza de líneas y las proporciones equilibradas. Los muros o entrepaños están decorados con bellos relieves del faraón y divinidades egipcias.

Imperio Nuevo.
Los faraones de las dinastías XVIII a XX fueron grandes constructores de arquitectura religiosa. Tras el restablecimiento de la capital en Tebas la realeza divina de los faraones se asoció al dios local Amón, que llegó a ser la divinidad suprema más importante de Egipto y reinaba sobre los dioses secundarios.
Casi todos los faraones del Imperio Nuevo se preocuparon por ampliar y hacer nuevos añadidos en el conjunto de templos de Karnak y Luxor, centro del culto a Amón, convirtiéndose así en uno de los más impresionantes complejos religiosos de la historia.
El mayor de todos ellos es el de Karnak; sus gigantescos pilonos, la gran sala hipóstila, los vestíbulos plagados de columnas, los obeliscos y las estatuas dispuestas en numerosos lugares, llevan directamente a pensar en el poder y majestuosidad del faraón y el Estado de aquella época.
Próximo a este conjunto destaca también el templo de Luxor, con una fachada compuesta de dos enormes muros macizos que flanquean la entrada y conduce al patio. Ya en el interior encontramos una serie de recintos y capillas, dispuestos simétricamente, que albergan el sanctasanctórum, una sala cuadrada con cuatro columnas.
En la ribera occidental del Nilo, cerca de la necrópolis de Tebas, se construyeron más templos para el culto y honras fúnebres de los faraones.
Durante el Imperio Nuevo los cuerpos de estos faraones se enterraron en tumbas excavadas en la roca en el entorno denominado Valle de los Reyes, ya en pleno desierto, con los templos funerarios o mortuorios a cierta distancia fuera del valle.
De estos templos, uno de los primeros fue el de la reina Hatshepsut en Deir el Bahari, levantado por el arquitecto Senmut (o Senemut) (muerto hacia el año 1428 aC). Situado frente a los acantilados del río Nilo, junto al templo de Mentuhotep II, de la XI Dinastía, y probablemente inspirado en él, el templo es una extensa terraza con numerosas capillas para los dioses y relieves representando los éxitos logrados por Hatshepsut a lo largo de su reinado.

Puerta de entrada y pilono del templo de Luxor.

Otros faraones no siguieron este precedente, y construyeron sus templos al borde de las tierras fértiles, lejos de los escarpados riscos del desierto.

A pesar de que la estructura de los templos era similar a la del Imperio Antiguo y Medio en el Nuevo se alcanzó la perfección clásica. Se pueden distinguir tres tipos dependiendo de la función para la que se construían. Comenzamos por el segundo, que es el templo mortuorio consagrado directamente al faraón, en el que se realizaban todos los ritos funerarios desde su muerte hasta el momento del enterramiento y después se veneraba su memoria, en ocasiones durante milenios, como sucedió en el Ramesseum y en los templos de Medinet Habu. El tercero es el cenotafio, construido por el faraón como templo mortuorio secundario, como los hallados en Abidos. Podría añadirse un cuarto tipo, pero su forma es muy variada y sobre todo funcional, y es el templo consagrado a uno de los muchos animales sagrados, en cuyo caso incluían dependencias específicas destinadas al animal y auténticos cementerios con miles de momias de cocodrilos, ibis, gatos o vacas.
El primer tipo es el templo propiamente dicho, que estaba consagrado a una divinidad y se construía en honor a uno o varios dioses, de los que destacan los de Karnak y Luxor. Se pueden clasificar los templos de este primer tipo en oficiales y del pueblo, correspondientes los primeros a una religión oficial o estatal, en los que se destacaba el papel del faraón, y los segundos a una religión popular, que satisfacía la preocupación del pueblo ante sus problemas cotidianos y en los que depositaba pequeñas imágenes o utensilios relacionados con su trabajo como ofrenda o agradecimiento ante un embarazo, una curación o una buena cosecha.
Los templos egipcios tienen en el pequeño templo de Jonsu (o Khonsu) en Karnak uno de sus modelos más reconocidos, construido en su mayor parte en el reinado de Ramsés III (1184-1153).
Vista axionométrica con planta del templo de Jonsu, en Karnak.

