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martes, 13 de agosto de 2013

El arte etrusco.

El arte etrusco.

Introducción.

Mapa de Etruria con sus ciudades.

Los etruscos estaban asentados en la región de Etruria (actual Toscana), en la parte superior de la Italia central. Su civilización nace en el siglo IX aC a partir de una civilización lacustre, la llñamada cultura Villanoviense, llegada a Italia hacia los siglos XII-IX aC, que se asentaba sobre una región entonces dominada por los pantanos y las charcas, y muchos de sus  poblados se sitúan sobre palafitos (cabañas sobre pilones) en los lagos o en cerros elevados para una mejor defensa. Se reconoce este origen en que las primeras esculturas que produce imitan las formas de sus casas, así como el poblado entero reproduce el Universo concéntrico. Los villanovienses tenían ya una cultura del hierro, 
A este fundamento itálico se añadió el aporte de uno o varios pueblos marítimos venidos de Asia Menor, con una cultura oriental aunque ya influidos por el contacto con la Grecia arcaica. En este sentido, algunos historiadores han asociado la historia del héroe troyano Eneas, huido a la caída de Troya, y antepasado de Rómulo y Remo, fundadores de Roma, con una leyenda etrusca sobre la llegada a Etruria de pueblos de Asia Menor. En la Antigüedad el historiador Heródoto preconizó este origen histórico como un mito de la emigración masiva de un pueblo tirreno desde la península de Anatolia en Asia Menor hasta la península itálica. Ciertamente hay pruebas de un origen anatolio: trazas de ADN de los pobladores toscanos actuales y de los restos de cementerios etruscos son análogas a las de habitantes de Anatolia, el idioma etrusco tiene muchas similitudes con uno anatolio, e incluso las famosas vacas toscanas tienen origen allí.
Lo más probable es que sobre una base social mayoritariamente itálica se superpusiera la inmigración de una élite militar y cultural procedente del Asia Menor, que se fusionara al poco tiempo con la población anterior.

Traslación del alfabeto etrusco al latino.

En todo caso, la fusión de estos diversos elementos culturales produciría una cultura homogénea y muy potente desde del 700 ac, próspera por las minas de hierro y cobre, la agricultura y el comercio marítimo. Tenían una lengua oriental de alfabeto griego; es poco conocida todavía, por la escasez de fuentes. Su religión era oriental, aunque con muchas aportaciones griegas. Es un pueblo que rinde culto especial a los muertos, que “vivían” en cuerpo y alma en las sepulturas, por lo que se decoran con esculturas y frescos, al tiempo que su arquitectura es muy planificada y funcional.
En los siglos VII y VI fueron la potencia dominante en Italia y en mar del norte del Mediterráneo occidental, pero en el siglo V perdieron el dominio del mar y comenzó su decadencia, siendo lentamente sometidos por los romanos, quienes comenzaron primero como una colonia etrusca, independiente en 504 ac, para finalmente vencer en el siglo III. La cultura etrusca determinará de un modo decisivo varios de los caracteres singulares de la romana.

Características generales del arte etrusco.
Los períodos del arte erusco son principalmente dos, en paralelo a los griegos: el arcaico y el clásico.
La aparición de la civilización etrusca coincide con el período Geométrico griego, tanto en Grecia como en el sur de Italia, que le transmite su cultura a través del comercio marítimo, y Etruria imita pronto sus formas escultóricas, vasijas, adornos, e incluso parte del lenguaje decorativo.
El arte etrusco revela su relación también con el arte de Egipto y Asia Menor, y también muestra elementos itálicos, amén de reflejar de forma distintiva creencias religiosas etruscas. La mayoría de los conocimientos actuales proceden de tumbas, que decoraron con paneles funerarios, frescos mortuorios que seguían el estilo griego, aunque los temas eran interpretados desde el punto de vista etrusco, como en el fresco que representa a unas Amazonas luchando con un griego.
La influencia del arte etrusco sobre los romanos fue evidente desde el siglo VI aC hasta la preeminencia de los estilos griegos en el siglo III aC.
Su importancia para la formación de la cultura romana estriba en que le transmitió ritos religiosos y funerarios, el culto a los familiares, el alfabeto y el lenguaje, unas técnicas artísticas e iconografías inexistentes en Grecia, como el arco y la boveda, o el retrato político o familiar en bronce y mármol.

