Mis blogs

Mis blogs son Altamira (Historia del Arte, Cine, Cómic, Fotografía, Moda), Heródoto (Actualidad, Ciencias Sociales y Pensamiento) y Mirador (Joan Miró, Arte y Cultura Contemporáneos).y Pensamiento, Religión y Teo

sábado, 2 de junio de 2012

El arte griego. La cerámica y las artes menores.


6. CERÁMICA GRIEGA ANTIGUA.
6.1. CARACTERÍSTICAS.
6.2. PERIODOS.
PERIODO PREARCAICO (IX-VIII).
Geo­métrica (900-750).
Orientalizante (750-650).
PERIODO ARCAICO (VII-VI).
Fase geométrica-esquemática (650-600).
Fase de las figuras negras (600-530).
Fase de las figuras rojas (530-500).
PERIODO CLÁSICO (V-IV).
PERIODO HELENÍSTICO (III-I).

7. ARTES MENORES EN LA GRECIA ANTIGUA.

6. CERÁMICA GRIEGA ANTIGUA.
6.1. CARACTERÍSTICAS.
La cerámica nos interesa como arte por varios motivos es­téticos: la forma, el dibujo y el color, la temática.
Las características de la cerámica griega son:
A Numerosas formas en función de la finali­dad: ánforas, vasos, lequitos, cánta­ros, cráte­ras, esqui­fos, platos, pixis, hidrias, pelikes, cálices...
A Ex­traordinaria va­riedad de temas decorati­vos: mitos, his­toria, juegos atléti­cos, vida cotidia­na, con letreros ex­pli­cativos.
A Importancia de los autores, tanto ceramistas como pinto­res, que acostumbran firmar las obras. Los cera­mis­tas modelaban sus vasijas en tor­nos de al­fare­ro y cuando se secaban las pu­lían, pintaban y co­cían.
A Evolución de la pitnura desde el esquematismo al naturalismo, y dentro de éste del idealismo al realismo.
6.2. PERIODOS.
PERIODO PREARCAICO (IX-VIII).
Los vestigios más importantes del arte griego de los tiempos más antiguos son piezas cerámicas. Las inva­sio­nes dóri­cas rompieron con la etapa anterior, con pocos ele­men­tos de conti­nuidad, evi­den­tes en la cerámica. Pri­mero, como enlaces con los antecedentes micé­nicos, mi­noicos y asiáticos, hay dos etapas, data­das en Ate­nas: submicé­ni­ca (1100 a 1050) en realidad, anterior al periodo prearcaicoy pro­to­geomé­trica (1050 a 900), que tienen muy poca relevancia artís­tica y que nos han legado una escasa producción.
Geo­métrica (900-750).
Aparece luego la extraor­dinaria cerámica geo­métrica (900 a 750), que se extiende por todo el mundo griego, desde Chipre a Ita­lia. Los hallazgos del cemente­rio de Dipylon (llamado así por estar cer­ca de la puerta de este nombre en Atenas) le ha dado tam­bién el nom­bre de cerá­mica de Dipylon.
Esta cerámica tiene una fun­ción fune­raria y la técnica es excep­cional, con ánforas y crá­teras de gran tamaño, hasta de 1,5 metros de altu­ra. El mejor ejem­plo es la crá­tera Dipylon (Mu­seo Metropoli­tano de Nueva York), una espe­cie de esquela fune­raria realizada con el propó­sito de guardar ofrendas.
La deco­ra­ción pintada es de bandas horizonta­les en cene­fas con moti­vos geomé­tri­cos (puntos, meandros, líneas parale­las, trián­gulos, cír­cu­los, rombos, espirales...), y de ahí su deno­mi­na­ción. Incluso las figuras hu­ma­nas y de anima­les es­tán estilizadas geo­métricamente, sin perspec­tiva ni proporción. La compo­si­ción es ri­guro­sa y repetitiva en serie.
En los ejemplos más antiguos, h. 900, los motivos recti­líneos se combi­naron con elemen­tos curvilíneos derivados del arte micéni­co. Aproximadamente a finales del periodo, h. 750 aC, se introdujeron moti­vos humanos y zoo­mórficos de formas esbel­tas, como se obser­va en las re­presentaciones del cuerpo del guerrero muerto o del carro tira­do por caballos; pero esta novedad duró sólo unos años.
Orientalizante (750-650).
