El blog trata temas de Historia del Arte y Arquitectura, para un uso pedagógico o divulgativo. Muchos artistas están en el blog Mirador por su relación con Joan Miró. El uso de textos y enlaces, imágenes y grabaciones, no tiene intención comercial y las reclamaciones se atenderían de inmediato. Google ha insertado cookies y se da aviso, según la normativa.
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El neoimpresionismo aparece en 1886, cuando Seurat obtuvo un triunfo inmenso en la octava exposición, con Una tarde de domingo en la Grand-Jatte, en la que las formas y los colores son representados mediante la técnica puntillista o divisionista: pequeños puntos de color que construyen la percepción de nuestra visión real (tal como la teoría de los colores defendía entonces). Para Keller, el neoimpresionismo era una prolongación directa del Impresionismo, del cual tomaba los principios, pero llevándolos a la última consecuencia.
Seurat, así, se caracteriza por intentar la conciliación del arte y de la ciencia, aparentemente divergentes. Las críticas a su pintura no podían ocultar que había conseguido concentrar en ella la atención del público y la crítica. Pero el puntillismo (o divisionismo) tenía unos límites muy claros, por lo que pronto fue abandonado (Pissarro, en 1890, vuelve a su estilo anterior) o superado, siendo el estilo determinante en la evolución de Henri Matisse, pues lo cultivó en 1904 en una estancia pictórica en el sur de Francia junto a los puntillistas Signac —que utiliza pinceladas más amplias— y Cross, pasando de inmediato hacia el fauvismo (los fauves fueron influidos por el puntillismo a través de Matisse). Otros que habían practicado temporalmente el puntillismo fueron Gauguin en 1886, Lautrec en 1887 y Van Gogh en casi todo su periodo parisino (1886-1888). Los futuristas Giacomo Balla y Gino Severini también fueron influidos por las teorías de Seurat, durante su estancia en París en los primeros años del siglo XX.
Miró
y los neoimpresionistas.*
Los neompresionistas
—también han sido llamados “postrimpresionistas científicos”, divisionistas o puntillistas—
más importantes son Seurat y Signac, junto a un artista relativamente menor, Cross.
El término mismo de “neoimpresionismo” está
sometido a debate, porque el impresionismo era espontáneo e intuitivo, mientras
que Seurat y sus seguidores son reflexivos y minuciosos, por lo que bastantes autores
desestiman considerarlo un movimiento y prefieren verlo como una técnica,
denominada “puntillismo” y los más científicos “divisionismo”; otros, en su época
y con ánimo peyorativo, el de “confettismo”; y algunos todavía usan “postimpresionismo”
o “posimpresionismo”. Horst Keller
[Miroir de l’Impressionisme. 1980: introd.] ve en el neoimpresionismo una
prolongación directa del impresionismo, del cual toma los principios, pero
llevándolos a la última consecuencia.
Los neoimpresionistas
tienen tres ideas básicas:
- Intentan conciliar
el arte y la ciencia, aparentemente divergentes, para dar una base científica al
método intuitivo de los impresionistas, fundada en la ley de los “contrastes simultáneos
de los colores” de Chevreul, que plasman en una técnica puntillista (aplicación
de puntos de color) o divisionista (división de los colores en sus elementos),
que aplica pequeños puntos (como las teselas de un mosaico) o manchas multicolores
cuidadosamente yuxtapuestos que construyen la percepción de nuestra visión real,
lo que los diferenciaba de los impresionistas, que utilizaban pinceladas más largas
de colores puros. Miró aplicará este criterio neoimpresionistas en algunas obras
iniciales y la integra y supera hasta llegar a los personajes construidos con un
damero colorista de su estilo de madurez, combinando los colores de acuerdo a
pautas muy medidas.
- Conceder un valor
expresivo a las líneas básicas de composición, que expresarían una diversidad
de estados de ánimo. Es un factor psicológico de interpretación y desarrollo del
cuadro, que se emparenta con la poética expresionista y abstracta, y que podría
influir decisivamente en Kandinsky, y, a través de este, en Miró.
- Superar la pintura
au plein air de los impresionistas, para volver al método tradicional de
esbozar unos dibujos previos al natural para pintar luego en el estudio. Es la
técnica que Miró empleará toda su vida.
Las críticas de frialdad
a la pintura neompresionista no podían ocultar que había conseguido concentrar en
ella la atención del público y la crítica, pero el puntillismo tenía unos límites
estrechos, por lo que pronto fue abandonado o superado: Camille Pissarro lo practica
unos años hasta que en 1890 vuelve a su estilo anterior; otros lo experimentan
más brevemente, como Gauguin en 1886, Toulouse-Lautrec en 1887 y Van Gogh en
casi toda su época parisina (1886-1888); es el estilo determinante en la evolución
de Henri Matisse, pues lo cultivó en 1904 en una estancia pictórica en el sur
de Francia junto a Signac y Cross, para pasar de inmediato hacia el fauvismo (parece
que los fauvistas fueron a su vez influidos por el puntillismo a través de Matisse).
También fueron influidos por las teorías del puntillismo de Seurat, durante sus
estancias en París o la visión de sus obras, en los primeros años del siglo XX,
los fauvistas y luego independientes Derain y Robert Delaunay, los futuristas
Giacomo Balla y Gino Severini, los expresionistas Kandinsky y Kirchner... Y Miró,
aunque el influjo puntillista le pudo llegar indirectamente, pues admiraba sobremanera
a Kandinsky y conocía personalmente a los Delaunay y la obra de Derain.
Greene (2017) resume: ‹‹Los neoimpresionistas entraron en escena
como grupo en 1886, en la octava (y última) Exposición Impresionista de París,
encabezados por Georges Seurat; aquel mismo año, Félix Fénéon, crítico y
defensor de estos artistas, acuñó el término “Neoimpresionismo” en una reseña.
