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martes, 24 de marzo de 2015

HA 3 UD 09. Arte romano. Pintura.

5. PINTURA.
Actualmente se conservan pocas tablas pintadas, pero se sabe por la literatura antigua que los artistas romanos elaboraron sobre este soporte una gran variedad de temas, incluyendo acontecimientos históricos, mitos, escenas de vida cotidiana, retratos y bodegones.

El influjo etrusco y griego.
- La pintura recibió al principio la influencia etrusca y luego la griega, pero tampoco en la pintura hay una permanente dependencia de estos modelos. Para el hombre latino la familia aparece como módulo fundamental de la sociedad, y esto explica la atención a la casa, a esa casa que decorará con pinturas con extremo cuidado. De las pinturas griegas, sabemos que se extendían sobre los muros de palacios y lugares públicos, pero las pinturas romanas las encontramos principalmente en los recintos domésticos. La pintura romana, partiendo de unos patrones griegos, evolucionó rápidamente alcanzando pronto su propia personalidad.

5.1. CARACTERÍSTICAS.
- La estética: predomina el realismo  y el decorativismo, pues abundaba la decoración pictórica en las casas privadas.
- Las técnicas: sobre todo de caballete en la República (pero no han sobrevivido obras), y mural en el Imperio (al fresco y al temple), de lo que han sobrevivido ejemplos (Pompeya, Herculano, Ostia, la casa de Livia en Roma...), por lo común de carac­terísticas similares a la escultura, en cuanto al tratamiento de la figuración y la temática, en el marco de paisajes abiertos e imaginarios.
- Los temas son: mitológicos (la mayoría copias al fresco de obras pictóricas grecoalejandrinas), de paisaje bucólico, bodegones, escenas de género, triunfos de los emperadores, juegos y, sobre todo, el retrato realista, este con ejemplos bien con­servados en Pompeya (El panadero Próculo y su esposa) y en las tablas de los sarcó­fagos egipcios o coptos, pintadas a la encaústica (siglo II-IV), únicos restos de la pintura al caballete.

5.2. ESTILOS.
La pintura mural está bien documentada, sobre todo en Pompeya y en las otras ciudades que fueron enterradas en el año 79 dC por la erupción del volcán Vesubio. La pintura decorativa de interiores nos ha llegado en Roma, Pompeya y Herculano, permitiendo una discutida clasificación (hasta el 79) en cuatro etapas denominadas estilos pompeyanos, con una evolución desde las formas más sencillas a las más complejas: incrustaciones, arquitectónico, ornamental e intrincado. Señalamos un periodo posterior, hasta el arte tardorromano, que enlaza con el paleocristiano. En general, se imitaban los revestimientos marmóreos, con temas arquitectónicos más o menos fantásticos. Los cuatro estilos bien documentados, desde el 1880 al menos, son: 1) de incrustaciones,  2) arquitectónico, 3) ornamental, 4) ilusionista.

Estilo de incrustaciones.
También llamado primer estilo o estructural (200-30 aC, aunque fue más popular aproximadamente entre los años 120 y 80 aC). Se basa en la decoración griega de interiores y sus pinturas sobre el yeso se utilizaron para imitar el aspecto de los muros de mármol, pulidos y policromos. Destaca la amplia gama cromática en la Casa de Salustio (Pompeya).

Estilo arquitectónico.
El segundo estilo (80 aC-10 dC, con su auge en 30-15 aC) intenta crear por medio de la perspectiva una ilusión espacial que se prolonga más allá de la superficie mural, para lo que se representan falsos elementos arquitectónicos: columnas, pilastras, arcos, frontones, así como los pórticos, jardines, escenarios teatrales y templos circulares. Se enmarcan los temas, que son reproducciones de cuadros célebres, se domina muy bien la perspectiva y abundan las guirnaldas. Los cuadros están pensados para hacer olvidar las preocupaciones de la vida cotidiana, por lo que apenas hay asuntos contemporáneos.
Destacan los frescos de la Casa de Livia de Prima Porta en el Palatino (con murales de jardines de portentoso realismo y bajorrelieves de estuco en el techo), la Villa del Esquilino en Roma (con episodios de la Odisea, de excelente calidad en los paisajes), el inmenso fresco de la villa de los Misterios en Pompeya (50 aC, que describe el rito de las bodas de Dioniso/Baco y Ariadna rodeados por sus fieles, con un naturalismo y colorido extraordinarios), la casa de los Vetii de Pompeya (con el mito de Pasifae y otros temas mitológicos, enmarcados en falsas columnas como si fueran cuadros) y en una magnífica villa excavada recientemente cerca de Oplontis (también del año 50 ac) y en otros lugares. La casa de Augusto en la colina del Palatino en Roma estuvo decorada, incluso, en este elegante estilo (c. 25 aC).