El estilo de la cerámica decorada se modificó en el siglo VII aC, debido a la crecien­te colonización griega del Medite­rráneo y al comercio con los fenicios y otros pueblos orienta­les, a partir de las ciu­da­des jónicas de Asia Menor. ­
Es una fase orientalizante (750-650), en la que, en las vasijas de este periodo, los dise­ños abs­trac­tos geométricos se reempla­za­ron por los motivos na­turalis­tas del arte oriental, con plan­tas como la flor de loto, el pa­piro y la palmeta, con seres exóti­cos y fabulosos como los leones y las esfinges, los gri­fos y las gorgo­nas. La orna­mentación aumentó en canti­dad y com­ple­ji­dad.
Desta­ca la producción de Corin­to, por su calidad y por sus expor­ta­cio­nes, desde la fase pro­toco­rintia (750 a 640). Se pin­taron fran­jas horizon­ta­les con los mo­tivos fantásti­cos (en siluetas). El arte griego se ex­tiende por Sici­lia e Ita­lia, con la coloniza­ción y el co­mercio.
PERIODO ARCAICO (VII-VI).
En resumen, el periodo arcaico estuvo carac­te­rizado en el siglo VII por un estilo geo­métri­co y es­que­máti­co, seguido en el siglo VI de una decoración de figuras negras sobre fondo rojo. Hacia -530 se invierten los valores cromáti­cos: las figuras rojas se dis­ponen sobre fondo negro.
Fase geométrica-esquemática (650-600).
En esta fase hay una vuelta a la composición geométrica, con motivos esquemáticos. La producción es poco importante.
Hacia el año 675 aC los pintores de vasijas cerámicas de Co­rinto empezaron a decorar sus objetos con figuras en silueta negra, generalmente animales desfilando, realizadas con formas redondeadas y dispues­tas en uno o varios pequeños frisos. Es el estilo denominado protocorintio.
Fase de las figuras negras (600-530).
Con el auge de la polis co­mienza el gran periodo artísti­co, con el auge de la cerámica de figuras ne­gras con narrativi­dad y más figu­ras humanas. Hay gran­des centros: Corinto, Espar­ta, Rodas, Cae­re (Etruria, con artistas jonios emigrados por la conquista persa c. 540). En el estilo corintio, que se desarro­lló totalmente hacia el 550 aC y del que se conservan numerosos ejemplos, los vasos están abarrotados de figuras so­bre fondos florales. En las va­sijas se representan a menudo monstruos fa­bulo­sos, como la qui­mera que escupe fuego, una criatura con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpien­te. Otros mo­tivos orientales simila­res aparecen en las piezas cerámicas encontradas en Laconia, Beocia, Calcis, Rodas y Sar­des.
A fi­nales del siglo -VI Ate­nas se convierte en el gran cen­tro, monopolizando las ex­portacio­nes. En el periodo arcaico medio, Atenas saturó el mercado me­di­te­rráneo de objetos cerámi­cos. Las vasijas atenienses han apa­recido en las islas del Egeo, norte de África, Asia Menor, Italia e incluso en Fran­cia, España y Crimea. La popularidad de la cerámica ateniense se debió a su carácter práctico de bellas proporciones, su acabado aterciopelado, negro como el azabache, y a las escenas narrati­vas con que estaba decorada, en las que al principio pre­do­mi­na­ban los te­mas en bandas, como los temas épicos de la Iliada en el Va­so Fran­çois (570, Museo de Florencia), del al­farero Ergó­ti­mos y el pin­tor Kli­tias. Es una obra al gusto aristocrático. La forma de Ergótimos es espléndida por sus proporciones. La pintura de Klitias integra 270 figuras negras, muy miniaturistas y bien dibujadas, en frisos superpuestos, con gran armonía compositiva, que resumen y explican con letreros, en una auténtica narración histórica en imágenes, una serie de famosas leyendas griegas (el cortejo de los dioses en las bodas de Tetis y Peleo, padres de Aquiles; la cacería del jabalí de Calidón; funeral de Patroclo; la muerte de Troilo ante los muros de Troya; triunfo de Teseo sobre el Minotauro; friso de animales).
