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martes, 22 de abril de 2014

Arte de Mesopotamia.

EL ARTE DE MESOPOTAMIA.
CARACTERÍSTICAS.
URBANISMO.
ARQUITECTURA.
ARTES FIGURATIVAS.

EVOLUCIÓN DEL ARTE DE MESOPOTAMIA.

Mapa de Mesopotamia, con los territorios de los sumerios, babilonios y asirios.

CARACTERÍSTICAS.
El arte mesopotámico se extiende por la región de Mesopotamia (mesos potamos, entre ríos), en el actual Irak, situado en el centro del Oriente Próximo, pero su influjo se extiende desde Anatolia y Siria a Persia e incluso es posible que señalara la innovación de las primeras pirámides egipcias.


Las principales ciudades de la Mesopotamia antigua, en las fronteras actuales.

Su tiempo duró desde c. 3.000 aC al 300 aC, registrándose una sucesión de civilizaciones, principalmente de sumerios, acadios, asirios, babilonios y persas aqueménidas, por lo que para explicar el arte de Mesopotamia se sigue el criterio cronológico, debido a la importancia de sus cambios a medida que se suceden distintas civilizaciones.
Las tierras bajas de Mesopotamia abarcan una llanura fértil, pero sus habitantes se tuvieron que enfrentar al peligro de las invasiones, las extremas temperaturas atmosféricas, los periodos de sequía, las violentas tormentas y los ataques de las fieras, y su arte refleja al mismo tiempo su adaptación y su miedo a estas fuerzas naturales, así como sus conquistas militares.
El arte, especialmente la arquitectura monumental se pone al servicio del poder, con una función político-religiosa en una sociedad teocrática, muy jerarquizada, en la que los gobernantes tenían las funciones militar, política y religiosa, al modo de las sociedades del modo de producción “asiático”, con grandes masas de campesinos que alimentan a las clases sociales de los sacerdotes, funcionarios, militares, nobles y la familia real.

URBANISMO.
En Mesopotamia las ciudades se levantan sobre todo en las riberas de los ríos Tigris y Eufrates. Destacan en el sur las urbes de Eridu, Ur, Uruk, Kish, Lagash, en el centro la enorme Babilonia y, en el norte, Assur, Nínive, Mari y Ebla (la cual se inscribe mejor en Siria). Algunas tienen un origen muy antiguo, cerca del 7000-5000 aC, aunque su gran progreso urbano comienza hacia el 3.000 aC.
La mayoría tienen poderosas fortificaciones. En su interior destaca el palacio-templo, un complejo elevado artificialmente, a menudo rematado con la forma emblemática del zigurat. Hay grandes barrios de viviendas de uno o varios pisos, amplios bazares y grandes edificios para los oficios. Los materiales son principalmente el adobe y el ladrillo cocido.

La ciudad de Ur como modelo del urbanismo sumerio.
El trazado de Ur es irregular, debido a un crecimiento orgánico a partir de un pequeño núcleo con puerto fluvial y costero (en el III milenio aC el mar penetraba mucho más que en la actualidad). Las calles y las manzanas son generalmente irregulares. Había un excelente suministro de agua potable y un alcantarillado muy eficaz.

Reconstrucción virtual de la Ciudad de Ur. Reconstrucción 3D: Luis Amorós & Miguel Orellana (404 Arquitectos, Barcelona & Vancouver). [http://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/antes-del-diluvio]

Las casas de Ur son el modelo más antiguo conocido de la actual casa oriental de patio, que es el elemento esencial de distribución de la casa, con habitaciones que se añaden a su alrededor. La entrada desarrolla una línea quebrada, con la función de ocultar el interior a la vista: hay pues frente a la puerta un muro opaco y liso, llamado muro de privacidad o muro de los espíritus, y a un lado sigue un pasillo, que tras otra vuelta da al patio.
Las casas modestas son de una planta, con las habitaciones articuladas alrededor del patio, y sin vanos al exterior, para reducir el calentamiento. Los lechos se disponían sobre plataformas suspendidas sobre las habitaciones y a menudo, sobre todo en la estación veraniega, se dormía en las terrazas. La pequeña cocina se colocaba al fondo de la casa.
Las casas ricas son de dos plantas, con una sala de recepción, un retrete en una habitación lateral, generalmente bajo una escalera que sube al piso superior y a la terraza. Hay un pasillo voladizo en torno al patio para comunicar las habitaciones, dedicadas a dormitorios. La decoración y el mobiliario (ligero para facilitar la movilidad) se parecían mucho a los de la actual casa islámica de Oriente Medio.
El éxito funcional del tipo de casa oriental con patio en Oriente Medio, India o China, explica que pase pronto a Occidente en Grecia, Roma (es una excepción pues la entrada es axial y no quebrada) o el Islam, se debe a cuatro causas:
- La mayor privacidad de las actividades domésticas.
- Permite una mayor densidad de la población.
- La protección climática frente al sol, el viento y el microclima urbano.
- El simbolismo religioso de un paraíso interior proyectado al cielo.

La ciudad de Babilonia.