Cuando Seurat falleció prematuramente, Paul Signac le sucedió como líder y
teórico del movimiento. Durante algunos años, también se unieron a los
principales artistas del Neoimpresionismo —Henri-Edmond Cross, Maximilien Luce,
Seurat y Signac— Camille Pissarro, que había sido anteriormente impresionista,
y otros autores con intereses similares procedentes de países cercanos, como el
pintor belga Théo van Rysselberghe.
Ala hora de crear efectos ópticos en sus
lienzos puntillistas, estos vanguardistas pintores se inspiraron en las teorías
del color y la percepción, y en los métodos ópticos y cromáticos desarrollados
por científicos de la época, como el químico francés Michel-Eugène Chevreul y
el físico estadounidense Ogden Rood. Esta moderna y revolucionaria técnica
pictórica se basaba en la yuxtaposición de pinceladas de pigmento, que
conseguía generar la apariencia de un solo tono de gran intensidad. La
combinación de colores complementarios y formas delicadas permitió a los
neoimpresionistas crear composiciones formalmente unificadas. La representación
del efecto que la luz ejercía sobre el color al refractarse sobre el agua, al
filtrarse en determinadas condiciones atmosféricas o al reverberar y propagarse
por los campos fue una preocupación constante en su trabajo.
La mayoría de los
neoimpresionistas compartían la ideología política de izquierdas, como puede
observarse, por ejemplo, en la manera en que Pissarro y Luce retrataron a las
clases trabajadoras. Las visiones idealizadas del anarcosocialismo y del
anarcocomunismo también se plasmaron en las escenas utópicas que los
neoimpresionistas representaban frecuentemente en sus trabajos, y que solían
aunar contenido ideológico y teoría técnica. Pero incluso cuando no les guiaba
un objetivo político, las brillantes interpretaciones que los neoimpresionistas
hacían de la ciudad, las zonas de extrarradio, el mar o el campo reflejan
lugares llenos de armonía.›› [Greene. *<París, fin de siglo. Signac, Redon,
Toulouse-Lautrec y sus contemporáneos>. Bilbao. Museo Guggenheim (2017).]
El pintor francés Georges Seurat (París, 2-XII-1859 a 29-III-1891), formado en la École des Beaux-Arts, estudió a los clásicos del Quattrocento, Ingres, Delacroix, Puvis de Chavannes, la escuela de Barbizon... Tomó del impresionismo desde 1883 la pintura al aire libre, los temas modernos y el paisaje.
Sus estudios, inspirados en Chevreul, sobre el color y la composición como estructura y comunicación, buscaban dar al arte un estatus científico, con experimentos ópticos y geométricos; y, en sus últimos años, se concentró en los aspectos emocionales del color.
Las formas y los colores son representados mediante la técnica puntillista (aplicación de puntos) o divisionista (división de los colores en sus elementos): aplica pequeños puntos de color que construyen la percepción de nuestra visión real (tal como la teoría de los colores defendía entonces).
Bañistas de Asnières (1884). Obsérvese la deformación de las columnas vertebrales de los dos muchachos en segundo plano, un ejemplo de la soterrada crítica social que Seurat introducía en sus obras.
Una tarde de domingo en la Grand-Jatte (1886). Obsérvese la selección simbólica de colores: la blanca pureza de la niña en el centro, los colores rosado y azul de los sueños de las adolescentes y mujeres a su alrededor, el uso metafórico de los animales (el mono infiel y el perro fiel que huye), la composición en las tres parejas dispuestas en la primera diagonal izquierda que sugiere la evolución desde la niña pura a la adolescente soñadora y la joven mantenida en primer plano.
Su primera obra maestra es Bañistas de Asnières (1884) aunque el neoimpresionismo sólo lo aplicó radicalmente desde 1886, con Una tarde de domingo en la Grand-Jatte, que obtuvo un triunfo inmenso. Celebró una exposición individual en París (1888), dos póstumas en Bruselas y París (1892) y una antológica en París (1905). Falleció de improviso, por difteria.
Sus ideas fueron difundidas por Signac en De Delacroix au Neoimpressionisme (París. 1899) e influirán en el cubismo y el futurismo.
Georges Seurat se forma en el clasicismo de los pintores italianos del Quattrocento, Ingres, Delacroix, Puvis, la escuela de Barbizon... y en el impresionismo (1883), del que toma la pintura al aire libre, los temas modernos y el paisaje. En su obra maestra, Una tarde de domingo en la Grand-Jatte, las formas y los colores son representados mediante la técnica puntillista; una obra que Miró admiró cuando visitó Chicago en el otoño de 1965: ‹‹[Kandinsky residió] en el lugar mismo en que Seurat se inspiró para una obra maestra que acabo de ver en Chicago.›› [Carta de Miró a Nina Kandinsky (19-I-1966). cit. Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 273. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 293. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 361.]
El joven Miró se interesó por sus teorías y obras y en 1923 le comentó en una carta a Cassanyes que admiraba en la disposición de las figuras de Seurat y Derain la misma dignidad y ley de equilibrio que las columnas de un templo griego. [Comentario extraído de una carta de M.A. Cassanyes a Miró, en Mont-roig. Sitges (7-XII-1923) FPJM.] Que este interés continuó lo probaría que Miró tenía en su biblioteca personal la monografía de Germain Seligman, The drawings of Georges Seurat. Aplicó en algunas pinturas la técnica del divisionismo y su descripción detallada de los objetos, así como el modo en que Seurat aplicaba las teorías de Blanc y Chevreul de los colores primarios y secundarios. Probablemente estudió su pintura inconclusa El circo (1891) [Óleo sobre tela. Col. Musée d’Orsay. [Tazartes; et al. Los impresionistas y los creadores de la pintura moderna. Rousseau - Gauguin - Van Gogh - Seurat. 2000: 249.], comprado por Signac y que Miró contemplaría en París, para inspirarse en su propia serie de El circo (1925-1927), con su escena, el caballo, la acróbata voladora, los espectadores, el lazo del látigo... En cambio, debió rechazar el severo control científico con que Seurat establecía la composición y el colorido, pues le parecería muy frío.
