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miércoles, 3 de febrero de 2016

HA 5 UD 09. El Barroco en Europa.

HA 5 UD 09. EL BARROCO EN EUROPA.

INTRODUCCIÓN.
Un resumen.

1. CARACTERÍSTICAS GENERALES.
El arte y la Contrarreforma.
El arte y el absolutismo.
El origen del Barroco: la reacción contra el Manierismo.
La estética barroca.
Periodos.
¿Una distinción entre Barroco y Rococó?

2. ARQUITECTURA.
1.1. CARACTERÍSTICAS.
1.2. ESCUELAS.
ITALIA.
San Pedro del Vaticano: Maderno, Bernini.
Borromini y otros arquitectos.
FRANCIA.
Las iglesias.
El palacio de Versalles.
ALEMANIA.
INGLATERRA.
ESPAÑA.
El siglo XVII.
El siglo XVIII: los Churriguera.

3. ESCULTURA.
3.1. CARACTERÍSTICAS.
3.2. ESCUELAS.
ITALIA.
Bernini.
FRANCIA.
ALEMANIA.
ESPAÑA.
Escuela castellana: Fernández.
Escuela andaluza: Martínez Montañés, Mena, Alonso Cano.
Escuela murciana (siglo XVIII): Salzillo.   

4. PINTURA.
4.1. CARACTERÍSTICAS.
4.2. ESCUELAS.
ITALIA.
Caravaggio a Guardi.
FRANCIA.
Poussin a Watteau.
ALEMANIA.
FLANDES.
Rubens.
HOLANDA.
Hals, Vermeer, Rembrandt, De Hooch.
INGLATERRA.
Hogarth.
ESPAÑA.
Valencia: Ribalta, Ribera.
Sevilla: Zurbarán, Murillo, Alonso Cano y Valdés Leal.
Madrid: Velázquez, Rizzi, Claudio Coello y Carreño de Miranda.

INTRODUCCIÓN.
Un resumen.
En las bellas artes, el epíteto de barroco ha servido para calificar, en sentido peyorativo, al estilo que sucedió a los del Renacimiento clásico y manierista, y se impuso en gran parte de Europa en el siglo XVII y la primera mitad del XVIII.
El barroco fue un arte enfocado a la legitimación del poder absoluto de los monarcas y de la Contrarreforma religiosa emprendida por la Iglesia católica.
Nacido en Roma como expresión esencial de la Contrarreforma, se impuso especialmente en los países católicos, y renovó la iconografía y el arte sacro. Pero fue también un arte cortesano, que reflejaba el absolutismo de los príncipes en el fasto de los decorados.
Contrariamente al ideal de serenidad y equilibrio metódicos del Renacimiento, el Barroco es un arte de una época de crisis, que desconfía de la inteligencia: quiere sorprender, deslumbrar y llegar hasta los sentidos en una época en la que se proclama el carácter afectivo de la fe. Lo logra mediante efectos de luz y movimiento, de formas de expansión que se expresan en arquitectura por el empleo del colosalismo, de la línea curva y de las rupturas: en escultura, por la preferencia hacia la torsión, las figuras volantes, los ropajes tumultuosos; en pintura, por composiciones en diagonal y juegos de perspectiva y de escorzo. Pero lo esencial es que las diferentes disciplinas tienden a fundirse en la unidad de una especie de espectáculo cuyo dinamismo y brillo multicolor son pruebas de su exaltación.
Pero el Barroco es también es una vuelta al naturalismo del Renacimiento, abandonado durante el Manierismo. En este sentido, el Barroco enlaza nuevamente con el clasicismo del Renacimiento y lo prolonga hasta la Edad Contemporánea.

1. CARACTERÍSTICAS GENERALES.
Mientras en el Renacimiento y en el siglo XVI el hombre tenía una confianza ilimitada en sus propias fuerzas, en el Barroco y en el siglo XVII el hombre pierde la confianza en su capacidad y surge en el arte el tema del desengaño: es una época de crisis política, social, demográfica, económica y religiosa.
En esta época, en los países católicos culmina la Contrarreforma religiosa y predomina el Absolutismo político.
El arte y la Contrarreforma.
El arte religioso al servicio de la Iglesia católica debe deslumbrar a los fieles con la fastuosidad y espiritualidad de sus monumentos y ritos. La iconografía de la escultura y la pintura sigue las pautas de la Contrarreforma, con un sentido didáctico de las vidas de los santos y de la Virgen (la Inmaculada), el tema de la Eucaristía, las visiones místicas.
En los países protestantes, en cambio, el arte se queda al margen de la Reforma: las iglesias son mucho menos grandiosas, se elimina la escultura en su decoración; sobre todo, la pintura es cotidiana, con retratos, bodegones y paisajes al gusto de la clientela burguesa.
El arte y el absolutismo.


Mapa de la Europa de la primera mitad del siglo XVIII.

