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viernes, 23 de noviembre de 2012

HA 4 UD 01. Arte Medieval: Historiografía y Fuentes. Periodización.

HISTORIOGRAFÍA DEL ARTE MEDIEVAL.
PERIODIZACION DEL ARTE MEDIEVAL.
LA EVOLUCIÓN DE LA HISTORIOGRAFIA.
FUENTES: DOCUMENTALES. LITERATURA ARTÍSTICA Y OTRAS FUENTES LITERARIAS.
HISTORIOGRAFÍA GENERAL:
ICONOGRAFÍAMEDIEVAL.
ARTE BIZANTINO.
ARTE ISLÁMICO.
ARTE PRERROMÁNICO,
ARTE ROMÁNICO,
ARTE GÓTICO.


PERIODIZACION DEL ARTE MEDIEVAL.
Hay un permanente debate sobre la periodización. Para empezar, el concepto de Arte medieval es occidental, no aplicable al Islam o al Extremo Oriente, cuyos artes han permanecido estables en lo esencial más allá del periodo de la Edad Media.
Pero sí hay coincidencia en una serie de adscripciones.
Así, es medieval el arte carolingio en el siglo VIII, el llamado renacimiento carolingio en plena Alta Edad Media, marcado por el desplazamiento del centro de la civilización hacia el Norte en detrimento del Mediterráneo, consolidándose entonces en este ámbito tres civilizaciones dominantes: la germánico-cristiana, la bizantina y la islámica, que se interrelacionan entre sí.
La etapa románica también es claramente delimitable en su cultura y arte. Duby nos la muestra como una cultura monástica, casi iletrada, pero que vive una fuerte recuperación económica y desarrolla un arte europeo propiamente internacional.
La misma claridad en la adscripción se da para el arte gótico, dentro del marco de desarrollo de las ciudades y del creciente comercio e intercambio cultural en Europa.
Pero hay poderosas dudas sobre los límites temporales, tanto en su inicio como en su final.
El inicio se pone en tres fechas distintas: 313 por el Edicto de Milán que oficializa el cristianismo, 395 por la división del Imperio en Oriente y Occidente, y 476 por la caída del Imperio de Occidente. Pero las tres soluciones son demasiado tajantes, pues la separación del arte medieval del antiguo fue un proceso lento.
Riegl superó esta posición con su reivindicación del concepto y del valor artístico de la Antigüedad Tardía y, en concreto, del arte tardorromano. Este sería definido por ser un arte pagano y antiguo, mientras que el arte cristiano sería ya medieval. Es una división por el contenido y no por la forma.
Pero hay problemas en esta delimitación, pues el arte bizantino no puede considerarse medieval hasta después de superada la crisis iconoclasta, que comienza con el emperador León III (h. 730), ya bien entrado el siglo IX, pues siempre fue adalid del arte clasicista. Y en cuanto al arte de las invasiones bárbaras hay dudas, pues si Riegl lo considera tardorromano, Hubert lo considera medieval. Lo cierto es que la arquitectura siguió siendo tardorromana en su técnica y formas, no en cuanto a sus funciones, ahora religioso-cristianas, mientras que las artes plásticas y menores eran ya claramente medievales, sobre todo en la orfebrería, con formas y técnicas radicalmente nuevas.
Podemos concluir que el rasgo principal para definir si una obra pertenece al arte medieval es la primacía del contenido sobre la forma, de la espiritualidad de la idea sobre el materialismo (como naturalismo clásico) de la realidad. Y el arte hispano-visigótico del siglo VII es, pues, plenamente medieval.
El final se data en dos fechas aproximadas: 1420, para los partidarios de fecharlo en el Renacimiento italiano, 1500 para los partidarios de ligarlo al Renacimiento europeo. Puede argumentarse que ambas posiciones son legítimas, según se estudie el Renacimiento en Italia o el Renacimiento posterior en Europa.