La arquitectura etrusca.
Los etruscos utilizaron dos elementos arquitectónicos, el arco y la bóveda, que pasaron a los romanos.
Su principal aportación en arquitectura es el empleo del arco, que, si bien parece ser que habían importado de las viejas culturas mesopotámicas, los etruscos desarrollarán hasta transmitirlo técnicamente perfecto a los romanos. Podemos seguir su evolución, desde el falso arco de las tumbas, realizado por simple adición de hiladas horizontales (semejante a la Tumba de Atreo de Micenas) hasta el verdadero arco de la Porta Augusta de Perugia, construido con dovelas (talladas en cuña y dirigidas hacia el centro de la apertura), que ya se sostiene sobre sí mismo. Cabe añadir que el arco verdadero era conocido (aunque apenas usado) por los egipcios, mesopotámicos y griegos, pero son los etruscos los primeros en integrarlo en el vocabulario de una arquitectura monumental, asociado a los órdenes. Del arco derivan la bóveda de cañón al prolongarlo en sentido longitudinal, y la cúpula al desarrollarlo en un giro completo. También crean la columna toscana, de basa simple, fuste liso y capitel dórico.
No quedan restos de los palacios etruscos, edificios públicos ni de los primeros templos, todos construidos en madera y ladrillo.
Si el templo griego se construía según un eje simétrico de orientación este-oeste sobre un terraplén bajo, al que se podía entrar desde una columnata en los cuatro lados, en cambio un templo etrusco, para satisfacer sus propios requisitos religiosos, se situaba según un eje simétrico de orientación norte-sur y sobre un podio alto, con un pórtico de cuatro columnas, enfrente de las tres puertas que conducían a tres habitaciones paralelas para los tres dioses principales etruscos.
Los templos etruscos, de los que no queda ningún ejemplo entero (eran de madera, salvo los cimientos de piedra), pero sí reproducciones de la época en terracota, están muy emparentados con los templos griegos (de hecho la mayoría de los dioses son los mismos en ambas civilizaciones) con su planta rectangular y las tres partes principales del alzado, y se caracterizan por estar elevados sobre un podio, tener una sola escalera de acceso situada en la fachada principal (siempre dirigida al sur), usar la columna toscana para el pórtico de dos hileras de cuatro columnas cada una, cerrar  la cella totalmente a los lados y en la parte trasera. La cella estaba dividida en tres partes (para los tres dioses principales, los antecesores de los romanos Juno, Júpiter y Minerva). No había esculturas en piedra en las fachadas (no hay frisos ni frontones esculpidos) pero desde el siglo IV se contaba con una decoración escultórica muy abundante en la parte superior, con placas de terracota. Había variaciones sobre este modelo ideal, por ejemplo el templo de Apolo (Apulu en etrusco) de Veies, que tiene una estructura similar a los templos griegos del periodo clásico, con decoración escultórica (siempre en terracota) en el frontón. Estas particularidades pasarán a los romanos (aunque estos variarán sensiblemente el último rasgo al disponer una columnata pseudoperíptera, con las columnas encajadas parcialmente en el muro de la cella).

Los templos romanos siguieron el modelo desarrollado por los etruscos.

Las primeras ciudades etruscas son poblaciones agrícolas, desarrolladas de modo irregular sobre colinas, pero cuando h. el siglo VI ocupan parte del litoral del sur de Italia, en la Campania, podrán realizar fundaciones de nueva planta, siguiendo un modelo regular, ortogonal, el de los campamentos etruscos, que la mayoría de los historiadores consideran el antecedente directo de los castra romanos (apenas habría variaciones entre ambos). A partir de entonces la mayoría de las ciudades etruscas se construían en forma cuadrangular, con fortificaciones, rodeadas por muros reforzados por puertas dobles y torres. El muro que rodeaba la primera ciudad de Roma, según se dice construido durante la época del rey Servio Tulio (reinó entre el 578 aC y el 534 aC), era de construcción etrusca, y ya se usaron el arco y la bóveda en construcciones monumentales como la Cloaca Máxima de Roma.

