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Mis blogs son Altamira (Historia del Arte, Cine, Cómic, Fotografía, Moda), Heródoto (Actualidad, Ciencias Sociales y Pensamiento) y Mirador (Joan Miró, Arte y Cultura Contemporáneos).y Pensamiento, Religión y Teo

lunes, 29 de octubre de 2012

Vacaciones en el infierno (2012), de Adrian Grunberg.


Vacaciones en el infierno (2012), de Adrian Grunberg.
Vacaciones en el infierno (2012). How I spent my summer vacation o Get the Gringo. EE UU. Género: thriller. Duración: 96 minutos. Dirección: Adrian Grunberg. Intérpretes: Mel Gibson, Daniel Giménez Cacho, Dolores Heredia, Kevin Hernández. Guión: Mel Gibson, Adrian Grunberg y Stacy Perskie. Música: Antonio Pinto. Fotografía: Benoît Debie. Montaje: Steven Rosenblum.

Trama.
Un criminal, de nombre incierto, escapa a México con su botín, y va a parar a la cárcel llamada “El infierno”, un antro dominado por una banda criminal, donde deberá demostrar sus dotes de astucia para sobrevivir, con la ayuda de un niño cuyo hígado está comprometido para un trasplante al capo mafioso del penal.
Opinión.
Una película simpática que se apoya en el exceso grotesco de su cuidado guión, un ritmo vivo sin debilidades que parece inspirado en Tarantino, y el excelente punto cómico de Gibson, que aquí parece recuperado de su bache personal y fílmico de los últimos años, y está bien rodeado por un excelente reparto de actores mexicanos, en el que descuella el español Daniel Giménez en el papel del jefe mafioso y malvado con su punto gracioso. Los dos mejores hilos de los que tirar son la reproducción del asombroso penal mexicano, tan surrealista que parece increíble pero que todos sabemos que es real como la vida misma, y sobre todo la evolución del personaje gracias a su naciente amistad con el niño, que al final le lleva a un debate moral entre ayudarle con gran riesgo o huir y recuperar su preciado botín. Cualquiera huiría, pero él es Mel Gibson, y claro...
Fuentes.
Internet.
AA.VV. Wikipedia.
Artículos.
Boyero, Carlos. El mejor Gibson sigue ahí. “El País” (26-X-2012) 46. Muy favorable.

domingo, 21 de octubre de 2012

Comentario. El Partenón (447-438), de Ictino, Calícrates y Fidias.

Comentario. El Partenón (447-432), de Ictino, Calícrates y Fidias.

Historia del Partenón. Documental. 7 minutos. Dirección: Costa Gravas.

Descripción.
El Partenón, prototipo de templo griego, es una obra cumbre de la arqui­tectura univer­sal, por su monumentalidad, sereno equilibrio y armoniosa proporción.
Vistas desde el SE de las fachadas Sur y Este (la principal) del Partenón.

El Partenón se erigió para sustituir a dos templos destruidos por los persas en 480: estaba al lado sur del lugar que ocupaba el viejo templo del Hekatompedon (cien pies), cons­truido aproximadamente el 570 y ampliado hacia el 530, y ocupaba el solar del primer Parte­nón, comenzado el 488 y destruido por los persas poco después, el 480, cuando aún no estaba concluido.
Fue promovido por el político Pericles, que nombró supervisor de las obras a Fidias, que se reservó la decoración y encomendó el proyecto a los arquitectos Icti­no, Calícrates y Parión (del que apenas se sabe). La obra arquitectónica se inició en 447 y se terminó en 15 años aunque prosiguió la decoración otros seis años, según revela una inscripción que se ha salvado in situ, por lo que las tres fases son bien conocidas: en 447-442 se construyó la estructura principal y se decoraron las metopas, en 442-438 se acabaron las obras del muro de la naos y se decoró con esculturas su friso al tiempo que se consagraba la estatua de Atenea Partenos, y en 438-432, ya sin el mando de Fidias que había huido, su taller acabó las esculturas de los maravillosos frontones.

Vista aérea hipotética desde el NE de la parte posterior del Partenón. En primer término a la izquierda se contempla la estatua de Atenea Promachos y a la derecha los edificios del Brauronion (en primer término) y la Calcoteca (mayor, en segundo término). El acceso al témenos (recinto sagrado) del templo se hacía a través de una escalinata que daba a un pórtico monumental (aquí con el techo pintado de gris y los laterales de azul) y había otro acceso al fondo del camino ascendente, girando a la derecha, que daba directamente a la pronaos.

El nuevo edificio se construyó con sillares (se calcula que unos 14.300) de már­mol pentélico (de las célebres canteras del monte Pentelikon) y contaba con tejas de mármol de Paros, vigas de madera para el techo interior, verjas de hierro dorado y apliques de hierro (en parte conservados) entre los sillares.


Sistema de construcción de los sillares del Partenón, según Camp y Dinsman (1984).

El edificio ha pervivido pese a los terremotos y saqueos, gracias a su solidez y a que fue reconvertido en iglesia paleocristiana a finales del siglo IV y en iglesia bizantina con unas pequeñas reformas en el siglo VI, rebautizado como templo de Santa Sofía (la Sabiduría Divina). Nuevamente se readaptó durante la breve dominación catalano-aragonesa en el siglo XIV, dedicado entonces a Santa María de Cetines, y por orden de Pedro IV era vigilado día y noche por su extraordinario valor simbólico. Se adaptó nuevamente, esta vez como mezquita, durante la ocupación otomana desde 1458, cuando se edificó un minarete aunque apenas se afectó la estructura. Pero en 1687, durante la guerra turco-veneciana, los turcos pusieron un polvorín en el interior, que estalló durante un bombardeo veneciano, lo que dañó gravemente la estructura y se perdió parte del friso y las metopas. Parte de los materiales y los relieves quedaron durante decenios esparcidos a la intemperie por la acrópolis y fueron reutilizados para levantar o restaurar otros edificios. En 1801-1812 Lord Elgin se llevó a Inglaterra gran parte de la decoración escultórica, que hoy se expone en el British Museum. Desde la independencia griega en 1829 se han emprendido importantes trabajos de restauración, que aún prosiguen.

