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Laocoonte y sus hijos es un grupo escultórico griego, realizado
por Agesandro, Polidoro y Atenodoro de Rodas, pertenecientes a la Escuela de
Rodas, muy famosa desde el periodo helenístico. Su datación es controvertida, con
fechas como los siglos II y I aC, apuntándose por muchos que es una copia romana del siglo I dC de un original en bronce del siglo II aC, aunque mayoritariamente hoy se considera un original
de principios del siglo I dC.
La obra es de un tamaño mayor
al natural, de 2,45 m de altura, realizada en mármol blanco.Se guarda
en el Museo Pío-Clementino perteneciente a los Museos Vaticanos de Roma.
Representa el momento de la
muerte del sacerdote troyano Laocoonte (o Laoconte), castigado por los dioses favorables
a los griegos a morir estrangulado por dos crueles serpientes marinas junto a
sus dos hijos, porque intentó avisar a sus
conciudadanos del peligro que conllevaba recibir el famoso regalo del caballo
de Troya.
Historia del hallazgo.
El grupo escultórico era bien conocido
por un comentario laudatorio del escritor romano Plinio el Viejo en su obra
enciclopédica Naturalis Historia,
tras verla en el palacio del emperador Tito hacia el año 70: ‹‹Debe ser situada
por delante de todas, no sólo del arte de la estatuaria sino también del de la
pintura. Fue esculpida en un solo bloque de mármol por los excelentes artistas
de Rodas Agesandro, Polidoro y Atenodoro y representa a Laocoonte, sus hijos y
las serpientes admirablemente enroscadas.››
En la Edad Media se creyó que el grupo
se había perdido, pero fue descubierto el 14 de enero de 1506 en una viña
cercana a Santa María la Mayor, terreno propiedad de Felice de Fredis en el Esquilino
romano, y que en tiempos antiguos había sido parte de la Domus Aurea de Nerón y luego
del palacio del emperador Tito. El papa Julio II envió al arquitecto Giuliano
da Sangallo, quien identificó la escultura como la descrita por Plinio, lo que
corroboró Miguel Ángel.
Su hijo Francesco da Sangallo, más
tarde escultor, escribió un relato del descubrimiento de la escultura más de 60
años después: ‹‹La primera vez que estaba en Roma cuando era muy joven, el papa
recibió la noticia del descubrimiento de algunas muy bellas estatuas en un
viñedo cerca de Santa María La Mayor. El papa ordenó a uno de sus ayudantes que
se apresurara y dijera a Giuliano da Sangallo que fuera y las viera. Así que
salió inmediatamente. Ya que Michelangelo Buonarroti se encontraba siempre en
nuestra casa, mi padre, habiéndole citado y habiéndole asignado el encargo del
mausoleo del papa, quería que él también le acompañara. Me uní a mi padre y nos
fuimos. Descendí hasta donde estaban las estatuas cuando inmediatamente mi
padre dijo: “Eso es el Laoconte que dice Plinio”. Entonces cavaron el hoyo más
grande para que pudieran sacar la estatua. Tan pronto como fue visible todos
empezaron a dibujar, conversando todo el tiempo sobre cosas antiguas, charlando
también sobre las que estaban en Florencia.››
Las primeras restauraciones.
Cuando fue descubierta le faltaban los
brazos derechos de Laocoonte y de uno de sus hijos, y la mano derecha del otro
hijo; también faltaban algunas partes de las serpientes. De su estado en ese
momento quedan como testimonio las copias que hizo el grabador Giovanni Antonio da Brescia: un dibujo (conservado ahora en Düsseldorf), y un grabado que
contribuyó a su rápida fama.
Copia, en Mannheim, del grupo tal y
como estaban representados los brazos añadidos antes de la última restauración.
Se decidió restaurar el grupo
escultórico y hubo controversia sobre cómo debería haber sido el gesto del
brazo que le faltaba al padre. Miguel Ángel propuso restaurar el brazo del
padre en posición de flexión; el artista llegó a realizar dicho brazo, pero no
llegó a ponérselo y actualmente se expone junto al grupo escultórico. Amico
Aspertini también realizó un dibujo con la misma posición del brazo, y en 1525,
Baccio Bandinelli realizó una copia de todo el grupo con una posición parecida
para el papa León X, copia que se encuentra en la Galería de los Uffizi de
Florencia.
