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martes, 16 de febrero de 2016

Comentario: Ghiberti y la Puerta del Paraíso del baptisterio de Florencia.

Comentario: Ghiberti y las Puertas del baptisterio de Florencia.




Ghiberti. Puerta del Paraíso. 

Introducción.
Si el Trecento había sido el de Siena y Pisa, el Quattrocento es de Florencia, gracias al trabajo en la cantería de la catedral. En 1401 se convoca el famoso concurso de las puertas del Baptisterio, y lo gana Lorenzo Ghiberti (1378-1455, que trabaja en dos periodos, el primero hasta 1425 y el segundo hasta 1452, para fundir en bronce los paneles de las escenas evangélicas. Destaca, sobre todo, la segunda, la llamada Puerta del Paraíso, con un relieve profundo, realista, clásico, con escenas de naturaleza (rocas y árboles) y una sensación de profundidad con una perspectiva lineal que convierte a estos relieves casi en obras pictóricas.

Descripción y contexto histórico.
El baptisterio (paleocristiano reformado en el Románico) situado frente a la Catedral de Santa María de las Flores tiene tres puertas. Durante la Edad Media se habían colocado piezas de madera que habían sufrido al aire libre y en el siglo XIV se planteó su sustitución por otras de bronce. Los originales fueron restaurados y sustituidos por moldes exactos, y hoy se conservan en el vecino Museo del Duomo.

La primera puerta.
La primera puerta fue realizada por Andrea Pisano en el siglo XIV, para el lado norte, y es un excelente ejemplo del gótico tardío, muy naturalista. Destaca el panel o plafón del Bautista, una referencia a la función del Baptisterio, lo que explica que fuera el preferido por el pueblo.

La segunda puerta.


El proyecto de la segunda puerta, para el lado sur, fue realizada por Ghiberti tras ganar el concurso con el tema del sacrificio de Isaac a Brunelleschi y otros concursantes, con un panel en el que evidenciaba su dominio de las formas, con una concentración de masa en el centro y un eje de perspectiva hacia un costado, que encajaba mejor en el gusto todavía gótico de los mercaderes, mientras que Brunelleschi era demasiado moderno tal vez, con su punto de fuga central.



En esta puerta, terminada en 1424, dispuso 28 paneles, con escenas encuadradas en cuadrilóbulos para representar la Vida de Cristo, que destacaron de inmediato por el clasicismo en el tratamiento naturalista de los cuerpos y la perspectiva logradísima en schiacciato, al tratar con bajorrelieve los personajes y elementos más lejanos, y con un altorrelieve casi de busto redondo los de primer plano, mostrando efectos de claroscuro. Pero en estas puertas hay todavía elementos goticistas, como la complejidad compositiva y el horror vacui.
En las cenefas de los marcos de la puerta se disponen motivos vegetales y animales, más cabezas de profetas.

La tercera puerta.
Más tarde Ghiberti, a partir de 1426, realizó el encargo de la tercera puerta, la situada frente a la entrada principal de la catedral de Santa María del Fiori, que originalmente fue denominada de la Gloria y hoy es más conocida como Puerta del Paraíso desde que así la llamara Miguel Ángel. 

Los dos batientes, miden 5,20 m de atura, 3,10 m de ancho y 11 cm de grosor, con un peso total de ocho toneladas. Cada batiente cuenta con cinco paneles. En las cenefas de los marcos de la puertas dispone motivos vegetales, más 24 retratos, de los mecenas más un conocido autorretrato.
En esta obra alcanza su cima, con un clasicisimo ya rotundo, con mayor claridad compositiva y un tratamiento anatómico perfecto, en la representación de temas del Antiguo Testamento. Su maestría explica que Vasari la considera "la obra de arte más fina jamás creada", y es que el elenco de los ayudantes de Ghiberti es espectacular, con algunos de los mejores artistas del Quattrocento: Donatello, Luca della Robbia,  Michelozzo (el arquitecto), Benozzo Gozzoli (el pintor) y Bernardo Cennini.
El gremio de Calimala (dedicado al comercio de tejidos extranjeros) le encargó esta tercera puerta, con la petición de que repitiera la composición de la segunda puerta, con 28 paneles o tableros (se observa esta estructura en la parte posterior), pero Ghiberti les convenció de que fueran solo 10, para lograr así una mayor monumentalidad en la representación, aunque, como hacía Masaccio en el fresco del Tributo de San Pedro, disponía varias escenas en cada panel. Así, por ejemplo, en el primero, del Génesis, se sucedían la creación del hombre, la tentación, el pecado original y la expulsión del Paraíso.

En el segundo panel, cargado de información iconográfica, se observan a Adán y Eva en una cabaña en el ángulo superior izquierdo, a Caín cultivando el campo y Abel del rebaño, el sacrificio de ambos a Dios (que prefiere el de Abel), el asesinato de Abel por Caín... 



Análisis formal.
La refinada técnica de la fundición de bronce y el repujado dorado de las figuras denotan una notable perfección artesana, con la logradísima gradación en schiacciato desde el altorrelieve del primer plano con efectos de claroscuro, al mediorrelieve del segundo plano (los portadores del Arca), el bajorrelieve de los personajes del tercer plano (Josué sobre el carro a la izquierda) y finalmente la leve incisión de las estructuras de las tiendas en el fondo.


