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viernes, 20 de febrero de 2015

HA 4 UD 05. Arte islámico.

HA 4 UD 05. ARTE ISLÁMICO.

INTRODUCCIÓN.
Un resumen.
1. CARACTERÍSTICAS.
La civilización islámica.
La estética islámica.
Características generales del arte islámico.
El problema estético de la iconoclastia.

2. URBANISMO Y ARQUITECTURA.
2.1. EL URBANISMO.
La concepción del espacio.
LA CIUDAD.
Estructura y elementos de la ciudad.
Los cambios en la estructura de antiguas ciudades helenístico-romanas: Alepo, Alejandría, Damasco.
El nacimiento de la ciudad islámica regular.
La ciudad concéntrica de Bagdad.
Otras ciudades del mundo islámico: El Cairo, Argel, Fez, Túnez, Córdoba, Sevilla, Palma de Mallorca.
Las viviendas.
La tipología de la casa con patio: sus constantes conceptuales y la variedad de soluciones formales.
La casa de pisos en el mundo islámico.
Tipos especiales de viviendas musulmanas.

EL JARDÍN.
2.2. LA ARQUITECTURA.
CARACTERÍSTICAS.
MATERIALES Y ELEMENTOS.
LA MEZQUITA.
Estructura y elementos: el Haram y el Sahn.
PERIODOS DE LA MEZQUITA.
Periodo omeya.
Periodo abasida.
El primer periodo del norte de África: la mezquita en forma de T.
La mezquita turca selyúcida.
La mezquita turca otomana.
La mezquita-mausoleo.
LOS OTROS EDIFICIOS.
Madrasa.
Ribat.
Monumentos funerarios.
Palacios.
Fortificaciones.
Edificios civiles.

3. ARTES PLÁSTICAS Y DECORATIVAS.
La figuración en el arte islámico.
DECORACIÓN.
Características.
La composición.
Los motivos.
ESCULTURA.
LAS ARTES DEL COLOR: PINTURA, MOSAICO Y MINIATURA.
Periodo de siglos VII a XI.
Periodo posterior al siglo XI.
CERÁMICA Y ARTES MENORES.

INTRODUCCIÓN.
El término de Arte Islámico se refiere al producido bajo el dominio musulmán (aunque fuera sólo con una minoría dirigente), pues manifiesta una actitud propia y distinta.
Para su estudio sufrimos un grave problema de ausencia de fuentes escritas, contando apenas con fechas, datos históricos y geográficos, novelas y poesía, y casi nada de literatura artística.

Mapa de la expansión inicial del Islam en Arabia y Próximo Oriente.




Mapa de la expansión del Islam.

Un resumen.
El arte islámico aparece muy de repente, en un breve tiempo (siglos VII-VIII), sin un proceso de maduración interna, por lo que es un arte sincrético, que integra elementos y formas artísticos de las civilizaciones vecinas que ocupa; y se extiende sobre el inmenso territorio del mundo islámico. En estos dos rasgos se parece al arte romano. Pero se distingue de este y se parece más al cristiano en que es un arte fundamentalmente religioso, que se asienta en el espiritualismo y el trascendentalismo.
El ámbito geográfico abarca desde Extremo Oriente a España, en un territorio definido por una cierta unidad climática, que influye en la arquitectura y que ocasiona un contacto con los sustratos helenístico, bizantino y romano, junto a una diversidad étnica y cultural. Hay pues una doble tendencia a la unidad y a la diversidad.
El factor básico que da coherencia al arte islámico es el religioso, y, por extensión, el político e intelectual. El mantenimiento de unas necesidades religiosas fijas provocó la consecuente permanencia de unos esquemas artísticos que, aunque podían cambiar estilísticamente, adoptan unas soluciones básicas que jamás son modificadas sustancialmente.
En la arquitectura se basa en unos pocos tipos, especialmente la mezquita, seguida de la madrasa, el palacio y los edificios públicos (baños públicos, mercados...).
Las artes plásticas (la escultura y pinturas) están subordinadas a la arquitectura, con una función básicamente decorativa, por lo que la decoración adquiere rango de arte en sí misma. La pintura, sin embargo, tiene en la miniatura una cierta trascendencia. Un papel muy importante tienen las artes menores: cerámica, tejidos, alfombras, tapices.
El arte islámico presenta una serie de periodos independientes por razones políticas, geográficas o artísticas. Las sistematizaciones propuestas son múltiples, como la de Marçais por escuelas regionales, pero la mayoría de los autores usan una sistematización por periodos cronológicos.
La sistematización de Marçais por escuelas regionales distingue: 1) Sirio-egipcia, 2) Magreb (con España y Sicilia), 3) Persia, 4) Otomana, 5) Hindú, con un desarrollo del arte que sigue al político, de modo que un cambio de dinastía es seguido por cambios en el arte.
La sistematización cronológica comienza en el 622, con la hégira (huida) de Mahoma de La Meca a Medina. Los primeros califas (632-661) no dejaron apenas restos artísticos.
1) El periodo Omeya, 661-750, con capital en Damasco, es una etapa de fuerte expansión territorial, de arabización, de apertura a las influencias mediterráneas del arte bizantino y el paleocristiano. Destacan la mezquita de Damasco y el templo de la cúpula de la Roca en Jerusalén.
2) El periodo Abbasí (750-945), con capital en Bagdad, es una etapa de disgregación territorial pero de auge comercial y artístico, de iranización y de fusión cultural, dentro de una amplia tolerancia religiosa. Se confirman los rasgos fundamentales del periodo anterior omeya y destaca la mezquita de Samarra. Al mismo tiempo, en España, la pervivencia de una dinastía omeya refugiada allí asegura en esta época la continuidad del arte omeya, durante los llamados emirato y califato de Córdoba, entre el 750 y el 1031, con una obra maestra, la mezquita de Córdoba.
3) El periodo de decadencia y fragmentación (945-1400), con la multiplicación de centros políticos y artísticos, por lo que se desarrollan numerosos focos (o escuelas) regionales, que se dividen a su vez en distintos periodos. En este periodo el califato abbasí decae, mientras que los selyucidas toman el poder en Oriente, hasta su desaparición conjunta en 1258, junto a la independencia de los países de Oriente.
En Al-Andalus, después de que el califato omeya desaparece en 1031 le sigue el periodo de los Taifas (1010-1080); el periodo almorávide-almohade (1080-1230), con grandes obras en Sevilla; y el periodo nazarí (1230-1498), con las obras maestras de la Alhambra y el Generalife.


En el resto del Islam podemos destacar los idrisíes y aglabíes del norte de África (789-909), con la mezquita de Kairuán; en Egipto los tulumíes, con la mezquita de Ibn Tulum. La dinastía fatimí se apodera del Magreb, Egipto y Siria hasta decaer a finales del siglo XI, cuando sufre el impacto de las Cruzadas y la aparición en su base del Magreb de los almorávides y luego de los almohades; la presencia de los fatimíes en Egipto (969-1171) deja dos grandes mezquitas, Al-Azhar y Al-Hakim en El Cairo. Otro pueblo musulmanes con un arte notable son los turcos selyúcidas de Irán e Irak (s. XI-XII). La invasión mongol del siglo XIII desintegra los poderes del Oriente Próximo y los mongoles dominarán un tiempo desde Persia a la India, desarrollando en Persia (1206-1353) un excepcional arte de la miniatura; les suceden los timúridas de Asia Central (1370-1500), con sus miniaturas y los edificios de Samarcanda; los turcos otomanos (desde el siglo XV), con las grandes mezquitas de Estambul; los mongoles de la India (1526-1707, aunque la dinastía persistió hasta el siglo XIX), con el mausoleo del Taj Mahal en Agra; y los persas safavidas de Irán (1502-1736), con los edificios de Isfahan.