Análisis formal.
El templo es de orden dórico, del tipo períptero y octástilo, y alcanza unas grandes di­men­sio­nes: 69,54 x 30,87 x 10,43 metros, que lo convierten en uno de los más monumentales de la civilización griega.

Planos y reconstrucciones hipotéticas del Partenón.

El basamento se erigió sobre el del antiguo templo homónimo, que se consideraba sagrado, por lo que es más alto de lo normal en los templos griegos. El crepis (o crepidoma) se divide en estereóbato (con tres escalones en este caso) y estilóbato superior para las columnas.
El peristilo (o columnata) dóri­co que lo rodea cuenta con ocho columnas en las fachadas delantera y trasera y 17 co­lumnas en las fachadas laterales, una innovación porque el canon era de 6 x 13. Estaba techado con un artesonado de mármol (en cambio, la naos se techó de madera). Lo rodeaba una verja de hierro, tal vez dorada, que se cerraba por la noche para una mayor seguridad.
Las columnas dóricas del Partenón son consideras el paradigma del orden dórico: ausencia de basa, fuste robusto de baja altura (de cuatro a cinco módulos, siendo el módulo la medida del diámetro inferior) de 11 tambores estriados de arista viva y con éntasis en la parte central (a los 2/5 de la altura), y un capitel con un mínimo collarino, equino y ábaco. El entablamento exterior tiene un poderoso arquitrabe liso, entonces vivamente coloreado, en el que se colgaban escudos votivos de oro, un friso de metopas y triglifos (pintados en azul, mientras que la banda de la delgada tenia inferior era roja), y una destacada cornisa. Los dos frontones coronaban las fachadas principal y posterior, y estaban rematados por acroteras florales en los tres vértices.
El techo, del que hoy no queda nada, era plano con artesonado de madera en el interior y a doble vertiente y cubierto de losetas de mármol en el exterior, y los laterales estaban cerrados con antefijas coloreadas, con formas de cabezas y palmetas.
El recinto era un espectáculo multicolor, casi todo pintado de un gris cla­ro (como el Erecteión), pero en los frontones, las metopas y en las antefijas que coronaban su parte superior los colores eran muy brillantes, casi chillones: rojo, azul, amarillo…
La pers­pectiva que el Partenón ofrecía a los fieles a medida que se acercaban era muy diversa, comenzando con una visión oblicua a la derecha cuando salían desde los Propi­leos y variaba a medida que ascendían y luego rodeaban el edificio para aproximarse a la entrada al otro lado. Los ar­qui­tectos desarro­llaron una gran cantidad de métodos para contra­rres­tar estos efectos y otras distor­siones oculares, por lo que se hi­cieron correc­ciones visuales, con trucos muy usados también en otros templos, pero sin la perfección del Partenón. Así, el cre­pido­ma del tem­plo y el arquitrabe se curvaron hacia arriba en el cen­tro para conseguir una comba de las líneas horizontales, se invirtió el estrechamiento de las columnas con una éntasis de las columnas en el centro, se in­clinaron los ejes de las columnas hacia el interior, se trabajó un gro­sor distinto de las columnas, se procuró un acercamiento entre sí de las columnas de los extremos, y las líneas verticales del edifi­cio adquirieron la inclinación pertinente dependiendo de la correc­ción deseada.




El templo se dividía en tres partes: la pronaos, la naos y el opistodomos.
La pronaos, en el lado Oeste, es el pórtico exterior en la fachada delantera y da acceso a la naos interior a través de un estrecho vestíbu­lo. Había allí una selección de las mejores estatuas votivas.
Vista del Partenón de Atenas
Vista aérea desde el Este de la naos, y de la pronaos al fondo. Se observa que la foto se tomó durante unas obras de reconstrucción porque aparece desmontada parte de la fachada meridional.

La naos (o ce­lla) era especialmente ancha, porque estaba subcompartimentada en tres naves, separadas por una columnata dórica que permitía sostener sólidamente el techo plano del templo y sobre todo, lo más novedoso, se extendía por tres lados lo que cumplía mejor con la función principal del templo, que era un lugar de contemplación de la enorme estatua criselefanti­na (realizada en oro y marfil) de Atenea Partenos, la forma de la diosa guerrera pro­tectora de la ciudad. Así, la columnata era una especie de deambulatorio a los dos lados y, he aquí la novedad, también por detrás, y además con dos pisos para realzar la altura de la diosa. Todo esto violaba las normas canónicas de los templos dóricos, pero nos informa de que los grandes arquitectos griegos no eran meros sirvientes de la tradición sino que eran capaces de innovar para lograr una mejor funcionalidad.
El opis­to­do­mos tiene un pórtico columnado hexástilo en la parte posterior, en el que se exponían esculturas votivas y otras ofrendas de los fieles y las ciudades tributarias, y albergaba el tesoro más valioso, como los documentos de las profecías y los objetos más preciosos, en una pequeña estan­cia interior, de forma cuadra­da y sostenida por cuatro esbel­tas colum­nas jónicas, que se denominaba Parthenon, “la habitación de las vírgenes”, posiblemente por alusión a un edificio anterior que servía de morada a las vírgenes vestales. Esta habitación, y también era una novedad, aparentemente se comunicaba con la naos por dos pequeñas puertas que daban a las naves laterales.
Pese a ser el templo indiscutiblemente de orden dórico, hay algunas características del orden jónico como el ancho friso de la naos, la decoración tallada en los capiteles del anta (las alas de la pronaos), el cimacio del tipo Lesbos y el astrágalo sobre las metopas. Cabe señalar que ambos arquitectos fueron, probablemente al unísono, responsables de este cariz jónico, pues Ictino fue quien construyó fuera de Atenas el templo jónico de Apolo en Bassae (Arcadia), que además ofrece el primer capitel corintio conocido, mientras que Calícrates fue quien erigió en la misma acrópolis ateniense el templo jónico de Atenea Niké.
El ambi­cioso programa escultórico, dirigido por Fi­dias, se extendía por las me­topas del peristilo, los dos frontones y el alto friso que recorría el muro de la naos, con figuras policro­ma­das con colores brillantes como el azul, rojo, amarillo o verde. Por su importancia intrínseca merecen un estudio propio.

