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sábado, 13 de diciembre de 2014

HA 5 UD 3. La arquitectura del Renacimiento italiano.

HA 5 UD 03. LA ARQUITECTURA DEL RENACIMIENTO ITALIANO.

LA ARQUITECTURA DEL RENACIMIENTO.
EL QUATTROCENTO.
Brunelleschi.
Alberti.
Michelozzo.
Giuliano de Sangallo.
Rossellino.
EL CINQUECENTO.
San Pedro del Vaticano: Bramante, Rafael, Miguel Ángel.
Antonio da Sangallo.
LOS TRATADISTAS MANIERISTAS DEL CLASICISMO.
Serlio.
Vignola.
Palladio.

ARQUITECTURA DEL QUATTROCENTO.
La aportación experimental de Brunelleschi.
El formalismo de Michelozzo.
El historicismo clásico y la teoría científica de Alberti: fusión de teoría y práctica.
Simbología y tipología en la arquitectura religiosa.
El palacio y su redefinición: Giuliano da Sangallo.
Urbanismo y arquitectura: Mantua, Ferrara, Pienza.
La arquitectura en Lombardía: Filarete y Bramante.


ARQUITECTURA DEL CINQUECENTO.
La revisión clasicista en Roma: Bramante, Rafael y Antonio de Sangallo el Joven.
La obra de San Pedro del Vaticano.
Miguel Ángel y la experimentación.
La aportación véneta: Sansovino y Palladio.
La crisis de la sociedad veneciana y su efecto en su arquitectura.


EL URBANISMO.
CARACTERÍSTICAS.
ESCUELAS.
La utopía urbanística.
La práctica y sus resultados: Pienza, Ferrara, Mantua.
ROMA: LAS GRANDES TRANSFORMACIONES URBANÍSTICAS.
EL URBANISMO DE VENECIA.
Las casas de pisos venecianas.
Las villas paladianas.

LA ARQUITECTURA CLASICISTA.


LA ARQUITECTURA DEL RENACIMIENTO.
Características.
En arquitectura hay una triple tipología: iglesia, palacio y villa.
En la religiosa el modelo es la basílica cristiana. Se crea un espacio interior y un volumen exterior íntimamente unidos, siendo sus medidas proporcionales entre sí a base de módulos. La fachada refleja la estructura de la obra religiosa, que se orienta horizontalmente. La planta presenta dos soluciones: planta basilical con tres naves, en forma de cruz latina, o planta central de cruz griega, a menudo ligeramente alargada.
Se potencia al máximo el palacio, una masa cúbica con ordenación rítmica y aislada de otros edificios. La fachada, horizontal, y el patio interior con galerías denotan la riqueza y el poder del propietario. En Venecia los palacios se abren al exterior con grandes ventanales, al contrario de Florencia, que recubre sus muros con gruesos almohadillados, como una reminiscencia de la concepción defensiva medieval. En España se valora la portada principal, desde el punto de vista estético y distribuidor. Las formas defensivas darán paso a otras más abiertas, en las villas campestres italianas y de las islas mediterráneas (en especial Mallorca).
En el campo proliferan las villas, que siguen una estructura mucho más abierta a la naturaleza, con grandes jardines, volúmenes cúbicos, elementos clásicos...
La arquitectura se liga a un urbanismo escenográfico, con Brunelleschi y Alberti en el Quattrocento y Brabante, Palladio y Vignola en el Cinquecento, con formas manieristas, que tienen su máximo representante en Miguel Ángel. En España hay dos estilos propios, el plateresco, por su labor de adornos inspirados en la platería y el herreriano, iniciado por el arquitecto Juan de Herrera. En América las formas renacentistas se juntan con las autóctonas y forman un arte mixto de gran atractivo.
La arquitectura se monumentaliza en la cúpula de la catedral. Brunelleschi levantó la del Duomo de Florencia sin soportes temporales (cimbras), con altura y dimensión máximas para la época. Fue el símbolo del Primer Renacimiento.

EL QUATTROCENTO.
Brunelleschi, Alberti, Michelozzo, Giuliano de Sangallo, Rossellino.
La Florencia del 1400 vive un auge constructivo, con el mecenazgo de los gremios de mercaderes e industriales, y los banqueros (Médicis, Riccardi, Pazzi). Los grandes arquitectos del Quattrocento (siglo XV) en Toscana son Brunelleschi, Alberti, Michelozzo, Giuliano de Sangallo y Rossellino.
Brunelleschi había estudiado en Roma los monumentos antiguos, examinando sus medidas, sus técnicas de construcción, su espíritu clásico... Recibe el encargo de terminar la catedral de Santa Maria dei Fiori (levantada en el siglo XIII por Arnolfo di Cambio en estilo gótico, amplia y luminosa), levantando la cúpula de 42 m de altura, ejecutada en 1421-1446 según los modelos del Panteón romano y de las cúpulas bizantinas, pero sin los gruesos muros de soporte necesarios en la tradición romana y bizantina. La cúpula se levanta grácil sobre un tambor octogonal (y este sobre medias cúpulas y cuartos de cúpula). Gracias a su éxito será el modelo de la cúpula de San Pedro del Vaticano (y esta, a su vez, de las futuras cúpulas europeas).
En las iglesias de San Lorenzo y Santo Espíritu adopta los elementos arquitectónicos clásicos, inspirándose especialmente en las basílicas romanas.
En la Capilla Pazzi presenta el esquema de lo que será la auténtica arquitectura renacentista: sobre planta cuadrada asienta una cúpula sobre pechinas y antepone un pórtico adintelado en el que un arco central rompe el dintel. Los ritmos espaciales creados en este conjunto vaticinan el futuro de las grandes construcciones renacentistas.
El Hospital de los Inocentes (d. 1419) tiene un bellísimo pórtico columnado, una loggia perfecta en su clasicismo, con medallones de Della Robbia en los tímpanos.
Brunelleschi también desarrolla el modelo de palacio típicamente renacentista en el palacio Pitti, cuya carencia de torre defensiva le hace integrarse en la arquitectura urbana y el tratamiento de los paramentos mediante sillares almohadillados le comunica un aspecto inconfundible de solidez.
En los palacios florentinos que siguen este modelo el predominio de la línea horizontal será absoluto.
Alberti es el teorizador de la nueva arquitectura, con De re aedificatoria; sólo una generación después de Brunelleschi se puede proceder ya a un asentamiento racional del estilo. En sus obras usa los elementos clásicos. Los templos Malatestiano en Rímini y de San Andrés en Mantua, con las fachadas principales con gran arco triunfal. En Florencia edifica el palacio Rucellai, con fachada de tres pisos adornada con pilastras (de órdenes superpuestos dórico, jónico, corintio), con monumentalidad clásica, y la bella fachada de mármoles policromos y formas geométricas de la iglesia de Santa María Novella.
Michelozzo edifica el palacio Médici-Ricardi, con el robusto almohadillado del zócalo y el muro liso superior.
Giuliano de Sangallo realiza la sacristía de la iglesia del Santo Espíritu en Florencia y la iglesia de Santa María delle Carceri en la vecina ciudad de Prato, ambas con simetría central en su planta de cruz griega, así como la Villa Medicea en Poggio in Caiano, un modelo de villa renacentista.
Bernardo Rossellino es un gran arquitecto y urbanista, que realiza la ordenación clásica de la plaza de Pienza (regular, en forma de rectángulo), para el papa Pío II, en un antecedente de la del Capitolio de Roma (de Miguel Ángel). Es un proyecto urbanístico renacentista, en el que las nuevas ideas se plasman aquí en toda su variedad. Catedral y palacios rodean la plaza, con una unidad conceptual, pues los edificios son proporcionales y están alienados entre sí.
El urbanismo y la arquitectura se funden en los planes urbanísticos renacentistas de Mantua, Ferrara y Pienza.
Debe destacarse otro centro de arquitectura ajeno a Florencia, en el Milán de los Visconti, con los maestros Filarete y Bramante.