Más tardía, la enorme Babilonia (la Babel de la Biblia) será muchas veces destruida y reconstruida, pasando a la historia como la primera gran urbe de la Humanidad. Las primeras edificaciones son del segundo milenio aC y entonces tenía una planta irregular, que se regularizó en el siglo VII aC con grandes avenidas y monumentales murallas con elevadas torres y puertas, su famosos zigurat y jardines colgantes, hasta contar cientos de miles de habitantes, en un recinto amurallado de 400 hectáreas y unos suburbios de 800 más. Había recintos especializados en actividades militares, religiosas o comerciales.

ARQUITECTURA.
La tipología se basa en dos grandes tipos arquitectónicos: los templos y los palacios. Al principio eran un mismo edificio, hasta que la sociedad y sus ritos se diversificaron:
- Los templos eran la residencia de los dioses en la Tierra y en sus salas los creyentes realizaban ritos religiosos: sacrificios de animales, ofrendas de estatuas y prácticas mágicas. El templo tenía planta cuadrangular o rectangular, a menudo en un conjunto en forma de T, con un santuario-galería longitudinal cerrado transversalmente  por un conjunto de edificios. Uno de los primeros importantes, un modelo para los posteriores, es el de la diosa Inanna (o Eanna) de Uruk, de ladrillo y piedra caliza.

- Hay un tipo especial de templo, el zigurat, una torre escalonada en terrazas, coronado por un pequeño santuario que albergaba una habitación para la sacerdotisa que debía recibir al dios y servía de estrado para que la deidad pudiera descender a comunicarse con los que la adoraban. Se cree que en origen era una montaña artificial sagrada erigida por unos pueblos que posiblemente provenían de una zona montañosa y que no encontraron en Mesopotamia montañas cercanas que les sirvieran como referencias. El zigurat servía para aproximar los fieles al cielo y como centro visual de la ciudad. El más famoso era el Etemenanki de Babilonia (la torre de Babel).

Palacio de Jorsabad y su patio principal.

- Los palacios eran la residencia del rey y su corte. Se situaban anexos a los templos principales y tenían una función múltiple: sede del poder político, militar, económico y religioso. Eran grandes complejos amurallados, con un patio central rodeado de muchas habitaciones para la corte y las residencias de los funcionarios. Destacan los palacios de Mari, Nínive y Jorsabad (Dar Sharrukín).
Los materiales eran autóctonos, por lo que la carencia de piedra de calidad lleva al uso masivo del tapial (una mezcla de arcilla, paja y pequeñas piedras) y del ladrillo de adobe (arcilla con paja, sólo secado al sol, por lo que se disolvía pronto con la lluvia y el viento cargado de arena, pero que tenía la ventaja de ser muy abundante y barato, pues el barro del río era una fuente casi inagotable) y el ladrillo cocido (más duradero), así como de la madera para las vigas maestras.
Los dos sistemas constructivos son el arquitrabado (cuando había piedra y troncos de calidad) y el abovedado, este muy usado pues pronto descubren el arco y la bóveda. Se usan como soportes los muros de carga gruesos y el arco de medio punto, y se utilizan como cubiertas los techos planos de madera y la bóveda. El ladrillo cocido se usa para el revestimiento de los muros.

ARTES FIGURATIVAS.
Placa votiva mural mostrando comensales. Período dinástico arcaico II. Piedra. Oriental Institute of The University of Chicago.

En escultura se usa el busto redondo, como en las Venus paleolíticas, pero ahora es un arte del poder religioso o político. Destacan las estatuas de reyes y funcionarios, como el patesi Gudea de Lagash y el administrador Ebih-il de Mari. Los materiales evolucionan: los primeros mesopotámicos cocieron la arcilla para obtener terracota, con la que realizaron cerámica, esculturas y tabletas para la escritura; los sumerios emplearon la piedra (basalto, arenisca, diorita y alabastro) y posteriormente los acadios ya usaron el bronce, cobre, oro y plata, así como nácar y piedras preciosas en la escultura más fina y en las labores de incrustación. En los sellos cilíndricos usaron terracotas y piedras de todas las clases, como lapislázuli, jaspe, cornalina, alabastro, hematites, serpentina y esteatita, en algunos casos importadas. Se conservan pocos objetos en madera, debido a la humedad.
Las principales características formales de la escultura son la frontalidad, la simetría y la esquematización del rostro.
En el relieve destacan las estelas con representaciones de ceremonias, de conflictos bélicos y del poder del monarca, con una narratividad relacionada con la función de propaganda del poder. Las primeras obras son toscas, muy esquemáticas y utilizan la perspectiva torcida (cuerpo de frente y cabeza y pies de perfil); las posteriores son más cuidadas en el naturalismo, la representación espacial (incluso hay paisaje) y la perspectiva casi lineal, y comúnmente se da un mayor tamaño al monarca. Destacan las estelas de Eannatum, Urganshe, Naram-Sin y Hammurabi (el primer código de leyes que nos ha llegado). En la época asiria aumenta el naturalismo, evidente en las famosas escenas guerreras y las de Asurnasirpal II y Asurbanipal en la caza de leones, con el rey inmóvil, hierático, mientras que las fieras se representan con un movimiento pleno de naturalidad; y también crece en monumentalidad, con los lamasu, grandes toros androcéfalos (con cabeza de hombre) alados que se sitúan para proteger las puertas de las ciudades.
Destacan por su difusión las artes aplicadas: metal (armas), orfebrería (joyas, arpa de Ur), cerámica vidriada (Puertas de Ishtar), taraceado (estandarte de Ur), glíptica (sellos para marcar las tablas de arcilla).