Pilonos y entrada del templo de Konsu, en Karnak.
Los templos se dividen en varias partes, siendo la primera la exterior, una avenida de esfinges que conduce desde la ribera del río hasta el recinto templario, rodeado por  un muro exterior, en el que penetra la avenida hasta llegar a la puerta monumental, delante de la cual se sitúan dos obeliscos que aluden a la morada del dios, a la relación entre lo terrestre y lo solar o sagrado. También pueden situarse allí ocasionalmente (por ejemplo en el templo de Luxor) estatuas colosales de faraones, normalmente sedentes, simbolizando los hijos vivientes del dios. Obeliscos y colosos estaban decorados con escenas en relieve de temas históricos o religiosos o sacrificio de prisioneros por parte del faraón en presencia del dios al que estaba dedicado el templo, un programa iconográfico que continuaba en el interior.
La puerta monumental está flanqueada por dos torres o moles trapezoidales en talud llamadas pilonos (el término puede utilizarse también para toda la puerta), que representaban los acantilados de cada lado del valle del Nilo, pero también eran, a la vez, las dos montañas que flanquean el disco solar. En cada uno de los pilonos se encajaban dos mástiles para las banderas que simbolizaban la presencia del dios.
En el interior hay tres grandes estancias claramente diferenciadas, que bajan progresivamente en altura y espacio a medida que se va entrando en el eje o Camino del Dios: la sala hípetra, la sala hipóstila y las dependencias del dios.
La primera estancia es la llamada sala hípetra, una sala abierta en la parte superior y rodeada por tres lados con un pórtico formado con una doble fila de columnas que acogía un altar para los sacrificios. A esta primera estancia podía acceder todo el pueblo para depositar ofrendas y alberga numerosas estatuas monumentales de los faraones, a imitación de los colosos exteriores, con escenas narrativas de sus hazañas o imágenes de  adoración. Podía haber más de un patio con su consiguiente puerta de acceso
Más al interior sigue la segunda sala, esta vez hipóstila, llamada así porque contiene un bosque de columnas altas y gruesas que sostienen una cubierta arquitrabada. Podía estar precedida por un vestíbulo y durante el Reino Nuevo se encontraba sobre una plataforma y en la época tolemaica a ras de suelo. De nuevo dos filas de columnas rodean el recinto, pero a diferencia de la primera aquí sólo podían acceder los notables. Generalmente está decorada con relieves en los fustes de las columnas. En los mayores templos hay varias salas hipóstilas. La sala hipóstila tenía la función de salón de recepción del dios, lo que explica que las filas centrales sean más anchas y altas que las laterales, de modo que el espacio se eleva en la zona del eje central del templo formando una especie de nave principal para favorecer el Camino del Dios. Esto permitía además abrir ventanas laterales por las que penetraba la luz, aunque escasa ya que a medida que se accedía al santuario se disminuía la cantidad de luz. Los relieves con los que se decoraba la sala hipóstila representaban escenas de las ceremonias religiosas que se practicaban en el templo. El acceso a la sala hipóstila estaba restringido a los altos funcionarios, escribas y gente noble. Cuando el templo tenía más de una sala hipóstila el acceso a cada una de ellas era cada vez más restringido a medida que se penetraba en el interior.
La tercera estancia corresponde a las dependencias del dios. Se reparte entre varias cámaras, que albergan la barca sagrada y otros tesoros, y finalmente se halla el santuario  o sanctasanctórum, que es la sala más profunda, estrecha y baja del templo, donde se guardaba la imagen del dios en el tabernáculo realizado en piedra, granito o madera, oculta a todos los ojos excepto al faraón y a los sacerdotes, los únicos capaces para el elaborado ritual diario, que comprendía tres actos diferentes: las ceremonias preliminares, el despertar y atavío del dios, y la comida.
En las ceremonias preliminares el sacerdote (o excepcionalmente el faraón), se purificaba y ahuyentaba las malas influencias con fuego e incienso, en las dependencias destinadas a tal efecto, para posteriormente acceder a la capilla en la que se encontraba el dios rompiendo el sello de la puerta.
Después de despertar al dios, el sacerdote se postraba ante la imagen divina entonando alabanzas o himnos específicos. Luego limpiaba la estatua con ungüentos y productos preparados en una de las salas. Después se la vestía y adornaba con los objetos reales y divinos, y se aplicaban los cosméticos oportunos al rostro.
Por último se servía la comida al dios, con gran cantidad y variedad de alimentos, una obvia invocación para que el dios favoreciera a su pueblo. La comida podía llevarse a cabo hasta cuatro veces, según los cuatro puntos cardinales, para que el dios pudiese alimentarse en cualquier punto del Universo.
Tras retirar las ofrendas se volvía a sellar la puerta, hasta el nuevo ritual, que se repetía tres veces al día, al amanecer (el más importante), al mediodía y al atardecer.
Alrededor de las cámaras y el  santuario hay otras dependencias menores, utilizadas en el culto de dioses locales, dedicadas a la protección de dioses exteriores que  visitaban el templo en las procesiones, o salas para albergar los objetos necesarios para  llevar a cabo el ritual religioso.
Los templos más importantes incluían elementos exteriores, como tribunas (mamisi) en la era tolemaica, y el lago sagrado.
Las tribunas eran pequeños edificios delante de los pilonos, decorados con colores alegres y escenas de diosas tocando instrumentos y danzas burlescas; simbolizaban el lugar escogido por la diosa para esperar el nacimiento de su hijo, y en ellos el faraón y su corte contemplaban las ceremonias religiosas.

El lago era un gran estanque, profundo para aprovechar las aguas del Nilo en épocas de sequía, con escaleras descendentes, y simbolizaba las aguas primigenias de las que había surgido el Mundo. En él se efectuaban los rituales ligados a la resurrección de Osiris.

Las tumbas del tipo hipogeo del Valle de los Reyes fueron excavadas en el interior de la roca, en un esfuerzo —casi nunca conseguido— por ocultar los sepulcros donde reposaban las momias de los faraones. Largos pasajes y corredores, escaleras y cámaras funerarias fueron decorados con relieves y pinturas de escenas de textos religiosos destinados a proteger y amparar el espíritu del difunto para su próxima vida.
La tumba subterránea de Tutmosis I en el Valle de los Reyes en Tebas, llego a albergar casi 30 faraones enterrados, pues ya no se hacían pirámides en Egipto. En el año 1337 aC moría Tutankamón, uno de los últimos 14 reyes de la XVIII Dinastía y su hipogeo nos ha legado un fascinante tesoro. 

Durante la XIX Dinastía, en época de Ramsés II, uno de los más importantes faraones del Imperio Nuevo, se levantaron los gigantescos templos de Abu Simbel, en Nubia, al sur de Egipto. Fueron excavados en el interior de la roca, sobre la falda de una montaña y con las fachadas custodiadas por cuatro figuras monumentales del faraón y su esposa respectivamente. Entre 1964 y 1968 ambos templos tuvieron que ser recortados en bloques y trasladados a un lugar más elevado con el fin de salvarlos de su inmersión bajo las aguas de la nueva presa de Asuán.