EL CINQUECENTO.
San Pedro del Vaticano: Bramante, Rafael, Miguel Ángel.
Si el siglo XV es florentino, en cambio el siglo XVI es romano, gracias al mecenazgo de los papas, sobre todo en la gran obra del siglo, el templo de San Pedro del Vaticano, en la que trabajan los mejores arquitectos.
El primero es Donato Bramante (1444-1514), educado en Urbino y que había trabajado en Milán. Fue llamado por el papa Julio II. En Roma evoluciona a un estilo austero, concentrado en la estructura, reduciendo la decoración. El templete circular de San Pietro in Montorio (1502-1510), encargado por los Reyes Católicos de España (en la futura Academia Española) es un ejemplo de unidad, clasicismo, proporción, orden, sencillez, armonía, sobriedad, robustez y elegancia (características del Cinquecento romano). Es un cilindro de planta central, de tamaño modesto y volumen compacto, levantado sobre un podio.
Bramante, en el siguiente proyecto (1506) para la basílica de San Pedro, diseña dos naves perpendiculares, con cuatro brazos iguales y cuatro entradas, y una gran cúpula en el centro de la cruz (inspirada en el templete anterior). Pero su proyecto de cúpula era todavía un compromiso entre el Gótico (con sus torres y torrecillas) y el Renacimiento (con su tambor de columnas rodeando y medio tapando la cúpula).
Rafael (sobrino de Bramante) le sucede en las obras, pero no tiene tiempo para realizar su nuevo proyecto. Le sucede Peruzzi, que prosigue las obras con algunas modificaciones.
Miguel Ángel llega a la dirección de las obras en 1546, a los 70 años, con la fama de ser el gran genio de Occidente. Su obra arquitectónica demuestra su dominio de los volúmenes exteriores más que de los espacios interiores. Exige la desaparición de las torres y torrecillas, y potencia la cúpula sobre un tambor, configurando el futuro modelo occidental de cúpula. Sólo habrá una monumental entrada, con un pórtico adintelado (las alas son una reforma de Bernini en el Barroco).
Como urbanista, Miguel Ángel proyecta la plaza del Capitolio en Roma (con el ejemplo anterior de Pienza).
Como diseñador de interiores, destaca su escalera de la Biblioteca Laurenciana, con su fusión de líneas dinámicas curvas y estáticas rectas, con lo que un pequeño espacio cobra majestad.

Antonio de Sangallo.
Antonio de Sangallo el Joven (1484-1546) crea el modelo del palacio romano del Cinquecento, sobrio y austero, con el Palacio Farnesio. Abandona el almohadillado florentino, las ventanas adinteladas carecen de parteluz y dispone frontones curvos y rectilíneos que incrementan el movimiento. Con el modelo del antiguo teatro Marcelo de Roma, superpone los tres órdenes básicos: toscano, jónico y corintio, de abajo arriba, de lo recio a lo grácil. Miguel Ángel colabora en partes del proyecto (la cornisa y elementos decorativos del patio).

LOS TRATADISTAS DEL CLASICISMO.
Serlio, Vignola, Palladio.
La codificación escrita del lenguaje artístico renacentista coincide con su decadencia. A mediados del siglo XVI se ha alcanzado la cumbre del lenguaje renacentista. Y en este punto de madurez se teme un declive. Por eso el empeño de codificar el lenguaje aprendido.
Sin embargo, nada nuevo ofrecen desde el punto de vista conceptual ni estructural los arquitectos de esta segunda mitad del siglo XVI, si acaso una mayor profusión de elementos arquitectónicos, puros, pero empleados, ahora, con sentido decorativo.
Uno de los tratadistas más relevantes es Sebastiano Serlio (1475-1554), que escribe el tratado Architettura, el libro técnico más editado y leído de su tiempo. Hará algunas obras menores en Italia y Francia, ya pertenecientes al Manierismo.
Jacopo Vignola (1507-1573) escribe el tratado Degli ordini, en el que desarrolla los cinco órdenes romanos más muchas composiciones clásicas. Su mejor obra es la modélica iglesia del Gesú en Roma, para los jesuitas, con un contraste de luces y penumbras, en claroscuro, en el interior; la fachada es de Giacomo della Porta. El Gesú será el modelo de iglesia de la Contrarreforma y de muchas iglesias barrocas.

Andrea Palladio (1508-1580) estudia en Roma. Como teórico destaca su tratado Los cuatro libros de Arquitectura. Trabaja en Venecia, donde realiza la iglesia de San Jorge, y sobre todo en Vicenza, en la que destacan el Palacio Chiericati, la Basílica (con dos escalas para las columnas, una en «orden gigante») y el Teatro Olímpico (un teatro romano dentro del edificio). Sus mejores obras son las villas rústicas para la nobleza mercantil veneciana que se vuelve hacia la Terra Ferma cuando llega la decadencia comercial, como la Villa Rotonda en Vicenza, proyectadas como templos en los que integra arquitectura y paisaje, un cubo central con cuatro vestíbulos abiertos con pórticos. Este modelo influyó poderosamente en el siglo XVIII en Inglaterra y EE UU.