Tanto Miguel Ángel como Sangallo
aconsejaron a Julio II que adquiriera la obra, quien, tras unas breves
negociaciones, compró la obra por más de 600 ducados. En 1509, Julio II
mandó trasladarla al Vaticano junto a otras dos esculturas, el Apolo de Belvedere y la Venus Felix, instalándolas en tres
nichos del Patio Octogonal del Belvedere, que hoy forma parte de los Museos
Vaticanos.
El rey Francisco I de Francia obtuvo
el permiso del papa para que su enviado Francesco Primaticcio realizara varios
moldes, en 1540. Estos moldes sirvieron para hacer una escultura de bronce en 1543 que fue instalada en el Palacio de
Fontainebleau.
Una primera restauración realizada por
Bandinelli con cera, donde representó el brazo doblado, fue modificada en 1532 por
Giovanni Angelo Montorsoli, que realizó la restauración en terracota y con el
brazo de Laocoonte estirado.
Entre los que criticaron esta restauración se
encontraba Tiziano, quien realizó un dibujo en el que representaba a Laocoonte
y sus hijos como si fueran tres monos. Esta caricatura fue grabada por Niccolò
Boldrini.
En el siglo XVIII, el escultor
Agostino Cornachini volvió a restaurar la obra, cambiando el material de la
restauración por mármol y aprovechó para cambiar el brazo del hijo, modificando
el gesto de este, que también fue estirado.
En 1798, tras la firma del Tratado de
Tolentino, el grupo fue trasladado a París por Napoleón como parte del botín de
guerra tras su campaña en Italia, pero sin los elementos añadidos, y puesta en
el Museo del Louvre hasta su devolución al Vaticano en 1816, cuando se le
volvieron a añadir los dichos elementos.
En 1905 el arqueólogo Ludwig Pollack identificó el brazo original en una vieja tienda de Via Labicana. El brazo estaba flexionado como ya había avanzado Miguel Ángel y se
añadió en una restauración realizada entre 1957 y 1960, dirigida por Filippo
Magi, restauración en la que además se retiraron las otras piezas añadidas.
Datación.
La datación es muy controvertida, apuntándose todavía hoy por muchos historiadores que es una copia romana del siglo I dC de un original en bronce del siglo II aC, aunque mayoritariamente hoy se considera un original de principios del siglo I dC.
En el siglo XVIII el prestigioso historiador de arte Winkelmann dató el grupo en el siglo IV aC, al entender que era una obra maestra de finales del periodo clásico e inicios del periodo helenístico.
La expresión del rostro de Laocoonte es
similar a la del gigante que Atenea coge por el pelo en el Altar de Zeus de
Pérgamo (200-150 aC), según señala Richter.
Posteriormente se fechó en el siglo I aC, porque se conservaban firmas epigráficas pertenecientes a ese siglo de un escultor de Rodas llamado Atenodoro, hijo de Agesandro.
En 1954, Gisela M. Richter cambió la
datación al siglo II aC porque señaló que los nombres de Atenodoro y Agesandro
fueron muy corrientes en Rodas durante varias generaciones, y además apreciaba
una gran similitud de la obra con un friso que representa la lucha entre dioses
y gigantes del Altar de Zeus en Pérgamo. Concretamente, la expresión y las
características del rostro de Laocoonte son muy similares al gigante que Atenea
agarra por el pelo, así como las serpientes tienen equivalentes en el mencionado
altar.
Sin embargo también se aprecian claras
diferencias con la escultura de Pérgamo: el rostro de Laocoonte es más vibrante
que el de los gigantes de Pérgamo, es distinta la técnica del modelado de la
cabellera y son poco relevantes las ropas del grupo del Laoconte en comparación
con el grupo de Pérgamo.
Además, se ha demostrado que, a pesar
de que la mayor parte de la escultura se hizo con mármol de Rodas, uno de los
bloques usados es mármol de Luni, de origen italiano; este hecho no concuerda
con lo descrito por Plinio, que sólo distinguió un bloque de mármol, ni con el
hecho de que este mármol no se explotó antes de la época de Augusto. Sin
embargo, Tazartes señala que el grupo está hecho con mármol de Frigia.
También se ha sugerido que podría ser
una copia o una variante libre romana de un original helenístico en bronce de
los siglos III-II aC, o de los siglos II-I aC, o más concretamente, de un bronce
realizado en Pérgamo en la segunda mitad del siglo II aC.
La
gruta de Tiberio en Sperlonga.