El artista francés Paul Signac (París, 11-XI-1863 a15-IV-1935) después de sus inicios impresionistas, en 1884 funda el Salon des Indépendants (que presidirá durante muchos años), junto a Cross y Signac, con los que configura el neoimpresionismo, dedicándose sobre todo a la pintura de paisajes urbanos y, sobre todo, las acuarelas de temas marinos con puertos. Destaca su libroDe Eugène Delacroix al neoimpresionismo.
Su obra fue conocida por Miró en los años 10 y podemos reconocer la afinidad de sus pinceladas (más amplias que las de Seurat) puntillistas con las de los paisajes mironianos de 1917-1918.
El mayor de edad del grupo neoimpresionista es Henri-Edmond Cross (1856-1910), que cultiva unas acuarelas de trazo rápido pero meditada composición que Miró conocería en las exposiciones barcelonesas; algunas de sus obras, como Las Islas de Oro (s/f, MNAM de París), muestran despojados paisajes que semejan románticos por mostrar la infinitud mediante el recurso al vacío y son afines a algunos de Urgell y Miró.
Apunto además que un autor (y artista menor) de apellido homónimo, Charles Cross, despertará el interés de Miró hacia 1930, por su recapitulación de las teorías científicas del colorido mediante el puntillismo y la construcción del espacio, que podían servirle en esta época para sus experiencias de obras abstractas geométricas. [Miró. Apunte en hoja por las dos caras. Hacia 1930-1931. Col. FJM doc. 1463a 1463.]
*<Le Néo-impréssionisme,
de Seurat à Paul Klee>. París. Musée d’Orsay (15 marzo-10 julio 2005).
120 obras. Cat. 432 pp. 200 ilus. Reseñas de Goetz, André. Points de recontre.
“Beaux Arts”, 249 (III-2005) 58-59. / Martí, Octavi. París reivindica el puntillismo.
“El País” (28-III-2005) 36. / Maldonado, Guitemie. Les néoimpressionistes,
aux temps d’harmonie. “Connaissance des Arts”, 626 (IV-2005) 92-98.
*<Neoimpresionismo,
eclosión de la modernidad>. Madrid. Fundación Mapfre (18 abril-10 junio
2007). 75 obras de Seurat (seis), Pissarro, Henri-Edmond Cross, Théo van
Rysselberghe, Jan Toorop…; y su influencia en Dalí, Juan Gris, Heckel,
Kandinsky, Klee, Picasso, Bridget Riley, Russolo, Schmidt-Rottluff, Severini…
Comisarios: Serge Lemoine, Josep Casamartina. Entrevista de Segurola, Santiago.
Serge Lemoine / Director del Musée d’Orsay.
“No se entiende a Picasso sin el neoimpresionismo”. “El País” (17-IV-2007)
48. / Maderuelo, Javier. El color de la
luz. “El País”, Babelia 807 (12-V-2007) 19.
Libros.
Tazartes, Maurizia; et al. Los impresionistas y los creadores de la pintura moderna. Rousseau - Gauguin - Van Gogh - Seurat. Ed. Carroggio. Barcelona. 2000. 296 pp. Textos de Maurizia Tazartes, Anna Maria Damigella, Ronald de Leeuw. Rousseau (5-63), Gauguin (65-127), Van Gogh (129-197), Seurat (199-251).
El artista posimpresionista francés Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901).
Henri-Marie-Raymod de Toulouse-Lautrec-Monfa (Albi, 24-XI-1864-Malromé, 9-IX-1901). Pintor francés de origen aristocrático, como hijo de los condes de Toulouse, de niño padeció dos caídas que reducirán su crecimiento, lo que marcará toda su vida, dominada por los excesos con la bebida, la necesidad de ser amado y la pulsión de ser un artista importante.
Toulouse-Lautrec. Monsieur Boileau (1893).
Toulouse-Lautrec. Baile en el Moulin Rouge.
Toulouse-Lautrec. Carmen Gaudin en el jardín de M. Foret (1887).
Desde 1882 se dedica a la pintura de temas urbanos de carreras de caballos, escenas de circo, interiores de cafés y burdeles... destacando sus interiores del cabaret Moulin Rouge, algunos de ellos utilizados como carteles. Colabora con los nabis y Jarry en la “Revue Blanche”.
Tiene un estilo muy personal, heredero de varias influencias: el impresionismo de Degas, el neoimpresionismo de Signac, el expresionismo de Van Gogh... y le caracteriza un dibujo muy expresivo de líneas enérgicas, rotas y sencillas, con grandes manchas de color aplicado en superficies planas, con las que obtiene notables efectos de luz y movimiento, y además muestra una excepcional capacidad de síntesis en los elementos.
<Toulouse-Lautrec>. Madrid
(1991). Julio Ollero ed. Cat. Texto de Claire Frèches-Thory.
*<París, fin de siglo. Signac,
Redon, Toulouse-Lautrec y sus contemporáneos>. Bilbao. Museo Guggenheim
(12 mayo-17 septiembre 2017). 125 obras del neoimpresinismo, el simbolismo y
los nabis. Comisaria: Vivien Greene. [https://parisfindesiecle.guggenheim-bilbao.eus/]
Reseña de García, Á. El Guggenheim revive
el arte evasivo de París de fin de siglo. “El País” (12-V-2017).