EVOLUCIÓN DEL ARTE DE MESOPOTAMIA.
El periodo prehistórico.
Los vestigios artísticos y arquitectónicos más antiguos conocidos hasta la fecha proceden del norte de Mesopotamia, del asentamiento proto-neolítico de Qermez Dere en las colinas de Jebel Sinjar. Niveles arqueológicos fechados en el IX milenio aC han revelado que existieron cabañas de planta circular, con uno o dos pilares de piedra enlucidos en yeso. Además, cuando se abandonaron estas construcciones, se colocaron sobre el suelo calaveras humanas, hecho que indica alguna práctica ritual.
Los periodos neolítico y calcolítico del arte mesopotámico (c. 7000-c. 3500), anteriores a la aparición definitiva de la escritura, se designan por el nombre de sus yacimientos arqueológicos. En el norte destacan Hassuna, donde se han hallado viviendas y cerámica pintada; Samarra, con sus diseños cerámicos abstractos y figurativos con un probable significado religioso; y Tell Halaf, famoso por sus cerámica decorada y estatuillas de mujeres sedentes que se interpretan como diosas de la fertilidad.
En el sur los primeros periodos reciben las denominaciones de El-Obeid (c. 5500-c. 4000) y antiguo y medio Uruk (c. 4000-c. 3500).
La cultura de El-Obeid se caracteriza por su cerámica brillante decorada en negro encontrada en dicha localidad, aunque existen otros ejemplos posteriores en Ur, Uruk, Eridu y Uqair. En Eridu se ha hallado una larga secuencia de niveles arqueológicos, entre los que destaca un pequeño santuario cuadrado (c. 5500 aC), tal vez uno de los primeros ábsides de la historia de la arquitectura, que albergaba una hornacina para la estatua de culto, delante de un altar ritual. Los templos superpuestos posteriormente son más complejos, presentando una cella central con la función de santuario rodeado por pequeñas habitaciones con pórticos. El exterior estaba decorado con hornacinas y contrafuertes, elementos típicos de los templos mesopotámicos.
En cuanto a la escultura en barro del periodo de El-Obeid, se conservan la figura de un hombre de Eridu y de una mujer sujetando un niño en Ur.
En varios de los lugares antes mencionados se han encontrado diferentes objetos pertenecientes al último periodo de Uruk y al Jemdet Nasr, también conocido como periodo protoliteral (c. 3500-c. 2900). La ciudad más importante fue Uruk (la Erech de la Biblia, actual Warka en Irak).



Templo de Inanna (o Eanna) de Uruk.

El conjunto arquitectónico del Eanna (Casa del Cielo), en forma de T, cuenta varios edificios entre los que destaca el templo de la diosa Inanna, construido en arcilla y caliza (un caso excepcional en Mesopotamia), que fue el edificio principal del quinto nivel en Uruk (c. 3500 aC). Aunque su superestructura no se ha mantenido, se conservan algunos restos de caliza, en un estrato de tierra compacta, que permiten intuir que fue un edificio con hornacinas de tamaño monumental (76 x 30 metros). Algunas construcciones del cuarto nivel de Uruk estaban revestidas con mosaicos a base de conos de arcilla policromada que se incrustaban en los muros formando diseños geométricos. Otra de las técnicas decorativas fue el encalado o blanqueado de los muros. Esto ha hecho que se denomine como el Templo Blanco a un edificio construido en el área de Uruk, dedicado al dios sumerio Anu, que tuvo en su interior un santuario encalado, estrecho y largo. Situado sobre un elevado podium, el Templo Blanco medía 12 metros desde el nivel del suelo, prefigurando la típica construcción religiosa mesopotámica, el zigurat, o torre escalonada.

En Uruk se han descubierto excepcionales esculturas en piedra. Destaca una cabeza de mujer o diosa realizada en piedra caliza (c. 3500-c. 3000, Museo de Irak, Bagdad), que supuestamente tuvo incrustaciones decorativas en las cejas, en los grandes ojos abiertos y en la profunda raya central de su cabello. En el mismo museo se conserva una vasija ritual de alabastro (3500-3000 aC) compartimentada en registros o bandas horizontales, cuya banda superior representa una procesión en la que el rey ofrece a la diosa de la fertilidad Inanna, o a su sacerdotisa, un cesto de frutas; sacerdotes desnudos llevan ofrendas en la central y en la banda inferior aparece una hilera de animales sobre formas vegetales.
La glíptica, el arte de los sellos cilíndricos grabados, alcanzó una inmediata madurez en el último periodo Uruk, seguramente en estrecha asociación con el primer uso de las tablillas de barro cocido. Su forma cilíndrica permanecerá como tipo corriente de sello mesopotámico en los 3.000 años siguientes. Se usaron como forma de identificación personal en cartas y documentos, envolviéndose en una banda de arcilla húmeda para obtener una impronta continua o escena simbólica en miniatura. Los sellos más antiguos exhiben motivos decorativos: toros, sacerdotes o reyes portando ofrendas, crías de ganado, motivos marinos o de caza, arquitecturas, leones con cabeza de serpiente y otras figuras grotescas. Los animales, reales o imaginarios, se reprodujeron con gran vitalidad, incluso cuando fueron interpretados de forma estilizada.