1. CARACTERÍSTICAS.
La civilización islámica.
El Islam es una civilización con origen en Próximo Oriente (Arabia), iniciada en el siglo VII gracias a Mahoma, profeta de una religión con Alá como único dios, que se inicia convencionalmente con la huida de Mahoma a la ciudad de Medina, la hégira (622). La influencia de la religión es determinante en todos los aspectos de la sociedad, pues crea unos lazos religiosos y culturales que unificarán pueblos muy distantes, desde Asia central hasta España.
Los rasgos principales de la civilización islámica son:
- Organización política y religiosa centrada en el Califa.
- Unificación del sistema administrativo en todos los países conquistados.
- Economía de agricultura intensiva.
- Expansión comercial.
- Auge urbanístico.
- Brillante cultura, heredada de Oriente y transmitida a Occidente.
Hay tres periodos en su auge: Ortodoxo (632-661). Omeya (661-750). Abásida (750-900, aunque la dinastía pervivió hasta 1258).
A partir del siglo IX y crecientemente desde el siglo XI hay una larga etapa de decadencia y fragmentación hasta la nueva expansión otomana de los siglos XV y XVI.

La estética islámica: religiosidad y sincretismo.
El arte islámico, pues, está determinado estéticamente por las prescripciones coránicas, la cultura árabe y las influencias de los países conquistados por el Islam.
- Es un arte fundamentalmente religioso, que se asienta en el espiritualismo y el trascendentalismo. En este sentido, también influye su cultura originalmente nómada y luego urbana.
- Es un arte sincrético, pues integra elementos y formas artísticos de las civilizaciones vecinas que ocupa.
- Es un arte muy abstracto, en el que las artes plásticas son radicalmente no figurativas, sino decorativas, integradas en la arquitectura. Por ello, el arte islámico es el más alejado, desde el punto de vista estético, del antropocentrismo clásico.
- Hay una sintaxis propia en lo formal, pues los elementos cristianos o de otro origen se componen de modo distinto, cambiando el significado de las formas.
- Los materiales serán perecederos pues lo que se busca no es la duración sino la belleza (a través de la ilusión, del efecto), con juegos de luces, colores, decoración y agua.
- Las matemáticas rigen la composición, más en el urbanismo y la decoración que en la arquitectura, con el ejemplo de la ciudad ideal de Bagdad, con su círculo perfecto (un influjo pitagórico).

Características generales del arte islámico.
Hay una gran unidad de las manifestaciones artísticas, en las distintas regiones y a través de los periodos.
Hay un predominio de la arquitectura y la decoración frente a la escultura y la pintura.
El auge de las artes menores y decorativas se explica por el origen nómada de muchos de los pueblos que integran la civilización islámica, por encima de las influencias de los pueblos sedentarios sometidos. Destacan tanto las monumentales (mosaico, azulejo, yesería) como las exentas (tejido, miniatura, cerámica).

El problema estético de la iconoclastia.
La prohibición (no coránica sino por interpretación posterior) de representar seres vivos en lo relacionado con la religión excluyó de los edificios religiosos las representaciones figurativas, con lo que la pintura y la escultura quedaron relegadas al campo de las artes aplicadas. Sólo los heterodoxos chiíes aceptaron un moderado uso del arte figurativo.
Pero el Corán no establece tal prohibición, por lo que caben dos interpretaciones respecto a este problema del arte islámico: la teológica y la histórica.
La teológica hace hincapié en el dominio de la religión sobre el arte islámico, aunque no haya preceptos artísticos en el texto, salvo críticas a las representaciones religiosas y a las estatuas que hagan sombra (exentas). La prohibición de los ídolos materiales es una tradición judía, que se refuerza con los hadit, la recopilación de profecías, que establecen el aniconismo (recopiladas desde el 750, adquieren rango doctrinal en el siglo IX). Así, el Corán, los hadit y el acuerdo de la comunidad son las normas del Islam, con una influencia determinante sobre el arte a partir del siglo IX.
La histórica es defendida por Oleg Grabar, para quien el aniconismo proviene de la influencia bizantina, como una reacción ante el enemigo sempiterno, después de la crisis iconoclasta. Así, los hadit serían una justificación ideológica de un aniconismo entendido como propaganda política y, en definitiva, este es siempre relativo, ya desde el periodo omeya, que desarrolla un evidente figurativismo en lo cotidiano, nunca en lo religioso, mientras que en el periodo abasida hay dos tendencias: la rigorista (deniega toda figuración), la tolerante (heterodoxa, chií de Egipto y Persia, con seres vivos en el arte no religioso). En el periodo nazarí hay ejemplos de figurativismo en las escenas de cacería de la Alhambra.

2. URBANISMO Y ARQUITECTURA.
2.1. EL URBANISMO.
Un aspecto ideológico es la mentalidad nómada del musulmán del desierto, opuesto al musulmán urbano sedentario. Hay una radical oposición entre ciudad y campo, como la permanente lucha entre los sedentarios y los nómadas conquistadores que Ibn Jaldún considera el motor de la historia. De esta oposición nace la idea de la ciudad mítica e imaginaria.

La concepción del espacio.
La expansión islámica de los siglos VII y VIII extendió su dominio sobre las ciudades clásicas en decadencia, junto a ciudades persas e hindúes de tipo oriental. Sobre estos tipos el Islam impuso una nueva concepción del espacio urbano, de un carácter vital, biológico, desordenado, orgánico, privado, en oposición al público de las ciudades griega y romana.


La Meca en una celebración multitudinaria. [http://www.islamyciencia.com/fotos-de-mezquitas-del-mundo/la-meca.html]

LA CIUDAD.
El Corán no tiene normas sobre cómo deben edificarse las ciudades y tampoco sobre las viviendas, por lo que queda al libre albedrío de los musulmanes. Pero sí que influye el espíritu coránico, muy igualitario.
La única regla universal es la institución del mutasib, un ciudadano que soluciona los problemas de convivencia de sus vecinos, protegiendo la seguridad y la privacidad, pero manteniendo el derecho de paso entre las fincas y viviendas.
La fundación de ciudades es una exigencia de la conquista, adaptando el urbanismo de los países conquistados al propio contexto religioso, social y geográfico, sobre unos sustratos regionales y locales, pero con un común carácter intimista y secreto, ligado a la radical igualdad del Corán, en la que los creyentes son como esclavos de Alá, por lo que su posición depende siempre de la voluntad divina y no es conveniente manifestarla con signos externos de lujo en la vivienda, aunque los interiores de los palacios pueden ser de increíble riqueza. Ricos y pobres conviven en los mismos barrios, sin darse la separación occidental en barrios de primera y de segunda (al presente comienza a haberla). El retiro privado, la ocultación del interior de la vivienda al exterior, tiene la motivación de proteger la intimidad de la familia. Influyen también factores económicos, climáticos y jurídicos (es notable la dificultad de la expropiación en el mundo islámico, lo que impide la planificación y reconversión urbana).

Estructura y elementos de la ciudad.



Modelo de ciudad islámica con ciudadela en la parte superior, medina central y arrabales.