Arco etrusco en la entrada de las murallas de Perugia.

Fragmento del arco etrusco en la entrada de las murallas de Perugia.
Las murallas y las torres etruscas son de gran solidez (firmitas) y funcionalidad (utilitas), pero tenemos sólo algunos ejemplos bien conservados (p.e. la Porta Augusta de Perugia o la puerta de Caere). Desarrollaron la cloaca (una construcción abovedada) así como el sistema de alcantarillado. La vivienda etrusca se centraba en el atrio o sala central (abierta en la parte superior). Estos modelos fueron adoptados por los romanos.

No se han encontrado restos de casas etruscas, pero el interior de las tumbas y las urnas funerarias en forma de casa, sugieren que tenían tejados planos o de dos aguas, de teja y de una a tres habitaciones. Las muestras más tardías tenían un atrio, con tejado abierto sobre un estanque para el agua de lluvia, y una logia (un esquema continuado por los romanos). Los etruscos también construyeron acueductos, puentes y alcantarillas.

Zona de tumbas en Tarquinia.
Interior de tumba en Tarquinia.

Fuera de las ciudades existían cementerios con las tumbas organizadas como una colmena (verdaderas ciudades de los muertos, con calles y tumbas-vivienda) en lo que se advierte la influencia egipcia (lo mismo ocurrió en la civilización micénica). Las tumbas familiares eran hipogeos, construidos pues bajo tierra, cubiertos con grandes bóvedas o cúpulas de piedras superpuestas cubiertas por túmulos cónicos de tierra.
Las tumbas más tardías,desde el 700 aC, imitaron en piedra los interiores de las viviendas, con varias habitaciones.

La escultura.
Los etruscos, como la mayoría de los pueblos antiguos, no estimaban el arte por sí mismo, sino que construían objetos por razones utilitarias o religiosas. Es más, el arte etrusco, aunque compartía características generales, se diferencia claramente de una ciudad a otra, reflejando la independencia política de cada una.
El culto a los muertos les lleva a modelar las efigies de los difuntos que reposan semiacostados sobre los sarcófagos unas veces, y que otras son la tapa de unos recipientes llamados canopes (urnas cinerarias). En todos los casos la sensación de verismo de las cabezas es extraordinaria, dándonos la impresión de que son perfectos retratos. Por primera vez en la cuenca mediterránea aparece el retrato como realidad artística, y este sentido del retrato real, no idealizado, pervivirá no solo en la cultura romana antigua sino en toda la cultura mediterránea hasta nuestros días. El material más utilizado es la terracota (sobre todo en la obra religiosa y funeraria), seguido por el bronce y sólo algunas veces la piedra.

El matrimonio yacente de Caere o Cerveteri (c. 520-500 aC).

Las obras etruscas más famosas son casi todas de terracota o arcilla cocida, y esto incluye esculturas en tapas de sarcófagos, como el Sarcófago de los esposos de Caere, del siglo VI aC, actualmente en la Villa Giulia, en Roma, que se halló en Caere (Cerveteri), y que representa un matrimonio recostado sobre el kline (lecho, de lo que deriva triclinium), en una cena funeraria, con las manos tendidas (antes sostenían unas copas de libación), los vestidos y el peinado muy detallistas, el rostro algo idealizado (ojos almendrados y rasgados al estilo oriental) pero con rasgos realistas en el bozo del cuello o la barba. Hoy se han perdido los vivos colores que antes reforzaban la sensación de realismo. Hay destacadas obras en los templos, como revestimientos para proteger la madera, los tejados y las esculturas frontales. Los artistas de Vulci sobresalieron esculpiendo imágenes de nenfro, una piedra caliza local, de la cual son representativas las esfinges y el León Alado de Roma.