*<Picasso/Lautrec>.
Madrid. Museo Thyssen-Bornemisza (17 octubre 2017-21 enero 2018). 112 obras que
muestran las afinidades entre ambos. Comisarios: Francisco Calvo Serraller y
Paloma Alarcó. Reseña de García, Ángeles. Picasso
y Toulouse-Lautrec en los bajos fondos de París. “El País” (17-X-2017). /
Andrés Ruiz, Enrique. ¿Os acordáis de
Picasso? “El País” Babelia 1.353 (28-X-2017).
*<Toulouse-Lautrec y el espíritu
de Montmartre>. Barcelona. CaixaForum (18 octubre 2018-20 enero 2019). Madrid.
CaixaForum (20 febrero-19 mayo 2019). 345 obras: Toulouse-Lautrec (61) y otros. Comisario: Philip
Dennis Cate. [https://caixaforum.es/barcelona/] Reseña
de Montañés, J. Á. Toulouse-Lautrec se
reúne con sus amigos antisistema. “El País” (18-X-2018).
Libros.
Bénézit, E. Dictionnaire
des peintres, sculpteurs, désignateurs et graveurs. Gründ. París. 1976. 10 vols. Reed. Jacques
Busse (dir.). 1999. 14 vols. vol. 13, pp. 749-752.
Devoisins, Jean
(dir.). Catalogue Musée Toulouse-Lautrec, Albi. s/f (h. 1983). 357 pp. Bibliografía y exposiciones (27-34).
Maillard. Le
Robert. Dictionnaire universel de la peinture. 1975: vol. 6, p. 297-306.
Milner,
Frank. Toulouse-Lautrec. Libsa.
Madrid. 1992. 176 pp.
El
neoimpresionista francés Georges Seurat (1859-1891).
Georges Seurat (París, 2-XII-1859
a 29-III-1891). Pintor
francés formado en la École des Beaux-Arts, estudió a los clásicos del
Quattrocento, Ingres, Delacroix, Puvis de Chavannes, la escuela de Barbizon...
Tomó del impresionismo desde 1883 la pintura al aire libre, los temas modernos
y el paisaje.
Sus estudios, inspirados en Chevreul, sobre el color y la
composición como estructura y comunicación, buscaban dar al arte un estatus
científico, con experimentos ópticos y geométricos; y, en sus últimos años, se
concentró en los aspectos emocionales del color.
Las formas y los colores son representados mediante la
técnica puntillista (aplicación de puntos) o divisionista (división de los
colores en sus elementos): aplica pequeños puntos de color que construyen la
percepción de nuestra visión real (tal como la teoría de los colores defendía
entonces).
Bañistas de Asnières (1884). Obsérvese la
deformación de las columnas vertebrales de los dos muchachos en segundo
plano, un ejemplo de la soterrada crítica social que Seurat introducía en sus
obras.
Una tarde de domingo en la Grand-Jatte (1886).
Obsérvese la selección simbólica de colores: la blanca pureza de la niña en el
centro, los colores rosado y azul de los sueños de las adolescentes y mujeres a
su alrededor, el uso metafórico de los animales (el mono infiel y el perro fiel
que huye), la composición en las tres parejas dispuestas en la primera diagonal
izquierda que sugiere la evolución desde la niña pura a la adolescente soñadora
y la joven mantenida en primer plano.
Su primera obra maestra es Bañistas de Asnières (1884)
aunque el neoimpresionismo sólo lo aplicó radicalmente desde 1886, con Una
tarde de domingo en la Grand-Jatte, que obtuvo un triunfo inmenso. Celebró
una exposición individual en París (1888), dos póstumas en Bruselas y París
(1892) y una antológica en París (1905). Falleció de improviso, por difteria.
Sus
ideas fueron difundidas por Signac en De Delacroix au Neoimpressionisme (París.
1899) e influirán en el cubismo y el futurismo. Miró tenía en su biblioteca la
monografía de Germain Seligman (The drawings of Georges Seurat); en su
juventud aplicó el divisionismo en algunas obras, así como su plasmación de las
teorías de Blanc y Chevreul de los colores primarios y secundarios; y
probablemente estudio su pintura inconclusa El circo (1891)
para inspirarse en su propia serie de El circo (1925-1927),
con su escena, el caballo, la acróbata voladora, los espectadores, el lazo del
látigo...
<Seurat and the Making of ‘La Grande Jatte’>. Chicago. Art Institute (19 junio-19 septiembre 2004).
<Georges Seurat: The Drawings>. Nueva York. MOMA (28 octubre 2007-7 enero 2008). Cat. Textos de Jodi Hauptman (comisaria) et al. Reseña de Mccaughey, Patrick. The Dark Side of Georges Seurat. “Art in America” 3 (III-2008) 138-143.
Libros.
Bénézit, E. Dictionnaire des peintres, sculpteurs, designateurs et graveurs. Gründ. París. 1976. 10 vols. Reed. Jacques Busse (dir.). 1999. 14 vols. vol. 12, pp. 709-712.
Courthion, Pierre. Seurat. Todas sus pinturas. Noguer. Barcelona. 1982. 96 pp.
Dorra, Henri; Rewald, John. Seurat. Les Beaux Arts. Paris. 1959. 115 más 311 pp.
Maillard. Le Robert. Dictionnaire universel de la peinture. 1975: vol. 6, pp. 108-115.
Tazartes; et al. Los impresionistas y los creadores de la pintura moderna. Rousseau - Gauguin - Van Gogh - Seurat. Ed. Carroggio. Barcelona. 2000: 199-251 (250-251, biografías de su círculo teórico y artístico).