Como en todas las épocas, la arquitectura doméstica y palaciega se hizo fundamentalmente con materiales más baratos y cómodos que la piedra: el adobe, los ladrillos de barro mezclado con paja o heno y cocidos al sol. No obstante, se han conservado los suficientes restos como para dar una idea aproximada de la planificación de los palacios y sus múltiples estancias con pinturas y decoraciones diversas en suelos, paredes y techos.
Las viviendas de las clases privilegiadas formaban amplios conjuntos urbanos integrados por edificios residenciales y para el servicio. Casas modestas para los obreros pueden aún encontrarse agrupadas.
De la arquitectura posterior, hasta la época romana, subsisten grandes reformas y añadidos monumentales en los complejos religiosos. Mención especial merecen las 400 pequeñas pirámides de estilo egipcio del reino nubio de Kush, en conexión con la montaña sagrada de Gebel Barkal (la antigua Napata), “montaña pura” —investigada por Tim Kendall—. La fusión de la cultura nubia y egipcia legitimó el dominio de los faraones nubios sobre Egipto, h. 750 aC, sobre todo con el faraón Taharqa. Desgraciadamente, las pirámides de Meroe fueron saqueadas ya en la Antigüedad y la última se edificó en el siglo IV dC.

Dromos y puerta principal del templo de Amón-Ra, de la época de Nectanebo I (378-262 aC), uno de los últimos grandes proyectos de la arquitectura clásica egipcia.

De la arquitectura persa en Egipto solo nos han llegado restos de fortificaciones y de la ptolemaica apenas quedan restos en Alejandría, pues sus monumentos más famosos como el Faro, el Museion y la Biblioteca de la ciudad fueron arrasados hace siglos.

Sala hipóstila del templo de Luxor, transformada en la época romana.

ESCULTURA.
El ojad era el cuerpo material, “algo que se pudre”. La muerte era el fin del cuerpo pero el inicio de la vida inmortal del espíritu. Esculpir era pues infundir vida a la materia si se usaban los materiales más duraderos, como la abundante piedra de las montañas vecinas del Nilo. 
Imperio Antiguo.
Desde las primeras figuras de arcilla, hueso y marfil del periodo predinástico, la escultura egipcia se desarrolló con gran rapidez. En la época de Dzoser (2737-2717 aC) se hicieron grandes estatuas de los faraones y gobernantes sobre las que debían reposar los espíritus que perpetuaran la memoria de los difuntos. Hieratismo, rigidez, formas cúbicas y frontalidad son las características esenciales de la escultura egipcia. Primero se tallaba un bloque de piedra de forma rectangular, y después se dibujaba en la frente y en las dos caras laterales de la piedra la figura objeto de representación. La estatua resultante era, en consecuencia, una figura destinada a ser vista principalmente de frente (ley de la frontalidad). No había necesidad, pues, de esculpir la figura por todos sus lados, ya que el objetivo era crear una imagen eterna que representara la esencia y el espíritu de la persona retratada, para lo cual bastaba una composición frontal de la misma.
El artista egipcio no buscaba la representación del movimiento. Las figuras de personajes puestos en pie no posaban como si estuvieran caminando, sino en reposo. Desde el inicio del periodo dinástico se tenía un correcto conocimiento de la anatomía humana, pero se la idealizaba. La estatua sedente del faraón Kefrén (c. 2530 aC, Museo Arqueológico de El Cairo), artífice de la segunda pirámide más grande del conjunto funerario de Guiza, engloba en sí misma todas las características que hicieron memorable a la escultura egipcia de carácter regio. El faraón aparece sentado sobre un trono decorado con el emblema de las tierras unificadas, con sus manos sobre las rodillas, la cabeza erecta, rígida y de frente, y los ojos mirando al infinito. El halcón que representa al dios Horus aparece detrás de la cabeza de Kefrén, simbolizando que es él, el faraón, el Horus viviente. La estatua, tallada en diorita, presenta en su conjunto una gran unidad y equilibrio, creando una potente imagen de la majestad divina.


Tríada de Micerino.

Estatua de Micerino.