Los etruscos eran asimismo excepcionales broncistas, alcanzando su cima entre los siglos V y IV.

La Quimera de Arezzo (siglos V-IV aC, hoy en el Museo Arqueológico de Florencia) es una muestra excelente de la escultura zoomórfica en bronce. Representa un monstruo, medio león, medio quimera con su cola de serpiente, y aúna el realismo con la fantasía idealista.

La Loba Capitolina (c. 500 aC, Museo Capitolino de Roma) fundida en bronce, símbolo de Roma (la loba es su animal totémico), puede entenderse como el símbolo del traspaso de cultura que Etruria hizo a Roma. Los niños Rómulo y Remo son un añadido renacentista. Hoy se discute si la Loba Capitolina es etrusca, lo más probable, o medieval, a lo que apunta un estudio reciente.



Guerrero etrusco, probablemente de siglo V aC.


Retrato de un muchacho (c. 300 aC), en el Museo Arqueológico de Florencia, es un bronce de notable realismo.

Mujer etrusca. Siglo II aC.

La estatua de tamaño natural del orador Aulo Metelo, conocida como el Arringatore (siglo I aC, Museo Arqueológico de Florencia), figura como una de las estatuas de bronce más admirables de su época, y es considerada una de las más influyentes en la estatuaria romana posterior, que prosigue su modelo para las figuras de oradores.

La pintura.
Se decoran las tumbas con alegres frescos de fino trazo y exquisito colorido, en los que se representan escenas fwlices de la vida cotidiana. En estas pinturas que poseen la frescura y la gracia de la pintura griega, sin embargo apuntan ya unas genuinas características, como son la caracterización de los tipos, la atención al retrato, el gusto por el paisaje. Hay mucha semejanza con los frescos minoicos. 
Las pinturas etruscas que nos han llegado consisten principalmente en frescos sobre paredes de piedra y sobre techos de tumbas, en particular en las de Tarquinii (Tarquinia) y en los alrededores de Clusium (Chiusi). También existen algunas placas pintadas. Las figuras son estilizadas, pesadas y frecuentemente perfiladas en negro. La mayoría de los frescos de Tarquinia son descripciones realistas de los juegos, bailes, música y banquetes que acompañaban a los funerales etruscos, como los de la tumba llamada de los Augures (520-510 aC);  y los que aparecen en la denominada tumba de Triclinio (480-470 aC), Otras obras destacables son la Tumba de la caza y la pesca de Tarquinia (c. 520 ac), con su paisaje marítimo, con aves y delfines, pescadores y un cazador, y  la Tumba de las Leonas de Tarquinia (c 470 ac), con su pareja de bailarines y el flautista..
Las escenas sangrientas de guerra son habituales, como en la tumba François (finales del siglo IV aC) en Vulci (cerca de Tarquinia), y también aparecen demonios espantosos de la tierra de la muerte, como en la tumba del Ogro (siglo II aC) en Tarquinia.

