lunes 28 de abril de 2008
En el 3r trimestre del curs 2007-2008 es dóna la part del Renaixement i el Manierisme italià i espanyol, i continua amb el Barroc, del que's dóna prioritat a l'italià i a l'espanyol, en les tres grans arts: arquitectura, escultura i pintura; tenen especial rel·levància els artistes Bernini, Borromini, Caravaggio, els Carracci, Rubens, Rembrandt i Velázquez. Després ve el Neoclàssic, amb especial interès per David. Goya és un artista que ultrapassa tota classificació, i li dedicarem molta atenció a cavall entre els ss. XVIII i XIX. L'art dels ss. XIX i XX els veurem en una pròxima nota de programació.
viernes 16 de marzo de 2007
Arte barroco
61. EL ARTE BARROCO.
INTRODUCCIÓN.
1. CARACTERÍSTICAS GENERALES.
El arte y la Contrarreforma.
El arte y el absolutismo.
La estética barroca.
)Una distinción entre Barroco y Rococó?
2. ARQUITECTURA.
1.1. CARACTERÍSTICAS.
1.2. ESCUELAS.
ITALIA.
San Pedro del Vaticano: Maderno, Bernini.
Borromini y otros arquitectos.
FRANCIA.
Las iglesias.
El palacio de Versalles.
ALEMANIA.
INGLATERRA.
ESPAÑA.
El s. XVII.
El s. XVIII: los Churriguera.
3. ESCULTURA.
3.1. CARACTERÍSTICAS.
3.2. ESCUELAS.
ITALIA.
Bernini.
FRANCIA.
ALEMANIA.
ESPAÑA.
Escuela castellana: Fernández.
Escuela andaluza: Martínez Montañés, Mena, Alonso Cano.
Escuela murciana (s. XVIII): Salzillo.
4. PINTURA.
4.1. CARACTERÍSTICAS.
4.2. ESCUELAS.
ITALIA.
Caravaggio a Guardi.
FRANCIA.
Poussin a Watteau.
ALEMANIA.
FLANDES.
Rubens.
HOLANDA.
Hals, Vermeer, Rembrandt, De Hooch.
INGLATERRA.
Hogarth.
ESPAÑA.
Valencia: Ribalta, Ribera.
Sevilla: Zurbarán, Murillo, Alonso Cano y Valdés Leal.
Madrid: Velázquez, Rizzi, Claudio Coello y Carreño de Miranda.
INTRODUCCIÓN.
Este tema exige, por su enorme dimensión, concentrarnos en los caracteres generales y no entrar a fondo más que en unos pocos artistas y obras importantes. Así, destacaremos los edificiso de San Pedro del Vaticano y el palacio de Versalles, la obra escultórica de Bernini y la pintura de Velázquez, Rubens y Rembrandt. El urbanismo lo integraremos como parte de la arquitectura. El barroco español y, sobre todo, Velázquez deberían ser estudiados más a fondo en una UD propia.
Un resumen.
En las bellas artes, el epíteto de barroco ha servido para calificar, en sentido peyorativo, al estilo que sucedió a los del Renacimiento clásico y manierista, y se impuso en gran parte de Europa en el s. XVII y la primera mitad del XVIII.
El barroco fue un arte enfocado a la legitimación del poder absoluto de los monarcas y de la Contrarreforma religiosa emprendida por la Iglesia católica.
Nacido en Roma como expresión esencial de la Contrarreforma, se impuso especialmente en los países católicos, y renovó por completo la iconografía y el arte sacro. Pero fue también un arte cortesano, que reflejaba el absolutismo de los príncipes en el fasto de los decorados.
Contrariamente al ideal de serenidad y equilibrio metódicos del Renacimiento, el Barroco es un arte de una época de crisis, que desconfía de la inteligencia: quiere sorprender, deslumbrar y llegar hasta los sentidos en una época en la que se proclama el carácter afectivo de la fe. Lo logra mediante efectos de luz y movimiento, de formas de expansión que se expresan en arquitectura por el empleo del orden colosal, de la línea curva y de las rupturas: en escultura, por la preferencia hacia la torsión, las figuras volantes, los ropajes tumultuosos; en pintura, por composiciones en diagonal y juegos de perspectiva y de escorzo. Pero lo esencial es que las diferentes disciplinas tienden a fundirse en la unidad de una especie de espectáculo cuyo dinamismo y brillo multicolor son pruebas de su exaltación.
Pero el Barroco es también es una vuelta al naturalismo del Renacimiento, abandonado durante el Manierismo. En este sentido, el Barroco enlaza nuevamente con el clasicismo del Renacimiento y lo prolonga hasta la Edad Contemporánea.
1. CARACTERÍSTICAS GENERALES.
Mientras en el Renacimiento y en el s. XVI el hombre tenía una confianza ilimitada en sus propias fuerzas, en el Barroco y en el s. XVII el hombre pierde la confianza en su capacidad y surge en el arte el tema del desengaño: es una época de crisis. Crisis política, social, demográfica, económica y religiosa.
En esta época, en los países católicos culmina la Contrarreforma religiosa y predomina el Absolutismo político.
El arte y la Contrarreforma.
Es un arte al servicio de la Iglesia católica, que debe deslumbrar a los fieles con la fastuosidad y espiritualidad de sus monumentos y ritos. La iconografía de la escultura y la pintura sigue las pautas de la Contrarreforma, con un sentido didáctico de las vidas de los santos y de la Virgen (la Inmaculada), el tema de la Eucaristía, las visiones místicas.
En los países protestantes, en cambio, se pone al servicio de la Reforma: las iglesias son mucho menos grandiosas, se elimina la escultura en su decoración; sobre todo, la pintura es cotidiana, con retratos, bodegones y paisajes al gusto de la clientela burguesa.
El arte y el absolutismo.
El Barroco es un arte para el servicio y la legitimación de la monarquía absoluta, que debe impresionar a los súbditos con la contemplación del poder y de la gloria del monarca. Esto explica la importancia del urbanismo de las capitales, en las que se trazan grandes avenidas y plazas y se construyen enormes y lujosos palacios, así como se realizas obras plásticas que enaltecen al soberano.
En Francia hay un evidente dirigismo político, un arte cortesano, divergente del arte barroco religioso (Italia), burgués (Holanda) o popular. Es en Francia donde el arte y el absolutismo se funden de modo más evidente, sobre todo durante el reinado de Luis XIV (1643-1715), al principio bajo la regencia de Mazarino. La política cortesana dirigista alcanza su plenitud con Colbert, que es el ministro de la primera mitad del reinado (hasta c. 1685), con el apoyo de Charles le Brun, promoviendo la fábrica de los Gobelinos y la institucionalización de las Academias. Los Gobelinos era una fábrica de tapices del s. XV, convertida en 1667 en Manufactura Real de los Muebles de la Corona. Le Brun fue administrador del Real Patrimonio y director de los Gobelinos, con un enorme grupo de artistas y artesanos de todos los géneros. Fabricaban todos los objetos para el Patrimonio Real y además era escuela de formación artística y artesanal. Las Academias de Arquitectura, Pintura... fueron unidas en la Academia Francesa en 1663, con una reglamentación nueva pensada por Le Brun, subordinando el aparato del arte al Estado.
Como dice Félix de Azúa: *Rossellini, en su película sobre la toma del poder de Luis XIV, asume de un modo muy convincente que toda la representación cortesana del Rey Sol fue un sagaz artificio para la instalación del poder absoluto en un medio hostil, y en esa representación entraban, sin lugar a dudas, el teatro, la ópera, la pintura o la arquitectura, así como la abigarradísima vestimenta que hoy nos parece cosa de locos. El genio político de Luis XIV habría consistido primordialmente, en la genial dramaturgia que puso en marcha para obtener la creencia de los rebeldes feudales en la realidad del poder real. Una vez introducidos en la representación monárquica, los poderosos feudales fueron convertidos en perros de aguas.+[1]
El origen del Barroco: la reacción contra el Manierismo.
Hacia 1600 se produce una reacción antimanierista, una recuperación clasicista, en la que la idea de naturaleza se basa en el triunfo de la ciencia (esto implicará el triunfo del realismo). La ornamentación ha perdido su fuerza en Italia y se ha roto definitivamente la unidad renacentista. Entonces se fusionan en el Barroco todas las influencias posibles y existentes, con una experimentación enormemente rica, sin una dirección única, con una pluralidad extraordinaria. Este movimiento se difundirá desde Roma por Italia, España, Portugal, Francia, Austria, Alemania, Bohemia, Flandes, Polonia, Rusia y desde la península ibérica pasa a América Latina, donde hubo varios focos importantes: México (la capital, Puebla, Guadalajara), Quito (escultura y pintura, iglesia de la Compañía), Lima, Cuzco, Alto Perú (Potosí, La Paz, con su decoración en estilo barroco mestizo); en Brasil destacó Aleijadinho.
La estética barroca.
Los rasgos estéticos del arte barroco son naturalismo realista, clasicismo, pluralidad gramatical, movimiento y desequilibrio, interés por el paso del tiempo, contrastes, lujo.
- Naturalismo realista. El arte idealista del Renacimiento no reflejaba la realidad. En el Barroco se impone la vuelta a lo real, se intenta captar al hombre y a la naturaleza con todas sus imperfecciones. Pintores como Rembrandt y Ribera prefieren pintar dramáticamente a viejos, santos huesudos que viven y sufren ascéticamente, Velázquez retrata bufones enanos. Consideran que estas figuras feas existen en la realidad y deben ser representadas en el arte.
- Clasicismo. Se vuelve a los modelos clásicos de la Antigüedad, denostados por el experimentalismo del Manierismo. Se cultivan sobremanera los temas mitológicos y alegóricos. En este sentido destaca la arquitectura y la escultura de Bernini, la pintura serena de Poussin. Pero en Italia más que el modelo clásico se toma el modelo helenístico, más expresivo.
- Pluralidad gramatical. Conviven varios grandes modelos: en arquitectura el italiano y el francés; en escultura el italiano y el francés; en pintura el italiano, el holandés y el flamenco, mientras que el español se puede considerar un modelo independiente.
- Movimiento y desequilibrio. Movimiento y retorcimiento se generalizan en las formas. Es un arte que procura captar la vida, que es movimiento y no quietud.
- Interés por el paso del tiempo. El hombre barroco contempla con melancolía el paso del tiempo, de ahí la ternura dolorosa con que plasma el tema de la vejez. La vida es fugaz.
- Contrastes. La luz y la sombra se disputan el dominio de las pinturas y los interiores de los edificios. Se resaltan los contrastes entre los primeros planos y los últimos, lo mismo en las pinturas que en las construcciones.
- Lujo. Para compensar la melancolía del paso del tiempo se resalta la riqueza: las telas costosas en la pintura, los mármoles de colores en la arquitectura.
Periodificación.
En la periodificación del Barroco no hay acuerdo entre los autores. Generalmente se defendió que habría comenzado hacia 1600, al decaer el Manierismo, y perduró hasta el 1750 o incluso más en algunos países, hasta el triunfo del Neoclasicismo.
En la actualidad la tesis más general pone su inicio en c. 1620-30, cuando se evidencia un cambio estilístico evidente. Se origina en Italia y en dos decenios se extiende por toda Europa, con mayor rapidez en los países que habían recibido antes el Renacimiento. Pero hay en algunos países unos rasgos barrocos mucho antes, como en España.
Habría dos fases:
- Un barroco estructural (s. XVII).
- Un barroco decorativo (sobre todo en primera mitad del s. XVIII), de los excesos, también llamado Rococó.
)Una distinción entre Barroco y Rococó?
Ha habido intentos teóricos, de configurar el Rococó como un estilo independiente del Barroco. El Rococó aparecería en algunos países, sobre todo en Francia e Inglaterra, hacia finales del s. XVII, conviviendo cronológicamente con el Barroco durante decenios y dominando hacia mediados del s. XVIII en la mayoría de Europa, para enlazar y diluirse con el racionalismo del neoclasicismo en la segunda mitad del XVIII. La estética rococó se caracterizaría por su creciente racionalismo, por el cultivo de lo intrascendente y de lo mínimo, de lo decorativo, por su normativismo y academicismo (algunos autores prefieren este término para este estilo) para satisfacer el gusto de la clientela cortesana y burguesa con un arte mucho menos expresivo, dramático, religioso y monumental que el Barroco.
Pero no hay un consenso historiográfico al respecto y la mayoría de los autores consideran que el rococó no es un estilo propio porque no supone una estética alternativa, sino una exageración y evolución de los rasgos más decorativos, cortesanos y burgueses del Barroco, lo que parece evidente al menos en los casos de Alemania, Austria y la misma España, aunque bastante menos en los Francia e Inglaterra.
Una conclusión plausible sería señalar que el término Barroco no es un concepto universal y homogéneo, sino una concepción historiográfica que debe ser continuamente revisada, sin caer en dogmatismos, y que debemos identificar en su seno profundas diferencias regionales, matices, evoluciones. En este sentido, el término Rococó podría ser muy útil para referirse al final del Barroco y su enlace con los movimientos racionalistas e ilustrados del s. XVIII en los países más avanzados.
2. ARQUITECTURA.
1.1. CARACTERÍSTICAS.
Rasgos de la arquitectura del barroco son:
- Es una arquitectura grandiosa: hay una enorme amplitud en los espacios, que se centralizan o alargan (San Pedro del Vaticano, Versalles), mientras que las cúpulas se levantan.
- El equilibrio de formas: en el modelo italiano hay un interés por el movimiento y la curva; en el modelo francés, en cambio, por la estaticidad y la recta. Pero en ambos el conjunto es armónico y simétrico, con formas puras (cuadrado, círculo, triángulo).
- Gusto por los contrastes en el interior: cromáticos y lumínicos, creando claroscuros que impresionen.
- La decoración impresionante: los adornos cubren las superficies, con creciente lujo y esplendor, hasta que llega el rococó, de un barroquismo delirante.
- La integración de las artes: arquitectura, urbanismo, escultura, pintura, se integran en una unidad.
- La contraposición de varias tendencias: se fusionan y contraponen los modelos francés e italiano.
- La importancia del urbanismo, en la teoría y la práctica, al servicio del poder, sobre todo en las plazas públicas.
- El mecenazgo del poder político y religioso: los Príncipes y los Papas, los nobles y los obispos, son los grandes clientes y exigen una arquitectura que legitime su poder.
1.2. ESCUELAS.
ITALIA.
En Italia la capital artística es Roma, con más fuerza aún desde finales del s. XVI. En Roma en 1585-90 hay una profunda reordenación urbana con Sixto V, para hacer de la ciudad una urbe emblemática del catolicismo. Sixto V justifica el grandioso proyecto de urbanismo en un documento: Roma ha de ser la sede de Pedro, príncipe de los apóstoles y sede de la capital de los cristianos, por lo que debe tener la máxima belleza material para significarlo. Se derriban barrios enteros, se abren anchas avenidas, se colocan edificios monumentales y obeliscos egipcios en los hitos. La escenografía urbana y la fiesta son parte fundamental de la vida en la época. El palacio italiano se articula a partir del cortile integrado en el conjunto del edificio.
En la arquitectura religiosa hay una variada tipología:
- Basilical.
- Planta elíptica: doble circunferencia interrelacionada.
- Centralizada.
- Doblemente centralizada: se pondera el eje de continuidad de la tradición basilical e insiste en la extensión a través de capillas.
San Pedro del Vaticano: Maderno, Bernini.
Uno de los hitos del Barroco es la continuación de la obra de la catedral de San Pedro, la culminación de la historia del proyecto en los ss. XVI-XVII, desde Bramante (planta central), Rafael, Peruzzi, Miguel Angel (cúpula, volumen exterior, centralización del crucero), Della Porta (que hace reformas).
En 1607 el papa Pablo V decide continuar las obras, pues faltaba la fachada principal. Había entonces un cuerpo delantero para las bendiciones papales (hacia el exterior), y ya estaba el obelisco. Pero hay un cambio de gusto artístico en este momento. El concurso de proyectos de 1607 supone la llegada de artistas de formación tardorrenacentista, que buscaban nuevas fórmulas de experimentación, y por ello el Barroco se pudo experimentar y consolidar en esta obra.
Carlo Maderno (1556-1629) ganó el concurso. La cruz griega (centralizada según los proyectos de Bramante y Miguel Angel) se convierte en cruz latina (retomando la reforma de Rafael), alargando la nave central un tercio con nuevos tramos. Se rompe con el concepto de centralidad y se recogen las pautas postridentinas. La fachada se plantea con equilibrio y respeto por lo ya existente, sin ocultar del todo la cúpula, con un orden arquitectónico monumental con pilares y frontispicio. La novedad es el uso tectónico del orden arquitectónico, la horizontalidad subrayada por la poca altura del cuerpo de remate, el respeto por la visualización de la cúpula. Hay una dualidad perceptiva, con intervención del urbanismo para armonizar el diseño nuevo con el anterior.
En el interior destaca la decoración, para la que se usan monumentos funerarios de los papas, con escalas divina y humana, y el famoso baldaquino de Bernini, con columnas salomónicas (fuste retorcido), en 1630-1633, con una función de decoración estructural que se relaciona con la catedra de San Pedro. Este baldaquino subraya el centro de la iglesia y el lugar de la cúpula, pero lo hace mediante un monumento abierto, sin fragmentar la unidad espacial al permitir la visión a través de sus columnas.
Gianlorenzo Bernini (1598-1680) hace también los dos campanarios de la fachada. La escalera regia lleva a los aposentos privados del papa (su gran anchura disminuye a medida que se sube). El proyecto de la plaza se incluía en el proyecto de 1607, pero lo modifica y realiza Bernini en 1656-1663 (las fechas son dudosas porque se hicieron varias reformas, hasta 1687). Es una obra inmensa para poder recibir a las multitudes de fieles, con doble ala, con un diseño trapezoidal y elíptico que es un símbolo de la maternidad de la Iglesia. Hay elementos clásicos: pórticos de cuatro hileras de columnas, correcciones ópticas para remarcar la unidad perceptiva. Destaca la centralidad visual en el obelisco egipcio y la fachada de la basílica, de modo que se liga la plaza con el entorno y con la propia iglesia.
En resumen, el modelo de San Pedro impone:
- La planta basilical, que los jesuitas difunden a partir del modelo de interior amplio y fachada-retablo del Gesú de Roma (1568) en otras iglesias, sobre todo en Flandes, la tierra predilecta de los jesuitas, donde construyen en el s. XVII iglesias que recuerdan la estructura y el impulso vertical del gótico.
- El uso del sistema clasicista de órdenes para los volúmenes interiores y exteriores.
- La interrelación de espacios interiores y exterior a través de la fachada.
- El uso de la ornamentación como modificadora de ambientes o incluso como creadora de una ilusión espacial.
Borromini y otros arquitectos.
Otras obras maestras son las fachadas de Francesco Borromini (1599-1667) en Roma para San Carlino delle Quattro Fontane, Santa Agnese in Agone, San Ivo alla Sapienza, con curvas, contracurvas e interpenetraciones de figuras geométricas.
San Carlino delle Quattro Fontane (1638-1641) muestra una gran plasticidad, en órdenes en escala monumental y humana (a veces intermedias), con alveolos. Santa Agnese in Agone tiene un gran efectismo visual, con cúpula avanza respecto a la fachada hacia la Piazza Navona como punto de partida para su lectura, con una arquitectura de órdenes que crea los ritmos y el movimiento en la fachada. Sant Ivo alla Sapienza (1642-1662) tiene una estructura (con sus volúmenes) que domina sobre la decoración.