Las representaciones de individuos y personajes particulares ofrecen diversos modelos y formas. Además de las figuras individuales sedentes o en pie se hicieron otras emparejadas y también formando grupos escultóricos en los que el difunto aparece con los miembros de su familia. Los materiales utilizados fueron la piedra, la madera y, en menor proporción, el metal; se pintaban las superficies; los ojos eran piezas incrustadas de otro tipo de material, como el cristal de roca, que realzaba la apariencia de realidad que pretendía transmitir la estatua. Tales representaciones iban destinadas exclusivamente a los personajes importantes; existió otro tipo de obras, no obstante, que representaban a los trabajadores en sus diversos oficios y a las mujeres ocupadas en sus tareas domésticas. Todas tenían un destino común: la tumba del difunto. A finales de la IV dinastía se introdujo una tercera posición escultórica tan asimétrica y estática como las dos anteriores (de pie y sentadas): la del escriba en cuclillas en el suelo con las piernas cruzadas. Otra invención del Imperio Antiguo es el retrato de busto.
La escultura en relieve servía a dos propósitos fundamentales: en los muros de los templos para glorificar al faraón; en las tumbas para preparar al espíritu en su camino hacia la eternidad. En las cámaras funerarias de las tumbas privadas es frecuente la decoración con escenas del muerto ocupado en las actividades cotidianas que desarrolló en vida.
La forma de representación del cuerpo humano en dos dimensiones (frente y perfil), tanto en relieve como en pintura, era determinada por el deseo de preservar la esencia de lo representado. Se buscaba, por encima de todo, la eternidad frente a lo transitorio. Como resultado de esto, se combina en las figuras la disposición de perfil para la cabeza y extremidades inferiores con la frontal de los ojos y el torso. Esta regla o canon se aplicó rigurosamente a los faraones y miembros de la nobleza, mientras que para los sirvientes y campesinos se usó menos. Los relieves solían pintarse para dar una mayor sensación de realidad, siendo frecuente la inclusión en ellos de diversos detalles sólo pintados, sin necesidad de haberlos tallado previamente en la roca; la pintura de carácter meramente decorativo aparece muy raras veces en las piezas del Imperio Antiguo.
El conocimiento que poseemos sobre la mayor parte de las costumbres y modo de vida de los egipcios se ha conseguido gracias a estos relieves (y los objetos de los ajuares funerarios), que informan sobre las variedades de comida y sus formas de elaboración, los métodos de pastoreo, la caza de animales salvajes, la construcción de embarcaciones y muchos otros oficios perfectamente representados. Dispuestos en la pared por medio de bandas o registros, podían leerse fácilmente los relieves como una narración continuada; tales representaciones no fueron concebidas tanto como acontecimientos acaecidos en un momento determinado sino como ocupaciones y oficios en general, con un claro carácter de atemporalidad y eternidad. Para la escultura en relieve, al igual que para la exenta o de bulto redondo, los escultores trabajaron formando equipos o talleres con diferentes niveles de trabajo asignado a los distintos integrantes del grupo.

Imperio Medio.
La escultura del Imperio Medio se caracteriza por su inclinación hacia el realismo. Las primeras obras de este periodo imitan claramente los ejemplos del Imperio Antiguo en un intento por restablecer las viejas tradiciones, pero la escultura de la XII dinastía muestra un renovado interés por la realidad. Los retratos de faraones como Amenemes III y Sesostris III son muy diferentes de aquellos otros faraones del Imperio Antiguo.
Durante la XII dinastía las imágenes del faraón no se idealizan hasta el punto de convertirlo en dios. La gravedad e importancia de su alto rango se reflejan de forma clara en el rostro. La estructura ósea se insinúa bajo una superficie rígida, produciendo un tipo de realismo que nunca se había dado con anterioridad en el arte egipcio. Las estatuas de personajes privados tienden, como en todas las épocas, a imitar el estilo de las de los faraones; así lo vemos por ejemplo en los retratos de la nobleza de la XII dinastía, tendentes también hacia el realismo.

Imperio Nuevo.
Durante el Imperio Nuevo la escultura alcanzó una nueva dimensión. La rigurosa y severa estilización del Imperio Antiguo y el áspero realismo del Imperio Medio fueron reemplazados por un estilo cortesano en el que se combinaban perfectamente la elegancia y la cuidadosa atención hacia los detalles más delicados. Iniciado durante los reinados de Hatshepsut y Tutmosis III, este estilo alcanzará su madurez en tiempos de Amenhotep III (Amenofis III). Los retratos de los faraones y de los cortesanos fueron obras plenas de gracia y sensibilidad.
El arte en la época de Akhenatón (o Ajnatón), hijo de Amenhotep III, refleja la revolución religiosa promovida por el faraón. Akhenatón adoraba a Atón, dios solar, e imaginó y proyectó una línea artística encaminada hacia esta nueva dirección, es decir, a eliminar la inmovilidad tradicional del arte egipcio. Al comienzo de su reinado se utilizó un realismo casi caricaturesco, pero poco a poco fue derivando hacia un estilo de sutil belleza y profunda ternura, cualidades perfectamente ejemplificadas en la cabeza de caliza pintada de su esposa, la reina Nefertiti (c. 1365 aC, Staatliche Museen, Berlín).


Busto de Nefertiti.

Los temas son ahora, por primera vez, la vida cotidiana y las relaciones afectuosas de la familia real, retratada con un realismo físico sorprendente. Otra innovación es la representación frontal del cuerpo, aunque la cabeza sigue estando de perfil.


Estatua del faraón Pinegem I, de la XXI Dinastía (1069-945 aC), reutilizando una estatua de Ramsés II.

PINTURA.
Imperio Antiguo.
La pintura, siempre de carácter meramente decorativo, aparece muy raras veces en las piezas del Imperio Antiguo que se han descubierto hasta el momento presente. Sin embargo, desde la VI dinastía, su calidad es incontestable, por su dibujo naturalista y sus colores brillantes y variados. Abundan las escenas cotidianas, de animales o de caza.



El color verde (hecho con malaquita) es uash, el mismo nombre del papiro, es el color de la vida, lo que explica su temprana frecuencia en las pinturas.

Imperio Medio.
La costumbre entre los nobles de enterrarse en tumbas construidas en sus propios centros de influencia en lugar de hacerlo en la capital, se mantuvo vigente. Aunque muchas de ellas estuvieron decoradas con relieves, como por ejemplo las tumbas de Asuán, en el sur, otras como las de Beni Hassan y El Bersha, en el Egipto Medio, fueron por regla general decoradas exclusivamente con pinturas. Los ejemplos conservados muestran el trabajo de los artistas y artesanos locales en su intento por adherirse a los modelos de los talleres regios. Aparecen algunas novedades en los tipos y formas representativas, aunque los viejos modelos todavía servían de guía para muchos temas y composiciones. La pintura también decoraba los sarcófagos rectangulares de madera típicos de este periodo. Los dibujos eran muy lineales y reflejan una gran minuciosidad en los detalles.