La datación en el siglo II aC es más difícil de mantener tras el descubrimiento producido en 1957 de varios fragmentos de otros cinco grupos escultóricos en la llamada gruta de Tiberio, en Sperlonga, en la costa sur del Lacio. Los grupos representan también temas homéricos y fueron llevados a la cueva bien por ricos ciudadanos romanos para evitar su destrucción, posiblemente a manos de los primeros cristianos o los bárbaros, o bien fueron tallados expresamente para dicha cueva, habilitada por Tiberio como sala de banquetes a principios del siglo I dC.
Uno de los grupos, que representa el tema de Ulises cegando a Polifemo lleva la firma de los tres escultores rodios mencionados por Plinio, quien dejó escrito que la hicieron los rodios Atenodoro, hijo de Agesandro, y Agesandro, hijo de Peonio, y Polidoro, hijo de Polidoro. Su inscripción, según la mayoría de
los epigrafistas, pertenece al siglo I dC, y por tanto los autores serían de ese sigl, lo que sugiere que tanto el grupo de Ulises como el de Laocoonte podrían
haber sido hechos en ese siglo para un mecenas romano, quien podría haber sido
el mismo emperador Tiberio.
Pero cabe la opción de que Tiberio
hubiera comprado las obras, realizadas con mucha antelación, por lo que vuelve
a abrirse la hipótesis del siglo II aC. Es más, también es posible que sea una
copia muy fiel del original.
Análisis formal.
Destacan el naturalismo y el movimiento.
El naturalismo es plenamente realista en el tratamiento
de la anatomía, con unos músculos muy marcados, enérgicos, y unos rostros intensamente animados de vida justo en el momento previo a su pérdida, en especial la faz del padre con la boca abierta en un grito mudo y la frente arrugada por la pena. La belleza de la vida fundida con el drama de la muerte, esto es la terribilità que tanto admiró Miguel Ángel y que plasmó posteriormente en su Moisés y en los esclavos de la tumba de Julio II.
Aunque el grupo debe ser apreciado primero en su frontalidad, se exige para su total comprensión que el espectador se desplace también a los laterales, para contemplar ángulos y claroscuros que conforman un grupo muy dinámico. Todos los miembros y los rasgos faciales traslucen un inusitado
movimiento, representativo de la extrema violencia del episodio, agonístico y trágico sin igual en la estatuaria griega de su tiempo.
La pirámide desde la cabeza del padre a los dos extremos del pedestal establece una necesaria estabilidad estructural mientras que la diagonal que traza el cuerpo del padre, desde su brazo derecho alzado hasta la pierna derecha en tensión agonística, estructura el dinamismo del conjunto, que une mediante el abrazo mortal de la "serpentina" los tres cuerpos.
Una de las serpientes pasa sobre los hombros
del padre y de su hijo mayor, revolviéndose hasta morderle la cabeza. Y al
mismo tiempo, la otra serpiente ahoga al hijo menor y trata de inmovilizar a
Laocoonte enroscándose en sus piernas.
El padre está representado en una posición compleja, en parte sobre un asiento sacerdotal en el que se entrevén unos ropajes y en parte levantado al reaccionar en el mismo instante en que es mordido en la cadera por una de las serpientes: desplaza el cuerpo hacia el lado opuesto (su costado derecho), doblando esa pierna, al tiempo que contrae el vientre, hincha el pecho, echa el hombro hacia delante e inclina la cabeza hacia el lado herido, a su izquierda, cuya pierna se retrasa levemente para incidir en la tensión corporal. Los pies están inmovilizados y los brazos se tensan en posición de lucha, ofreciendo una desesperada resistencia que sin embargo no parece ser muy efectiva. Se trata de un hombre maduro y todavía vigoroso pero no soporta el dolor tan extremo de ver cómo se escapa su vida y la de sus hijos.
El hijo menor, totalmente aprisionado a la derecha del padre, hace esfuerzos sin éxito para tratar de liberarse del nudo mortal, mientras que el hijo mayor a su izquierda está apenas aprisionado por un pie y un brazo, implora ayuda pues aun tiene la esperanza de huir, favorecido por estar todavía en una peana inferior a la de su hermano y su padre.
Significado iconológico: la mitología.
El grupo transmite con una escenografía teatral (se ha comentado a menudo esta teatralidad) un mensaje ideológico muy transparente: los hombres son
impotentes ante el poderío de los dioses, pues incluso la protección de unos
dioses nada puede hacer si otros más poderosos deciden destruir a los humanos.
La muerte de Laocoonte. Fresco de Pompeya (h. 50 dC). El tema era aparentemente muy conocido y solicitado para decorar las mansiones romanas. [https://es.pinterest.com]
En estas vistas se puede
observar la mirada del hijo mayor hacia su padre, pidiendo ayuda.