LA EVOLUCIÓN DE LA HISTORIOGRAFÍA.
Renacimiento.
Vasari, en sus Vidas, rechaza el Arte Medieval, al que define como “gótico” sin hacer distinciones, considerándolo como un barbarismo no clasicista, en una época de decadencia del arte por influjo de los bárbaros y por la iconoclastia de la primitiva Iglesia.
Neoclasicismo.
Winckelmann considera que la decadencia del arte clásico comienza en el Bajo Imperio y termina con el Renacimiento. Sus estudios influyeron en una actitud negativa de autores posteriores, como Agincourt.
Siglo XIX.
Hay una generalizada reivindicación de la Edad Media por causas ajenas a la propia Historia del Arte. El Romanticismo la revaloriza por un interés sentimental, mientras que se inicia el estudio sistemático de la Iconografía, con E. Mâle, El arte religioso del siglo XII al XVIII (1898) y la Arqueología Cristiana, ambas obras al servicio de la Historia de la Religión.
La excepción es la arquitectura, que cuenta con estudios muy científicos de acuerdo a las corrientes del pensamiento positivista: Viollet-le-Duc para el Gótico, con su Dictionnaire raisonné de l'architecture française (1854-1868) y Puig i Cadafalch para el Románico, publicado ya a principios del XX. Sus consideraciones son fundamentalmente técnicas, propias de arquitectos, como la forma y materiales de arcos, bóvedas...
Siglo XX.
Comienzan los estudios más metódicos, con la influencia del postimpresionismo, que revaloriza el primitivismo. La Escuela de Viena, con Wickhoff (influido por el impresionismo y el naturalismo) y Alois Riegl, dará origen a dos principales líneas de investigación, el formalismo y la iconografía, seguidas más de lejos por la iconología, la filología, la sociología y la historia de las mentalidades.
Formalismo.
El primer estudio sistemático es de Alois Riegl, El arte industrial tardorromano, a partir de 1897, desde premisas historicistas (la historia como un continuum): haciendo una lectura formal de la obra de arte, estableciendo un estrecho paralelismo entre el arte y el resto de las actividades espirituales, y asimismo superando la dicotomía tradicional entre artes mayores y menores, para reivindicar la importancia de estas últimas.
Wilhelm Worringer, en La esencia del estilo gótico (1911), estudia la totalidad de la civilización medieval.
Julius Schlosser, influido por la lingüística de Vossler, con los conceptos de realidad y representación diferencia los estilos. Hace hincapié en la espiritualización del arte en la Edad Media, como rasgo fundamental, en El arte del Medievo (1923).
Louis Courajod, que, como el anterior, diferencia varias escuelas en el gótico, y es especialista en el gótico final.
Henri Focillon, para la escultura románica y para el arte medieval en su conjunto destaca en El arte de Occidente. La Edad Media románica y gótica (1938).
Otto Pacht es el gran especialista en la miniatura prerrománica y románica.
Lionello Venturi realiza una visión general del arte medieval.
En España destacan en la pintura románica los estudios de Cook y Gudiol en Pintura e imaginería románicas (1950) y de C. R. Post en A history of Spanish painting (1930-1966).
Iconografia.
La iconografía  estudia la clasificación y descripción de la imagen, sus orígenes y evolución y es especialmente válida para el estudio del arte medieval porque este tiene una tipología muy repetitiva.
André Grabar es especialista en el arte islámico y bizantino: El primer arte cristiano (1967), y La edad de oro de Justiniano (1966).
Meyer Schapiro es un maestro del Románico, y cuenta con un excelente estudio sobre el monasterio de Silos.
Joaquín Yarza es un buen generalista del arte medieval español y Joan Sureda es un especialista en la pintura románica en España y Cataluña.
Iconología.
En historia del arte medieval se ha aplicado poco porque los iconólogos prefieren estudiar a partir del Renacimiento, más cargado de símbolos.
Panofsky ha escrito Arquitectura gótica y pensamiento escolástico (1951) y otros libros de gran valor. Junto a Saxl publicó Classical mithology in Mediaeval Art (1932-1933).
Baltrusaitis estudia el tema de lo fantástico en sus libros desde 1955.
Filología.
Se centra en la lectura de textos y documentos. Esta corriente aporta luz sobre artistas a menudo poco conocidos, resolviendo errores en la atribución y posibilitando historias generalistas mejor documentadas.
Para las fuentes literarias destacan los estudios de Schlosser (influido por Vossler), Lionello Venturi, Rosario Assunto, De Bruyne..., y se emplean colecciones como las de Holt (1947) o la española de Yarza.
Sociologia del arte.
Hay en su seno dos corrientes, la marxista y la de los independientes.
La marxista tiene pocos autores, destacando Frederik Antal con El mundo florentino y su ambiente social (1947) y Arnold Hauser con Historia social de la literatura y del arte (1951), debido a que la escasa documentación social reduce el campo de estudio a la Baja Edad Media.
Los independientes son más numerosos, destacando Maillard Meiss en Pintura en Florencia y Siena después de la Peste Negra (1951) y Oleg Grabar para el arte islámico.
Historia de las mentalidades.
La Historia de las Mentalidades aporta dos autores esenciales: el holandés Jan Huizinga con El otoño de la Edad Media, y el francés Georges Duby con El tiempo de las catedrales. El arte y la sociedad, 980-1240 (1966-1967) y otras obras, dedicado después a la Historia Privada y Cotidiana.