Imperio Nuevo.
Mientras que el relieve se utilizó en el Imperio Nuevo principalmente para la decoración de edificios religiosos, la pintura predominará en la decoración de las tumbas privadas. La necrópolis de Tebas es una rica fuente de información sobre la lenta evolución de la tradición artística, así como también de excelentes ilustraciones de la vida de aquella época.
El medio pictórico permitió mayores posibilidades que el escultórico, al conceder al artista la posibilidad de crear coloristas imágenes de la vida cotidiana. Los funcionarios aparecen representados inspeccionando los exóticos tributos llevados a Egipto desde todos los rincones del mundo conocido. Los oficios de los talleres regios están representados con meticuloso detallismo ilustrando la elaboración de todo tipo de objetos, desde grandes esculturas a delicadas joyas. Los ritos funerarios, desde el cortejo fúnebre hasta las últimas plegarias elevadas a los espíritus, también se representan. Uno de los elementos comunes en la pintura de las tumbas tebanas, conocido ya en el Imperio Antiguo, es la representación del difunto cazando y pescando entre los papiros de las marismas, entretenimientos y actividades de las que desearía gozar durante toda la eternidad.

ARTES DECORATIVAS.
Imperio Antiguo.
En la cerámica, la rica decoración del periodo predinástico se reemplazó por bellas piezas no decoradas, de superficies pulimentadas y dentro de una gran variedad de formas y modelos destinados a servir de objetos para uso cotidiano.
La cerámica servía para los mismos usos que hoy damos al cristal, la loza, el metal, la porcelana o el plástico; en consecuencia, el abanico de posibilidades abarca desde vasijas y recipientes para comer y beber hasta grandes envases y contenedores de almacenaje o incluso depósitos o cubos para la fermentación de bebidas.
Las joyas se hicieron en oro y piedras semipreciosas, incorporando formas y diseños animales y vegetales. En toda la historia de las artes decorativas de Egipto hubo una gran predilección por tales asuntos o motivos artísticos.
Se ha conservado poco mobiliario, generalmente en tumbas reales, pero la abundante presencia de los mismos en las imágenes de las tumbas nos proporciona abundante información sobre el diseño de sillas, camas, escabeles, sillones y mesas. Generalmente los diseños fueron simples, sencillos, incorporando formas vegetales y garras de animales para rematar los acabados inferiores de los muebles (patas de sillas y mesas, por ejemplo). No se utilizaban clavos, sino que las piezas se unían mediante espigas y mortajas o se pegaban con cola extraída de los animales. Destacan los cabezales rodeados de genios para proteger el sueño. Uno de los más bellos conjuntos de muebles del Imperio Antiguo es el de la tumba de la reina Heteferes, madre de Keops, que destaca por su grandiosidad y sobriedad.
Al finalizar la VI Dinastía el poder centralista de Egipto había disminuido; los gobernantes locales decidieron emplazar sus sepulcros en sus propias provincias en lugar de enterrarse cerca de las necrópolis de los faraones a quienes servían. De esta dinastía data la estatua en metal más antigua que se conoce en Egipto: una imagen en cobre (c. 2300 aC, Museo Arqueológico de El Cairo) de Pepi I (faraón c. 2395-2360 aC).
El primer periodo intermedio (VII a X dinastías) fue una época de anarquía y agitación y, aunque hubo un débil intento por mantener las tradiciones artísticas del Imperio Antigu, hasta la reunificación del país con los faraones de Tebas, en el sur, no se pudo reanudar la actividad artística para igualarla a su anterior época de esplendor.

Imperio Medio.
En el Imperio Medio se produjeron magníficos trabajos en artes decorativas, en particular joyas realizadas en metales preciosos con incrustación de piedras de colores. En este periodo aparece la técnica del granulado. El barro vidriado alcanzó gran importancia para la elaboración de amuletos y pequeñas figuras. Quizá lo más conocido fueron los hipopótamos de barro vidriado en color azul decorados con pinturas de plantas acuáticas.

Imperio Nuevo.
Durante el Imperio Nuevo las artes decorativas, al igual que la pintura y la escultura, alcanzaron las más elevadas cotas de perfección y belleza. Los objetos de uso cotidiano utilizados por la corte real y la nobleza fueron exquisitamente diseñados y elaborados con gran destreza técnica. No hay mejor ejemplo para ilustrar esta afirmación que el ajuar funerario de la tumba (descubierta en 1922) de Tutankamón, donde con ricos materiales —alabastro, ébano, oro, marfil y piedras semipreciosas— se crearon múltiples objetos de consumada habilidad artística.
La cerámica del Imperio Nuevo ofrece también este mismo gusto decorativo, con sus superficies frecuentemente pintadas con motivos vegetales.
En este periodo se produce el apogeo del vidrio egipcio donde los vidrieros mostraron una gran originalidad. En general, y a tenor de los restos conservados, se puede decir que los egipcios de esta época encontraron un particular deleite en la riqueza ornamental y en los vivos colores de las pinturas y artes decorativas.