El período protodinástico o época del dinástico arcaico.
La primera época histórica del dominio sumerio se extendió desde aproximadamente el 3000 aC al 2340 aC. Al mismo tiempo que se continuaron las antiguas tradiciones constructivas se introdujo una nueva tipología arquitectónica: el templo oval, un recinto con plataforma central que sustenta un santuario. Las ciudades-estado dirigidas por gobernantes o soberanos que no eran considerados seres divinos se localizaron en Ur, Umma, Lagash (actual Al-Hiba), Kish y Eshnunna (actual Tell Asmar). Muchos de los objetos realizados en este periodo son conmemorativos: relieves que describen escenas de banquetes, celebraciones de victorias militares o construcciones de templos. Muchas de ellas se usaban como mojones, como como la estela de piedra caliza del rey Eannatum de Lagash (Museo del Louvre de París), que representa en uno de los lados al rey a la cabeza de su ejército en una batalla, y por el otro lado al dios Ningirsu, simbólicamente y mayor que los humanos, sosteniendo una red que contiene al enemigo derrotado.
Estandarte de Ur.

El Estandarte de Ur (c. 2700 aC, Museo Británico de Londres), es una tabla adornada con conchas marinas, esquisto, lapislázuli y piedras rosáceas que muestra escenas religiosas o procesiones ordenadas en tres bandas.
En los sellos cilíndricos tallados, así como en la escultura en metal, los temas mitológicos son los motivos más habituales de representación. En un gran relieve en cobre del templo de Ubaid (c. 2340 aC, Museo Británico de Londres), un águila con cabeza de león o leontocéfala, con las alas extendidas, se cierne sobre dos ciervos. Las figuras mitad hombre, mitad toro, fueron motivos destacados, así como las heroínas luchando con leones. Sin embargo, hoy día no se pueden identificar todos estos motivos mitológicos.

Cabra en pie de Ur.

El arqueólogo Leonard Wooley, hacia 1926-1931 encontró en la necrópolis real de Ur (c. 2600 aC) muchos objetos refinadamente trabajados como coronas, puñales, vasijas y otras piezas decorativas. Dos de los más hermosos representan a dos cabras rampantes o en pie (Museo Universitario de Filadelfia y Museo Británico de Londres) que descansan sus patas delanteras sobre un árbol dorado que termina sus ramas en rosetas simbólicas. El árbol, las cabezas y las piernas de las cabras están cubiertos de oro repujado, los vientres están hechos de plata repujada, su piel con conchas marinas y las barbas, pelaje y cuernos están tallados en lapislázuli.
La escultura sumeria, generalmente de alabastro, exhibe una gran variedad de estilos, y sus formas geométricas pueden ser muy expresivas. Incluye figuras oferentes, sacerdotes o gobernantes, algunas de sexo femenino. En el templo de Abu en Tell Asmar se encontraron doce de estas esculturas de piedra (c. 2740 aC-2600 aC, Museo de Irak, Instituto Oriental de la Universidad de Chicago y Museo Metropolitano de Nueva York), con sus brazos dispuestos delante del pecho con las manos juntas, tienen ojos enormes, redondos y desorbitados de mirada fija, realizados con conchas marinas y caliza negra. Ligeramente más naturalista, el Museo del Louvre conserva una figura masculina sedente (c. 2400 aC) de alabastro hallada en Mari. La arquitectura de este periodo en Mari (actual Tell Hariri, Siria) muestra influencias del área occidental de Mesopotamia.

Reconstrucción de la ciudad de Mari.

El administrador Ebih-Il de Mari, con su tipica vestimenta oficial de lanax.

El periodo acadio.
Los pueblos semitas acadios alcanzaron gradualmente el dominio de la zona hacia finales del siglo XXIV aC bajo el imperio de Sargón I el Grande, que reinó aproximadamente en 2335-2279, extendió su dominio sobre Sumeria y unificó Mesopotamia. Aunque subsisten pocos vestigios del arte acadio, los restos conservados están dotados de una maestría técnica y una fuerte energía.

Cabeza de Sargón I, probablemente agredida durante una revuelta posterior para despojarla de las piedras preciosas de los ojos.

En las ciudades acadias de Sippar, Assur, Eshnuna, Tell Brak y en su aún no encontrada capital Acad (o Agadé, de la cual solo se intuye su localización entre los ríos Diyala y Tigris, cuyas inundaciones la habrían hecho desaparecer), el palacio se convierte en el edificio más importante en sustitución del templo.
Una magnífica cabeza de cobre de Nínive (Museo de Irak), que representa probablemente a Naram-Sin, el nieto de Sargón que reinó durante los años 2255 aC al 2218 aC, enfatiza la nobleza de estos soberanos acadios, que asumieron el aspecto de semidioses.

Estela de Naram-Sin.