FUENTES: DOCUMENTALES. LITERATURA ARTISTICA y OTRAS FUENTES LITERARIAS.
Las fuentes para el estudio pueden clasificarse en tres grupos: documentales, literatura artística (manuales de artista) y otras fuentes.
Documentales.
La arquitectura religiosa es la principal fuente en el Occidente cristiano, al ser la principal obra artística y social de sus comunidades y porque engloba y subordina a las artes plásticas. Se plantea el problema de la superposición de estilos en el mismo lugar, dado que el lugar edificado se consideraba suelo sagrado y las construcciones se sucedían en el tiempo. Por ello es importante la arqueología medieval y los testimonios de los frescos y grabados de los siglos XV al XVIII, que permiten conocer las obras antes de su destrucción, como ocurrió con muchas obras paleocristianas durante el Barroco y con las obras francesas anteriores a la Revolución Francesa como le sucedió al monasterio de Cluny.
Las artes figurativas aportan documentos fundamentales, en especial la miniatura de la ilustración de libros. En una cultura manuscrita, la miniatura era no sólo una actividad artística principal sino que también nos da hoy unas pautas para estudiar la evolución de la pintura, cuyas obras nos han llegado en peor estado que los libros. La escultura y el mosaico nos dan pocos testimonios, mientras que las artes menores tienen mayor importancia, tanto en el arte de las invasiones (a destacar su orfebrería) como en el islámico o el prerrománico.
Otros documentos son los inventarios de tesoros, como los realizados en las iglesias de Roma a partir del siglo VII, con referencias a sus materiales, valor, peso, medidas... Ya en la Baja Edad Media abundan los protocolos notariales y los contratos de los gremios o mecenas con los artistas. Asimismo son documentos valiosos los titulus, en las bandas que ciñen numerosas figuras, con fechas y otros datos.
Literatura artística: los manuales de taller.
Durante la Edad Media no hay un interés por el Arte por sí mismo, aunque abundan los datos económicos, religiosos o relacionados con el poder político. Así, Procopio (c. 500-560/562) en sus Panegíricos describe la ciudad de Constantinopla, no como testimonio de las obras de arte sino del poder de Justiniano. Hay en los siglos medievales tratados de óptica y algún repertorio iconográfico, pero ningún tratado o historia del arte.
Fernando Checa (1987) resume: «El pensamiento estético medieval hay que entresacarlo de los escritos de Plotino, San Agustín y Santo Tomás. Plotino (siglo III) sustituye el concepto de imitación de la Naturaleza, propio de la Antigüedad, por el de emanación divina, abriendo camino al arte medieval. San Agustín (siglo IV) exalta el papel de la fantasía como imaginación creadora e introduce el contraste como una cualidad de la belleza. Santo Tomás (siglo XIII) hace una apología de los sentidos, a través de los cuales se reciben formas que más tarde se almacenarán en la imaginación y en la fantasía. En su tratado de óptica, el monje Witelo, amigo de Santo Tomás, muestra su oposición al naturalismo clásico, al considerar más bellas las cosas artificiales que las naturales, coincidiendo con Plotino y San Isidoro de Sevilla. Este último, en sus Etimologías (siglo VII), enciclopedia medieval que recoge el saber de la época, trata de pintura, música, decoraciones de estuco y arquitectura, siendo en este campo donde su pensamiento se muestra más original: habla de dispositio, constructio y venustas, como partes de la arquitectura, y considera que la belleza procede del adorno venustas y no de la proporción como mantenía Vitruvio.» [Checa et al. 1987:158-162.]
Si no hay tratados artísticos, sí abundan, empero, los manuales de taller (llamados recetarios) y los libros de peregrinación (descripciones de viajes de peregrinación).
La literatura técnica, como advierte Barasch, se inicia en el siglo XII, transmitiendo las técnicas, difundiendo soluciones tradicionales, prescribiendo las tareas en las fases de la creación, junto con la descripción de modelos formales e icono­gráficos.
Heraclio, en Sobre los colores y artes de los romanos reúne un conjunto de textos de autores diversos, italianos (los dos primeros libros del siglo X) y franceses (el tercero de los siglos XIII-XV) en una exposición sólo técnica sobre ilustración de miniaturas, vidrio, cerámica, metales, propiedades mágicas de las piedras...
Teófilo, en su Schedula diversarium Artium (primera mitad del siglo XII), expone en la introducción que cuenta «lo que ha visto y oido». Es más importante que la obra anterior porque explica las técnicas tanto del Occidente románico como del Oriente. Compendia las técnicas de los talleres en tres libros, el primero sobre la miniatura y la pintura mural (atento siempre a la composición y a la mezcla de los colores), el segundo sobre el vidrio (fabricación y pintura) y el tercero sobre los metales, el marfil y las piedras preciosas.
Villard d'Honnecourt, un arquitecto francés del siglo XIII, es autor de Album o Livre de Portraiture (analizado por Wittkower), un cuaderno de dibujo que tiene poco texto y muchos dibujos, con dos partes: a) sobre modelos formales e iconográficos, por ejemplo los Doce Apóstoles sentados, b) da un método para dibujar las figuras humanas, estáticas o en movimiento, combinando figuras geométricas (triángulos, cuadrados, segmentos de círculos...), pero sin observar la realidad de la naturaleza, pues su tesis es que está antes la idea, la imaginación, que la realidad.