Significado.




Mundos perdidos: La antigua Atenas. Documental. 45 minutos. La ciudad de Pericles y sus construcciones.
Vista idealizada de la vertiente Oeste de la Acrópolis, en la que destaca el Partenón. Fue realizada por Marcel Lambert en 1877.

El templo del Partenón era el punto culminante de los ritos sagrados en la acrópolis. Los viajeros que llegaban a Atenas admiraban el edificio desde cualquier lugar público alejado de la colina en la que destacaba en altura, anchura y color. Al comenzar la ascensión, empero, la pronunciada pendiente lo ocultaba, hasta que el visitante traspasaba los Propileos y accedía el interior del recinto. Entonces ya lo divisaba a la derecha y su monumentalidad se iba desvelando a medida que continuaba el camino. Cuando se llegaba a la gran estatua exenta de Atenea Promachos había un amplio espacio abierto a sus pies y los fieles podían ver a la vez la estatua y más allá la parte trasera del Partenón, hacia el cual continuaba el camino procesional.
Finalmente se accedía al témenos, el espacio más sagrado sobre el que se elevaba el edificio, en un nivel más elevado que el camino para realzar el impacto visual, y los fieles lo rodeaban, contemplando la armoniosa columnata dórica y la decoración escultórica de las metopas, yendo desde la fachada trasera, donde admiraban las ofrendas de estatuas del opistodomos y la decoración del frontón de Fidias, hacia la fachada delantera, decorada con otro admirable frontón del mismo escultor, y allí podían ascender a la pronaos y divisar ya por la puerta abierta de la naos la gran estatua de Atenea en el interior, una de las grandes maravillas de la Antigüedad.
Vista desde el Este de la fachada principal, con la pronaos.
Reconstrucción hipotética desde el SE de la fachada principal. Se observan varias esculturas votivas y escudos dorados colgados en el arquitrabe.

Es importante señalar que, aunque el edificio nos puede parecer hoy de dimensiones modestas, entonces era el mayor edificio sagrado del Ática, y que para los griegos la función del Partenón no fue nunca ce­lebrar grandes reu­niones de fieles sino ser la casa de la diosa.
La construcción fue un enorme proyecto de propaganda política y religiosa, encabezado por Pericles para realzar el papel dominante de Atenas en la Grecia clásica. Sirvió para demostrar a todos los griegos el poder político y económico, la devoción religiosa a su diosa protectora así como el alto nivel cultural de la ciudad, y además tuvo una influencia más material y directa, pues los trabajos dieron importantes ingresos a muchos obreros y artesanos de la construcción y las artes.
Pero fue también un monumento a la vanidad y al dominio sojuzgador de Atenas sobre sus antiguos aliados. Lewis Mumford, en La ciudad en la historia, recuerda que el Partenón de Pericles fue posible porque Atenas realizó actos violentos de injusticia flagrante sobre la Liga de Delos, de modo que el dinero para los monumentos estaba manchado de sangre: ‹‹La debilidad moral no es menos visible aunque esté materializada en una impecable imagen estética.››

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La fachada del Partenón como ejemplo de armonía en las proporciones: forma un rectángulo áureo.

La influencia del edificio en la arquitectura posterior fue grandiosa, porque fue enseguida un modelo a imitar, sobre todo sobre todo por su equilibrio, proporción y armonía, y también por sus innovaciones en la distribución del espacio interior, que pasaron a muchos templos helenísticos, luego romanos y finalmente medievales.

El escultor Fidias.
Fidias (Atenas, )490-430?, activo en 470-430) es el gran escultor griego de los dio­ses. Trabajó en las grandes obras promovidas por su protector, Pericles, y coordinó las obras del Partenón. Acusado de robar parte del oro de la estatua de Atenea Partenos, y, según otros, de blasfemia al autorretratarse en su escudo, fue condenado a una cuantiosa multa en 438 y se exilió en Olimpia, donde prosiguió su creación esculpiendo una de las siete maravillas de la Antigüedad, el Zeus olímpico, mientras los discípulos de su taller, dirigidos probablemente entre otros por grandes maestros como Alcámenes y Calímaco, acababan las obras de los frontones del Partenón.

El estilo de Fidias.
Fidias aunó con inusitado equilibrio y serenidad el idealismo y el naturalismo, y alcanzó la máxima perfección técnica de la escultura griega, siendo considerado el culmen del periodo clásico. Des­ta­can entre sus numerosas y extraordinarias cualidades: la serenidad y mo­numentali­dad, la composición equilibrada, la proporción en los cánones, la aus­teri­dad que suprime lo superfluo, la be­lleza extre­ma y armonía de las figuras, el rea­lismo anatómi­co de los cuerpos tanto desnudos como vestidos, en los que aporta su suprema técnica de los “paños mojados” que muestran las for­mas del cuerpo con sensualidad y juegos de luz y sombra, la contenida pero vívida representación psicológica en los rostros, y el mo­vi­miento de las personas y animales.

