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domingo, 2 de noviembre de 2014

HA 7 UD 02. América. El arte precolombino.

ARTE DE AMÉRICA PRECOLOMBINOFUENTES.
*Esta entrada incluye las referencias generales al arte y en general a las civilizaciones en la América precolombina, así como las posteriores que no se engloban en la civilización occidental, como son por ejemplo los amerindios de Alaska hasta el siglo XX.

ARTE PRECOLOMBINO.
Introducción.
El ámbito geográfico.
Cronología.
Una sociedad agrícola.
Una estructura urbana dual.

LAS ARTES.
Arquitectura.
Escultura.
Pintura.
Artes decorativas.

EL ÁREA MESOAMERICANA.
Periodo preclásico.
Los olmecas.
Las culturas de Colima, Jalisco y Nayarit.

Periodo clásico.
La cultura de Teotihuacán.
Los mayas.
La ciudad maya-tolteca de Chichen Itzá.
Los zapotecas (Monte Albán).
La cultura clásica de Veracruz.

Periodo postclásico.
Las culturas toltecas y maya-toltecas.
Los purépechas o tarascos.
Los huastecas y totonacas.
Los mixtecos.
Los aztecas.

EL ÁREA CENTRAL ANDINA.
Periodo precerámico.
Periodo preclásico.
La cultura de Chavín.
La cultura de Paracas.

Periodo clásico.
Los mochicas (Moche).
La cultura de Nazca.
La cultura de Tihuanaco.
Los huari.

Periodo postclásico.
Los chimú (Chan Chan).
Los incas.
La ciudadela inca de Machu Picchu.

EL ÁREA INTERMEDIA.
Las culturas del sur de Centroamérica.
Las culturas de Colombia.
Las culturas de Ecuador.
Las culturas de Chile,

EL ÁREA PERIFÉRICA.
Las culturas de la cuenca amazónica.
Las culturas del mar Caribe.
FUENTES.


ARTE PRECOLOMBINO.
Introducción.
El arte precolombino se refiere a las obras artísticas y arquitectónicas de las civilizaciones indígenas de América del Norte, Central y del Sur hasta el siglo XV dC.
Durante milenios, antes de la exploración y colonización del continente americano por los europeos, las civilizaciones nativas desarrollaron logros artísticos e intelectuales que podían rivalizar con los de las civilizaciones de China, India, Oriente Próximo o el Mediterráneo. Fueron logros sorprendentes si tenemos en cuenta que la mayoría de las técnicas de las civilizaciones del hemisferio oriental no eran conocidas en América. La rueda, por ejemplo, se usaba en Mesoamérica solamente en los juguetes y nunca llegó a aplicarse a la alfarería, a la construcción de carretas o como sistema de arrastre. El uso de herramientas de metal no era frecuente, y además, no empezaron a utilizarse hasta poco antes de la conquista europea. Así, los mayas o los incas realizaban sus construcciones así como sus elaboradas esculturas y complejos ornamentos de jade golpeando una piedra con otra.

El ámbito geográfico.
Las culturas precolombinas se clasifican en zonas geográficas, sobre las que hay bastante consenso en los especialistas.
América del Norte engloba los territorios actuales de Estados Unidos y Canadá. Fue el reducto más duradero porque su arte, sobre todo en el área del Pacífico norte, subsistió hasta bien entrado el siglo XIX. Pero sus civilizaciones no desarrollaron un arte y una arquitectura de calidad comparable a las del Centro y Sur, aunque interesan sus labras de madera y hueso.
Mesoamérica, una de las regiones culturales de mayor importancia, abarca los actuales países de México, Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador. En ella destacan las culturas maya, tolteca o azteca, con extraordinarios logros artísticos.
La región de las islas del Caribe, enclaves de los pueblos taino y caribe, tuvo una cultura material poco desarrollada, aunque son apreciables su cerámica y trabajos en oro.
Una región intermedia la integran la parte sur de América Central con Nicaragua, Costa Rica y Panamá, más el norte de Venezuela, Colombia y Ecuador, ya en América del Sur. Sus variadas zonas destacan por su cerámica y orfebrería del oro, especialmente el pueblo chibcha.
Una región cultural de gran importancia la constituyen Perú, Bolivia y sur de Ecuador, que forman el área central andina, famosa sobre todo por la arquitectura y los trabajos textiles de los incas y otros pueblos anteriores, como los chimúes.
Las regiones periféricas del resto de América del Sur comprenden la Amazonia, la costa de Brasil, Chile y el conjunto de Paraguay, Uruguay y Argentina. Sus pueblos no desarrollaron civilizaciones importantes.
Durante el siglo XIX y gran parte del XX se consideraba que las regiones mecionadas eran entidades culturales separadas pero las investigaciones arqueológicas más recientes han demostrado que existió una fluida interrelación cultural entre ellas, que provocó significativas semejanzas culturales.


Cronología.
Tradicionalmente se sugirió para todas las civilizaciones precolombinas una división cronológica de tres periodos u horizontes tomando como modelo la civilización maya, que comprendían tres periodos importantes: el preclásico o de formación (c. 1500 aC-c. 300 dC); el clásico o de florecimiento (c. 300-c. 900 dC); y el postclásico (c. 900-1540 dC).
Pero esta división es muy forzada y no se adapta bien a varias civilizaciones, pues el término periodo clásico da a entender que en él se alcanzó un punto máximo del desarrollo cultural, pero los descubrimientos en el arte y la arquitectura de cuatro civilizaciones post-clásicas, la mixteca y la azteca en México, así como la chimú y la inca en Perú, demuestran que son tanto o más relevantes que los de sus predecesoras clásicas, y difieren únicamente en el gusto o el propósito cultural.
En el periodo preclásico pueden apreciarse ya algunos de los rasgos del desarrollo pleno de la civilización precolombina. En ese periodo temprano América estaba conformada por jefaturas tribales aisladas y reinos pequeños cuyas respectivas culturas se desarrollaron, en su mayor parte, independientes unas de otras. Sin embargo, existen pruebas de la amplia difusión de algunas ideas religiosas y motivos visuales. Tanto la civilización olmeca de México, como la cultura de San Agustín en Colombia y la cultura chavín en Perú adoraban a una deidad felina, y todas compartían una iconografía artística muy similar.
Durante el periodo clásico se desarrollaron imperios muy complejos. Sus dirigentes eran generalmente sacerdotes, en lugar de los sacerdotes-guerreros que gobernaron más tarde las civilizaciones postclásicas, y las culturas se difundían o asimilaban más rápidamente. Aunque suele considerarse un periodo pacífico, los estudios arqueológicos más recientes han demostrado que la mayoría de las civilizaciones del periodo clásico eran guerreras. Las conquistas y el comercio produjeron una acumulación de riqueza que se utilizó para la construcción de centros ceremoniales y grandes ciudades, así como para la creación de objetos de uso personal cada vez más lujosos y objetos funerarios o rituales de gran calidad.
El periodo postclásico se caracteriza por las frecuentes guerras provocadas por las presiones socioeconómicas derivadas del aumento de la población, el desarrollo técnico y el agotamiento de recursos naturales (el caso maya es paradigmático). Las culturas y civilizaciones de este periodo son las mejor documentadas, debido a que los cronistas españoles recogieron sus impresiones personales o recopilaron historias de los conquistados.

Una sociedad agrícola.
Las civilizaciones precolombinas eran principalmente agrícolas.
El cultivo del maíz se convirtió en el alimento principal en Mesoamérica, mientras la papa o patata lo fue en la zona andina de Perú y Bolivia.
Hasta la relativa secularización que se dio en el periodo postclásico, la religión fue primordial en la configuración y el desarrollo de la cultura precolombina. Sin embargo, las creencias y ritos religiosos estaban muy condicionados por preocupaciones relacionadas con la fertilidad de la tierra y la productividad de las cosechas que suelen dominar las sociedades agrícolas. Por lo tanto, gran parte del arte y de la arquitectura de la época precolombina está relacionada con la astronomía, a través de la cual los indígenas americanos establecían las épocas más apropiadas para plantar y recoger la cosecha.

Una estructura urbana dual.
Los precolombinos desarrollaron una tipología urbana dual.
Un tipo era el centro ceremonial, de estructura compleja constituida principalmente por edificios religiosos y administrativos que se construían alrededor de plazas y que carecía de viviendas y calles. En estos centros solamente vivían los gobernantes seglares y religiosos con sus cortes, mientras que la mayoría de la población residía en fincas pequeñas en una zona rural circundante.
El otro tipo era la ciudad propiamente dicha, que tenía calles que separaban las residencias de las diferentes clases sociales, así como templos y edificios administrativos orientados hacia la plaza central.
Tanto los complejos ceremoniales como las ciudades servían como centros religiosos, gubernamentales y comerciales. El comercio no sólo era importante para el suministro de bienes necesarios y superfluos, sino también como medio de transmisión de ideas y técnicas, así como de formas y motivos artísticos.

LAS ARTES.
Los artes precolombinas más sobresalientes son la arquitectura, la escultura, las pinturas murales y las artes decorativas como la cerámica, la metalistería y los tejidos.