El arte laico-político sirve y legitima la monarquía absoluta, que debe impresionar a los súbditos con la contemplación del poder y de la gloria del monarca. Esto explica la importancia del urbanismo de las capitales, en las que se trazan grandes avenidas y plazas y se construyen enormes y lujosos palacios, así como se realizas obras plásticas que enaltecen al soberano.
En Francia hay un evidente dirigismo político en el arte cortesano, divergente del arte barroco religioso (Italia), burgués (Holanda) o popular. Es en Francia donde el arte y el absolutismo se funden de modo más evidente, sobre todo durante el reinado de Luis XIV (1643-1715), al principio bajo la regencia de Mazarino. La política cortesana dirigista alcanza su plenitud con Colbert, que es el ministro de la primera mitad del reinado (hasta c. 1685), con el apoyo de Charles le Brun, promoviendo la fábrica de los Gobelinos y la institucionalización de las Academias. Los Gobelinos era una fábrica de tapices del siglo XV, convertida en 1667 en Manufactura Real de los Muebles de la Corona. Le Brun fue administrador del Real Patrimonio y director de los Gobelinos, con un enorme grupo de artistas y artesanos de todos los géneros. Fabricaban todos los objetos para el Patrimonio Real y además era escuela de formación artística y artesanal. Las Academias de Arquitectura, Pintura... fueron unidas en la Academia Francesa en 1663, con una reglamentación nueva pensada por Le Brun, subordinando el aparato del arte al Estado.
Como dice Félix de Azúa: ‹‹Rossellini, en su película sobre la toma del poder de Luis XIV, asume de un modo muy convincente que toda la representación cortesana del Rey Sol fue un sagaz artificio para la instalación del poder absoluto en un medio hostil, y en esa representación entraban, sin lugar a dudas, el teatro, la ópera, la pintura o la arquitectura, así como la abigarrada vestimenta que hoy nos parece cosa de locos. El genio político de Luis XIV habría consistido primordialmente, en la genial dramaturgia que puso en marcha para obtener la creencia de los rebeldes feudales en la realidad del poder real. Una vez introducidos en la representación monárquica, los poderosos feudales fueron convertidos en perros de aguas.›› [Azúa. Diccionario de las Artes. 1995: 255.]
El origen del Barroco: la reacción contra el Manierismo.
Hacia 1600 se produce una reacción antimanierista, una recuperación clasicista, en la que la idea de naturaleza se basa en el triunfo de la ciencia (esto implicará el triunfo del realismo). La ornamentación ha perdido su fuerza en Italia y se ha roto definitivamente la unidad renacentista. Entonces se fusionan en el Barroco todas las influencias posibles y existentes, con una experimentación enormemente rica, sin una dirección única, con una pluralidad extraordinaria. Este movimiento se difundirá desde Roma por Italia, España, Portugal, Francia, Austria, Alemania, Bohemia, Flandes, Polonia, Rusia y desde la península ibérica pasa a América Latina, donde hubo varios focos importantes: México (la capital, Puebla, Guadalajara), Quito (escultura y pintura, iglesia de la Compañía), Lima, Cuzco, Alto Perú (Potosí, La Paz, con su decoración en estilo barroco mestizo); en Brasil destacó Aleijadinho.
La estética barroca.
Los rasgos estéticos del arte barroco son naturalismo realista, clasicismo, pluralidad gramatical, movimiento y desequilibrio, interés por el tiempo, contrastes, lujo.
- Naturalismo realista. El arte idealista del Renacimiento no reflejaba la realidad. En el Barroco se impone la vuelta a lo real, se intenta captar al hombre y a la naturaleza con todas sus imperfecciones. Pintores como Rembrandt y Ribera prefieren pintar dramáticamente a viejos, santos huesudos que viven y sufren ascéticamente, Velázquez retrata bufones enanos. Consideran que estas figuras feas existen en la realidad y deben ser representadas en el arte.
- Clasicismo. Se vuelve a los modelos clásicos de la Antigüedad, denostados por el experimentalismo del Manierismo. Se cultivan sobremanera los temas mitológicos y alegóricos. En este sentido destaca la arquitectura y la escultura de Bernini, la pintura serena de Poussin. Pero en Italia más que el modelo clásico se toma el modelo helenístico, más expresivo.
- Pluralidad gramatical. Conviven varios grandes modelos: en arquitectura el italiano y el francés; en escultura el italiano y el francés; en pintura el italiano, el holandés y el flamenco, mientras que el español se puede considerar un modelo independiente.
- Movimiento y desequilibrio. Movimiento y retorcimiento se generalizan en las formas. Es un arte que procura captar la vida, que es movimiento y no quietud.
- Interés por el tiempo. El hombre barroco contempla con melancolía el paso del tiempo, de ahí la ternura dolorosa con que plasma el tema de la vejez. La vida es fugaz y el artista capta el momento concreto y lo inmortaliza.
- Contrastes. La luz y la sombra se disputan el dominio de las pinturas y los interiores de los edificios, así como se resaltan los contrastes entre los primeros planos y los últimos, lo mismo en las pinturas que en las construcciones.
- Lujo. Para compensar la melancolía del paso del tiempo se destaca la riqueza: las telas costosas en la pintura o los mármoles de colores en la arquitectura.
Periodos.
No hay acuerdo entre los autores sobre los periodos del Barroco. Generalmente se defendió que habría comenzado hacia 1600, al decaer el Manierismo, y perduró hasta el 1750 o incluso más en algunos países, hasta el triunfo del Neoclasicismo.
Aunque hay obras de espíritu barroco ya hacia 1570, en la actualidad la tesis más generalizada data su inicio pleno entre 1600 y 1620, e incluso hay autores que lo atrasan hasta 1630, cuando se evidencia un entero cambio estilístico respecto al manierismo. Sí hay consenso en que se origina en Italia y que en unos pocos decenios se extiende por toda Europa, aunque con mayor rapidez en los países que ya habían recibido antes el Renacimiento.
Habría dos fases:
- Un barroco estructural del siglo XVII.
- Un barroco tardío y decorativo, que impera sobre todo en la primera mitad del siglo XVIII, que caerá en el exceso, también llamado por algunos autores Rococó.
)Una distinción entre Barroco y Rococó? 
Ha habido varios intentos teóricos de configurar el Rococó como un estilo independiente del Barroco. El Rococó aparecería en algunos países, sobre todo en Francia e Inglaterra, hacia finales del siglo XVII, conviviendo cronológicamente con el Barroco durante decenios y dominando hacia mediados del siglo XVIII en la mayoría de Europa, para enlazar y diluirse con el racionalismo del neoclasicismo en la segunda mitad del XVIII. La estética rococó se caracterizaría por su creciente racionalismo, por el cultivo de lo intrascendente y de lo mínimo, de lo decorativo, por academicismo (algunos autores prefieren el término “academicista” para este estilo) para satisfacer el gusto de la clientela cortesana y burguesa con un arte mucho menos expresivo, dramático, religioso y monumental que el Barroco.
Pero no hay un consenso historiográfico al respecto y la mayoría de los autores consideran que el Rococó no es un estilo propio porque no supone una estética alternativa, sino una exageración y evolución de los rasgos más decorativos, cortesanos y burgueses del Barroco, lo que parece evidente al menos en los casos de Alemania, Austria y la misma España, aunque bastante menos en los de Francia e Inglaterra.
Una conclusión plausible sería señalar que el término Barroco no es un concepto universal y homogéneo, sino una concepción historiográfica que debe ser continuamente revisada, sin caer en dogmatismos, y que debemos identificar en su seno profundas diferencias regionales, matices, evoluciones. En este sentido, el término Rococó podría ser muy útil para referirse al Barroco final o Barroco tardío y su enlace con los movimientos racionalistas e ilustrados del siglo XVIII en los países más avanzados.

2. ARQUITECTURA.
1.1. CARACTERÍSTICAS.
Rasgos de la arquitectura barroca son:
- Es una arquitectura grandiosa, de enorme amplitud en los espacios, que se centralizan o alargan en San Pedro del Vaticano o Versalles, mientras que las cúpulas se levantan.
- El equilibrio de formas, con un modelo italiano que se interesa por el movimiento y la curva, mientras que el modelo francés, en cambio, se preocupa por la estabilidad y la recta. Pero en ambos el conjunto es armónico y simétrico, con formas puras como el cuadrado, círculo o triángulo.
- Gusto por los contrastes en el interior, tanto cromáticos como lumínicos, creando claroscuros que impresionen.
- La decoración impresionante con adornos que cubren las superficies, de creciente lujo y esplendor, hasta que llega el Rococó, de un exceso delirante.
- La integración de las artes de arquitectura, urbanismo, escultura, pintura, en una unidad, con el modelo coetáneo de la ópera.
- La contraposición de varias tendencias que se fusionan y contraponen, como ocurre con los modelos francés e italiano.
- La importancia del urbanismo, en la teoría y la práctica, al servicio del poder, sobre todo en las plazas públicas.
- El mecenazgo del poder político y religioso de los Príncipes y los Papas, los nobles y los obispos, que son los grandes clientes y exigen una arquitectura que legitime su poder.
1.2. ESCUELAS.
ITALIA.
En Italia la capital artística es Roma, con más fuerza aún desde finales del siglo XVI. En Roma en 1585-1590 hay una profunda reordenación urbana con Sixto V, para hacer de la ciudad una urbe emblemática del catolicismo. Sixto V justifica el grandioso proyecto de urbanismo en un documento: Roma ha de ser la Santa Sede de Pedro, príncipe de los apóstoles y sede de la capital de los cristianos, por lo que debe tener la máxima belleza material para significarlo. Se derriban barrios enteros, se abren anchas avenidas, se colocan edificios monumentales y obeliscos egipcios en los hitos. La escenografía urbana y la fiesta son parte fundamental de la vida en la época. El palacio italiano se articula a partir del cortile integrado en el conjunto del edificio.
En la arquitectura religiosa hay una variada tipología:
- Basilical.
- Planta elíptica: doble circunferencia interrelacionada.
- Centralizada.
- Doblemente centralizada: se pondera el eje de continuidad de la tradición basilical e insiste en la extensión a través de capillas.

San Pedro del Vaticano: Maderno, Bernini.
Uno de los hitos del Barroco es la continuación de la obra de la catedral de San Pedro, la culminación de la historia del proyecto en los siglos XVI-XVII, desde Bramante (planta central), Rafael, Peruzzi, Miguel Ángel (cúpula, volumen exterior, centralización del crucero), Della Porta (que hace reformas).
En 1607 el papa Pablo V decide continuar las obras, pues faltaba la fachada principal. Había entonces un cuerpo delantero para las bendiciones papales (hacia el exterior), y ya estaba el obelisco. Pero hay un cambio de gusto artístico en este momento. El concurso de proyectos de 1607 supone la llegada de artistas de formación tardorrenacentista, que buscaban nuevas fórmulas de experimentación, y por ello el Barroco se pudo experimentar y consolidar en esta obra.