Las esculturas del Partenón.
Entre sus obras brillan sobre todo las del Partenón. Cabe señalar que Fidias definió su estilo y plan, pero la mayoría fueron probablemente ejecu­tadas por sus discípu­los en el taller.
En los siglos siguientes, las esculturas probablemente padecieron los periodos de intolerancia e iconoclastia de cristianos y musulmanes, como se advierte en la decapitación de muchas figuras de los dioses y héroes, pero todavía en el siglo XVII se mantenían relativamente bien.  Pero la gran explosión del polvorín que había en la naos en 1687 destruyó una parte importante del friso interior y de las metopas, y las piezas supervivientes padecieron a la intemperie durante más de un siglo, hasta que muchas de ellas, así como de otros monumentos de la anti­gua Atenas fueron compradas (o apropiadas) y transportadas entre 1801 y 1812 por lord El­gin a Ingla­te­rra, por lo que se conservan hoy como Colección Elgin en el British Museum de Lon­dres.
Dibujo en el que se señalan el Frontón, las Metopas y el Friso del templo
Las esculturas del Partenón se agrupan en cuatro renglones: las metopas, el friso de la naos, los frontones y la estatua de Atenea.


Las esculturas del Partenón en el Museo Británico. Documental. 6 minutos.

Las metopas.
Destacan las 92 meto­pas del friso exte­rior, de casi metro y medio de altura, que muestran un ciclo bélico, con dos o tres figu­ras en cada recuadro, a menudo muy mutiladas, sobre todo en las cabezas, por cristianos y musulmanes.
La crítica ha valo­rado sobre todo el movi­miento sere­no y el cuidadoso equilibrio entre las figuras y el vacío a su alrededor. La diversidad de los miembros del taller de Fidias se advierte claramente en estas obras: unas son todavía casi arcaicas, de relieve muy abultado y rígidas, mientras que otras son de un bajorrelieve muy fino y de vivo movimiento.

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En una reconstrucción hipotética de la esquina SO, con el frontón y las metopas del lado occidental a la izquierda, y las metopas del lado meridional a la derecha, se observa el vivo colorido: gris para los sillares; azul para los triglifos, el pedestal de las antefijas del techo; rojo para los ábacos de los capiteles, la cornisa y los marcos del frontón, la delgada tenia debajo de los triglifos y los fondos de las metopas.

Disposición de los temas escultóricos
Plano del programa escultórico exterior del Partenón: abajo la fachada occidental, a la derecha la meridional, etc.

Hay cuatro grupos de ciclos míticos, todos con un claro sentido político, pues simbolizan a los griegos (léase los atenienses) que habían luchado contra los bárbaros (léase los persas) y salvado Grecia:
- Gigantoma­quia. Las 14 metopas orientales, en la fachada principal, repre­sen­tan la bata­lla de los dioses con los titanes. Son las de mejor calidad, probablemente porque Fidias les destinó su propia mano y sus mejores discípulos.
- Ama­zono­ma­quia. Las 14 metopas occidentales muestran los combates de Hércules y el rey ateniense Teseo contra las bárbaras amazonas.
Decoracion del Partenon
- Centau­romaquia. Las 32 metopas meridionales presentan la batalla en­tre los lapitas y los bárbaros centauros en la boda de Piritoo, en la que participó Teseo.
- Guerra de Tro­ya. Las 32 metopas septentrionales describen episodios de la Ilíada sobre la destrucción de Tro­ya, una gran victoria de los griegos sobre el enemigo asiático.

El friso de las Panatenaicas.
Reconstrucción hipotética de la esquina SO del friso interior.

El friso interior, de dimensión excepcional, con 160 metros de largo y 1,05 metros de alto, representa la cere­mo­nia de la procesión sagrada en la que los ciudadanos atenien­ses participan en el cortejo proce­sional por la Vía Sagrada, de las fiestas Panatenaicas, de las que había dos tipos. Las Pana­te­neas Menores se celebraban cada año el 28 de julio y terminaban con la hecatombe del ganado, cuya carne era luego repartida entre los asistentes, mientras que la llamada Gran Panatenea se celebraba cada cuatro años y tenía un añadido especial, una escena culminante en que las doncellas, las famosas korai, presentaban doblada al gran arconte (o basileus) de la ciudad, la vestidura nueva (el pe­plo) que habían confeccionado para revestir a la diosa. Este momento cuatrienal es justamente el que ocupa en el Partenón el lado principal del friso, el oriental, y muestra a las jóvenes ante los 12 dioses principales del Olimpo, de mayor tamaño, sentados a la expectativa de la hecatombe.
Procesión de las jóvenes.

De izquierda a derecha, Poseidón, que toca el hombro de Apolo, que se gira para ver la procesión, y Artemisa.

Los otros tres lados (norte, oeste y sur), en cambio, están ocupados enteramente por cientos de personajes masculinos, los ciudadanos atenienses, unos a caballo (los ricos) y otros a pie (los pobres), que salen en el lado oeste y avanzan por los lados norte y sur conduciendo carros cargados de ofrendas (odres, ánforas, ramos) y arrastrando animales para el sacrificio. Son escenas de una profunda carga política: todos los ciudadanos de Atenas, independientemente de su riqueza, son protagonistas de la vida pública.
Las figuras de este friso son tal vez las mejores obras de Fidias, en las que alcanza la cima de todos sus dones, y cabe destacar que, siendo una obra toda ella en bajorrelieve y por tanto más difícil, consigue una ex­traor­dinaria sensa­ción de pro­fun­didad de las imágenes, como ilustra el célebre grupo de jinetes, tal vez el mejor ejemplo de perspectiva empírica de la escultura griega. Ayudaría a ello aún más el vivo colorido que ha perdurado solo en algunos puntos, pero incluso hoy, en que se ha perdido, no desmerece la calidad genial de este conjunto.
 
El grupo de los jinetes, en el lado septentrional, con una reconstrucción hipotética de su colorido.

