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martes, 16 de octubre de 2012

Comentario. La Acrópolis de Atenas (siglo V aC).

Comentario. La acrópolis de Atenas (siglo V aC).

Descripción.
Acrópolis es un concepto que proviene de las palabras griega acros (ἄκρος, extremo) y polis (πόλις, ciudad), en referencia a la parte más alta de una ciudad o a la ciudadela que domina esta, y que finalmente derivó a otro significado, el de “roca sagrada”. El término se utiliza tanto para las partes más altas de las antiguas polis griegas como para las mismas en las ciudades romanas y de otras civilizaciones.

 
La acrópolis de Atenas.

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Vista de Atenas, con la Acrópolis.

La acrópolis de Atenas se halla en la cumbre de una colina baja, de solo 156 metros de altura sobre el nivel del mar, aplanada y amplia con sus 270 metros de longitud y 85 de anchura, de naturaleza calcárea, lo que explica que haya varias cuevas en sus laderas, asociadas a cultos religiosos muy antiguos, como el dios Pan en la ladera norte, o el dios Dionisos en la ladera sur, donde siglos después se erigió el teatro homónimo.
A su alrededor se desarrolló la ciudad en tiempos de la civilización micénica, en el II milenio aC. En la acrópolis se conservan cuatro edificios, erigidos por orden de Pericles y la democracia ateniense en la segunda mitad del siglo V aC, fundamentales para conocer la historia de la arquitectura griega del periodo clásico: los Propileos y, sobre todo, los templos del Partenón, Atenea Niké y Erecteion, que estudiaremos en comentarios específicos para cada uno de ellos. Hay que destacar que el proyecto de Pericles fue en gran parte una triple respuesta política; primero, a la destrucción de la acrópolis por los persas en 480 aC; segundo, a la necesidad de reafirmar el predominio ateniense sobre la Liga de Delos; y tercero, a la conveniencia de un gran plan de obras públicas que diera empleo a los artesanos de la ciudad. Símbolo de lo primero es la decisión de utilizar las columnas destruidas por los persas como material de relleno visible en la pared norte de la entrada de los Propileos: los viajeros podían ver así la barbarie persa en contraposición a la magnificencia de las nuevas construcciones griegas.

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Los tambores de las columnas destruidas por los persas son visibles arriba.

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Vista de la entrada, con la escalera monumental romana, restos de la Puerta Beulé romana al pie del bastión donde se eleva el templo de Atenea Niké (a la derecha), y la fachada externa de los Propileos.

Se emprendieron nuevas obras y restauraciones después de la época clásica de Grecia. Incluso durante la ocupación romana se realizaron construcciones importantes como la gran escalera por encima de cuyos restos todavía suben los visitantes, y la puerta monumental denominada Puerta Beulé (por el arqueólogo que la descubrió) situada al pie del espolón del templo de Atenea Niké. La decadencia definitiva comenzó en el siglo XIII, cuando la ciudad fue conquistada por los cruzados francos y los principales monumentos saqueados, y prosiguió durante la ocupación otomana desde el siglo XV al XIX. Con la independencia griega en 1829 comenzó un largo proceso de excavaciones y restauraciones que todavía continúa.

Análisis formal.
 
Plano general de la Acropolis
Esquema de la acrópolis de Atenas.


