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martes, 24 de marzo de 2015

HA 3 UD 09. Arte romano. Escultura.,

4. ESCULTURA.
El influjo etrusco y griego.
Hay un fuerte influjo etrusco y griego:
- Su primer antecedente es el influjo etrusco: famosas obras de broncistas etruscos son la Loba del Capitolio y el busto de Junio Bruto. La tradición etrusca (realista) de representar a los muertos como si estuvieran vivos, se conservó a través de las mascarillas funerarias de cera que los romanos guardaban de sus antepasados. Otro rasgo que pervivió fue el gusto por las pequeñas estatuillas de bronce y terracota, con carácter familiar o divino, que coleccionaban casi todas las familias pudientes para embellecer las casas.
- Posterior es el influjo griego: pero ya en el siglo II aC es dominante, hasta el extremo de que la mayoría de las obras griegas nos han llegado en copias de época romana. La influencia griega fue siempre muy importante (más que en las otras artes), porque la escultura en su plenitud de concepción es más propia de exteriores; al aire libre la luz puede modelar vivamente, y de un modo cambiante, sus volúmenes. El griego era hombre de espacios exteriores y se ocupó más de la estatuas, pero el latino es hombre que conjuga bien los espacios exteriores con los interiores y debió entender que la pintura es un objeto de interior y que la escultura es únicamente un objeto de exterior. Esto hizo que el interés por la escultura fuese menor y por ello valieron durante mucho tiempo los modelos griegos. Pero el idealismo griego afectó a la escultura propiamente religiosa y en parte a la retratística oficial de la época imperial, no al retrato usual, siempre realista.
4.1. CARACTERÍSTICAS.
- A lo largo de todo el mundo romano las estatuas y relieves escultóricos adornaron los edificios públicos y privados. De hecho, algunas construcciones romanas fueron poco más que soportes monumentales para la escultura.
- Los materiales son el bronce (su posterior reutilización nos ha privado de miles de grandes obras de la Antigüedad), el mármol (muchas estatuas fueron fundidas para cal o reutilizadas como material de construcción) y la terracota. El mármol blanco fue el material preferido por los romanos para los relieves escultóricos, pero en muchas ocasiones emplearon variedades menos costosas de piedra. Por lo general, los relieves se policromaron y en ocasiones incluyeron piedras de colores como el pórfido, material predilecto en el siglo IV, sobre todo en los sarcófagos imperiales.
En la estatuaria de bulto redondo utilizaron los mismos materiales pétreos, aunque se hicieron también gran cantidad de estatuas en bronce o incluso en oro y plata. Se conservan relativamente pocas estatuas en bronce y casi ninguna en oro o plata, ya que muchas de ellas se fundieron en la Edad Media o incluso después.

El realismo.
Predomina el realismo en los dos grandes géneros: el retrato y el relieve histó­rico. La principal preocupación fue el realismo (tan opuesto al idealismo griego) en el retrato, en busca de la semejanza y la expresión propias del modelo, para lo que (según muchos autores) se usaban las máscaras funerarias en cera conservadas por las familias como objetos de recuerdo y culto a los antepasados, según el ejemplo de los etruscos.

La evolución de la escultura.
La estética de las artes plásticas evolucionó desde el realismo del periodo republicano a un equilibrio de realismo e idealismo en el imperial y un cada vez mayor idealismo en el tardoimperial, a medida que la ideología del poder iba cambiando. El relativo equilibrio entre los patricios republicanos, que se caracterizaba por sus representaciones realistas, dio paso al arte de propaganda de los primeros emperadores, que aunaba elementos todavía realistas con una idealización del gobernante supremo, hasta llegar, finalmente, a las representaciones tardorromanas, en las que el idealismo es manifiesto en las esculturas de unos emperadores semidivinos, de rostro hierático e dimensiones colosales.
El estilo de los relieves escultóricos del imperio se extiende desde el consciente neoclasicismo griego de los frisos del Ara Pacis al esquemático, frontal e hierático estilo de los nuevos bajorrelieves labrados para el arco de Constantino. En muchos monumentos pueden contemplarse dos o más estilos superpuestos. Como se ha señalado anteriormente, la historia del arte romano fue ecléctica hasta su final y ningún periodo tuvo un estilo unificado. De hecho, las construcciones oficiales a menudo difieren, como se aprecia en los monumentos coetáneos de la capital y las provincias.