Los frontones.
Fidias no pudo realizar personalmente las es­cul­tu­ras de los dos frontones porque tuvo que exiliarse en el 438, así que fueron sus discípulos los que prosiguieron estas obras durante los seis años siguientes, terminándolas en 432. Sin duda, empero, desarrollaron fielmente el proyecto planeado por su maestro, además de seguir con sus extraordinarias aportaciones técnicas, sobre todo la de “los paños mojados” (o “transparencias”), de la que aquí hay algunos de los mejores ejemplos.
Los dos conjuntos resultan de una composi­ción armoniosa, con figuras del mismo tamaño en posturas yacentes o erectas, adapta­das a los límites de los trián­gu­los del centro y de los extremos, según la conocida ley del marco arquitectónico, en la enorme superficie, cada una de 30 metros de ancho, casi tres y medio de alto en el vértice mayor y casi un metro de fondo. Las figuras se tallaron en el taller, en bulto redondo, y se dispusieron luego en los frontones, por lo que en algunos casos hubo que limar los dorsos para encajarlas en el estrecho marco.
Parte de las dos composiciones se perdieron la explosión de 1687, pero tenemos descripciones literarias de la Antigüedad e incluso una representación moderna, unos dibujos realizados por Jacques Carrey de Troyes, un diplomático francés que dibujó los frontones y parte de las metopas en 1674. Se advierte en ellos que los dioses de los frontones ya habían padecido graves mutilaciones, probablemente debidas a los terremotos pero sobre todo a las agresiones de cristianos y musulmanes.

Reconstrucción hipotética de los dos frontones, oriental (superior) y occidental (inferior).

En el frontón oriental, el principal, en el centro, según los dibujos de Carrey, aparece el naci­miento de Ate­nea, radiante y completamente armada pese a que está recién salida de la cabeza de Zeus (lo que simbolizaba el apego de Atenas al orden racional) y rodeada de los dioses del Olimpo, Hermes y Hefesto, ayudantes del parto, huyen despavoridos, pero una admirada Atenea en su forma de Niké se queda a coronar a la diosa. Estas figuras, empero, se han perdido.
Los otros dioses, en cambio, aunque mutilados, se han conservado, y unos la rodean y protegen, y otros pasan simplemente por el Olimpo sin advertir el evento.

Los caballos del carro de Helios y Dionisos yacente.

En el extremo del ángulo izquierdo se contempla la escena independiente del carro de Helios (el Sol) surgiendo del Océano (el río que rodeaba la tierra) al despuntar el alba, con Dionisos (dios de la fiesta y el vino), Kore y su madre Démeter (ambas eran diosas de la fertilidad), y Hebe (copera de Zeus). Más hacia el centro aparecen Hera (hermana y esposa de Zeus, sentada) y Hermes, relacionados e inmediatos a la escena central.
En el ángulo derecho, en cambio, a continuación del centro aparecen Hefesto, Poseidón, Apolo y la diosa Leto, y en el extremo aparece independiente la escena del carro de Selene (la Luna) que se hunde en el Océano al llegar el crepúsculo, con Hestia (diosa del hogar), Dione y su hija Afrodita (diosas del matrimonio y el amor).
De izquierda a derecha, Hestia, Dione y Afrodita.

Reconstrucción hipotética de la escena central del frontón occidental.

En el frontón occiden­tal, el posterior, se representa la lucha de Atenea con el dios Poseidón por el patronazgo de las tierras del Ática, esto es el derecho a proteger la recién fundada ciudad de Atenas, y se centra en el momento en que Poseidón, airado por el dictamen desfavorable de los dioses (o del rey Erecteo según otra versión) lanza el mar contra la ciudad para destruirla y entonces se interpone Zeus.
En el extremo del ángulo izquierdo aparecen Iliso (el río de Atenas) y los pobladores míticos del Ática (Cécrope, Erecteo y sus hijos Herse, Aglauro y Pandrossos). Sigue hacia el centro una escena con Iris y Hermes en un carro tirado por un caballo con las patas delanteras levantadas hacia la escena central.
En el ángulo derecho, haciendo frente a la escena central, siguen otro caballo que tira de un carro dirigido por Poseidón (en una de sus formas) con su esposa Anfitrite azuzándolo, y detrás suyo Oritia (una hija de Erecteo) y otros personajes míticos pobladores del Ática, confirmando así la jerarquía central de los dioses.

La estatua de Atenea Partenos.
Fidias realizó hacia 442-438 la estatua criselefantina de Atenea Partenos, representaba con vestimenta y armadura de guerrera. Enorme con sus 12,8 metros de altura y sobre un pedestal, ocupaba la nave central de la naos del Partenón.
Estaba confeccionada con una estructura interna de madera y recubierta de oro en el vestido y de marfil en el rostro, con piedras preciosas en los ojos.



Era una maravilla adorada por las multitudes, que la veían con la tenue luz que penetraba por el vano de la puerta, las ventanillas de la naos, y las lucernarias y los incensarios encendidos en el interior, Admirable era asimismo su reflejo en un estanque de agua situado a los pies de su pedestal. La función del templo como lugar de contemplación de la estatua explica que los arquitectos dispusieran la columnata como una especie de deambulatorio a los lados y detrás suyo, con dos pisos, y quizás con dos pisos también en las naves laterales, a los que podrían subir los fieles.
Sobrevivió muchos siglos a los saqueos, hasta que fue llevada a Constantinopla y desapareció después del 1204, cuando la ciudad cayó en manos de los venecianos durante la IV Cruzada y con casi toda seguridad fueron reaprovechados sus preciados materiales.

Fuentes.
[http://www.homines.com/arte/partenon/index.htm]

Documentales.
Mundos perdidos: La antigua Atenas. Documental. 45 minutos. La ciudad de Pericles y sus construcciones.
Historia del Partenón. Documental. 7 minutos. Dirección: Costa Gravas.
Las esculturas del Partenón en el Museo Británico. Documental. 6 minutos. Una reproducción virtual.