Thomson, Richard. Seurat. Phaidon. Oxford. 1985. 240 pp.
Tilston, Richard. Seurat. Libsa. Madrid. 1991. 176 pp.
Artículos.
Stuckey, Charles F. True colors: Seurat and ‘la Grande Jatte’. “Art in America”, nº 10 (XI-2004) 57-63.
Félix Édouard Vallotton (Lausana, 28-XII-1865-París, 28 a 29-XII-1925). Pintor y novelista suizo. Formado en Lausana y desde 1883 en la Academia Julian de París, junto a Charles Cottet. Su estilo clasicista evoluciona hacia el colorismo de sus amigos nabis, a los que se une en 1897 y con los que se reúne en la “Revue Blanche”, donde conoce a Jarry, a quien admira.
La pareja.
Xilografía.
Su estilo se caracteriza por el realismo minucioso y exacto, muy afín al de Joan Miró hacia 1918-1922, y que éste conocerá gracias a las reproducciones de las revistas, la exposición de arte francés de Vollard en 1917 y sus conocidos grabados (muy influyentes en el expresionismo alemán). Su obra influye también en los surrealistas Delvaux y Magritte, así como en Balthus. Celebró su primera retrospectiva en la Kunstahus de Zúrich (1909).
Bénézit, E. Dictionnaire des peintres, sculpteurs, designateurs et graveurs. Gründ. París. 1976. 10 vols. Reed. Jacques Busse (dir.). 1999. 14 vols. vol. 14, pp. 25-27.
Artículos.
Jover, Manuel. Félix Vallotton: drames sur canappes. “Beaux Arts”, 134 (V-1995) 68-75. Un nabi y la intimidad de los pequeños burgueses.
Gérome. Diógenes el cínico. El simbolismo es un movimiento que reivindica una pintura de contenido poético, fundada en los temas literarios, propios de la poesía mítica y simbolista de moda entonces. Se busca la verdad interior y universal. Para el simbolismo el arte debe ocuparse de ideas y no de la vida cotidiana, de ideas basadas en la imaginación y no en los temas de la Academia.
El simbolismo artístico de los años 1885-1900 corre paralelo, estrechamente imbricado con el postimpresionismo, tanto que algunos autores lo conciben como un grupo más (el más numeroso) dentro de éste.
Le están directamente emparentados el simbolismo alemán y el prerrafaelismo inglés, de Millais a Rossetti, y el propio lenguaje estético de los nabis. El simbolismo es el sustrato ideológico de la época para la mayoría de los artistas, los críticos y del público. Los nabis, el primitivismo, el expresionismo o el fauvismo tendrán siempre un diálogo enriquecedor con el simbolismo.
El país más destacado en la verdadera revolución simbolista que impera en Europa es Francia, con sus grandes figuras Puvis de Chavannes, Moreau y Redon. También es relevante el foco belga de Bruselas.
Los temas mitológicos como el rescate por Perseo de la princesa en lucha con el dragón o el canto de las sirenas ante Ulises y su tripulación fueron muy frecuentes.
Greene (2017) resume: ‹‹Si bien el Simbolismo nació como movimiento literario en la década de 1880, y sus principios quedaron sistematizados en el "Manifiesto del Simbolismo" —publicado en 1886 por el poeta Jean Moréas en el periódico francésLe Figaro—, la filosofía idealista y las cualidades formales sumamente estilizadas de esta corriente impregnaron rápidamente las artes visuales. El término “simbolista” se aplica a una serie de artistas que compartían objetivos antinaturalistas. En ocasiones, debido a sus formas peculiares o a la presencia de alusiones en sus temas, se identificaron con el Simbolismo algunas obras neoimpresionistas o nabis, como las del pintor nabi Maurice Denis, que recurrió a la alegoría y a la religión, y utilizó líneas sinuosas, zonas planas de color o una composición decorativa unitaria. Los artistas asociados con el Simbolismo no siempre se definían a sí mismos como tales; Odilon Redon se encontraría en este caso, aun cuando sus inquietantes obras "negras" de flotantes cabezas desprovistas de cuerpo, sus siniestras arañas o las deslumbrantes creaciones al óleo y al pastel que realizó posteriormente, desligadas de la realidad y con un significado enigmático, hermético, están estrechamente vinculadas con esta corriente estilística.
La mayoría de los artistas vinculados con el Simbolismo eran contrarios al materialismo y habían perdido la fe en la ciencia, que no había sido capaz de paliar los males de la sociedad moderna. Estos autores decidieron indagar en la espiritualidad y los estados anímicos, concibiendo imágenes sugerentes y evocadoras, y empleando un vocabulario decorativo enriquecido con los motivos orgánicos y los arabescos del Art Nouveau. El arte simbolista adoptó la narrativa del mito, la temática religiosa y el mundo macabro de las pesadillas, abandonando el realismo por lo fantástico, el mundo exterior por la emoción del paisaje psicológico, lo material por lo espiritual, lo concreto por lo etéreo. Aunque el Simbolismo hundía sus raíces en lo narrativo, intentaba despertar sensaciones abstractas y transmitir una experiencia universal a través de imágenes subjetivas. Estas búsquedas respondían a un anhelo generado por el lado oscuro de la modernidad: la búsqueda de lo trascendente.››[Greene. *<París, fin de siglo. Signac, Redon, Toulouse-Lautrec y sus contemporáneos>. Bilbao. Museo Guggenheim (2017).]