El viajero Ibn Battuta nos ha proporcionado valiosa información sobre las ciudades islámicas, con sus monumentos y gentes desde Gao al Sur del Sahara a las ciudades de Persia. Al Farabi es otro viajero importante por sus descripciones.
El tipo de ciudad islámica ha variado poco en el tiempo. La ciudad no tiene ordenamiento, ni tampoco unos requisitos mínimos de vías o higiene, generalmente con ausencia de cloacas, por lo que las calles están siempre sucias. Hay una escasez monumental que la diferencia notablemente de la ciudad clásica grecorromana.
Los únicos edificios o complejos monumentales son la mezquita y el palacio (del gobernador, emir o califa), junto a madrasas (escuelas coránicas), hamman (baños públicos), gaysaryyah (mercados cubiertos), khans (tabernas o posadas para viajeros) y maristans (hospitales para pobres y enfermos).
La mezquita principal (jami o aljama) es el centro de la vida ciudadana, como el antiguo ágora griego, con funciones de escuela, centro de cultura, administración de justicia, comunicación de las normas, etc. Su minarete para la llamada de los creyentes es el hito de la ciudad. Chueca, en contra, considera a la puerta como el elemento primordial de la ciudad islámica.
La plaza del antiguo ágora se convierte en un mercado (maydan, zoco) y no tiene la función de la convivencia social sino de centro de comercio y se sitúa junto a las puertas de la ciudad. Otra zona comercial es una calle longitudinal con tiendas y talleres (suqbazar), a menudo porticada y cubierta, adaptando la antigua avenida comercial helenística.
La ciudad, o medina, tiene así una estructura de barrios, rabat, que a veces se extienden fuera de las murallas.
Hay barrios de musulmanes, cristianos y judíos (la Jara). La Umma, reunión de todos los creyentes, es un conjunto universal de ciudades, con barrios que son como pequeñas ciudades y calles que se comportan de un modo asimismo autónomo, con todos los servicios básicos (a menudo con sus propias puertas) y con una división en arrabales y calles según los oficios. Así hay arrabales de los barberos, curtidores, halconeros, alfareros... En España el carácter islámico orgánico ha perdurado en muchos cascos antiguos, incluyendo Palma, aunque resten pocos edificios musulmanes intactos.
Hay pequeños barrios dentro de las murallas, muy cerrados, en los que no pueden entrar los extranjeros, a menudo con murallas interiores, con su propia mezquita, fuera del paso de las grandes calles, con numerosos callejones sin salida adarves (derivado de darb), con casas de una extremada privacidad, como se observa todavía en Túnez.
El barrio de la Casba (con la fortaleza, Almudaina o Alcázar) es la residencia del jefe militar y de las tropas, con la doble misión de controlar a los enemigos externos e internos (rebeldes, pueblos no islámicos). La Casba está junto a las murallas, que en Occidente son del tipo barbacana (doble defensa), como en Sevilla y Palma de Mallorca.
Los cementerios se localizan fuera de las ciudades, como en el mundo clásico, pero los personajes principales serán enterrados en el interior.
Las calles son básicamente de tres tipos: 1) Principales, muy axiales y dedicadas al comercio y la comunicación, 2) Secundarias, menos axiales y con poco tráfico, 3) Residenciales, irregulares, sin tráfico, para las viviendas.
Hay calles principales, axiales, a menudo por herencia romana (como Alepo y Damasco) por las que circula toda la población, dedicadas al comercio (Zoco) y los monumentos públicos: mezquitas, madrasas, palacios, baños, escuelas, locales comerciales de las fondas (del árabe funduk).
Estas calles principales no tienen viviendas puesto que no tendrían privacidad. Las viviendas se concentran en las calles residenciales de poco o ningún tráfico, irregulares, con trayectos largos y confusos, en una típica estructura alveolar.
Apenas hay plazas, reducidas a los patios de los grandes monumentos, mientras que los zocos son calles controladas por gremios, a menudo cubiertas con cañizo, lonas o bóvedas, que suelen ir de una puerta a otra de la ciudad. Los zocos dedicados a las actividades menos salubres (como el tinte de los tejidos), se ubican en las afueras.

Los cambios en la estructura de antiguas ciudades helenístico-romanas: Alepo, Alejandría, Damasco.
La conquista islámica de estas ciudades conllevó su adaptación a las nuevas necesidades de los conquistadores. Ya en el periodo bizantino se habían ido borrando algunas de las características helenísticas, por las destrucciones y los amurallamientos ocasionados por las guerras con los persas, con el abandono de ágoras, teatros, circos, etc. Las ciudades helenístico-romanas pasaron a la ciudad islámica sus grandes avenidas, que fueron adaptadas poco a poco al comercio del zoco, mientras que las calles principales y secundarias se desviaban y cortaban para reservar los barrios a las diferentes tribus y etnias. Los barrios cambiaban y se organizaban de un modo anárquico, creciendo el caos con los sucesivos cambios de propiedad.
Alepo, con su zona baja residencial y su ciudadela militar en lo alto de la colina, fue reorganizada según un patrón irregular en sus calles, manteniendo el uso comercial de la gran avenida transformada en un Suq o calle comercial (bazar en persa), y la plaza central transformada en un zoco grande.
Damasco será la primera capital de los musulmanes, duranten el califato Omeya (660-750). Mantiene desde entonces todavía gran parte del trazado regular de la ciudad clásica, pero con cambios evidentes, al cortarse y transformarse muchos ejes y calles en sentido curvilíneo e irregular, incluso con numerosas calles sin salida.

El nacimiento de la ciudad islámica regular.
Las ciudades que tuvieron su origen en los campamentos militares de la conquista conservaron la impronta de la organización militar y funcional del territorio.
Al-Kufa (638) fue una ciudad militar, originada desde un campamento militar para las tropas que habían conquistado Mesopotamia. Una mezquita y un palacio de Gobierno fueron su núcleo central. Su plan era radioconcéntrico (hacia el núcleo), con una división zonal por tribus.
Al-Basra (638), más conocida como Basora, fue otra ciudad ortogonal, más al Sur de Mesopotamia, con funciones de campamento militar y de puerto en el Golfo Pérsico.
Al-Fustat (640) fue el campamento militar y primera residencia de los gobernadores en Egipto. Se encontraba cerca de El Cairo (y de la antigua Menfis) y fue destruida en el siglo XI, para evitar su conquista por los cruzados.

La ciudad concéntrica de Bagdad.
Bagdad fue planificada en 762 como una ciudad de trazado regular concéntrico (el núcleo era la mezquita), con cuatro calles radiales. Era una excepción dentro del Islam, pero pronto el crecimiento orgánico alteró la planificación, sobre todo desde que fue capital de la dinastía abasida, llegando a tener un millón de habitantes. Se creó junto al Tigris en el punto más cercano al Éufrates, al que se unía por canales a lo largo de los cuales la ciudad creció. Fue destruida por los mongoles en 1258 y tardó siglos en recuperarse.

Otras ciudades del mundo islámico: El Cairo, Argel, Fez, Túnez, Córdoba, Sevilla, Palma de Mallorca.
El Cairo fue fundada en 969 por la dinastía fatimí como nueva capital de Egipto junto a la ciudad de Al-Fustat, se convirtió en los siglos siguientes gracias a su puerto y el comercio en la primera ciudad islámica por población (hoy es un monstruo que tiene más de 10 millones de habitantes). Es un trazado completamente islámico, con una falsa apariencia regular.
Argel es una típica ciudad irregular musulmana, fundada en 972-984, que se desarrolló notablemente gracias a la piratería desde el siglo XVI. Fue conquistada por los franceses en 1830, que impusieron una red de grandes calles organizando los barrios de la ciudad. La Kasbah pervivió como núcleo islámico, rodeada de barrios modernos para los europeos.
Fez fue fundada en Marruecos por el emir Idris en el 808. Junto a Salé-Rabat tomó el modelo de Túnez, con una zona residencial complejísima y una zona comercial de Suks. El barrio europeo del siglo XX, en la periferia, es un contraste por sus calles rectas, grandes zonas verdes y la escasa densidad de población.
La primera ciudad islámica fundada en Túnez fue Kairuán, en 671, aunque la romana Túnez se convirtió, por su puerto, en la ciudad más importante, adaptando las vías antiguas, creando un modelo de transformación que fue imitado en Almería y Fez.
Córdoba fue la capital en España desde el 711, sobre una ciudad romana con buenas comunicaciones con el Sur y el Norte de la península, con un río y acceso a los suministros de la rica región agrícola andaluza. Se adaptó pronto al nuevo urbanismo islámico, sobre todo con la dinastía omeya (756-1031), llegando a ser durante el califato del siglo X la principal ciudad de la Europa Occidental, con ca. 400.000 habitantes. Los palacios del califa, Madina al-Zahara y del emir, Madina al-Zahira se encuentran fuera de la ciudad. La medina tenía una muralla de protección para los barrios interiores. Había populosos barrios fuera de la muralla, como el Arrabal, con un foso de protección para toda el área periurbana.
Sevilla fue la principal ciudad portuaria sobre el Guadalquivir, llegando a ser la segunda urbe de la España islámica. Mantiene aún hoy el trazado islámico irregular en el centro urbano.
En Palma de Mallorca la ciudad romana fue adaptada mediante un retrazado irregular de las calles. La Almudaina era el alcázar junto al mar. La medina se fue ampliando con nuevas murallas (dotadas de barbacanas) para los nuevos barrios destinados recibir a los inmigrantes musulmanes que huían de la península. Las calles principales de una puerta a otra eran las actuales de San Miguel, Sindicato... También había las secundarias y residenciales, incluso sin salida. Los barrios tenían sus propias mezquitas, luego convertidas en iglesias, como Santa Eulalia, San Miguel, la misma catedral (probable mezquita mayor, de la que se conserva el emplazamiento del minarete en la base de la actual torre campanario). Los monumentos se ubicaban en las calles principales.