Libros.
AA.VV. Arquitectura griega. Parramón. Barcelona. 2000. 95 pp.
AA.VV. Historias de arte para Bachillerato de las editoriales Algaida, Anaya, Bruño, ECIR, Edebé, Santillana, SM, Vicens Vives...
Boardman, John. El arte griego. Destino. Barcelona. 1991 (1967). 252 pp.
Boardman, John. Escultura griega. Destino. Barcelona. 1999. 251 pp. 246 ilus.
Martin, Roland. Arquitectura Griega. Aguilar. Madrid. 1989 (1980 italiano). 198 pp.
Papaioannou, Kostas. Arte griego. Gustavo Gili. Barcelona. 1973. 531 pp.
Pijoan, José. El Arte Griego. Summa Artis IV. Espasa-Cal­pe. Madrid. 1982. 591 pp.
Richter, Gisela. El Arte Griego. Destino. Barcelona. 1980.
Robertson, Martin. Arquitectura Griega y Romana. Cáte­dra. Madrid. 1988. 357 pp.
Robertson, Martin. El Arte Griego. Alianza. Madrid. 1987. 434 pp.

Artículos.
Antón, Jacinto. Ultramodernidad bajo el Partenón. “El País” (20-VI-2009) 48-49. El nuevo museo de la Acrópolis de Atenas.
Sánchez-Vallejo, M. A. ¿‘Brexit’ a favor del Partenón? “El País” (20-VII-2016). Unos diputados británicos proponen devolver los mármoles de Elgin a Grecia.

sábado, 20 de octubre de 2012

Comentario. El templo de Atenea Niké (427-424), de Calícrates.

Comentario. El templo de Atenea Niké (427-424), de Calícrates.

Descripción.
El templo de Atenea Niké (“la victoriosa”), es una obra maestra del or­den jónico, ligero y elegante.
En 449 la ciudad de Atenas, dirigida entonces por Pericles y su rival Cimón, decidió erigir un nuevo templo dedicado a la diosa Atenea, en homenaje a su ayuda en la decisiva victoria naval de Salamina (480) sobre los persas, y en conmemoración de la paz de Calias, firmada con los persas. El proyecto fue concebido entonces por el arquitecto Calícrates, uno de los coautores del Partenón dos años después pero, probablemente porque Pericles decidió que los recursos se concentraran en el coetáneo Partenón, su realización se postergó. Calícrates, entonces decidió ejecutar el proyecto en otro lugar, el santuario de Démeter en la vecina ciudad de Agres. Durante los años siguientes, el adversario de Pericles, Cimón, se impuso al fin, y en 427-424 aproximadamente, cuando ya había comenzado la Guerra del  Peloponeso, se relanzó el proyecto, aunque se cambió al parecer el plan original del arquitecto.

Vista de la entrada, con la escalera monumental romana, restos de la Puerta Beulé romana al pie del bastión donde se eleva el templo de Atenea Niké (a la derecha), y la fachada externa de los Propileos.



           Vista idealizada desde el Oeste de la Acrópolis en época clásica, con los Propileos y los principales templos. 




El artista francés Le Roy se situó sobre el basamento del templo desmontado de Atenea Niké para dibujar los Propileos. Grabado de Jacques-Philippe Le Bas, basado en un dibujo de Julien-David Le Roy. Les Ruines des plus beaux monuments de la Grèce (1758).


Fotografía de James Stillman (1869).

El templo estuvo en pie hasta el siglo XVII, cuando los turcos otomanos lo derriba­ron y usaron sus materiales para construir una posición de ar­tillería. Fue reconstruido en 1835, después de la independencia griega, y se procuró conservar la mayor seme­janza posi­ble con la es­tructura original, de la que había varias descripciones.

Análisis formal.
Es un templo muy pequeño, de ocho metros de altura, otros ocho de largo y cuatro de ancho, porque está situado sobre una pequeña cima al lado derecho de la entrada de la acrópolis, lo que exigió un plano especial debido a la dificultad del lugar, además de grandes trabajos de consolidación del espolón calcáreo inferior, que tomó la figura de un torreón, y sobre todo, dado el mínimo espacio disponible, fundir en una sola sala, llamada la “sala de la diosa”, las dos salas habituales de la parte delantera de un templo griego, la naos y la pronaos, una solución brillante porque permite crear el efecto óptico de ser un templo in antis, lo que se adaptaba mejor a la estrechez del lugar.  Además, se debía acceder por la parte trasera, atravesando el ala sur de los Propileos.

           El templo visto desde la entrada central de los Propileos, en el NE.


          Plano del alzado hipotético. Tomado de Wikipedia.

Plano de planta. Tomado de Wikipedia.

Vista de la fachada anterior, desde el acceso en el ala sur de los Propileos.

Foto de 1897, desde el mismo lugar.
         Vista de la fachada posterior desde el suelo del torreón. En la pared del torreón se pueden observar los agujeros en los que se sujetaban los enganchas posteriores de los relieves.

Es un templo de tipo anfipróstilo tetrás­tilo, con cuatro columnas monolíticas de orden jónico, con acanaladuras. Construido en mármol pentélico, se levanta sobre un basamento (crepis o crepidoma) de cuatro escalones, los tres inferiores del estereóbato y el superior del estilóbato. Las columnas jónicas, muy esbeltas y gráciles, tienen una basa con escocia (la parte cóncava) y dos toros (las partes convexas), y un fino capitel con collarino, equino de volutas y ábaco. El entablamento tiene un arquitrabe dividido en tres bandas superpuestas, un friso escultórico, una cornisa que produce efectos de  claroscuro sobre las esculturas, y un frontón del que apenas quedan indicios en los extremos.
 
         Imagen en una cerámica de Atenea Niké llevando un timiaterio (un incensario para los ritos). Foto tomada de Wikipedia. La xoana del templo sería muy parecida.

En la “sala de la diosa”, cuadrada y pequeña (cuatro por cuatro metros), se guardaba una xoana (escultura de madera) de Atenea Niké y probablemente en el pórtico posterior, el tesoro o opistodomos, se exponían espolones de los barcos persas y otros trofeos de la batalla de Salamina, por lo que la parte posterior del recinto se cerró con una verja metálica para guardar estas valiosas reliquias.