Arquitectura.
Los edificios precolombinos más antiguos estaban construidos en madera, juncos trenzados, esteras de fibra o paja, y otros materiales perecederos. Las estructuras permanentes o monumentales construidas en piedra o adobe (ladrillos de barro secado al sol) se desarrollaron principalmente en Mesoamérica y en la zona central andina.
Las técnicas de construcción precolombinas eran rudimentarias. La mayor parte de las estructuras se construían con el sistema de pilastra y dintel o de vigas horizontales sin arcos, aunque la cultura chavín del Perú y la maya de Mesoamérica emplearon el arco falso o bóveda de piedra salediza, que consiste en colocar una piedra sobre otra para conseguir una forma de arco. Utilizaban herramientas de piedra y pocas veces de metal, y tanto el transporte como la construcción de edificios como las pirámides, palacios, tumbas y templos sobre basamentos escalonados, se llevaban a cabo manualmente sin ayuda de maquinaria.
La pirámide precolombina era diferente a su equivalente egipcia, ya que no estaba construida con fines funerarios sino como residencia de una deidad, pero muchas excavaciones confirman que las pirámides solían incluir tumbas en el fondo o el interior. Los pictogramas de los códices permiten suponer que las pirámides tenían gran importancia cívica y cultural. El símbolo azteca para representar la conquista era una pirámide en llamas en la que el calli, o casa del dios (el Templo Mayor), había sido derribado por el conquistador, anunciando un cambio de era. Entonces, para incrementar  el prestigio del gobernante, muchas de las pirámides mesoamericanas se reconstruían periódicamente sobre la estructura anterior, lo que las hacía más monumentales.

Escultura.
La mayor parte de las esculturas precolombinas que se conservan son figurillas de barro o arcilla y efigies con forma de vasija. Las esculturas de piedra se encuentran principalmente en Mesoamérica y, con menos frecuencia, en las áreas intermedias y centroandinas, que son regiones en las que la metalurgia se desarrolló antes y se utilizó más ampliamente. Aunque la técnica de trabajar los metales estaba muy evolucionada, seguían utilizando los instrumentos de piedra para tallar.

Pintura.
Las excavaciones arqueológicas siguen sacando a la luz nuevos ejemplos de pinturas murales. En Teotihuacán, México, tanto las paredes interiores como las exteriores de los edificios se cubrían con una capa gruesa de estuco en la que se pintaban diseños decorativos o escenas narrativas. En Bonampak y Chichén Itzá, también en México, los mayas y los maya-toltecas pintaban el interior de los templos con frescos realistas en los que representaban hechos históricos. Entre las pinturas murales descubiertas más recientemente están las de Cacaxtla, en Tlaxcala, con su impresionante descripción de las jerarquías divinas, sacerdotales y guerreras. Aunque las primeras pinturas murales se encontraron en Mesoamérica, también se han descubierto en el área intermedia diseños geométricos en tumbas subterráneas en Tierra­dentro, Colombia, y murales con representaciones mitológicas en Panamarca, Perú. También en Perú, las vasijas mochicas con forma de estructuras arquitectónicas nos indican que el exterior de los edificios se pintaba a menudo con motivos simbólicos.
La refinada habilidad para la pintura y el dibujo de muchos de los pueblos precolombinos puede apreciarse en la escritura pictográfica de los códices mayas, mixtecas y aztecas. Las páginas de estos libros, hechas de piel de venado, fibras vegetales o cortezas de diferentes árboles, y plegadas a manera de biombo, estaban cubiertas con figuras y símbolos de gran riqueza cromática y meticuloso dibujo que registraban hechos históricos o mitológicos. Muchos códices fueron destruidos durante el siglo XVI por los misioneros españoles, por considerarlos instrumentos del mal e inducir a la idolatría. Entre los pocos que se conservan, todos ellos del periodo postclásico, están tres códices mayas (actualmente en Dresde, París y Madrid, en la Biblioteca Nacional), el Códice Nuttall de los mixtecos (actualmente en el Museo Británico, Londres), y algunas obras aztecas.
También se encuentran muestras de la pintura precolombina en la decoración de vasijas. La cerámica maya, la mochica y la peruana de Nazca proporcionan algunos de los ejemplos más excepcionales sobre diseños y técnica.

Artes decorativas.
Muchos de los objetos procedentes de excavaciones precolombinas están relacionados con lo funerario y tienen una función más utilitaria o ceremonial que decorativa. Aún sin contar con las ventajas de técnicas mecánicas básicas, son objetos de una calidad de ejecución y diseño equiparable a cualquier ejemplo artístico destacado de cualquier parte del mundo preindustrial.
Cerámica.
De todo el mundo precolombino son los objetos de cerámica los que en mayor número  han llegado hasta nuestros días. Se cree que la cerámica surgió en Colombia o Ecuador y que sustituyó a las canastas y vasijas de calabaza seca utilizadas como recipientes. Se hacían objetos de cerámica y arcilla tanto a mano como utilizando moldes para luego decorarse con diseños estampados mediante un bloque de terracota o piedra, relieves o bajorrelieves y diferentes técnicas de pintura y pulido. Aunque existen algunos ejemplos de cerámica policromada, la mayor parte estaba pintada con uno o dos colores o se dejaba sin pintar.
Metalistería.
Desde su supuesto origen en el norte de la zona central andina alrededor del 700 aC, el trabajo del metal se extendió hacia el área intermedia y alcanzó Mesoamérica alrededor del 1000 dC. Debido a la insaciable sed de oro y plata de los europeos durante la conquista y después de ella, la mayoría de los objetos que no estaban enterrados o escondidos fueron fundidos por los conquistadores españoles y transportados como lingotes a España. Aunque las culturas prehispánicas no conocían el hierro ni el acero, habían trabajado mucho el cobre y habían descubierto la aleación del bronce alrededor del 1000 dC. La tumbaga, una aleación de cobre y oro, se utilizó en Perú, Colombia y Ecuador. Se aplicaron muchas técnicas para trabajar el metal, que iban desde la cera perdida hasta la soldadura, el repujado y el grabado. Los trabajos en metal solían estar grabados, chapados en oro o decorados con incrustaciones de piedras y conchas.
Textiles.
Gracias a su clima extremadamente seco, la costa de Perú es la única región de la que se conservan ejemplos importantes de tejidos de periodos precolombinos tempranos. Enterrados en tumbas del desierto, especialmente en la península de Paracas, se han conservado en perfecto estado tejidos que tienen una antigüedad de 2.500 años. La fibra más común utilizada para tejer vestidos era el algodón, aunque en la zona central andina también se usaba la lana de llama, alpaca y vicuña. A menudo se coloreaban dichos materiales con tintes minerales y vegetales. Las telas presentaban diseños e imágenes que se incorporaban directamente al tejerlas, o que se pintaban, estampaban, bordaban o aplicaban posteriormente. En el periodo postclásico en Perú y Mesoamérica también se utilizaban plumas para hacer mosaicos y otros objetos como escudos y tocados.

EL ÁREA MESOAMERICANA.
La mayor parte de los emplazamientos mesoamericanos precolombinos se encuentran en lo que actualmente es México.
Periodo preclásico.
Las culturas preclásicas más importantes de México fueron la olmeca y las culturas occidentales de Colima, Jalisco y Nayarit.

Los olmecas.




Instalados en la región costera central del Golfo de México, los olmecas desarrollaron la primera civilización mesoamericana importante, entre aproximadamente el 1500 y el 600 aC. En las cuencas pantanosas y selváticas de los actuales estados mexicanos de Veracruz y Tabasco había grandes centros ceremoniales como La Venta, Tres Zapotes y San Lorenzo. Muchos de los elementos más característicos de la civilización mesoamericana se originaron con los olmecas, como ha quedado demostrado especialmente en La Venta, que es la capital administrativa y ceremonial más conocida de esta cultura.
La Venta, al igual que muchos emplazamientos mesoamericanos posteriores, está planificada siguiendo un eje norte-sur. En el centro de esa disposición axial de templos, plataformas y plazas se construyó una pirámide rectangular con tierra apisonada de 30 metros de altura, que es una de las primeras de Mesoamérica. Este trazado se convertiría en algo común en los centros ceremoniales mesoamericanos que se construyeron posteriormente. Los olmecas fueron los primeros en utilizar la piedra en arquitectura y escultura, a pesar de la dificultad de su extracción y transporte desde las montañas de Los Tuxtlas a 97 km al oeste. Fueron también los primeros creadores de mosaicos en piedra de América.
Los objetos olmecas más impresionantes son las cabezas colosales de piedra, de alrededor de 2,7 metros de altura que, por su realismo, parecen retratos. Se han descubierto relieves de gran tamaño y detalle que representan deidades o hechos mitológicos, al igual que estatuillas de basalto y de jade talladas de modo exquisito. Sin embargo, a pesar de su importancia, la escultura no se combinó con la arquitectura como en civilizaciones mesoamericanas posteriores. Se erigieron estelas de piedra o lápidas de roca aisladas, posiblemente para conmemorar hechos significativos, y se grabaron con inscripciones de símbolos iconográficos, precursores de la escritura mesoamericana posterior.