En los mitos griegos se relata que,
durante el asedio de Troya, dos serpientes fueron enviadas por Apolo, Poseidón
o Atenea, y atacaron a Laocoonte, sacerdote
troyano de Apolo, y a sus dos hijos. Las versiones que relatan este episodio
son numerosas y se discute si el grupo escultórico debió haberse basado en el
relato de Virgilio en la Eneida, en
el que morían Laocoonte y sus dos hijos, o en una versión anterior narrada en
un poema perdido del ciclo troyano, la Ilupersis,
donde morían Laocoonte y solo uno de los hijos. La fuente también pudo haber
sido una tragedia perdida.
Laocoonte era el sacerdote del templo
de Apolo Timbreo en Troya y, al igual que Casandra, advirtió a los troyanos que
si dejaban entrar en la ciudad al Caballo de Troya caerían en una trampa
tendida por los griegos aqueos: ‹‹¡Necios, no os fieis de los griegos ni
siquiera cuando os traigan regalos!›› [Virgilio, Eneida]
Laocoonte llegó a arrojar una lanza que se clavó en
el caballo de madera, pero cuando los troyanos estaban a punto de destruir el
caballo, los soldados troyanos trajeron a Sinón, quien con las mentiras ideadas
por Odiseo logró convencer a Príamo de que se trataba de una imagen sagrada de
Atenea. Laocoonte, para tratar de impedir que entraran el caballo en la ciudad
exclamó:
‹‹Ésas son mentiras -gritó Laocoonte- y parecen
inventadas por Odiseo. ¡No le creas Príamo! [...] Te ruego, señor, que me
permitas sacrificar un toro a Poseidón. Cuando vuelva espero ver este caballo
de madera reducido a cenizas.›› [Graves, Los mitos griegos]
Cuando Laocoonte se disponía a
sacrificar el toro a Poseidón, dos serpientes marinas, llamadas Porces y
Caribea, o Curisia, o Peribea, llegaron desde Ténedos y las Calidnes; salieron
del mar y atacaron a los hijos mellizos de Laocoonte, llamados Antifante y
Timbreo o Melanto, enroscándose alrededor de sus cuerpos; Laocoonte
intentó salvarlos pero sufrió la misma suerte. La tradición de Virgilio
muestra las serpientes como un castigo divino por haber intentado destruir el
caballo. Los troyanos interpretaron el episodio como una muestra de que el
caballo era un objeto sagrado y de que Sinón había dicho la verdad.
Influencia posterior.
La obra ya tuvo gran influencia en los
artistas del Renacimiento, que admiraron su alto grado de perfección. Miguel
Ángel se inspiró en ella para realizar varias de sus obras, como algunas de las
figuras del techo de la Capilla Sixtina, particularmente la postura de Amán en
la pareja Ester y Amán y La Serpiente de Bronce,
dos de los esclavos realizados en la tumba de Julio II, y en los esbozos de La batalla de Cascina. Rafael en la
pintura El Parnaso utilizó la cabeza
de Laocoonte como referencia para representar a Homero. El escultor manierista Gianbologna
se inspiró en ella para su grupo escultórico El rapto de la Sabina (1581-1583) y Bernini fue influido por su movimiento en su Apolo y Dafne (1622-1625).
Otros artistas como Tiziano, Rubens, El Greco, William Blake o Max Ernst también
realizaron sus propias reinterpretaciones del grupo escultórico.
La serpiente de
bronce, de Miguel Ángel, en el centro de esta escena de la bóveda de la Capilla
Sixtina.
Fragmento de El Parnaso, de Rafael, con la representación de Homero muy similar a la cabeza de Laocoonte.
El
mito troyano de Laocoonte por El Greco. La escena se vuelve a interpretar de
forma casi surrealista en los alrededores de Toledo, con la luz que emana de la
desnudez de los cuerpos enigmáticos.
Ha
sido fuente de inspiración para la estética alemana desde los escritores de
mediados y finales del siglo XVIII como Winckelmann, Lessing, Goethe, Herder,
Novalis y de mediados del siglo XIX como Arthur Schopenhauer.
Lessing en su Laocoon (1766), un ensayo sobre los límites entre poesía y pintura, fraguó una visión muy influyente del espíritu griego sobre el gusto neoclásico.
Un libro de Simon Richter sobre la influencia de la obra en autores del siglo XVIII.