Las viviendas.
Las casas son de varios tipos: unifamiliares (dar) y de pisos. Se caracterizan por la pobreza de los materiales, el recogimiento, la intimidad. Las casas de pisos son grandes bloques de viviendas, trasunto de la insula romana, que son la suma de dos elementos: el wakala (bloque comercial) y el rab (bloque de viviendas).

La tipología de la casa con patio: sus constantes conceptuales y la variedad de soluciones formales.
Los barrios residenciales del centro (mahallahs) se prolongaban en los arrabales (arbad) más exteriores. Se construía primero la casa y luego se prolongaba la calle hasta su puerta, de lo que resulta un callejero inextricable, con numerosas calles sin salida o adarves. Este carácter irracional obedece a una lógica distinta de la occidental. La estructura mental islámica respecto al urbanismo es una relación jerárquica entre Islam, ciudad, barrio, calle y casa.
La casa musulmana (sakanmaskan) es el recinto de la paz y tranquilidad (sakinah) de la familia, unidad básica de la sociedad, lo que explica su máxima privacidad (como la que se buscaba en la antigua Mesopotamia), con la entrada con un muro de privacidad.
La casa se divide en dos partes, la pública (salamlik) y la privada (haramlik). En las casas grandes esta división es horizontal, con dos patios. En las casas pequeñas es vertical, pues la planta baja es pública y el primer piso es privado. Las casas tienen pocos vanos al exterior y todos, incluso los interiores, tenían cristales, tapices, paños, maderas, rejas, etc., para proteger la privacidad.
Los materiales son perecederos, con poca piedra (si la hay se limita a los fundamentos y la parte baja para reforzar e edificio) y mucho adobe y ladrillo, con la típica mampostería. Esto se debe al carácter humilde que deben tener las viviendas islámicas, que se manifiesta asimismo en que es de mal gusto tener más de dos pisos, con excepción en Yemen y otros lugares.
Hay un patio para la iluminación interior y para la vida cotidiana al aire libre en plena privacidad. Las casas se esconden tras fachadas poco ostentosas o incluso se unen unas a otras sin tener fachadas, manteniendo sólo los accesos. Los balcones son poco frecuentes, pero si existen son opacos (El Cairo, Sana en Yemen).
El dar es la casa unifamiliar típica de la clase media en el Norte de África (se conservan muchos casos en Fez del siglo XVI), equivalente a la domus romana. Las algorfas son las casas más pobres (la etimología se mantiene en un lugar de Calvià, en Mallorca) y también se llaman así los voladizos de los pisos altos que a veces pasaban sobre la calle hasta la manzana vecina.
Hay que precisar para entender estos desarrollos irregulares de las viviendas que la familia musulmana es mucho más extensa que la occidental, pues se amplía con más parientes, desde los abuelos a las varias mujeres, hasta que en tiempos recientes se ha reducido mucho la poligamia.
Las normas de la edificación de las viviendas prescriben que los voladizos (Sabat) deben tener una altura mínima (un hombre sobre un camello), que las ventanas estén a una altura que no permita la visión del interior, así como que las puertas y las ventanas no pueden estar una delante de la otra (para evitar una perspectiva de la vida privada en un descuido de los habitantes), dentro de la generalización de la entrada en línea quebrada, que imposibilita la visión completa del interior, como también ocurría en la casa oriental. Incluso las ventanas de las estancias que dan al patio son opacas, para evitar que los invitados, puedan ver la vida interior.


El plano de la casa dar generalmente es irregular, con una distribución muy similar:
- Una entrada en quebrada.
- La sala de recepción. El macat es una tipología de sala de recepción abierta al patio y el jardín.
- Un patio cuadrado o rectangular en el centro o en un lado para la distribución de las estancias.
- Las estancias de la vida cotidiana privada. Estas estancias se reparten en dos zonas: la masculina y pública de recepción; la femenina, más privada (cocina, harén), generalmente en el primer piso, junto a los dormitorios.
Adaptaciones al medio climático son el construir las casas muy próximas (para evitar el sol y el viento seco), las comodidades de ventilación (habitaciones muy altas para favorecer la aireación) y humificación, de superficies de agua para mantener la humedad y dar un sonido apacible, las plantas olorosas en macetas o jardín (jazmín, azahar, nunca geranios).
Las puertas están adosadas al exterior en Occidente, con decoración. Los elementos añadidos y muebles son de baja calidad y mal gusto (salvo las alfombras, que suelen ser de gran calidad). Muchas casas son tan antiguas como del siglo XV y siguientes, hasta la actualidad, en un proceso de degradación en el que los centros urbanos han sido abandonados a las clases sociales más pobres mientras la clase media pasa a vivir en barrios de tipo europeo con aire acondicionado (para suplir la poca adaptación climática de las casas de tipo occidental).
Para el estudio del dar hay una documentación muy importante que ha permitido la reconstrucción teórica de los edificios del pasado. El waqf es el documento que describe las casas donadas a las mezquitas, quedándose el anterior dueño el usufructo perpetuo (para él y su familia), con lo que se consigue que la propiedad no pueda ser confiscada o expropiada.

La casa de pisos en el mundo islámico.
El bloque de viviendas es excepcional dentro de la tendencia general de la vivienda urbana unifamiliar.
Las casas de pisos son grandes bloques de viviendas, trasunto de la insula romana, que son la suma de dos elementos: el wakala (bloque comercial) y el rab (bloque de viviendas).
El wakala es un funduk (fonda o alhóndiga) comercial, de trazado rectangular o cuadrado con patio en medio para el comercio, con las plantas bajas con un mezzanino (división en dos niveles del arco inferior), habilitado para almacén de productos. Es el mismo tipo de edificio del caravansar (posada comercial para las caravanas) en el campo.
En El Cairo, desde el siglo XIV, este tipo de edificio se difunde mucho, porque los sultanes favorecieron su construcción. Se necesita espacio y sobre la estructura comercial anterior se pone otra estructura, el rab, un bloque para viviendas de clases medias que no podían vivir en un dar. De este modo se separaban las áreas comerciales y residenciales pero no ya en horizontal en barrios, como antes, sino en vertical. Algunos bloques son inmensos, con hasta 2.000 habitantes y el edificio Bab el Nasr tenía 400 habitantes.
Las fachadas son generalmente más bellas que las del dar, con simetría en las ventanas, entradas monumentales bien decoradas, con cierta similitud a la casa veneciana de pisos.
Se separan las entradas del comercio y de la vivienda. El vecino llega a su vivienda por unos pasillos que son como calles cerradas. El pasillo de las viviendas rodea cuidadosamente el patio o las viviendas, para no dejarlas sin luz exterior.
Las viviendas son generalmente de dos plantas, muy estandarizadas en su distribución interna, para permitir la entrada en quebrada y la división en zonas masculina y femenina.
La planta de una vivienda de unidad de habitación de Le Corbusier (Berlín), con su dúplex funcional, se parece mucho a la islámica.

Tipos especiales de viviendas musulmanas.
Una típica casa de la Kasbah de Argel tiene tres pisos: 1) La planta baja tiene entrada, patio (que se eleva por toda la casa), cocina, letrina, dormitorio y escalera. 2) La planta primera tiene la proyección del patio y dos dormitorios. 3) La planta segunda tiene la proyección del patio y dormitorio, con una terraza sobre uno de los dormitorios de la planta primera. Las plantas de la casa y de las habitaciones son de planta irregular. El uso de las habitaciones varía según la hora del día y la estación del año, de acuerdo a la gran adaptabilidad de la casa islámica.
En Fustat había pórticos (ilwan) en los lados del patio, para aumentar la superficie iluminada, aireada y de vida cotidiana de la familia. Hay este tipo en muchos lugares actuales (Túnez, Persia).
Un ejemplo excepcional son las casas-torre de los clanes familiares de Sana (Yemen), famosa por su gran altura. El material es la piedra abajo y el ladrillo arriba, con grandes ventanales cubiertos en Edad Media con telas enceradas y luego con ventanas con alabastro translúcido o con escayola. Cada casa tiene su propia entrada y no hay patio.
La parte inferior y la superior se reservan al hijo mayor (con grandes vistas al exterior). Las manzanas tienen huertos urbanos en su centro. La impermeabilización de las azoteas, baños y canalizaciones se hace con una pasta a modo de estuco.
Los sistemas de ventilación islámicos son muy diversos e inventivos, como en las viviendas de la costa del Índico africano, donde hay unos tubos orientados a la brisa del mar, a la par que dan iluminación. El arquitecto Josep Lluís Sert imitará este método en Occidente en la Fundación Miró de Barcelona para recibir la luz, así como su maestro Gropius, que lo conoció en un viaje por Irak.