Cabeza olmeca.

El arte olmeca, como el de los mayas, se caracteriza por un alto grado de naturalismo. Predomina lo curvilíneo por encima de lo rectilíneo, lo cual crea formas rítmicas y fluidas que parecen mantener una armonía con un entorno tropical, en contraste con el arte estilizado y anguloso que suele encontrarse en los valles relativamente austeros de las montañas del centro y sur de México.
La esfera de influencia de los olmecas se extendió desde su centro en el Golfo de México a través de la altiplanicie Mexicana, el valle de México conocido como Anáhuac, la región de Oaxaca, y por el oeste hacia la región de Guerrero. Aunque la cerámica olmeca que se elaboró en el centro es de menor importancia, en los emplazamientos olmecas de la altiplanicie, Tlatilco y Tlapacoya, se han encontrado estatuillas huecas de arcilla que son, probablemente, las primeras de Mesoamérica y se cuentan entre los mejores ejemplos de escultura en cerámica mesoamericana. La cultura indígena de Tlatilco produjo también una gran cantidad de estatuillas de mujeres con elaborados peinados y una ornamentación corporal muy detallada que se conocen genéricamente como “mujeres bonitas”. Los rasgos femeninos exagerados de su anatomía parecen indicar que se utilizaban como símbolos de la fertilidad tanto para la fecundidad humana, como para la de la tierra puesto que se enterraban en los campos de cultivo.
En los Estados mexicanos de Morelos y Guerrero se aprecia la influencia olmeca en las figurillas de barro de Xochipala, en la pintura de la cueva de Oxtotitlán, en Guerrero, y en los bajorrelieves de las paredes de la cueva de Chalcatzingo, en Morelos. Estos dos últimos lugares estaban consagrados al culto de una divinidad encarnada en el jaguar, cuyo poder y relación con los jefes gobernantes constituía el tema de la mayor parte del arte olmeca.

Las culturas de Colima, Jalisco y Nayarit.
A finales del periodo preclásico y principios del clásico se desarrollaron importantes culturas en la zona occidental de México. Aunque antaño se denominaron tarascas por error, actualmente se les conoce con los nombres de los Estados mexicanos donde se encuentran los emplazamientos: Colima, Jalisco y Nayarit.
No se construyeron emplazamientos arquitectónicos importantes y se realizó muy poca escultura en piedra, pero de allí provienen algunas de las figurillas de barro y vasijas en forma de efigie mejor realizadas de Mesoamérica.



Aunque menos dinámicas y espontáneas en su naturalismo que las de las otras dos culturas, las figurillas de Colima son de un realismo con formas más monumentales y contornos más redondeados. Las más conocidas son las de los perros techichi o tepescuintli, que se modelaban en todas las formas y posturas imaginables.



Las estatuillas de Jalisco son las más ingenuas de estilo aunque se caracterizan por su llamativa presencia. El realismo vital de las esculturas de barro de la zona occidental mexicana las ha convertido en los ejemplos más conocidos del arte precolombino. Gracias a haber sido enterradas en tumbas con cámaras huecas, se ha conservado una cantidad de piezas muy elevada.

Estatuilla de Navarit, ca. 300 dC.

En Ixtlán del Río (Nayarit), los artesanos crearon esculturas de género muy detalladas, llegando incluso a la caricatura, en las que se representaban todos los aspectos de la vida urbana. Estas escenas pintadas en negativo (dejando en reserva el tema, protegiéndolo con cera, que se derrite en el momento de la cocción de la pieza) poseen la claridad e inmediatez de una imagen fotográfica.

Periodo clásico.
Teotihuacán, las ciudades mayas, el centro zapoteca en Monte Albán y la cultura clásica de Veracruz fueron las civilizaciones dominantes en el horizonte clásico.

La cultura de Teotihuacán.
A unos 40 km al noroeste de la ciudad de México se encuentra Teotihuacán (Lugar de los dioses). Allí se desarrolló la primera civilización auténticamente urbana de Mesoamérica; fue la primera ciudad del hemisferio occidental e inició su crecimiento urbanístico antes del comienzo de la era cristiana, continuando su florecimiento hasta alrededor del 700 dC., época en la que había alcanzado una población cercana a los 125.000 habitantes. En Teotihuacán se desarrolló una estética clásica, basada en el orden y el refinamiento. La elegancia austera y el diseño estilizado caracterizan el arte monumental, que produce el efecto de una serena sencillez y una noble grandeza. Los edificios, por ejemplo, se diseñaron con el sistema de talud y tablero formando plataformas escalonadas. Mediante este sistema de construcción se lograba controlar y unificar totalmente los elementos horizontales y los verticales, así como las partes salientes y las recesivas, los efectos de luz y sombra, además de la ornamentación ilustrativa y geométrica.

La arquitectura de Teotihuacán es de escala monumental. La pirámide del Sol es por su tamaño la segunda edificación precolombina existente, sólo superada por la pirámide de Quetzalcóatl en Cholula. Si se tiene en cuenta la superficie y el volumen que ocupan, ambas estructuras son más grandes que cualquiera de las pirámides de Egipto. Los palacios de Teotihuacán estaban organizados alrededor de plazas y constituyen algunos de los ejemplos más impresionantes de edificios residenciales precolombinos. Al principio se cubrían todas las edificaciones de Teotihuacán con una gruesa capa de estuco, que solía pintarse. Los ejemplos mejor conservados de pinturas murales son los frescos que decoran el interior de los palacios de Teotihuacán. Se distinguen tres estilos de murales: diseños decorativos de significado simbólico, estilizadas imágenes conceptuales de deidades y criaturas mitológicas y escenas narrativas en una línea más realista que abstracta o esquemática.

Se conservan unos pocos ejemplos monumentales de escultura en piedra. De estas esculturas la más famosa es un monolito arquitectónico dedicado a la diosa del agua, de la fecundidad y del maíz Chalchiuhtlicue. 

Obras talladas en piedra en Teotihuacán son las estilizadas máscaras antropomorfas.

Se produjeron dos tipos diferentes de cerámica. Una cerámica anaranjada de moldeado fino y delicado (llamada cáscara de naranja), que se comercializó mucho en toda Mesoamérica, y los objetos ceremoniales hechos con cerámica recubierta con una capa delgada de estuco que se trabajaba con la técnica del campeado y se pintaba después de modo parecido a los murales de los edificios ceremoniales. Inventaron el vaso trípode (una vasija de caras planas apoyada en tres vástagos planos) que fue uno de los objetos que más produjeron los ceramistas de Teotihuacán. También crearon figurillas, muchas de ellas retratos de gente de la época y otras representaciones de los espíritus de los muertos.

Los mayas.