APÉNDICE.
 Arqueólogos en Egipto.
Catherine Berger, de l'Ecole d'Haux Etudes.
Bietak, austriaco en Avaris.
Charles Bonnet, suizo, en Kerma (Sudán).
Betsy Bryan, pinturas en la tumba del mayordomo Su-ennuit.
Joao Campos, experto en reconstrucción informática de rostros, Universidad de Londres.
Rosalie David, experta en momias, de Manchester.
Vivian Davies, conservador del British Museum.
Peter Dorman, de Universidad de Chicago.
Günter Dryer, excavador alemán en Abidos.
Dina Faltings, excavadora alemana en Buto.
Joann Fletcher, experta en peluquería y cabello egipcios, Universidad de Manchester.
Renée Friedman, de Universidad de Berkeley, excavadora en Hieraconpolis.
Joyce Fyler, especialista en análisis tomográfico de cuerpos, del British Museum.
Zawi Hawas, director de excavaciones en las pirámides de Giza.
David Jeffreys, excavador norteamericano en Menfis.
Michael Jones, del Instituto Americano de Egipto.
Margaret Judd, Sociedad Arqueológica del Sudán.
Tim Kendall, en la montaña sagrada de Gebel Barkal.
André Labrousse, arqueólogo francés del CNRS.
Jean-Philippre Lauer, arqueólogo francés de Sakkara desde 1926 con Firth.
Jean Leclant, experto francés en inscripciones.
Ian Mathieson, arqueólogo en Abidos.
Paul Nicholson, experto en inscripciones, de Universidad de Cambridge.
David O'Connor, excavador en Abidos.
Carmen Pérez Die. Conservadora de Egiptología del Museo Arqueológico Nacional, de Madrid. Directora desde 1985 de las excavaciones españolas (iniciadas en 1966 por Martín Almagro) en la necrópolis de Heracleópolis Magna, hacia 2134-1991 aC, de las dinastías IX y X.
Paule Posener, de l'Ecole d'Haux Etudes.
John Ray, experto en inscripciones, de Universidad de Cambridge.
Rainer Stadelmann, director del Instituto Arqueológico Alemán en El Cairo, que investiga en las pirámides de Snofru en Meidun.
John Taylor, experto en momificación del British Museum.
iroslav Verner, arqueólogo checo en la tumba del faraón Neferer-re en Abusir.
Roxie Walker, experto en Egipto de la Fundación de Antropobiología.
Derek Welsby, arqueólogo británico en Kerma (Sudán).
Fred Wendorf y el polaco Schild, excavadores del oasis del Sahara húmedo en Playa Nafda.
Hourig Zarousian, arqueóloga del Instituto Arqueológico Alemán en El Cairo.

FUENTES DE HISTORIA Y ARTE DEL EGIPTO ANTIGUO.
Internet.
[http://es.wikipedia.org/wiki/Arte_del_Antiguo_Egipto]
[http://es.wikipedia.org/wiki/KV62] La tumba de Tutankamón.
Enciclopedia Encarta de Microsoft. Gran parte de los textos del artículo parafrasean los de esta enciclopedia.

Películas.
Faraón (1966), de Jerzy Kawalerowicz. Película polaca de extraordinaria fidelidad histórica en los detalles, rodada con medios monumentales, que muestra la lucha por el poder entre el faraón reformista, un ficticio Ramsés XIII, y la casta sacerdotal, en un Egipto sumido en una crisis social y política. Se basa en una novela de Boleslaw Prus de 1897. [http://www.estoeshispania.com/2010/09/faraon-1966-el-antiguo-egipto-traves.html]


Conferencias.

Tebas en Egipto. La ciudad de las cien puertas. Conferencia de José Manuel Galán, Profesor de Investigación del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC (7 de enero de 2014), Fundación Juan March. 72 minutos.

Documentales.
British Museum. Serie Home Video. Egipto (50'). Especial Ramsés II.
Egiptomanía. Planeta Agostini. 1998. 13 vídeos. Una serie alemana, con arqueólogos británicos, norteamericanos (Mark Lehner), franceses (Jean-Yves Empereur), alemanes... Trata los aspectos más llamativos de la civilización egipcia. Los secretos de los faraones (44'). Una investigación de ADN antiguo, momias; excavaciones en El Fayum. Cleopatra, la última reina (44'). El Mediterráneo en el siglo I aC.
El misterio de las pirámides. Documental. 98 minutos.
Historia del arte universal. Cap. 1. Arte prehistórico, mesopotámico y egipcio. Documental. 52 minutos.
La pirámide perdida. Documental. 90 minutos. Se excava una cuarta pirámide, del faraón Dyedefra (h. 2566-2557, fue sucesor de Keops), en Abu Rawash, cerca de Gizeh, tal vez la más alta de la Historia con sus 128 metros, siete más que la de Keops, gracias que aprovechaba una colina.
Planeta Egipto. Serie documental con numerosos episodios, con títulos distintos según la edición, en el oroginal francés L'Egypte: 1. El nacimiento de un imperio Egipto. Del caos a los reyes. 50 minutos. Los inicios de la civilización egipcia. Los misterios de las pirámides (50 minutos). La pirámide de Keops. Errores graves, como considerar que no hubo un plan previo para la tumba definitiva de Keops dentro de su pirámide. La máquina de la resurrección (50'). Continuación del video anterior; la pirámide como vehículo de resurrección. La Edad de Oro egipcia (50'). Continuación del video anterior, sobre la XVIII Dinastía. Los constructores de las pirámides (55'). Los arqueólogos Lauer, Stadelmann, Hawas, Leclant, Labrousse. La época de las pirámides (44'). Continuación del video anterior; Leclant sobre la religión; Posener sobre papiros y escritura.  Dioses y demonios (49'). La religión, la superstición, los oráculos, los partos y el ritual de protección de mujeres y bebés. Después de la muerte (48'). Las momias, las técnicas de momificación, su uso en la Medicina actual. Ramsés, el preferido de los dioses (52 minutos). Dramatiza con actores la vida de Ramsés II para mostrar la civilización egipcia y el templo de Karnak. Alejandría. La séptima maravilla del mundo (48 minutos). El faro de Alejandría y las excavaciones submarinas de Empereur.
Secretos de Keops. Documental. 52 minutos. Una hipótesis nueva sobre la técnica de construcción de la gran pirámide: una rampa interior para mover las piedras.
Secretos de la Antigüedad. La esfinge. Documental. 45 minutos. La Gran Esfinge, medio león, medio hombre, esculpida en un inmenso bloque de caliza, como su templo anterior. Las primeras tumbas faraónicas, como la de Aja, tenían leones enterrados, símbolos del poder de los faraones.
Tebas. Recreación de la antigua capital de Egipto. Documental. 6 minutos. Infografía excelente sobre la ciudad.
Tesoros perdidos de la Humanidad. Egipto. 49 minutos. Desde los inicios de la civilización egipcia.
Viaje al Valle de los Reyes. Documental. 47 minutos. La necrópolis real de Tebas.