La pintura del periodo arcaico.
La pintura etrusca nace en el tercer tercio del siglo VII aC por influencia de los griegos y los fenicios. Los temas que cultivaron en el primer momento fueron las escenas del Hades, que es el infierno subterráneo de los griegos; y el viaje a las Islas Afortunadas, que se supone representan el paraíso etrusco, una iconografía que transfirieron a Grecia durante el  periodo clásico. Las pinturas, pues, aparecen siempre en el ámbito de lo funerario, puesto que la  cerámica pintada la importaban directamente de Grecia y apenas hubo producción local. Se adoptaron iconografías de los dioses griegos a los dioses etruscos, que incluso se apropiaron algunas de sus historias. En las tumbas etruscas excavadas se han encontrado escenas de pocas figuras, frecuentemente aisladas, en especial cuando se trata de animales apotropaikos o protectores. A estos animales se añade una clase inexistente en Grecia, el animal psicopompo o “portador de almas”, para llevarlas al Más Allá. El animal psicopompo por excelencia es el caballo.
La pintura etrusca vivió una intensa helenización durante el periodo 550 al 500 aC: los persas invadieron las colonias griegas en el Próximo Oriente, lo que motivó a muchos artistas jonios a exiliarse huyendo de la persecución. Algunos se establecieron en Etruria, puesto que Grecia poseía excelentes artistas y la competencia en Etruria era menor. Los principales centros artísticos entonces fueron Tarquinia y Veyes. Los temas preferidos por los etruscos eran los funerarios. Los ritos de fecundidad y las escenas eróticas se asociaban a la resurrección. La simbología de la fecundidad se basaba en ciertos elementos, como los toros, emblema de la potencia sexual, y las granadas, que significan la fertilidad. Otros ritos funerarios de frecuente aparición eran los cortejos funerarios. La muerte de un personaje significativo en la comunidad representaba un gran jolgorio general, con la celebración de festejos que podían durar varios días, puesto que se consideraba que el muerto alcanzaba la dignidad de un semi-dios familiar, idea que transmitieron a los romanos.

 
Tumba de los Augures, en Tarquinia (520-510 aC).

En el siglo VI aC estamos en la época de mayor esplendor de la pintura en Tarquinia. Destacan sobre todo las escenas de temática fúnebre, como esta escena, donde se representan dos figuras masculinas que se despiden dirigiéndose a una puerta, que representa el más allá al que ha ido a parar el difunto. Se cree, por las características de estas pinturas, que los aristas pudieron ser jónicos, aunque no por ello dejamos de ver en ellas la huella del arte etrusco.

Fresco de la Tumba de los Leopardos, Tarquinia (480-470 aC).


Fragmento del fresco de la Tumba de los Leopardos, Tarquinia (480-470 aC).

Los festejos fúnebres consistían en fiestas variadas durante las cuales se incineraba el cadáver en una pira, y se reservaba un sitial vacío al muerto, cuya alma presidía todo el ritual. Había un gran banquete, seguido de una borrachera general tras la cual tenían lugar diversas atracciones: bailes, competiciones de atletismo, circo, sacrificios de animales para leer los augurios en sus entrañas, luchas de fieras y cacerías, en las cuales se destacaba la del oso, por su significado trascendental: la sangre regaba el suelo y alimentaba a los espíritus que habitan en él. Estas complejísimas escenas se reproducían en la pintura, que empleaba además proporciones jerárquicas para los diversos personajes que aparecían en ellas. Pero el desarrollo de una cultura propia etrusca se vio truncado por ciertos acontecimientos relativos al Mediterráneo en general, que condicionaron el arte del período clásico.

La pintura del periodo clásico.
Cuando las guerras del Peloponeso se desataron en Grecia en el último tercio del siglo V aC, las diferentes metrópolis gregas implicaron en la lucha a sus colonias en el sur de Italia, e indirectamente afectaron a las ciudades etruscas que comerciaban e intercambiaban obras de arte con estas colonias. Resultó un sorpresivo hundimiento económico y cultural, que se reflejó en un cambio del gusto artístico.
De esta época se conserva la llamada Tumba de los Demonios Azules, en Tarquinia, que introduce una iconografía nueva, como es la barca de Caronte, que cruza la laguna Estigia a las almas de los difuntos.

Amazonas luchando con un Griego (siglo IV aC). Fresco. Museo Arqueológico de Florencia.

Esta imagen del período arcaico tardío pertenece a un sarcófago hallado en la antigua colonia griega de Tarquinia, en el sur de Italia. Por su ubicación se enmarca dentro del área cultural del arte etrusco, pero su estilo maduro hace pensar que no se deba a un artista etrusco, sino griego. Pudo haber sido realizado fuera de Etruria y vendido allí, o bien pudo ser obra de un pintor griego afincado en Tarquinia o sus alrededores. Está pintado a imitación de un relieve de adorno de un templo o un altar: las figuras se disponen a modo de friso y se prescinde de ciertos recursos típicamente pictóricos (alusión a la profundidad, el volumen, etc.). Sorprende el hecho de que aparezcan pigmentos azules, poco frecuentes en la pintura griega. Por contra, las figuras femeninas no están sombreadas, lo cual es un rasgo indudablemente griego y no etrusco o romano. Además, la línea de contorno tiene primacía sobre el color, y aparece un ligero sombreado en el hombre y el resto de los objetos, meramente decorativo.