Relieve maya de Belice.
La civilización maya dominó el sur de Mesoamérica durante la segunda mitad del primer milenio de nuestra era. Aunque se originó en el periodo preclásico, la cultura maya alcanzó su apogeo artístico e intelectual durante la última etapa clásica, desde alrededor del año 600 dC hasta aproximadamente el 900 dC. En la época de la conquista española ya se encontraba en grave decadencia.
Ninguna otra civilización precolombina igualó a los mayas en la variedad y calidad de su arquitectura. Los emplazamientos mayas clásicos se fundaron en un principio en las zonas de las tierras bajas tropicales. Comparados con la cultura de Teotihuacán, dichos emplazamientos parece que prestaron mayor atención a los aspectos ceremoniales y dedicaron menos interés a los urbanos.
La mayoría de las ruinas mayas están en México. Entre ellas se puede mencionar Palenque, Yaxchilán y Bonampak y en la península de Yucatán, Chichén Itzá, Cobá, Dzibilchaltún, Edzná, Hochab, Kabah, Labná, Sayil, Uxmal, y Xpuhil. Otros emplazamientos importantes son los de Copán, en Honduras, y los de Guatemala: Piedras Negras, Quiriguá y Tikal, el mayor de todos los centros ceremoniales mayas. Su arquitectura se caracteriza por un sentido exquisito de la proporción y el diseño, así como por su refinamiento estructural y la sutileza de los detalles.
Los mayas utilizaron la escultura más ampliamente en la decoración arquitectónica que todas las demás civilizaciones precolombinas. La bóveda de saledizo se empleó no sólo para cubrir espacios interiores sino también para construir arcos apuntados o trilobulados.
Construyeron caminos pavimentados que conectaban los centros administrativos y religiosos más importantes. Se cree que se utilizaban sobre todo para procesiones ceremoniales y como símbolo de lazos políticos.
El arte maya es el más refinado y elegante de todos los desarrollados por las civilizaciones precolombinas. Es digno y majestuoso, exuberante y sensual, y presenta una ornamentación espléndida.
Las estelas con relieves figurativos e inscripciones son los ejemplos más característicos de las esculturas conmemorativas exentas realizadas en piedra por los mayas. Los ejemplos más elaborados se encuentran en Copán, donde la maleabilidad de la piedra permitió una exuberancia ornamental barroca. La mayor parte de los emplazamientos importantes cuenta con una evolucionada tradición en la realización de paramentos de piedra decorados con relieves. En Palenque se utilizó el estuco para crear relieves de gran complejidad que decoraban los templos y palacios, como las célebres cabezas de la cripta de la pirámide de las Inscripciones.
Los mayas dominaron todas las formas artísticas precolombinas conocidas, menos el trabajo en metal. Aunque no se conservan telas tejidas por los mayas, su calidad y decoración pueden apreciarse a través de las representaciones en pinturas, figurillas y esculturas. Tallaban con maestría el jade, la madera, el hueso y las conchas, pero fue en los trabajos realizados con arcilla donde más destacaron. Sus figurillas de un realismo extraordinario (especialmente las provenientes de la isla de Jaina en Yucatán) y su cerámica policromada en la que se representan escenas mitológicas o de la vida cotidiana (producida con técnica de champlevé en Guatemala) se cuentan entre las mejores piezas de cerámica pintada precolombina.
Ejemplos de frescos mayas particularmente excepcionales se han hallado en Bonampak, Palenque y Tikal. También produjeron códices con escritura jeroglífica. De los códices mayas que se conservan, el Códice de Dresde (Sachsische Landesbibliothek, Dresde, Alemania) es el que mejor ilustra el uso descriptivo y formalmente dinámico de los signos por parte de los mayas.
El calendario maya, que antes se calculaba que comenzaba hacia 3114 aC, se cree en 1999 que comenzó en 3309 aC, tras las excavavaciones realizadas en 1999 en Palenque, en las que se han hallado un altar-trono en el templo XIX y una cámara funeraria en el templo XX, ambos situados en la llamada Plaza de la Cruz. La cámara funeraria tiene la primera pintura mural con personajes (la tríada original de dioses mayas) que se ha hallado en un templo. La excavación es particularmente interesante por coincidir con la Baja época maya, un periodo de oscuridad entre el 731 y 774 dC, del que se desconoce casi todo.
En 2000 arqueólogos, dirigidos por Arthur Demarest de la Universidad de Vanderbilt (EE UU) y Tomás Barrientos de la Universidad del Valle (Guatemala) descubrieron en las ruinas de la ciudad de Cancuén (“lugar de serpientes”, en maya), en la selva de Petén, un enorme palacio maya, fechado hacia 800 dC, con más de 170 habitaciones y 11 terrazas en tres pisos, dedicado al comercio a larga distancia, como complemento de la religión y la guerra. [Redacción. Los restos de un enorme palacio maya ven la luz en Guatemala. “El País” (9-IX-2000) 35.]

La ciudad maya-tolteca de Chichen Itzá.
El núcleo de Chichen Itzá, situado en el norte de la península de Yucatán, en el municipio mexicano de Tinum, muestra el legado de dos desarrolladas civilizaciones precolombinas: la maya y la tolteca.
Aunque secundario respecto a las principales ciudades fue un importante centro ceremonial maya en el periodo clásico (siglos V-X), cuando se construyeron el templo de los Tres Dinteles o el recinto de las Monjas, pero las construcciones más importantes son posteriores.
En el siglo X los toltecas invadieron Yucatán y ocuparon Chichen Itzá, fusionándose con los mayas, lo que inició una segunda época de prosperidad que duró dos siglos.
La síntesis de las arquitecturas maya y tolteca se expresa en tres grandes edificios: la pirámide escalonada El Castillo, El Caracol y el Templo de los Guerreros, junto al que se encuentra el Templo de las Mil Columnas.
El Castillo o Pirámide de Kukulcán es la construcción más conocida e imponente. Está dedicada al dios Kukulcán, divinidad de la mitología maya que participó en la creación de la Tierra y cuyo nombre significa serpiente emplumada. Es de planta cuadrada, con 55 metros en cada uno de los lados, y sus nueve cuerpos escalonados ascienden más de veinte metros. En la parte superior la corona un templo de planta rectangular, al cual se accede por cualquiera de los lados de la pirámide: cada uno tiene una escalinata de 91 escalones, por lo que, en total, sumando un último escalón que llega hasta el templo, hay un total de 365 escalones, uno por cada día del año.
El Caracol fue tal vez el primer edificio de este peridoo, a principios del siglo X, con la función de observatorio astronómico. Es una torre elevada sobre plataformas de planta cuadrangular y tiene una escalera en espiral (de ahí su nombre) dispuesta en el interior de la torre.
El Templo de los Guerreros es una pirámide escalonada de cuatro cuerpos que está conectada con el Templo (a menudo se le llama Bosque) de las Mil Columnas, una plaza que servía de conexión entre los edificios del complejo.
En el siglo XII se aceleró la desintegración de la civilización maya y cuando llegaron los primeros conquistadores españoles al Yucatán, en 1527 apenas quedaban unas pocas ciudades, dominadas por empobrecidas familias nobles.

El salmantino Francisco de Montejo fue el primer español que divisó y reportó el complejo arquitectónico de Chichen Itzá, entonces cubierto por la selva, aunque todavía recibía peregrinos mayas, que lo llamaban ‘En la boca del pozo’ (Chichén) de los brujos de agua (Itzá).

Los zapotecas (Monte Albán).
La cultura zapoteca (también denominada cultura de Monte Albán) dominó el valle de Oaxaca. Se originó en el periodo preclásico (comenzó c. 1500 aC y alcanzó su apogeo entre el año 300 dC, aproximadamente, y el 700 dC.
En Monte Albán (fl. alrededor del 500 aC y el 500 dC), que es el mayor conjunto urbano zapoteca, se aprecia que esta civilización mantuvo lazos primero con los olmecas y después con Teotihuacán. Dado que concedían gran importancia a la adoración de sus antepasados más ilustres, los zapotecas tienen una gran producción artística relacionada con los ritos funerarios. Las tumbas de Monte Albán y de toda la zona de Oaxaca poseen elaboradas urnas funerarias con figuras que representan divinidades asociadas con fuerzas naturales como la lluvia y el viento.
En los templos de Monte Albán se aprecia la influencia del sistema de talud y tablero utilizado en la arquitectura de Teotihuacán, al igual que en las espaciosas plazas rodeadas de escaleras monumentales que conducen a los basamentos de los templos. También hay estelas con relieves e inscripciones glíficas diseminadas por la zona. Las tumbas tenían antecámaras y numerosos nichos y estaban decoradas con frescos que denotan la influencia de los murales de Teotihuacán.

La cultura clásica de Veracruz.
A lo largo del golfo de México se desarrolló una cultura que en el pasado se denominó erróneamente totonaca, y que actualmente conocemos como cultura clásica de Veracruz. Recibe su nombre del actual estado mexicano de Veracruz, que corresponde aproximadamente a la zona donde se concentró la actividad de dicha cultura. En El Tajín, principal centro ceremonial, se encuentran siete edificaciones para el juego de pelota, que indican la importancia que tenía para la cultura clásica de Veracruz el juego de pelota mesoamericano, un deporte alegórico de carácter ritual, el tlachtli. Muchos de los relieves más importantes de esa civilización decoran las edificaciones destinadas a este juego, y en algunos se representa el sacrificio ritual de los participantes.
Los objetos más importantes de la cultura clásica de Veracruz son las hachas, yugos y palmas, todos ellos realizados en piedra. Aunque se asocian con el juego de pelota, la función precisa de esos instrumentos ha sido objeto de grandes controversias. Sin embargo, la mayoría de los expertos creen que les eran concedidos a los mejores jugadores, que no los utilizaban durante el juego sino en celebraciones y procesiones ceremoniales. Las hachas también podrían haberse utilizado para delimitar las zonas del juego. Destacan asimismo las figuras de barro que representan a los jugadores ataviados con todos sus atributos, desde los complicados peinados, las faldas con símbolos distintivos, y gruesos cinturones, hasta el calzado y todos los accesorios como rodilleras, coderas y elementos necesarios para practicar el deporte sagrado del juego de pelota.
Existe también una amplia producción de figurillas de barro de gran calidad, especialmente en la región de Remojadas, famosa por sus estatuillas de rostro amplio y sonriente conocidas como “caritas sonrientes”. Las figurillas huecas, de gran realismo, producidas en su totalidad o en parte utilizando moldes, se cuentan entre las esculturas de barro a gran escala más significativas del periodo precolombino. Los rasgos y los detalles ornamentales de las llamadas 'caritas sonrientes' se caracterizan por estar resaltados con la aplicación de chapopote (brea negra o asfalto) después de la cocción.
Probablemente por estar ubicada en las rutas comerciales y entre otras culturas mexicanas, la clásica de Veracruz era una cultura ecléctica. Su arte y arquitectura, especialmente los de cerro de Las Mesas, denotan influencias olmeca, de Teotihuacán, zapoteca y maya.

Periodo postclásico.
Durante el periodo postclásico se desarrollaron varias culturas importantes: la tolteca, la purépecha o tarasca, la huasteca y totonaca, la mixteca, y la azteca.