Reconstrucción hipotética del templo de Atenea Niké, con un altar de sacrificios en primer término, y una reja cerrándolo en la parte posterior, tal como lo describió Pausanias en el siglo II dC. La escalera a la derecha, construida en la época romana, comunicaba con la escalera por la que se accedía a los Propileos.


            Batalla de griegos y bárbaros, en el friso del templo de Atenea Niké.

            Escena de la diosa  (a la derecha) y sus sacerdotisas, en el friso del templo de Atenea Niké.

            Escena cotidiana de la diosa (a la izquierda) y una sacerdotisa o ninfa, en la pared del torreón inferior del templo de Atenea Niké.

File:ACMA 973 Nikè sandale 3.JPG
            Escena de Atenea atándose la sandalia, en la pared del torreón inferior del templo de Atenea Niké.

La decoración escultórica que se ha conservado es excelente, obra de discípulos del taller de Fidias, bien reconocibles en su virtuoso uso de la técnica de “los paños mojados” esculpidos al trépano, dirigidos por el broncista Calímaco. En el friso había escenas de las Guerras Médicas con alusiones religiosas a la ayuda de los dioses tutelares de la ciudad, Atenea, Zeus y Poseidón, y en los dos frontones destacaban las figuras alusivas a su dedicatoria a la diosa Atenea, en sus formas de Niké (victoriosa y alada) y Aptera (sin  alas). Aunque ya fuera del edificio, continuaban su programa escultórico los relieves que forraban las paredes del torreón inferior, entre los que se ha conservado una bellísima imagen de Atenea atándose la sandalia y otras escenas bélicas de los dioses, en lo que es indudablemente una invocación a su ayuda en la Guerra del Peloponeso contra Esparta y sus aliados.

Significado.
El templo, un prodigio de armonía y belleza, guardaba la esquina sudoeste de la acrópolis y se divisaba a modo de bienvenida a la derecha de la entrada, siendo el primer templo cuya visita era importante para los fieles.
Su estilo jónico, aparte de corresponder mejor por su esbeltez al mínimo espacio disponible, se ha interpretado como un mensaje simbólico de la voluntad ateniense de integrar a los jonios de Asia Menor.
Hay que señalar además que la construcción, preterida dos decenios, se promovió hacia 427-424, cuando ya había comenzado la Guerra del  Peloponeso y la ciudad había padecido la terrible epidemia de peste en la que falleció Pericles. En medio de tantos problemas, los atenienses afrontaron el proyecto, no como un gasto sino como una inversión para lograr el favor de su diosa protectora, en su forma de guerrera victoriosa, en la cruenta guerra. Y todos podían en aquel lugar el templo como una prueba de la eterna alianza entre Atenea (y también otros dioses) y la fiel Atenas, en un supremo acto de propaganda política y religiosa.

Fuentes.
Internet.
Wikipedia.
Vikipèdia.
[http://www.guiadegrecia.com/atenas]
 Libros.
AA.VV. Arquitectura griega. Parramón. Barcelona. 2000. 95 pp.
AA.VV. Historias de arte para Bachillerato de las editoriales Algaida, Anaya, Bruño, ECIR, Edebé, Santillana, SM, Vicens Vives...
Boardman, John. El arte griego. Destino. Barcelona. 1991 (1967). 252 pp.
Martin, Roland. Arquitectura Griega. Aguilar. Madrid. 1989 (1980 italiano). 198 pp.
Papaioannou, Kostas. Arte griego. Gustavo Gili. Barcelona. 1973. 531 pp.
Pijoan, José. El Arte Griego. Summa Artis IV. Espasa-Cal­pe. Madrid. 1982. 591 pp.
Richter, Gisela. El Arte Griego. Destino. Barcelona. 1980.
Robertson, Martin. Arquitectura Griega y Romana. Cáte­dra. Madrid. 1988. 357 pp.
Robertson, Martin. El Arte Griego. Alianza. Madrid. 1987. 434 pp.







Comentario. Los Propileos (437-431), de Mnesicles.


Comentario. Los Propileos (437-431), de Mnesicles.

Descripción.
Vista de la entrada, con la escalera monumental romana, restos de la Puerta Beulé romana al pie del bastión donde se eleva el templo de Atenea Niké (a la derecha), y la fachada externa de los Propileos.


La palabra Propileos, procede del plural griego προπύλαια, compuesto del prefijo προ “pro” y el singular πύλιον “pylaion”, formando Προπυλαιον, traducido como “delante de la puerta”, como sinónimo de vestíbulo o sala de recepción. 
Se conoce popularmente por Propileos (otros nombres usados son Propilea y Propylea) el edificio monumental de la entrada de la Acrópolis de Atenas. Los persas habían destruido los antiguos Propileos de Pisístrato y habían quedado sin restaurar. Finalmente, durante un periodo de paz y prosperidad, el jefe ateniense, Pericles, como homenaje al triunfo de la ciudad en las Guerras Médicas, encomendó el gran plan de reconstrucción de la Acrópolis al escultor Fidias, que a su vez encomendó este proyecto específico al arquitecto Mnesicles (activo c. 437-409 aC).

           Vista idealizada desde el Oeste de la Acrópolis en época clásica, con los Propileos y los principales templos. 


Vista idealizada del interior de pórtico y de la acrópolis, con la fachada interior dórica. Al fondo a la derecha se observa el Partenón y a la izquierda la estatua de Atenea Prómachos y más allá el Erecteión. Es realidad esta vista no era posible porque había varios muros intermedios que encauzaban y bifurcaban los caminos.