En el norte de Italia destacan los arquitectos de Turín. Un gran arquitecto piamontés es Guarini (1624-1683) con la capilla del Santo Sudario. Filipo Juvara realiza la gran Basílica de Superga (1717-1731) en Turín, con planta barroca de octógono irregular y un pórtico clásico, con atrio exterior y atrio interior, es una fórmula mixta de tradición basilical; también realizará el Palacio Real de Madrid (1738-1764, terminado por Sacchetti). En Venecia destaca el arquitecto B. Longhena, autor de Santa Maria della Salute.
FRANCIA.
El clasicismo domina en este periodo la arquitectura francesa, de tal modo que muchos autores han rehusado llamarla barroca y prefieren llamarla clasicista. Este modelo clasicista pervivirá hasta el mismo s. XIX.
Con el reinado de Enrique IV (1598-1610) y la regencia de María de Medicis (1610-30) se reconstruye la economía y la sociedad después de las Guerras de Religión, en la gricultura, industria y administración. En el arte hay un impulso en la arquitectura: reformas urbanas en París, continuación de las obras en los palacios reales. En pintura y escultura hay la segunda Escuela de Fontainebleau. El Manierismo tardío se centra en Nancy (Vellange, Callot) y París (Vignon, Villard).
A continuación se entra en una fase de consolidación del arte cortesano, en los reinados de Luis XIII (1630-43) y, sobre todo, Luis XIV (1643-1715), cuando Francia, pese a las crisis y las guerras, es en general el país más poderoso y rico de Europa, y su monarquía dedica grandes medios económicos a una arquitectura grandiosa, que exalte su gloria y su poder político. Los ministros franceses, Richelieu y Mazarino, más tarde Fouquet, Colbert, etc., son grandes ideólogos del arte oficial, mecenas del arte aúlico, del arte como expresión del poder. Las Academias, controladas por el Estado, desarrollan un programa artístico al servicio del poder. Por ejemplo, se rechazaron los proyectos de Bernini, por ser poco "espectaculares".
Caracterizan el espacio barroco francés la simetría y la geometría, la continuidad y la extensión. Los arquitectos más importantes son Perrault, Lemercier, Le Vau y François Hardouin Mansart. En Francia la reacción antimanierista es más tardía, pero más intensa, pues comienza la interpretación francesa de la tradición clasicista italiana.
Las iglesias.
Sus características generales son la centralización, la simetría, la geometría, pero ello no impide que se integren influencias barrocas italianas (con líneas más concavas y convexas que en la linealidad rectilínea francesa).
Destacan las iglesias en París de Val-de-Grâce, La Sorbona, Los Inválidos, Cuatro Naciones, Visitación.
La iglesia de Val-de-Grâce, de Mansart (1646), se parece al modelo italiano de Vignola para el Gesú en Roma, con fachada-retablo, con una cúpula medio oculta. Comienza una fase más purista y racionalista en la utilización de los elementos del clasicismo, eliminado ya el manierismo.
La iglesia de la Sorbona en París, de Lemercier, es de planta basilical, centralización muy subrayada (con cúpula), con una entrada lateral mayor que la principal (para tener una mejor perspectiva exterior). La fachada no es representativa del barroco francés posterior debido a su entrada no simétrica respecto a la planta, que es una licencia extraña.
La iglesia de los Invalidos (tumba de Napoleón y otros hombres ilustres), de París, de 1679, con planta centralizada integrada simétrica, con capillas enormes. Es un eje longitudinal, con extensión en las capillas. El exterior es de un clasicismo estricto, con linealidad, progresión, monumentalidad. Los órdenes definen los ritmos, con cuerpos de escala humana.
El Colegio de las Cuatro Naciones, de Le Vau (d. 1663), con simetría, geometría (un elemento muy recurrente en la tradición francesa), centralización.
La iglesia de la Visitación, de Mansart, centralizada, simétrica, pero más italiana. La fachada es clásica, con una cúpula enorme, y tiene a un lado un cuerpo de tipología civil.
El palacio de Versalles.
En la arquitectura civil francesa el patio controla la axialidad del edificio, los volúmenes de las salas y del cuerpo central. En los hoteles (residencias particulares de la burguesía) el cuerpo central está al fondo del patio con alas para los servicios. Mansart construye varios de estos hoteles, en los que hace un uso muy personal de la arquitectura de órdenes, con una decoración austera, en una línea racionalista y tradicional.
Un precedente de Versalles es el palacio de Vaux-le-Vicomte, de Le Vau, construido para el ministro Fouquet (1661). Es un esquema de planta alargada con dos pequeñas alas en la fachada principal. En 1661 Fouquet hizo una famosa fiesta en su palacio (con una fastuosa iconografía del poder) que despertó la envidia y preocupación del rey y le convenció para detener a Fouquet y copiar su palacio en Versalles, pero en tamaño mucho más imponente.
El palacio de Versalles, de Le Vau y Mansart (d. 1667) es el desarrollo monumental del esquema del palacio renacentista. Realizado para Luis XIV, concentra todos los recursos de la política cortesana. Existieron varios proyectos: LeGrand, Bernini, Le Vau y, por último, Mansart. Sigue el esquema del palacio de Vaux-le-Vicomte, con cuerpo central y dos alas laterales. La cámara del rey organiza y jerarquiza todo el espacio.
Los jardines de Le Notre son muy simétricos, de un geometrismo emparentado con la idea racional del absolutismo monárquico. El pabellón del Grand Trianon, de Mansart, de dimensiones más reducidas, es un ámbito más humano. Se subrayan y refuerzan los elementos estructurales que crean efectos ilusionistas (una influencia italiana).
ALEMANIA.
Alemania es el escenario de la terrible Guerra de los Treinta Años, que desoló la zona, lo que explica su relativo retraso hasta finales del s. XVII y principios del XVIII. Domina la influencia de dos modelos, en general del francés en los palacios y del italiano de Borromini y Guarini en los templos, gracias a las órdenes religiosas. El Rococó, de extraordinarios efectos recargados, es el estilo dominante en el s. XVIII.
En Alemania tenemos en Munich a Assam, Cuvillés y los Zimmermann. Pero es en la imperial y católica Austria donde están las mejores obras, con los arquitectos Fischer von Erlach, L. von Hildebrandt y Neumann. En Bohemia destacan la familia de los Dietzenhofer, con la iglesia de San Nicolás de Praga. Numerosos palacios, iglesias de peregrinación y abadías muestran la alegría del Barroco germánico, que llega a los países protestantes de Sajonia (Dresde, con Pöppelmann) y Prusia (palacio de Sans-Souci en Postdam).
INGLATERRA.
En Inglaterra hay una pervivencia de lo clásico, gracias a que Inigo Jones realiza en la primera mitad del s. XVII una introducción tardía del clasicismo de Palladio. Ya en la segunda mitad del s. XVII aparece el gran arquitecto Christopher Wren, autor de la catedral de San Pablo (con altísima cúpula) en Londres y de numerosos templos, aprovechando la labor de reconstrucción después del gran incendio de Londres (1666).Ya en el s. XVIII, Wood edifica parte de la ciudad balneario de Bath, pero en el estilo del neoclasicismo.
ESPAÑA.
Las características de la arquitectura española son la modestia y las pocas novedades. La pobreza material de España explica que se utilicen materiales pobres (ladrillo para la estructura, dejando la piedra para las fachadas) y estructuras falsas (p.e. las cúpulas con entramado de madera en vez de piedra como en Roma). Perviven durante mucho tiempo el modelo herreriano de El Escorial, tan bien adaptado al espíritu de la Contrarreforma, con sus líneas sencillas y rectas, aunque ahora aparece una libertad completamente barroca. Los edificios, muy austeros en la primera mitad del s. XVII, recibirán en la segunda mitad, pese a la pobreza general del país, la influencia de un hiperdecorativismo.
En España no hay un modelo propio, sino una síntesis de los modelos francés e italiano, con un dominio del espíritu de la Contrarreforma, al servicio del poder real: las plazas mayores como grandes escenarios para el poder y la fiesta barroca.
Hay una evolución desde el clasicismo romano al barroco exaltado y expresivo (churriguerismo), y luego una vuelta al clasicismo, hasta desembocar en el neoclasicismo.
El siglo XVII.
En el siglo XVII destacan los arquitectos Gómez de Mora, el italiano Francisco Bautista Crescenci y De la Torre. Las mejores obras son los templos y las plazas.
Especial mención debemos hacer a Juan Gómez de Mora, autor de la iglesia de la Clerecía en Salamanca (con el modelo de la iglesia del Gesú en Roma, de Vignola), un ejemplo de teatralidad en sus fachadas, interiores y retablos, que buscan producir una impresión grandiosa, y del convento de la Encarnación en Madrid, probablemente junto al arquitecto Fray Alberto de la Madre de Dios (1611-1616), con geometría, desnudez y clasicismo. Gómez de Mora sigue el modelo herreriano en la gran Plaza Mayor y el Ayuntamiento de Madrid (d. 1629), con remates de chapiteles madrileños.
Las iglesias siguen el modelo italiano, influido por la tradición española. Destacan: La iglesia del Pilar de Zaragoza, de F. Herrera el Joven. La Iglesia de Montserrat, con fachada retablo, totalmente planimétrica, con órdenes. La Catedral de Cádiz, ejemplo de pervivencia tardomanierista, con almohadillado y óculos ciegos (como los de Miguel Angel en la Biblioteca Laurenciana). La catedral de Murcia, fachada-retablo con gran dinamismo. Las reformas de la catedral de Santiago (1652-1749), por la escuela salmantina de J. Peña, Andrade, Casas Novoa, que penetran ya en el siglo siguiente.
Las plazas imitan el ejemplo herreriano de El Escorial y son pensadas para grandes concentraciones populares en las fiestas y procesiones. Hay también algunos palacios, como el palacio del Buen Retiro para Felipe IV.
El siglo XVIII: los Churriguera.
En el s. XVIII la arquitectura incorpora el modelo francés y evoluciona desde la Contrarreforma a la Ilustración (casi un neoclasicismo). Destacan entre los arquitectos los tres hermanos Churriguera (José, Alberto y Joaquín), Casas Novoa, Miguel de Figueroa, Hurtado, Tomé y Pedro Ribera.
José de Churriguera, el más importante de los hermanos, es autor de las iglesias del Nuevo Baztán y Loeches y de otras obras importantes, en colaboración con sus hermanos Alberto y Joaquín.
Las plazas siguen el modelo anterior y destaca la Plaza Mayor de Salamanca (1729-1733), de Alberto Churriguera.
Entre las obras religiosas sólo destaca la fachada del Obradoiro en Santiago (1738), de Casas Novoa.
Narciso Tomé fusiona las tres artes en el Transparente de la girola de la catedral de Toledo (1732). Pedro Ribera, tal vez el mejor arquitecto e ingeniero barroco español, realiza numerosas portadas en Madrid en la primera mitad del s. XVIII, como la del Antiguo Hospicio. Los edificios más emblemáticos son los palacios, que con el relevo de los Austrias por los Borbones intentan imitar el esplendor de Versalles. Destacan de Juvara el Palacio Real de Madrid (terminado por Sachetti) y la fachada del de La Granja en Segovia (la planta es de Teodoro Ardemans), con sus jardines regulares. El Palacio del Marqués de Dos Aguas, en Valencia, de Rovira (1740-44) concentra la decoración en el portal y en las ventanas.
3. ESCULTURA.
3.1. CARACTERÍSTICAS.
Las características de la escultura barroca son:
- Realismo, dramatismo, una captación del momento fugaz.
- Afán de movimiento, composiciones abiertas, escorzos, con una gran riqueza de puntos de vista, sentido efectista.
- Ansia de grandeza, de majestuosidad.
3.2. ESCUELAS.
Hay una gran homogeneidad en las tres escuelas más destacadas: Italia, España y Francia. En los demás países hay sólo algunos escultores aislados de calidad, como el flamenco Verbruggen, que instala sus sorprendentes sillas de coro, con elementos vegetales que se curvan alrededor de figuras esculpidas.
ITALIA.
Bernini.
Bernini (1598-1680) es el gran arquitecto y escultor de su tiempo, el preferido por el Papa, admirado en Francia, un gran maestro en sus obras en las fuentes y tumbas papales.
Destacan en su juventud el Apolo y Dafne y el David.
Apolo y Dafne (1622-1625, Galeria Borghese de Roma), es una pareja mitológica llena de movimiento (brazos, piernas, ropajes, en una composición en diagonal, en desequilibrio contorsionado), de gracia (los rostros y los cuerpos mórbidos), de realismo (la boca de Dafne sugiere un grito de miedo). Dafne se salva de la persecución de Apolo, conviertiéndose en árbol. Bernini capta el instante fugaz en que su brazo izquierdo se convierte en rama de laurel y su pierna izquierda en corteza de tronco.
El David (1623), es una obra realista y tensa, muy distinta del idealista David de Miguel Ángel. El Baldaquino (1624-1633) del Vaticano es una obra tan arquitectónica como escultórica. En el Éxtasis de Santa Teresa (1645-1652) el movimiento y la pasión mística son magistrales. En La fuente de los cuatro ríos recurre a la mitología. Destacan sus sepulcros de Urbano VIII (1639-1647) y Alejandro VII (1678-1680, que acabaron sus discípulos) en el Vaticano, las obras máximas del arte sepulcral del Barroco.
Bernini ha sido definido con razón como el sucesor de Miguel Ángel y el último gran genio que ha dado Italia al arte.
FRANCIA.
La misma razón que hace que en Francia el Barroco sea un arte palaciego hará que la escultura se dirija, principalmente, a complacer a los poderosos. Los temas serán mitológicos, es decir, temas gratos para la arquitectura real, pero también abundará el retrato. Como en la Roma antigua: el culto a los dioses y el homenaje a los señores. A pesar de los rígidos condicionamientos que las Academias imponían al arte sobresalen algunos artistas muy personales: Puget, Girardon y Coysevox.
El clasicismo francés: Puget, Girardon, Coysevox.
Pierre Puget (1620-1694) estudia en Italia y comienza su actividad como pintor. Más adelante se interesa por la escultura y es atraído por el lenguaje pictórico-escultórico de Bernini, y en este mismo lenguaje labra sus primeras obras como el San Sebastián, de Génova. Ya en Francia madura su estilo tornándolo más escultórico y acentuando el realismo sin olvidar un cierto énfasis clásico. De esta época es el conocido Milón de Crotona (1682), del Louvre, que con incontenible dinamismo representa la más ferviente oposición al academicismo oficial de este siglo en Francia.
François Girardon (1628-1715) había ido a Roma a estudiar la Antigüedad clásica, pero aprendió más con Bernini y el Barroco romano. Trabaja principalmente sobre asuntos mitológicos que resuelve con serenidad aún clásica pero con ese acabado de superficies delicado y perfecto que será característico del siglo XVIII. En este sentido su mejor obra es el Apolo y las Ninfas, de Versalles. Es muy interesante su aportación al arte funerario, labrando el Sepulcro del Cardenal Richelieu (1694), en la Iglesia de la Sorbona, con una solemnidad casi ceremoniosa que denota ser francesa pese a la apariencia italiana.
Antoine Coysevox (1640-1720) es de mayor fuerza creadora que Girardon. Gran retratista, recurre con frecuencia a lo que era moda en Francia: retratar a los personajes como seres mitológicos. De esa forma la reverencia a la Antigüedad y la pleitesía a los poderosos quedaba aunada y potenciada doblemente. El más interesante de estos retratos mitológicos es el de María Adelaida de Saboya, como Diana Cazadora (1710), en el Louvre, que a pesar de seguir fielmente las normas de la Academia, logra transmitir la gracia y vitalidad de la mejor época clásica. Retrató a los más grandes personajes de las Cortes de Luis XIV y de la Regencia de Luis XV y, por supuesto, a los monarcas. La estatua orante de Luis XIV (1715), en la Notre-Dame de París muestra la serena majestad del gesto y ese equilibrio, entre un afectado naturalismo y la solemnidad de tradición clásica, que hacen de este retrato un gran ejemplo del arte oficial del "gran siglo" francés. Sus retratos muestran una honda captación psicológica, que puede parangonarse con los antiguos retratos romanos. Ello hace que sea considerado como uno de los mejores escultores barrocos de toda la Europa del siglo XVII.
ALEMANIA.
En la temática religiosa es una escultura aplicada a la arquitectura, en la que destacan las tallas de madera. En Munich destaca Baltasar Permoser.
Destaca también el arte del retrato aúlico al servicio del poder, sobre todo en Viena, con el escultor Donner.
ESPAÑA.
Las características de la escultura barroca española son el misticismo en la dominante temática religiosa (Dolorosas, Magdalenas, Piedades, Cristos Yacentes), el naturalismo realista de gran expresividad, el uso de la madera policromada en la imaginería.
Destacan entre las escuelas del siglo XVII dos en especial, la Escuela castellana, con Gregorio Fernández, de un realismo violento, muy dramático y expresivo y la Escuela andaluza, con Martínez Montañés, Pedro de Mena y Alonso Cano, de un realismo clásico, más dulcificado que el anterior. En el siglo XVIII destaca la escuela murciana, con Salzillo, bajo la influencia de Nápoles y que se relaciona ya con el Rococó. Menos importante es la escuela catalana de la familia Bonifás (en Valls).
También están los hermanos José Churriguera y Joaquín Churriguera, que además de arquitectos son escultores. José es el inspirador de una fusión de la arquitectura y la escultura, en un estilo rococó hispano que ha sido llamado churrigueresco por su recargramiento decorativo: estípites, columnas salomónicas cubiertas de pámpanos y vides, entablamentos quebrados. Su culmen es el retablo de san Esteban de Salamanca (1693).
Escuela castellana: Fernández.
Escuela castellana del s. XVII está representada por Gregorio Fernández, que trabaja en Valladolid, donde realiza una extraordinaria serie de obras para los pasos procesionales, de gran expresividad y patetismo. Destaca en sus Cristos y Vírgenes Dolorosas.
Escuela andaluza: Martínez Montañés, Mena, Alonso Cano.
La escuela andaluza del s. XVII está representada por Juan Martínez Montañés (el más famoso), Pedro de Mena y Alonso Cano. Sus obras, sobre todo las Inmaculadas, para los pasos procesionales de Sevilla y Granada son modélicas por su elegancia y una mayor serenidad, lo que las distingue de las castellanas. Las imágenes andaluzas son siempre bellas, mientras que las castellanas pueden ser de una fealdad violenta y terrible (sin ser por ello menos extraordinarias). Además son más polícromas, con mucho oro, mientras que las castellanas son más austeras.
Escuela murciana (s. XVIII): Salzillo.
La escuela murciana del s. XVIII, de una escultura rococó, tiene su cumbre en Francisco Salzillo. es Francisco Salzillo (Murcia, 1707-1783), hijo del escultor de Nápoles, Nicolás Salzillo (Capua, 1672-Murcia, 1727). Fue novicio de los dominicios hasta 1727. Sus etapa de esplendor fue h. 1750. Supo fundir dos tradiciones, el dramático expresionismo español y la virtuosa técnica napolitana. Se dedicó sobre todo a la imaginería religiosa para retablos, capillas y altares, pasos procesionales, con esculturas de madera policromada e "imágenes de vestir".