También destaca Goethe, que en su artículo Sobre
Laocoonte en 1798, señala que los artistas han despojado a Laocoonte
de su sacerdocio y de sus referencias mitológicas y lo han convertido en un
padre normal con dos hijos amenazados por dos animales. Destaca la sensación de
movimiento que produce el grupo, que parece cambiar de posición si el
espectador abre y cierra los ojos alternativamente.
Goethe asimismo elogia el momento
elegido por los artistas por su interés de máxima intensidad: cuando uno de los cuerpos está
tan aprisionado que se ha quedado indefenso, el segundo es herido pero todavía está en
condiciones de defenderse y al tercero incluso le queda la esperanza de huir. En vano.
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Entrevista en inglés de Vernissage TV al director artístico Alessandro Rabottini, el 30 de marzo de 2017. Miart 2017. 22 edición de Milan
International Modern and Contemporary Art Fair. 6 minutos. [https://www.youtube.com/watch?v=IEcI_Rmg_eU]
Una reconstrucción hipotética en bronce del original.
La cabeza como modulo, un 1/7 del total, y la proporción de las partes del resto del cuerpo.
El Doríforo (“el
que lleva la lanza”) de Policleto (Argos, c. 480-c. 420 aC), esculpido en
bronce hacia 450-440 aC y que se supone que conocemos con bastante exactitud gracias a una copia en un camafeo antiguo, nos ha llegado en cinco copias romanas bastante
completas, en especial la del Museo arqueológico de Nápoles en mármol de Luni (212 o 213,5
cm de altura, sobre un pedestal de 1,42), realizada en el siglo I dC y hallada
en la palestra samnítica de Pompeya (entonces se pensaba que era de Herculano) antes de su primera publicación en L'Antichità d'Ercolano (1767). Muchas fuentes refieren numerosos errores repetidos en cascada, como que la pieza napolitana fue hallada en 1797 e incluso que se halló en la Villa Aldobrandini en Frascati (cerca de Roma) en el siglo XVI o localizan esta villa en Pompeya.
La escultura exenta o de bulto redondo, originalmente
de bronce, representa a un joven de cuerpo desnudo entero y de pie, en actitud
de descanso en una marcha, portando una lanza sobre el hombro izquierdo, la
cabeza ligeramente ladeada hacia la derecha y un rostro de serena belleza con una
sonrisa apenas insinuada y la mirada distante.
Doríforo y Diadumenos, tambien de Policleto.
Las dos grandes aportaciones del escultor argivo, uno
de los tres grandes artistas del periodo clásico del siglo V aC junto a Mirón y
Fidias, son el canon de proporciones y el contraposto.
Policleto publicó el Kanon, un tratado en el que definía la belleza como equilibrio,
exactidud y proporción, detallando un sistema de proporciones en el que la cabeza es el modulo (1/7 del total de la
altura del cuerpo) y que se convirtió en el canon clásico de las perfectas proporciones
del cuerpo humano, siendo el Doríforo
su mejor ejemplo, como explica Plinio el Viejo (XXXV, 55): “Policleto de
Sición [sic]... representó también un muchacho de formas maduras, con una lanza [doríforo], al que los artistas llamaban el Canon,
del que copiaban los rudimentos del arte como si se tratara de un código”.
El contraposto (contrapposto,
un término italiano aparecido en el Renacimiento) es una audaz composición de
manera que los ejes de los hombros y las caderas no sean paralelos. El ritmo
cruzado y compensado del cuerpo descansa sobre la pierna derecha en el suelo
mientras que la otra pierna flexionada insinúa el movimiento desde atrás a
punto de marchar hacia delante, tocando el suelo solo con los dedos. En
contraste, la parte superior cambia su función: el brazo derecho está relajado
a lo largo del cuerpo, mientras que el brazo izquierdo se dobla para sostener
la lanza; el torso presenta una ligera inclinación hacia el lado derecho; y la
cabeza gira en ese mismo sentido inclinándose levemente.
Policleto conjuga en el Doríforo varios principios: quietud
y movimiento, belleza y fuerza.
Mantiene del periodo arcaico características de
quietud plácida como la contención del rostro (sin llegar al hieratismo), la parcial frontalidad
y el severo eje vertical, compensándola empero con un innovador movimiento tenso y oscilante en forma de S, aunque controlado, gracias a la ruptura del concepto tradicional de simetría al oponer
mediante el contraposto las partes del cuerpo respecto del eje. Es un equilibrio entre los efectos de carga y descarga, en la simetría libre y natural de los dos lados del cuerpo, que llena de viveza a la figura.