Fachada de San Pedro del Vaticano, por Carlo Maderno.

Carlo Maderno (1556-1629) ganó el concurso. La cruz griega (centralizada según los proyectos de Bramante y Miguel Ángel) se convierte en cruz latina (retomando la reforma de Rafael), alargando la nave central un tercio con nuevos tramos. Se rompe con el concepto de centralidad y se recogen las pautas pos-tridentinas. La fachada se plantea con equilibrio y respeto por lo ya existente, sin ocultar del todo la cúpula, con un orden arquitectónico monumental con pilares y frontispicio. La novedad es el uso tectónico del orden arquitectónico, la horizontalidad subrayada por la poca altura del cuerpo de remate, el respeto por la visualización de la cúpula. Hay una dualidad perceptiva, con intervención del urbanismo para armonizar el diseño nuevo con el anterior.


La plaza de San Pedro del Vaticano, diseñada principalmente por Bernini.



El Baldaquino de San Pedro del Vaticano, por Bernini.

En el interior destaca la decoración, para la que se usan monumentos funerarios de los papas, con escalas divina y humana, y el famoso baldaquino de Bernini, con columnas salomónicas (fuste retorcido), en 1630-1633, con una función de decoración estructural que se relaciona con la cátedra de San Pedro. Este baldaquino subraya el centro de la iglesia y el lugar de la cúpula, pero lo hace mediante un monumento abierto, sin fragmentar la unidad espacial al permitir la visión a través de sus columnas.     
Gianlorenzo Bernini (1598-1680) hace también los dos campanarios de la fachada. La escalera regia lleva a los aposentos privados del papa (su gran anchura disminuye a medida que se sube). El proyecto de la plaza se incluía en el proyecto de 1607, pero lo modifica y realiza Bernini en 1656-1663 (las fechas son dudosas porque se hicieron varias reformas, hasta 1687). Es una obra inmensa para poder recibir a las multitudes de fieles, con doble ala, con un diseño trapezoidal y elíptico que es un símbolo de la maternidad de la Iglesia. Hay elementos clásicos: pórticos de cuatro hileras de columnas, correcciones ópticas para remarcar la unidad perceptiva. Destaca la centralidad visual en el obelisco egipcio y la fachada de la basílica, de modo que se liga la plaza con el entorno y con la propia iglesia.
En resumen, el modelo de San Pedro impone:
- La planta basilical, que los jesuitas difunden a partir del modelo de planta basilical de interior amplio diseñado por Vignola y la fachada-retablo de Della Porta para la iglesia del Gesú de Roma (1568), en otras iglesias, sobre todo en Flandes, la tierra predilecta de los jesuitas, donde construyen en el siglo XVII templos que recuerdan la estructura y el impulso vertical del gótico.
- El uso del sistema clasicista de órdenes para los volúmenes interiores y exteriores.
- La interrelación de espacios interiores y exterior a través de la fachada.
- El uso de la ornamentación como modificadora de ambientes o incluso como creadora de una ilusión espacial.
Borromini y otros arquitectos.
Otras obras maestras son las fachadas de Francesco Borromini (1599-1667) en Roma para San Carlo delle Quattro Fontane, Santa Agnese in Agone, San Ivo alla Sapienza, con curvas, contracurvas e interpenetraciones de figuras geométricas.





Borromini. San Carlo delle Quattro Fontane. 

San Carlo delle Quattro Fontane (1638-1641) muestra una gran plasticidad, en órdenes en escala monumental y humana (a veces intermedias), con alveolos. Santa Agnese in Agone tiene un gran efectismo visual, con cúpula avanza respecto a la fachada hacia la Piazza Navona como punto de partida para su lectura, con una arquitectura de órdenes que crea los ritmos y el movimiento en la fachada. Sant Ivo alla Sapienza (1642-1662) tiene una estructura (con sus volúmenes) que domina sobre la decoración.
En el norte de Italia destacan los arquitectos de Turín. Un gran arquitecto piamontés es Guarini (1624-1683) con la capilla del Santo Sudario. Filipo Juvara realiza la gran Basílica de Superga (1717-1731) en Turín, con planta barroca de octógono irregular y un pórtico clásico, con atrio exterior y atrio interior, es una fórmula mixta de tradición basilical; también realizará el Palacio Real de Madrid (1738-1764, terminado por Sacchetti). En Venecia destaca el arquitecto Baldassare Longhena, autor de la espectacular Santa Maria della Salute.
FRANCIA.
El clasicismo domina en este periodo la arquitectura francesa, de tal modo que muchos autores han rehusado llamarla barroca y prefieren llamarla clasicista. Este modelo clasicista pervivirá hasta el mismo siglo XIX.
En el reinado de Enrique IV (1598-1610) y la posterior regencia de María de Medicis (1610-1630) se reconstruye la economía y la sociedad después de las Guerras de Religión, en la agricultura, industria y administración. En el arte hay un impulso en la arquitectura: reformas urbanas en París, continuación de las obras en los palacios reales. En pintura y escultura hay la segunda Escuela de Fontainebleau. El Manierismo tardío se centra en Nancy (Vellange, Callot) y París (Vignon, Villard).
A continuación se entra en una fase de consolidación del arte cortesano, en los reinados de Luis XIII (1630-1643) y, sobre todo, Luis XIV (1643-1715), cuando Francia, pese a las crisis y las guerras, emerge como el país más poderoso y rico de Europa, y su monarquía dedica grandes medios económicos a una arquitectura grandiosa, que exalte su gloria y su poder político. Los ministros franceses, Richelieu y Mazarino, más tarde Fouquet o Colbert, son grandes ideólogos del arte oficial, mecenas del arte áulico, del arte como expresión del poder. Las Academias, controladas por el Estado, desarrollan un programa artístico al servicio del poder. Por ejemplo, se rechazaron los proyectos de Bernini, por ser poco espectaculares.
Caracterizan el espacio barroco francés la simetría y la geometría, la continuidad y la extensión. Los arquitectos más importantes son Perrault, Lemercier, Le Vau y François Hardouin Mansart. En Francia la reacción antimanierista es más tardía, pero más intensa, pues comienza la interpretación francesa de la tradición clasicista italiana.
Las iglesias.
Sus características generales son la centralización, la simetría, la geometría, pero ello no impide que se integren influencias barrocas italianas, con líneas más cóncavas y convexas que en la linealidad rectilínea francesa.
Destacan las iglesias en París de la Visitación, Val-de-Grâce, la Sorbona, Cuatro Naciones y Los Inválidos.
La iglesia de la Visitación (1632-1634), de François Mansart (padre de Jacques-Hardouin Mansart), centralizada, simétrica, pero más cercana al modelo italiano. La fachada es clásica, con una cúpula enorme, y tiene a un lado un cuerpo de tipología civil.
La iglesia de Val-de-Grâce, de François Mansart (d. 1646), se parece al modelo italiano de Vignola para el Gesú en Roma, con fachada-retablo, con una cúpula medio oculta. Comienza una fase más purista y racionalista en la utilización de los elementos del clasicismo, eliminado ya el manierismo.
La iglesia de la Sorbona (1635-1642), de Jacques Lemercier, es de planta basilical, centralización muy subrayada (con cúpula), con una entrada lateral mayor que la principal (para tener una mejor perspectiva exterior). La fachada no es representativa del barroco francés posterior debido a su entrada no simétrica respecto a la planta, que es una licencia extraña.
El Colegio de las Cuatro Naciones (d. 1663), de Louis Le Vau, con simetría, pura geometría (un elemento muy recurrente en la tradición francesa) y planta central.

La iglesia de los Inválidos, de Jacques-Hardouin Mansart 

La iglesia de los Inválidos (hoy tumba de Napoleón y otros hombres ilustres), de Jacques-Hardouin Mansart (1679-1691), con planta centralizada integrada simétrica, con capillas enormes. Es un eje longitudinal, con extensión en las capillas. El exterior es de un clasicismo estricto, con linealidad, progresión, monumentalidad. Los órdenes definen los ritmos, con cuerpos de escala humana.