Naram-Sin es también el protagonista de una estela en piedra arenisca, hábilmente realizada (Museo del Louvre), que muestra una de sus victorias en las montañas. El rey viste la tiara con cuernos, símbolo de la divinidad y, a diferencia de la iconografía de la estela de Eannatum, el dios protector no se reconoce por su ayuda en el éxito militar. Las fuerzas celestiales están simplemente insinuadas por estrellas solares situadas en la cumbre. Perfectamente adaptado a la forma de la piedra se destaca el movimiento rítmico del ejército triunfal de Naramsin subiendo la montaña y haciendo caer al enemigo.
Los entalladores de sellos aplicaron las innovaciones acadias más significativas. El pequeño espacio de cada sello se rellena con escenas agitadas: dioses y héroes luchando cuerpo a cuerpo contra animales salvajes, monstruos y carros procesionales. Las escenas de presentación u ofrenda, en las que un intermediario o una deidad personificada presentan a otra figura ante un dios sedente de mayor importancia, constituyen una innovación temática acadia que evolucionó en los periodos siguientes. Algunos de los temas descritos en los sellos acadios han sido identificados con historias del Poema de Gilgamesh, aunque todavía muchas de ellas no han sido interpretadas.

El periodo neosumerio.
Después de dominar la región un siglo y medio, el imperio acadio cayó bajo los gutis, pueblos nómadas del este, que no centralizaron su poder. Esto permitió reorganizarse a las ciudades sumerias de Uruk, Ur, Eridu, Nippur y Lagash, iniciándose así la edad Neosumeria o tercera dinastía de Ur (c. 2121-2004 aC). En las ciudades se construyeron impresionantes santuarios que incorporaban zigurats realizados con ladrillos y adobe.

Gudea de Lagash. Museo del Louvre, París.

Gudea (c. 2144-2124 ac), soberano de Lagash, contemporáneo de Ur-Nammu —el fundador de la tercera dinastía de Ur— es conocido por las más de veinte estatuas que lo representan, realizadas en dos tipos de piedras negras y duras, la dolomita y la diorita. Sus manos están cruzadas al viejo estilo sumerio, pero su cara redonda y su ligera musculatura en brazos y hombros muestran el deseo del escultor por plasmar en este difícil soporte unas formas más naturales. La excepción aparece en las figuras antropomórficas que combinan rasgos zoomórficos, porque son más estáticas que el resto de las representaciones escultóricas. Los más realistas son unos pequeños relieves y estatuillas de terracota que representan a fieles haciendo sacrificios de animales, héroes legendarios, músicos e incluso una mujer amamantando a su hijo.

Periodo arcaico babilonio o período paleobabilónico.
Tras el declive de la civilización sumeria, Mesopotamia fue una vez más unificada por gobernantes semitas (c. 2000-1600 aC), entre los que destaca Hammurabi de Babilonia. La representación en relieve del soberano en su famoso código legal (c. 1760 aC, Museo del Louvre) no es muy diferente de las estatuas de Gudea, aunque sus manos no estén cruzadas ni aparezca con intermediario ante el dios solar Shamash.
Estela de Hammurabi.

De la norteña Mari procede el arte más original del periodo babilónico, incluyendo arquitectura, escultura, metalistería y pintura mural. La representación de animales, como en la mayor parte del arte mesopotámico, es más natural que la de los seres humanos. Los pequeños frisos de Mari y otras ciudades muestran escenas de la vida cotidiana con músicos, boxeadores, carpinteros y campesinos. Estas representaciones son mucho más reales que las del solemne arte religioso u oficial.
En este periodo, en el yacimiento norteño (muchos historiadores lo localizan en Siria) de Tell Halaf destacan las grandes estatuas de dioses

Dioses de Tell Halaf.

Las dinastías casita y elamita.
Los casitas (o kassitas), pueblo de origen no mesopotámico, aparecieron en Babilonia poco después de la muerte de Hammurabi en el año 1750 aC, sustituyendo a los gobernantes anteriores hacia el 1600 aC. Los casitas adoptaron pronto la cultura y el arte mesopotámicos.
Los elamitas del oeste de Irán destruyeron el reino casita hacia el 1150 aC. Su arte parece una imitación provinciana de los primeros estilos mesopotámicos. De hecho, su admiración por el arte acadio y babilonio les hizo llevarse la estela de Naramsin y el Código de Hammurabi a Susa, su capital iraní.