RETRATO.
El retrato escultórico romano compone uno de los grandes capítulos en la historia del arte antiguo. Los retratos conservados varían en tamaño, desde bustos pequeñísimos a enormes estatuas como la de Constantino (c. 315-330), ubicada en su basílica del foro romano.
Durante la República fue costumbre que los miembros de la familia portaran imágenes del fallecido durante el cortejo fúnebre. Recientes estudios sugieren que la representación de hombres y mujeres ancianos asociados con monumentos funerarios no son retratos concretos del fallecido sino convenciones culturales sobre su imagen. Esta costumbre se complementaba con los actos conmemorativos y otros eventos como la presencia de sus imágenes en espacios públicos. En cualquier caso, la representación veraz se incluía para completar el compendio de virtudes republicanas. Otra teoría ha sugerido que estas imágenes fueron esculpidas por artistas griegos cuya propia hostilidad hacia los romanos les impulsó a exagerar estos convencionalismos hasta el límite caricaturesco.
El retrato presenta minuciosamente los rasgos individuales (se centra en la cabeza y a lo más el busto pero descuida el resto del cuerpo, en contra de la escultura griega), evolucionando progresivamente hacia el realismo, con una brillante serie de representaciones de los nobles y sobre todo las obras maestras de la retratística imperial, con los bustos de los emperadores (Augusto de la Prima Porta, Trajano, Adriano...), en varias poses (militar, sacerdote, dios...) y la estatua ecuestre en bronce de Marco Aurelio en el Capitolio, antecedente de estatuas colosales, como la bizantina del emperador Heraclio en Barletta y más tarde en el Renacimiento italiano de Donatello y Verrocchio. La estatua ecuestre de Marco Aurelio, sin insignias reales, como portador de la paz, se fundió en bronce, probablemente antes de su muerte en 180 para coronar su arco (su columna tenía otra estatua en bronce, sustituida por una de San Pablo), y en algún momento posterior se situó en la plaza de San Juan de Letrán tal vez por Contantino, para adornar su fundación de la basílica lateranense, sin cambiar la cabeza, como sí se hizo con ocho paneles escultóricos que pasaron del arco de Marco Aurelio al de Cobstantino; así se pensó que era una estatua del primer emperador cristiano, lo que explica que no fuera fundida como tantas otras y que hasta el siglo X fuera conocida como Caballus Constantini, hasta que en 1538 Miguel Ángel la colocó en el centro de la plaza del Capitolio. Una guía para peregrinos del siglo XII comenta que había otra pequeña figura bajo la pierna levantada del caballo, probablemente un germano vencido.
El retrato femenino es más ornamental en el peinado y el vestido.
El concepto simbólico de las imágenes continuó en el periodo de la Roma imperial, tal como revelan las imágenes de Augusto. Cuando el primer emperador murió en el año 14 dC a la edad de 76 años, sus retratos oficiales todavía lo representaban como un hombre joven. En sus retratos imperiales (en estatuas y monedas) Augusto representa el realismo ideal clásico y su rostro joven y real es ya eterno. Aunque la representación oficial varió a lo largo de su vida en innumerables ocasiones, ninguna le muestra como un monarca anciano. Con el tiempo, sin embargo, las imágenes de los emperadores se volvieron más figurativas y así en los retratos de Nerón vemos un realismo naturalista e incluso feísta, porque Nerón creía que su rostro real era ideal, y así va cambiando según pasan los años.
- El retrato imperial (como destaca Bianchi Bandinelli) es una expresión artística oficial, de exhibición y propaganda. Los edificios civiles importantes solían poseer un retrato del emperador vivo y a veces incluso de su mujer e hijos. Así por ejemplo en el Museo Arqueológico de Córdoba se conserva una cabeza que representa a uno de los hijos del emperador Tiberio y en el Museo Arqueológico de Tarragona un retrato de Livia.