La obra se ini­ció el 437 pero nunca lle­gó a terminarse, probable­mente debido a los avatares de la gue­rra del Peloponeso, iniciada en el año 431, que retrajo los recursos de la ciudad. Las obras se paralizaron y quedaron inacabados dos pórticos interiores, a los lados del pórtico central interior, y también quedó inconclusa gran parte del ala sur.
Los Propileos, en un grabado de Jacques-Philippe Le Bas, basado en un dibujo de Julien-David Le Roy. Les Ruines des plus beaux monuments de la Grèce (1758). Le Roy se situó sobre el basamento del templo desmontado de Atenea Niké.
Los Propileos en 1896.

Análisis formal.
El edificio se debía adaptar a una doble problemática: una funcional pues el edificio debía servir de entrada monumental en forma de pórtico, por lo que no podía se rodeado sino atravesado, y también debía albergar una pinacoteca y una biblioteca; y otra espacial puesto que el edificio estaba en la cima de una cuesta que penetraba en una parte cóncava de la acrópolis, y desarrollarse.
Plano de planta del proyecto original de los Propileos, con el ala norte a la izquierda y el ala sur a la derecha. 
Plano de planta levantado a mediados del siglo XIX y que muestra los restos conservados. Se observa que los pórticos interiores laterales quedaron inacabados.


Fotografía de James Stillman (1869).

Mnesicles resolvió los dos problemas planificando un doble pórtico rectangular de 18,12 metros de ancho y 12,96 metros de fondo, con dos fachadas gemelas, una interna (mirando hacia el interior de la acrópolis) y otra externa (mirando hacia el camino de ascenso), y le acopló dos amplias alas rec­tangu­lares, que finalmente sirvieron para la pi­na­coteca (el ala norte) y la biblio­te­ca (el ala sur).


Vista desde el Este de la fachada interior de los Propileos. Se observa que los pórticos laterales no se terminaron pues no hay restos visibles.

Vista desde el Este de la fachada interior de los Propileos. Ya había comenzado la reconstrucción, pues se había repuesto el lado derecho del frontón. 

Mnesicles proyectó las dos fachadas (interior y exterior) del pór­tico central según el modelo de un templo dóri­co hexásti­lo, es decir, con seis columnas dóricas monumentales, que enmarcaban las cinco puertas de acceso al recinto, la central más ancha (4,13 metros de ancho y 7,38 de altura) para encauzar el camino de las Panateneas. Debido a la inusual anchura del interior y el gran peso del techo, decorado con artesonados del pesado mármol pentélico, reforzó el sostén del techo con seis colum­nas per­pendicu­larmente dis­pues­tas en el cen­tro, pero tuvo la genialidad de escoger para estas el orden jónico para hacerlas más esbeltas, con lo que  facilitaba la vista tanto del interior de los Propileos como de la acrópolis más allá. Estas seis columnas jónicas son hoy conside­ra­das paradigmas de este orden ar­qui­tec­tó­nico. Re­forzó además la solidez del edificio poniendo piezas de hierro entre las piezas del arquitra­be, tal como se había hecho en el Partenón.
Vista de una grácil columna jónica del interior, que permite comparar su menor circunferencia respecto a la dórica más próxima.

Vista del ala norte.
El ala norte, la sala de la Pinacoteca, fue el primer museo de pintura abierto al público, y exponía una colección de tablas de pintura de los grandes artistas griegos, como Polignoto, Zeuxis o Parrasio.

Vista del ala sur.
En el ala sur, en la pequeña sala de la Biblioteca se reunía una excelente colección de libros, tanto sagrados como literarios, que podían leer todos los interesados. El resto del ala, que restó inacabada, servía solo de acceso a la explanada sobre la que se hallaba el templo de Atenea Niké.

Significado.
Todas las acrópolis griegas que conocemos tenían propileos, fueran pequeños o grandes. Muy conocido es por ejemplo el micénico de Tirinto. Y la misma acrópolis ateniense tenía unos grandes Propileos promovidos por el tirano Pisístrato que fueron destruidos por los persas en 480.
El ambicioso proyecto de reconstrucción y ampliación que emprendió Mnesicles prueba el alto compromiso de los atenienses con los ritos religiosos, la política y la cultura y en concreto a la función del edificio en el camino de las Pana­teneas, pues coronaba el camino de ascensión desde el llano al recinto sagrado superior, al que servía como entrada monumental, y asimismo era un importante lugar de celebración de festejos y certámenes, así como pinacoteca y biblioteca.
Desde el punto de vista estilístico es notable la decisión del arquitecto de utilizar los órdenes dórico y jónico, tal como se había hecho pocos años antes en el Partenón, y posiblemente esto tiene un significado no sólo utilitario sino también político de simbolizar la unidad en la guerra contra los persas de los pueblos de la Grecia continental (el dórico) y la costa asiática de Jonia (el jónico).
Pero el inacabado edificio nos informa también de la grave decadencia de la ciudad desde el siglo IV. Los atenienses de la gran época de Pericles no hubieran cejado en su ambicioso proyecto, pero a sus sucesores les pareció excesivo y así, a medio construir, nos ha llegado hoy.

Fuentes.
Internet.
Wikipedia.
Vikipèdia.
Libros.
AA.VV. Arquitectura griega. Parramón. Barcelona. 2000. 95 pp.
AA.VV. Historias de arte para Bachillerato de las editoriales Algaida, Anaya, Bruño, ECIR, Edebé, Santillana, SM, Vicens Vives...
Boardman, John. El arte griego. Destino. Barcelona. 1991 (1967). 252 pp.
Martin, Roland. Arquitectura Griega. Aguilar. Madrid. 1989 (1980 italiano). 198 pp.
Papaioannou, Kostas. Arte griego. Gustavo Gili. Barcelona. 1973. 531 pp.
Pijoan, José. El Arte Griego. Summa Artis IV. Espasa-Cal­pe. Madrid. 1982. 591 pp.
Richter, Gisela. El Arte Griego. Destino. Barcelona. 1980.
Robertson, Martin. Arquitectura Griega y Romana. Cáte­dra. Madrid. 1988. 357 pp.
Robertson, Martin. El Arte Griego. Alianza. Madrid. 1987. 434 pp.