EL JARDÍN.
El jardín islámico es de uso privado, y si hay actualmente jardines públicos es una excepción, contraria a su normalidad en Occidente. Es un Cielo en la Tierra, una representación del ideal de Paraíso islámico.
Tiene un trazado muy racional, ortogonal, por lo común cruciforme. Se recortan los setos para representar formas geométricas artificiosas, domesticando la Naturaleza. Se cultivan plantas exóticas, de formas caprichosas y colores de gran variedad e intensidad. El perfume de las flores (jazmín, azahar, rosa...), es esencial en este jardín.
El agua es un elemento vital en el jardín, como sonido musical y como espejo en el que se refleje la arquitectura.
Los tratados de agricultura dedican muchas páginas a los jardines, a la mecánica para facilitar el movimiento del agua, a las siembras más adecuadas para lograr colores y perfumes en ciertas épocas del año. Incluso se llega al estudio del jardín interior, en una asociación arquitectura-jardín, con los movimientos del agua y los perfumes que dan gozo a la persona.

2.2. LA ARQUITECTURA.
CARACTERÍSTICAS.
La arquitectura recibe la influencia de una cultura nómada, manifiesta en las estructuras arquitectónicas abiertas con patios y pórticos cubiertos generalmente con terrazas.
La arquitectura se desarrolla horizontalmente. Su único elemento vertical, el alminar de las mezquitas, obedece a la necesidad de convocar a los fieles a los rezos prescritos.
Los exteriores muestran desnudez, con pocos huecos, y si en las fachadas hay exornaciones importantes, se las delimita claramente. Las excepciones a esta regla, como los delicados relieves en los muros de la fortaleza de Msatta, en la Siria del siglo VIII, son consecuencia de influencias preislámicas, sobre todo helenísticas.
El Islam no inventa elementos nuevos pero sí cambia su sintaxis. La tipología es relativamente reducida:
1) Religiosa: mezquita, ribat, madrasa,.
2) Civil: palacio, alcazaba, caravansar, hamman.
Sus características son la escasa altura, la amplitud, el intimismo, el abandono del exterior para concentrarse en la belleza interior, la tipología predominantemente religiosa, el minucioso estudio de la composición (basada en la repetición rítmica de ciertos elementos) y de la iluminación (mediante la utilización de ámbitos abiertos, cerrados y semicerrados sucesivamente).
- La arquitectura se desarrolla en el interior, con una escasa importancia relativa de las fachadas del exterior (que sólo ocasionalmente traducen el interior). Es una arquitectura que deriva del modelo de casa con patio interior, indistinguible dentro de una ciudad, como vemos en la mezquita de Kairuán, tapada por los edificios vecinos hasta sus mismas puertas, aunque desde el siglo X hay una tendencia oriental a distinguir decorativamente los exteriores, sobre todo en Persia.
- No hay edificios especializados en funciones. La forma de la mezquita se adapta a una pluralidad de funciones.
- No hay una planificación regular de las plantas, salvo en los primeros palacios omeyas. Hay un crecimiento orgánico, con la adición de nuevas unidades, en la que por lo común no hay ejes direccionales.
- Hay una escasa preocupación por los problemas estructurales, que son secundarios respecto al “efectismo visual” manifiesto en la decoración de los elementos constructivos, por ejemplo con arcos que no son soportes sino ornamentales.
MATERIALES Y ELEMENTOS.
Los materiales son muy pobres: mampuesto, ladrillo, madera y yeso. La piedra se usa sólo en los edificios más relevantes. Los materiales son pobres y perecederos. Si en el periodo omeya se usaba aún el sillar regular de piedra, con los abasíes se usa sólo el ladrillo (secado o cocido). En los alminares se acostumbra a edificar el primer piso de piedra (para la mayor solidez del edificio) y los superiores de ladrillo. Esta pobreza de los materiales puede tener una doble explicación: material (la pobreza de la sociedad y la insuficiencia de las fuentes de materiales) y estético-religiosa, que es la más probable, por influencia del Corán, cuya actitud ante Dios y la caducidad de la vida es muy pasiva. Una sura del Corán dice: «Dios es lo único real y permanente». El dogma de que «Dios es voluntad», y por ello también cambio y movimiento a su voluntad, sin libre albedrío humano, es una posición contraria a la inalterable naturaleza del cristianismo, con un cosmos inalterable, en el que los materiales son perdurables, al contrario del Islam, en que los materiales duran poco.
            Los soportes son generalmente columnas, a menudo reutilizadas de construcciones anteriores, delgadas, sin modulación clásica, con capiteles corintios o de mocárabes. En el periodo omeya se reutilizaron columnas anteriores (mezquita de Kairuán). En el abasida los capiteles son nuevos, de una derivación del corintio, curvando más las hojas de acanto. La columna propiamente islámica nace con el califato fatimí (s. XI, en Egipto), con un fuste anillado y un capitel corintio, mientras que el capitel propiamente islámico o “morisco”, nace en el califato almohade del s. XIII, con dos masas superpuestas (un tronco cónico decorado con vegetales estilizados y un cilindro con meandros). En la columna nazarí hay una basa.
Los pilares son escasos; se difunden en la arquitectura abasida, mientras que en otros periodos se usan a la vez la columna y el pilar.
Los arcos son de una extraordinaria variedad: medio punto, de herradura, peraltados, de quilla de barco, polilobulados, mixtilíneos, entrecruzados... En el Oriente omeya se difunde primero el arco de medio punto, al que desde los abasidas se añade el apuntado (o almendrado), mientras que en Occidente se difunde el arco de herradura (se cree que por influencia visigótica). Son arcos con frecuencia peraltados, enmarcados en un alfiz (cuerpo rectilíneo), con el muro ornamentado (albanegas). El de quilla de barco es propio de Egipto. El arco polibulado aparece en el siglo IX y después el mixtilíneo (con lóbulos y rectas alternados). Los arcos entrecruzados tienen dos pisos de arcos.
Las cubiertas son generalmente de madera, planas al principio.
Las bóvedas aparecen más tarde: son semiesféricas de cañón, apuntadas o no, y desde el siglo X se utiliza la de arista, formando arcos que se cruzan dejando un polígono central, la cúpula de gallones.
Las pequeñas cúpulas de yeso cubren los espacios más sagrados. Las cúpulas tienen una intención más decorativa que arquitectónica, siempre exteriorizada, como la bizantina y en contra de la occidental. Tienen yeso en el interior y plomo en el exterior en el periodo omeya, se hacen de ladrillo en el periodo abbasí y se cubren con azulejo a partir del siglo XI. Evolucionan en varios tipos:
- Con trompas y pechinas.
- De nervaduras, desde el s. X (mezquita de Córdoba), que se caracterizan por no cruzarse en la clave. Pudo influir en la bóveda ogival gótica.
- De mocárabes (también llamada de muqarna, almocávar, estalagtitas). Decorada con los mocárabes, de discutido origen: a) Para Oleg Grabar derivan de la decoración con prismas de yeso de los palacios orientales. b) Para otros autores tienen un origen estructural a partir de la trompa. Su comienzo se localiza en Irán, hacia el s. X, y llega a Occidente en el siglo XI. Un ejemplo bellísimo lo encontramos en la Alhambra.
La decoración se basa en la labor de ataurique de motivos vegetales entrelazados (sobre todo las hojas de palmera), geométricos y epigráficos.

LA MEZQUITA.
La mezquita es el edificio emblemático del Islam, lugar de reunión y culto. La mezquita original deriva de la casa de Mahoma en la ciudad de Medina, con un patio, una zona cubierta para dirigirse hacia la Meca y otra para asuntos privados.