Dionisio de Furna, un pintor del Monte Athos, en su Hermeneútica de la pintura (obra tardía del siglo XVIII, hacia 1701-1745, analizada por Schlosser), nos refiere técnicas medievales bizantinas. Es un libro de texto, con modelos y con programas ico­nográficos con el interés de situar las imágenes dentro de las iglesias.



Cennino Cennini, discípulo de Agnolo Gaddi, es un florentino residente en Padua y en su Libro del Arte, escrito a finales del siglo XIV o principios del XV (hacia 1380), y publicado por primera vez en Roma (1821), introduce una radical novedad: el pintor debe observar la naturaleza para tomar su modelo, de modo que la realidad está antes que la idea. Este es un concepto revolucionario entonces, ya renacentista.
Cennini, recoge las innovaciones de Giotto y los demás maestros de la Escuela de Florencia para explicar la técnica pictórica (él mismo era pintor) y del trabajo de los metales y también para exponer las nuevas ideas renacentistas en la concepción y realización de la pintura, con respeto a la fantasía y libertad del artista. Introduce conceptos como moderno, relieve...
En cuanto a los manuales de peregrinación, descripciones para los peregrinos, se destacan dos del siglo XII:

Mirabilia Urbis Romae, que describe la ciudad de Roma.

Codex Calixtinus, aún más importante, referente al camino hacia Santiago de Compostela, e incluye una relación de leyendas del Apóstol, una epístola papal certificando la veracidad de éstas y una descripción de la catedral, que Yarza ha utilizado para descifrar la iconografía de las portadas y del interior.