El Imperio asirio.
El pueblo asirio habitó el norte de Mesopotamia y entró tarde en la historia. La primitiva historia de su arte, desde el siglo XVIII al XIV aC, es todavía muy desconocida.
El arte del período asirio medio o mesoasirio (1350-1000 aC) muestra su dependencia de las tradiciones estilísticas babilónicas. Por ello los temas religiosos se presentan de una forma solemne, mientras que las escenas profanas se representan de una manera más naturalista. El zigurat fue la principal forma de la arquitectura religiosa asiria. El uso de ladrillos vidriados polícromos fue muy común en ete periodo. Con el paso del tiempo se convirtieron en la típica decoración arquitectónica neobabilónica, ya que las fachadas de los edificios se recubrieron con cerámica vidriada. El árbol de la vida y los grifos (animales mitológicos con cabeza de águila y cuerpo de león) que aparecen en los sellos cilíndricos y en las pinturas murales de los palacios pueden proceder del arte hurrita de Mitanni, al norte de Mesopotamia. A diferencia de las antiguas, las decoraciones vegetales se volvieron estilizadas y artificiosas. Las imágenes simbólicas sustituyeron frecuentemente a las representaciones de los dioses.
El rey Tukulti-Ninurta (1244-1207 aC), encargó gran parte de las obras artísticas y arquitectónicas que se realizaron en Assur, donde también construyó su propio palacio-ciudad, Kar Tukulti Ninurta. En el arte ejecutado en ambos asentamientos se acentúa la diferencia entre los dioses y los seres humanos. El friso narrativo, derivado de las escenas de estelas y sellos, será el elemento artístico más importante del arte asirio.
El arte asirio genuino va a desplegarse en el periodo neoasirio o periodo asirio tardío (1000-612 aC), con sus grandes construcciones.
Asurnasirpal II (883-859 aC) fue el primero de los últimos reyes asirios importantes y convirtió la ciudad de Nimrud (antigua Calah de la Biblia) en capital militar. Dentro de los muros de Nimrud, que abarcaba un área cercana a las 360 hectáreas, se alzaban la ciudadela y las principales construcciones reales, como el palacio real del noroeste, decorado con esculturas en relieve.
Sargón II (722-705 aC) reinó desde una ciudad de nueva planta, Dur Sharrukin (actual Jorsabad), que abarcaba 260 hectáreas y estaba rodeada por una muralla con siete puertas, tres de ellas decoradas con relieves y ladrillos vidriados. En el interior de dicho recinto se encontraba el palacio de Sargón II, que contaba con más de 200 habitaciones y patios, un gran templo, residencias y templos de menor categoría. A su muerte sólo se había terminado parte del complejo arquitectónico.
Su hijo y sucesor, Senaquerib (705-681 aC) trasladó la capital a Nínive, donde construyó su propio palacio al que denominó “palacio sin rival”, también conocido como el palacio del suroeste.
Los palacios de Senaquerib y Asurbanipal (Palacio Norte) en Nínive, con la biblioteca de Asurbanipal.
Asurbanipal (668-627 acC) construyó al norte de Nínive otro palacio.
Los asirios adornaron sus palacios con magníficos relieves escultóricos. El alabastro yesoso, una piedra blanda que abundaba en la parte más alta del río Tigris, se podía tallar más fácilmente que las piedras duras utilizadas por los sumerios y los acadios. Para impresionar a los visitantes y realzar su poder ante los ojos de sus súbditos expusieron en letra cuneiforme, talladas en bandas horizontales por toda la superficie de los muros del palacio, crónicas que relataban su superioridad en las cacerías y en los campos de batalla. Además, el visitante que se acercara a las puertas de Nimrud o Jorsabad, debía hacer frente a unas enormes esculturas, los lamassu, guardianes antropomórficos, leones, esfinges aladas con cabeza humana o toros con cinco patas para ofrecer un punto de vista frontal y otro lateral.

Lamassu de Jorsabad.

Lamassu de Nínive.

A veces estos seres mitológicos se representaban iconográficamente en la figura de Gilgamesh y su cachorro de león o como oferentes que llevan animales al sacrificio. Una de las mejores muestras es el retrato idealizado de Sargón II en Jorsabad, con un íbice entre sus manos (Museo del Louvre, c. 710 aC). Sin embargo el tema principal de estos relieves de alabastro es profano: el rey cazando leones y otros animales, el triunfo de los asirios sobre el enemigo o el rey deleitándose en su jardín. En la escena de Assurbanipal en Nínive (del siglo VII aC, Museo Británico), el arpista y unos pájaros desde los árboles interpretan música para los soberanos, que están, reclinado él y sentada ella, bebiendo vino bajo una parra, mientras sus sirvientes los protegen de las moscas con abanicos, reconfortando así a la pareja real. La cabeza cortada del rey de Elam, que cuelga de un árbol próximo, recuerda discretamente el poder asirio.
Los escultores realizaron excelentes escenas de caza. Las fieras se representaban con más esmero que los seres imaginarios antropomórficos. El león y la leona moribundos, detalles de una escena de caza del palacio de Assurbanipal en Nínive (c. 668 aC, Museo Británico), se consideran los más hermosos estudios de animales del mundo antiguo. Otros relieves de este edificio presentan escenas militares: batallas, asedio y asalto a ciudades, vida cotidiana en los campamentos del ejército, captura de prisioneros o el trato violento que se daba a los rebeldes. 

Asurbanipal cazando leones. British Museum, Londres.
La leona herida. British Museum, Londres.

Asurbanipal y el león. British Museum, Londres.

Éxodo de una población conquistada. Del palacio de Asurbanipal en Nínive.

Asurbanipal sobre un carro en un desfile. Musée du Louvre, París.

Asurbanipal con su esposa y la cabeza colgada del rey de Elam en el jardín del palacio. British Museum, Londres.