Estilo ornamental.
El tercer estilo, también llamado de “pared real” (15 aC-63 dC, con auge en 10 aC-60 dC), deriva del anterior. Es una pintura delicada en la que el ilusionismo del segundo estilo se suprimió en favor de arabescos lineales sobre fondos monocromos, con una pared que simula abrirse a una vista de una arquitectura, pero esta es irreal (elementos arquitectónicos delgados y lineales). Sobre esta vista hay paneles con figuras esbozadas con viveza, con manchas en vez de dibujo, según una técnica “impresionista”.
Destacan los frescos de Villa Farnesina, el Puerto de mar de una villa en Stabia, y, sobre todo, las habitaciones más hermosas pintadas en el tercer estilo se conservan en la villa de Agripa Postumo en Boscotrecase (10 aC).

Estilo teatral.
El cuarto estilo, también llamado ilusionista, fantástico o intrincado (iniciado c. 40 pero desarrollado en 60-79, justo antes de la erupción del Vesubio), es el estilo último y más complejo. Deriva también del arquitectónico, pues los motivos arquitectónicos fueron de nuevo populares, pero no de acuerdo con una perspectiva lógica, sino con estructuras fantásticas, irreales e imposibles de construir, como las de la casa Vetii en Pompeya. Los colores son más intensos y hay una decoración recargada de multitud de adornos en miniatura y una escenografía teatral de cortinajes (como un telón teatral) y máscaras. En los estilos tercero y cuarto la parte central de los murales está pintada al estilo de las tablas, mostrando temas mitológicos, aunque también se conocen ejemplos de vida cotidiana y retratos.
Destacan los grutescos de la Domus Aúrea de Nerón.

Estilos posteriores.
El desarrollo de la pintura mural después de la destrucción de las ciudades por el Vesubio está menos documentado, pero se pueden encontrar estancias pintadas en los siglos II, III y IV en Ostia y, sobre todo, en las catacumbas romanas, donde los temas cristianos se desarrollaron mucho antes de la conversión de Constantino al cristianismo.
Al parecer la pintura mural entró en decadencia desde que el gusto artístico del emperador Nerón desestimó la pintura parietal como arte oficial de la corte como un estudio reciente, publicado en 2000, ha sugerido, tras estudiar los muros decorados de la Domus Aurea o Casa Dorada. Desde entonces entró en una decadencia gradual.
Entre los restos murales pictóricos de la Hispania romana debemos destacar los conservados en el Museo de Arte Romano de Mérida y los de Santa Eulalia de Bóveda (Lugo).
Parece que hubo muchos “neoclasicismos” en la pintura romana, repetidas modas de regresos a la austeridad y al naturalismo, a la representación veraz de la realidad, que se interrumpieron sólo en el arte tardorromano. En Dura-Europos y en Egipto hay ejemplos de la fase final de la pintura, con temas religiosos (de las religiones orientales) y decorativos.

Los retratos pintados.
En el periodo de la Roma imperial, los retratos pintados están tipificados por unas tablas que han aparecido en diferentes lugares de Egipto. Es una pintura funeraria (hallada en los sarcófagos de las momias) copta. Destaca especialmente la serie de “retratos del Fayum”, por el distrito agrícola en Egipto donde fueron descubiertas. Es muy naturalista y de notable colorido, y se sigue la misma idea realista del retrato es­cultó­rico y se muestra la evolución sin rupturas desde la iconografía pagana (siglos I-III) a la cristiana (desde el siglo IV). Destaca el retrato de Teodoro (Museo Británico).

Estas pinturas están realizadas con la técnica de la encáustica, un método que disuelve los pigmentos en cera fundida. Estas tablas son los únicos retratos que se conservan en cierto número y aunque se trata de trabajos provincianos, muestran el alto nivel de los pintores romanos. Estas imágenes reflejan los gustos imperantes del momento y suministran una visión de la evolución del retrato durante el periodo imperial. Se conserva (Museo Staatliche de Berlín) un retrato imperial pintado que representa a Lucio Septimio Severo, su mujer Julia Domna y sus hijos Caracalla y Geta. La cabeza de Geta fue borrada después de su condena oficial (damnatio memoriae).