Entre los artistas simbolistas a estudiar destaco a Pierre Puvis de Chavannes —pues aunque su imaginería está plena de significados es demasiado racionalista y clásica—, Ferdinand Hodler, Félicien Rops, Franz von Stuck, Jan Toorop, y especialmente por su influencia posterior a Gustave Moreau (1826-1898), Arnold Böcklin (1827-1901), Odilon Redon (1840-1916) y James Ensor (1860-1949). A continuación siguen unas breves referencias a Klinger, Khnopff y Kubin
Klinger. Abducción (1893), de la serie Un guante. Klinger. Madre muerta (1898), de la serie En la muerte, parte II.
Max Klinger (1857-1920), de origen alemán pero pronto afincado en Bruselas, es un pintor, grabador y escultor tardorromántico y simbolista que influye sobre los surrealistas, y que Breton aprecia particularmente por su imaginario pleno de fantasías y metáforas sexuales. Apunto que el guante como fetiche sustituto del cuerpo humano que aparece como tema de la serie de 10 aguafuertes y aguatintas Paráfrasis sobre el hallazgo de un guante (1881) tal vez influye en El guante blanco (1925) de Miró. [Delevoy. Diario del simbolismo. 1979: 58-59; biografía de Klinger 204. Reprod. tres aguafuertes y aguatintas de serie Paráfrasis sobre el hallazgo de un guante (1880-1881), en 58-59. / Gibson. Les symbolistes. 1984: 89-91, reprod. seis aguafuertes y aguatintas de la misma serie en 90-91.] Klinger escribió: ‹‹Debido a su particular apariencia y su obligada manera de manejarlo, cada material está penetrado de un único espíritu y poesía que, en las manos del artista, refuerza enormemente el carácter de la representación, y para el cual no hay sustituto (…)›› [Lambert, Susan. El dibujo. Técnica y utilidad. Una introducción a la percepción del dibujo. 1985 (1984 inglés): 13.]
Khnopff.. Las caricias de la Esfinge (1896). Khnopff. La sangre de Medusa (1898).
En el caso del belga Fernand Khnopff (1858-1921) asombran su ambigüedad o ambivalencia de la identidad sexual, la transgresión de las convenciones sexuales, y el interés por el esoterismo (en concreto el rosacrucismo) y el tema del monstruo. [<Fernand Khnopff>. Bruselas. Musée Royale des Beaux-Arts (marzo-8 mayo 2004). Antológica de 260 obras: destaca Las caricias (1896), conocida también como Arte o La esfinge. Reseña en “Lápiz”, v. 23, nº 202 (2004) 95. / Delevoy. Diario del simbolismo. 1979: 173-175, 203. / Gibson. Les symbolistes. 1984: 118-120.]
Kubin. Agonizando (c. 1899).
El austriaco Alfred Kubin (1877-1959) descubre la obra de Klinger en 1901 y comienza a elaborar un mundo fantástico de seres informes, de sexualidad amenazante y a veces con ojos inmensos, que tienen afinidad con las biomorfas más grotescas de Miró. [Delevoy. Diario del simbolismo. 1979: 204. / Gibson. Les symbolistes. 1984: 101-104, con 10 reproducciones de obras de Kubin.]
*<Simbolismo en Europa.
Néstor en las Hespérides>. Las Palmas. Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM)
(1990). Cat. Textos de Ana Vázquez de Parga, José Pierre... 395 pp.
*<Pintura Simbolista en España (1890-1930)>. Madrid. Fundación Mapfre (18 febrero-6 abril 1997). Cat. 241 pp.
*<París, fin de siglo. Signac, Redon, Toulouse-Lautrec y sus contemporáneos>. Bilbao. Museo Guggenheim (12 mayo-17 septiembre 2017). 125 obras del neoimpresinismo, el simbolismo y los nabis. Comisaria: Vivien Greene. [https://parisfindesiecle.guggenheim-bilbao.eus/] Reseña de García, Á. El Guggenheim revive el arte evasivo de París de fin de siglo. “El País” (12-V-2017).
Libros.
Delevoy, Robert L. Diario del simbolismo. Destino. Barcelona. 1979. 222 pp. Miró y Breton (34).
Gibson, Michael. Les symbolistes. Nouvelles Éditions Françaises. París. 1984. 188 pp.
Lucie-Smith, Edward. El Arte simbolista. Destino. Barcelona. 1991 (1972). 216 pp.
Artículos.
Camón Aznar, José. El simbolismo en la pintura francesa. “Goya”, 111 (noviembre-diciembre 1972) 164-171. El simbolismo de finales del siglo XIX.
Dalemans, René. El simbolismo en Bélgica (1880-1900). “Goya”, 131 (marzo-abril 1976) 300-304.
Gállego, Julián. Crónica de París. “Goya”, 132 (mayo-junio 1976) 375-381. El simbolismo (375-379).
Gállego, J. Conferencia: Realismo, simbolismo y modernismo en lo español. “Boletín Informativo”, Fundación Juan March, Madrid, 180 (V-1988) 28-31.
La 57 edición de la Bienal de Arte de Venecia se celebra del 13 de mayo al 26 de noviembre de 2017 y está comisariada por Christine Macel (París, 1969), conservadora del Centre Georges Pompidou, que se plantea reivindicar el papel del artista en el debate social y recuperar a artistas femeninas olvidadas.
Vicente, Álex. Christine
Macel / Comisaria de la 57ª Bienal de Venecia. ‘El arte no es capaz de cambiar
el mundo, pero puede reinventarlo’. “El País” (4-V-2017).
Fernández, Milena. El
negocio redondo de alquilar espacios durante la cita. “El País” (4-V-2017).
Molina, Ángela. La Bienal En Marche (LBM). “El País” Babelia 1.329 (13-V-2017).
Comentario: La balsa de la Medusa
(1819), de Géricault.