4. PINTURA.
4.1. CARACTERÍSTICAS.
La pintura barroca se caracteriza por: luz y color, profundidad, disposición diagonal, realismo y movimiento.
- El predominio de la luz sobre la forma y del color sobre el dibujo, en manchas que difuminan la línea (es preciso alejarse para percibir las formas). El tenebrismo de Caravaggio, con sus claroscuros, será muy influyente.
- El dominio de la profundidad, engrandeciendo el primer plano para que el fondo se perciba como algo lejano o iluminando el fondo para que el espectador lo observe.
- La disposición de las figuras en diagonal para dar la sensación de desequilibrio.
- Un realismo extraordinario, que aparece tanto en la representación de la fealdad y de las cosas desagradables como en el amor por los objetos y el paisaje.
- El movimiento. Son figuras atormentadas, que giran, que no son estáticas.
4.2. ESCUELAS.
ITALIA.
Caravaggio a Guardi.
Italia es el gran centro artístico de Europa, como en los siglos anteriores. Su modelo pictórico es, junto al holandés, la gran referencia, y se caracteriza por el clasicismo y por el nuevo tenebrismo.
Caravaggio inicia la tendencia del tenebrismo, con sus contrastes de luz y sombra, los claroscuros que permiten dirigir la atención hacia las zonas donde la luz incide voluntariamente. Transforma la pintura religiosa con su "principio de realidad": marcar la identidad material de los seres y de las cosas, revelar los límites humanos del mundo. Esta tendencia es seguida por el Guercino, Dominichino, Guido Reni, que procuran unirla al clasicismo. Influirá en etapas de la obra de Zurbarán, Murillo, Velázquez y Rembrandt.
La tendencia del clasicismo está representada por la escuela de Bolonia: los hermanos Carracci, fundadores de la Academia de Bolonia, y el mismo Reni.
El decorativismo tiene a un maestro en Pietro da Cortona, con obras plenas de ilusionismo decorativo, que cubren los techos con vuelos celestes en trompe l'oeil (trampantojos que fingen profundidad) como también hacen Lanfranco, Luca Giordano (1634-1705), que trabajó en sus últimos años en España (frescos de El Escorial), y Andrea Pozzo en la bóveda de la iglesia de Sani Ignacio de Roma (1681).
En el s. XVIII hay una clara decadencia, aunque todavía descuella la escuela veneciana con Tiépolo (1696-1770), nacido en Venecia, muerto en Madrid, autor de grandes obras religiosas, de decoración monnumental, y los paisajistas urbanos Canaletto y Guardi. Otros centros menores son Bolonia, Génova y, en el sur de Italia, los de Nápoles, Lecce y Sicilia.
FRANCIA.
Poussin a Watteau.
Destaca en Francia la pintura de palacio, sobre todo desde la segunda mitad del s. XVII, cuando Luis XIV subordina el arte a la monarquía, con una pintura palatina en la que los retratistas reales exaltan la majestad del rey. Las características a partir de 1650 son el academicismo y el barroquismo.
Los primeros maestros son Champaigne y La Tour, cuyos claroscuros son célebres.
Poussin, un pintor francés en Roma, es el mayor clasicista del siglo, con obras de extraordinaria factura técnica, temas antiguos, realismo al servicio del simbolismo.
Claude de Loraine es un extraordinario paisajista.
La imagen del poder de Luis XIV y los cortesanos queda fijada por los grandes retratistas Le Brun, Mignard.
La pintura tardobarroca francesa del s. XVIII evoluciona hacia el rococó, el academicismo (una mezcla oficializada de barroco y rococó) y el neoclasicismo, en una confluencia de estilos: Watteau, Boucher, Chardin, Fragonard y Greuze, autores de excelentes obras costumbristas, galantes, de naturalezas muertas y paisajes. Puede decirse que Watteau es a la vez el último pintor barroco francés y el primero rococó. El neoclasicismo comenzará realmente con David, discípulo de Boucher.
ALEMANIA.
En Alemania destaca la pintura mural. La lista de pintores es exigua y su calidad relativamente mediocre.
FLANDES.
La católica Flandes, bajo la dinastía de los Habsburgo españoles, destaca por la alegría de vivir. La pintura flamenca es alegre, con una temática popular y cotidiana. Su nivel de calidad es muy alto, gracias a su rica tradición y a la recepción del modelo italiano en la forma y la temática. El gran maestro es Rubens, dominador de todos los temas religiosos, mitológicos y profanos, que es el epítome de artista cortesano. Anton Van Dyck destaca en el retrato, tanto en Flandes como en la corte inglesa. Jordaens es otro maestro del retrato.
Rubens.
Petrus Paulus Rubens (1577-1640) nace en Alemania, de padres flamencos desterrados. Volvió a Amberes, donde residió cuando no estaba en sus constantes viajes, a Italia para aprender de Tiziano (del que hizo bastantes copias). Fue embajador de Felipe III en varias cortes europeas, compaginando la diplomacia con la pintura y aprovechando para promocionar su obra.
Es el polo opuesto de El Greco. Pinta gruesas figuras femeninas rebosantes de vida, en ricos ambientes aristocráticos. Pinta la vida: en sus cuadros todo bulle, todo se mueve, las figuras se contorsionan en posturas incómodas, los caminos serpentean, los árboles retuercen sus ramas...
Sus obras son muchas (gran parte hecha por sus discípulos de taller, con su dirección y acabado). Los temas mitológicos son los más frecuentes, con su capacidad para el color; los sátiros de músculos broncíneos contrastan con las ninfas de piel nacarada; destacan Ninfas perseguidas por sátiros, Diana y sus ninfas, Las tres Gracias, Alegoría del Amor, al modo italiano. Cultiva el género religioso, con sus grandes cuadros de altar, en La Adoración de los Reyes, La Erección de la Cruz, El Descendimiento de la catedral de Amberes, con un gran efectismo de la luz. Pintor de la vida familiar, de temas históricos, de corte en el Retrato de María de Médicis, de temas populares: la Danza de los campesinos. Su influencia, a través de sus discípulos, llena el s. XVII.
HOLANDA.
Hals, Vermeer, Rembrandt, De Hooch.
El modelo holandés se basa en el empirismo, el amor por la naturaleza y la ciencia, el interés por lo cotidiano, el color, el detallismo. La religión calvinista y la clientela burguesa explican en parte el interés por los temas profanos.
Los géneros se especializan en: retrato, paisaje, naturalezas muertas, cuadros de animales y flores, escenas campesinas, marinas, batallas navales, etc. Destacan los géneros de retrato y paisaje. El retrato con Rembrandt Cel mejor artista holandésC y Hals, el paisaje con Ruysdael y Hobbema, la vida rural con Ostade, los interiores con De Hooch y Vermeer -que también es el maestro de las alegorías y de la luz en los interiores-, los bodegones con Claesz y Heda. Entre los precedentes destacan los pintores Terbruggen, Van Honthorst, Van Baburen. Jan Steen (1626-1679) cultivó las escenas domésticas, tabernas, episodios bíblicos; era un pintor narrativo, que siempre contaba una historia.[2] El nórdico es un estilo realista, que influirá en el romanticismo y el impresionismo.
Hals.
Frans Hals (1591-1666). Flamenco de origen, sus padres emigraron al norte. Trabaja en Haarlem. Discípulo de Van Mander, pero no en estilo. 1610 entra en el gremio de San Lucas. Hasta 1640 trabaja el género del retrato. Une dos tipologías: costumbres, retrato. El retrato de grupo cogerá importancia en su obra, pero sólo quedan seis hoy. Problemas económicos en toda su vida, pero sobre todo al final, en que fue mantenido por el municipio en un hospicio de pobres. Su técnica domina la luz natural, influido en su juventud por Caravaggio. Delinea los contornos y progresa hacia la libertad de las pinceladas, inconexas, como en la pintura veneciana. Es un pintor de la instantaneidad, con formas con colores, detalles de luz y sombras, las pinceladas son autónomas. La pincelada en líneas rotas crea movimiento. La pincelada en líneas paralelas crea continuidad. La fusión de géneros. Los retratos colectivos o de parejas son de los mejores de la pintura holandesa y europea. Junto con Cornelius, pinta retratos de grupos sociales burgueses. Pinta diagonales en la distribución de los personajes, en las líneas de la arquitectura o la decoración. La paleta es limitada: negro, rojo, blanco, tonos terrosos, pero era un maestro del color negro, llegando a diferenciar hasta 20 tonos de este color. Pintaba la puntilla con trazos rápidos e irregulares. La gestualidad es escasa. Evoluciona desde Caravaggio hacia el modelado, al clasicismo, a la instantaneidad. Fue muy admirado por los impresionistas: era uno de los favoritos de Van Gogh.
Rembrandt.
Rembrandt van Rijn (Leyden, 1606-Amsterdam, 1669). Hijo de un molinero, rico propietario, que ayudó a su hijo a estudiar en la Universidad de Leyden y Amsterdam. Se decidió por la pintura, en contra de los deseos de su padre. Es un artista muy complejo. En contraste con el triunfador Rubens, el holandés Rembrandt vivió en una casa del barrio judío de Amsterdam (donde se conserva su maravillosa colección de grabados). Aseguraba que no necesitaba viajar porque las bellezas de Holanda podían exigir la atención de una vida entera. Ello no le impidió ser uno de los mayores artistas de la Historia. Es un gran maestro de la composición, la luz, el color, el espacio, el naturalismo. Sólo un pero se puede poner a su calidad, el que no supiera resolver el problema del movimiento en sus figuras, muy estáticas, demasiado forzadas cuando intentan moverse.
Es un artista muy bien estudiado en sus cuatro etapas: 1) Leyden: 1625-1631. 2) Amsterdam (hasta el final): 1632-1639. 3) 1640-1647. 4) 1648-1669.
1) Leyden: 1625-1631. Trabaja en el taller de un maestro hasta que se independiza. Influido por Caravaggio, cultiva la pintura religiosa y el grabado, con un claroscuro dramático. Rembrandt tiene gran éxito con sus pinturas comerciales (Huygens le alabará entonces).
2) Amsterdam (vivirá en esta ciudad hasta el final): 1632-1639. Es una etapa de gran vitalidad y prosperidad, por su boda con Saskia, que le introduce en el mercado burgués, y su prestigioso taller, en que le siguen numerosos discípulos (lo que complicará la atribución de muchas obras suyas). Se integra en el Barroco internacional, atraído por Rubens (el pintor más influyente del momento), con un clasicismo y colorismo que se añaden a su dominio del claroscuro. Desarrolla un taller de gran prestigio y colecciona muchas obras. Cultiva varios géneros: religioso (con dramatismo, violencia y movimiento), el retrato vitalista y el paisaje de tono romántico.
3) 1640-1647. Es una etapa intermedia, de crisis. Muere joven su esposa Saskia, lo que le hace perder el equilibrio emocional, seguido por una pronunciada decadencia del taller y de su situación económica. Además, ha cambiado la moda: Van Dyck influye ahora en Holanda y su obra colorista saca del mercado a Rembrandt, que no cambia en su temática y en su estilo pese a la pobreza. Es ahora sensualista en sus muchos paisajes y pinturas religiosas. La ronda de noche. La lección de anatomía del doctor Tulp
4) 1648-1669. Es una etapa de madurez artística. La situación económica es de gran pobreza, con el añadido de graves pérdidas familiares. Aparece un espiritualismo cristiano. Trabaja el claroscuro, la instantaneidad, la pincelada libre.
En los autorretratos se conoce toda su evolución personal y artística. Sus colores son pocos, con gran variedad tonal gracias a su dominio de la luz. Tiene una pincelada limpia, nerviosa, con mezclas previas, con un tratamiento de la luz matices increíbles. La luz puede transmitir la sensación de tristeza, de pesadumbre o de meditación, lo mismo que un rostro humano. Las figuras de sus retratos poseen una mirada penetrante. Frecuentemente son viejos, que acumulan en sus ojos la sabiduría de la edad y la tristeza de los desengaños de la vida.
Su obra es muy extensa, de temática variadísima:
- Retratos: su vida fue un rosario de desdichas, que reflejó en sus numerosos (tal vez más de 60) Autorretratos, un magistral ejercicio de estudio de la personalidad, de autoobservación, desde la adolescencia feliz hasta la vejez solitaria y pobre. Cultiva el retrato colectivo de personalidades conocidas, con obras maestras, en las que aprovecha los vínculos entre la persona y la cotidianeidad: La familia del pintor, La lección de anatomía del doctor Tulp, con una intensa concentración en los rostros, la obra cumbre, Ronda de Noche, un desfile militar en el que exalta la lucha heroica del pueblo holandés, con gran dominio del espacio y la luz. En los Síndicos de los pañeros de Amsterdam (1662), su último retrato colectivo, muestra su tenebrismo suavizado por las penumbras doradas que realzan las figuras.
- Obras religiosas: A diferencia de Rubens no se siente atraído por la aristocracia y su ambiente. Se limita a concentrar su atención en la figura central. Su Descendimiento de la Cruz es muy distinto a los de Rubens: todo está sumergido en la sombra, excepto la figura de Cristo, iluminado por un rayo blanco. Otras obras son El sacrificio de Isaac, Saúl, y la serie de grabados sobre la pasión de Jesucristo.
- Paisajes: Suele pintar ríos y puentes, considerando que los ríos son una imagen del fluir de la existencia humana. Consigue una irreal atmósfera de misterio. La Tormenta es una obra maestra, como la Marina, que sigue un tema favorito de los holandeses. Usa el tema del naufragio en Nave zozobrando, otro tema holandés, pero con influencias italianas clásicas (narratividad, expresividad, simbolismo).
- Grabados. Es un maestro del grabado (287 obras). Aunque son en blanco y negro, obtiene los mismos efectos de luz y sombra que con el color. La mayoría son de tema religioso, sobre la Pasión de Cristo, pero también tiene paisajes, desnudos, retratos, escenas costumbristas.
Rembrandt tuvo en total unos 50 alumnos en su gran taller, a los que les hacía copiar sus propias obras, les retocaba las copias e incluso las firmaba, por lo que se creó un grave problema futuro de atribución, empeorado por las múltiples copias y falsificaciones casi exactas que se hicieron después.[3]
Vermeer.
Jan Vermeer de Delft (1632-1675), destaca tanto por sus paisajes urbanos (Vista de Delft) como por sus interiores. Su obra más conocida es El pintor en su taller, una alegoría de la pintura, de gran misterio, summun de la perspectiva y del detallismo. La lechera es uno de los más característicos de su técnica granular, puntiforme, que permite un mejor tratamiento de la luz, y anuncia el puntillismo de los impresionistas franceses del s. XIX. Vermeer ha sido considerado uno de los mejores maestros de la luz.
De Hooch.
Pieter de Hooch (1629-1684) es uno de los pintores holandeses que mejor ha pintado los interiores. En sus obras, el marco formado por el suelo, paredes, ventanas y techo adquiere mayor importancia que los personajes, que se subordinan al espacio recreado y a la luz procedente del exterior, y que atraviesa las ventanas, situadas siempre a la izquierda del cuadro.
INGLATERRA.
Hogarth.
En Inglaterra destacan en el s. XVIII los géneros del retrato burgués y el paisaje, con un pintor todavía barroco, Hogarth, que realiza una pintura con gran carga de crítica social. En cambio, los otros dos grandes pintores del siglo son ya neoclásicos: Reynolds y Gainsborough.
ESPAÑA.
La pintura española es excepcional por su calidad. Las características son:
- El realismo. En esto se sigue la tradición hispana, tan abocada al expresionismo y el patetismo. En las obras religiosas se aprovecha el realismo de los temas cotidianos del modelo holandés, como hacen Zurbarán y más aun Valdés Leal en sus pesimistas Vanitas (obras sobre la muerte, la descomposición, la decadencia).
- La recepción y fusión de los modelos italiano (Caravaggio), flamenco y holandés. Velázquez se forma en las obras de Rubens y en Italia. Pintores tenebristas al estilo de Caravaggio son Ribalta y Zurbarán, como muchos otros pintores.
- Domina la temática religiosa, de modo que apenas hay temática profana (salvo los bodegones de contenido alegórico). Zurbarán, Ribalta y Ribera pintan frailes y santos en oración. Murillo pinta Inmaculadas. Los poco frecuentes temas mitológicos, retratos y paisajes tienen un maestro excepcional en Velázquez. Este carácter sensualismo explica que haya tan poco sensualismo (apenas la Venus desnuda de Velázquez).
Podemos estudiar la estética, la técnica y la iconografía de esta pintura en los importantes tratados artísticos de Pacheco y Palomino.
Velázquez es la cima de la pintura barroca española y destaca por sus escenas de costumbres, de caza, retratos cortesanos, la mitología en el Triunfo de Baco y, sobre todo, por Las Meninas, donde une la tradición italiana y nórdica.
En el siglo XVII hay varias escuelas: Valencia: Ribalta, Ribera (un pintor español en Nápoles). Sevilla: Zurbarán, Murillo, Alonso Cano y Valdés Leal. Madrid: Velázquez, Rizzi, Claudio Coello y Carreño de Miranda.
En el siglo XVIII hay una completa decadencia, sin pintores españoles de calidad hasta la llegada de Goya. Los Borbones debieron recurrir a los pintores extranjeros: Mengs, Tiépolo.
Valencia: Ribalta, Ribera.
Francisco Ribalta (1565-1628) destaca por su tenebrismo.
José de Ribera (1591-1662) es el más importante. Discípulo de Ribalta, en su juventud fue tenebrista. Pasó casi toda su vida en Nápoles, por lo que se le llamó el Spagnoletto. Destaca por la emoción religios, el realismo, el color y la composición, sobre todo en sus temas de frailes y santos en oración.
Sevilla: Zurbarán, Murillo, Alonso Cano y Valdés Leal.
Sevilla es el gran centro artístico del sur de España.
Francisco Zurbarán (1598-1664) trabajó en los conventos sevillanos y extremeños. Sus temas son monacales, de religiosidad severa, de excelente uso del blanco y del tenebrismo. También realizó con acierto bodegones.
Alonso Cano (1601-1667), también escultor. Cuida sobre todo los temas de la Virgen.
Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) es el gran pintor del grupo, sobre todo en sus numerosas Inmaculadas y en sus cuadros costumbristas. En el s. XIX llegó a ser considerado el más importante pintor del Barroco, por su color, pero su fama declinó más tarde.
Valdés Leal (1622-1690) destaca por sus Vanitas, llenas de pesimismo, alegorías de la vida y la muerte.
Madrid: Velázquez, Rizzi, Claudio Coello y Carreño de Miranda.
Velázquez.
Diego Velázquez (1599-1660) nació en Sevilla, alumno del pintor humanista Francisco Pacheco. Se trasladó joven a Madrid y se convirtió en Aposentador del rey Felipe IV, cargo que le comprometía a buscar aposento a los monarcas en sus viajes y a preparar sus tribunas o localidades en los espectáculos. Este cargo burocrático limitó su actividad artística en cuanto al número de cuadros pintados, pero no alteró su vocación. Viajó a Italia, lo que influyó enormemente en su obra.
Las características de su estilo son muy originales. Velázquez es uno de los máximos maestros de la luz y del color. En su paleta destacan las gamas de azules, verdes y blancos. La combinación de azul y blanco en sus cielos consigue efectos originales, como si las nubes platearan el fondo azulado. Con verdes pinta sus bosques, a veces neblinosos.