El palacio de Versalles.
En la arquitectura civil francesa el patio controla la axialidad del edificio, los volúmenes de las salas y del cuerpo central. En los hoteles (como se denominan las residencias particulares de la burguesía) el cuerpo central está al fondo del patio con alas para los servicios. Mansart construye varios de estos hoteles, en los que hace un uso muy personal de la arquitectura de órdenes, con una decoración austera, en una línea racionalista y tradicional.
Un precedente de Versalles es el palacio de Vaux-le-Vicomte, construido por Le Vau para el ministro Fouquet en 1661 y de inmediato éste celebró una lujosa fiesta en su palacio, con una fastuosa iconografía del poder, que despertó la envidia y preocupación del rey y le convenció para detener a Fouquet y copiar su palacio en Versalles, pero en tamaño mucho más imponente, repitiendo su esquema de planta alargada con dos pequeñas alas en la fachada principal.

El palacio de Versalles, de Louis Le Vau y Jacques-Hardouin Mansart.

El palacio de Versalles, de Le Vau y Mansart (d. 1667) es el desarrollo monumental del esquema del palacio renacentista. Realizado para Luis XIV, concentra todos los recursos de la política cortesana. Existieron varios proyectos: Legrand, Bernini, Le Vau y, por último, Mansart. Sigue el esquema del palacio de Vaux-le-Vicomte, con cuerpo central y dos alas laterales, destacando la cámara del rey que jerarquiza todo el espacio.
Los jardines de Le Notre son muy simétricos, de un geometrismo emparentado con la idea racional del absolutismo monárquico. El pabellón del Grand Trianon, de Mansart, de dimensiones más reducidas, es un ámbito más humano. Se subrayan y refuerzan los elementos estructurales que crean efectos ilusionistas, lo que es una influencia italiana.
ALEMANIA.
Alemania es el escenario de la terrible Guerra de los Treinta Años, que desoló la zona, lo que explica su relativo retraso hasta finales del siglo XVII y principios del XVIII. Domina la influencia de dos modelos, en general del francés en los palacios y del italiano de Borromini y Guarini en los templos, gracias a las órdenes religiosas. El Rococó, de extraordinarios efectos recargados, es el estilo dominante en el siglo XVIII.
En Alemania tenemos en Múnich a los arquitectos Assam, Cuvillés y los Zimmermann. Pero es en la imperial y católica Austria donde están las mejores obras, con los arquitectos Fischer von Erlach, L. von Hildebrandt y Neumann. En Bohemia destacan la familia de los Dietzenhofer, con la iglesia de San Nicolás de Praga. Numerosos palacios, iglesias de peregrinación y abadías muestran la alegría del Barroco germánico, que llega a los países protestantes de Sajonia (Dresde, con Pöppelmann) y Prusia (palacio de Sans-Souci en Postdam).
INGLATERRA.
En Inglaterra hay una pervivencia de lo clásico, gracias a que Inigo Jones realiza en la primera mitad del siglo XVII una introducción tardía del clasicismo de Palladio. 

Catedral de Saint Paul, de Christopher Wren.

Ya en la segunda mitad del siglo XVII aparece el gran arquitecto Christopher Wren, autor de la catedral de San Pablo (con altísima cúpula) en Londres y de numerosos templos, aprovechando la labor de reconstrucción después del gran incendio de Londres (1666).Ya en el siglo XVIII, Wood edifica parte de la ciudad balneario de Bath, pero en el estilo del neoclasicismo.
ESPAÑA.
Las características de la arquitectura española son la modestia y las pocas novedades. La pobreza material de España explica que se utilicen materiales pobres (ladrillo para la estructura, dejando la piedra para las fachadas) y estructuras falsas (por ejemplo las cúpulas con entramado de madera en vez de piedra como en Roma). Perviven durante mucho tiempo el modelo herreriano de El Escorial, tan bien adaptado al espíritu de la Contrarreforma, con sus líneas sencillas y rectas, aunque ahora aparece una libertad completamente barroca. Los edificios, muy austeros en la primera mitad del siglo XVII, recibirán en la segunda mitad, pese a la pobreza general del país, la influencia de un hiperdecorativismo.
En España no hay un modelo propio, sino una síntesis de dos modelos, el francés y el italiano, con un dominio del espíritu de la Contrarreforma, al servicio del poder real: las plazas mayores como grandes escenarios para el poder y la fiesta barroca.
Hay una evolución desde el clasicismo romano al barroco exaltado y expresivo (churriguerismo), y luego una vuelta al clasicismo, hasta desembocar en el neoclasicismo.
El siglo XVII.
En el siglo XVII destacan los arquitectos Gómez de Mora, el italiano Francisco Bautista Crescenzi y De la Torre. Las mejores obras son los templos y las plazas.
Especial mención debemos hacer a Juan Gómez de Mora, autor de la iglesia de la Clerecía en Salamanca (con el modelo de la iglesia del Gesú en Roma de Vignola), un ejemplo de teatralidad en sus fachadas, interiores y retablos, que buscan producir una impresión grandiosa, y del convento de la Encarnación en Madrid, probablemente junto al arquitecto Fray Alberto de la Madre de Dios (1611-1616), con geometría, desnudez y clasicismo. Gómez de Mora sigue el modelo herreriano en la gran Plaza Mayor y el Ayuntamiento de Madrid (d. 1629), con remates de chapiteles madrileños.
Las iglesias siguen el modelo italiano, influido por la tradición española. Destacan: La iglesia del Pilar de Zaragoza, de F. Herrera el Joven. La Iglesia de Montserrat, con fachada retablo, totalmente planimétrica, con órdenes. La Catedral de Cá­diz, ejemplo de pervivencia tardomanierista, con almohadillado y óculos ciegos (como los de Miguel Ángel en la Biblioteca Laurenciana). La catedral de Murcia, fachada-retablo con gran dinamismo. Las reformas de la catedral de Santiago (1652-1749), por la escuela salmantina de J. Peña, Andrade, Casas Novoa, que penetran ya en el siglo siguiente.
Las plazas imitan el ejemplo herreriano de El Escorial y son pensadas para grandes concentraciones populares en las fiestas y procesiones. Hay también algunos palacios, como el palacio del Buen Retiro para Felipe IV.
El siglo XVIII: los Churriguera.
En el siglo XVIII la arquitectura incorpora el modelo francés y evoluciona desde la Contrarreforma a la Ilustración (casi un neoclasicismo). Destacan entre los arquitectos los tres hermanos Churriguera (José, Alberto y Joaquín), Casas Novoa, Miguel de Figueroa, Hurtado, Tomé y Pedro Ribera.
José de Churriguera, el más importante de los hermanos, es autor de las iglesias del Nuevo Baztán y Loeches y de otras obras importantes, en colaboración con sus hermanos Alberto y Joaquín.

Plaza Mayor de Salamanca (1729-1733), de Alberto Churriguera.

Las plazas siguen el modelo anterior y destaca la Plaza Mayor de Salamanca (1729-1733), de Alberto Churriguera.
Entre las obras religiosas sólo destaca la fachada del Obradoiro en Santiago (1738), de Casas Novoa.
Narciso Tomé fusiona las tres artes en el Transparente de la girola de la catedral de Toledo (1732). Pedro Ribera, tal vez el mejor arquitecto e ingeniero barroco español, realiza numerosas portadas en Madrid en la primera mitad del siglo XVIII, como la del Antiguo Hospicio. Los edificios más emblemáticos son los palacios, que con el relevo de los Austrias por los Borbones intentan imitar el esplendor de Versalles. Destacan de Juvara el Palacio Real de Madrid (terminado por Sachetti) y la fachada del de La Granja en Segovia (la planta es de Teodoro Ardemans), con sus jardines regulares. El Palacio del Marqués de Dos Aguas, en Valencia, de Rovira (1740-44) concentra la decoración en el portal y en las ventanas.