El escultor realza
la selección de los rasgos más bellos de un atleta viril y el estudio anatómico
es todavía imperfecto, con un modelado cercano al del período arcaico en los
pectorales planos y las marcadas líneas circulares de la cintura, el pliegue
inguinal y la cadera, o sea la diartrosis, que así remarcan la fuerza del
personaje.
Probablemente en el original de bronce se usaron, para dar mayor
sensación naturalista, pasta vítrea para los ojos y láminas de plata para los
labios, mientras que en las copias de mármol se recurría a pintarlas con vivos
colores.
La pieza fue identificada como una copia del Doríforo
por el historiador alemán Karl Friederichs en 1863 y la mayoría de la
historiografía acepta esta atribución, dudándose empero sobre si es un kouros atleta, un soldado o
más probablemente un héroe, incluso Aquiles (la Iliada XVI, 140, menciona que portaba lanza). Entre las varias
interpretaciones discordantes sobre la mayoritaria destaca la que sostiene Franciosi
(2013) de que no es un portador de lanza, sino el héroe ateniense Teseo,
un modelo para la formación civil y militar de los jóvenes griegos, que portaría
en la izquierda un escudo y en la derecha una espada: la posición de los dedos
de la mano izquierda, donde el índice y el meñique sobresalen respecto del mayor
y anular, sugiere que sostenía el asa curva de un escudo, y no la asta
cilíndrica de una lanza, mientras que el brazo derecho no está relajado sino
que los bíceps y los tendones de la mano están tensos y los dedos parecen
rodear un objeto cuadrangular (¿la empuñadura de una espada?).
Pero esta versión pasa por alto que en el siglo XVIII se restauraron justamente
el brazo derecho y la mano izquierda por lo que no son originales.
Policleto fue la cabeza de la escuela de escultores de
Argos y sus dos grandes aportaciones fueron seguidas en el siglo siguiente por
numerosos discípulos, como su hijo Policleto el Joven (más conocido como el genial arquitecto del teatro de Epidauro) y sobre todo Escopas y
Lisipo. Cicerón cita que Lisipo explicaba que aprendió a esculpir "estudiando el Doriforo de Policleto". Su modelo se impuso como referente en la época clásica de la escultura romana, como evidencia el Augusto Prima Porta.
La Casa de la Cascada (1934-1939), de Frank Lloyd Wright.
Descripción.
La Casa Kaufmann o Casa de la Cascada (Kaufmann House o Fallingwater House) es la vivienda más famosa de las que diseñó Frank
Lloyd Wright. Desarrolló el proyecto entre 1934 y 1935 y lo construyó hasta 1939
en un enclave de la Reserva Natural de Bear Run (Pensilvania), una zona
montañosa y salvaje recorrida por un río con una cascada de 30 metros.
El propietario era un empresario, Edgar
Kaufmann, casado y con un hijo, que quería una casa de fin de semana y tenía un
notable gusto personal: había estudiado arquitectura un breve tiempo en la
escuela-residencia Taliesin de Wright. Había comprado el terreno en 1920 y en
principio deseaba que se situara frente a la cascada, pero Wright enseguida vio
la posibilidad de situarla encima. Su estancia en Japón le había familiarizado
con la arquitectura japonesa y en especial con su integración de los materiales
locales, el sonido del agua o la austeridad formal, que aplicó con éxito en
esta casa.
Análisis formal.
Se divide en dos partes: la casa
principal se construyó en 1936-1938 y el cuarto de huéspedes se acabó en 1939.
La chimenea es el elemento principal: se
levanta en vertical en las tres plantas e incluso sobresale claramente en la
terraza superior, organizando a su alrededor los espacios interiores y en
especial el salón de la primera planta como lugar de reunión familiar. Los
cimientos de la casa son las rocas del lugar, apenas talladas, que se asoman a la
chimenea en el salón, conectado con un comedor y una cocina compacta en la misma
primera planta. Hay tres dormitorios pequeños en el segundo piso, más una
habitación de estudio y dormitorio para el hijo en el tercer piso.
Todos los recintos de la casa se
relacionan con el entorno: del salón incluso sale una escalinata directa hasta
el río. Los techos son bajos, lo que dirige la mirada horizontal hacia afuera,
y los pasillos son estrechos y oscuros, sin ventanas, para favorecer el impacto
sorpresivo con la apertura exterior en las amplias terrazas en voladizo, proyectadas
en ángulos rectos, que favorecen la percepción escultórica de la vivienda en
contraste con el lecho ondulado de las rocas adyacentes. Las terrazas son una
hazaña de ingeniería, para la que Wright contó con los ingenieros de Mendel y
William Glickman Wesley Peters, que crearon una estructura de hormigón armado reforzada
con acero para aumentar la resistencia a la tracción.