Aparece luego un estilo más li­bre con una sola escena para toda la su­perficie, siendo esen­cial la tarea del pintor (en muchos casos con su misma firma), con te­mas hu­manos que se­rán los te­mas úni­cos al final del pe­riodo.
La decora­ción de las vasijas cerámicas con la técnica de las figuras negras, que llegó de Corinto a Atenas hacia el 625 aC, se combinó con el antiguo estilo ateniense, más lineal y de mayor tamaño. La decoración se realizaba en engobe negro sobre el color rojo de la arcilla. Los detalles se grababan de forma incisa y a veces se recalcaban con el uso de matices lu­mínicos rojos y blancos, hasta lograr cierta tridimensionali­dad.
A partir de este momento, las escenas representadas en los va­sos cerámicos y los artistas que las pintaron se pueden iden­tificar por inscripciones. Unos treinta pintores firmaron con su nombre las piezas decoradas y otros cien han podido ser identificados por su estilo característico. A los pintores más tardíos se les han asignado nombres modernos según la localiza­ción de alguna de sus obras más importantes, como el pintor de Berlín; por el tema de alguna de sus pinturas más representati­vas, como el pintor del jabalí; o por el nombre del ceramista para el que trabajaron, como el pintor de Amasis. Entre las obras maestras de este periodo están el vaso François, realiza­do el 560 aC. por el alfarero Ergótimos y el pintor Klitias (Museo Arqueológico de Florencia); las realizadas por Exequias, como Dionisos navegando y Ayax y Aquiles jugando a las damas y los trabajos de dos de los más destacados artis­tas en la técnica de figuras negras, Lydos y Amasis
El primer pintor conocido fue Sofi­los, con sus fi­gu­ras ne­gras, c. 590. Lue­go aparecen Near­cos, Lydos, el Pintor de Ama­sis (Museo Metropolitano de Nueva York) y, so­bre to­do, Exe­kias, c. 550, con Aquiles y Ajax ju­gando a los dados y Dionisos en un bar­co o copa de Dioniso (Gliptoteca de Munich). Con es­tas fir­mas se ha po­dido se­riar la pin­tura del pe­rio­do.
Fase de las figuras rojas (530-500).
La técnica de figuras rojas invierte la policromía ante­rior. La de­coración se realizaba con una técnica pictórica a la inversa: es decir, el fondo se pintaba de negro, dejando las figuras en el color rojo de la arcilla. Los deta­lles, en lugar de hacerse por medio de incisiones en la arci­lla, se dibujaban con un tra­zo rígido en engobe negro, que a menudo formaba un relieve su­til. Se utilizó también un nuevo color, el castaño dorado, obtenido al diluir el barniz negro.
Aparece c. 530, con el Pintor de Andocides y des­pués de una fase de tran­si­ción (530-520), con los au­to­res del “estilo seve­ro” (so­lemne), Eu­fro­nio y Eutímedes (520-500), y Du­ris y Macrón (500-470). Esta técnica permite aumentar mucho el na­tu­ra­lismo de de­ta­llismo realista, lleno de ex­pre­sivi­dad, pers­pec­ti­va y movimien­to.
Los pintores atenienses inventaron hacia el 540 aC. otro nuevo estilo, ejemplificado en la crátera de Antaius, realizada por el ceramista Eufronio. Estas innovaciones, asumiendo ade­más el interés por la anatomía del cuerpo humano, evolucionaron hacia una nueva concepción espacial, expresada a través del escorzo y del uso de una capa marrón o parda para lograr el sombreado. Este fue el inicio de un tipo de pintura en el que la tridimensionalidad se consigue tanto con la valoración lumí­nica como con el con­traste de manchas de color.