ARQUITECTURA DEL QUATTROCENTO.
Hay dos características básicas:
La concepción antropomórfica del espacio, con el cuidado por la proporción y los órdenes arquitectónicos.
La renovación tipológica: iglesia, palacio y villa, hospital.
A principios del siglo XV, Brunelleschi desarrolla una arquitectura eminentemente práctica, de equilibrio, sin tradición teórica, defendiendo la profesión del arquitecto como liberal, no como el maestro de obras medieval que era artesanal. Siempre había estado latente la recuperación de la arquitectura clásica y la influencia de las teorías de Vitruvio, pero no surge con fuerza hasta 1415, con el hallazgo del texto Los diez libros de la arquitectura por Poggio Brazzolino en la biblioteca del monasterio de St. Gall.
Alberti, entre 1443 y 1453 escribe su libro, bajo la influencia del texto vitruviano, al que moderniza, ya que mientras Vitruvio escribía sobre ideas generales sin darles importancia, Alberti expone estas ideas y les da relevancia teórica, en una verdadera jerarquía conceptual, un código estético.
En suma, en el Renacimiento hay una tensión entre tres posiciones: 1) Una arquitectura práctica (Brunelleschi), 2) La influencia teórica de Vitruvio, 3) La teoría de Alberti.
La concepción antropomórfica del espacio, con el cuidado por la proporción y los órdenes arquitectónicos.
El espacio arquitectónico tiene una función: la de acoger al hombre, siendo éste la medida y proporción ideal del espacio (una verdadera concepción clasicista). Si leemos las fuentes clásicas, vemos como Vitruvio (I, 2) considera que el orden, la simetría, el decoro, la distribución, son los elementos esenciales de la arquitectura y que la aportación de Alberti es sólo la de dar a este concepto del armonía entre las partes un mayor valor teórico. Simetría o proporción: concordancia uniforme entre la obra entera y sus miembros. Decoro: adecuación de la obra a su función.
El orden arquitectónico [Forsmann] es la expresión más completa de la organización arquitectónica, de la definición antropomórfica del espacio, de la belleza y de la proporción en la arquitectura. El orden arquitectónico, como símbolo, es el resultado de un concepto y representa un modo.
Vitruvio opina sobre el orden y distingue: Modo, Género, Decoro y Orden.
Modo: alegoría simbólica de un orden arquitectónica (los distintos órdenes responden a dioses distintos).
Género: caracterización simbólica de acuerdo a la distinción de los dioses masculinos (dórico), femeninos (corintio) y lo neutro (jónico).
Decoro: adecuación de forma y función del orden arquitectónico, en el que no hay nada que no esté fundado en una razón.
Orden: ordenación proporcional del edificio y de sus partes a partir de un módulo unitario para lograr la armonía, siendo el orden un concepto integrador.
Estos conceptos pasan a la reflexión teórica del Renacimiento, con Alberti y Serlio.
La alegoría del modo puede ser profana o cristiana, religiosa o civil, individual o colectiva (una ciudad). El modo evoluciona a lo largo de la Historia, así el orden dórico representa en el siglo V aC una divinidad masculina (Zeus), en el siglo XVI a Cristo o un santo, en el siglo XVII a un intelectual, en el siglo XVIII un noble o un burgués. La importancia de esta simbología predomina sobre los problemas constructivos.
En el género, Serlio traspone la división de divinidades masculinas y femeninas a la religión cristiana.
El decoro impone el empleo riguroso del los órdenes para las distintas funciones de los edificios. Así una prisión o la puerta de una ciudad o castillo puede usar el orden dórico (símbolo de fuerza), generalmente con su derivación de orden rústico. El orden corintio en el Barroco será un orden de ostentación. Cuando no hay decoro hay anticlasicismo. En la pintura Da Vinci usa el término de decoro para la adecuación de una forma compositiva en relación con un tema. Así, en el Quattrocento no había decoro porque el problema esencial era la representación perspectiva.
El orden es el sistema de relaciones proporcionales entre los elementos del edificio (lugar, columna...).
Los módulos o cánones de las columnas (relación de anchura de la base con la altura de la columna) son de 7 la dórica, 8 la jónica y 9 la corintia.
Alberti recupera de Vitruvio el tema de los órdenes arquitectónicos, con los conceptos de modo, género, decoro y ordenación. El orden arquitectónico presenta una analogía con el cuerpo humano, de modo que las proporciones humanas definen los cánones de los distintos órdenes clásicos. Alberti reduce los órdenes vitruvianos a una simple tipología de la columna [Forsmann: 58]. Para Alberti lo esencial es el problema constructivo y a ello subordina la alegoría del género, por lo que no mantiene la tradición alegórica pagana de los órdenes. Él diferencia entre belleza y ornamentación (añadido a la belleza), siendo el orden arquitectónico (la columna) un ornamento.
Los subgéneros (rústico, toscano, salomónico) de las columnas surgen el Renacimiento, definiendo los órdenes rústico, toscano y salomónico.
Con Serlio y Palladio se recupera la alegoría de los órdenes arquitectónicos, incorporando el repertorio iconográfico del mundo antiguo al mundo cristiano.
La codificación toscana de los órdenes arquitectónicos será el paradigma del clasicismo ortodoxo.
Hay una renovación de la tipología arquitectónica, con el templo, el palacio urbano y la villa rural.
El templo se desarrolla con Brunelleschi, Alberti y otros, con una adecuación entre la función cristiana y la estética clásica. Alberti, en San Francesco de Rimini y en San Andrea de Mantua, usa en el exterior formas profanas antiguas, clasicistas (con un orden arquitectónico adaptado al templo), como el frontispicio. El concepto de espacio interior en la planta centralizada se relaciona con: 1) la recuperación del modelo del templo antiguo, 2) la concepción de Dios mediante el símbolo divino del círculo y 3) la correspondencia del macrocosmos y del microcosmos en la estructura armónica del Universo, en el Timeo de Platón.
El palacio urbano renacentista se distingue del medieval gótico  por ser la expresión del poder de los señores de la ciudad y no de la ciudad misma. La planta es centralizada con patio columnado, con formas clásicas en la fachada: palacios Rucellai, Strozzi, Pitti, etc. Los órdenes arquitectónicos introducidos por Alberti no se difundirán hasta el siglo XVI (Serlio, Palladio).
La villa rural es un edificio nuevo, sin tradición medieval, una recuperación de la Antigüedad y una expresión humanista del ocio sacralizado (un espacio para la cultura y el retiro espiritual, con pequeñas dimensiones y pocas comodidades). Encontramos desde la aportación teórica de Alberti hasta la recuperación de los textos sobre villas de Vitruvio, Cicerón y Plinio, con la descripción de la villa rural por Bocaccio (Decamerón). La decoración emplea los temas profanos de la naturaleza. La villa será una solución del Cinquecento veneciano, con la nobleza que se vuelve hacia la Terra Ferma ante la crisis del comercio marítimo del que había vivido. Ejemplo de la Rotonda de Palladio.
La aportación experimental de Brunelleschi.
La Florencia del 1400 vive un auge constructivo, con el mecenazgo de los gremios de mercaderes e industriales, y los banqueros (Médicis, Riccardi, Pazzi).
Se termina la catedral de Santa María dei Fiori (gótica, amplia y luminosa), con la cúpula de 42 metros de altura, encargada a Brunelleschi (ejecutada en 1421-1446), según el modelo romano del Panteón y el de las cúpulas bizantinas. La cúpula se levanta grácil sobre un tambor octogonal, sin los gruesos muros de soporte necesarios en la tradición romana y bizantina. Será el modelo de las futuras cúpulas europeas.