Significado y contexto histórico-arquitectónico.
La obra resultó un manifiesto espectacular
de la corriente orgánica de la arquitectura moderna que encarnaba Wright, que desde
hacía años redefinía la relación entre el hombre, la arquitectura y la
naturaleza.
Su organicismo está cercano a la tradición
barroca de Bernini y Borromini y se inspira en las casas
tradicionales americanas y japonesas, en las formas y los materiales del
entorno (piedra generalmente, pero también ladrillo u hormigón), combinando
estos materiales diversos de manera que se obtienen efectos de color. Se adecua
a los modelos espaciales de la naturaleza, frecuentemente celular, con su
estructura compositiva basada en la combinación geométrica de patrones
repetitivos, a menudo pequeñas unidades geométricas insertas en el conjunto,
con un juego de interacción e interpenetración de los espacios interior y
exterior, entre el edificio y el jardín (o la plaza), creando con frecuencia
espacios íntimos en claroscuro mediante una luz indirecta, con un lenguaje arquitectónico
muy atento a lo local y lo particular. Utiliza grandes terrazas
suspendidas (gracias al hormigón reforzado con acero), rodeadas a menudo de
árboles, de modo que parece que las rocas y los árboles formen parte de la
construcción.
El arquitecto español José Antonio Coderch (Barcelona, 1913-L’Espolia,
1984).
Arquitecto español, afincado en
Barcelona, fue tal vez el más influyente arquitecto en Cataluña (y tal vez de España)
después de Gaudí. Formado en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, fue un ferviente católico que diseñó gratis la fachada del Santuario de la Mare de Déu de Queralt (Barcelona) y de ideología franquista, lo que no le impidió ser, durante un breve tiempo a
principios de los años 50, miembro del vanguardista “Grup R”, junto a Oriol
Bohigas y Josep Maria Martorell entre otros, pues fue un creador innovador y exigente, para Zabalbeascoa uno de los cuatro genios de la
arquitectura española del siglo XX con Gaudí, Fisac y Miralles (aunque faltarían
Sert o Moneo).
Lámpara Disa o Coderch.
Desde su despacho en Barcelona, junto a Manuel Valls, fue un creador rigurosamente moderno, atento
a las formas innovadoras en sus fachadas ondulantes y quebradas en pronunciados
ángulos, así como a la funcionalidad más racional como en sus últimas viviendas
transformables (quería que se pudieran desarrollar o compartimentar en vertical
y en horizontal, convirtiéndose en dúplex o triplex incluso), y que no
descuidaba el diseño de los muebles interiores (la lámpara Disa o el pomo Coderch)
o la aplicación de las persianas de láminas Llambi para regular la luz y el calor
o el uso de chimeneas de irradiación.
Casa Ugalde, de Caldes d’Estrac (1951). Manuel Valls codirigió el proyecto.
Entre sus obras destacan las numerosas
casas de los años 50 y 60 para la burguesía catalana y unos pocos pero notables
encargos institucionales: la Casa Ugalde de Caldes d’Estrac (1951), el Pabellón español de la IX Trienal de Milán (1951, recibió el Gran Premio), el bloque de viviendas de la calle Juan Sebastián Bach (1958), la casa de Antoni Tàpies (1960), la Casa
Coderch de Barcelona (1962), la Casa Entrecanales en la Moraleja de Madrid (1966), los edificios de viviendas Girasol de Madrid (1966) y Cocheras de Barcelona (1968), las cuatro ondulantes Torres
Trade de Barelona (1968), el Instituto Francés de Barcelona (1972) o las Torres La Caixa de Barcelona (1974).
Apunto entre sus muchos discípulos al arquitecto Federico Correa
(1924-2020).
Recordando Coderch (2014). Director:
Poldo Pomés. Entrevistas a arquitectos que le conocieron.
Exposiciones.
<La herencia de Coderch>. Barcelona. MINIM (2014). Comisaria:
Elina Vilà.
*<Imaginando
la casa mediterránea. Italia y España en los años 50>. Madrid. ICO
(octubre 2019-enero 2020). Los proyectos de José Antonio Coderch, Gio Ponti,
Alberto Sartoris… para construir casas vernáculas y modernas, siguiendo las
ideas del arquitecto checo-estadounidense Bernard Rudofsky (1905-1988).