Aunque el estilo de las figuras negras continuó siendo el dominante durante todo el periodo arcaico, la producción en el estilo de figuras rojas se fue incrementando poco a poco. Entre los pintores de vasos más importantes del final del periodo arcaico destacamos a Duris, el Pintor de Brygos, el Pintor de Berlín y el Pintor de Kleofrades.
PERIODO CLÁSICO (V-IV).
El periodo clásico, como en la pintura, se caracteriza por la policromía y el dibujo lineal.
La cerámica po­li­cro­mada es ca­da vez más rica en colores.
El dibujo lineal tiene be­llos y es­tre­chos lekytos blancos fu­ne­ra­rios (APintor de Aqui­les”), que per­vi­virán hasta el hele­nis­mo.
Al principio, en la pintura de vasijas las esce­nas de ca­rácter simbó­lico y decorativo fueron remplazadas de forma gra­dual por re­presen­ta­ciones tridimensionales, como en las pintu­ras de Pisto­xenus y Penthesilea. Las formas son más nítidas, los ojos se represen­tan de perfil y los pliegues de las telas adquieren formas más naturalistas. Estas caracterís­ticas espe­cialmente en las vasi­jas del Pintor de los Nióbides, sugie­ren la influencia de Po­lignoto y ofrecen más información de su es­tilo artístico.
Hacia el 450 se gana en libertad formal (influjo de la pintura), hasta llegar a grandes escenas llenas de movi­mien­to y expresionismo (420-380). Aunque las figuras de las vasijas del periodo clásico me­dio están dibujadas con una perspectiva li­neal rudimentaria, se logra un cierto efecto tridimensional. Estas pinturas se pare­cen probablemente a las obras desapareci­das de Apolodoro y Zeu­xis de Heraclea.
Hay a finales de la época clásica una pro­gre­siva de­ca­den­cia pues los mejores pin­tores se dedi­carán crecientemen­te a la pin­tura de ca­ba­llete y aban­do­nan la cerá­mica (como hizo Po­lig­no­to, que firmó vasos antes de de­dicarse a la gran pin­tu­ra ha­cia el 450).
PERIODO HELENÍSTICO (III-I).
De­sapare­ce la cerá­mica pintada, con el final de las pin­tu­ras ro­jas áti­cas, que se producen sólo has­ta el final del siglo -IV. Aparece la decoración con relieves (co­mo las sí­tulas etruscas) y el hiperdecorativis­mo. A partir del 320 aC Atenas no exportó más cerá­mi­ca pintada y sólo se pintaron algunas vasijas que se entre­gaban como pre­mio a los atletas de los Juegos Panatenaicos.
Los nuevos gran­des centros están en Sicilia y sur de Italia. La cerá­mica ita­liana ocupó el lugar de la ateniense en el mercado me­dite­rrá­neo. Las piezas italianas fueron de distintos tipos, entre los cuales destacan los de Canosa, al sur de Italia, y la cerá­mica calena denominada así por la vecina ciudad de Cales. Ambos mo­delos presentan a menudo las firmas de sus ceramistas. Las va­sijas de Centuripa (Sicilia) son más complicadas y sus esce­nas están decoradas con figuras pintadas que recuerdan la téc­nica actual del pastel. Los cuerpos de estas piezas están ador­nados con motivos florales y tridimensionales.
Los mo­sai­cos hele­nísticos siguen el es­tilo de la pintura de la épo­ca y dan paso al mosaico romano.

7. ARTES MENORES EN LA GRECIA ANTIGUA.
En el periodo arcaico eran muy apreciados los marfi­les (las pequeñas figuras del templo de Artemisa en Efeso) y la orfebrería.
Del periodo clásico tenemos pocos restos, aun­que sabemos que destacaron la orfebrería, la joyería y los marfiles.
En el periodo helenístico la influencia de los bo­tines tomados en Asia cambia el gusto hacia las artes meno­res, de las que tenemos muchos restos en este periodo. Se toman mo­delos orientales y se desarrollan con extraordina­rio lujo la orfe­bre­ría, la joye­ría, la glíptica (sellos) y las pe­queñas es­cul­turas de te­rraco­ta que abun­dan para un públi­co cre­ciente en número y ri­que­za, aun­que es muy difícil distin­guir el arte he­lenístico del romano en estos ca­sos.