3. ESCULTURA.
3.1. CARACTERÍSTICAS.
Las características de la escultura barroca son:
- Realismo, dramatismo, una captación del momento fugaz.
- Afán de movimiento, composiciones abiertas, escorzos, con una gran riqueza de puntos de vista, sentido efectista.
- Ansia de grandeza, de majestuosidad.
3.2. ESCUELAS.
Hay una gran homogeneidad en las tres escuelas más destacadas: Italia, España y Francia. En los demás países hay sólo algunos escultores aislados de calidad, como el flamenco Verbruggen, que instala sus sorprendentes sillas de coro, con elementos vegetales que se curvan alrededor de figuras esculpidas.
ITALIA.
Bernini.
Bernini (1598-1680) es además de arquitecto el gran escultor de su tiempo, el preferido por el Papa y admirado en Francia, por sus espectaculares temas mitológicos, fuentes, tumbas papales o retratos. Bernini ha sido definido con razón como el sucesor de Miguel Ángel y el último gran genio que ha dado Italia al arte.

Apolo y Dafne, por Bernini.

Apolo y Dafne (1622-1625, col. Galeria Borghese de Roma), es una pareja mitológica llena de movimiento en los brazos, piernas, ropajes, en una composición en diagonal, en desequilibrio contorsionado; de gracia en los rostros y los cuerpos mórbidos; de realismo en esa boca de Dafne que sugiere un grito de miedo, en ese momento que se salva de la persecución de Apolo, metamorfoseada en árbol, y se capta el instante fugaz en que su brazo izquierdo se convierte en rama de laurel y su pierna izquierda en corteza de tronco. El David (1623) es una obra realista y tensa, muy distinta del idealista David de Miguel Ángel. El Baldaquino (1624-1633) del Vaticano es una obra tan arquitectónica como escultórica. En el Éxtasis de Santa Teresa (1645-1652) el movimiento y la pasión mística son magistrales.
En La fuente de los cuatro ríos recurre a la mitología. Destacan sus sepulcros de Urbano VIII (1639-1647) y Alejandro VII (1678-1680, que acabaron sus discípulos) en el Vaticano, las obras máximas del arte sepulcral del Barroco.
FRANCIA.
La misma razón que hace que en Francia el Barroco sea un arte palaciego hará que la escultura se dirija, principalmente, a complacer a los poderosos. Los temas serán mitoló­gicos, es decir, temas gratos para la arquitectura real, pero también abundará el retrato. Como en la Roma antigua: el culto a los dioses y el homenaje a los señores. A pesar de los rígidos condicionamientos que las Academias imponían al arte sobresalen algunos artistas muy personales: Puget, Girardon y Coysevox.
El clasicismo francés: Puget, Girardon, Coysevox.
Pierre Puget (1620-1694) estudia en Italia y comienza su actividad como pintor. Más adelante se interesa por la escultura y es atraído por el lenguaje pictórico-escultórico de Bernini, y en este mismo lenguaje labra sus primeras obras como el San Sebastián, de Génova. Ya en Francia madura su estilo tornándolo más escultórico y acentuando el realismo sin olvidar un cierto énfasis clásico. De esta época es el conocido Milón de Crotona (1682), del Louvre, que con incontenible dinamismo representa la más ferviente oposición al academicismo oficial de este siglo en Francia.
François Girardon (1628-1715) había ido a Roma a estudiar la Antigüedad clásica, pero aprendió más con Bernini y el Barroco romano. Trabaja principalmente sobre asuntos mitoló­gicos que resuelve con serenidad aún clásica pero con ese acabado de superficies delicado y perfecto que será característico del siglo XVIII. En este sentido su mejor obra es el Apolo y las Ninfas, de Versalles. Es muy interesante su aportación al arte funerario, labrando el Sepulcro del Cardenal Richelieu (1694), en la Iglesia de la Sorbona, con una solemnidad casi ceremoniosa que denota ser francesa pese a la apariencia italiana.
Antoine Coysevox (1640-1720) es de mayor fuerza creadora que Girardon. Gran retratista, recurre con frecuencia a lo que era moda en Francia: retratar a los personajes como seres mitológicos. De esa forma la reverencia a la Antigüedad y la pleitesía a los poderosos se potenciaban mutuamente. El más interesante de estos retratos mitológicos es el de María Adelaida de Saboya, como Diana Cazadora (1710), en el Louvre, que a pesar de seguir fielmente las normas de la Academia, logra transmitir la gracia y vitalidad de la mejor época clásica. Retrató a los más grandes personajes de las Cortes de Luis XIV y de la Regencia de Luis XV y, por supuesto, a los monarcas. La estatua orante de Luis XIV (1715), en la Nôtre-Dame de París muestra la serena majestad del gesto y ese equilibrio, entre un afectado naturalismo y la solemnidad de tradición clásica, que hacen de este retrato un gran ejemplo del arte oficial del “gran siglo” francés. Sus retratos muestran una honda captación psicológica, que puede parangonarse con los antiguos retratos romanos. Ello hace que sea considerado como uno de los mejores escultores barrocos de toda la Europa del siglo XVII.
ALEMANIA.
En la temática religiosa es una escultura aplicada a la arquitectura, en la que destacan las tallas de madera. En Munich destaca Baltasar Permoser.
Destaca también el arte del retrato áulico al servicio del poder, sobre todo en Viena, con el escultor Donner.
ESPAÑA.
Las características de la escultura barroca española son el misticismo en la dominante temática religiosa (Dolorosas, Magdalenas, Piedades, Cristos Yacentes), el naturalismo realista de gran expresividad, el uso de la madera policromada en la imaginería.
Destacan entre las escuelas del siglo XVII dos en especial, la Escuela castellana, con Gregorio Fernández, de un realismo violento, muy dramático y expresivo y la Escuela andaluza, con Martínez Montañés, Pedro de Mena y Alonso Cano, de un realismo clásico, más dulcificado que el anterior. En el siglo XVIII destaca la escuela murciana, con Salzillo, bajo la influencia de Nápoles y que se relaciona ya con el Rococó. Menos importante es la escuela catalana de la familia Bonifás en Valls.
También están los hermanos José Churriguera y Joaquín Churriguera, que además de arquitectos son escultores. José es el inspirador de una fusión de la arquitectura y la escultura, en un estilo rococó hispano que ha sido llamado churrigueresco por su recargamiento decorativo: estípites, columnas salomónicas cubiertas de pámpanos y vides, entablamentos quebrados. Su cima es el Retablo de San Esteban de Salamanca (1693).
Escuela castellana: Fernández.
Cristo yacente, por Gregorio Fernández.

La escuela castellana del siglo XVII está representada por Gregorio Fernández, que trabaja en Valladolid, donde realiza una extraordinaria serie de obras para los pasos procesionales, de gran expresividad, realismo y patetismo. Destaca sobre todo por sus Cristos en diferentes momentos de la Pasión y las Vírgenes Dolorosas.
Escuela andaluza: Martínez Montañés, Mena, Alonso Cano.
La escuela andaluza del siglo XVII está representada por Juan Martínez Montañés (el más famoso), Pedro de Mena y Alonso Cano. Sus obras, sobre todo las Inmaculadas, para los pasos procesionales de Sevilla y Granada son modélicas por su elegancia y una mayor serenidad, lo que las distingue de las castellanas. Las imágenes andaluzas son siempre bellas, mientras que las castellanas pueden ser de una fealdad violenta y terrible (sin ser por ello menos extraordinarias). Además son más polícromas, con mucho oro, mientras que las castellanas son más austeras.
Escuela murciana (siglo XVIII): Salzillo.
La escuela murciana del siglo XVIII, de una escultura rococó, tiene su cumbre en Francisco Salzillo. es Francisco Salzillo (Murcia, 1707-1783), hijo del escultor de Nápoles, Nicolás Salzillo (Capua, 1672-Murcia, 1727). Fue novicio de los dominicos hasta 1727. Su etapa de esplendor fue h. 1750. Supo fundir dos tradiciones, el dramático expresionismo español y la virtuosa técnica napolitana. Se dedicó sobre todo a la imaginería religiosa para retablos, capillas y altares, pasos procesionales, con esculturas de madera policromada e “imágenes de vestir”.