Una consecuencia de la Guerra del Peloponeso fue el enfrentamiento de potencias aliadas. Así, Tarquinia se enfrentó a la Roma republicana, con grandes daños para ambas, por lo que se firmó una tregua de 30 años, lo que permitió una cierta recuperación artística: se incorporan nuevas imágenes del Hades, como el banquete de Plutón, y se añaden ciclos políticos alusivos a las batallas con Roma.
Además, se comienza el retrato funerario, que se diferencia del griego en que éste es un retrato moral y el etrusco es fisonómico, de un realismo excepcional que de inmediato también adoptó el arte romano.

Tras la tregua, la guerra continuó, esta vez desequilibrada hacia el lado romano: Tarquinia terminó rindiéndose, señalando el final de la independencia de Etruria y su integración cultural en la dominante civilización romana en los siglos II-I aC, ya marcados por el dominante influjo cultural del helenismo.

Artes decorativas.
La orfebrería y la cerámica imitaron la tipología y la decoración de los modelos griegos, importados en grandes cantidades, sobre todo la cerámica pintada griega.
También desarrollaron una loza pulida y característica, el bucchero nero, vasos áticos con figuras negras, con adornos grabados o en relieve.

Juego de joyas del siglo V aC.
Eran excelentes artesanos de la orfebrería, en la que desarrollaron la técnica de granulado del oro, que sólo fue posible reproducir en talleres de joyeros de mediados del siglo XX. Destacan los abundantes espejos de bronce, con espléndidos  relieves.

Fuentes.
Internet.
[http://es.wikipedia.org/wiki/Arte_etrusco]
Enciclopedia Encarta de Microsoft.
Exposiciones.
*<Príncipes etruscos. Entre Oriente y Occidente>. Barcelona. Caixafòrum (31 enero-4 mayo 2008). 170 obras. Comisaria: Anna Maura Sommella. Reseña de Antón, Jacinto. Etruscos, del enigma a la paridad. “El País” (31-I-2008) 46.
*<Les Étrusques et la Mediterranée. La Cité de Cerveteri>. Lens. Louvre (5 diciembre 2013-10 marzo 2014). Hermoso, Borja. Los etruscos conquistan el Louvre. “El País” (5-XII-2013) 40.

*<Etrusques, un hymne à la vie>. París. Musée Maillol (18 septiembre 2013-9 febrero 2014).

Libros.
Bianchi-Bandinelli, Ranuccio; Giuliano, Antonio. Los etruscos y la Italia anterior a Roma. Desde la Prehistoria a la Guerra Social. Trad. de José Antonio Míguez. Col. Universo de las Formas. Aguilar. Madrid. 1974 (1ª español 1965). 436 pp.
Lara Peinado, Federico. Los etruscos. Pórtico de la historia de Roma. Cátedra. Madrid. 2007. 526 pp.
Staccioli, Romolo A. Cómo reconocer el arte etrusco. Médica y Técnica. Barcelona. 1980. 63 pp.

Artículos. Orden cronológico.
Pudelko, Georges. L’art etrusque. “Documents”, 4 (1930) 222-225. Texto en 223.
Pasquier, Alain. Les étrusques et l'Europe. “CdA”, 487 (IX-1992) 124-133.
Altares, Guillermo. La larga noche de verano de los etruscos. “El País” Semanal 1.950 (9-II-2014) 48-54. Reportaje sobre el pueblo etrusco, nuevamente de moda entre el público. Los últimos descubrimientos refuerzan las teorías de que tuvieron un origen, al menos parcial, en Asia Menor.