Le Radeau de la Méduse es una pintura al óleo de gran formato (491
cm × 716 cm)realizada entre 1818
y 1819 por el pintor romántico francés Théodore Géricault (1791-1824), que
representa una escena del naufragio de la fragata francesaMéduse,
Contexto histórico.
El barco encalló frente a la
costa de Mauritania, en ruta a Senegal, el 2 de julio de 1816, con 400 pasajeros
y tripulantes, de los cuales 17 se quedaron en el barco, 250 (incluidos el capitán, los oficiales y los
nobles a bordo) se embarcaron en los seis botes, que se dirigieron a la costa. Los
147 restantes (había una mujer) montaron en una gran balsa improvisada (20
metros de largo por 7 de ancho) que al principio fue remolcada por los botes
pero pronto quedó a la deriva: 132 murieron en los 13 días siguientes, entre el
5 y el 17 de julio, hasta su imprevisto rescate por la nave francesa Argus. Habían
sobrevivido pese al hambre y la sed gracias al canibalismo, superando violentas
peleas y la locura asesina que pronto se desató, pero de los 15 supervivientes parece
que otros cinco fallecieron poco después del rescate, debido a su extrema debilidad.
La catástrofe fue un escándalo en
Francia desde que en septiembre de 1816 la publicó el
“Journal des débats” de París y durante meses los periódicos comentaron el
naufragio, sus causas y sus trágicas circunstancias,
y culparon al incompetente capitán francés, Hugues Duroy de Chaumereys, un noble
que había recuperado su puesto en el Restauración de la monarquía francesa pero
que carecía de experiencia para dirigir una nave en aquella peligrosa costa. El
Gobierno intentó pasar página pero la opinión pública se impuso y finalmente
se destituyó al ministro responsable y con él cayeron 200 oficiales de marina real que carecían
de capacidad y experiencia para el mando.
El proceso creativo.
Géricault había sido
inicialmente un monárquico conservador, pero este y otros escándalos le
hicieron cambiar de opinión, deviniendo un liberal durante su estancia en
1816-1817 en Florencia y Roma, donde estudió a Miguel Ángel y la pintura
barroca de Caravaggio y Rubens.
Plano de la balsa auténtica después de su rescate.
Poco después de su retorno a
Francia eligió este naufragio tan famoso para mostrar su visión crítica de la
monarquía y alcanzar prestigio profesional. Cuidó especialmente el realismo de
la escena, mandando construir una réplica a escala de la balsa, con la ayuda de
dos de los náufragos, a dos de los supervivientes, el el ingeniero Alexandre
Correard y el cirujano Jean-Baptiste Savigny, y a partir de este modelo realizó
numerosos bocetos. También visitó hospitales y depósitos de cadáveres para
conocer el color y la textura de la carne de los agonizantes y los muertos.
Boceto preliminar de una primera lucha a bordo, con evidente influjo de la escultura clásica grecorromana y la pintura renacentista de Miguel Ángel.
Boceto con una composición muy distinta a la final.
Boceto con una composición similar a la final.
Análisis formal.
Géricault usa una pincelada
libre y suelta, que configura sin contornos precisos laos cuerpos humanos, y aunque
hay algunas líneas nítidas, domina una paleta de colores reducida pero
impactante, con una mayoría de marrones claros y oscuros, desde el beige hasta
el negro, con tonalidades cerúleas en los muertos y claroscuros, salvo en la
tela roja que sostiene el anciano que guarda un cadáver (¿un hijo o un botín de
carne?) y en la bandera francesa que agita con esperanza el negro (que desgraciadamente
fue uno de los primeros en fallecer tras el rescate).
La composición carece de aparente
simetría, con un desorden intencionado acorde con la locura de los pasajeros. Muestra
dos planos, con la balsa en el dominante primero (estructurado en dos pirámides) y el paisaje marino en el plano del fondo, unidos
por varias líneas directrices, con una destacada en diagonal de izquierda a
derecha, hacia la estructura piramidal de la derecha, en un recorrido visual clásico que simboliza
el ascenso desde la desesperación de los abandonados y el cadáver con las
piernas en el agua en la izquierda, bajo un cielo de amenazantes nubes, hasta
la esperanza rematada por un negro que agita una bandera para llamar la
atención del Argus, cuyo mástil apenas asoma en el horizonte envuelto en un
cielo luminoso en ese sector, y que actúa como falso punto de fuga pues no hay
una perspectiva lineal clara. Las otras líneas compositivas chocan y se
contradicen con la dominante: son las cuerdas del mástil, el cuerpo abandonado
a la derecha, los bordes de la almadía… Un caos meticulosamente concebido, como
señala un detalle genial: la esquina inferior de la balsa penetra en el espacio
del espectador, como llamándonos a subir también para compartir la dramática
escena.
El pintor introduce otros recursos
formales y motivos para acrecentar el dramatismo.
La balsa se mece peligrosamente por las
olas que parecen a punto de desvencijarla y arrojarla al fondo del mar a la
izquierda (la vela agitada señala la dirección), hacia la muerte, mientras que
las figuras humanas luchan contra este abismo volcándose hacia la derecha, a la
vida simbolizada por la luz y el Argus. Es importante señalar que los cadáveres no han sido arrojados al mar porque los supervivientes piensan comérselos, tras descuartizarlos con el hacha tirada en el lado derecho.
La contraposición espacial izquierda-derecha
se refuerza por la disposición central de la base del mástil, donde unas telas esconden
un trágico secreto: la carne de los muertos que es consumida por los náufragos,
un hecho reforzado por la presencia de una hacha ensangrentada en la parte
derecha.
El hacha destaca entre los objetos y parecen distinguirse manchas de sangre en ella y en la tablazón.