OTRAS FUENTES LITERARIAS.
Destacan las obras religiosas, como los tratados teológicos, himnos o sermones, materiales que informan sobre iconografía como hace Santiago de la Vorágine, autor de La leyenda dorada, o la evolución del pensamiento medieval.
En la Baja Edad Media abunda la literatura profana y cortesana (al respecto es apasionante la lectura de Martí de Riquer en su tratado Los trovadores). Las obras de Dante, Bocaccio y Petrarca son interesantes por testimoniar la aparición en la Toscana del siglo XIV de una nueva edad artística, el Trecento. Dante y Bocaccio pregonan la vuelta a la austeridad (un concepto ya defendido por el cistercense San Bernardo), pero basándose ya en que el modelo debe ser el del arte antiguo. Petrarca, de hecho, sería el primero [Lionello Venturi es uno de sus estudiosos más preclaros] en intentar escribir un verdadero tratado de arte, no ya un simple recetario, defendiendo la vuelta al arte de la antigua Roma.
Un libro importante, por ser el precursor del método de Vasari será la obra de Filippo Villani, Del origen de la ciudad de Florencia y sobre sus famosos ciudadanos (h. 1400), que sitúa entre los florentinos ilustres a Cimabue y Giotto, refiriendo sus vidas y valorando su individualidad.
En el Islam abundan las descripciones históricas y geográficas, pero la mejor fuente es la literaria, como destaca María José Rubiera en La arquitectura en la literatura árabe.

HISTORIOGRAFIA GENERAL.
Exposiciones.
*<Vida y peregrinación>. Santo Domingo de la Calzada, La Rioja. Claustro de la iglesia catedral (9 julio-26 septiembre 1993). Ed. Ministerio de Cultura. 235 pp.

*<Los pilares de Europa. La Edad Media en el British Museum>. Madrid. CaixaForum (18 octubre 2016-5 febrero 2017). Barcelona. CaixaForum (10 marzo-18 junio 2017). 263 obras: 244 del BM y 19 del MNAC. Comisarios: Michael Lewis y Naomi Speakman. Reseña de Bono, Ferran. El alma europeísta del British. “El País” (19-X-2016). / Antón, J. De Ivanhoe a Ken Follett. “El País” (10-III-2017).