En las iglesias de San Lorenzo y Santo Espíritu adopta los elementos arquitectónicos clásicos.
En la Capilla Pazzi realiza un modelo renacentista: planta cuadrada, cúpula sobre pechinas, pórtico adintelado con arco central rompiendo el ritmo.
Brunelleschi también desarrollo el modelo de palacio renacentista. El palacio Pitti, con líneas horizontales, con paramentos de sillares almohadillados, sin torres defensivas.
En el Hospital de los Inocentes desarrolla el tipo de hospital renacentista que se seguirá en Italia y España, con estructura geométrica, pórtico abierto a la plaza y formas clásicas.
El formalismo de Michelozzo.
Michelozzo es un arquitecto que destaca por su clasicismo. Edifica el palacio Médici-Ricardi, con su apertura a la plaza pública y el almohadillado del zócalo, y la biblioteca del convento de San Marcos, con su columnata de arcos de medio punto y entablamento.
El historicismo clásico y la teoría científica de Alberti: fusión de teoría y práctica.
Alberti es el teorizador de la nueva arquitectura, con De re aedificatoria. En sus obras usa los elementos clásicos: templos Malatestiano en Rímini y de San Andrés en Mantua, con las fachadas principales con gran arco triunfal. En Florencia edifica el palacio Rucellai, con fachada adornada con pilastras, y la bella fachada de Santa María Novella.
Leo Battista Alberti (Génova o Venecia, h. 1404-Roma, 1472) es un humanista y arquitecto italiano, hijo natural del banquero Lorenzo Alberti. Recibió educación humanista de G. Barzizza de Padua y estudió leyes en la Univ. de Bolonia. La extraordinaria variedad de sus preocupaciones intelectuales (matemáticas, filosofía, pedagogía, literatura, arquitectura y arte) perfila su figura renacentista. Al fallecer su padre (1421) se vio privado de recursos por haberse negado a intervenir en los negocios familiares.
En 1428 entró al servicio del cardenal Albergati, con quien viajó por Borgoña, Países Bajos y Alemania, y en 1431 fue nombrado secretario del canciller pontificio Biagio Molin. Vivió tres años en Roma, donde comenzó a interesarse seriamente por la arquitectura, partiendo de la contemplación de los grandes monumentos romanos, y compuso su Descriptio urbis Romae.
En 1434 pasó a Florencia, y fue acogido en los círculos literarios y artísticos de los Médicis. Escribió De Statua, trabó amistad con Donatello y Brunelleschi, al que dedicó su tratado De Pictura. Gracias a sus estudios científicos de la Antigüedad, captó la nueva cultura en una visión coherente.
Desempeñó algunas misiones diplomáticas y se instaló de nuevo en Roma. Bajo el pontificado de Nicolás V pudo desarrollar sus teorías arquitectónicas a partir de las de Vitruvio, y en 1450 terminaba su obra transcendental, en 10 volúmenes, De re aedificatoria, publicada en 1485, a la que siguió poco después el opúsculo I cinque ordini architettonici.
Alberti concibió al arquitecto como un creador de formas, al margen de la tradición, cuando era un mero constructor de obras. En sus diversos tratados expresó un nuevo ideal artístico que se difundió rápidamente por Italia y Europa. No resulta extraño que su obra fundamental, De re aedificatoria, trate de arquitectura, porque precisamente el humanismo consideraba a ésta un arte de la vida social y relacionaba sus problemas con posiciones filosóficas y políticas. En realidad, comenzó el primero de estos diez libros a los 40 años y los terminó con su muerte. Se propuso ser el Vitruvio de la nueva arquitectura y desarrolló dos ideas básicas vitruvianas:
La observación de las proporciones justas entre las partes y el todo.
La analogía entre el cuerpo humano y el edificio.
El primero de los diez libros trata del dibujo y de las relaciones entre matemáticas y arquitectura. El segundo se ocupa de la elección de los materiales, que ha de supeditarse siempre a la composición y a la proporción. El tercero analiza los principios de la estructura. Los restantes (4-10) se refieren a la influencia del clima, a los diversos tipos de edificios, a su decoración...
Sus nuevas concepciones cambiaron el curso de la arquitectura, por cuanto la integró en el urbanismo y dio siempre preferencia al estudio de la ciudad, expresión de una estructura política que se venía afirmando en Europa desde el siglo XIV. A ejemplo de Platón, concibe esta ciudad dividida en 12 partes, de planta concéntrica y con las calles circulares cru­zadas por los radios. El edificio es un organismo vivo cuya belleza consiste en la exacta adaptación a su función.
Gracias a un encargo de Sigismondo Pandolfo Malatesta, señor de Rímini, pudo llevar sus teorías a la práctica hacia 1450, pese a una evidente contradicción entre su posición de laico humanista y los encargos que recibió para trabajar en edificios religiosos. En Rímini renovó el exterior de la iglesia de San Francisco, transformado en Templo Malatestiano (cuyo interior fue destruido durante la II Guerra Mundial).
En 1459 entró en relación con Ludovico Gonzaga, para quien proyectó el templo de San Andrés de Mantua, inspirado en la grandeza romana, lo que contrastaba con la elegante inventiva florentina de Brunelleschi.
En Florencia nuevamente, para el banquero Giovanni Rucellai proyectó el palacio Rucellai (en el que abandonó las formas macizas de los palacios florentinos), la capilla del Santo Sepulcro y la terminación de la fachada de Santa Maria Novella, en la que supo conjugar una parte baja medieval (siglo XII) con la magnificencia de la parte superior, rematada en frontón y flanqueada por dos cuerpos sinuosos, y con incrustaciones de mármoles, verde y blanco; con ésta inaugura un modelo de fachada muy original, dividida en dos cuerpos de tamaño distinto, pero relacionados con proporciones numéricas.
Se le han atribuido muchas otras obras, como en Ferrara el Arco del Caballo y la torre campanario de la catedral, y en Roma el Palacio Venecia, quizá obra de discípulos suyos, entre los que se contaron Matteo de Pasti, Lucca Fancelli y Bernardo Rossellino. Creó prototipos arquitectónicos que han sido imitados sin cesar:
-Planta de nave única, con contrafuertes entre los que se disponen capillas (inspirándose para ello en las iglesias góticas catalanas), las cuales deja abiertas o cerradas de modo que parecen gigantescos pilares.
-Un tipo de fachada de módulos extraídos de la arquitectura clásica (el Arco de Trajano en Ancona), que a partir de Alberti se incorporará a la fachada de los templos cristianos y que responde, en realidad, al sistema de arcos empleado en el interior, llamado tramo rítmico de Alberti.
La novedad e independencia de las ideas de Alberti aparecen también en su actitud como literato en favor del empleo de la lengua vulgar frente al latín, no sólo en obras de creación literaria, sino también en las de carácter doctrinal o teórico. En Florencia organizó un certamen, con asistencia de los más notables intelectuales de la ciudad, para premiar una poesía sobre la amistad escrita en italiano. El mismo, desde joven, se valió del italiano en poesías y diálogos, lo que no le impidió ser un gran escritor en lengua latina.
En latín compuso la comedia humanista Philodoxeos (El amante de la gloria), h. 1426, el relato autobiográfico Pupillus (El pupilo), incluido en los Intercoenalium libri decem (Los diez libros de los intermedios), h. 1443, y los tratados sobre arte antes citados. De su obra en lengua vulgar cabe citar los diálogos Teogenio, h. 1434, Della famiglia (1437-38) y De iciarchia (1470).