Estructura y elementos: el Haram y el Sahn.
El modelo más común es el sirio. La mezquita consta de un gran patio porticado con fuente central, comunicado con la gran sala de oración (haram), con sus variados arcos de sostén (esquifados, de herradura o polilobulados, etc.), con los únicos elementos decorados con riqueza, el púlpito (almimbar) y el mihrab. Este es el esquema de las más bellas mezquitas de Siria, Palestina, Egipto, Magreb y España. Se sigue utilizando hoy para las nuevas mezquitas.
La dimensión de la mezquita se diversifica en la aljama (mezquita principal), en la que se hace la oración solemne de los viernes, y la secundaria, de menores dimensiones en los barrios, para los oficios religiosos diarios.
Se divide en dos zonas principales:
- El Haram, sala de oración dividida en naves paralelas; la central es la mayor.
- El Sahn, patio generalmente porticado.
En la sala de oración, el Haram, se encuentran:
Quibla: muro orientado a La Meca, que indica la dirección de la oración.
Mihrab: punto direccional en el muro de la quibla, generalmente ornamentado con lujo. Es un ábside de origen cristiano o judío.
Maqsura: lugar de oración del califa o emir, a menudo cubierto con una cúpula. Se sitúa frente a la quibla.
Sabat: pasillo para dignatarios, situado en la quibla. Se halla sólo en algunas mezquitas.
Mimbar: cátedra o púlpito elevado, de madera, para que el imán de la mezquita dirija las oraciones. La dikka es una tarima más al interior de la mezquita aljama, para los repetidores del sermón.
Saquifa: lugar para las mujeres, generalmente a los lados o a los pies de la nave.
En el patio, el Sahn, se encuentran:
Alminar: minarete o torre para que el muecín o almuédano (clérigo convocante) haga la llamada a oración. Está situado en uno de los extremos. Tiene forma cuadrada o circular. La variante más difundida por el Magreb y España deriva del minarete omeya de la mezquita de Damasco, en forma de alta torre de planta cuadrada con azotea y torrecilla. Se halla también en Egipto, en la mezquita tunecina de Sidi Uqba, en el alminar reformado de la mezquita de Córdoba y en los almohades de Marráquech, Rabat. Mansura (cerca de Tremecén), Argel, la Giralda de Sevilla. Es excepcional el minarete abbasí de al-Malwiyya, de la ruinosa mezquita de Samarra (Irak, h. 850), un torre cónica con rampa exterior en espiral, con una posible influencia del zigurat mesopotámico. Los alminares persas son cilíndricos, con abundante decoración exterior en azulejo.            Los alminares turcos selyucidas y otomanos derivan de los persas anteriores, son muy altos, cilíndricos y esbeltos y siguen este modelo los de la India (siglo XI), mientras que los del Gran Mogol (desde el siglo XVI) son más robustos, adaptando la arquitectura hindú.
Riwag: pórtico en torno al patio, para resguardar a los fieles.
Sabil: fuente para lavarse los pies los fieles antes de entrar en el Haram.
- El tesoro es un cubículo en el patio, para guardar los objetos más valiosos (mezquita de Susa en Tunicia), junto a la fuente de las abluciones.
A partir de este modelo, en el que se repiten la mayoría de estos elementos, hay múltiples variedades regionales.

PERIODOS DE LA MEZQUITA.
Cabe distinguir dos grandes periodos en la evolución de la mezquita, el primero de formación (omeya) y el segundo de consolidación del tipo (abasida). Les seguirán unos periodos de una gran fragmentación regional, de la que sólo destacaremos unos ejemplos.

Periodo omeya.
En este periodo hay una fuerte influencia bizantina.
El primer gran edificio es la mezquita de Omar en Jerusalén, h. 700, también llamada el Santuario de la Roca porque alberga la roca desde la que, según la tradición, subió Mahoma al cielo. Tiene una planta centralizada octogonal (influencia del mausoleo cristiano del Santo Sepulcro de Jerusalén). Su exterior está decorado con mármoles de colores. Está coronada con una gran cúpula, sobre un tambor.
La Gran Mezquita de Damasco sigue la planta de una basílica cristiana bizantina preexistente. Tiene una planta de tres naves paralelas a la quibla, con una axialidad propia de esta arquitectura omeya (que se perderá en la abasí y volverá en la omeya de Córdoba y la fatimí). Tiene columnas reutilizadas y pilares, arcos de medio punto y herradura. Hay un pabellón del tesoro en el sahn, de planta octogonal, con cúpula. La forma de su alminar es la más difundida posteriormente por el Magreb y España, con una alta torre de planta cuadrada con azotea y torrecilla. La decoración es excepcional, con mosaicos y temas arquitectónicos de influencia bizantina.
El modelo omeya se consolida con la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, un poco posterior, levantada sobre el gran templo judío de Salomón. Tiene una gran nave central (al fondo está la quibla y el mihrab) y seis naves laterales (tres a cada lado), Hay una cúpula y un pequeño patio. La decoración es de paneles esculpidos, con una decoración típicamente omeya. Tiene las naves perpendiculares a la qibla. El mismo modelo sigue la mezquita de Medina.
A partir de aquí cabe ya hablar de una arquitectura propiamente islámica, con distintos tipos de mezquita: la omeya (axial, hipóstila), la abasida (emparentada con madrasa más tarde), la fatimida (con planta en forma de T), la iraní (con iwan y cúpula), la turca otomana y la mezquita-mausoleo.

Periodo abasida.
En el periodo abasida, la influencia bizantina es sustituida por la persa, que ofrece la tradición sasánida.
Destaca la Gran Mezquita de Samarra (Irak, h. 850), la mayor del Islam, aunque sólo quedan su muralla y su gran alminar helicoidal.
La Mezquita de Abu-Dalaf (859) comienza el modelo de mezquita en forma de T, con una nave transversal paralela al muro de la quibla.

El primer periodo del norte de África: la mezquita en forma de T.
En Túnez está la Gran Mezquita de Kairuán, como la de Susa (Tunicia), que sigue una nueva direccionalidad, con una nave central más ancha y de mayor altura, perpendicular a la qibla, también en una nave más ancha, con una cúpula (de trompas) en la intersección. Forma así una planta en forma de T. Erigida hacia 670, fue muy reformada por los aglabíes en el 836, con influencias hispano-omeyas con una ampliación a 17 naves que aún terminan en la nave transversal de la quibla. El minarete, cuadrangular, tiene tres cuerpos, de tamaño decreciente.
La planta en forma de T se difunde con el califato fatimí y el almohade. Se sustituye la columna por el pilar (con columnillas adosadas), como en la mezquita de Ibn Tulum en El Cairo. Mientras, la reconstrucción del siglo X de la mezquita de Susa emplea el arco de herradura en el pórtico del patio.
En el Egipto de los tulumíes destaca la Mezquita de Ibn Tulum en El Cairo, h. 879, según el modelo abasida: amplio patio, minarete rodeado por una rampa en espiral. En el posterior periodo fatimí, se levantó en El Cairo la Gran Mezquita de Al-Azhar (finales siglo X), con varios edificios monumentales, de influencia abasida. Destaca el gran patio, con un pórtico de 300 columnas. La sala de oración tiene dos cúpulas sobre tambor con arcos. Tiene una rica decoración vegetal y epigráfica.

La mezquita turca selyúcida.
En Anatolia y el resto de sus dominios (con su influjo en Turquía y la India), los turcos selyuqíes difundieron otro tipo, de planta reducida, con rica fachada, a veces entre dos esbeltos alminares. Pero lo más notable es el empleo masivo del iwan y de la cúpula.
Es una lenta evolución desde el tipo abasí: 1) en el siglo X con una sala hipóstila de pilares, un patio porticado; 2) en el siglo XI con una cúpula ante el mihrab; 3) en el siglo XII con iwanes en los cuatro lados (con un iwan más importante), cubriendo las galerías del patio con múltiples tramos cupulados (como en el interior), en una planta cruciforme similar a la madrasa. Mientras, se multiplican las funciones del conjunto (educativas, alojamientos, hospital, etc.)
Desde el siglo XV aparecen en Irán grandes mezquitas cupuladas, con grandes iwanes en el patio, con interiores y exteriores revestidos de bellos azulejos.