4. PINTURA.
4.1. CARACTERÍSTICAS.
La pintura barroca se caracteriza por: luz y color, profundidad, disposición diagonal, realismo y movimiento.
- El predominio de la luz sobre la forma y del color sobre el dibujo, en manchas que difuminan la línea (es preciso alejarse para percibir las formas). El tenebrismo de Caravaggio, con sus claroscuros, será muy influyente.
- El dominio de la profundidad, engrandeciendo el primer plano para que el fondo se perciba como algo lejano o iluminando el fondo para que el espectador lo observe.
- La disposición de las figuras en diagonal para dar la sensación de desequilibrio.
- Un realismo extraordinario, que aparece tanto en la representación de la fealdad y de las cosas desagradables como en el amor por los objetos y el paisaje.
- El movimiento. Son figuras atormentadas, que giran, que no son estáticas.
4.2. ESCUELAS.
ITALIA.
Caravaggio a Guardi.
Italia es el gran centro artístico de Europa, como en los siglos anteriores. Su modelo pictórico es, junto al holandés, la gran referencia, y se divide en tres corrientes marcadas por el clasicismo, el nuevo tenebrismo y el decorativismo.

La conversión de San Mateo, por Caravaggio.

Caravaggio inicia la tendencia del tenebrismo, con sus contrastes de luz y sombra, los claroscuros que permiten dirigir la atención hacia las zonas donde la luz incide voluntariamente. Transforma la pintura religiosa con su “principio de realidad”: marcar la identidad material de los seres y de las cosas, revelar los límites humanos del mundo. Esta tendencia es seguida por el Guercino, Dominichino, Guido Reni, que procuran unirla al clasicismo. Influirá en etapas de la obra de Zurbarán, Murillo, Velázquez y Rembrandt.
La tendencia del clasicismo está representada por la escuela de Bolonia: los hermanos Carracci, fundadores de la Academia de Bolonia, y el mismo Guido Reni.
El decorativismo tiene como primer maestro a Pietro da Cortona, con obras plenas de ilusionismo decorativo, que cubren los techos con vuelos celestes en trompe l'oeil (trampantojos que fingen profundidad) como también hacen Lanfranco, Luca Giordano (1634-1705), que trabajó en sus últimos años en España (frescos de El Escorial), y Andrea Pozzo en la bóveda de la iglesia de San Ignacio de Roma (1681).
En el siglo XVIII, cuando el Barroco tardío se confunde con el Rococó, hay una clara decadencia, aunque todavía descuella la escuela veneciana con Tiépolo (1696-1770), nacido en Venecia y muerto en Madrid, autor de grandes obras religiosas, de decoración monumental, y los paisajistas urbanos Canaletto y Guardi. Otros centros menores son Bolonia, Génova y, en el sur de Italia, los de Nápoles, Lecce y Sicilia.
FRANCIA.
Poussin a Watteau.
Destaca en Francia la pintura de palacio, sobre todo desde la segunda mitad del siglo XVII, cuando Luis XIV subordina el arte a la monarquía, con una pintura palatina en la que los retratistas reales exaltan la majestad del rey. Las características a partir de 1650 son el academicismo y el barroquismo.
Los primeros maestros son Champaigne y La Tour, cuyos claroscuros son célebres.
Poussin, un pintor francés en Roma, es el mayor clasicista del siglo, con obras de extraordinaria factura técnica, temas antiguos, realismo al servicio del simbolismo.
Claude de Loraine es un extraordinario paisajista.
La imagen del poder de Luis XIV y los cortesanos queda fijada por los grandes retratistas Le Brun, Mignard.
La pintura tardobarroca francesa del siglo XVIII evoluciona hacia (y se confunde con) el Rococó, el academicismo (una mezcla oficializada de Barroco y Rococó) y el neoclasicismo, en una confluencia de estilos: Watteau, Boucher, Chardin, Fragonard y Greuze, autores de excelentes obras costumbristas, galantes, de naturalezas muertas y paisajes. Puede decirse que Watteau es a la vez el último pintor barroco francés y el primero rococó. El neoclasicismo comenzará realmente con David, un discípulo de Boucher.
ALEMANIA.
En Alemania destaca la pintura mural. La lista de pintores es exigua y su calidad relativamente mediocre.
FLANDES.
La católica Flandes, bajo la dinastía de los Habsburgo españoles, destaca por su gusto por la alegría de vivir y por ello la pintura flamenca es alegre, con una temática popular y cotidiana. Su nivel de calidad es muy alto, gracias a su rica tradición y a la recepción del modelo italiano en la forma y la temática. El gran maestro es Rubens, dominador de todos los temas religiosos, mitológicos y profanos, que es el epítome de artista cortesano. Anton Van Dyck destaca en el retrato, tanto en Flandes como en la corte inglesa. Jordaens es otro maestro del retrato.
Rubens.
Petrus Paulus Rubens (1577-1640) nace en Alemania, de padres flamencos desterrados. Volvió a Amberes, donde residió cuando no estaba en sus constantes viajes, a Italia para aprender de Tiziano (del que hizo bastantes copias). Fue embajador de Felipe III en varias cortes europeas, compaginando la diplomacia con la pintura y aprovechando para promocionar su obra.
Es el polo opuesto de El Greco. Pinta gruesas figuras femeninas rebosantes de vida, en ricos ambientes aristocráticos. Pinta la vida: todo bulle y se mueve, las figuras se contorsionan en posturas incómodas, los caminos serpentean y los árboles retuercen sus ramas. Es un maestro del tenebrismo pero en equilibrio con el clasicismo y se atreve con las composiciones más novedosas. Pinta muchas obras, gran parte hechas por sus discípulos de taller, aunque bajo su dirección y con su acabado final.


Rubens. El Descendimiento.