Comisario: Antonio Pizza. Reseña de Zabalbeascoa, A. La azarosa historia de
la casa mediterránea. “El País” (7-X-2019).
Libros.
Núñez, Pati. Recordando
Coderch. Librooks. Barcelona. 2017. 240 pp. Biografía y selección de 21
testimonios sobre el arquitecto: Antonio Armesto, Oriol Bohigas, Frederic
Correa, Carles Ferrater, Josep Llinàs, Rafael Moneo, Enric Sòria, Óscar
Tusquets…
Artículos.
Graell, Vanessa. El
legado inédito de Coderch. “El Mundo” (25-XI-2014).
Montañés, José Ángel. Revisitant Coderch. “El País” Quadern 1.672 (16-III-2017).
Montañés, J. Á. La
familia del arquitecto catalán Coderch dona su archivo al Reina Sofía. “El
País” (13-XII-2018). Son 9.800 documentos
Zabalbeascoa, A. Genio
a su pesar. “El País” (13-XII-2018).
El historiador del arte húngaro Arnold Hauser (1892-1978).
Arnold Hauser (Temesvar, 1892-Budapest, 28-I-1978), historiador del arte inscrito en la corriente marxista heterodoxa, fue el historiador y sociólogo de arte más influyente en mi formación académica y en la de muchos otros estudiosos en los años 70.
Su metodología y sus hipótesis para construir una científica historia social del arte deben demasiado al materialismo dialéctico e histórico de Gyorgy Lukács que aplica el concepto de reflejo a la literatura, así como a la sociología marxista más ortodoxa, por lo que han recibido justificadas críticas, pero es imposible negar su papel de pionero y de referente cuando casi nada había publicado sobre la relación entre arte, literatura y filosofía, como construcciones intelectuales que explican conjuntamente la sociedad. Se le acusa en exceso de politizar su visión de los artistas y los movimientos, pues si la Historia del Arte ha de reivindicar para sí la categoría epistemológica de ciencia no debe ignorar las condiciones reales de la producción artística.
Hauser, A. Historia social de la literatura y el Arte. Guadarrama. Madrid. 1969. 3 vols. 440, 412 y 308 pp. pp.
Hauser, Arnold. Teorías del Arte: tendencias y métodos de la crítica moderna. Guadarrama. Madrid. 1975. 422 pp. pp.
Hauser, Arnold. Conversaciones con Lukács. Guadarrama. Madrid. 1979. 120 pp.
Hauser, Arnold. Sociología del Arte. Guadarrama. Madrid. 1975-1982. / Labor. Barcelona. 1977-1982. 5 vols. 981 pp. 1: Fundamentos de la sociología del Arte. 1975. (1-196). 2: Arte y clases sociales. 1977. (197-415). 3: Dialéctica de lo estético. 1983. (423-541). 4: Sociología del público. 1977. ( 548-819). 5: ¿Estamos ante el fin del Arte? 1983. (831-981).
Hauser, Arnold. Fundamentos de la sociología del Arte. Guadarrama. Madrid. 1975. 199 pp. pp.
Hauser, A. Sociología del Arte. Guadarrama. Madrid. 1975. 2 vols. ? y 565 pp.
Hauser, A. Sociología del Arte. Guadarrama. Madrid. 1977-1982. 5 vols. 981 pp.
Hauser, A. Sociología del Arte 1. Labor. Barcelona. 1977. pp. 1-196.
Hauser, A. Sociología del Arte 2: Arte y clases sociales. Labor. Barcelona. 1977. pp. 197-415.
Hauser, A. Sociología del Arte 3: Dialéctica de lo estético. Labor. Barcelona. 1983. pp. 423-541.
Hauser, A. Sociología del Arte 4: Sociología del público. Labor. Barcelona. 1977. pp. 548-819.
Hauser, A. Sociología del Arte 5: )Estamos ante el fin del Arte?. Labor. Barcelona. 1983. pp. 831-981.
Libros de otros.
Ortiz, Lourdes. Hauser y la posición del artista en la sociedad. Un intento de reconciliar lo irreconciliable. “El País” (9-V-1976). Reseña con simpatía el libro Historia social de la literatura y el Arte. Guadarrama. 12ª ed. 2 vols. También reseña, pero con dureza, el libro de Hadjinicolau, Historia del Arte y lucha de clases. Siglo XXI.