La mezquita turca otomana.
Destaquemos en especial a los turcos otomanos, con las grandes mezquitas de Estambul, como la Mezquita Azul, de planta centralizada y grandes bóvedas, imitando la iglesia bizantina de Santa Sofía. La mezquita otomana deriva de los modelos bizantinos, con una centralización de la planta (Santa Sofía es la influencia mayor), aunque también se emplean plantas cruciformes (modelo de los Santos Apóstoles de Constantinopla y de San Juan de Éfeso). Se incorporan elementos de la arquitectura iraní: cúpulas en los pórticos, minaretes cilíndricos y altos.
La mezquita Suleymanye, del sultán Solilmán I, en el siglo XV, tiene una planta central, imitando a Santa Sofía, añadiendo un patio y un pórtico cupulado. La mezquita Azul de Ahmed, en el siglo XVII, tiene una planta cruciforme, con tramos cupulados, ocho minaretes, epigrafía islámica y claras influencias europeas.

La mezquita-mausoleo.
La mezquita-mausoleo tiene una doble función: religiosa y funeraria. Aparece en el siglo X en Irán (Bujara es la primera). En Irán muchos mausoleos son de planta poligonal con cúpula puntiaguda (como los antiguos palacetes sasánidas) y esta variante pasó a Egipto (siglo XII), con los ayyubíes y los mamelucos, que edificaron en El Cairo el conjunto de las “tumbas de los califas”. Es un modelo de planta cuadrada, con cúpula (símbolo de poder) realzada sobre un alto tambor.
El mausoleo entre los selyucidas es una alta torre cónica de ladrillos (türbe). La dinastía tártara timurí desarrolló (desde finales del siglo XIV) una variante de mausoleo con gran riqueza de mocárabes estalactíticos y relucientes azulejos en sus zaguanes y cúpulas. Un conjunto importante es el de Samarcanda, con el Gur-i Mir, sepulcro de Timur (inicios del siglo XV). Hay una entrada en cada lado. En el imperio hindú del Gran Mogol los mausoleos son bellísimos pabellones rodeados de grandes jardines (como el Taj Mahal en Agra, siglo XVII).

LOS OTROS EDIFICIOS.
Madrasa.
La madrazas (o medersas) son escuelas coránicas y jurídicas a la vez que alojamiento estudiantil. Tienen planta en cruz en torno a un gran patio cuadrangular, con iwanes en los centros de los muros para dar la enseñanza. Surgió en Irán (siglo XI), con forma de mezquita, con la forma sasánida del iwan (entradas con semicúpulas o puerta-sala abovedada y abocinada al exterior) en el centro de cada lado. Uno de los iwanes, realzado en altura y decoración, sirve como mihrab (para mirar hacia la Meca). Los lados sirven para alojamiento en uno o dos pisos, con pequeñas celdas.
La forma de la madrasa se extendió hacia el Oeste desde el Irán, donde en el siglo XII se fusionó con la mezquita, que toma el plan de la madrasa y su doble función religiosa y educativa. La madrasa más ostentosa es la de la madre del sah en Isfahan (h. 1700).

Ribat.
Los ribat, fortaleza-convento del Magreb (siglo X-XI), de forma fortificada y de mezquita a la vez. Su primera función era la religiosa-militar de albergar a los guerreros de la Guerra Santa antes de sus expediciones, como vemos en la de Susa (Túnez), con sus muros almenados. Desde el siglo XIII su función es ya sólo monacal, de retiro espiritual, engrandeciéndose con una mezquita, biblioteca, etc., alrededor del patio central, aunque sin el plan riguroso de los monasterios cristianos.

Monumentos funerarios.
Los monumentos funerarios en forma de cuadrado cubierto con cúpula y decoración de mocárabes estalactíticos y de cerámica de relucientes azulejos, como en el Mausoleo (Gur-i Mir) de Tamerlán en Samarcanda, de la dinastía tártara timurí (finales del siglo XIV). En el imperio del Gran Mogol los mausoleos son bellísimos pabellones rodeados de grandes jardines (como el Taj Mahal en Agra, del siglo XVII).

Palacios.
El palacio adoptó dos formas: como alcazaba y como ciudad palaciega.
La alcazaba (o alcázar) por lo general estaba apartada de la ciudad. Es un núcleo fortificado dentro o junto a una ciudad, generalmente en lo alto de colinas, con los edificios de una pequeña ciudad: ceca, mezquita, biblioteca, casas privadas, talleres, jardines, etc. Como consecuencia de una organización social jerárquica tiene múltiples funciones: castillo fortificado, villa de lujo, residencia de la Corte, centro administrativo. Se estructura con diferentes dependencias alrededor de patios abiertos. Destacan en la Siria omeya algunos palacios en el desierto, como Msatta. Más tarde, en Argelia el de los hammadíes, en España la alcazaba de Málaga y la Aljafería de Zaragoza.
En cambio, en Oriente se prefirió la forma del palacio sasánida (Ujaydir y Balkuwara en Irak), con distintos niveles (la corte arriba, jardines en medio y las oficinas abajo) que se imitó en parte en el palacio cordobés de Madina al-Zahara y en el conjunto granadino de la Alhambra y el Generalife (siglo XIV-XV), cuyo estilo decorativo influyó en el Alcázar de Sevilla, construido para Pedro I de Castilla.

Fortificaciones.
En las fortificaciones destacan las tres monumentales puertas de las murallas de El Cairo (siglo XI) y la ciudadela de Alepo (siglo XII), de influencia bizantina; en España las puertas de Toledo y en Marruecos las de Rabat y Fez.

Edificios civiles.
Destacan los grandes edificios para alojamiento de viajeros y mercancías: en Egipto (okel), en Turquía (caraban saray) y en el Magreb (fondak). En Granada destaca el Patio del Carbón (siglo XIV). Subsisten muchos de los antiguos complejos mercantiles, los zocos, con callejuelas (a veces cubiertas), que se cruzan, como el vasestan turco de Brusa (siglo XIV). Los baños públicos son muy numerosos.

3. ARTES PLÁSTICAS Y DECORATIVAS.
La figuración en el arte islámico.
Como hemos dicho antes, la figuración no fue prohibida por Mahoma, pues el Corán sólo rechaza los ídolos pre-islámicos. La prohibición nació en el siglo IX, por imposición de los hadits (obras interpretativas) de los teólogos, que incorporaron la doctrina de la iconoclastia a la Sunna. Se acusó a los pintores de querer imitar el poder creador de Dios al dar la ilusión de la vida, con lo que se cortaron los lazos del arte islámico con la figuración tan desarrollada en la Siria bizantina y la Persia sasánida. Pero subsistió la figuración en muchos lugares, en los menos sometidos a la ortodoxia sunní. Eliminada en las mezquitas y los libros coránicos, se refugió en los palacios, en las miniaturas en los libros (obras de ciencias, historia y literatura), en la cerámica popular, en las placas de marfil...
Pero, con la creciente intolerancia, fue reduciendo su ámbito, y en el siglo XIII ya apenas restaba en las bibliotecas. Los centros más activos de la ilustración de libros serán Bagdad (hasta su destrucción en 1258), Irán (siglo XIV-XVI con apogeo en la época safávida de Abbas I), la India (desde el imperio mongol fundado por Babur en 1526) y Turquía (desde el siglo XVI).