Ghiberti. El panel de la conquista de Jericó, en la Puerta del Paraíso. Es el octavo (el segundo desde el suelo en el batiente derecho).


El panel de la conquista de Jericó por los israelitas los muestra portando el Arca de la Alianza y rodeando la ciudad mientras tocan sus trompetas hasta que los muros son abatidos por la furia divina. 
Obsérvese la agrupación muy nítida, con un espacio vacío central que conduce la mirada del espectador al Arca, portada por una comitiva que entra en escena en un eje diagonal que antecede en un siglo a las atrevidas composiciones en escorzo de Tintoretto. En cambio, es un elemento todavía gótico el cúmulo de cabezas isomorfas en el extremo derecho del panel.

Significado.
Esta escena religiosa tiene un truculento trasfondo político-militar. Cuenta el Libro de Josué:
‹‹Las puertas de Jericó estaban bien aseguradas por temor a los israelitas; nadie podía salir o entrar.
Pero el Señor le dijo a Josué: «¡He entregado en tus manos a Jericó, y a su rey con sus guerreros! Tú y tus soldados marcharán una vez alrededor de la ciudad; así lo harán durante seis días. Siete sacerdotes llevarán trompetas hechas de cuernos de carneros, y marcharán frente al arca. El séptimo día ustedes marcharán siete veces alrededor de la ciudad, mientras los sacerdotes tocan las trompetas. Cuando todos escuchen el toque de guerra, el pueblo deberá gritar a voz en cuello. Entonces los muros de la ciudad se derrumbarán, y cada uno entrará sin impedimento.»
Josué hijo de Nun llamó a los sacerdotes y les ordenó: «Carguen el arca del pacto del Señor, y que siete de ustedes lleven trompetas y marchen frente a ella.»
Y le dijo al pueblo: «¡Adelante! ¡Marchen alrededor de la ciudad! Pero los hombres armados deben marchar al frente del arca del Señor
Cuando Josué terminó de dar las instrucciones al pueblo, los siete sacerdotes marcharon al frente del arca del pacto del Señor tocando sus trompetas; y el arca del pacto les seguía. Los hombres armados marchaban al frente de los sacerdotes que tocaban las trompetas, y tras el arca marchaba la retaguardia. Durante todo ese tiempo las trompetas no cesaron de sonar. Al resto del pueblo, en cambio, Josué le ordenó marchar en silencio, sin decir palabra alguna ni gritar hasta el día en que les diera la orden de gritar a voz en cuello.
Josué hizo llevar el arca alrededor de Jericó una sola vez. Después, el pueblo regresó al campamento para pasar la noche. Al día siguiente, Josué se levantó temprano, y los sacerdotes cargaron el arca del Señor. Los siete sacerdotes que llevaban las trompetas tomaron la delantera y marcharon al frente del arca mientras tocaban sus trompetas. Los hombres armados marchaban al frente de ellos, y tras el arca del Señor marchaba la retaguardia. ¡Nunca dejaron de oírse las trompetas! También en este segundo día marcharon una sola vez alrededor de Jericó, y luego regresaron al campamento. Así hicieron durante seis días.
El séptimo día, a la salida del sol, se levantaron y marcharon alrededor de la ciudad tal como lo habían hecho los días anteriores, sólo que en ese día repitieron la marcha siete veces. A la séptima vuelta, los sacerdotes tocaron las trompetas, y Josué le ordenó al ejército: «¡Empiecen a gritar! ¡El Señor les ha entregado la ciudad! Jericó, con todo lo que hay en ella, será destinada al exterminio como ofrenda al Señor. Sólo se salvarán la prostituta Rajab y los que se encuentren en su casa, porque ella escondió a nuestros mensajeros.  No vayan a tomar nada de lo que ha sido destinado al exterminio para que ni ustedes ni el campamento de Israel se pongan en peligro de exterminio y de desgracia. El oro y la plata y los utensilios de bronce y de hierro pertenecen al Señor: colóquenlos en su tesoro.»
Entonces los sacerdotes tocaron las trompetas, y la gente gritó a voz en cuello, ante lo cual las murallas de Jericó se derrumbaron. El pueblo avanzó, sin ceder ni un centímetro, y tomó la ciudad.  Mataron a filo de espada a todo hombre y mujer, joven y anciano. Lo mismo hicieron con las vacas, las ovejas y los burros; destruyeron todo lo que tuviera aliento de vida. ¡La ciudad entera quedó arrasada!››
Así, lo que parece una escena relativamente pacífica, es la sugerencia de una matanza, de una guerra sin cuartel, la que espera a quienes ataquen a la ciudad de Florencia. Propaganda religiosa y política al fin, confluyentes en una sola obra.
El texto y la imagen concuerdan en símbolos numéricos: las 12 tiendas del fondo derecho simbolizan las 12 tribus de Israel, y los siete brazos del candelabro y los siete sacerdotes simbolizan los siete días de la semana, el tiempo humano, 

FUENTES.

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