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miércoles, 27 de abril de 2016

El espía que surgió del frío (1965), de Martin Ritt.

El espía que surgió del frío (1965), de Martin Ritt.


El espía que surgió del frío (1965). The Spy Who Came in from the Cold. Reino Unido. Género: espionaje. Duración: 112 minutos. Dirección: Martin Ritt. Intérpretes: Richard Burton, Claire Bloom, Oskar Werner, Peter van Eyck, Sam Wanamaker, George Voskovec, Rupert Davies, Cyril Cusack. Guión: Paul Dehn y Guy Trosper, sobre la novela de John Le Carré. Música: Sol Kaplan. Fotografía: Oswald Morris.

Argumento.



El espía Alec Leamas se mueve entre la sordidez y el desengaño, abocado a la fatalidad, cuando ha de volver al Berlín posterior a la construcción del Muro de Berlín, alistado en una misión crucial para desinformar contra el jefe del espionaje de Alemania Oriental.

Opinión.
La película más taquillera y alabada de la historia del subgénero "drama de espías", es el contrapunto de la coetánea serie de James Bond (iniciada en 1962). Basada fielmente en una multipremiada y exitosa novela de John Le Carré, basó su éxito en varios puntos fuertes.


El más importante fue una interpretación angustiosa y plenamente creíble de Burton que estaba sumido justo entonces en un feroz drama personal, pues había abandonado a su esposa para iniciar una nueva vida de pareja con Elizabeth Taylor y su culpabilidad le empujaba a la autodestrucción a través de la bebida (ya jamás dejó de ser un alcohólico empedernido), Los otros intérpretes encajan perfectamente, sobre todo Werner, pero Burton llega aquí a su cima actoral.


El director (y aquí también productor), Ritt, deslumbró en su riguroso control del ritmo narrativo y visual, con encuadres, desplazamientos de cámara, coordinación de todos los elementos; fue tal vez su mejor film.


El fotógrafo, Morris, forjó una fotografía en blanco y negro de una calidad insuperable en las tinieblas, creando una perspectiva aérea que puja con los grandes maestros de la pintura.



Los guionistas condensaron en unos diálogos magníficos, sobrios y cortantes como cuchillos, el mundo abrasivo de los espías de Le Carré, y unos personajes tristes, asolados por la tragedia de una Europa escindida en los dos bloques, pero también por la imposible búsqueda de la felicidad cuando tantos pecados pesan sobre sus conciencias. La historia, sólida y congruente, no rehúsa un final sobrecogedor, enlazando con su violento inicio en un ciclo eterno, sin compasión.
En suma, un film que mereció (merece) con justicia todos los parabienes.

Fuentes.

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