Las culturas toltecas y maya-toltecas.
Tula, situada a unos 64 km al norte de la ciudad de México, era la capital de los militaristas toltecas, que establecieron su imperio a principios del periodo postclásico, en el siglo X dC. Se trataba de una sociedad austera de guerreros pragmáticos (al modo de los primeros romanos), que parecían más interesados por la función que por la forma, de modo que produjeron pocos objetos lujosos.
La cerámica más apreciada fue la llamada plomiza o plumbate y la anaranjada fina importada de artesanos no toltecas que vivían en la costa del Pacífico, cerca de la actual frontera entre México y Guatemal. La cerámica plomiza, única cerámica vidriada de Mesoamérica, tiene una superficie metálica, habitualmente gris verdosa resultado de la vitrificación de una barbotina de arcilla durante la cocción para obtener el brillo.
La arquitectura y la escultura toltecas reflejan la influencia de la cercana Teotihuacán. Sin embargo, los toltecas pretendían inspirar temor en vez de aspirar a la armonía espiritual que perseguía la civilización de Teotihuacán. El templo que se encuentra en la cima de la pirámide de Tlahuizcalpante­cuhtli o de la Estrella Matutina en Tula tiene unas columnas de 4.6 m de alto, modeladas como imponentes guerreros rígidos, conocidos como atlantes, que guardan el recinto sagrado. Alrededor de la base de esta pirámide existen palacios y recintos ceremoniales, probablemente para la élite militar.
Al pie de la cara norte de la pirámide hay un elemento arquitectónico ideado por los toltecas que puede haber servido para encerrar un espacio ceremonial secreto que se denomina coatepantli o muralla de serpientes. El coatepantli consiste en un friso labrado en piedra que muestra una sucesión de serpientes que persiguen y devoran esqueletos.
Otro elemento arquitectónico fue el tzompantli, o altar de cráneos, una plataforma baja, cercana a la pirámide principal, provista de soportes para apilar o ensartar las cabezas cercenadas de los sacrificados.
El recio arte tolteca muestra una faceta de vigor en las formas que anuncian el predominio del guerrero sobre el sacerdote, una visión que se mantendría a lo largo del horizonte postclásico mesoamericano.
Según narraciones mítico-históricas posteriores, los toltecas invadieron la península de Yucatán alrededor del 1000 dC y establecieron su capital en la ciudad maya de Chichén Itzá.
Una parte importante de la arquitectura e iconografía de este lugar refleja la fusión de la cultura maya tardía con la cultura tolteca temprana. Algunos elementos arquitectónicos encontrados en Tula, como las columnas con forma de serpiente que aluden a Quetzalcóatl (la serpiente emplumada) y al Chac-mool (una figura reclinada que sostiene vasijas para las ofrendas en los sacrificios) se repiten en Chichén Itzá. Hay frescos con imágenes del asentamiento de un grupo tolteca. La calidad del diseño y del arte en Chichén Itzá es superior a los de Tula, lo cual refleja el mayor grado de evolución de la capacidad artística de los arquitectos y artesanos mayas además de la influencia que ejercieron sobre ellos las numerosas culturas con las que tuvieron contacto.
Hacia el año 1250 se estableció una nueva capital maya en Mayapán, Yucatán: una ciudad amurallada en lugar del centro abierto construido por los mayas clásicos. La Tulum es otra ciudad amurallada maya del periodo postclásico. Ubicada sobre la costa caribeña, fue una de las primeras ciudades mesoamericanas descritas por los españoles.

Los purépechas o tarascos.
La cultura purépecha o tarasca floreció en el oeste de México desde comienzos del periodo postclásico hasta la conquista española. En su capital, Tzintzuntzan, sobre el lago de Pátzcuaro, se han encontrado las yácatas (templos circulares y escalonados dispuestos en línea sobre un basamento rectangular).
Se cree que los purépechas fueron los primeros que trabajaron el metal en Mesoamérica. Es probable que aprendieran las técnicas de la metalurgia gracias al comercio con las civilizaciones de América Central y las andinas a través del océano Pacífico. Los ornamentos de cobre, oro, bronce y otras aleaciones hechos por los purépechas eran tan apreciados como sus trabajos con plumas y sus telas.

Los huastecas y totonacas.
En la época de la conquista española la cultura huasteca estaba asentada en la costa norte del golfo de México, mientras que la costa central estaba ocupada por los totonacas, cuya ciudad principal era Zempoala (o Cempoala en las crónicas de la Conquista). Los huastecas eran conocidos por sus esculturas en piedra y por trabajar las conchas con intrincados dibujos recortados.

Los mixtecos.
Hacia el siglo X, los mixtecos (habitantes del país de las nubes) provenientes de la altiplanicie, penetraron en parte del territorio vecino de los zapotecas, en los valles de Oaxaca, por medio de guerras o de matrimonios mixtos. Utilizaron Monte Albán como necrópolis, o ciudad de los muertos, y se asentaron en ciudades fortificadas como Yagul y Mitla, que fue un importante centro religioso. Las edificaciones mixtecas están decoradas con unos mosaicos geométricos de piedra que son característicos.
La pictografía (ejemplificada en el Códice Nuttall), los murales y la cerámica pintada de los mixtecos demuestran la habilidad artística de esa cultura. También fueron los más destacados en el trabajo de metalurgia en Mesoamérica, y la cerámica que se hacía en Cholula al estilo mixteco-poblano era la más apreciada en México durante los siglos XIV y XV. En las tumbas de Monte Albán han aparecido ofrendas extraordinarias compuestas por vasijas de tecali (mármol), copas de cristal de roca, collares, perlas, objetos de ópalo, ágata, jade, ámbar, turquesa y elaborada joyería de filigrana de plata y oro. Los mixtecos sobresalieron también en la decoración de máscaras, cuchillos ceremoniales y otros objetos con incrustaciones de coral, conchas, turquesa, obsidiana y otras piedras. Se especializaron en el labrado de la madera, destinado principalmente a las complejas decoraciones de los átlatl (instrumento utilizado para lanzar flechas) y en el tallado de los teponaztli (instrumentos horizontales de percusión de forma cilíndrica y ahuecados), de uso ceremonial.

Los aztecas.
La última civilización mesoamericana importante fue la de los aztecas, también llamados mexicas (de donde proviene el nombre de México). Entre 1428 y 1521 los aztecas produjeron y reunieron, a través de los tributos imperiales, objetos que hoy constituyen algunos de los mejores ejemplos del arte precolom­bino que ha llegado hasta nuestros días.
En la época de la conquista española, el corazón del imperio azteca era Tenochtitlán, ubicada donde está hoy la Ciudad de México, era probablemente la población más grande y una de las más hermosas del mundo. Construida en el lago de Texcoco sobre islas naturales y artificiales llamadas chinampas, la Gran Tenochtitlán se parecía en su concepción a la ciudad italiana de Venecia. Las calles eran básicamente canales y el medio principal de transporte eran las canoas. Hoy en día, la plaza central (el zócalo) de la capital mexicana se extiende encima del principal centro ceremonial azteca. Excavaciones recientes, llevadas a cabo por arqueólogos mexicanos en el Templo Mayor de los aztecas, han sacado a la luz espectaculares hallazgos arqueológicos.
Los aztecas produjeron esculturas exentas en piedra con carácter monumental. En ellas utilizaron tanto expresiones abstractas como realistas para revelar el carácter interno y externo de la divinidad, persona o animal retratados. La mayor parte de la escultura en piedra se utilizó para la decoración arquitectónica y las representaciones de dioses. También se empleó en los altares para sacrificios humanos, en los cuauhxicalli (recipientes para la sangre y el corazón), calendarios de piedra, y otros objetos ceremoniales importantes. Ejemplos ilustrativos de la monumentalidad de la escultura mexicana son la extraordinaria figura de la diosa Coatlicue, símbolo de la dualidad que caracterizaba las reli­giones mesoamericanas; el enorme disco labrado de la Coyolxauhqui desmembrada y el universalmente conocido Calendario azteca o Piedra del Sol.
La gran calidad de la concepción y ejecución de los códices aztecas los convierten en ejemplares preciosos de los museos, pues sólo unos pocos sobrevivieron a la destrucción de las bibliotecas mexicanas durante las guerras que culminaron con la caída del imperio en 1521.

EL ÁREA CENTRAL ANDINA.
El florecimiento de las culturas, como sucedió en Mesoamérica, va acompañado por el desarrollo de las técnicas de cerámica que preceden a la evolución de las ciudades, no obstante, en el área central andina la arquitectura monumental es anterior a las primeras cerámicas hechas en la región.

Periodo precerámico.
Alrededor del 2500 aC se construyeron túmulos ceremoniales de carácter monumental en Huaca Prieta, en el Valle de Chicama, que está al norte de la costa peruana. En el mismo sitio también fueron hallados tejidos de algodón de técnica muy evolucionada y calabazas labradas con estilizados motivos geométricos. Otro emplazamiento del periodo precerámico en la costa norte es Las Haldas, donde tal vez se levantaron las primeras pirámides y basamentos de templos de toda América. Estos fueron construidos con tierra y datan de alrededor del 1800 aC. El Paraíso o Chuquitanta, en la zona central de la costa peruana, es el lugar de mayores dimensiones del periodo precerámico en el que se han realizado excavaciones. Había varios complejos residenciales construidos con piedra y arcilla, compuestos de habitaciones y terrazas superpuestas. En Kotosh, otro centro importante del periodo precerámico, ubicado en la altiplanicie del norte del Perú, se levantaron templos con terrazas en piedra revestida de arcilla y decorados con relieves de manos cruzadas, realizados también en arcilla.