El rasgo esencial es la "perspectiva aérea", una expresión subjetiva respecto a que la luz parece circular por dentro del cuadro, como iluminando las motas de polovo que flotan en el ambiente. El espectador tiene la impresión de que contempla aire real, tanto en un paisaje abierto como en un interior.
Sus obras cultivan todos los géneros:
Los retratos pues es el pintor de la familia real. Felipe IV es retratado varias veces, así como el Conde-Duque de Olivares. A veces retrata en interiores, otras en paisajes de gran sensibilidad hacia la naturaleza, como los retratos de Felipe IV o del príncipe Baltasar Carlos (los fondos de Guadarrama).
El género religioso tiene pocas obras, la mayoría de juventud. El Cristo Crucificado refleja una honda emoción.
Tiene también temas históricos, mitológicos y paisajes, unos temas excepcionales en la pintura barroca española. Sus obras maestras son los estudios de luz. La rendición de Breda (Las Lanzas) muestra a los caballerosos caudillos español y holandés en primer término, con las lanzas abriendo el espacio en vertical, con el fondo de humos de la batalla sobre colinas que se pierden entre diversos tonos de azules. Pero la iluminación todavía se afina más en sus interiores. Las hilanderas es un tema mitológico tratado en un ambiente popular. Las Meninas es tal vez la obra cumbre de la pintura de todos los tiempos, la más admirada por los pintores, y en ella Velázquez capta una escena ambigua, que se presta a variadas interpretaciones: la entrada de la infanta Margarita en su taller, cuando está retratando a los reyes, o viceversa; todo en una habitación cuyas zonas sucesivas de luz y sombra nos llevan hacia el fondo, con un tratamiento portentoso de los personajes. Es una obra que preludia el impresionismo francés del s. XIX.
Juan Rizzi (1600-1681), Carreño de Miranda (1614-1685) y, sobre todo, Claudio Coello (1614-1685) son los epígonos de la escuela castellana, que dio otros muchos pintores de segundo orden. A finales del s. XVII estaba agotada, como el país.
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[1] Azúa. Diccionario de las Artes. 1995: 255.
[2] Retrospectiva en Rijksmuseum de Amsterdam, con 50 obras (21 septiembre 1996-12 enero 1997)..
[3] Del millar de obras atribuidas a Rembrandt en 1914 se descendió a 639 en 1937, 420 en 1968 y sólo 300 en 1995 (Rembrandt Research Project). Sólo un ejemplo de la magnitud del problema: entre 1909 y 1951 en las aduanas de EEUU se declararon entradas por una suma total de 9.428 obras "de Rembrandt".
INTRODUCCIÓN.
1. CARACTERÍSTICAS GENERALES.
El arte y la Contrarreforma.
El arte y el absolutismo.
La estética barroca.
)Una distinción entre Barroco y Rococó?
2. ARQUITECTURA.
1.1. CARACTERÍSTICAS.
1.2. ESCUELAS.
ITALIA.
San Pedro del Vaticano: Maderno, Bernini.
Borromini y otros arquitectos.
FRANCIA.
Las iglesias.
El palacio de Versalles.
ALEMANIA.
INGLATERRA.
ESPAÑA.
El s. XVII.
El s. XVIII: los Churriguera.
3. ESCULTURA.
3.1. CARACTERÍSTICAS.
3.2. ESCUELAS.
ITALIA.
Bernini.
FRANCIA.
ALEMANIA.
ESPAÑA.
Escuela castellana: Fernández.
Escuela andaluza: Martínez Montañés, Mena, Alonso Cano.
Escuela murciana (s. XVIII): Salzillo.
4. PINTURA.
4.1. CARACTERÍSTICAS.
4.2. ESCUELAS.
ITALIA.
Caravaggio a Guardi.
FRANCIA.
Poussin a Watteau.
ALEMANIA.
FLANDES.
Rubens.
HOLANDA.
Hals, Vermeer, Rembrandt, De Hooch.
INGLATERRA.
Hogarth.
ESPAÑA.
Valencia: Ribalta, Ribera.
Sevilla: Zurbarán, Murillo, Alonso Cano y Valdés Leal.
Madrid: Velázquez, Rizzi, Claudio Coello y Carreño de Miranda.
INTRODUCCIÓN.
Este tema exige, por su enorme dimensión, concentrarnos en los caracteres generales y no entrar a fondo más que en unos pocos artistas y obras importantes. Así, destacaremos los edificiso de San Pedro del Vaticano y el palacio de Versalles, la obra escultórica de Bernini y la pintura de Velázquez, Rubens y Rembrandt. El urbanismo lo integraremos como parte de la arquitectura. El barroco español y, sobre todo, Velázquez deberían ser estudiados más a fondo en una UD propia.
Un resumen.
En las bellas artes, el epíteto de barroco ha servido para calificar, en sentido peyorativo, al estilo que sucedió a los del Renacimiento clásico y manierista, y se impuso en gran parte de Europa en el s. XVII y la primera mitad del XVIII.
El barroco fue un arte enfocado a la legitimación del poder absoluto de los monarcas y de la Contrarreforma religiosa emprendida por la Iglesia católica.
Nacido en Roma como expresión esencial de la Contrarreforma, se impuso especialmente en los países católicos, y renovó por completo la iconografía y el arte sacro. Pero fue también un arte cortesano, que reflejaba el absolutismo de los príncipes en el fasto de los decorados.
Contrariamente al ideal de serenidad y equilibrio metódicos del Renacimiento, el Barroco es un arte de una época de crisis, que desconfía de la inteligencia: quiere sorprender, deslumbrar y llegar hasta los sentidos en una época en la que se proclama el carácter afectivo de la fe. Lo logra mediante efectos de luz y movimiento, de formas de expansión que se expresan en arquitectura por el empleo del orden colosal, de la línea curva y de las rupturas: en escultura, por la preferencia hacia la torsión, las figuras volantes, los ropajes tumultuosos; en pintura, por composiciones en diagonal y juegos de perspectiva y de escorzo. Pero lo esencial es que las diferentes disciplinas tienden a fundirse en la unidad de una especie de espectáculo cuyo dinamismo y brillo multicolor son pruebas de su exaltación.
Pero el Barroco es también es una vuelta al naturalismo del Renacimiento, abandonado durante el Manierismo. En este sentido, el Barroco enlaza nuevamente con el clasicismo del Renacimiento y lo prolonga hasta la Edad Contemporánea.
1. CARACTERÍSTICAS GENERALES.
Mientras en el Renacimiento y en el s. XVI el hombre tenía una confianza ilimitada en sus propias fuerzas, en el Barroco y en el s. XVII el hombre pierde la confianza en su capacidad y surge en el arte el tema del desengaño: es una época de crisis. Crisis política, social, demográfica, económica y religiosa.
En esta época, en los países católicos culmina la Contrarreforma religiosa y predomina el Absolutismo político.
El arte y la Contrarreforma.
Es un arte al servicio de la Iglesia católica, que debe deslumbrar a los fieles con la fastuosidad y espiritualidad de sus monumentos y ritos. La iconografía de la escultura y la pintura sigue las pautas de la Contrarreforma, con un sentido didáctico de las vidas de los santos y de la Virgen (la Inmaculada), el tema de la Eucaristía, las visiones místicas.
En los países protestantes, en cambio, se pone al servicio de la Reforma: las iglesias son mucho menos grandiosas, se elimina la escultura en su decoración; sobre todo, la pintura es cotidiana, con retratos, bodegones y paisajes al gusto de la clientela burguesa.
El arte y el absolutismo.
El Barroco es un arte para el servicio y la legitimación de la monarquía absoluta, que debe impresionar a los súbditos con la contemplación del poder y de la gloria del monarca. Esto explica la importancia del urbanismo de las capitales, en las que se trazan grandes avenidas y plazas y se construyen enormes y lujosos palacios, así como se realizas obras plásticas que enaltecen al soberano.
En Francia hay un evidente dirigismo político, un arte cortesano, divergente del arte barroco religioso (Italia), burgués (Holanda) o popular. Es en Francia donde el arte y el absolutismo se funden de modo más evidente, sobre todo durante el reinado de Luis XIV (1643-1715), al principio bajo la regencia de Mazarino. La política cortesana dirigista alcanza su plenitud con Colbert, que es el ministro de la primera mitad del reinado (hasta c. 1685), con el apoyo de Charles le Brun, promoviendo la fábrica de los Gobelinos y la institucionalización de las Academias. Los Gobelinos era una fábrica de tapices del s. XV, convertida en 1667 en Manufactura Real de los Muebles de la Corona. Le Brun fue administrador del Real Patrimonio y director de los Gobelinos, con un enorme grupo de artistas y artesanos de todos los géneros. Fabricaban todos los objetos para el Patrimonio Real y además era escuela de formación artística y artesanal. Las Academias de Arquitectura, Pintura... fueron unidas en la Academia Francesa en 1663, con una reglamentación nueva pensada por Le Brun, subordinando el aparato del arte al Estado.
Como dice Félix de Azúa: *Rossellini, en su película sobre la toma del poder de Luis XIV, asume de un modo muy convincente que toda la representación cortesana del Rey Sol fue un sagaz artificio para la instalación del poder absoluto en un medio hostil, y en esa representación entraban, sin lugar a dudas, el teatro, la ópera, la pintura o la arquitectura, así como la abigarradísima vestimenta que hoy nos parece cosa de locos. El genio político de Luis XIV habría consistido primordialmente, en la genial dramaturgia que puso en marcha para obtener la creencia de los rebeldes feudales en la realidad del poder real. Una vez introducidos en la representación monárquica, los poderosos feudales fueron convertidos en perros de aguas.+[1]
El origen del Barroco: la reacción contra el Manierismo.
Hacia 1600 se produce una reacción antimanierista, una recuperación clasicista, en la que la idea de naturaleza se basa en el triunfo de la ciencia (esto implicará el triunfo del realismo). La ornamentación ha perdido su fuerza en Italia y se ha roto definitivamente la unidad renacentista. Entonces se fusionan en el Barroco todas las influencias posibles y existentes, con una experimentación enormemente rica, sin una dirección única, con una pluralidad extraordinaria. Este movimiento se difundirá desde Roma por Italia, España, Portugal, Francia, Austria, Alemania, Bohemia, Flandes, Polonia, Rusia y desde la península ibérica pasa a América Latina, donde hubo varios focos importantes: México (la capital, Puebla, Guadalajara), Quito (escultura y pintura, iglesia de la Compañía), Lima, Cuzco, Alto Perú (Potosí, La Paz, con su decoración en estilo barroco mestizo); en Brasil destacó Aleijadinho.
La estética barroca.
Los rasgos estéticos del arte barroco son naturalismo realista, clasicismo, pluralidad gramatical, movimiento y desequilibrio, interés por el paso del tiempo, contrastes, lujo.
- Naturalismo realista. El arte idealista del Renacimiento no reflejaba la realidad. En el Barroco se impone la vuelta a lo real, se intenta captar al hombre y a la naturaleza con todas sus imperfecciones. Pintores como Rembrandt y Ribera prefieren pintar dramáticamente a viejos, santos huesudos que viven y sufren ascéticamente, Velázquez retrata bufones enanos. Consideran que estas figuras feas existen en la realidad y deben ser representadas en el arte.
- Clasicismo. Se vuelve a los modelos clásicos de la Antigüedad, denostados por el experimentalismo del Manierismo. Se cultivan sobremanera los temas mitológicos y alegóricos. En este sentido destaca la arquitectura y la escultura de Bernini, la pintura serena de Poussin. Pero en Italia más que el modelo clásico se toma el modelo helenístico, más expresivo.
- Pluralidad gramatical. Conviven varios grandes modelos: en arquitectura el italiano y el francés; en escultura el italiano y el francés; en pintura el italiano, el holandés y el flamenco, mientras que el español se puede considerar un modelo independiente.
- Movimiento y desequilibrio. Movimiento y retorcimiento se generalizan en las formas. Es un arte que procura captar la vida, que es movimiento y no quietud.
- Interés por el paso del tiempo. El hombre barroco contempla con melancolía el paso del tiempo, de ahí la ternura dolorosa con que plasma el tema de la vejez. La vida es fugaz.
- Contrastes. La luz y la sombra se disputan el dominio de las pinturas y los interiores de los edificios. Se resaltan los contrastes entre los primeros planos y los últimos, lo mismo en las pinturas que en las construcciones.
- Lujo. Para compensar la melancolía del paso del tiempo se resalta la riqueza: las telas costosas en la pintura, los mármoles de colores en la arquitectura.
Periodificación.
En la periodificación del Barroco no hay acuerdo entre los autores. Generalmente se defendió que habría comenzado hacia 1600, al decaer el Manierismo, y perduró hasta el 1750 o incluso más en algunos países, hasta el triunfo del Neoclasicismo.
En la actualidad la tesis más general pone su inicio en c. 1620-30, cuando se evidencia un cambio estilístico evidente. Se origina en Italia y en dos decenios se extiende por toda Europa, con mayor rapidez en los países que habían recibido antes el Renacimiento. Pero hay en algunos países unos rasgos barrocos mucho antes, como en España.
Habría dos fases:
- Un barroco estructural (s. XVII).
- Un barroco decorativo (sobre todo en primera mitad del s. XVIII), de los excesos, también llamado Rococó.
)Una distinción entre Barroco y Rococó?
Ha habido intentos teóricos, de configurar el Rococó como un estilo independiente del Barroco. El Rococó aparecería en algunos países, sobre todo en Francia e Inglaterra, hacia finales del s. XVII, conviviendo cronológicamente con el Barroco durante decenios y dominando hacia mediados del s. XVIII en la mayoría de Europa, para enlazar y diluirse con el racionalismo del neoclasicismo en la segunda mitad del XVIII. La estética rococó se caracterizaría por su creciente racionalismo, por el cultivo de lo intrascendente y de lo mínimo, de lo decorativo, por su normativismo y academicismo (algunos autores prefieren este término para este estilo) para satisfacer el gusto de la clientela cortesana y burguesa con un arte mucho menos expresivo, dramático, religioso y monumental que el Barroco.
Pero no hay un consenso historiográfico al respecto y la mayoría de los autores consideran que el rococó no es un estilo propio porque no supone una estética alternativa, sino una exageración y evolución de los rasgos más decorativos, cortesanos y burgueses del Barroco, lo que parece evidente al menos en los casos de Alemania, Austria y la misma España, aunque bastante menos en los Francia e Inglaterra.
Una conclusión plausible sería señalar que el término Barroco no es un concepto universal y homogéneo, sino una concepción historiográfica que debe ser continuamente revisada, sin caer en dogmatismos, y que debemos identificar en su seno profundas diferencias regionales, matices, evoluciones. En este sentido, el término Rococó podría ser muy útil para referirse al final del Barroco y su enlace con los movimientos racionalistas e ilustrados del s. XVIII en los países más avanzados.
2. ARQUITECTURA.
1.1. CARACTERÍSTICAS.
Rasgos de la arquitectura del barroco son:
- Es una arquitectura grandiosa: hay una enorme amplitud en los espacios, que se centralizan o alargan (San Pedro del Vaticano, Versalles), mientras que las cúpulas se levantan.
- El equilibrio de formas: en el modelo italiano hay un interés por el movimiento y la curva; en el modelo francés, en cambio, por la estaticidad y la recta. Pero en ambos el conjunto es armónico y simétrico, con formas puras (cuadrado, círculo, triángulo).
- Gusto por los contrastes en el interior: cromáticos y lumínicos, creando claroscuros que impresionen.
- La decoración impresionante: los adornos cubren las superficies, con creciente lujo y esplendor, hasta que llega el rococó, de un barroquismo delirante.
- La integración de las artes: arquitectura, urbanismo, escultura, pintura, se integran en una unidad.
- La contraposición de varias tendencias: se fusionan y contraponen los modelos francés e italiano.
- La importancia del urbanismo, en la teoría y la práctica, al servicio del poder, sobre todo en las plazas públicas.
- El mecenazgo del poder político y religioso: los Príncipes y los Papas, los nobles y los obispos, son los grandes clientes y exigen una arquitectura que legitime su poder.
1.2. ESCUELAS.
ITALIA.
En Italia la capital artística es Roma, con más fuerza aún desde finales del s. XVI. En Roma en 1585-90 hay una profunda reordenación urbana con Sixto V, para hacer de la ciudad una urbe emblemática del catolicismo. Sixto V justifica el grandioso proyecto de urbanismo en un documento: Roma ha de ser la sede de Pedro, príncipe de los apóstoles y sede de la capital de los cristianos, por lo que debe tener la máxima belleza material para significarlo. Se derriban barrios enteros, se abren anchas avenidas, se colocan edificios monumentales y obeliscos egipcios en los hitos. La escenografía urbana y la fiesta son parte fundamental de la vida en la época. El palacio italiano se articula a partir del cortile integrado en el conjunto del edificio.
En la arquitectura religiosa hay una variada tipología:
- Basilical.
- Planta elíptica: doble circunferencia interrelacionada.
- Centralizada.
- Doblemente centralizada: se pondera el eje de continuidad de la tradición basilical e insiste en la extensión a través de capillas.
San Pedro del Vaticano: Maderno, Bernini.
Uno de los hitos del Barroco es la continuación de la obra de la catedral de San Pedro, la culminación de la historia del proyecto en los ss. XVI-XVII, desde Bramante (planta central), Rafael, Peruzzi, Miguel Angel (cúpula, volumen exterior, centralización del crucero), Della Porta (que hace reformas).
En 1607 el papa Pablo V decide continuar las obras, pues faltaba la fachada principal. Había entonces un cuerpo delantero para las bendiciones papales (hacia el exterior), y ya estaba el obelisco. Pero hay un cambio de gusto artístico en este momento. El concurso de proyectos de 1607 supone la llegada de artistas de formación tardorrenacentista, que buscaban nuevas fórmulas de experimentación, y por ello el Barroco se pudo experimentar y consolidar en esta obra.
Carlo Maderno (1556-1629) ganó el concurso. La cruz griega (centralizada según los proyectos de Bramante y Miguel Angel) se convierte en cruz latina (retomando la reforma de Rafael), alargando la nave central un tercio con nuevos tramos. Se rompe con el concepto de centralidad y se recogen las pautas postridentinas. La fachada se plantea con equilibrio y respeto por lo ya existente, sin ocultar del todo la cúpula, con un orden arquitectónico monumental con pilares y frontispicio. La novedad es el uso tectónico del orden arquitectónico, la horizontalidad subrayada por la poca altura del cuerpo de remate, el respeto por la visualización de la cúpula. Hay una dualidad perceptiva, con intervención del urbanismo para armonizar el diseño nuevo con el anterior.
En el interior destaca la decoración, para la que se usan monumentos funerarios de los papas, con escalas divina y humana, y el famoso baldaquino de Bernini, con columnas salomónicas (fuste retorcido), en 1630-1633, con una función de decoración estructural que se relaciona con la catedra de San Pedro. Este baldaquino subraya el centro de la iglesia y el lugar de la cúpula, pero lo hace mediante un monumento abierto, sin fragmentar la unidad espacial al permitir la visión a través de sus columnas.