Los relieves arquitectónicos de los palacios de Nimrud, Jorsabad y Nínive son importantes no sólo porque representan el punto culminante del arte mesopotámico, sino porque son valiosos documentos históricos. Aunque las ciudades, vistas marinas y paisajes no se representaron con el realismo y la perspectiva del arte occidental posterior, las construcciones fortificadas, los barcos, carros, trampas, sistemas de caza, armas, libaciones rituales y el vestuario se describen con tal nitidez que el observador actual puede hacerse una idea bastante exacta de su apariencia. Los diferentes pueblos que habitaban Mesopotamia, Siria y Palestina en el primer milenio aC están pormenorizados con gran realismo y pueden identificarse por su vestimenta, rasgos faciales y su forma de peinarse.
Entre los relieves de Nimrud del siglo IX aC y los de Nínive del siglo VII aC se observan diferencias estilísticas. En las escenas más antiguas los ejércitos se representan con pocos soldados, sin tomar en consideración el tamaño diferente que existe entre los seres humanos y los edificios. Las figuras se disponen en franjas superpuestas para sugerir profundidad. En las escenas de Nínive, las figuras talladas en bajorrelieve llenan todo el espacio pictórico, y no sólo hay un mayor estudio de los detalles, sino que a veces las figuras sobresalen, dando al espectador la impresión de que los personajes y los animales ocupan un espacio tridimensional.
El arte de la glíptica del último periodo asirio es una combinación de realismo y mitología. En las escenas naturalistas de los sellos incluso aparecen símbolos de los dioses.
En este periodo se hicieron en Nimrud y en Jorsabad esculturas de marfil. En Nimrud se han encontrado miles de estas figurillas elefantinas, que manifiestan una gran variedad de estilos. Muchas, como los frisos de las leonas, quedaron abandonadas en los pozos del palacio del noroeste cuando la ciudad fue saqueada hacia el 612 aC. Entre las piezas de Nimrud destacan un par de frisos que representan a leonas atacando un etíope (Museo de Irak y Museo Británico). Están realizadas en marfil, miden aproximadamente 10 cm de alto y presentan incrustaciones de lapislázuli y cornalina roja para darles brillo. Estas delicadas esculturas que guardan un cierto parecido con los objetos sirio-fenicios encontrados en Arslan Tash, en la parte más alta del Éufrates y en Samaria, capital del reino israelita, pudieron realizarse fuera de Asiria. Los bajorrelieves de las leonas incorporan iconografía egipcia y se asemejan a los prototipos de la artesanía fenicia. La que se conserva en el Museo Británico tiene en su base, presumiblemente como marca del artífice, la letra fenicia aleph. Quizás se importaron de Fenicia, o tal vez fueron realizadas por artesanos fenicios en tierras asirias.
El arte de los pueblos que vivieron en la periferia del imperio asirio suele carecer del atractivo estético del realizado en la capital. En Tell Halaf el palacio de un gobernante local fue decorado con extraños relieves y esculturas, entre cuyas figuras aparece un hombre-escorpión. En Tell Ahmar, en el norte de Siria (antigua Til Barsip, la ciudad asiria de Kar Salmanasar), se descubrió un palacio decorado extensamente con pinturas murales asirias. Algunas se han datado a mediados del siglo VIII aC y otras en el siglo VII aC en la reconstrucción realizada bajo Assurbanipal. En los muros más antiguos aparecen escenas con genios alados, la derrota y ejecución despiadada de tropas enemigas, audiencias concedidas a oficiales y escribas consignando los botines de las naciones sojuzgadas. Las decoraciones pictóricas de Jorsabad, más formalistas, consistían en motivos repetidos en franjas, rematadas por dos figuras rindiendo homenaje a la divinidad. Las excavaciones en Luristán, región montañosa al oeste de Irán, han sacado a la luz exquisitos bronces con criaturas fantásticas, probablemente realizadas a mediados del último periodo asirio, y utilizadas como ornamento en arneses, armas y otros utensilios.

El periodo neobabilónico.
Los babilonios, en coalición con los medos y los escitas, derrotaron a los asirios en el año 612 aC, saqueando las ciudades de Nimrud y Nínive. Ya independientes, siguieron el mismo estilo e iconografía en las artes figurativas del arte anterior, como se evidencia en los mojones de piedra, que representan las antiguas escenas de los reyes acompañados por símbolos divinos.
La creatividad neobabilónica se manifiesta en la arquitectura de Babilonia, la capital del reino, que alcanzó su máximo esplendor entre el 626 y el 539 aC. Esta enorme ciudad, destruida en el 689 aC por el rey asirio Senaquerib, se reconstruyó por iniciativa del rey Nabopolasar y su hijo Nabucodonosor II. Dividida por el Éufrates, se necesitaron 88 años para protegerla con una doble muralla.
Esagila, el templo de Marduk, fue su edificio principal junto con Etemenanki, un zigurat cercano de siete pisos conocido más tarde como la torre de Babel, que alcanzó una altura de 91 metros; en el piso más alto se alzaba un templo construido con adobes secados al sol y revestido de ladrillos cocidos. Al norte del templo de Marduk se extendía un camino procesional de paredes decoradas con figuras esmaltadas de leones.

Puerta de Ishtar.