Los temas mitológicos son los más frecuentes, con su capacidad para el color; los sátiros de músculos broncíneos contrastan con las ninfas de piel nacarada; destacan Ninfas perseguidas por sátirosDiana y sus ninfasLas tres GraciasAlegoría del Amor, al modo italiano. Cultiva el género religioso, con sus grandes cuadros de altar, en La Adoración de los ReyesLa Erección de la Cruz, El Descendimiento de la catedral de Amberes, con un gran efectismo de la luz. Pintor de la vida familiar, de temas históricos, de corte en el Retrato de María de Médicis, de temas populares: la Danza de los campesinos. Su influencia, a través de sus discípulos, llena el siglo XVII.
HOLANDA.
Hals, Vermeer, Rembrandt, De Hooch.
El modelo holandés se basa en el empirismo, el amor por la naturaleza y la ciencia, el interés por lo cotidiano, el color, el detallismo. La religión calvinista y la clientela burguesa explican en parte el interés por los temas profanos.
Los géneros se especializan en: retrato, paisaje, naturalezas muertas, cuadros de animales y flores, escenas campesinas, marinas, batallas navales, etc. Destacan los géneros de retrato y paisaje. El retrato con Rembrandt el mejor artista holandés y Hals, el paisaje con Ruysdael y Hobbema, la vida rural con Ostade, los interiores con De Hooch y Vermeer que también es el maestro de las alegorías y de la luz en los interiores, los bodegones con Claesz y Heda. Entre los precedentes destacan los pintores Terbruggen, Van Honthorst, Van Baburen. Jan Steen (1626-1679) cultivó las escenas domésticas, tabernas, episodios bíblicos; era un pintor narrativo, que siempre contaba una historia. El nórdico es un estilo realista, que influirá en el romanticismo y el impresionismo.
Frans Hals (1591-1666).
Frans Hals (1591-1666), flamenco de origen. Sus padres emigraron al norte y trabajó en Haarlem. Fue discípulo de Van Mander, pero no en el estilo. En 1610 entra en el gremio de San Lucas. Hasta 1640 trabaja el género del retrato. Une dos tipologías: costumbres, retrato. El retrato de grupo cogerá importancia en su obra, pero sólo quedan seis hoy. Problemas económicos en toda su vida, pero sobre todo al final, en que fue mantenido por el municipio en un hospicio de pobres. Su técnica domina la luz natural, influido en su juventud por Caravaggio. Delinea los contornos y progresa hacia la libertad de las pinceladas, inconexas, como en la pintura veneciana. Es un pintor de la instantaneidad, con formas con colores, detalles de luz y sombras, las pinceladas son autónomas. La pincelada en líneas rotas crea movimiento. La pincelada en líneas paralelas crea continuidad. La fusión de géneros. Los retratos colectivos o de parejas son de los mejores de la pintura holandesa y europea. Junto con Cornelius, pinta retratos de grupos sociales burgueses. Pinta diagonales en la distribución de los personajes, en las líneas de la arquitectura o la decoración. La paleta es limitada: negro, rojo, blanco, tonos terrosos, pero era un maestro del color negro, llegando a diferenciar hasta 20 tonos de este color. Pintaba la puntilla con trazos rápidos e irregulares. La gestualidad es escasa. Evoluciona desde Caravaggio hacia el modelado, al clasicismo, a la instantaneidad. Fue muy admirado por los impresionistas y uno de los favoritos de Van Gogh.
Rembrandt van Rijn (1606-1669).
Rembrandt van Rijn (Leyden, 1606-Ámsterdam, 1669) fue hijo de un molinero, rico propietario, que ayudó a su hijo a estudiar en la Universidad de Leyden y en Ámsterdam. Se decidió por la pintura, en contra de los deseos de su padre. Es un artista muy complejo. En contraste con el triunfador Rubens, el Rembrandt vivió en una casa del barrio judío de Ámsterdam, donde se conserva su maravillosa colección de grabados. Aseguraba que no necesitaba viajar porque las bellezas de Holanda podían exigir la atención de una vida entera. Ello no le impidió ser uno de los mayores artistas de la Historia. Es un gran maestro de la composición, la luz, el color, el espacio, el naturalismo. Sólo un pero se puede poner a su calidad, el que no supiera resolver el problema del movimiento en sus figuras, muy estáticas, demasiado forzadas cuando intentan moverse.
Es un artista muy bien estudiado en sus cuatro etapas: 1) Leyden: 1625-1631. 2) Ámsterdam (hasta el final): 1632-1639. 3) 1640-1647. 4) 1648-1669.
1) Leyden: 1625-1631. Trabaja en el taller de un maestro hasta que se independiza. Influido por Caravaggio, cultiva la pintura religiosa y el grabado, con un claroscuro dramático. Rembrandt tiene gran éxito con sus pinturas comerciales y el gran Huygens le alaba ya entonces.
2) Ámsterdam (ciudad donde vivirá hasta el final): 1632-1639. Es una etapa de gran vitalidad y prosperidad, por su boda con Saskia, que le introduce en el mercado burgués, y su prestigioso taller, en que le siguen numerosos discípulos, lo que complicará la atribución de muchas obras suyas. Se integra en el Barroco internacional, atraído por Rubens, el pintor más influyente del momento, con un clasicismo y colorismo que se añaden a su dominio del claroscuro. Desarrolla un taller de gran prestigio y colecciona muchas obras. Cultiva varios géneros: religioso (con dramatismo, violencia y movimiento), el retrato vitalista y el paisaje de tono romántico.
3) 1640-1647. Es una etapa intermedia, de crisis. Muere muy joven su esposa Saskia, lo que le hace perder el equilibrio emocional, seguido por una pronunciada decadencia del taller y de su situación económica. Además, ha cambiado la moda: Van Dyck influye ahora en Holanda y su obra colorista saca del mercado a Rembrandt, que no cambia en su temática y en su estilo pese a la pobreza. Es ahora sensualista en sus muchos paisajes y pinturas religiosas. La ronda de nocheLa lección de anatomía del doctor Tulp
4) 1648-1669. Es una etapa de madurez artística. La situación económica es de gran pobreza, con el añadido de graves pérdidas familiares. Aparece un espiritualismo cristiano. Trabaja el claroscuro, la instantaneidad, la pincelada libre.
En los autorretratos se conoce toda su evolución personal y artística. Sus colores son pocos, con gran variedad tonal gracias a su dominio de la luz. Tiene una pincelada limpia, nerviosa, con mezclas previas, con un tratamiento de la luz matices increíbles. La luz puede transmitir la sensación de tristeza, de pesadumbre o de meditación, lo mismo que un rostro humano. Las figuras de sus retratos poseen una mirada penetrante. Frecuentemente son viejos, que acumulan en sus ojos la sabiduría de la edad y la tristeza de los desengaños de la vida.


La ronda de noche, de Rembrandt.

Su obra es muy extensa, de temática variadísima:
- Retratos: su vida fue un rosario de desdichas, que reflejó en sus numerosos (tal vez más de 60) Autorretratos, un magistral ejercicio de estudio de la personalidad, de auto observación, desde la adolescencia feliz hasta la vejez solitaria y pobre. Cultiva el retrato colectivo de personalidades conocidas, con obras maestras, en las que aprovecha los vínculos entre la persona y la cotidianeidad: La familia del pintorLa lección de anatomía del doctor Tulp, con una intensa concentración en los rostros, la obra cumbre, Ronda de Noche, un retrato de grupo en una parada militar en el que exalta la lucha heroica del pueblo holandés, que muestra un gran dominio del espacio y la luz. En los Síndicos de los pañeros de Ámsterdam (1662), su último retrato colectivo, muestra su control del tenebrismo suavizado por las penumbras doradas que realzan las figuras.
- Obras religiosas: A diferencia de Rubens no se siente atraído por la aristocracia y su ambiente. Se limita a concentrar su atención en la figura central. Su Descendimiento de la Cruz es muy distinto a los de Rubens: todo está sumergido en la sombra, excepto la figura de Cristo, iluminado por un rayo blanco. Otras obras son El sacrificio de IsaacSaúl, y la serie de grabados sobre la pasión de Jesucristo.
- Paisajes: Suele pintar ríos y puentes, considerando que los ríos son una imagen del fluir de la existencia humana. Consigue una irreal atmósfera de misterio. La Tormenta es una obra maestra, como la Marina, que sigue un tema favorito de los holandeses. Usa el tema del naufragio en Nave zozobrando, otro tema holandés, pero con influencias italianas clásicas (narratividad, expresividad, simbolismo).
- Grabados. Es un maestro del grabado (287 obras). Aunque son en blanco y negro, obtiene los mismos efectos de luz y sombra que con el color. La mayoría son de tema religioso, sobre la Pasión de Cristo, pero también tiene paisajes, desnudos, retratos, escenas costumbristas.
Rembrandt tuvo en total unos 50 alumnos en su gran taller, a los que les hacía copiar sus propias obras, les retocaba las copias e incluso las firmaba, por lo que se creó un grave problema futuro de atribución, empeorado por las múltiples copias y falsificaciones casi exactas que se hicieron después. Así, del millar de obras atribuidas a Rembrandt en 1914 se descendió a 639 en 1937, 420 en 1968 y sólo 300 en 1995 (datos del Rembrandt Research Project); un ejemplo de la magnitud del problema es que entre 1909 y 1951 en las aduanas de EE UU se declararon entradas por una suma total de 9.428 obras “de Rembrandt”.
Pieter de Hooch (1629-1684).
Pieter de Hooch (1629-1684) es uno de los pintores holandeses que mejor ha pintado los interiores. En sus obras, el marco formado por el suelo, paredes, ventanas y techo adquiere mayor importancia que los personajes, que se subordinan al espacio recreado y a la luz procedente del exterior, y que atraviesa las ventanas, situadas siempre a la izquierda del cuadro.
Jan Vermeer de Delft (1632-1675).