Gianlorenzo Bernini (1598-1680) hace también los dos campanarios de la fachada. La escalera regia lleva a los aposentos privados del papa (su gran anchura disminuye a medida que se sube). El proyecto de la plaza se incluía en el proyecto de 1607, pero lo modifica y realiza Bernini en 1656-1663 (las fechas son dudosas porque se hicieron varias reformas, hasta 1687). Es una obra inmensa para poder recibir a las multitudes de fieles, con doble ala, con un diseño trapezoidal y elíptico que es un símbolo de la maternidad de la Iglesia. Hay elementos clásicos: pórticos de cuatro hileras de columnas, correcciones ópticas para remarcar la unidad perceptiva. Destaca la centralidad visual en el obelisco egipcio y la fachada de la basílica, de modo que se liga la plaza con el entorno y con la propia iglesia.
En resumen, el modelo de San Pedro impone:
- La planta basilical, que los jesuitas difunden a partir del modelo de interior amplio y fachada-retablo del Gesú de Roma (1568) en otras iglesias, sobre todo en Flandes, la tierra predilecta de los jesuitas, donde construyen en el s. XVII iglesias que recuerdan la estructura y el impulso vertical del gótico.
- El uso del sistema clasicista de órdenes para los volúmenes interiores y exteriores.
- La interrelación de espacios interiores y exterior a través de la fachada.
- El uso de la ornamentación como modificadora de ambientes o incluso como creadora de una ilusión espacial.
Borromini y otros arquitectos.
Otras obras maestras son las fachadas de Francesco Borromini (1599-1667) en Roma para San Carlino delle Quattro Fontane, Santa Agnese in Agone, San Ivo alla Sapienza, con curvas, contracurvas e interpenetraciones de figuras geométricas.
San Carlino delle Quattro Fontane (1638-1641) muestra una gran plasticidad, en órdenes en escala monumental y humana (a veces intermedias), con alveolos. Santa Agnese in Agone tiene un gran efectismo visual, con cúpula avanza respecto a la fachada hacia la Piazza Navona como punto de partida para su lectura, con una arquitectura de órdenes que crea los ritmos y el movimiento en la fachada. Sant Ivo alla Sapienza (1642-1662) tiene una estructura (con sus volúmenes) que domina sobre la decoración.
En el norte de Italia destacan los arquitectos de Turín. Un gran arquitecto piamontés es Guarini (1624-1683) con la capilla del Santo Sudario. Filipo Juvara realiza la gran Basílica de Superga (1717-1731) en Turín, con planta barroca de octógono irregular y un pórtico clásico, con atrio exterior y atrio interior, es una fórmula mixta de tradición basilical; también realizará el Palacio Real de Madrid (1738-1764, terminado por Sacchetti). En Venecia destaca el arquitecto B. Longhena, autor de Santa Maria della Salute.
FRANCIA.
El clasicismo domina en este periodo la arquitectura francesa, de tal modo que muchos autores han rehusado llamarla barroca y prefieren llamarla clasicista. Este modelo clasicista pervivirá hasta el mismo s. XIX.
Con el reinado de Enrique IV (1598-1610) y la regencia de María de Medicis (1610-30) se reconstruye la economía y la sociedad después de las Guerras de Religión, en la gricultura, industria y administración. En el arte hay un impulso en la arquitectura: reformas urbanas en París, continuación de las obras en los palacios reales. En pintura y escultura hay la segunda Escuela de Fontainebleau. El Manierismo tardío se centra en Nancy (Vellange, Callot) y París (Vignon, Villard).
A continuación se entra en una fase de consolidación del arte cortesano, en los reinados de Luis XIII (1630-43) y, sobre todo, Luis XIV (1643-1715), cuando Francia, pese a las crisis y las guerras, es en general el país más poderoso y rico de Europa, y su monarquía dedica grandes medios económicos a una arquitectura grandiosa, que exalte su gloria y su poder político. Los ministros franceses, Richelieu y Mazarino, más tarde Fouquet, Colbert, etc., son grandes ideólogos del arte oficial, mecenas del arte aúlico, del arte como expresión del poder. Las Academias, controladas por el Estado, desarrollan un programa artístico al servicio del poder. Por ejemplo, se rechazaron los proyectos de Bernini, por ser poco "espectaculares".
Caracterizan el espacio barroco francés la simetría y la geometría, la continuidad y la extensión. Los arquitectos más importantes son Perrault, Lemercier, Le Vau y François Hardouin Mansart. En Francia la reacción antimanierista es más tardía, pero más intensa, pues comienza la interpretación francesa de la tradición clasicista italiana.
Las iglesias.
Sus características generales son la centralización, la simetría, la geometría, pero ello no impide que se integren influencias barrocas italianas (con líneas más concavas y convexas que en la linealidad rectilínea francesa).
Destacan las iglesias en París de Val-de-Grâce, La Sorbona, Los Inválidos, Cuatro Naciones, Visitación.
La iglesia de Val-de-Grâce, de Mansart (1646), se parece al modelo italiano de Vignola para el Gesú en Roma, con fachada-retablo, con una cúpula medio oculta. Comienza una fase más purista y racionalista en la utilización de los elementos del clasicismo, eliminado ya el manierismo.
La iglesia de la Sorbona en París, de Lemercier, es de planta basilical, centralización muy subrayada (con cúpula), con una entrada lateral mayor que la principal (para tener una mejor perspectiva exterior). La fachada no es representativa del barroco francés posterior debido a su entrada no simétrica respecto a la planta, que es una licencia extraña.
La iglesia de los Invalidos (tumba de Napoleón y otros hombres ilustres), de París, de 1679, con planta centralizada integrada simétrica, con capillas enormes. Es un eje longitudinal, con extensión en las capillas. El exterior es de un clasicismo estricto, con linealidad, progresión, monumentalidad. Los órdenes definen los ritmos, con cuerpos de escala humana.
El Colegio de las Cuatro Naciones, de Le Vau (d. 1663), con simetría, geometría (un elemento muy recurrente en la tradición francesa), centralización.
La iglesia de la Visitación, de Mansart, centralizada, simétrica, pero más italiana. La fachada es clásica, con una cúpula enorme, y tiene a un lado un cuerpo de tipología civil.
El palacio de Versalles.
En la arquitectura civil francesa el patio controla la axialidad del edificio, los volúmenes de las salas y del cuerpo central. En los hoteles (residencias particulares de la burguesía) el cuerpo central está al fondo del patio con alas para los servicios. Mansart construye varios de estos hoteles, en los que hace un uso muy personal de la arquitectura de órdenes, con una decoración austera, en una línea racionalista y tradicional.
Un precedente de Versalles es el palacio de Vaux-le-Vicomte, de Le Vau, construido para el ministro Fouquet (1661). Es un esquema de planta alargada con dos pequeñas alas en la fachada principal. En 1661 Fouquet hizo una famosa fiesta en su palacio (con una fastuosa iconografía del poder) que despertó la envidia y preocupación del rey y le convenció para detener a Fouquet y copiar su palacio en Versalles, pero en tamaño mucho más imponente.
El palacio de Versalles, de Le Vau y Mansart (d. 1667) es el desarrollo monumental del esquema del palacio renacentista. Realizado para Luis XIV, concentra todos los recursos de la política cortesana. Existieron varios proyectos: LeGrand, Bernini, Le Vau y, por último, Mansart. Sigue el esquema del palacio de Vaux-le-Vicomte, con cuerpo central y dos alas laterales. La cámara del rey organiza y jerarquiza todo el espacio.
Los jardines de Le Notre son muy simétricos, de un geometrismo emparentado con la idea racional del absolutismo monárquico. El pabellón del Grand Trianon, de Mansart, de dimensiones más reducidas, es un ámbito más humano. Se subrayan y refuerzan los elementos estructurales que crean efectos ilusionistas (una influencia italiana).
ALEMANIA.
Alemania es el escenario de la terrible Guerra de los Treinta Años, que desoló la zona, lo que explica su relativo retraso hasta finales del s. XVII y principios del XVIII. Domina la influencia de dos modelos, en general del francés en los palacios y del italiano de Borromini y Guarini en los templos, gracias a las órdenes religiosas. El Rococó, de extraordinarios efectos recargados, es el estilo dominante en el s. XVIII.
En Alemania tenemos en Munich a Assam, Cuvillés y los Zimmermann. Pero es en la imperial y católica Austria donde están las mejores obras, con los arquitectos Fischer von Erlach, L. von Hildebrandt y Neumann. En Bohemia destacan la familia de los Dietzenhofer, con la iglesia de San Nicolás de Praga. Numerosos palacios, iglesias de peregrinación y abadías muestran la alegría del Barroco germánico, que llega a los países protestantes de Sajonia (Dresde, con Pöppelmann) y Prusia (palacio de Sans-Souci en Postdam).
INGLATERRA.
En Inglaterra hay una pervivencia de lo clásico, gracias a que Inigo Jones realiza en la primera mitad del s. XVII una introducción tardía del clasicismo de Palladio. Ya en la segunda mitad del s. XVII aparece el gran arquitecto Christopher Wren, autor de la catedral de San Pablo (con altísima cúpula) en Londres y de numerosos templos, aprovechando la labor de reconstrucción después del gran incendio de Londres (1666).Ya en el s. XVIII, Wood edifica parte de la ciudad balneario de Bath, pero en el estilo del neoclasicismo.
ESPAÑA.
Las características de la arquitectura española son la modestia y las pocas novedades. La pobreza material de España explica que se utilicen materiales pobres (ladrillo para la estructura, dejando la piedra para las fachadas) y estructuras falsas (p.e. las cúpulas con entramado de madera en vez de piedra como en Roma). Perviven durante mucho tiempo el modelo herreriano de El Escorial, tan bien adaptado al espíritu de la Contrarreforma, con sus líneas sencillas y rectas, aunque ahora aparece una libertad completamente barroca. Los edificios, muy austeros en la primera mitad del s. XVII, recibirán en la segunda mitad, pese a la pobreza general del país, la influencia de un hiperdecorativismo.
En España no hay un modelo propio, sino una síntesis de los modelos francés e italiano, con un dominio del espíritu de la Contrarreforma, al servicio del poder real: las plazas mayores como grandes escenarios para el poder y la fiesta barroca.
Hay una evolución desde el clasicismo romano al barroco exaltado y expresivo (churriguerismo), y luego una vuelta al clasicismo, hasta desembocar en el neoclasicismo.
El siglo XVII.
En el siglo XVII destacan los arquitectos Gómez de Mora, el italiano Francisco Bautista Crescenci y De la Torre. Las mejores obras son los templos y las plazas.
Especial mención debemos hacer a Juan Gómez de Mora, autor de la iglesia de la Clerecía en Salamanca (con el modelo de la iglesia del Gesú en Roma, de Vignola), un ejemplo de teatralidad en sus fachadas, interiores y retablos, que buscan producir una impresión grandiosa, y del convento de la Encarnación en Madrid, probablemente junto al arquitecto Fray Alberto de la Madre de Dios (1611-1616), con geometría, desnudez y clasicismo. Gómez de Mora sigue el modelo herreriano en la gran Plaza Mayor y el Ayuntamiento de Madrid (d. 1629), con remates de chapiteles madrileños.
Las iglesias siguen el modelo italiano, influido por la tradición española. Destacan: La iglesia del Pilar de Zaragoza, de F. Herrera el Joven. La Iglesia de Montserrat, con fachada retablo, totalmente planimétrica, con órdenes. La Catedral de Cádiz, ejemplo de pervivencia tardomanierista, con almohadillado y óculos ciegos (como los de Miguel Angel en la Biblioteca Laurenciana). La catedral de Murcia, fachada-retablo con gran dinamismo. Las reformas de la catedral de Santiago (1652-1749), por la escuela salmantina de J. Peña, Andrade, Casas Novoa, que penetran ya en el siglo siguiente.
Las plazas imitan el ejemplo herreriano de El Escorial y son pensadas para grandes concentraciones populares en las fiestas y procesiones. Hay también algunos palacios, como el palacio del Buen Retiro para Felipe IV.
El siglo XVIII: los Churriguera.
En el s. XVIII la arquitectura incorpora el modelo francés y evoluciona desde la Contrarreforma a la Ilustración (casi un neoclasicismo). Destacan entre los arquitectos los tres hermanos Churriguera (José, Alberto y Joaquín), Casas Novoa, Miguel de Figueroa, Hurtado, Tomé y Pedro Ribera.
José de Churriguera, el más importante de los hermanos, es autor de las iglesias del Nuevo Baztán y Loeches y de otras obras importantes, en colaboración con sus hermanos Alberto y Joaquín.
Las plazas siguen el modelo anterior y destaca la Plaza Mayor de Salamanca (1729-1733), de Alberto Churriguera.
Entre las obras religiosas sólo destaca la fachada del Obradoiro en Santiago (1738), de Casas Novoa.
Narciso Tomé fusiona las tres artes en el Transparente de la girola de la catedral de Toledo (1732). Pedro Ribera, tal vez el mejor arquitecto e ingeniero barroco español, realiza numerosas portadas en Madrid en la primera mitad del s. XVIII, como la del Antiguo Hospicio. Los edificios más emblemáticos son los palacios, que con el relevo de los Austrias por los Borbones intentan imitar el esplendor de Versalles. Destacan de Juvara el Palacio Real de Madrid (terminado por Sachetti) y la fachada del de La Granja en Segovia (la planta es de Teodoro Ardemans), con sus jardines regulares. El Palacio del Marqués de Dos Aguas, en Valencia, de Rovira (1740-44) concentra la decoración en el portal y en las ventanas.
3. ESCULTURA.
3.1. CARACTERÍSTICAS.
Las características de la escultura barroca son:
- Realismo, dramatismo, una captación del momento fugaz.
- Afán de movimiento, composiciones abiertas, escorzos, con una gran riqueza de puntos de vista, sentido efectista.
- Ansia de grandeza, de majestuosidad.
3.2. ESCUELAS.
Hay una gran homogeneidad en las tres escuelas más destacadas: Italia, España y Francia. En los demás países hay sólo algunos escultores aislados de calidad, como el flamenco Verbruggen, que instala sus sorprendentes sillas de coro, con elementos vegetales que se curvan alrededor de figuras esculpidas.
ITALIA.
Bernini.
Bernini (1598-1680) es el gran arquitecto y escultor de su tiempo, el preferido por el Papa, admirado en Francia, un gran maestro en sus obras en las fuentes y tumbas papales.
Destacan en su juventud el Apolo y Dafne y el David.
Apolo y Dafne (1622-1625, Galeria Borghese de Roma), es una pareja mitológica llena de movimiento (brazos, piernas, ropajes, en una composición en diagonal, en desequilibrio contorsionado), de gracia (los rostros y los cuerpos mórbidos), de realismo (la boca de Dafne sugiere un grito de miedo). Dafne se salva de la persecución de Apolo, conviertiéndose en árbol. Bernini capta el instante fugaz en que su brazo izquierdo se convierte en rama de laurel y su pierna izquierda en corteza de tronco.
El David (1623), es una obra realista y tensa, muy distinta del idealista David de Miguel Ángel. El Baldaquino (1624-1633) del Vaticano es una obra tan arquitectónica como escultórica. En el Éxtasis de Santa Teresa (1645-1652) el movimiento y la pasión mística son magistrales. En La fuente de los cuatro ríos recurre a la mitología. Destacan sus sepulcros de Urbano VIII (1639-1647) y Alejandro VII (1678-1680, que acabaron sus discípulos) en el Vaticano, las obras máximas del arte sepulcral del Barroco.
Bernini ha sido definido con razón como el sucesor de Miguel Ángel y el último gran genio que ha dado Italia al arte.
FRANCIA.
La misma razón que hace que en Francia el Barroco sea un arte palaciego hará que la escultura se dirija, principalmente, a complacer a los poderosos. Los temas serán mitológicos, es decir, temas gratos para la arquitectura real, pero también abundará el retrato. Como en la Roma antigua: el culto a los dioses y el homenaje a los señores. A pesar de los rígidos condicionamientos que las Academias imponían al arte sobresalen algunos artistas muy personales: Puget, Girardon y Coysevox.
El clasicismo francés: Puget, Girardon, Coysevox.
Pierre Puget (1620-1694) estudia en Italia y comienza su actividad como pintor. Más adelante se interesa por la escultura y es atraído por el lenguaje pictórico-escultórico de Bernini, y en este mismo lenguaje labra sus primeras obras como el San Sebastián, de Génova. Ya en Francia madura su estilo tornándolo más escultórico y acentuando el realismo sin olvidar un cierto énfasis clásico. De esta época es el conocido Milón de Crotona (1682), del Louvre, que con incontenible dinamismo representa la más ferviente oposición al academicismo oficial de este siglo en Francia.
François Girardon (1628-1715) había ido a Roma a estudiar la Antigüedad clásica, pero aprendió más con Bernini y el Barroco romano. Trabaja principalmente sobre asuntos mitológicos que resuelve con serenidad aún clásica pero con ese acabado de superficies delicado y perfecto que será característico del siglo XVIII. En este sentido su mejor obra es el Apolo y las Ninfas, de Versalles. Es muy interesante su aportación al arte funerario, labrando el Sepulcro del Cardenal Richelieu (1694), en la Iglesia de la Sorbona, con una solemnidad casi ceremoniosa que denota ser francesa pese a la apariencia italiana.
Antoine Coysevox (1640-1720) es de mayor fuerza creadora que Girardon. Gran retratista, recurre con frecuencia a lo que era moda en Francia: retratar a los personajes como seres mitológicos. De esa forma la reverencia a la Antigüedad y la pleitesía a los poderosos quedaba aunada y potenciada doblemente. El más interesante de estos retratos mitológicos es el de María Adelaida de Saboya, como Diana Cazadora (1710), en el Louvre, que a pesar de seguir fielmente las normas de la Academia, logra transmitir la gracia y vitalidad de la mejor época clásica. Retrató a los más grandes personajes de las Cortes de Luis XIV y de la Regencia de Luis XV y, por supuesto, a los monarcas. La estatua orante de Luis XIV (1715), en la Notre-Dame de París muestra la serena majestad del gesto y ese equilibrio, entre un afectado naturalismo y la solemnidad de tradición clásica, que hacen de este retrato un gran ejemplo del arte oficial del "gran siglo" francés. Sus retratos muestran una honda captación psicológica, que puede parangonarse con los antiguos retratos romanos. Ello hace que sea considerado como uno de los mejores escultores barrocos de toda la Europa del siglo XVII.
ALEMANIA.
En la temática religiosa es una escultura aplicada a la arquitectura, en la que destacan las tallas de madera. En Munich destaca Baltasar Permoser.
Destaca también el arte del retrato aúlico al servicio del poder, sobre todo en Viena, con el escultor Donner.
ESPAÑA.
Las características de la escultura barroca española son el misticismo en la dominante temática religiosa (Dolorosas, Magdalenas, Piedades, Cristos Yacentes), el naturalismo realista de gran expresividad, el uso de la madera policromada en la imaginería.
Destacan entre las escuelas del siglo XVII dos en especial, la Escuela castellana, con Gregorio Fernández, de un realismo violento, muy dramático y expresivo y la Escuela andaluza, con Martínez Montañés, Pedro de Mena y Alonso Cano, de un realismo clásico, más dulcificado que el anterior. En el siglo XVIII destaca la escuela murciana, con Salzillo, bajo la influencia de Nápoles y que se relaciona ya con el Rococó. Menos importante es la escuela catalana de la familia Bonifás (en Valls).
También están los hermanos José Churriguera y Joaquín Churriguera, que además de arquitectos son escultores. José es el inspirador de una fusión de la arquitectura y la escultura, en un estilo rococó hispano que ha sido llamado churrigueresco por su recargramiento decorativo: estípites, columnas salomónicas cubiertas de pámpanos y vides, entablamentos quebrados. Su culmen es el retablo de san Esteban de Salamanca (1693).