Simbología y tipología en la arquitectura religiosa.
Es bien conocida la simbología religiosa de los templos: la basílica con transepto como evocación del cuerpo de Cristo crucificado, la planta centralizada como trasunto de la plenitud divina… Y los edificios civiles no les van a la zaga: por ejemplo, la biblioteca octogonal como símbolo del saber fecundo.

El palacio y su redefinición: Giuliano da Sangallo.
Giuliano de Sangallo construye dos iglesias: la Sacristía del Santo Espíritu en Florencia y la iglesia de Santa María delle Carceri en la vecina ciudad de Prato (con simetría central en su planta de cruz griega), así como la Villa Medicea de Poggio in Caiano.

Urbanismo y arquitectura: Mantua, Ferrara, Pienza.
Mantua.
La ciudad desarrolló un importante programa constructivo, centrado en sus murallas, probablemente las más poderosas de la Italia de su tiempo.
Ferrara.
El centro artístico de esta ciudad es un ejemplo del triunfo del Renacimiento como resultado de la unión de las tradiciones locales medievales, de la cultura humanista (la utopía urbana renacentista) y de la influencia personal de un mecenas, Hércules de Este (y la familia Este) y de un arquitecto, Biagio Rossetti (c. 1447-1516).
Ferrara fue dominio de los Este desde 1208 hasta 1597, pasando luego a los Estados Pontificios. El apogeo de la ciudad es el periodo 1441-1505, con los duques Lionello (1441-1450), Borso (1450-1471) y Hércules (1471-1505). El desarrollo económico (comercio fluvial) y cultural de la ciudad, propició la llegada de artistas como Pisanello (venido de la amiga Florencia), Mantegna, Alberti (el campanario de la catedral, c. 1440), Della Francesca (una breve pero importante estancia en 1449) y luego el veneciano Jacopo Bellini. En pintura se sigue la tradición local, con expresividad en el color y movimiento, con influencia flamenca (Rogier van der Weyden trabajó posiblemente en Ferrara) y medieval (Tura, Roberti).
El primer proyecto renacentista de ampliación de la ciudad es el de la “Adizione Borso” de 1451, durante la que se hizo el palacio Schifanoia (decorado con frescos de Cossa), y le siguió el proyecto de Rossetti de la “Adizione Ercole”, realizado desde 1492, bajo su dirección. Rossetti era arquitecto oficial desde 1483 e introdujo el estilo florentino, fundiendo las tradiciones de Toscana, Bolonia, Padua y Venecia. Rossetti diseñó no sólo las calles y plazas, sino también ocho palacios, cuatro templos y otros edificios. Destacan la Loggia dei Orangi, la Piazza Ercolana y la Cartuja (1490).
Sus templos, San Francesco, Santa Maria in Vado, San Benedetto y San Cristoforo, recuperan el clasicismo antiguo, con una experimentación que plantea interiores de basílica de tipo toscano con arquerías de columnas y mucha luz; capillas exteriores semicirculares; bóvedas de cúpulas planas de tipo veneciano (en San Francesco); exteriores con pilastras y ornamentación de ladrillo. En San Benedetto es evidente la influencia de la iglesia del Santo Spirito, de Brunelleschi, y en San Cristoforo se observa la influencia de Bramante.
Los palacios de Rosetti, como el Bevilacqua, el Giulio d'Este y sobre todo el Palazzo dei Diamanti (1493). Este se caracterizan por los sillares labrados en punta de diamante, la austeridad, los jardines interiores, los chaflanes exteriores, la decoración exterior con motivos de candelieri lombardos, las arcadas de los pórticos exteriores, uniendo grandiosidad y coherencia, proporción y amplitud.
Pienza.
Bernardo Rossellino es un gran arquitecto y urbanista, con la plaza de Pienza, antecedente de la del Capitolio de Roma (de Miguel Ángel). El encargo del papa le permitió desarrollar una obra genial para su tiempo, armonizando varios edificios en un conjunto monumental que simboliza el poder renovado del papado.