La acrópolis se situaba al final de una amplia y larga escalinata que ascendía desde la base de la colina, y por la que subían los peregrinos cada día así como los ciudadanos atenienses durante la célebre procesión de las Panateneas.
La entrada era un edificio monumental, llamado los Propileos (437-431), erigido por el arquitecto Mnesicles, con la función de enorme vestíbulo, en el que se celebraban festejos, certámenes y exposiciones de pintura. A la derecha de la entrada, sobre la esquina sudoeste de la acrópolis, se divisaba a modo de bienvenida el primer templo importante, el más pequeño, el de Atenea Niké (427-424), del arquitecto Calícrates, de un estilo jónico.
En el interior continuaba el camino, teniendo a la derecha el pequeño santuario del Brauronion (dedicado en 430 a Artemisa Brauronia) y un poco más allá la gran Calcoteca, y se desarrollaba entre unos muros de altura mediana (para no obstaculizar la visión del resto de los edificios), en los que se colgaban inscripciones devotas. Destacaba en primer término la enorme estatua broncínea de Atenea Prómachos (“la que combate en primer línea), de 9 metros de altura (podía verse desde el puerto del Pireo e incluso desde el mar en los días claros), con un amplio espacio abierto delante del pedestal (que todavía se conserva) para que los fieles pudieran admirar su magnificencia. Fidias la erigió hacia 450-448 por encargo de Pericles, para celebrar la victoria griega de Maratón (490). Representaba a Atenea armada con una lanza en la derecha y portando un escudo en la izquierda, decorado con imágenes de la lucha entre centauros y lapitas, el mismo tema que aparece en una hilera de metopas en el Partenón.
Más allá se veía ya la parte trasera del Partenón, hacia el cual continuaba el camino, dejando a la derecha, más allá del Brauronion, la gran Calcoteca, que sustituyó a unas pequeñas y más antiguas edificaciones arruinadas por los persas en 480.
El Partenón (447-438), de los arquitectos Icti­no y Calícrates, era el edificio más importante, situado en medio del témenos o espacio sagrado, en un nivel más elevado que el camino para realzar el impacto visual, y los fieles lo rodeaban, contemplando la armoniosa columnata dórica y la decoración escultórica de las metopas, yendo desde la fachada trasera, donde admiraban las ofrendas de estatuas del opistodomos y la decoración del frontón de Fidias, hacia la fachada delantera, decorada con otro admirable frontón del mismo escultor, y allí podían ascender a la pronaos y divisar ya por la puerta abierta de la naos la gran estatua crisoelefantina de Atenea Parthenos (“la virgen”), en el interior, una de las grandes maravillas de la Antigüedad.
A la salida del Partenón, ya alcanzada la parte más alta de la Acrópolis, el camino religioso proseguía con la obligada visita al más ancestral de los templos, situado justo enfrente, el Erecteion, en realidad un conjunto de al menos seis pequeños santuarios y templetes, y al menos una tumba, erigidos en distintas épocas, descollando los templos antiguos de Atenea Polias y Erecteo, lo que explica la diversidad de espacios y niveles del edificio, que fueron restaurados y reformados (421-406) por el arquitecto Mnesicles para que tuvieran una unidad estética en un estilo jónico.
A su lado, en un nivel inferior, se erigió, también en 421, el Pandroseión, un pequeño templete abierto, para honrar el primer olivo, un regalo de Atenea.
Más allá, aún había más lugares para la devoción, como el antiguo palacio de los reyes de la ciudad, que probablemente conservaba la forma del an­ti­guo mégaron micénico, con una sala central rodeada de columnas. Hoy se encuentra en ese lugar el complejo museístico subterráneo en el que durante muchos años estuvo el Museo de la Acrópolis. También existía en el extremo un pequeño templo de Afródita, y para residencia de sus sacerdotisas había cerca de él en la parte norte el pequeño edificio del Arreforión. Otros edificios servían como residencias, almacenes y archivos.

Significado.
El origen de la acrópolis fue defensivo en casi todos los casos conocidos, porque muchos de los primeros núcleos urbanos se situaron en lugares elevados, accesibles pero bien defendibles, próximos a llanuras y fuentes para conseguir alimentos y agua, en zonas bien comunicadas por tierra y a menudo por mar. En estas primeras acrópolis vivía la mayor parte de la población y los soberanos y sacerdotes de las ciudades, que frecuentemente, como el basileus griego, eran el mismo: a la vez monarca y supremo sacerdote.
Con el tiempo las ciudades se expandieron y el casco antiguo cambió de uso, reservándose la acrópolis para sede del palacio real y los templos principales, dado que el lugar tenía el prestigio de lo antiguo. Fue el caso de la acrópolis de Atenas y asimismo ocurrió en la de Corinto y en la ciudadela del monte Palatino en Roma.
La acrópolis estaba normalmente muy cerca del ágora griega y asimismo del foro romano, o sea, las plazas principales de las ciudades, situadas justo al inicio del camino a la cima, por lo que se celebraban muchas celebraciones en forma de procesiones y otros rituales que iban de la plaza a la cumbre. Los mejores ejemplos conocidos son la procesión de las Panateneas en Atenas, y los ritos de las Lupercales en Roma, en honor de los fundadores Rómulo y Remo, además de las carreras sagradas.

Fuentes.
Internet.
Libros.
AA.VV. Arquitectura griega. Parramón. Barcelona. 2000. 95 pp.
AA.VV. Historias de arte para Bachillerato de las editoriales Algaida, Anaya, Bruño, ECIR, Edebé, Santillana, SM, Vicens Vives...
Boardman, John. El arte griego. Destino. Barcelona. 1991 (1967). 252 pp.
Martin, Roland. Arquitectura Griega. Aguilar. Madrid. 1989 (1980 italiano). 198 pp.
Papaioannou, Kostas. Arte griego. Gustavo Gili. Barcelona. 1973. 531 pp.
Pijoan, José. El Arte Griego. Summa Artis IV. Espasa-Cal­pe. Madrid. 1982. 591 pp.
Richter, Gisela. El Arte Griego. Destino. Barcelona. 1980.
Robertson, Martin. Arquitectura Griega y Romana. Cáte­dra. Madrid. 1988. 357 pp.
Robertson, Martin. El Arte Griego. Alianza. Madrid. 1987. 434 pp.

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