Exposiciones.
*<Iside. Il mito, il mistero, la magia>. Milán. Palazzo Reale (22 febrero-1 junio 1997). Cat.
*<Soudan. Royaumes sur le Nil>. París. Institut du monde arabe (4 febrero-31 agosto 1997). Cat. 68 pp. 75 ilus. en color.
*<LArt égyptien au temps des pyramides>. París. Grand Palais (9 abril-12 julio 1999). Cat. 520 pp. 470 ilus.
*<Núbia. Els regnes del Nil al Sudan>. Barcelona. La Caixa (2003). Cat. 321 pp.
*<Els Faraons>. Alicante. Llotja (2004). Valencia. Museu de l’Almodí (2004). Obras del National Museum de Egipto. Cat. 283 pp.
*<Las puertas del cielo>. París. Louvre (2 abril-26 junio 2009). Más de 300 piezas sobre el pensamiento del Antiguo Egipto. Comisario: Marc Etienne.
*<Otro Egipto>. Palma de Mallorca. CaixaFòrum (2012). Jurado, Laura. Egipto… después de Cristo. “El Mundo” (16-II-2012) 59-60. El arte copto.
*<Cleopatra, Roma y el hechizo de Egipto>. Roma. Claustro de Bramante (15 octubre 2013-1 febrero 2014). 180 piezas. Comisario: Giovanni Gentile. Reseña de Magi, Lucía. Cleopatra y Augusto: vuelven las hostilidades. “El País” (20-X-2013) 46. Dos exposiciones enfrentan a los dos enemigos.
*<Tutankhamon and the Golden Age of the Pharaons>. Londres. The Bubble (diciembre 2007-30 agosto 2008). 130 obras de la XVIII Dinastía, hace 3.500 años. Cat. Hawass, Zahi (texto); Vannini, Sandro (fotos). King Tutankamun. Thames & Hudson. Londres. 2007. Reseña de Antón, Jacinto. Últimas noticias de Tut. “El País” Semanal 1.632 (6-I-2008) 64-69.
*<Animales y faraones>. Barcelona. CaixaForum (abril-septiembre 2015). 430 obras de 60 especies, con 14 momias de animales. Comisaria: Hélène Guichard. Reseña de García, Ángeles. Las mascotas divinas de los faraones. “El País” (1-IV-2015) 35.