Periodo preclásico.
En el Perú se desarrollaron dos culturas importantes durante el periodo preclásico, la de Chavín y la de Paracas.

La cultura de Chavín.
Entre aproximadamente el 1200 y el 200 aC, floreció en el norte del altiplano peruano, en el centro ceremonial de Chavín, una civilización paralela en muchos sentidos a su contemporánea mesoamericana de los olmecas. Ambas fueron importantes culturas dentro de sus áreas arqueológicas, y ambas usaron imágenes felinas en sus iconografías religiosas. Parece ser que la influencia artística de Chavín no se extendió a través de conquistas sino por difusión religiosa y cultural. Pueden encontrarse muestras de la influencia artística e iconográfica de la cultura Chavín en emplazamientos que van desde Ecuador hasta el sur de la costa peruana.
Chavín de Huantar está compuesto por una serie de plataformas y templos con arcos saledizos en algunos corredores. Los ejemplos más sobresalientes de escultura en piedra dentro del área central andina se encuentran en Chavín de Huantar o en emplazamientos relacionados con la cultura chavín como Cerro Blanco y Cerro Sechín. Sin embargo, a diferencia de la cultura olmeca y otras culturas mesoamericanas, la chavín y otras civilizaciones peruanas posteriores produjeron muy pocas esculturas exentas en piedra o figurillas de barro. El relieve plano chavín alcanzó su apogeo en el estilizado diseño rectilíneo de la estela conocida como Raimondi, que debe su nombre al naturalista y profesor italiano Antonio Raimondi, estudioso de Perú desde que llegó en 1849.
La vasija de asa de estribo, o caño estribo (un recipiente cerrado que tiene un asa hueca en forma de U coronada por un pico tubular), se originó probablemente en el norte del Perú y se convirtió en la vasija más característica de la cerámica chavín. Al igual que la olmeca, la buena cerámica chavín se hacía en enclaves alejados de los principales centros ceremoniales. En Cupisnique, Chongoyape y Tembladera, situados en los valles costeros del norte del Perú, se hacían vasijas de gran calidad en forma de efigie, con diseños abstractos y realistas.
Con el desarrollo de la metalurgia, la civilización chavín destacó en la elaboración de adornos corporales en oro repujado. Las piezas más características son las placas decorativas para adornar la ropa y las altas coronas cilíndricas con relieves de tema mitológico, que usaba la nobleza chavín.

La cultura de Paracas.
Entre el 900 y el 400 aC floreció otra civilización en la costa sur del Perú, la de Paracas. La cultura de Paracas es conocida sobre todo por sus tejidos, que se han conservado en perfecto estado gracias a la extrema aridez de la zona. Los muertos eran amortajados con telas y enterrados en tumbas, en las que la sequedad del aire momificaba los cuerpos. Dichas mortajas son de gran interés arqueológico ya que las telas están bordadas, tejidas o pintadas de forma muy elaborada con motivos felinos claramente relacionados con los de Chavín de Huantar, en el altiplano. También se aprecia una clara influencia chavín, especialmente en lo relacionado con la utilización de la iconografía felina, en las vasijas con forma de efigie halladas en la necrópolis de Paracas.
El estilo general de los objetos producidos en la región costera del sur del Perú se inclina más por los motivos sencillos y angulares que se aprecian en los tejidos de Paracas, que por el detallado realismo y las formas redondeadas de las esculturas de arcilla y de metal características del arte de la zona norte peruana. Por lo tanto, la decoración de la cerámica de Paracas es muy estilizada, con diseños realizados mediante incisiones y policromada con colores brillantes. Las vasijas suelen ser de doble pico y base redondeada, en lugar de tener asa de estribo y fondo plano como las de la costa norte.

Periodo clásico.
El periodo clásico estaba dominado por las culturas moche y nazca, y posteriormente las culturas de Tiahuanaco y las relacionadas con Huari.

Los mochicas (Moche).*Tiene entrada propia más desarrrollada.
Mucho antes de los incas, los mochicas (o moche) formaron un Estado militarista de gran complejidad cultural que se desarrolló entre los años 200 aC y 800 dC en los valles y desiertos de la costa norte de Perú, en el valle del río Moche. También se llama Moche a la ciudad principal, el mayor centro ceremonial y administrativo de esta cultura, denominada mochica en referencia a su lengua.
La cultura mochica se componía de varios núcleos urbanos independientes y alejados, con etnias distintas pero que compartían una estructura religiosa y similares prácticas rituales sangrientas, así como un universo iconográfico codificado y regulado para la difusión de su mitología y costumbres. 
Desarrollaron la metalurgia y la alfarería a un nivel avanzado y construyeron monumentales edificios de adobe que usaban para sus prácticas religiosas, así como eficaces sistemas de irrigación que convirtieron amplias zonas desérticas en vergeles, pasando de unas 10.000 hectáreas cultivadas en el inicio a unas 80.000 en su primer apogeo hacia el 100 dC, cambiando lo que era un árido desierto en campos de cultivo y bosques.
La ciudad de Moche, una de las más antiguas y monumentales concentraciones urbanas de Perú, se extendía alrededor de dos grandes templos-pirámides gemelos de varias plantas de adobe, llamados huaca del Sol y huaca de la Luna, adornados con emocionantes pinturas murales de vivos colores. Otros huacas se encuentran en el valle.



La sangre y la violencia extrema estaban muy presentes. No hace falta más que visitar las huacas del Sol y de la Luna. En la gran plaza central hay enormes frisos de bajorrelieves polícromos en varias franjas. La inferior recoge a guerreros y prisioneros desnudos en fila atados por el cuello con una soga rumbo al sacrificio. El segundo nivel retrata a gobernantes ataviados con lujo y cogidos de la mano. El tercero repite la figura de la espantosa araña decapitadora. Los cuatro niveles superiores están dedicados a seres mitológicos, incluido el héroe Ai Apaec. La decapitación y las cabezas cortadas han sido lugares comunes en los ritos de las culturas precolombinas americanas, muy representadas en sus expresiones artísticas.
A pesar de que era una sociedad militar, poseía un gusto artístico muy refinado. Una élite poderosa, sanguinaria y numerosa, considerando el alto número de tumbas ricas encontradas, requería de medios para mantenerse y un arte para manifestar su preeminencia. La arqueología nos ha permitido descubrir a dos significativos miembros de la jerarquía mochica, en las tumbas intactas del llamado Señor de Sipán, en 1989, y de la denominada La Dama de Cao, en 2006, acompañados de multitud de ofrendas, en especial objetos de cerámica y orfebrería que superan en delicadeza y perfección a los de otras regiones del área central andina.


Tumba del Señor de Sipán.

La cerámica moche destaca por su realismo y carácter escultórico que la sitúan entre las más refinadas del periodo precolombino. Se pintaba a menudo con finas líneas de tonos siena y rojos sobre fondo amarillo. 


Los llamados jarros retrato son recipientes en los que el ceramista ha modelado las cabezas, en especial los rasgos faciales y psicológicos de una persona, con gran realismo.



Otras piezas representan escenas de la vida religiosa y militar, de seres mitológicos y símbolos esotéricos. 
Las escenas religiosas típicas muestran a los sacerdotes o chamanes que invocan fuerzas ocultas mediante el consumo de alucinógenos y ofrecen numerosos sacrificios humanos para aplacar a unos dioses que con cierta frecuencia los maldecían con fenómenos climáticos que arrasaban con todo, lo que hoy conocemos como el fenómeno cíclico del Niño, alternando años de fecundas lluvias con otros de extremas sequías. Poder predecir esos estragos es lo que perpetuaba su poder y para conseguir estados de videncia recurrían a drogas y alucinógenos como el cactus San Pedro, las hojas de coca del altiplano andino o d ayahuasca que proviene de las regiones amazónicas. Muchos de los dibujos en los huacos aluden por eso a visiones deformadas, entre terroríficas y fantásticas, de esos dioses, muchas veces compuestos por animales que ellos consideraban sagrados.
Si bien la representación de mujeres en los objetos rituales era escasa o funcional, también participaron en el poder religioso, como demuestra la tumba intacta de la Dama de Cao, encontrada con todas las joyas y símbolos del poder. Era una joven de alrededor de 20 años que murió poco después del parto y la conservación del cuerpo permite apreciar los tatuajes de sus brazos. Tal vez era una familiar de la familia real, o una curandera o sacerdotisa de alto nivel, como las halladas en las tumbas de San José de Moro.


Ai Apaec.