Escuela castellana: Fernández.
Escuela castellana del s. XVII está representada por Gregorio Fernández, que trabaja en Valladolid, donde realiza una extraordinaria serie de obras para los pasos procesionales, de gran expresividad y patetismo. Destaca en sus Cristos y Vírgenes Dolorosas.
Escuela andaluza: Martínez Montañés, Mena, Alonso Cano.
La escuela andaluza del s. XVII está representada por Juan Martínez Montañés (el más famoso), Pedro de Mena y Alonso Cano. Sus obras, sobre todo las Inmaculadas, para los pasos procesionales de Sevilla y Granada son modélicas por su elegancia y una mayor serenidad, lo que las distingue de las castellanas. Las imágenes andaluzas son siempre bellas, mientras que las castellanas pueden ser de una fealdad violenta y terrible (sin ser por ello menos extraordinarias). Además son más polícromas, con mucho oro, mientras que las castellanas son más austeras.
Escuela murciana (s. XVIII): Salzillo.
La escuela murciana del s. XVIII, de una escultura rococó, tiene su cumbre en Francisco Salzillo. es Francisco Salzillo (Murcia, 1707-1783), hijo del escultor de Nápoles, Nicolás Salzillo (Capua, 1672-Murcia, 1727). Fue novicio de los dominicios hasta 1727. Sus etapa de esplendor fue h. 1750. Supo fundir dos tradiciones, el dramático expresionismo español y la virtuosa técnica napolitana. Se dedicó sobre todo a la imaginería religiosa para retablos, capillas y altares, pasos procesionales, con esculturas de madera policromada e "imágenes de vestir".
4. PINTURA.
4.1. CARACTERÍSTICAS.
La pintura barroca se caracteriza por: luz y color, profundidad, disposición diagonal, realismo y movimiento.
- El predominio de la luz sobre la forma y del color sobre el dibujo, en manchas que difuminan la línea (es preciso alejarse para percibir las formas). El tenebrismo de Caravaggio, con sus claroscuros, será muy influyente.
- El dominio de la profundidad, engrandeciendo el primer plano para que el fondo se perciba como algo lejano o iluminando el fondo para que el espectador lo observe.
- La disposición de las figuras en diagonal para dar la sensación de desequilibrio.
- Un realismo extraordinario, que aparece tanto en la representación de la fealdad y de las cosas desagradables como en el amor por los objetos y el paisaje.
- El movimiento. Son figuras atormentadas, que giran, que no son estáticas.
4.2. ESCUELAS.
ITALIA.
Caravaggio a Guardi.
Italia es el gran centro artístico de Europa, como en los siglos anteriores. Su modelo pictórico es, junto al holandés, la gran referencia, y se caracteriza por el clasicismo y por el nuevo tenebrismo.
Caravaggio inicia la tendencia del tenebrismo, con sus contrastes de luz y sombra, los claroscuros que permiten dirigir la atención hacia las zonas donde la luz incide voluntariamente. Transforma la pintura religiosa con su "principio de realidad": marcar la identidad material de los seres y de las cosas, revelar los límites humanos del mundo. Esta tendencia es seguida por el Guercino, Dominichino, Guido Reni, que procuran unirla al clasicismo. Influirá en etapas de la obra de Zurbarán, Murillo, Velázquez y Rembrandt.
La tendencia del clasicismo está representada por la escuela de Bolonia: los hermanos Carracci, fundadores de la Academia de Bolonia, y el mismo Reni.
El decorativismo tiene a un maestro en Pietro da Cortona, con obras plenas de ilusionismo decorativo, que cubren los techos con vuelos celestes en trompe l'oeil (trampantojos que fingen profundidad) como también hacen Lanfranco, Luca Giordano (1634-1705), que trabajó en sus últimos años en España (frescos de El Escorial), y Andrea Pozzo en la bóveda de la iglesia de Sani Ignacio de Roma (1681).
En el s. XVIII hay una clara decadencia, aunque todavía descuella la escuela veneciana con Tiépolo (1696-1770), nacido en Venecia, muerto en Madrid, autor de grandes obras religiosas, de decoración monnumental, y los paisajistas urbanos Canaletto y Guardi. Otros centros menores son Bolonia, Génova y, en el sur de Italia, los de Nápoles, Lecce y Sicilia.
FRANCIA.
Poussin a Watteau.
Destaca en Francia la pintura de palacio, sobre todo desde la segunda mitad del s. XVII, cuando Luis XIV subordina el arte a la monarquía, con una pintura palatina en la que los retratistas reales exaltan la majestad del rey. Las características a partir de 1650 son el academicismo y el barroquismo.
Los primeros maestros son Champaigne y La Tour, cuyos claroscuros son célebres.
Poussin, un pintor francés en Roma, es el mayor clasicista del siglo, con obras de extraordinaria factura técnica, temas antiguos, realismo al servicio del simbolismo.
Claude de Loraine es un extraordinario paisajista.
La imagen del poder de Luis XIV y los cortesanos queda fijada por los grandes retratistas Le Brun, Mignard.
La pintura tardobarroca francesa del s. XVIII evoluciona hacia el rococó, el academicismo (una mezcla oficializada de barroco y rococó) y el neoclasicismo, en una confluencia de estilos: Watteau, Boucher, Chardin, Fragonard y Greuze, autores de excelentes obras costumbristas, galantes, de naturalezas muertas y paisajes. Puede decirse que Watteau es a la vez el último pintor barroco francés y el primero rococó. El neoclasicismo comenzará realmente con David, discípulo de Boucher.
ALEMANIA.
En Alemania destaca la pintura mural. La lista de pintores es exigua y su calidad relativamente mediocre.
FLANDES.
La católica Flandes, bajo la dinastía de los Habsburgo españoles, destaca por la alegría de vivir. La pintura flamenca es alegre, con una temática popular y cotidiana. Su nivel de calidad es muy alto, gracias a su rica tradición y a la recepción del modelo italiano en la forma y la temática. El gran maestro es Rubens, dominador de todos los temas religiosos, mitológicos y profanos, que es el epítome de artista cortesano. Anton Van Dyck destaca en el retrato, tanto en Flandes como en la corte inglesa. Jordaens es otro maestro del retrato.
Rubens.
Petrus Paulus Rubens (1577-1640) nace en Alemania, de padres flamencos desterrados. Volvió a Amberes, donde residió cuando no estaba en sus constantes viajes, a Italia para aprender de Tiziano (del que hizo bastantes copias). Fue embajador de Felipe III en varias cortes europeas, compaginando la diplomacia con la pintura y aprovechando para promocionar su obra.
Es el polo opuesto de El Greco. Pinta gruesas figuras femeninas rebosantes de vida, en ricos ambientes aristocráticos. Pinta la vida: en sus cuadros todo bulle, todo se mueve, las figuras se contorsionan en posturas incómodas, los caminos serpentean, los árboles retuercen sus ramas...
Sus obras son muchas (gran parte hecha por sus discípulos de taller, con su dirección y acabado). Los temas mitológicos son los más frecuentes, con su capacidad para el color; los sátiros de músculos broncíneos contrastan con las ninfas de piel nacarada; destacan Ninfas perseguidas por sátiros, Diana y sus ninfas, Las tres Gracias, Alegoría del Amor, al modo italiano. Cultiva el género religioso, con sus grandes cuadros de altar, en La Adoración de los Reyes, La Erección de la Cruz, El Descendimiento de la catedral de Amberes, con un gran efectismo de la luz. Pintor de la vida familiar, de temas históricos, de corte en el Retrato de María de Médicis, de temas populares: la Danza de los campesinos. Su influencia, a través de sus discípulos, llena el s. XVII.
HOLANDA.
Hals, Vermeer, Rembrandt, De Hooch.
El modelo holandés se basa en el empirismo, el amor por la naturaleza y la ciencia, el interés por lo cotidiano, el color, el detallismo. La religión calvinista y la clientela burguesa explican en parte el interés por los temas profanos.
Los géneros se especializan en: retrato, paisaje, naturalezas muertas, cuadros de animales y flores, escenas campesinas, marinas, batallas navales, etc. Destacan los géneros de retrato y paisaje. El retrato con Rembrandt Cel mejor artista holandésC y Hals, el paisaje con Ruysdael y Hobbema, la vida rural con Ostade, los interiores con De Hooch y Vermeer -que también es el maestro de las alegorías y de la luz en los interiores-, los bodegones con Claesz y Heda. Entre los precedentes destacan los pintores Terbruggen, Van Honthorst, Van Baburen. Jan Steen (1626-1679) cultivó las escenas domésticas, tabernas, episodios bíblicos; era un pintor narrativo, que siempre contaba una historia.[2] El nórdico es un estilo realista, que influirá en el romanticismo y el impresionismo.
Hals.
Frans Hals (1591-1666). Flamenco de origen, sus padres emigraron al norte. Trabaja en Haarlem. Discípulo de Van Mander, pero no en estilo. 1610 entra en el gremio de San Lucas. Hasta 1640 trabaja el género del retrato. Une dos tipologías: costumbres, retrato. El retrato de grupo cogerá importancia en su obra, pero sólo quedan seis hoy. Problemas económicos en toda su vida, pero sobre todo al final, en que fue mantenido por el municipio en un hospicio de pobres. Su técnica domina la luz natural, influido en su juventud por Caravaggio. Delinea los contornos y progresa hacia la libertad de las pinceladas, inconexas, como en la pintura veneciana. Es un pintor de la instantaneidad, con formas con colores, detalles de luz y sombras, las pinceladas son autónomas. La pincelada en líneas rotas crea movimiento. La pincelada en líneas paralelas crea continuidad. La fusión de géneros. Los retratos colectivos o de parejas son de los mejores de la pintura holandesa y europea. Junto con Cornelius, pinta retratos de grupos sociales burgueses. Pinta diagonales en la distribución de los personajes, en las líneas de la arquitectura o la decoración. La paleta es limitada: negro, rojo, blanco, tonos terrosos, pero era un maestro del color negro, llegando a diferenciar hasta 20 tonos de este color. Pintaba la puntilla con trazos rápidos e irregulares. La gestualidad es escasa. Evoluciona desde Caravaggio hacia el modelado, al clasicismo, a la instantaneidad. Fue muy admirado por los impresionistas: era uno de los favoritos de Van Gogh.
Rembrandt.
Rembrandt van Rijn (Leyden, 1606-Amsterdam, 1669). Hijo de un molinero, rico propietario, que ayudó a su hijo a estudiar en la Universidad de Leyden y Amsterdam. Se decidió por la pintura, en contra de los deseos de su padre. Es un artista muy complejo. En contraste con el triunfador Rubens, el holandés Rembrandt vivió en una casa del barrio judío de Amsterdam (donde se conserva su maravillosa colección de grabados). Aseguraba que no necesitaba viajar porque las bellezas de Holanda podían exigir la atención de una vida entera. Ello no le impidió ser uno de los mayores artistas de la Historia. Es un gran maestro de la composición, la luz, el color, el espacio, el naturalismo. Sólo un pero se puede poner a su calidad, el que no supiera resolver el problema del movimiento en sus figuras, muy estáticas, demasiado forzadas cuando intentan moverse.
Es un artista muy bien estudiado en sus cuatro etapas: 1) Leyden: 1625-1631. 2) Amsterdam (hasta el final): 1632-1639. 3) 1640-1647. 4) 1648-1669.
1) Leyden: 1625-1631. Trabaja en el taller de un maestro hasta que se independiza. Influido por Caravaggio, cultiva la pintura religiosa y el grabado, con un claroscuro dramático. Rembrandt tiene gran éxito con sus pinturas comerciales (Huygens le alabará entonces).
2) Amsterdam (vivirá en esta ciudad hasta el final): 1632-1639. Es una etapa de gran vitalidad y prosperidad, por su boda con Saskia, que le introduce en el mercado burgués, y su prestigioso taller, en que le siguen numerosos discípulos (lo que complicará la atribución de muchas obras suyas). Se integra en el Barroco internacional, atraído por Rubens (el pintor más influyente del momento), con un clasicismo y colorismo que se añaden a su dominio del claroscuro. Desarrolla un taller de gran prestigio y colecciona muchas obras. Cultiva varios géneros: religioso (con dramatismo, violencia y movimiento), el retrato vitalista y el paisaje de tono romántico.
3) 1640-1647. Es una etapa intermedia, de crisis. Muere joven su esposa Saskia, lo que le hace perder el equilibrio emocional, seguido por una pronunciada decadencia del taller y de su situación económica. Además, ha cambiado la moda: Van Dyck influye ahora en Holanda y su obra colorista saca del mercado a Rembrandt, que no cambia en su temática y en su estilo pese a la pobreza. Es ahora sensualista en sus muchos paisajes y pinturas religiosas. La ronda de noche. La lección de anatomía del doctor Tulp
4) 1648-1669. Es una etapa de madurez artística. La situación económica es de gran pobreza, con el añadido de graves pérdidas familiares. Aparece un espiritualismo cristiano. Trabaja el claroscuro, la instantaneidad, la pincelada libre.
En los autorretratos se conoce toda su evolución personal y artística. Sus colores son pocos, con gran variedad tonal gracias a su dominio de la luz. Tiene una pincelada limpia, nerviosa, con mezclas previas, con un tratamiento de la luz matices increíbles. La luz puede transmitir la sensación de tristeza, de pesadumbre o de meditación, lo mismo que un rostro humano. Las figuras de sus retratos poseen una mirada penetrante. Frecuentemente son viejos, que acumulan en sus ojos la sabiduría de la edad y la tristeza de los desengaños de la vida.
Su obra es muy extensa, de temática variadísima:
- Retratos: su vida fue un rosario de desdichas, que reflejó en sus numerosos (tal vez más de 60) Autorretratos, un magistral ejercicio de estudio de la personalidad, de autoobservación, desde la adolescencia feliz hasta la vejez solitaria y pobre. Cultiva el retrato colectivo de personalidades conocidas, con obras maestras, en las que aprovecha los vínculos entre la persona y la cotidianeidad: La familia del pintor, La lección de anatomía del doctor Tulp, con una intensa concentración en los rostros, la obra cumbre, Ronda de Noche, un desfile militar en el que exalta la lucha heroica del pueblo holandés, con gran dominio del espacio y la luz. En los Síndicos de los pañeros de Amsterdam (1662), su último retrato colectivo, muestra su tenebrismo suavizado por las penumbras doradas que realzan las figuras.
- Obras religiosas: A diferencia de Rubens no se siente atraído por la aristocracia y su ambiente. Se limita a concentrar su atención en la figura central. Su Descendimiento de la Cruz es muy distinto a los de Rubens: todo está sumergido en la sombra, excepto la figura de Cristo, iluminado por un rayo blanco. Otras obras son El sacrificio de Isaac, Saúl, y la serie de grabados sobre la pasión de Jesucristo.
- Paisajes: Suele pintar ríos y puentes, considerando que los ríos son una imagen del fluir de la existencia humana. Consigue una irreal atmósfera de misterio. La Tormenta es una obra maestra, como la Marina, que sigue un tema favorito de los holandeses. Usa el tema del naufragio en Nave zozobrando, otro tema holandés, pero con influencias italianas clásicas (narratividad, expresividad, simbolismo).
- Grabados. Es un maestro del grabado (287 obras). Aunque son en blanco y negro, obtiene los mismos efectos de luz y sombra que con el color. La mayoría son de tema religioso, sobre la Pasión de Cristo, pero también tiene paisajes, desnudos, retratos, escenas costumbristas.
Rembrandt tuvo en total unos 50 alumnos en su gran taller, a los que les hacía copiar sus propias obras, les retocaba las copias e incluso las firmaba, por lo que se creó un grave problema futuro de atribución, empeorado por las múltiples copias y falsificaciones casi exactas que se hicieron después.[3]
Vermeer.
Jan Vermeer de Delft (1632-1675), destaca tanto por sus paisajes urbanos (Vista de Delft) como por sus interiores. Su obra más conocida es El pintor en su taller, una alegoría de la pintura, de gran misterio, summun de la perspectiva y del detallismo. La lechera es uno de los más característicos de su técnica granular, puntiforme, que permite un mejor tratamiento de la luz, y anuncia el puntillismo de los impresionistas franceses del s. XIX. Vermeer ha sido considerado uno de los mejores maestros de la luz.
De Hooch.
Pieter de Hooch (1629-1684) es uno de los pintores holandeses que mejor ha pintado los interiores. En sus obras, el marco formado por el suelo, paredes, ventanas y techo adquiere mayor importancia que los personajes, que se subordinan al espacio recreado y a la luz procedente del exterior, y que atraviesa las ventanas, situadas siempre a la izquierda del cuadro.
INGLATERRA.
Hogarth.
En Inglaterra destacan en el s. XVIII los géneros del retrato burgués y el paisaje, con un pintor todavía barroco, Hogarth, que realiza una pintura con gran carga de crítica social. En cambio, los otros dos grandes pintores del siglo son ya neoclásicos: Reynolds y Gainsborough.
ESPAÑA.
La pintura española es excepcional por su calidad. Las características son:
- El realismo. En esto se sigue la tradición hispana, tan abocada al expresionismo y el patetismo. En las obras religiosas se aprovecha el realismo de los temas cotidianos del modelo holandés, como hacen Zurbarán y más aun Valdés Leal en sus pesimistas Vanitas (obras sobre la muerte, la descomposición, la decadencia).
- La recepción y fusión de los modelos italiano (Caravaggio), flamenco y holandés. Velázquez se forma en las obras de Rubens y en Italia. Pintores tenebristas al estilo de Caravaggio son Ribalta y Zurbarán, como muchos otros pintores.
- Domina la temática religiosa, de modo que apenas hay temática profana (salvo los bodegones de contenido alegórico). Zurbarán, Ribalta y Ribera pintan frailes y santos en oración. Murillo pinta Inmaculadas. Los poco frecuentes temas mitológicos, retratos y paisajes tienen un maestro excepcional en Velázquez. Este carácter sensualismo explica que haya tan poco sensualismo (apenas la Venus desnuda de Velázquez).
Podemos estudiar la estética, la técnica y la iconografía de esta pintura en los importantes tratados artísticos de Pacheco y Palomino.
Velázquez es la cima de la pintura barroca española y destaca por sus escenas de costumbres, de caza, retratos cortesanos, la mitología en el Triunfo de Baco y, sobre todo, por Las Meninas, donde une la tradición italiana y nórdica.
En el siglo XVII hay varias escuelas: Valencia: Ribalta, Ribera (un pintor español en Nápoles). Sevilla: Zurbarán, Murillo, Alonso Cano y Valdés Leal. Madrid: Velázquez, Rizzi, Claudio Coello y Carreño de Miranda.
En el siglo XVIII hay una completa decadencia, sin pintores españoles de calidad hasta la llegada de Goya. Los Borbones debieron recurrir a los pintores extranjeros: Mengs, Tiépolo.
Valencia: Ribalta, Ribera.
Francisco Ribalta (1565-1628) destaca por su tenebrismo.
José de Ribera (1591-1662) es el más importante. Discípulo de Ribalta, en su juventud fue tenebrista. Pasó casi toda su vida en Nápoles, por lo que se le llamó el Spagnoletto. Destaca por la emoción religios, el realismo, el color y la composición, sobre todo en sus temas de frailes y santos en oración.
Sevilla: Zurbarán, Murillo, Alonso Cano y Valdés Leal.
Sevilla es el gran centro artístico del sur de España.