La arquitectura en Lombardía: Filarete y Bramante.
La región de Lombardía está situada en el Norte de Italia, con una confluencia de intercambios comerciales y culturales que ha permitido históricamente una amalgama de variados elementos. En sus numerosas, ricas y pobladas ciudades (Milán, Pavía, Brescia, Bérgamo, Cremona, Mantua...) el arte fue entendido tempranamente como instrumento político al servicio de los gobernantes. Hay una gran tradición arquitectónica: paleocristiana, románica, gótica. El Gótico (en su vertiente románica) fue un “estilo oficial” para los duques Visconti.
Esto lo vemos en la fábrica de la catedral de Milán, que se comenzó muy tarde (1386) y cuya construcción se demoró durante siglos (una parte se postergó hasta el XX), por lo que pudieron participar Leonardo y Bramante, c. 1481 dentro de un fenómeno de atracción de eminentes arquitectos y escultores de Italia y Francia, por lo que el estilo gótico se mantuvo vivo en esta región a lo largo de todo el siglo XV.
También observamos la pervivencia del estilo tardogótico en la prolongada y gran obra de la Cartuja de Pavía, con su iglesia y el gran claustro, obra de Giovanni Solari y su hijo Guiniforte, en 1396-1473. La iglesia es d. 1450. Es de un estilo románico-lombardo más horizontal que la vertical catedral de Milán. La Cartuja es un edificio de planta cuadrada, geométrica, de espíritu renacentista, pero su fachada de mármol es propiamente románica aunque con ornamentos renacentistas [Heydenreich y Lotz: 161]. En la fachada está la tradición lombarda, con hiperdecoración, agrupación de espacios, horizontalidad, ladrillo, la tradición románica, con juego de arcos ciegos, ventanas coronelas (dos arcos), arquillo entre pisos, la influencia clasicista renacentista, con simetría, torres, frontispicios...
El estilo gótico oficial se mantuvo por ello con los Sforza, aunque estos introducirán el Renacimiento toscano atrayendo a numerosos artistas florentinos (como el mismo Filarete), de modo que la pintura y la escultura milanesas de la época serán una importación toscana, porque los Mantegna y Leonardo no crearon una escuela local.
Lombardía sí será empero una región innovadora en la arquitectura y en decoración cerámica, campos en los que incluso rivalizó con Florencia en influencia sobre otros centros italianos (era ya una antigua tradición lombarda la de la emigración de canteros y albañiles). La arquitectura lombarda anterior a 1450 se caracterizaba por:
La preferencia por las plantas complejas.
La tendencia a espacios anchos, de volumen horizontal.
El uso del ladrillo para los paramentos.
La profusión decorativa.
Había una tradición constructiva muy rica, con los ejemplos de la arquitectura paleocristiana en Milán (San Lorenzo), del Románico lombardo, de un Gótico muy influido por Francia. La decoración exterior era muy rica (campanarios, torrecillas, edículos), con ornamentos exuberantes en cerámica.
Filarete.
El florentino Antonio Averlino, llamado Filarete (c. 1400-c. 1469), fue contratado c. 1451 (junto a otro arquitecto, Benedetto Ferrini), por Francesco Sforza (1450-1466), un gobernante que fue un gran constructor y urbanizador, y en su larga estancia en Milán construyó varios edificios.
Además, pudo escribir su utópico Tratado de Arquitectura (1461-1464), para el  duque, pero lo dedicó, debido a su temprana muerte, a Pedro de Médicis. Trata de tres partes: de los edificios y medidas, de las ciudades y de las formas de los edificios. El libro lleva preciosos dibujos de sus grandes proyectos, desde los edificios hasta la ciudad ideal de Sforzinda. Quería hacer una obra unitaria, un conjunto arquitectónico que tuviera una función artística y social a la vez.
Cuando Filarete llega a Milán los maestros locales construyeron las torres circulares (1455-1457), en los ángulos del Castello de los Sforza en Milán, con barbacanas y almenas medievales, con los sillares labrados con puntas de diamante (¿supervivencia de un motivo medieval?). Parece que el detalle renacentista de las cúpulas sobre las torres fue introducido por Filarete.
En el Hospedale Maggiore (c. 1460-1465) de Milán usa la planta centralizada, como en la capilla Sforza. Filarete fue enviado a Florencia para estudiar el hospital de Santa Maria Nuova (con sus salas para enfermos dispuestas en cruz por primera vez) e hizo un proyecto que aunaba la mejor funcionalidad con la estética, fusionando las tradiciones lombarda y toscana. Comenzado en 1456 (trabajó en él hasta 1464, con la colaboración del lombardo Guiniforte Solari), se convirtió en arquetipo de los hospitales renacentistas y barrocos.
La planta tiene cuatro patios cuadrados con las alas de los enfermos dispuestas en cruz, con un espacio rectangular que separa los dos lados, con una iglesia en el centro. Es un plan exacto y minucioso. Es un antecedente de las plantas de los hospitales españoles y de la misma planta de El Escorial.
La fachada exterior presenta tres pisos, el primero con un zócalo, dividido por pilastras y con unas ventanucas funcionales, el segundo con una arquería ciega, con una imposta superior decorada con motivos lombardos y medallones con esculturas sobre las columnas de los arcos. El piso superior, también de ladrillo, presenta una arquería de ventanas ogivales geminadas con tracería, típicamente góticas. Es evidente, pues, en este edificio, la idea del Tratado de Filarete de una fusión de la concepción espacial toscana con la decoración lombarda gótica. Una estructura cúbica articulada en líneas horizontales como soporte de un sistema decorativo ecléctico (pero sobre todo lombardo). Lo mismo se observa en su proyecto de fachada de la catedral de Bérgamo.
Proyecta asimismo, dentro de sus ideas de un urbanismo social, la ciudad ideal de Sforzinda, con una planta central en estrella de ocho puntas (conseguido por la intersección de dos cuadrados que giran 45 grados) inscrita en un círculo exterior. Es como un organismo global, con comunicaciones radiales, donde todos los edificios se planifican e interrelacionan armónicamente, desde el mercado hasta el prostíbulo. Pero la muerte de Francesco Sforza frustró esta humanista ciudad ideal.
Bramante.
Bramante interviene en la ampliación de la iglesia oratorio de Santa Maria presso San Satiro [Heydenreich: 14], que está junto a la pequeña capilla carolingia circular de San Satiro. Fue encargado de los trabajos en 1479 por Ludovico Sforza y trabajó hasta 1493 en Lombardía. Bramante es de una tradición provinciana, no ortodoxa toscana, de fusión de lenguajes. Bramante asume los planteamiento lombardos, y las interpreta a través del lenguaje renacentista, clasicista, como vemos en San Pietro in Montorio.
Santa Maria presso San Satiro había tomado antes de Bramante una forma alargada y Bramante la transforma en una iglesia bastante amplia, asignando a la parte ya edificada la función de transepto de un templo basilical que no se construyó hasta después de 1482: es una iglesia de planta en cruz latina, cuyo brazo menor (el que debía abarcar el coro y el ábside) no podía construirse por falta material de espacio. A causa de ello acudió al subterfugio de simular aquella parte terminal del templo mediante una pintura al trompe-l'oeil pintada sobre una superficie de estuco. Así el oratorio ofrece la fingida apariencia de una iglesia espaciosa, a cuya parte derecha Bramante añadió un bello baptisterio (fue realizado por Fondutti según planos de Bramante) octogonal, con cuatro nichos en su frente bajo y galería superior con friso adornado.
La apariencia de la cabecera es así circular, en cruz griega. El exterior tiene un peculiar cubierta a doble vertiente y con una cúpula no exteriorizada (con la misma cubierta a doble vertiente) sobre la cabecera.
Bramante interviene más innovadoramente en la capilla de Santa Maria delle Grazie en 1492-1493 (Milán), para construir el coro en la cabecera. La iglesia es de planta basilical y el crucero tiene planta de cruz griega. La cabecera se prolonga con un coro, definido como una capilla renacentista, con un alto cubo en su espacio central, coronado por una cúpula sobre un elevado tambor, con unas galerías de grandes ventanas en arcos geminados entre pilastras y los tres elevados ábsides radiantes, semicilíndricos. Las ventanas de la parte inferior se tapiaron después y sólo quedan abiertas las superiores.
El exterior, de ladrillo, tiene un podio con medallones de efigies clasicistas, pilastras, reminiscencias de bandas lombardas, óculos que iluminan y decoran, frisos y cornisas, hasta la cúpula sobre el tambor abierto en una arquería en el piso superior. Hay una autonomía de los diferentes registros pero articulados con una axialidad, unificando las masas de lo pequeño a lo grande como un «organismo natural» [Vasari].