DECORACIÓN.
Pese a la importancia de la mezquita, es en lo decorativo donde el Islam pone de manifiesto su idiosincracia plástica. La decoración es un rasgo esencial del arte islámico, siempre a la búsqueda de la ilusión, con el juego de la luz indirecta y tamizada por celosías, el agua estática o corriente que refleja la arquitectura y la ornamentación, el jardín o el paisaje abierto desde los miradores, etc. La finalidad es recrear el Jardín perfecto, en el Cielo, sobre todo en los sahn, los patios-jardín (el Patio de los Leones en Granada).
Los motivos decorativos deben mucho a las artes suntuarias, así como en la técnica, y a través de ellas se difunde la ornamentación por todo el Islam, con escasas variantes (como la almohade), sucediéndose los cambios en temas y técnicas y llegando en pocos decenios al otro lado del mundo islámico.
Los materiales son casi siempre perecederos. Se puede seguir en ellos la evolución de la decoración:
1) Omeya: madera en las entradas y ventanas; placas de mármol y mosaicos en las paredes; piedra esculpida en unos pocos lugares.
2) Abasida: el mosaico disminuye su importancia, mientras que la piedra y el mármol dejan de usarse en favor del ladrillo. El azulejo (cerámica alicatada) se difunde, así como el estuco desde su posible origen iraní, pintado desde el siglo X, beneficiado por su gran economía y versatilidad.
3) Disgregación, en los siglos XII y XIII, se diversifica la decoración, con un Oeste austero (Magreb, España) y un Este de gran riqueza decorativa, con el yeso y el color.
Características.
Se trata de una decoración plana, carente de un eje de simetría y con una tendencia a la repetición. En suma sus rasgos son:
- No jerarquización.
- Su función más habitual es la de revestimiento mural, por que se suelen hacer sobre planchas de yeso, madera, ladrillo, cerámica o mármol, dando a los edificios un carácter muy específico (como vemos en la Alhambra de Granada). Este afán decorativo transformó incluso elementos estructurales en ornamentales.
- Repetición indefinida de los motivos ornamentales, en una composición en orden geométrico y dirigida a lo alto, plana (sin profundidad), con un crecimiento orgánico sin límites, infinito a voluntad y sin jerarquización.
Horror vacuii, con una completa ocupación del espacio con motivos muy pequeños.
- Ordenación geométrica, tanto en el motivo como en la composición, basada en una estructura matemática y la simetría, como en los paneles rectilíneos de la Mezquita de Córdoba, con su eje de simetría en el centro, encuadrados en los alfices y paredes.
- Plana, sin profundidad.
- Dirigida a lo alto, pues la atención del espectador siempre se dirige hacia los motivos suspendidos arriba, tanto los mocárabes o mosaicos, como los ricos capiteles sobre lisos fustes.
Los motivos.
La clasificación de los motivos es:
- Vegetal sobre todo, en el periodo omeya, con un repertorio bizantino esquematizado. Hay también temas geométricos simples. El ataurique es un entrelazado vegetal muy complejo, en el que a menudo se intercala figuración humana y animal. La media palmeta es de origen iranio.
- Lineal o geométrica (lo que se avenía con la psicología árabe), en el periodo abasida, con un completa esquematización del ataurique, aunque nunca desaparece el tema vegetal. Las formas más frecuentes son polígonos, triángulos, cuadrados, rombos y estrellas, en variadas combinaciones. Aparece el arabesco como un motivo geométrico de líneas interminables y gran complejidad.
- Epigráfica, con el empleo decorativo de inscripciones, facilitado por la elegancia de la escritura arábiga, que valora la sacralidad de la palabra. Tiene dos tipos: A) Cúfica (cuadrada o rectilínea). B) Cursiva (nesjí, redondeada), desde el siglo XII. Según Oleg Grabar hay cuatro tipos de inscripción: informativa (fechas de la obra, soberanos), reiterativa (suras coránicas repetidas), iconográfica (función del edificio, asociaciones simbólicas) y poética.
- Figurativa, que puede ser pintada o esculpida (periodo omeya). Son figuras humanas o animales (pavos, perros, grifos), en escenas de cacería, fiestas con música en el palacio, etc. En el periodo abasí evoluciona hacia el antinaturalismo, sin hacer retratos, con linealidad, como en la pintura mural de Samarra, Dos bailarinas, con su composición en espiral y su leve modelado con fin sólo ornamental. Para Oleg Grabar la pintura omeya se hacía en el espacio público y la abasí en el ámbito privado.
- Paisajística, sólo en el arte omeya, con el ejemplo de la mezquita de Damasco, por una influencia helenística, aunque Grabar apunta la ausencia de figuras humanas en este paisaje como relacionada con el jardín del Paraíso coránico.

ESCULTURA.
Hay escasísimas obras escultóricas, generalmente con intención decorativa, como los leones del Patio del Partal en Granada, algunas figuras aladas, etc. Hay escenas con figuras en las labras en marfil (botes, cofrecillos, olifantes), hechas en el Egipto fatimí, la Córdoba omeya y Cuenca, o en las cajitas de Sicilia (siglo XII).

LAS ARTES DEL COLOR: PINTURA, MOSAICO Y MINIATURA.
Estas son las artes del color y tienen una gran unidad temática y de estilo, por lo que las estudiaremos conjuntamente.
Hay dos formas: religiosa (abstracción) y profana (figurativa). La pintura y el mosaico monumentales son un complemento de la arquitectura, mientras que la miniatura es la forma más común y popular, con una gran riqueza y variedad.

Periodo de los siglos VII a XI.
Este periodo comienza con la influencia bizantina en Siria, en las mezquitas decoradas con mosaicos.
Hay una rica decoración mural figurativa clásica en los palacios omeyas de Qusayr'Amra (antes de 750) y de Qsar-al-Hair, con la famosa escena de los reyes vencidos (incluido el visigodo Rodrigo).
En los palacios abásidas de Samarra la decoración mural tiene temas de danza.
La técnica del vidriado nace en Bagdad en el siglo IX para la decoración de los muros y se extendió por el Norte de África y España (donde se suma a la bizantina en los ricos mosaicos de la mezquita de Córdoba).

Periodo posterior al siglo XI.
Con la fragmentación política cobra auge la miniatura de libros en numerosos centros artísticos. Era un proceso complicado y minucioso, con temas religiosos, épicos, amorosos, científicos, etc. La más bella fue la miniatura persa, de gran colorido, figurativismo, naturalismo, de influencia china. Su apogeo llegó en el Irán del siglo XVI, con el pintor Behzad (que trabajó en Herat y Tabriz), imitado en la India. La escuela persa influyó en la turca, de figuras realistas. La miniatura hindú recibe influencias persas, chinas y occidentales.
En España las artes del color sufrieron la agresión de los ascéticos almorávides y almohades, pero con los nazaríes hubo una rica escuela de pintura, con los techos del Salón de Reyes de la Alhambra (siglo XIV).

CERÁMICA Y ARTES MENORES.
En cambio, hay un enorme desarrollo de las artes aplicadas: tallas decorativas en madera, artesonados, labras en marfil (botes, cofrecillos, olifantes), tejidos, tapices, alfombras, armas, orfebrería, vidrio y, sobre todo, la cerámica.
Destacan las tallas decorativas en madera, los artesonados españoles, egipcios y sicilianos (bajo los normandos); abundan las escenas con figuras en las labras en marfil (botes, cofrecillos, olifantes), hechas en el Egipto fatimí, la Córdoba omeya y Cuenca, o en las cajitas de Sicilia (siglo XII).
Son de alta calidad los obrajes de tejidos en seda, como el tiraz egipcio o cordobés, los recamados sicilianos, las telas de Almería, Granada, Marruecos, y las persas de los siglos XVI-XVIII, los brocados y terciopelos turcos.
Las alfombras anudadas en Anatolia y Persia, en lana (o lana y seda), de influencia selyuqí, y también en el Egipto mameluco y en España (Alcaraz, Cuenca y la Alpujarra).
Las labores metálicas, con la técnica de la ataujía o adamasquinado, en Irán (s. XIII-XV) y Turquía, con armas, acetres y candelabros, y adornos esmaltados.
El vidrio en Siria, Irán y España (Granada), la talla del cristal de roca en el Egipto fatimí (siglos X-XII), los guadamecíes de Córdoba y Marruecos.
El arte aplicado por excelencia fue la cerámica, con grandes hallazgos técnicos en Oriente (barniz blanco, estannífero, lustre dorado, siglos VII-IX), con gran variedad de brillantes estilos (sobre todo en Irán), mientras que en Occidente destacó la cerámica de Málaga (imitada en Manises).


FUENTES.
Exposiciones de arte islámico.
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Charbonnier, Jean-Michel. Le Caire, cité fatimide. “Beaux Arts”, 169 (VI-1998) 64-69.
Crespo, Irene. Arte para unir Oriente y Occidente. “El País” (25-IX-2014) 44. El Se abre el Aga Khan Museum en Toronto, con su colección privada de arte islámico, destacando las miniaturas y cerámicas. Es el primer museo dedicado a la cultura islámica en Norteamérica.

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