Francisco Zurbarán (1598-1664) trabajó en los conventos sevillanos y extremeños. Sus temas son monacales, de religiosidad severa, de excelente uso del blanco y del tenebrismo. También realizó con acierto bodegones.
Alonso Cano (1601-1667), también escultor. Cuida sobre todo los temas de la Virgen.
Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) es el gran pintor del grupo, sobre todo en sus numerosas Inmaculadas y en sus cuadros costumbristas. En el s. XIX llegó a ser considerado el más importante pintor del Barroco, por su color, pero su fama declinó más tarde.
Valdés Leal (1622-1690) destaca por sus Vanitas, llenas de pesimismo, alegorías de la vida y la muerte.
Madrid: Velázquez, Rizzi, Claudio Coello y Carreño de Miranda.
Velázquez.
Diego Velázquez (1599-1660) nació en Sevilla, alumno del pintor humanista Francisco Pacheco. Se trasladó joven a Madrid y se convirtió en Aposentador del rey Felipe IV, cargo que le comprometía a buscar aposento a los monarcas en sus viajes y a preparar sus tribunas o localidades en los espectáculos. Este cargo burocrático limitó su actividad artística en cuanto al número de cuadros pintados, pero no alteró su vocación. Viajó a Italia, lo que influyó enormemente en su obra.
Las características de su estilo son muy originales. Velázquez es uno de los máximos maestros de la luz y del color. En su paleta destacan las gamas de azules, verdes y blancos. La combinación de azul y blanco en sus cielos consigue efectos originales, como si las nubes platearan el fondo azulado. Con verdes pinta sus bosques, a veces neblinosos.
El rasgo esencial es la "perspectiva aérea", una expresión subjetiva respecto a que la luz parece circular por dentro del cuadro, como iluminando las motas de polovo que flotan en el ambiente. El espectador tiene la impresión de que contempla aire real, tanto en un paisaje abierto como en un interior.
Sus obras cultivan todos los géneros:
Los retratos pues es el pintor de la familia real. Felipe IV es retratado varias veces, así como el Conde-Duque de Olivares. A veces retrata en interiores, otras en paisajes de gran sensibilidad hacia la naturaleza, como los retratos de Felipe IV o del príncipe Baltasar Carlos (los fondos de Guadarrama).
El género religioso tiene pocas obras, la mayoría de juventud. El Cristo Crucificado refleja una honda emoción.
Tiene también temas históricos, mitológicos y paisajes, unos temas excepcionales en la pintura barroca española. Sus obras maestras son los estudios de luz. La rendición de Breda (Las Lanzas) muestra a los caballerosos caudillos español y holandés en primer término, con las lanzas abriendo el espacio en vertical, con el fondo de humos de la batalla sobre colinas que se pierden entre diversos tonos de azules. Pero la iluminación todavía se afina más en sus interiores. Las hilanderas es un tema mitológico tratado en un ambiente popular. Las Meninas es tal vez la obra cumbre de la pintura de todos los tiempos, la más admirada por los pintores, y en ella Velázquez capta una escena ambigua, que se presta a variadas interpretaciones: la entrada de la infanta Margarita en su taller, cuando está retratando a los reyes, o viceversa; todo en una habitación cuyas zonas sucesivas de luz y sombra nos llevan hacia el fondo, con un tratamiento portentoso de los personajes. Es una obra que preludia el impresionismo francés del s. XIX.
Juan Rizzi (1600-1681), Carreño de Miranda (1614-1685) y, sobre todo, Claudio Coello (1614-1685) son los epígonos de la escuela castellana, que dio otros muchos pintores de segundo orden. A finales del s. XVII estaba agotada, como el país.
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[1] Azúa. Diccionario de las Artes. 1995: 255.
[2] Retrospectiva en Rijksmuseum de Amsterdam, con 50 obras (21 septiembre 1996-12 enero 1997).
[3] Del millar de obras atribuidas a Rembrandt en 1914 se descendió a 639 en 1937, 420 en 1968 y sólo 300 en 1995 (Rembrandt Research Project). Sólo un ejemplo de la magnitud del problema: entre 1909 y 1951 en las aduanas de EEUU se declararon entradas por una suma total de 9.428 obras "de Rembrandt".
miércoles 14 de marzo de 2007
El Escorial
El Escorial es la obra cumbre de esta etapa clasicista, por muchas razones. Es nuestra gran aportación original.
La bibliografia es abundante. Hay crónicas diarias sobre su construcción, por lo que tenemos suficiente documentación. Hay tres textos coetáneos: Fray Juan de San Jerónimo, Libro de memorias de San Lorenzo el Real. 1571. Es un libro de cuentas. Fray José de Siguënza. Historia de la Orden de los Jerónimos. 1605. Libros III y IV son la crónica oficial del edificio. Juan de Herrera. Discursos sobre la figura pública. 1585. Sobre los símbolos y la magia.
La historiografía actual, desde 1963, cuarto centenario del comienzo de las obras, es muy amplia. Se hicieron grandes publicaciones por el Patrimonio Nacional y los padres agustinos (que hoy ocupan El Escorial). Francisco Iñíguez, Fernando Checa, y de Taylor, Arquitectura y magia. En 1984 se hizo el cuarto centenario del fin de las obras, con grandes estudios. Cornelia Von de Osten Sacken, El Escorial, estudio iconológico. Edit. Xarais. Bilbao. 1984.
Es un tema muy complejo, por la abundancia misma de la información. La construcción se inició en 1563-84. Los motivos de su edificación son muy precisos y conocidos. Una carta de fundación de 1565 y el testamento del rey lo explica: 1) Un agradecimiento a Dios por la victoria sobre los franceses en San Quintín el 10 de agosto de 1557, día de San Lorenzo. 2) Agradecimiento a Dios por el mantenimiento del catolicismo en los dominios de Felipe II. 3) Alabanza a Dios por la protección de la dinastía real. 4) Una sepultura para los miembros de la familia real.
La construcción debe estar bajo la custodia de los Jerónimos, con un convento, un colegio-seminario y un hospital. Para construir el edificio se eligió el lugar, los arquitectos.
El lugar tardó en decidirse varios años. Un llano a 1050 m. sobre el nivel del mar, al sur de la sierra de Guadarrama. La razón era el 1) centro exacto de la península ibérica, 2) cerca de Madrid, la capital desde 1561, 3) en un paisaje tranquilo, buenas condiciones climáticas, 4) próxima a una cantera de granito (el material de la construcción).
La orientación de la obra, tiene una desviación de 16 grados hacia el sur, en la dirección Este-Oeste. Se dirige hacia la puesta de sol, la misma de la victoria militar en san Quintín. No es pues la dirección de Jerusalén.
Felipe II (1527-98), rey desde 1556, gobernante desde un decenio antes. Su biblioteca era ya numerosa desde joven. Hizo viajes por Europa para su formación, a Italia, Países Bajos, Alemania e Inglaterra. Le interesaban la arquitectura, filosofía y literatura. Impulsa la idea del arquitecto diseñador con conocimientos de matemáticas y física. Ya su padre había prestigiado a los arquitectos. En 1552 Felipe autoriza a Villalpando a traducir a Serlio y garantiza que tiene conocimientos teóricos. En 1561 otorga título de arquitecto a Juan Bautista de Toledo y a Juan de Herrera, los autores de la obra.
Juan Bautista de Toledo (1515-1567), matemático y geómetra en Univ. de Salamanca, trabajó con Antonio de Sangallo el Joven, con Miguel Angel en San Pedro, en Nápoles en el castillo de Castelnuovo.
Juan de Herrera (1532-1597), le sustituyó e hizo la traza definitiva de El Escorial. Estudió geometría en la Universidad de Alcalá de Henares. Hacia 1550 acompañó a Felipe a Flandes, y ya solo viaja a Italia. Estuvo con Carlos I en Yuste. En 1563 ayudante del anterior. En 1567 es arquitecto real. En 1587 es arquitecto general de todo el reino.
Para el estudio hay numerosas imágenes de la época, de la fachada, la planta, etc. [N.293,P.292] Es un edificio multifuncional, con un eje principal: biblioteca, iglesia y residencia real, con una gran austeridad. Se articula en un rectángulo casi cuadrado y cúbico definido por el eje, con dos patios a cada lado, con una cuadrícula de cubos. Es un edificio polifuncional: el convento, el colegio, el seminario, el colegio publico, el hospital, el edificio administrativo, residencia de asitentes de la Corte...
La forma es de total desnudez. Con una caja de muros desnuda. Tejado de pizarra. Zócalo de granito. Torres a los ángulos, con capiteles flamencos en las puntas de las torres. En la puerta principal una portada-retablo, de inspiración clasicista (es una excepción en el edificio). El sistema de patios, es un rectángulo de dos patios a cada lado y los dos de delante divididos en cuatro.
Interpretaciones de El Escorial.
La lectura del edificio es polivalente:
· Estilísticamente es de la ¿madurez del Renacimiento? ¿del Manierismo? ¿del Barroco? Se discute la influencia de Serlio y el sentido de la decoración.
· La lectura contrarreformista se basa en la multifuncionalidad con la influencia determinante de la Iglesia y de la Orden Jerónima.
· La lectura funeraria es que El Escorial era un mausoleo real, con una disposición dirigiendo la atención a las sepulturas reales. Así, la situación de la iglesia en el centro de los aposentos reales.
· La lectura geométrica cúbica, con una configuración en cubo, en alzada y planta. En el neoplatonismo es la expresión de la tierra, el más pesado de los elementos. Platón, en el Timeo, simboliza al cubo como la tierra. Es una relación macrocosmos-microcosmos.
· Como Ciudad de Dios, reflejo de la sabiduría divina, un edificio que Dios habría diseñado, con medidas conocidas a través de la Biblia: Arca de Noé, Tabernáculo, Templo de Salomón. Uno o las tres servirían de modelos según los autores.
· Como jeroglífico, recurrente al código de significados que nos ofrece la Biblioteca. Esta tendría una decoración alegórica que escondería símbolos no narrativos que serían soluciones al enigma, con una cultura visual emblemática, jeroglífica o de epigramas. Astrología, Hermetismo, etc.
Tres lecturas:
· La lectura estilística. Fray José de Sigüenza dice: «correspondencia entre las partes...». La relación iglesia-biblioteca une todo el edificio. El arquitecto planifica todos los elementos del edificio. Hay pocas referencias clásicas: la portada principal del edificio y la fachada de la iglesia. La portada es un retablo clásico, con columnas monumentales, del modelo de Serlio, con un frontispicio (del libro IV).
· La lectura de la Contrarreforma, con una vinculación de España con la ortodoxia católica. Desde el lecho podía ver, a través de una ventana, el altar mayor de la iglesia. El edificio es también una acción de gratitud a Dios por las mercedes que ha hecho a España.
· La lectura funeraria es evidente. Todavía no tenía nuestra dinastía un mausoleo real y era necesario hacerlo por motivos aúlicos y simbólicos. Se vincula con la pasión por coleccionar reliquias provenientes de todo el Imperio español. La cruz del retablo mayor se hizo con madera del barco de Elcano que dio la vuelta al mundo en 1519, como símbolo del Imperio y de la bendición de Dios.
La bibliografia es abundante. Hay crónicas diarias sobre su construcción, por lo que tenemos suficiente documentación. Hay tres textos coetáneos: Fray Juan de San Jerónimo, Libro de memorias de San Lorenzo el Real. 1571. Es un libro de cuentas. Fray José de Siguënza. Historia de la Orden de los Jerónimos. 1605. Libros III y IV son la crónica oficial del edificio. Juan de Herrera. Discursos sobre la figura pública. 1585. Sobre los símbolos y la magia.
La historiografía actual, desde 1963, cuarto centenario del comienzo de las obras, es muy amplia. Se hicieron grandes publicaciones por el Patrimonio Nacional y los padres agustinos (que hoy ocupan El Escorial). Francisco Iñíguez, Fernando Checa, y de Taylor, Arquitectura y magia. En 1984 se hizo el cuarto centenario del fin de las obras, con grandes estudios. Cornelia Von de Osten Sacken, El Escorial, estudio iconológico. Edit. Xarais. Bilbao. 1984.
Es un tema muy complejo, por la abundancia misma de la información. La construcción se inició en 1563-84. Los motivos de su edificación son muy precisos y conocidos. Una carta de fundación de 1565 y el testamento del rey lo explica: 1) Un agradecimiento a Dios por la victoria sobre los franceses en San Quintín el 10 de agosto de 1557, día de San Lorenzo. 2) Agradecimiento a Dios por el mantenimiento del catolicismo en los dominios de Felipe II. 3) Alabanza a Dios por la protección de la dinastía real. 4) Una sepultura para los miembros de la familia real.
La construcción debe estar bajo la custodia de los Jerónimos, con un convento, un colegio-seminario y un hospital. Para construir el edificio se eligió el lugar, los arquitectos.
El lugar tardó en decidirse varios años. Un llano a 1050 m. sobre el nivel del mar, al sur de la sierra de Guadarrama. La razón era el 1) centro exacto de la península ibérica, 2) cerca de Madrid, la capital desde 1561, 3) en un paisaje tranquilo, buenas condiciones climáticas, 4) próxima a una cantera de granito (el material de la construcción).
La orientación de la obra, tiene una desviación de 16 grados hacia el sur, en la dirección Este-Oeste. Se dirige hacia la puesta de sol, la misma de la victoria militar en san Quintín. No es pues la dirección de Jerusalén.
Felipe II (1527-98), rey desde 1556, gobernante desde un decenio antes. Su biblioteca era ya numerosa desde joven. Hizo viajes por Europa para su formación, a Italia, Países Bajos, Alemania e Inglaterra. Le interesaban la arquitectura, filosofía y literatura. Impulsa la idea del arquitecto diseñador con conocimientos de matemáticas y física. Ya su padre había prestigiado a los arquitectos. En 1552 Felipe autoriza a Villalpando a traducir a Serlio y garantiza que tiene conocimientos teóricos. En 1561 otorga título de arquitecto a Juan Bautista de Toledo y a Juan de Herrera, los autores de la obra.
Juan Bautista de Toledo (1515-1567), matemático y geómetra en Univ. de Salamanca, trabajó con Antonio de Sangallo el Joven, con Miguel Angel en San Pedro, en Nápoles en el castillo de Castelnuovo.
Juan de Herrera (1532-1597), le sustituyó e hizo la traza definitiva de El Escorial. Estudió geometría en la Universidad de Alcalá de Henares. Hacia 1550 acompañó a Felipe a Flandes, y ya solo viaja a Italia. Estuvo con Carlos I en Yuste. En 1563 ayudante del anterior. En 1567 es arquitecto real. En 1587 es arquitecto general de todo el reino.
Para el estudio hay numerosas imágenes de la época, de la fachada, la planta, etc. [N.293,P.292] Es un edificio multifuncional, con un eje principal: biblioteca, iglesia y residencia real, con una gran austeridad. Se articula en un rectángulo casi cuadrado y cúbico definido por el eje, con dos patios a cada lado, con una cuadrícula de cubos. Es un edificio polifuncional: el convento, el colegio, el seminario, el colegio publico, el hospital, el edificio administrativo, residencia de asitentes de la Corte...
La forma es de total desnudez. Con una caja de muros desnuda. Tejado de pizarra. Zócalo de granito. Torres a los ángulos, con capiteles flamencos en las puntas de las torres. En la puerta principal una portada-retablo, de inspiración clasicista (es una excepción en el edificio). El sistema de patios, es un rectángulo de dos patios a cada lado y los dos de delante divididos en cuatro.
Interpretaciones de El Escorial.
La lectura del edificio es polivalente:
· Estilísticamente es de la ¿madurez del Renacimiento? ¿del Manierismo? ¿del Barroco? Se discute la influencia de Serlio y el sentido de la decoración.
· La lectura contrarreformista se basa en la multifuncionalidad con la influencia determinante de la Iglesia y de la Orden Jerónima.
· La lectura funeraria es que El Escorial era un mausoleo real, con una disposición dirigiendo la atención a las sepulturas reales. Así, la situación de la iglesia en el centro de los aposentos reales.
· La lectura geométrica cúbica, con una configuración en cubo, en alzada y planta. En el neoplatonismo es la expresión de la tierra, el más pesado de los elementos. Platón, en el Timeo, simboliza al cubo como la tierra. Es una relación macrocosmos-microcosmos.
· Como Ciudad de Dios, reflejo de la sabiduría divina, un edificio que Dios habría diseñado, con medidas conocidas a través de la Biblia: Arca de Noé, Tabernáculo, Templo de Salomón. Uno o las tres servirían de modelos según los autores.
· Como jeroglífico, recurrente al código de significados que nos ofrece la Biblioteca. Esta tendría una decoración alegórica que escondería símbolos no narrativos que serían soluciones al enigma, con una cultura visual emblemática, jeroglífica o de epigramas. Astrología, Hermetismo, etc.
Tres lecturas:
· La lectura estilística. Fray José de Sigüenza dice: «correspondencia entre las partes...». La relación iglesia-biblioteca une todo el edificio. El arquitecto planifica todos los elementos del edificio. Hay pocas referencias clásicas: la portada principal del edificio y la fachada de la iglesia. La portada es un retablo clásico, con columnas monumentales, del modelo de Serlio, con un frontispicio (del libro IV).
· La lectura de la Contrarreforma, con una vinculación de España con la ortodoxia católica. Desde el lecho podía ver, a través de una ventana, el altar mayor de la iglesia. El edificio es también una acción de gratitud a Dios por las mercedes que ha hecho a España.
· La lectura funeraria es evidente. Todavía no tenía nuestra dinastía un mausoleo real y era necesario hacerlo por motivos aúlicos y simbólicos. Se vincula con la pasión por coleccionar reliquias provenientes de todo el Imperio español. La cruz del retablo mayor se hizo con madera del barco de Elcano que dio la vuelta al mundo en 1519, como símbolo del Imperio y de la bendición de Dios.
El palacio de Carlos V en Granada.
El palacio de Carlos V en Granada, de difícil clasificación, es una obra del arte aúlico imperial. Encargada por el emperador después de su estancia en la Alhambra en el verano de 1526, el proyecto lo hizo el pintor Pedro Machuca (colaborador de Miguel Angel), vuelto a España en 1520. Vivía en la Alhambra como escudero del duque de Mondéjar, alcaide de la fortaleza. Esta no estaba bajo la potestad de la ciudad, por lo que no podían determinar las obras los gremios de la ciudad. Así, un pintor pudo hacer de arquitecto (como profesión liberal), con lo que es una fecha importante para el prestigio de la profesión. Por esta época los mejores proyectistas de retablos estaban a veces asimilados a los arquitectos. Hay que tener en cuenta que los maestros de obras eran los únicos constructores con permiso en el mundo gremial español.
La cronología del edificio: se comenzó en 1527, en 1537 se documenta la parte baja de la portada meridional, en 1538 se hace la cripta de la capilla. En 1541 la fachada occidental. En 1557 el patio según diseño de 1546 de Machuca (murió en 1557). En 1568 se paralizó por la rebelión morisca hasta 1583, recomenzando con Mijares y De la Vega, con superintendencia de Herrera (el gran arquitecto de la época, con el Escorial). Herrera decide el acabado de la fachada de poniente, el vestíbulo y finalmente recomienda que las obras queden inacabadas, lo que sucede hasta hoy.