LA ESCULTURA EXENTA.
La escultura exenta está reservada a los grandes personajes dedicados al servicio público, a los emperadores, a los dioses... Dentro de un realismo algo idealizado son obras notables la estatua ecuestre en bronce (c. 175) del emperador Marco Aurelio en la plaza del Capitolio en Roma (conservada únicamente porque se creyó que representaba a Constantino), el busto en oro del mismo emperador en Avenches (Museo Cantonal de arqueología e historia, Lausanne, Suiza) y el busto de plata (Museo de Antigüedades de Turín, Italia) de Lucio Aurelio Vero, corregente (161-169) con Marco Aurelio.
También se realizaron estatuas de dioses, héroes y seres humanos en una amplia variedad de contextos. Cada templo tuvo su estatua de culto. Las imágenes en mármol y bronce de dioses y héroes, originales romanos o copias de las antiguas estatuas griegas, fueron comunes no sólo en los lugares públicos como las termas, sino en los atrios, jardines y estanques de viviendas privadas.

RELIEVE HISTÓRICO.
El relieve histórico narrativo fue muy importante, para ilustrar las hazañas de los emperadores y héroes. Fue una innovación en el mundo clásico, participando del gusto por el realismo, en conjunción con lo mitológico y lo decorativo.
Destacan los relieves del Ara Pacis de Augusto en Roma (con el cortejo de la familia imperial, retratada de modo realista), de las columnas marmóreas adornadas con una serie continuada (en espiral a lo largo del fuste) de relieves de episodios históricos, como las de Trajano y Marco Aurelio en Roma y de los arcos de triunfo de Tito y Constantino.

ESCULTURA FUNERARIA.
Los encargos privados de esculturas en relieve se hicieron por lo general en contextos funerarios. Los comerciantes prósperos, como el panadero Eurysaces, hicieron inmortalizar en sus mausoleos las actividades comerciales realizadas en vida. Durante el final de la República y el inicio del Imperio se labraron relieves escultóricos de los libertos para las fachadas de sus sepulcros comunales. En los siglos I y II dC los retratos en relieve se colocaron generalmente en los altares funerarios o alrededor de las tumbas.
Los sepulcros y los sarcófagos esculpidos evolucionan desde el realismo hacia el ornamento simbólico (que predomina en el arte paleocristiano). Los relieves sepulcrales más importantes, utilizados a partir de mediados del siglo II tanto por las clases medias como por las altas, decoraron los sarcophagi (literalmente carnívoros), sarcófagos, producidos en Roma y otras metrópolis importantes del Mediterráneo, incluyendo Atenas y varias ciudades griegas, que se pusieron de moda debido al cambio en las costumbres de enterramiento, pues las religiones orientales (cristianismo, isismo egipcio, mitraísmo persa...) pusieron de moda la inhumación del cuerpo entero, en detrimento de la incineración (con depósito de las cenizas en urnas, urnae en latín o larnax en griego).
Los sarcófagos son de varios tipos: sencillos, con guirnaldas, con retratos en un círculo (imago clipeata), relieve de friso continuo (o dos superpuestos), escenas en recuadros (entre árboles o arcos). Los sarcófagos occidentales están esculpidos en tres caras mientras que los orientales se esculpían en las cuatro caras debido a que se ponían en el centro de un heroon.
Muchos de los relieves de los sarcófagos conservados están compuestos únicamente de guirnaldas y otros motivos decorativos, pero se representaron también gran variedad de temas narrativos, muy variados, con cacerías, batallas como la del Trono Ludovisi, con la lucha entre germanos y romanos) y, sobre todo, los relatos mitológicos, como Las labores de Hércules, Meleagro cazando el jabalí de Calidonia y La leyenda de Niobe y sus hijos, que fueron particularmente estimados.

En Hispania hay muchos restos. El Museo Arqueológico Nacional de Madrid conserva un sarcófago procedente de Husillos (Palencia) realizado en tiempos de Adriano, en el que sus relieves escultóricos muestran una temática relacionada con el mito de Orestes y su venganza, y el Museo Arqueológico de Barcelona conserva otra pieza procedente de Alicante que representa el rapto de Proserpina (siglo II dC). A menudo se sustituyó el retrato del fallecido por el busto de un héroe o heroína mitológica. Algunas veces los relieves sepulcrales fueron también de naturaleza pseudobiográfica de modo que el cliente pudiera elegir, a partir de un catálogo, las representaciones de escenas de guerra, sacrificio y matrimonio. La composición de estas escenas se basaba en los relieves imperiales, que podían mostrar al emperador haciendo sacrificios a los dioses oficiales o recibiendo a los emisarios de los bárbaros.

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