Libros.
AA.VV. Arquitectura egipcia. Parramón. Barcelona. 2000. 95 pp.
AA.VV. Egipto. El imperio de los faraones. Col. Grandes Civilizaciones. Ediciones Rueda. Madrid. 2002. 195 pp.
AA.VV. Egipto. Tierra de faraones. Especial de “Historia National Geographic” (2012). 144 pp.
Aldred, Cyril; et al. Los tiempos de las pirámides. De la Prehis­toria a los hicsos (1560 a.C.). Col. Universo de las Formas. Aguilar. Madrid. 1978. 347 pp.
Aldred, Cyril; et al. El Egipto del crespúsculo. Col. Universo de las Formas. Agui­lar. Madrid. 1980. 337 pp.
Aldred, Cyril. Arte egipcio. Destino. Barcelona. 1993 (1980). 252 pp.
Avdiev, V. I. Historia económica y social del Antiguo Oriente. Akal. Madrid. 1986 (1970 ruso). 2 vols. I. El Egipto faraónico. 159 pp. II. Reinos y Estados del II y I milenios. 201 pp.
Baines, John; Málek, Jaromír. Atlas of Ancient Egypt. Phaidon. Nueva York. 1985 (1980). 240 pp.
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Libros de literatura.
Waltari, Mika. Sinuhé, el egipcio. 1945 (finlandés). Hay varias ediciones en español, desde 1964 (Plaza y Janés. Barcelona). Famosa novela histórica del escritor finlandés Mika Waltari, que muestra la vida de Sinuhé, un personaje literario ya en el Antiguo Egipto (La historia de Sinuhé), cuyas aventuras suceden en Egipto en la época de los faraones Amenofis III, Akenatón y Horemheb, y cuenta además sus viajes por Mesopotamia, Siria o Creta, hasta llegar a ser médico real. Su reconstrucción de los hechos es relativamente anticuada, pero en general todavía es válida para recrear aquellos tiempos de un modo interesante para el alumno. Fue un best seller internacional cuando apareció en 1945 y durante los decenios siguientes, y tuvo una decepcionante adaptación cinematográfica en 1954. [http://es.wikipedia.org/wiki/Sinuhé,_el_egipcio] [http://es.wikipedia.org/wiki/Mika_Waltari]
Artículos. Orden cronológico.
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Goytisolo, Juan. De Atenas a Abu Simbel. “El País” (14-I-2012) 39. El escritor polemiza con Félix de Azúa, que publicó el artículo Perder lo que nunca fue nuestro en “El País” (3-I-2012), que reivindicaba las raíces helenas de Occidente a partir de un poemario de Hölderlin, Archipiélago. Goytisolo afirma que si bien es indudable la influencia griega él encuentra que las raíces más profundas del gusto occidental se hallan en la civilización egipcia, por ejemplo en los grandes monumentos y las estatuas de Abu Simbel, y nos avisa que los primeros intentos de establecer una gran cesura entre el arte egipcio y el griego se remontan a la época de Heródoto y Plutarco, ansiosos de revalorizar la importancia de lo griego y de minusvalorar lo oriental como ejemplo de lo bárbaro.
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Antón, Jacinto. Los dos colosos de Memnon ya son tres. “El País” (17-II-2012) 42.
Antón, Jacinto. Josep Padró / Egiptòleg. ‘M’hauran de treure arrossegant d’Egipte’. “El País” Quadern (13-IX-2012) 8.
Antón, Jacinto. 90 años con Tutankamón. “El País” (3-XI-2012) 39. Entrevista con la egiptóloga Joyce Tyldesley.
Antón, Jacinto. Tutankamón, aniversario íntimo. “El País” (19-XI-2012) 38. En el 90 aniversario del descubrimiento de la tumba, Luxor está casi vacío de turistas y los locales les presionan para que tomen sus servicios, desesperados por la mala situación económica.
Antón, Jacinto. La belleza eterna cumple un siglo. “El País” (6-XII-2012) 40-41. Centenario del hallazgo del busto de Nefertiti.
Antón, Jacinto. El capricho de Tutmosis III. “El País” Semanal 1.889 (9-XII-2012) 46-53. El templo funerario de Tutmosis III en Luxor, excavado por el equipo dirigido por la arqueóloga española Myriam Seco desde 2008. Había sido excavado en 1907 por el británico Arthur Weigall y en los años 30 por el suizo Herbert Ricke.
Antón, Jacinto. De excavaciones al desierto egipcio con un especialista en peces. “El País” (15-III-2013). Excavaciones en Oxirrinco.
Owen Williams, Maynard. En la tumba de Tutankamón. “El País” Semanal 1.904 (24-III-2013) 42-50. Un reportaje fotográfico publicado en mayo de 1923 en “National Geographic”, pocos meses después del descubrimiento de Howard Carter, el 4 de noviembre de 1922.
Agencias. Hallados en Egipto los considerados como papiros más antiguos. “El País” (12-IV-2013) 39. Papiros en un puerto del Mar Rojo han sido datados en 2.500 aC, en el reinado de Keops.
Mellado, Ana. La civilización egipcia se formó mucho antes de lo que se pensaba. “ABC” (4-IX-2013). Informa que científicos británicos de la Universidad de Oxford, dirigidos por el profesor Michael Dee, mediante técnicas de carbono 14 han adelantado varias decenas de años (el artículo y la prensa británica cometen el error de cambiar los 50 años probables por 500) la primera dinastía egipcia, iniciada por Narmer, que habría unificado Egipto más rápido de lo que se suponía. Su nueva cronología es avalada por la prestigiosa arqueóloga Joann Fletcher, profesora en la Universidad de York. Según la nueva teoría, por ejemplo, el faraón Aha, sucesor de Narmer, no reinó en 3007-2975 aC (la cronología tradicional de Von Beckerath), sino que comenzó a reinar en una fecha indeterminada entre el 3111 y el 3045.
González, Ricard. La última profanación de los faraones. “El País” (4-I-2014) 34. La inestabilidad política en Egipto daña el patrimonio arqueológico, expoliado o destruido.
González, Ricard. Descubierta una pirámide de 4.600 años. “El País” (5-II-2014) 38. La pirámide escalonada hallada en Edfú es anterior a la pirámide de Keops, construida en piedra arenisca y ladrillo, y tuvo en origen 13 metros de altura (quedan sólo cinco metros). Pertenece a un pequeño grupo de pirámides “provinciales” de función ceremonial, por lo que no tienen cámara funeraria y se cree que simbolizaban el poder del faraón. Se datan hacia los reinados de Huni (2635 aC) y Snefru (2610 aC).
Antón, Jacinto. Desfallece el obelisco del faraón. “El País” (18-III-2014) 41. Presión de los expertos para que el obelisco de Ramsés II en París vuelva a Luxor.
Antón, Jacinto. Una fotocopia para Tutankamón. “El País” (1-V-2014) 37. Una réplica de la tumba del faraón, para preservarla de los visitantes.
Oravio, Igncio. Una casa de silicona para Tutankamón. “Magazine” (14-IX-2014) 26-33. Reportaje en color de la instalación de la reproducción realizada por la empresa madrileña Factum Arte.
Agencia EFE. Reabiertas la Esfinge y la pirámide de Micerino. “El País” (11-XI-2014) 41.
Antón, Jacinto. La momia conservaba sus joyas. “El País” (21-XI-2014) 45. El equipo de Myriam Seco halla alhajas de oro en una tumba en Luxor.
Antón, Jacinto. Hallada en Egipto la tumba de una reina desconocida de la V dinastía. “El País” (5-I-2015) 30. Una mastaba en Abusir para Khentkaus III, esposa y madre de faraones.
González, Ricard. Egipto recupera decenas de obras robadas tras la ‘primavera árabe’. “El País” (27-IV-2015) 40.

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