La arquitectura del Quattrocento en Venecia.
Venecia destaca por su singularidad física (una ciudad lagunar) y su marcada cultura propia, con una síntesis gótico-bizantina, en la cual el influjo bizantino a través del comercio oriental se equilibró en el siglo XV con el comercio occidental. Sus características propias serán:
Espacio centralizado.
Sentido decorativo de las fachadas, con policromía, combinación de arcadas y columnas, con creación de espacios ilusorios en las fachadas.
Compartimentación interior.
En las artes figurativas, la policromía y el uso de la perspectiva en la pintura.
En el arte, y en concreto la arquitectura, el clasicismo penetra a través de varias vías:
El influjo de artistas florentinos que llegan a la ciudad atraídos por los encargos de su rica aristocracia mercantil. Son los Ghiberti, Uccello, Michelozzo, Alberti, Castagno, Mantegna, Della Francesca... A partir de 1440 llegan artistas de otros lugares de Italia (Vivarini) y Europa (como Juan de Alemania).
La aportación de Lombardía, c. 1480, que inspira un intermedio medievalizante. Los arquitectos lombardos, con el gran Pietro Lombardo (ecléctico entre la lombarda y la veneciana), llegan atraídos por los grandes encargos de finales del siglo XV, antes de la cercana decadencia. Pero esta influencia lombarda ya estaba presente en las otras artes desde 1460 [Chastel, 1965: 115].
La difusión de tratados artísticos desde 1485 (con la impresión del tratado de Alberti). En 1469 Giovanni de Spira había iniciado la próspera industria editorial veneciana, que alcanzaría los 200 impresores c. 1500, hasta ser con mucho el mayor centro editor de Italia. En 1482 se publica la edición latina de Euclides. En 1484 el Platón, en latín. En 1485 el De re aedificatoria (póstumo) de Alberti. En 1486 la primera edición de Vitruvio por Sulpicio. En 1489 la obra de D. Spreti, De amplitudine devastatione et de instauratione urbis Ravennae. En 1492 la edición príncipe de Boecio, con su De musica. En 1499 se publicó en el taller de Aldo Manuzio el Sueño de Polifilo (Hypnerotomachia Poliphili) de Francesco Colonna, una extraordinaria y hermética novela alegórica pagana basada en las obras de Dante y Bocaccio (Amorose visione), con una sorprendente jerga greco-latina-italiana, con el tema del sueño de una búsqueda de la mujer amada, con precisas descripciones de ruinas de la Antigüedad basadas en las obras de Vitruvio y Alberti. El libro tiene una magistral serie de ilustraciones en xilografía.
El creciente coleccionismo. Los nobles venecianos fueron coleccionistas primerizos de las mejores obras artísticas, ya a mediados del siglo XV, en busca del prestigio social y cultural. El veneciano Marcantonio nos ofrecerá una inventario de colecciones en Venecia en su Noticia de obras de diseño (1521-1543).
El urbanismo veneciano se adapta a esta ciudad peculiar, de canales, dividida en 72 distritos definidos por un núcleo central, el «rio», con una red viaria de canales de agua y de calles estrechas con puentes. El núcleo de cada distrito tiene dos plazas: del campo (mercado) y del campiello (iglesia).
La técnica de construcción es homogénea en toda la ciudad, sobre pilones, incluso en los edificios principales, lo que marca su fachada como si fuera un cuadro. Los rasgos principales de esta arquitectura son:
La predilección por soportes en hileras, con pilares y columnas estructurados en arcadas góticas.
La distinción entre estructuras y elementos modificadores, con abundancia de vanos, aperturas para aligerar el peso: ventanas, balcones, óculos, rosetones... Para aligerar el peso de la estructura hay bóvedas de madera y vanos exteriores que no se traducen en el interior.
La ausencia de sótanos, sustituidos por el «cuerpo del agua», una cámara inferior que permite el libre paso del agua por debajo del edificio, creando un espacio para el aire que mantiene la humedad como en un microclima.
Los edificios tienen dos entradas, al canal la principal y a la calle la secundaria, excepto cuando da a la plaza.
La ausencia de vistas urbanas monumentales, salvo el Gran Canal (Ripa Grande), con los lugares y edificios más emblemáticos de la ciudad: la plaza de San Marcos, con el Palazzo del Dux, la Biblioteca y la catedral de San Marcos, y enfrente, la iglesia de San Giorgio in Isola, con su plazoleta en la entrada principal. En cambio, en el resto de la ciudad no hay grandes calles ni cruces importantes.
La predilección por el intimismo: son las famosas “vedutte veneziane”, con claroscuros, sorpresas visuales, contrastes entre lo abierto y lo cerrado.
En la Arquitectura el arte gótico-bizantino se enriquece durante la segunda mitad del siglo XV con paulatina incorporación de formas puntuales del Renacimiento.
Pietro Lombardo (c. 1435-1515), desde 1480, construye el Palazzo Dario y la iglesia de Santa Maria dei Miracoli, aunando la decoración lombarda y una estructura gótico-bizantina, dentro de la permanencia del gótico tardío hasta mucho más allá de mediados del siglo XV, un rasgo compartido de Venecia y Milán.
Las características de estos dos edificios son:
- La interrelación entre arquitectura y decoración, sin jerarquía de una sobre la otra.
- El predominio de formas decorativas lombardas en lo cromático, pictórico y teatral (mármoles polícromos, incrustaciones, lunetas, rosetones, fachadas concebidas como pantallas escénicas...).
- La composición basada en la simetría y proporción, anunciando postulados clasicistas.
Hay en esta época veneciana una tipología con tres grandes tipos de edificios: palacios, iglesias y “scuole”.
Los palacios, evolucionan desde el modelo gótico, que tenía atrio central (al modo romano), tres pisos (servicios, residencia y criados-almacén), fachada que no muestra la distribución interior, asimetría y desproporción, profusión decorativa, arquerías con hileras de soportes, y numerosas ventanas.
