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viernes, 4 de marzo de 2016

Fernando Checa: Arte, poder y religión en El Escorial de Felipe II.

ARTE, PODER Y RELIGIÓN EN EL ESCORIAL DE FELIPE II.
Parte del Curso en la UIMP de Santander (29 julio-2 agosto de 1996), por Fernando Checa: La imagen del poder en la Europa de la Edad Moderna: de Tiziano a Goya.

En el reinado de Felipe II la sede del poder político era el Alcázar Real de la ciudad de Madrid, mientras que el distante monasterio de El Escorial era la residencia de vacaciones y de retiro espiritual, constituyendo un notable ejemplo de cómo cristianizar y politizar un edificio en el siglo XVI.


Fray José de Sigüenza (1544-1606), en su libro sobre la fundación de El Escorial y la historia de su propia orden jerónima, da una primera interpretación del edificio, en la que apenas nombra a Juan de Herrera y se da demasiado mérito a sí mismo. En el prólogo inscribe El Escorial en un orden mitológico y hace una laudatio retórica, una celebración del edificio.
Sigüenza es un racionalista que basa el origen de la arquitectura en ejemplos de la naturaleza como la cubrición de las hojas de los árboles y su evolución hacia la cabaña, la casa de piedra... Tras el primer error de los hombres, sucumbir a la tentación de la serpiente, el segundo gran error fue erigir la Torre de Babel, vano intento de desafiar el orden natural impuesto por Dios. La arquitectura del Arca de Noé sería la primera arquitectura de inspiración divina, que marca las perfectas dimensiones humanas. El Templo de Salomón y otras construcciones posteriores continuarían esa tradición respetuosa con el mensaje de Dios.
Finalmente, El Escorial resume todas las arquitecturas divinas y así Felipe II sería un nuevo Salomón, compendio del saber. Checa indica que Sigüenza era un partidario de la línea pacifista post-erasmista del gran humanista y filólogo Benito Arias Montano, y que Sigüenza propuso en vano al rey un programa decorativo imperialista para el Templete.

Fragmento de La batalla de Higueruela.

Fragmento de La batalla de las Islas Terceras. 

En la Sala de Batallas, marginal respecto a los circuitos internos del monasterio, empero, no hay elementos de cristianización, sino una temática bélica muy criticada por Sigüenza. La batalla de Higueruela (un evento de 1431), monumental obra de Fabrizio Castello en 1587-1589, exalta el poder militar de España contra los infieles nazaríes; La batalla de San Quintín (un hecho de 1557) vindicaría la guerra contra Francia en 1556-1559, así como La batalla de las Islas Terceras (acontecida en 1582) es una legitimación de la guerra de sucesión de Portugal y la anexión de este reino en 1580.

La Basílica era la parte más difícil del edificio, sujeta a muchos cambios constructivos. Los órdenes toscano y dórico del marco arquitectónico simbolizan la fuerza de los héroes de la Cristiandad o la Iglesia luchadora (los santos y los mismos reyes de los Austria), destacando San Esteban y San Lorenzo, que figuran en los retablos, santos reproducidos en las láminas de Perret. La familia real adora a Cristo en el retablo de La Adoración Perpetua y Tibaldi pinta el martirio de San Lorenzo.

El fin último de El Escorial es ser un panteón funerario de la Casa de Austria. Sobre el tema de la muerte Checa destaca dos obras:

Fragmento de La Gloria (1554), de Ticiano, 

La Gloria (1554), de Tiziano, en el Aula de Moral, sobre el Claustro Viejo. Hay las figuras de San Juan, la Virgen, Carlos V en mortaja, la emperatriz Isabel... Fue un cuadro muy importante en el debate estético de los siglos XVI y XVII.

El grupo de Felipe II de Los Reyes Orantes, El rey está acompañado por tres de sus cuatro esposas (solo falta María de Inglaterra).

Los Reyes Orantes, estatuas de bronce realizadas en Milán en 1587 por Leone (padre) y Pompeo (hijo) Leoni, están situadas a derecha e izquierda del Retablo de la Adoración Perpetua en la basílica. Muestran dos grupos familiares, encabezados respectivamente por Carlos V y Felipe II, mirando al centro. En las capas aparecen las águilas imperiales y los escudos de sus posesiones reales. Los cuadros de Pantoja de la Cruz representan estas mismas estatuas. Sólo Felipe II desde su celda podía ver el grupo de Carlos V mientras que se previó que la reina (aunque sólo residió allí la hija del rey, Isabel Clara Eugenia) desde su celda pudiera ver las estatuas del grupo de su marido. Así, la majestad del rey se oculta, no se manifiesta públicamente, pues no se quería convencer a las masas del pueblo, sino a una minoría aristocrática y clerical, a los embajadores, en fin a los estamentos superiores que dominaban la sociedad, que luego podían difundir las ideas del poder entre los otros estamentos, trenzando una moda. En cambio, el arte religioso, en general, podía y debía ser más popular, de más necesaria difusión entre el pueblo llano.

Fuentes.

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