Otro matiz psicológico es la aparente desesperanza del grupo que
forman algunos de los náufragos de pie en el centro: ven que el barco se aleja
y con él la salvación, y es que en la realidad esta escena acababa en una
frustración; el verdadero rescate llegó dos horas después, cuando el Argus viró
y los encontró por casualidad.
Los cuerpos son de un cuidado
naturalismo anatómico, pero su fiel realismo no oculta que Géricault se inspira
en los referentes clásicos de la estatuaria grecorromana y de su influjo en
Miguel Ángel, como vemos en la musculatura de la espalda del negro en la cima
de la pirámide.
Boceto de los cuerpos.
El mismo fragmento, en la pintura, del boceto anterior.
La influencia posterior.
La pintura fue polémica desde su
primera exhibición, en el Salón de París de 1819, despertó elogios y rechazos
sin medida, y consagró a Gericault como uno de los grandes artistas de su
tiempo. Poco después se trasladó a Inglaterra para una larga estancia entre
1820 y 1822 y La balsa de la Medusa fue
exhibida en Londres con similar éxito. Finalmente fue adquirida por el Louvre,
poco después del temprano fallecimiento del artista en 1824.
Hoy es considerada una obra
maestra del romanticismo francés, superando el neoclasicismo entonces imperante
y caracterizado por la temática clásica, la serenidad y el orden, al preferir Géricault
la pincelada libre, la temática moderna, el movimiento y la presentación dramática
de los sentimientos de los sufrientes y los locos, aunque cumple con convenciones
tradicionales del género histórico como el tema épico y el gran formato. Su
influjo fue inmediato entre otros pintores románticos como el francés Delacroix
y el inglés Turner, y más tarde en el realista Courbet y el impresionista Manet.
Every Picture Tells A
Story. Gericault's The Raft of the Medusa. Explicación
de Andrew Graham Dixon. 40:43. [https://www.youtube.com/watch?v=6e8PBhhS_Bo] Incluye una parte histórica.
Igor Mitoraj (Oederan, Alemania,
1944-París, 2014, escultura),
Goshka Macuga (Varsovia, 1967,
escultura).
Alicja Kwade (1979).
ARTES.
Exposiciones.
*<Pintura polaca contemporánea>. Valencia.
Museo Histórico Municipal (abril 1977). Cat. 110 pp.
*<Presences polonaises. L’art
vivant autour du musée de Lodz>. París. MNAM (23
junio-26 septiembre 1983). Cat. 335 pp.
ARTISTAS.
El artista polaco
Miroslaw Balka (1958).
Miroslaw Balka (Varsovia,
1958), creador de instalaciones que reflexionan sobre la sociedad y el poder
político.
<Crossover:
Miroslaw Balka>. Milán. Hangar Bicocca (hasta 30 julio 2017). Reseña de
Molina, Ángela. Elogio de la oscuridad. “El País” Babelia 1.337
(8-VII-2017).
El artista
polaco Henryk Gotlib (1890-1966).
<Henryk Gotlib 1890-1966>. Varsovia. Muzeum
Narodowe (styczen-luty 1980). Cat. 81 pp. más 57 ilus. Polaco.
Los
artistas polacos Katarzyna Kobro (1898-1951) y Władysław Strzeminski (1893-1952).
Los artistas Katarzyna Kobro
(Moscú, 1898-Lodz, 1951) y Władysław Strzeminski (Minsk, 1893-Lodz, 1952). Su
estilo vanguardista, con un original concepto artístico como el Unismo, radicalizó
y transgredieron los presupuestos de la modernidad
*<Kobro y Strzemiński. Prototipos vanguardistas>.
Madrid. MNCARS (18 abril-28 septiembre 2017). Co-organizada
junto al Muzeum Sztuki de Łodz con unas 160 obras entre dibujos, pinturas,
carteles, collages, esculturas y diseños de Kobro y Strzeminski.
La artista polaca Goshka Macuga (1967),
Bosco, Roberta. La evolución humana a través del arte de un androide. “El País”
(7-II-2016) 38. La Fundación Prada de Milán expone una obra de la artista
polaca Goshka Macuga (Varsovia, 1967), destacada escultora.
La artista
polaca Tamara de Lempicka (1898-1980).
Lempicka, Kizette de. Pasión por pintar. El arte y la época de Tamara de Lempicka. Mondadori. Madrid. 1988 (1987 inglés). 191 pp. Biografía escrita
por la hija.
Larrauri, Eva. La
enigmática musa de los años locos. “País” (19-IV-2007) 52.
El escultor Igor Mitoraj (Oederan,
Alemania, 1944-París, 2014), de origen polaco, afincado entre Francia (París) e
Italia (Pietrasanta) desde finales de los años 60, se consagró con sus
esculturas gigantescas de personajes caídos.
Bosco, Roberta. Obituario. Igor Mitoraj, el escultor de los héroes caídos.
“El País” (13-X-2014) 38.
El artista polaco Andrzej Wróblewski (1927-1957).
Andrzej Wróblewski (Vilna, 1927-accidente en montes
Tatras, sur de Polonia, 23-III-1957), profesor de arte, pintor y grabador,
fallecido a los 29 años, ha alcanzado un gran renombre con su obra que muestra
un periodo trágico de la vida polaca, con temas como el Holocausto, y también
la esperanza en un mundo mejor. Entre sus referentes están Miró, Klee, Mondrian
y Goya, según los comisarios de la muestra, cuyas obras conoció en
ilustraciones.
<Andrzej
Wróblewski>. Madrid. Palacio de Velázquez (17 noviembre 2015-28 febrero
2016). Retrospectiva de 150 obras. Comisarios: Éric de Chassey y Marta
Dziewanska. Reseña de García, Ángeles. El
pintor que se rio del estalinismo. “El País” (18-XI-2015) 36.