Las escenas militares muestran historias de las guerras, con decapitaciones, torturas y sacrificios humanos. Destaca un dios o semidios legendario, una especie de superhéroe guerrero y omnipresente que lucha con monstruos, al que llaman Ai Apaec y es reconocible por sus atributos simbólicos. Tiene sobre la cabeza un tocado con un felino salvaje –posiblemente un jaguar– y una pluma de cóndor, el señor de los cielos. De su boca sobresalen unos grandes colmillos. Lleva atada a la cintura una serpiente cuyos extremos terminan en cabezas de felino. 



Un género especial es la cerámica erótica, una de las más abundantes del periodo precolombino, con huacos o representaciones muy explícitas de los órganos genitales y de prácticas de la vida sexual de todo tipo, un auténtico catálogo del ars amandi o de kamasutra, que se cree que tenían una finalidad ceremonial y establecían un código moral.

La metalistería y orfebrería mochica eran muy elaboradas y de una técnica más avanzada que los de civilizaciones precolombinas anteriores. La joyería y los adornos corporales realizados con oro, plata, cobre y aleaciones solían tener incrustaciones de turquesas y lapislázuli. Los motivos eran geométricos y mitológicos, especialmente de la deidad felina.

La cultura de Nazca.
La cultura nazca, en el sur de la costa peruana, a lo largo del valle del río Nazca, era casi coetánea de la mochica.
Como sus predecesores paracas, los nazca produjeron pocas obras arquitectónicas pero destacaron en los tejidos y la cerámica de diseños estilizados y colores brillantes, totalmente diferente a la del norte del Perú, de diseño realista y colores sobrios. La cerámica nazca es de exuberante policromía y con diseños y decoración audaces. Ya no utiliza incisiones profundas como la de Paracas y el color se aplica antes de la cocción, y no después de ella. Aunque tanto los mochicas como los nazca hicieron vasijas en las que combinaban elementos modelados y dibujados, los primeros preferían la cerámica escultural y los segundos, la pintada.
Entre los vestigios más enigmáticos del pasado precolombino destacan las líneas dibujadas en el desierto de Nazca. Son  dibujos zoomorfos realizados arrancando las piedras de la superficie oscura para dejar al descubierto un sustrato más claro. Los dibujos representan, a una escala enorme, formas geométricas, animales, pájaros y peces que sólo pueden apreciarse en su totalidad desde el aire. Se asemejan a las imágenes pintadas de la cerámica nazca y se cree que probablemente tuvieran una función ceremonial o astronómica.

La cultura de Tihuanaco.
Tihuanaco es un emplazamiento boliviano próximo al lago Titicaca, en el sur del altiplano central andino, que data entre el 200 aC y el 600 dC, cuando este complejo urbanístico se convirtió en el centro de una importante civilización del periodo preclásico.
El arte y la arquitectura de Tiahuanaco buscaba que las obras fueran austeras y perdurables. Fue una de las pocas culturas del área central andina que utilizó la piedra de forma masiva en arquitectura, escultura y objetos ceremoniales.
Los motivos decorativos y las imágenes religiosas se caracterizan por la rigidez, y tanto las edificaciones como las esculturas se caracterizan por su aspecto monolítico y monumental.
La Puerta del Sol de Tiahuanaco, hecha de un solo bloque de piedra y decorada con relieves de espléndida ejecución, tiene 3 metros de altura y 4 de ancho, y debe su monumentalidad a la grandiosidad del diseño. Diseminadas por toda la zona de Tiahuanaco hay estatuas monolíticas antropomórficas que alcanzan alturas de más de 6 metros y están decoradas con bajorrelieves.

Los huari.
La civilización huari (o wari), aunque tenía la misma religión e iconografía que la civilización de Tiahuanaco, presentaba características socioeconómicas distintas. Aproximadamente entre el año 750 y el 1000 dC el imperio huari puso fin al regionalismo cultural en Perú, preparando así la unificación cultural del periodo inca.
Al igual que la mochica, la huari era una sociedad guerrera que apreciaba el arte y el diseño. Las culturas huari costeras (conocidas antaño como tiahuanacos de la costa) produjeron tejidos de la más alta calidad. Muchos de los diseños, especialmente el de los ponchos, eran abstracciones de los motivos pintados en la cerámica de Tiahuanaco. Aunque menos refinada que ésta, la cerámica huari se caracteriza por su solidez, lo audaz de sus diseños y la riqueza de la policromía.

Periodo postclásico.
Durante el periodo postclásico las culturas más preeminentes de la Suramérica precolombina fueron la chimú y finalmente la inca.

Los chimú (Chan Chan).
Desde el año 1000, aproximadamente, hasta el 1470, el norte de Perú estuvo dominado por los chimú.
La capital imperial, Chan Chan, estaba compuesta por grupos de edificaciones con paredes de adobe que recuerdan los primeros asentamientos huari. Es la ciudad más grande de la zona andina, compuesta de diez o doce divisiones de planta octogonal, cada una de las cuales contiene un recinto ceremonial, residencias, mercados, talleres, depósitos de agua y de alimentos y jardines. Las edificaciones están decoradas con mosaicos hechos con ladrillos de adobe o con bajorrelieves moldeados en un enlucido de arcilla, que representan animales, pájaros y figuras mitológicas.
Aunque Chan Chan no estaba fortificada, los chimú defendieron su imperio construyendo fortalezas en las fronteras. Paramonga, que defendía la frontera sur, está considerada como una obra de arte de ingeniería militar, al igual que la fortaleza de Sacsahuamán, más allá de Cuzco.
La cerámica chimú se producía principalmente usando moldes. Su característico color negro se obtenía sofocando prácticamente la llama al reducir la cantidad de oxígeno del horno durante la cocción. Se decoraba con relieves hechos en moldes y, después de cocida, la superficie de la vasija se pulía para darle un reflejo plateado.
Los orfebres chimús producían objetos mediante técnicas muy variadas como el martillado, de origen colombiano, la soldadura o la cera perdida. Comparada con la cerámica, la metalistería chimú resulta más original en lo que se refiere al diseño y ejecución artística. Típicas de este trabajo las máscaras, los antebrazos, collares, aretes e incluso vestidos con incrustaciones de oro.
Los tejidos ofrecen características similares a los demás productos chimú en cuanto a calidad y cantidad. Especialmente sobresaliente es el arte plumario y sus ponchos decorados con plumas de pájaros tropicales estaban considerados como una de las vestimentas más lujosas del periodo postclásico.

Los incas.
Desde su capital, Cuzco (o Cosco, en quechua “ombligo del mundo”), los incas dirigieron un imperio que se extendía por el área central andina desde Ecuador hasta Chile. Ellos se autodenominaban tahuantinsuyo, y el nombre de incas significaba en quechua señor o alteza.
Es la civilización de Suramérica que mejor se conoce actualmente gracias a las crónicas de los conquistadores españoles. Era un pueblo guerrero del altiplano, cuyo arte y arquitectura se caracteriza por la simplicidad de formas, la escasa decoración y la funcionalidad. Las edificaciones incas, que presentaban una de las estructuras más logradas de todo el periodo precolombino, estaban construidas con aparejo de piedra, trabajada y engastada con gran precisión y sin ninguna decoración posterior. Eran características las puertas y ventanas trapezoidales.
Los incas no produjeron estatuas exentas de gran tamaño ni esculturas ornamentales. Las figurillas de metal y las pequeñas vasijas de piedra ceremoniales con representaciones de llamas y alpacas constituyen los ejemplos más destacados de su escultura.
La cerámica, al igual que la chimú, se producía mediante moldes, aunque no era de tanta calidad. La pieza más característica fue el aribalo, recipiente policromado para transportar líquidos. Tanto en los textiles como en la metalurgia los incas continuaron la tradición centroandina de alta calidad en el diseño y la ejecución. Desgraciadamente, el fervor religioso de los conquistadores españoles y la codicia por los metales preciosos son responsables de la destrucción de gran parte de los objetos incas de oro y plata, que fundidos y convertidos en lingotes, fueron embarcados rumbo a Europa.

La ciudadela inca de Machu Picchu.


La fortaleza inca de Machu Picchu.
Machu Picchu.

La ciudadela de Machu Picchu constituye una de las ruinas mejor conservadas de la civilización inca. Construida hacia 1450 y abandonada a mediados del siglo XVI, la ciudadela permaneció ígnota para los conquistadores españoles, pero no para los habitantes locales, que la divisaban fácilmente a lo lejos y la visitaban a menudo, pese a que se ocultaba bajo la vegetación del bosque montano tropical. Se encuentra a 2.430 metros de altitud, en plena cordillera de los Andes, en una de las cimas de las estribaciones orientales de los Andes, sobre el valle del río Urubamba, a la sombra del Huayna Picchu.
El 1911, el profesor de historia estadounidense Hiram Binghman, encabezando una expedición de la National Geographic, redescubrió Machu Picchu: estudió las ruinas y reconoció su importancia, organizando sucesivas expediciones arqueológicas para conocer mejor el lugar.
Los historiadores discuten su función: para unos fue un intento fallido de extender la civilización inca hacia la zona selvática; para otros fue una residencia de descanso del noveno gobernante del Estado Inca, Pachacútec, además de un santuario del culto solar.
Su arquitectura e ingeniería destacan por su exquisita armonía con la naturaleza, usando los materiales pétreos de la montaña y adaptando sus formas a las irregularidades del terreno.
El conjunto se divide en dos zonas: una de cultivos, con terrazas escalonadas en la ladera de la montaña, unidas por un sistema de regadíos en pendiente, y una urbana sin fortificar, con palacios, edificios religiosos y viviendas.
Las construcciones más importantes son el templo del Sol, la residencia Real y la plaza Sagrada, con el templo de las Tres Ventanas y el templo Principal.