Libros.
Baltrusaitis, Jurgis. La Edad Media fantástica. Cátedra. Madrid. 1983 (1955). pp.
Bango, Isidro. El arte de la Alta Edad Media. Anaya. Madrid. 1989. 96 pp.
Bango, Isidro. El monasterio medieval. Anaya. Madrid. 1990. 96 pp.
Beckwith, John. El arte de la Alta Edad Media. Destino. Barcelona. 1995 (1964). 270 pp.
Bianchi Bandinelli. Del Helenismo a la Edad Media.
Bozal, V. Historia del Arte en España. I. Istmo. Madrid. 1978.
Braunfels. La arquitectura monacal en Occidente.
Caillet, Jean-Pierre (dir.). L'Art du Moyen Age. RMN/Gallimard. París. 1995. 592 pp. 643 ilus b/n, 200 color.
Carbonell, Eduard; Sureda, Joan. Tesoros medievales del Museo Nacional de Cataluña. Lunwerg. Barcelona. 1998. 350 ilus. de Maties Briansó.
Casanelli, R. (ed.). El arte en el Mediterráneo en la época de las Cruzadas. Lunwerg. Barcelona. 2000. 302 pp. 180 ilus. 12 autores, sobre la relación entre arte cristiano e islámico.
Cirici Pellicer, A. El arte de la Edad Media. En Historia del mundo en la Edad Media, v. III. Sopena. Barcelona. 1981. 445 pp.
Grabar, André. Les origines de l'esthétique médiévale. Macula. París. 1992. 128 pp.
Heck, Christian (dir.). Moyen Âge. Chrétienté et Islam. col. Histoire de l'Art. Flammarion. París. 1997. 576 pp. 700 ilus. (350 en color).
Janson, H.W. Historia general del arte. Alianza. Madrid. 1990 (1986). 4 vols. Tomo II. La Edad Media. Ref. pp. 543-547.
Mâle, Émile. Arqueología Cristiana.
Mérot, Alain (dir.). Histoire de l'art 1000-2000. Hazan. París. 1995. 528 pp. 850 ilus. Iconografía.
Pacht, Otto. La miniatura medieval. Alianza. Madrid. 1987. 221 pp.
Pirenne, Henri. Las ciudades de la Edad Media. Alianza. Madrid. 1975. 167 pp.
Post, C.R. A history of Spanish painting. 1930-1966.
Schlosser, Julius. El arte del Medievo. 1923.
Schlosser, J. v. El Arte de la Edad Media. Gustavo Gili. Barcelona. 1981. 120 pp.
Scobeltzine, André. El arte feudal y su contenido social. Mondadori.
Seta, Cesare de; Le Goff, Jacques. La ciudad y las murallas. Cátedra. Madrid. 1991 (1989). 399 pp.
Shaver-Crandell, Anne. Introducción a la Historia del Arte. La Edad Media. Gustavo Gili. Barcelona. 1985. 136 pp.
Stegman, Hans. La escultura de Occidente. Labor. Barcelona. 1926.
Wittkower, Rudolf. La escultura: procesos y principios. Alianza. Madrid. 1983 (1977). 331 pp.
Yarza, J. et al. Arte Medieval II. v. III de Fuentes y Documentos para la Historia del Arte. Gustavo Gili. Barcelona. 1982. 446 pp. Textos n1 26, 27, 28, 31, 51,
Yarza Luaces, Joaquín (ed.). La miniatura medieval en la Península Ibérica. Nausicaä. Murcia. 2007. 612 pp.

Artículos.
Ruiz Mantilla, Jesús (textos); Navia (fotos); Peridis (ilustraciones). Luz de Dios. “El País” Semanal 1.879 (30-IX-2012) 56-61. Siete catedrales españolas: Jaca, Santiago de Compostela, Lleida, Barcelona, Burgos, Cuenca y Oviedo.
Pérez, José Luis (Peridis). Cuando Dante escribía divinas comedias. “El País” Ideas 101 (16-IV-2017). Reivindicación del arte y la cultura del Medievo.

ICONOGRAFÍA MEDIEVAL,
Exposiciones.
*<Medieval Monsters: Terrors, Aliens, Wonders>. Nueva York. The Morgan Library & Museum (8 junio-23 septiembre 2018). Manuscritos iluminados con el Bestiario de dragones, demonios… Cat. [https://www.themorgan.org/exhibitions/medieval-monsters]
Libros.
Charbonneau-Lassay, L. El bestiario de Cristo. Olañeta. Barcelona. 1996.
Duchet-Suchaux, Gaston; Pastoureau, Michel. La Biblia y los santos. Guía iconográfica. Alianza. Madrid. 1997. 414 pp.
Garnier, François. Le lampage de l'image au moyen âge. Significations et symbolisme. Le Léopard d'Or. Paris. 1982.
Grabar, André. Las vías de la creación en la iconografía cristiana. Alianza. Madrid. 1985 (1979, francés). 342 pp.
Guenebault, L.-J. Dictionnaire iconographique des figures, llegendes et actes des sainvs... par M. L.-J. Guenebault. Migne. Paris. 1850. Es el tomo 45 de la Encyclopédie Théologique, publicada por l'abbé Migne. En la sección censurada.
Heck, Christian. L'Échelle céleste dans l'art du Moyen Âge. Une image de la quête du ciel. col. Idées et Recherches. Flammarion. París. 1997. 265 pp. 195 ilus.
Izzi, Massimo. Diccionario ilustrado de los monstruos. Olañeta. Barcelona. 1996.
Nichols, Stephen G. Romanesque Signs. Early Medieval Narrative and Iconography. Yale University Press. New Haven. 1983. 248 pp.
Saxl. Classical mithology in Mediaeval Art. 1932-1933.

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