Su ubicación interna en la Alhambra lo relaciona con la arquitectura islámica, con sus pabellones y jardines. Planta cuadrada con patio interior circular. Esto para muchos teóricos es un ejemplo manierista de contraste de ideas estéticas. Es un planteamiento crítico frente al Renacimiento ya en 1527. Era importante el hecho de que Machuca tuviera una formación con el Miguel Angel ya maduro (como muchos estudiantes españoles, impuestos por la vía diplomática).
El patio circular es poco habitual en el Renacimiento. Destacan como ejemplos la casa de Mantegna en Mantua, el patio interior de Rafael en la Villa Madama en Roma, el patio circular de Inigo Jones en Whitehall en Londres. En el palacio granadino falta la relación entre interior y exterior por este contraste de muros. El patio distribuye las estancias interiores, y en un ángulo tiene una capilla octogonal; hay una yuxtaposición de espacios, un cambio de orientaciones propio del final del Renacimiento, propiamente manierista, aunque no pertenece al Manierismo español. El patio (inacabado) es de orden toscano, de acuerdo a las tesis de Vitruvio. En suma, es un palacio rústico, austero, hecho para un héroe, un rey humanista.
La fachada occidental, la principal, tiene dos cuerpos, el primero rústico almohadillado, con orden dórico. Arriba es de orden toscano, lo que es propiamente vitruviano. El cuerpo central rompe el esquema horizontal. También hay pequeños frontones triangulares, circulares y con ménsulas, rompiendo el ritmo visual, variándolo de un modo muy manierista. Incluso el cuerpo centarl es múltiple. El conocimiento del clasicismo es perfecto en la gramática de los elementos, pero manierista en su mentalidad. Se abandonó la obra por su poca funcionalidad en la distribución del espacio. En otra fachada tenemos otra portada con orden jónico.
La iconografía imperial se reparte en distintos lugares. Pinturas al fresco en la torre del Peinador en la Alhambra, junto al palacio. Todas las fachadas están decoradas con relieves aúlicos del emperador prudente y victorioso, con motivos de mitología antigua, alegorías de la paz, abundancia, valor, constancia, etc., así como motivos heráldicos.
La cronología del edificio: se comenzó en 1527, en 1537 se documenta la parte baja de la portada meridional, en 1538 se hace la cripta de la capilla. En 1541 la fachada occidental. En 1557 el patio según diseño de 1546 de Machuca (murió en 1557). En 1568 se paralizó por la rebelión morisca hasta 1583, recomenzando con Mijares y De la Vega, con superintendencia de Herrera (el gran arquitecto de la época, con el Escorial). Herrera decide el acabado de la fachada de poniente, el vestíbulo y finalmente recomienda que las obras queden inacabadas, lo que sucede hasta hoy.
Su ubicación interna en la Alhambra lo relaciona con la arquitectura islámica, con sus pabellones y jardines. Planta cuadrada con patio interior circular. Esto para muchos teóricos es un ejemplo manierista de contraste de ideas estéticas. Es un planteamiento crítico frente al Renacimiento ya en 1527. Era importante el hecho de que Machuca tuviera una formación con el Miguel Angel ya maduro (como muchos estudiantes españoles, impuestos por la vía diplomática).
El patio circular es poco habitual en el Renacimiento. Destacan como ejemplos la casa de Mantegna en Mantua, el patio interior de Rafael en la Villa Madama en Roma, el patio circular de Inigo Jones en Whitehall en Londres. En el palacio granadino falta la relación entre interior y exterior por este contraste de muros. El patio distribuye las estancias interiores, y en un ángulo tiene una capilla octogonal; hay una yuxtaposición de espacios, un cambio de orientaciones propio del final del Renacimiento, propiamente manierista, aunque no pertenece al Manierismo español. El patio (inacabado) es de orden toscano, de acuerdo a las tesis de Vitruvio. En suma, es un palacio rústico, austero, hecho para un héroe, un rey humanista.
La fachada occidental, la principal, tiene dos cuerpos, el primero rústico almohadillado, con orden dórico. Arriba es de orden toscano, lo que es propiamente vitruviano. El cuerpo central rompe el esquema horizontal. También hay pequeños frontones triangulares, circulares y con ménsulas, rompiendo el ritmo visual, variándolo de un modo muy manierista. Incluso el cuerpo centarl es múltiple. El conocimiento del clasicismo es perfecto en la gramática de los elementos, pero manierista en su mentalidad. Se abandonó la obra por su poca funcionalidad en la distribución del espacio. En otra fachada tenemos otra portada con orden jónico.
La iconografía imperial se reparte en distintos lugares. Pinturas al fresco en la torre del Peinador en la Alhambra, junto al palacio. Todas las fachadas están decoradas con relieves aúlicos del emperador prudente y victorioso, con motivos de mitología antigua, alegorías de la paz, abundancia, valor, constancia, etc., así como motivos heráldicos.
Tres pintores manieristas: Parmigianino, Tintoretto, Veronés
Parmigianino.
Parmigianino (1503-1540) tiene el gusto escultórico por la línea sinuosa y curvilínea, con actitudes rebuscadas, con figuras alargadas hasta la deformación, como en la Virgen del cuello largo, definida como el “código del manierismo”, en la que los distintos personajes aparecen cortados por el marco, como si les faltará espacio, angustiados. Se impone el dislocamiento y la distorsión, aunque se caiga en lo retórico.
Los pintores de Venecia: Tintoretto, Veronés.
Tintoretto y Veronés son ya pintores del Manierismo, aunque algunos autores los encasillan como puentes entre el clasicismo y el manierismo venecianos.
Tintoretto.
Tintoretto (1518-1594) es un puente hacia el Manierismo e incluso al Barroco, con sus luces violentas, contrastes en claroscuro, escorzos, movimiento tenso e inestable, paisaje romántico, profundidad en base a niveles de distinta luminosidad. Todo esto se obsera en el Lavatorio de los pies. En sus cincuenta obras en la iglesia de San Rocco su bajo ángulo de visión resalta la profundidad y lejanía. Influirá mucho en El Greco y los pintores barrocos.
Veronés.
Veronés (1528-1588) pinta el lujo, las fiestas en palacios y jardines maravillosos, con complejas arquitecturas, con numerosas figuras envueltas en bellos ropajes. En su Venus y Adonis el desnudo de Tiziano ha sido sustituido por un semidesnudo. En las Bodas de Caná extrema el anecdotismo, siendo el heredero de Bellini y Carpaccio.
Parmigianino (1503-1540) tiene el gusto escultórico por la línea sinuosa y curvilínea, con actitudes rebuscadas, con figuras alargadas hasta la deformación, como en la Virgen del cuello largo, definida como el “código del manierismo”, en la que los distintos personajes aparecen cortados por el marco, como si les faltará espacio, angustiados. Se impone el dislocamiento y la distorsión, aunque se caiga en lo retórico.
Los pintores de Venecia: Tintoretto, Veronés.
Tintoretto y Veronés son ya pintores del Manierismo, aunque algunos autores los encasillan como puentes entre el clasicismo y el manierismo venecianos.
Tintoretto.
Tintoretto (1518-1594) es un puente hacia el Manierismo e incluso al Barroco, con sus luces violentas, contrastes en claroscuro, escorzos, movimiento tenso e inestable, paisaje romántico, profundidad en base a niveles de distinta luminosidad. Todo esto se obsera en el Lavatorio de los pies. En sus cincuenta obras en la iglesia de San Rocco su bajo ángulo de visión resalta la profundidad y lejanía. Influirá mucho en El Greco y los pintores barrocos.
Veronés.
Veronés (1528-1588) pinta el lujo, las fiestas en palacios y jardines maravillosos, con complejas arquitecturas, con numerosas figuras envueltas en bellos ropajes. En su Venus y Adonis el desnudo de Tiziano ha sido sustituido por un semidesnudo. En las Bodas de Caná extrema el anecdotismo, siendo el heredero de Bellini y Carpaccio.
Resumen del manierismo
Hacia mediados del s. XVI se confirma un cambio estilístico, olvidando el estricto sentido de la proporcionalidad, calma y serenidad que inspiran lo clásico. Ahora los miembros
de una obra se estiran y deforman si ello conviene a la intención del artista, en cualquiera de las artes. En su gramática formal es el arte como expresión ornamental, el triunfo de lo decorativo. Se da el máximo protagonismo a la ornamentación en el arte. El Manierismo se debe interpretar como el triunfo de la decoración.
El manierismo fue considerado peyorativamente durante los siglos XVII-XIX como un periodo de decadencia transitoria entre el Renacimiento y el Barroco, pero ha sido revalorizado desde los años 1910-1920 por la historiografía alemana. Hay dos tendencias en la historiografía. Una defiende una ruptura entre Renacimiento y Manierismo; la otra, más actual (Arasse y Tönnesmann), predica una continuidad entre ambos. Es una época de desequilibrios y cambios, de guerras, que se refleja en un arte en el que se representa el caos, la violencia y la destrucción. En esta época de crisis en la confianza en el poder, los artistas son enrolados en los programas iconográficos al servicio de la legitimación del poder absoluto de la Iglesia y del Estado encarnado en el príncipe. San Pedro de Roma y Fontainebleau representan este ensalzamiento del poder.
El manierismo es un arte de crisis (corresponde ideológicamente al fin del Renacimiento y el principio de la Reforma), en clara reacción contra el clasicismo del Alto Renacimiento (1500-1525) y su doctrina de imitación del mundo real, imponiendo en cambio la "maniera", el estilo individual. Sus maestros son el último Miguel Angel, Pontormo, Parmigianino, Rosso Florentino... Es un arte interiorizado, intelectualista, vinculado a elevados círculos culturales y de escasa dimensión pública. Es el primer arte de las cortes nacionales europeas y a través suyo se difunden las formas del Renacimiento del Cinquecento, ya en su decadencia en Italia.
de una obra se estiran y deforman si ello conviene a la intención del artista, en cualquiera de las artes. En su gramática formal es el arte como expresión ornamental, el triunfo de lo decorativo. Se da el máximo protagonismo a la ornamentación en el arte. El Manierismo se debe interpretar como el triunfo de la decoración.
El manierismo fue considerado peyorativamente durante los siglos XVII-XIX como un periodo de decadencia transitoria entre el Renacimiento y el Barroco, pero ha sido revalorizado desde los años 1910-1920 por la historiografía alemana. Hay dos tendencias en la historiografía. Una defiende una ruptura entre Renacimiento y Manierismo; la otra, más actual (Arasse y Tönnesmann), predica una continuidad entre ambos. Es una época de desequilibrios y cambios, de guerras, que se refleja en un arte en el que se representa el caos, la violencia y la destrucción. En esta época de crisis en la confianza en el poder, los artistas son enrolados en los programas iconográficos al servicio de la legitimación del poder absoluto de la Iglesia y del Estado encarnado en el príncipe. San Pedro de Roma y Fontainebleau representan este ensalzamiento del poder.
El manierismo es un arte de crisis (corresponde ideológicamente al fin del Renacimiento y el principio de la Reforma), en clara reacción contra el clasicismo del Alto Renacimiento (1500-1525) y su doctrina de imitación del mundo real, imponiendo en cambio la "maniera", el estilo individual. Sus maestros son el último Miguel Angel, Pontormo, Parmigianino, Rosso Florentino... Es un arte interiorizado, intelectualista, vinculado a elevados círculos culturales y de escasa dimensión pública. Es el primer arte de las cortes nacionales europeas y a través suyo se difunden las formas del Renacimiento del Cinquecento, ya en su decadencia en Italia.
El Greco: un pintor de formación greco-italiana en Toledo.
Doménikos Theotokopoulos (Candía, Creta, 1541-Toledo, 7 abril 1614), conocido como El Greco es un pintor cretense de formación veneciana (la isla pertenecía entonces a Venecia), que no dejará escuela en España. A menudo se ha olvidado su faceta como arquitecto, pero en verdad destaca como pintor.
Empezó en Creta pintando iconos (La dormición de la Virgen, San Lucas pintando a la Virgen), pasó por Venecia y Roma, donde absorbió la riqueza de los colores del clasicista Tiziano y del manierista Tintoretto y recibió la influencia de los volúmenes manieristas de Miguel Angel, un estilo que proponía sustituir la imitación de la naturaleza por la intuición, un arte que apartaba la representación realista del mundo para preferir la interpretación intelectual.
Al no contar con encargos en Italia, se trasladó a España en 1576, con la esperanza de convertirse en pintor de la corte de Felipe II, pero el monarca no mostró interés por su peculiar estilo así que se asentó en Toledo, sede del arzobispado primado de España, donde permaneció hasta su muerte, viviendo de los encargos de eclesiásticos y nobiliarios, rodeado de un círculo de intelectuales y mecenas, dedicado a explorar las posibilidades del manierismo cuando en Italia se estaba volviendo ya al naturalismo. La exuberancia de El Greco se adaptó bien a la ideología de la Contrarreforma, que pretendía reafirmar la fe del pueblo en sus dogmas. La iconografía del pintor sirvió para expresar con imágenes potentes y figuras expresivas la renovada importancia de los sacramentos, la Virgen y los santos. Le caracterizan el temperamento místico, la intensidad obsesiva, las figuras exageradamente alargadas, las posturas retorcidas y los fuertes contrastes de luz y color. Su evolución fue muy coherente, desde sus primeros iconos hasta La Adoración de los pastores de 1614. Son excelentes por su introspección psicológica los retratos, como el de Antonio de Covarrubias, su gran amigo, el de Fray Hortensio Félix Paravicino (1609; Museo de Boston) o el de un artista anónimo (¿su hijo Jorge Manuel Theotokopoulos?). Realiza también cuadros de fuerte simbolismo, como La fábula, cuyas tres versiones muestran a un joven acompañado por un mono y un curioso personaje que se afana por encender una vela, y cuadros clásicos, como Laocoonte (c. 1610, National Gallery de Washington).
A su muerte su obra se sumió en el olvido hasta que en los s. XIX y XX resurgió el interés de los artistas e intelectuales. Delacroix tenía una copia del Expolio de Cristo. John Singer Sargent poseía una versión de San Martín y el mendigo. Ignacio Zuloaga era propietario de la ingfluyente Visión del Apocalipsis (hoy en el MET de Nueva York), que Picasso visitaba el taller de Zuloaga para admirarla al tiempo que pintaba Las señoritas de Aviñón, y que Pollock dibujó años después. Franz Marc esbozó la Agonía en el jardín, Cézanne hizo una versión de Dama del Armiño.
Teophile Gautier, en su Viaje a España (1845), escribe: “Hay abusos de luz y de oscuridad, contrastes violentos, de colores singulares, de poses extravagantes. En todo esto se siente una energía depravada y una gran fuerza que desvelan el gran pintor y la locura del genio.” El crítico inglés William Stirling le define a finales del s. XIX: “artista que alternaba entre la razón y el delirio”. Aldous Huxley (1945) escribe: “como los posimpresionistas tres siglos más tarde, usó objetos naturales como material bruto para crear, a través de una distorsión muy calculada, su propio mundo de formas pictóricas, con su propio espacio y su propia luz.” Picasso proclama: “¡Velázquez! ¿Qué ve la gente en Velázquez? Prefiero mil veces El Greco. Era un pintor de verdad”. Philippe de Monticello explica: “El Greco es uno de los pocos maestros de la pintura realmente popular. Como Vermeer, Piero della Francesca y Boticelli, fue rescatado de la oscuridad por un grupo de ávidos coleccionistas y críticos del siglo XIX, para convertirse en uno de los miembros selectos del panteón de los grandes pintores.”[1]
. Washington. National Galleryr of Art (1982). / . Nueva York. MET (7 octubre 2003-enero 2004). Prefacio de Philippe de Monticello.
[1] Monticello. Prefacio.. Nueva York. MET (7 octubre 2003-enero 2004).
Empezó en Creta pintando iconos (La dormición de la Virgen, San Lucas pintando a la Virgen), pasó por Venecia y Roma, donde absorbió la riqueza de los colores del clasicista Tiziano y del manierista Tintoretto y recibió la influencia de los volúmenes manieristas de Miguel Angel, un estilo que proponía sustituir la imitación de la naturaleza por la intuición, un arte que apartaba la representación realista del mundo para preferir la interpretación intelectual.
Al no contar con encargos en Italia, se trasladó a España en 1576, con la esperanza de convertirse en pintor de la corte de Felipe II, pero el monarca no mostró interés por su peculiar estilo así que se asentó en Toledo, sede del arzobispado primado de España, donde permaneció hasta su muerte, viviendo de los encargos de eclesiásticos y nobiliarios, rodeado de un círculo de intelectuales y mecenas, dedicado a explorar las posibilidades del manierismo cuando en Italia se estaba volviendo ya al naturalismo. La exuberancia de El Greco se adaptó bien a la ideología de la Contrarreforma, que pretendía reafirmar la fe del pueblo en sus dogmas. La iconografía del pintor sirvió para expresar con imágenes potentes y figuras expresivas la renovada importancia de los sacramentos, la Virgen y los santos. Le caracterizan el temperamento místico, la intensidad obsesiva, las figuras exageradamente alargadas, las posturas retorcidas y los fuertes contrastes de luz y color. Su evolución fue muy coherente, desde sus primeros iconos hasta La Adoración de los pastores de 1614. Son excelentes por su introspección psicológica los retratos, como el de Antonio de Covarrubias, su gran amigo, el de Fray Hortensio Félix Paravicino (1609; Museo de Boston) o el de un artista anónimo (¿su hijo Jorge Manuel Theotokopoulos?). Realiza también cuadros de fuerte simbolismo, como La fábula, cuyas tres versiones muestran a un joven acompañado por un mono y un curioso personaje que se afana por encender una vela, y cuadros clásicos, como Laocoonte (c. 1610, National Gallery de Washington).
A su muerte su obra se sumió en el olvido hasta que en los s. XIX y XX resurgió el interés de los artistas e intelectuales. Delacroix tenía una copia del Expolio de Cristo. John Singer Sargent poseía una versión de San Martín y el mendigo. Ignacio Zuloaga era propietario de la ingfluyente Visión del Apocalipsis (hoy en el MET de Nueva York), que Picasso visitaba el taller de Zuloaga para admirarla al tiempo que pintaba Las señoritas de Aviñón, y que Pollock dibujó años después. Franz Marc esbozó la Agonía en el jardín, Cézanne hizo una versión de Dama del Armiño.
Teophile Gautier, en su Viaje a España (1845), escribe: “Hay abusos de luz y de oscuridad, contrastes violentos, de colores singulares, de poses extravagantes. En todo esto se siente una energía depravada y una gran fuerza que desvelan el gran pintor y la locura del genio.” El crítico inglés William Stirling le define a finales del s. XIX: “artista que alternaba entre la razón y el delirio”. Aldous Huxley (1945) escribe: “como los posimpresionistas tres siglos más tarde, usó objetos naturales como material bruto para crear, a través de una distorsión muy calculada, su propio mundo de formas pictóricas, con su propio espacio y su propia luz.” Picasso proclama: “¡Velázquez! ¿Qué ve la gente en Velázquez? Prefiero mil veces El Greco. Era un pintor de verdad”. Philippe de Monticello explica: “El Greco es uno de los pocos maestros de la pintura realmente popular. Como Vermeer, Piero della Francesca y Boticelli, fue rescatado de la oscuridad por un grupo de ávidos coleccionistas y críticos del siglo XIX, para convertirse en uno de los miembros selectos del panteón de los grandes pintores.”[1]
[1] Monticello. Prefacio.
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