Vista de Delft, de Vermeer.

Jan Vermeer de Delft (1632-1675), destaca tanto por sus paisajes urbanos (Vista de Delft) como por sus interiores. Su obra más conocida es El pintor en su taller, una alegoría de la pintura, de gran misterio, summun de la perspectiva y del detallismo. La lechera es uno de los más característicos de su técnica granular, puntiforme, que permite un mejor tratamiento de la luz, y anuncia el puntillismo de los impresionistas franceses del siglo XIX. Vermeer ha sido considerado uno de los mejores maestros de la luz.
INGLATERRA.
Hogarth.
En Inglaterra destacan en el siglo XVIII los géneros del retrato burgués y el paisaje, con un pintor todavía barroco, Hogarth, que realiza una pintura con gran carga de crítica social. En cambio, los otros dos grandes pintores del siglo son ya neoclásicos: Reynolds y Gainsborough.
ESPAÑA.
La pintura española es excepcional por su calidad. Las características son:
- El realismo. En esto se sigue la tradición hispana, tan abocada al expresionismo y el patetismo. En las obras religiosas se aprovecha el realismo de los temas cotidianos del modelo holandés, como hacen Zurbarán y más aun Valdés Leal en sus pesimistas Vanitas (obras sobre la muerte, la descomposición, la decadencia).
- La recepción y fusión de los modelos italiano (Caravaggio), flamenco y holandés. Velázquez se forma en las obras de Rubens y en Italia. Pintores tenebristas al estilo de Caravaggio son Ribalta y Zurbarán, como muchos otros pintores.
- Domina la temática religiosa, de modo que apenas hay temática profana, salvo los bodegones de contenido alegórico. Zurbarán, Ribalta y Ribera pintan frailes y santos en oración. Murillo pinta Inmaculadas. Poco frecuentes son los temas mitoló­gicos, retratos y paisajes, pero tienen un maestro excepcional en Velázquez. Este carácter sensualismo explica que haya tan poco sensualismo, salvo la Venus desnuda de Velázquez.
Podemos estudiar la estética, la técnica y la iconografía de esta pintura en los tratados artísticos de Pacheco y Palomino.
Velázquez es la cima de la pintura barroca española y destaca por sus escenas de costumbres, de caza, retratos cortesanos, la mitología en el Triunfo de Baco y, sobre todo, por Las Meninas, donde une la tradición italiana y nórdica.
En el siglo XVII hay varias escuelas:
Valencia: Ribalta, Ribera (un pintor español en Nápoles).
Sevilla: Zurbarán, Murillo, Alonso Cano y Valdés Leal.
Madrid: Velázquez, Rizzi, Claudio Coello y Carreño de Miranda.
En el siglo XVIII hay una completa decadencia, sin pintores españoles de calidad hasta la llegada de Goya. Los Borbones debieron recurrir a los pintores extranjeros como Mengs y Tiépolo.
Valencia: Ribalta, Ribera.
Francisco Ribalta (1565-1628) destaca por su temprano tenebrismo.
José de Ribera (1591-1662) es el más importante. Discípulo de Ribalta, ya en su juventud fue tenebrista. Pasó casi toda su vida en Nápoles, por lo que se le llamó el Spagnoletto. Destaca por la emoción religiosa, el realismo, el color y la composición, sobre todo en sus temas de frailes y santos en oración.
Sevilla: Zurbarán, Murillo, Alonso Cano y Valdés Leal.
Sevilla es el gran centro artístico del sur de España.

Bodegón, de Zurbarán.

Francisco Zurbarán (1598-1664) trabajó en los conventos sevillanos y extremeños. Sus temas son monacales, de religiosidad severa, de excelente uso del blanco y del tenebrismo, aunque carentes de movimiento. También realizó con acierto bodegones.
Alonso Cano (1601-1667), también escultor. Cuida sobre todo los temas de la Virgen, con una elegancia serena.


Inmaculada, de Murillo.

Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) es el gran pintor del grupo, sobre todo en sus numerosas Inmaculadas y en sus cuadros costumbristas. En el siglo XIX llegó a ser considerado el más importante pintor barroco del mundo, por su dominio del color y la serenidad y gracia de sus personajes, pero su fama declinó más tarde.
Valdés Leal (1622-1690) destaca por sus Vanitas, llenas de pesimismo, crueles alegorías de la vida y la muerte.
Madrid: Velázquez, Rizzi, Claudio Coello y Carreño de Miranda.
Velázquez.
Diego Velázquez (1599-1660) nació en Sevilla, alumno del pintor humanista Francisco Pacheco. Se trasladó joven a Madrid y se convirtió en Aposentador del rey Felipe IV, cargo que le comprometía a buscar aposento a los monarcas en sus viajes y a preparar sus tribunas o localidades en los espectáculos. Este cargo burocrático limitó su actividad artística en cuanto al número de cuadros pintados, pero no alteró su vocación. Viajó a Italia, lo que influyó enormemente en su obra pues conoció mejor la pintura barroca italiana y los maestros anteriores.
Con su original estilo Velázquez es uno de los máximos maestros de la luz y del color. En su paleta destacan las gamas de azules, verdes y blancos. La combinación de azul y blanco en sus cielos consigue efectos originales, como si las nubes platearan el fondo azulado. Con verdes pinta sus bosques, a veces neblinosos.
Su mejor rasgo es la “perspectiva aérea”, una expresión subjetiva respecto a que la luz parece circular por dentro del cuadro, como iluminando las motas de polvo que flotan en el ambiente. El espectador tiene la impresión de que contempla aire real, tanto en un paisaje abierto como en un interior.
Cultiva todos los géneros:
Los retratos pues es el pintor de la familia real. Felipe IV es retratado varias veces, así como el Conde-Duque de Olivares. A veces retrata en interiores, otras en paisajes de gran sensibilidad hacia la naturaleza, como los retratos de Felipe IV o del príncipe Baltasar Carlos con los fondos del paisaje de la sierra de Guadarrama.


Velázquez. El Cristo Crucificado.

El género religioso cuenta con pocas obras, la mayoría de juventud. El Cristo Crucificado refleja una honda emoción.
Tiene también temas históricos, mitológicos y paisajes, unos temas excepcionales en la pintura barroca española. Sus obras maestras son los estudios de luz. La rendición de Breda (Las Lanzas) muestra a los caballerosos caudillos español y holandés en primer término, con las lanzas abriendo el espacio en vertical, con el fondo de humos de la batalla sobre colinas que se pierden entre diversos tonos de azules. Pero la iluminación todavía se afina más en sus interiores. Las hilanderas es un tema mitológico mezclado con un tema costumbrista de ambiente popular. Las Meninas es tal vez la obra cumbre de la pintura de todos los tiempos, la más admirada por los pintores, y en ella Velázquez capta una escena ambigua, de compleja composición, que se presta a variadas interpretaciones: la entrada de la infanta Margarita en su taller, cuando está retratando a los reyes, o viceversa; todo en una habitación cuyas zonas sucesivas de luz y sombra nos llevan hacia el fondo, con un tratamiento portentoso de los personajes. En ella se ha visto un preludio del impresionismo francés y de otras corrientes del siglo XIX.

La rendición de Breda (Las Lanzas), por Velázquez.
Las hilanderas, de Velázquez.


Las meninas, de Velázquez.

Juan Rizzi (1600-1681), Carreño de Miranda (1614-1685) y, sobre todo, Claudio Coello (1614-1685) son los epígonos de la escuela castellana, que dio otros muchos pintores de segundo orden. A finales del siglo XVII estaba agotada, como el país.

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