Atravesando la Puerta de Ishtar se llegaba a un pequeño templo donde se celebraban las ceremonias religiosas del año nuevo. Al oeste había dos complejos palaciegos. Al este de la vía procesional se estableció desde los tiempos de Hammurabi, una zona residencial. Se conservan pocos vestigios de la ciudad y de los famosos jardines colgantes del palacio de Nabucodonosor II, una de las siete maravillas del mundo. La puerta de Ishtar (c. 575 aC) es una de las pocas estructuras conservadas. Arqueólogos alemanes excavaron su fachada de ladrillos vidriados y el camino procesional, trasladando este gran complejo de 30 metros de largo para su reconstrucción en Berlín, donde se exhibe en el Museo Pergamon. En la antigua Babilonia el departamento de antigüedades de Irak emprendió la restauración de una versión anterior de la puerta de Ishtar, del camino procesional y del complejo palaciego, todos ellos construidos con ladrillos no vidriados.
El último rey babilonio, Nabónido, cuyo reinado se extiende entre los años 556 y 549 aC, reconstruyó la antigua capital sumeria de Ur, incluyendo el zigurat de Nanna, que competía en esplendor con el zigurat de Etemenanki en Babilonia. Su estado de conservación es bueno y la fachada de ladrillo ha sido recientemente restaurada.
El 539 aC el reino neobabilónico cayó bajo el dominio de Ciro el Grande, rey aqueménida de los persas. Mesopotamia se incorporó al Imperio persa, y en Babilonia, que se convirtió en una de sus capitales administrativas, se construyó un palacio real.
Entre los vestigios babilónicos de los tiempos de Alejandro Magno, el conquistador del Imperio persa, que entró en Babilonia el 331 aC (y falleció en su palacio real persa el 323), se conserva un teatro en la actual localidad de Humra.
El esplendor de Babilonia acabó aproximadamente el 250 aC, cuando sus habitantes se trasladaron a la cercana Seleucia, la nueva capital con una planificación más regular construida por la dinastía seleúcida de los sucesores (diádocos) de Alejandro.

Fuentes. General.
Enciclopedia Encarta de Microsoft. La fuente principal en varios apartados, en los cuales se ha hecho una amplia paráfrasis.

Documentales.
Historia de Mesopotamia. 23 minutos.
Historia de Mesopotamia. De los orígenes al Imperio asirio. 23 minutos.
Mesopotamia. Historia del arte. 13 minutos.
Mesopotamia. Retorno al Edén . 48 minutos.
La ciudad sumeria de Ur y su zigurat. 11 minutos.

Exposiciones.
*<Antes del diluvio. Mesopotamia 3500-2100 a.C.>. Barcelona. Fundació La Caixa (30 noviembre 2012-24 febrero 2013). 400 piezas. [http://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/antes-del-diluvio] La fuente de la mayoría de las imágenes, con vídeos muy didácticos.

Libros.
AA.VV. Mesopotamia. Primeras civilizaciones históricas. Col. Grandes Civilizaciones. Ediciones Rueda. Madrid. 2002. 195 pp.
Frankfort, Henri. Arte y arquitectura del Oriente Antiguo. Cátedra. Madrid. 1982.
Garelli, P.; Nikiprowetzky, V. El Próximo Oriente Asiático. Los imperios mesopotámicos. Israel. Nueva Clío 2 bis. Labor. Barcelona. 1981 (1974). 332 pp.
Klíma, Josef. Sociedad y Cultura en la Antigua Mesopotamia. Akal. Madrid. 1980 (1961 checo). 318 pp.
Lara Peinado, Federico. El Arte de Mesopotamia. 161 pp. 80 imágenes. En serie de Blanco Freijeiro, Antonio (dir.). Historia del Arte 16.
Lara Peinado, Federico. Así vivían en Babilonia. Anaya. Madrid. 1989. 96 pp.
Roux, Georges. Mesopotamia. Historia política, económica y cultural. Akal. Madrid. 1987. 495 pp. 

Sumeria.
Libros.
Camino García, Maria; Santacana, Joan. El Cercano Oriente. Los Sumerios. Anaya. Madrid. 1989. 96 pp.
Parrot, André y otros. Sumer. Col. Universo de las Formas. Aguilar. Madrid. 1981. 370 pp.
Artículos
Contenau, G. L’art sumérien: les conventions de la statuaire. “Documents”, 1 (1929) 1-8.

Acad-Babilonia.
Exposiciones.
*<Babylon. Myth and Truth>. París. Louvre (14 marzo-2 junio 2008). Berlín. Pergamon Museum (26 junio-10 octubre 2008). Londres. British Museum (13 noviembre 2008-15 marzo 2009). Reseña de Martí, Octavi. Babilonia renace en el Louvre. “El País” (14-III-2008) 49.

Asiria.
Exposiciones.
*<Asiria. Arte e imperio>. Alicante. Museo de Arqueología (2 abril-30 septiembre 2007). 235 obras y 17 documentos. Reseña de Pecci, Hipólito. Asiria. Arte e imperio. “Revista de Arqueología”, Vol. 38, nº 318 (2007) 14-23.
Libros.
Parrot, André. Assur. Col. El Universo de las Formas. Aguilar. Madrid. 1970.

1 comentario:

Sonia Pottecher dijo...

Excelente resumen del arte de Mesopotamia de Antonio Boix, ahora que están destrozando en Nimrud las efigies.

Europa guarda en el British Museum, en el de Pérgamo (Berlin) y en el Louvre algunas piezas importantes, y estas acciones justificarían en parte el expolio del tiempo colonial.