El templo del Sol alberga el Torreón, tal vez el mejor edificio de todos por la calidad de sus sillares esculpidos y ensamblados con la excelente técnica de los constructores incas. Se utilizaba para las ceremonias religiosas relacionadas con el solsticio de verano, y es posible que fuera también un mausoleo para las reliquias de Pachacútec.



EL ÁREA INTERMEDIA.
En el sur de Centroamérica, en Colombia y Ecuador, también se desarrollaron estilos artísticos y arquitectónicos notables.

Las culturas del sur de Centroamérica.
En Costa Rica y Nicaragua se encuentran esculturas de piedra monumentales y de magnífica realización. Además de las estatuas de dioses que reflejan la influencia mesoamericana, las culturas de Centroamérica realizaron metates ceremoniales de piedra (superficies para moler el maíz y otros granos) con diseños muy elaborados y hachas ceremoniales de jade muy trabajado.
La metalistería, de amplia difusión, refleja la influencia del norte de Suramérica. Entre los ejemplos más destacados se cuentan los objetos de adorno corporal de la cultura panameña de Veraguas y la de Chiriquí, de Panamá y sur de Costa Rica.
Audaz en colorido y diseño, la cerámica coclé de Panamá muestra un parecido sorprendente con los modernos molas, o apliques invertidos, que los cuna de la cordillera de San Blas cosen en sus telas, por sus dibujos de ritmo dinámico. La cultura chorotega produjo los mejores jarros retratos policromados de toda Centroamérica en la península costarricense de Nicoya.

Las culturas de Colombia.
En Colombia se han descubierto pocos emplazamientos arquitectónicos. El yacimiento arqueológico más antiguo y más extenso de la zona se halla ubicado en San Agustín, lugar en el que abundan esculturas exentas en piedra, relacionadas muchas de ellas con el culto a divinidades felinas. También hay templos y tumbas subterráneas. En Tierradentro, se han hallado tumbas ricamente decoradas, excavadas en la roca. En Tairona, en la zona del Caribe, hay restos de calles empedradas y cimientos de casas circulares, también de piedra.
Las culturas de los calima, quimbayá, tairona, tolima, sinú, darién y chibcha o muisca desarrollaron diferentes estilos de trabajar los metales según cada región, así como diferentes piezas y símbolos iconográficos. Aunque refleja la influencia centroandina, la orfebrería colombiana suele ser más innovadora en sus técnicas y diseños. Destaca la orfebrería del oro.
La cerámica colombiana rara vez alcanzó el nivel estético de la orfebrería, excepto en culturas como la quimbayá, cuyas robustas figurillas y vasijas de barro eran de tan alta calidad como los objetos que hacían en oro.

Las culturas de Ecuador.
En Ecuador se encuentra una cerámica de mejor calidad que en Colombia. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre si la cerámica más antigua del hemisferio occidental procede de la zona de Valdivia (c. 3000 aC) en Ecuador o de Puerto Hormiga en la costa septentrional de Colombia, que es de la misma época. En Chorrera, Guangala, Bahía, Jama Coaque, La Tolita, Mantano y Carchi se elaboraron figurillas y jarros retrato.
Apenas se hallan restos de esculturas de piedra, ni exentas ni integradas en la arquitectura. Los mejores ejemplos se encuentran en los bajorrelieves de Manta, en Cerro Jaboncillo. También de este periodo (850-1500 dC) son las banquetas manabí, unos asientos de piedra en forma de "V" cuyo pie está formado por una figura de jaguar o atlante, son los objetos en piedra más característicos de Ecuador. Existen, asimismo, buenos ejemplos de trabajos en metal.

Las culturas de Chile,
La estética de estas figurillas antiguas prosigue en los chemamull de madera que confeccionaban los mapuches del sur de Chile hasta el siglo XX. Véase su asombrosa semejanza con las piezas cicládicas más minimalistas, precedentes de la escultura minoica, como un ejemplo de la respuesta similar a los problemas estéticos en culturas sin contacto alguno. [http://www.precolombino.cl/#!prettyPhoto] Museo Chileno de Arte Precolombino.


EL ÁREA PERIFÉRICA.
En la cuenca amazónica se han encontrado objetos de cerámica en diversos yacimientos arqueológicos, y en la zona del Caribe los arawaks y los taínos desarrollaron una cultura y un arte propios.

Las culturas de la cuenca amazónica.
La mayor parte del arte amazónico se realizaba con materiales perecederos como la madera, las plumas y las fibras vegetales. La cerámica precolombina más importante de esta región se ha encontrado en Brasil, en el delta del río Amazonas. En Santarem se han descubierto vasijas que datan de 1250 al 1500 dC aproximadamente, con elaboradas formas figurativas. De los túmulos fechados entre el año 1000 y el 1250 de la isla de Marajó se han extraído objetos de cerámica pintada, decorados con incisiones y complicados dibujos, así como enormes urnas funerarias. En la isla de Maracá se han encontrado jarros con retratos de hombres sentados.

Las culturas del mar Caribe.
La mayor parte de los objetos precolombinos de la zona caribeña proceden de las islas antillanas de Puerto Rico, Jamaica, Haití y República Dominicana. Estas islas estaban habitadas principalmente por los arawaks, procedentes de la desembocadura del río Orinoco en Venezuela. Por esa razón su arte está íntimamente relacionado con el del norte de Suramérica. Los arawaks, también llamados taínos, se establecieron en Puerto Rico alrededor del 200 dC y su cultura perduró hasta la conquista española. Los objetos taínos característicos están hechos de hueso, madera y piedra. Incluyen espátulas para provocar el vómito como purificación por motivos religiosos; dijos o bancos ceremoniales de madera tallada para los sacerdotes o jefes; y los cemíes o trigonolitos, piedras triangulares labradas con figuras de animales o seres humanos que representan a los dioses más importantes y espíritus de la naturaleza. Dentro de la cerámica aparecen vasijas decoradas con incisiones que forman dibujos geométricos y jarros antropomorfos.
El complejo arquitectónico taíno de mayor monumentalidad se encuentra en Utuado, Puerto Rico, donde hay un trazado de diez manzanas delimitado por piedras con incisiones, lo cual indica que el tlachtli, juego ceremonial de pelota mesoamericano, procedente de México, se había introducido allí.

FUENTES.
Internet.
La enciclopedia Encarta Microsoft es la fuente principal del artículo.

Documentales.

Mayas, aztecas e incas. Documental. 49 minutos.

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Mayas, aztecas e incas. Documental. 49 minutos.
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Mayas, aztecas e incas. Documental. 49 minutos.

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Bhanoo, Sindyan. El fin de los mayas“El País/The New York Times” (29-XI-2012) 6. Un cambio climático provocó la decadencia de la civilización maya, según un artículo de Douglas Kennett (geoarqueólogo de la State University de Pensilvania) y otros, en “Science”: el periodo clásico de 450-660 dC coincidió con un periodo muy húmedo pero le siguió en 660-900 un periodo cada vez más seco, que empujó a las ciudades-estado a competir por los recursos mediante cruentas guerras, lo que empujó a su desaparición final en 800-900.
Elías, José. El descubrimiento de un friso desmitifica la vocación pacifista de los mayas. “El País” (8-VIII-2013). El friso de Homul, en Petén, muestra escenas bélicas. Pero la interpretación de la noticia es exagerada, porque hace decenios que ya se sabía que la maya era una civilización belicista.
Bono, Ferran. Un excepcional mural maya ve la luz en Guatemala. “El País” (13-XII-2013) 46. Un fresco en un palacio sepultado.
De Llano, Pablo. Indiana Jones no estuvo aquí. “El País” Semanal 1.985 (12-X-2014) 52-56. Visita al paraje arqueológico y natural de Calakmul (México), uno de los yacimientos mayas más importantes.
Játiva, Juan Manuel. Investigadores valencianos destapan un valioso friso maya en Guatemala. “El País” (25-IX-2014). Un friso con relieves sagrados en el yacimiento de La Blanca (Petén).

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[http://www.museolarco.org/]
[http://www.precolombino.cl/#!prettyPhoto] Museo Chileno de Arte Precolombino.


Documentales.
Ciudades perdidas del Amazonas. 44 minutos.

Milenario Perú: La historia inexplorada. Documental. 50 minutos. Las culturas Chavín, Cajamarca, Ventarrón, Sechín, Caral, Cupisnique y Nazca.

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Documentales.

Mayas, aztecas e incas. Documental. 49 minutos.
Tesoros perdidos de la Humanidad. Incas y aztecas. 49 minutos.

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