El mejor ejemplo de estos palacios góticos es el Palazzo Ca d'Oro. En los palacios Foscari (desde 1452) y Giutiniani observamos las típicas hileras o arcadas de columnatas coronadas de arcos apuntados.
En la fachada (1424-1457) de la Piazzetta del palacio de los Dux se sigue el mismo modelo de la anterior fachada gótica y en el mismo edificio tenemos el primer ejemplo de decoración toscana y lombarda es la Porta della Carta, construida por Giovanni Bon y su hijo Bartolomeo (1438-1442), con un arco de triunfo clásico pero rematado por un campanario gótico, con lo que la fachada tiene una disposición «escénica», tan frecuente en las fachadas venecianas. También el arco Foscari (1462-1471), en la entrada del patio interior, da al palacio un carácter gótico-renacentista monumental, con su arco de triunfo clásico pero coronado por elementos góticos. El estilo toscano deberá esperar realmente hasta c. 1475 para difundirse por la ciudad, conviviendo con el gusto bizantino-medieval por la policromía y la cúpula central.
El palacio Vendramin-Calergi (desde 1481), de Pietro Lombardo y su ayudante Mauro Codussi, terminado en 1509 por Tullio Lombardo es semejante al de Ca d'Oro, reúne la influencia del gótico-bizantino y del clasicismo, visible en la simetría y horizontalidad de la fachada (balaustrada y cornisa), en el uso de los tres órdenes clásicos superpuestos, con un doble arco en los ventanales, abundancia de óculos y lunetos.
Las iglesias nos dan ejemplos como Santa Maria dei Miracoli, Dei Mendicanti y San Michele d’Isola. Características comunes son: planta centralizada o basilical a veces, generalmente sin naves laterales, tramos cupulados en crucero y cabecera, bóveda de cañón, exterior de policromía con mármoles, arquerías y tradición decorativa bizantina.
El estudio del ejemplo de la iglesia de Santa Maria dei Miracoli, de Pietro Lombardo (que trabajó con sus hijos Antonio y Tullio), nos confirma esta pluralidad de influencias, de la tradición local gótico-bizantina (con la cúpula central bizantina que será el tema principal de la arquitectura religiosa veneciana del Renacimiento), de la Toscana renacentista, de la Lombardía y de la Antigüedad.
La iglesia se erigió para albergar la venerada imagen (desde 1480) de la Virgen de los Milagros, al cuidado de las monjas franciscanas de Santa Clara. En 1481 comenzaron las obras, financiadas con limosnas, y acabaron en 1489.
Es una planta basilical rectangular, sin naves laterales, con bóveda de cañón artesonada y cúpulas en tramos y crucero. Los materiales son de mármol polícromo y piedra picada. Se cuidó la simetría y proporción en la portada, con un tímpano semicircular superior. En las fachadas una puerta fragmentada, hay arcadas de 12 pilastras en dos niveles, con capiteles corintios en las columnas del piso inferior y ménsulas jónicas en el piso superior, bustos de profetas en los ángulos de los arcos, mármoles de colores en todo el paramento. El entablamento es de tipo clásico antiguo y lombardo. La fachada adolece de problemas de planeamiento pues era prioritario sostener la cúpula, en función de realzar con la máxima luz en el interior la imagen de la Virgen.
Hay un predominio de la luz sobre la simetría. La cubierta tiene una inmensa decoración en madera tallada para aligerar el peso. El interior está bellamente decorado con motivos clásicos y candeliere lombardos. El presbiterio está elevado. En las barandillas laterales hay estatuas de la Virgen, San Francisco y Santa Clara y decorado con motivos lombardos y animales.
La iglesia Dei Mendicanti (c. 1470), de Mauro Codussi (c. 1430-1504, iniciador de una larga dinastía de arquitectos locales), desarrolla un esquema escenográfico y sustituye los mármoles polícromos por vedutte pictóricas y destaca por la asimetría y los lunetos.
La iglesia de San Michele d'Isola (c. 1470) es otra obra de Codussi, con su plaza dando al mar, y representa un edificio humanista, con planta basilical, cubierta casetonada, fachada de armonía geométrica inspirada en Alberti.
Las scuole eran instituciones benéfico-sociales, costeadas por los Gremios desde el siglo XIII, como el de Mercaderes, que ejercieron un activo mecenazgo (San Marco, San Rocco, San Giovanni Evangelista). Son grandes construcciones funcionales, con ostentosa fachada, grandes salas y escaleras monumentales.
San Marco fue reconstruido después de un incendio en 1487 por Antonio Moura, Pietro Lombardo y en 1490-1495 por Mauro Codussi. Su eclecticismo fusiona tendencias distintas pero sobre todo locales: arquitectura ilusoria en los plafones inferiores (con curiosos y variados ángulos de perspectiva en cada uno) con decoración de diverso origen: bizantina, bóvedas, frontón circular clásico, remate de luneto (como en el tejado), paneles polícromos en la fachada, de clara asimetría entre los dos cuerpos (cada uno sí es simétrico).
San Rocco (1516), de Bartolomé Bon el Joven, cuenta con ventanas dobles, lunetos y óculos, asimetría dentro del eclecticismo tan veneciano (en este arte es sin duda su rasgo principal), con un tradicionalismo muy intenso.

ARQUITECTURA DEL CINQUECENTO.
La revisión clasicista en Roma: Bramante, Rafael y Antonio de Sangallo el Joven.
El primer arquitecto del periodo es Bramante, que fue llamado a Roma desde Lombardía (en cuyo apartado ya lo hemos estudiado) por el papa Julio II. En la capital papal evoluciona a un estilo austero, concentrado en la estructura, reduciendo la decoración.
El templo circular de San Pietro in Montorio, encargado por los Reyes Católicos de España (en la futura Academia Española) es un ejemplo de sobriedad, robustez y elegancia (características del Cinquecento romano). Su proyecto para San Pedro del Vaticano quedará inconcluso, aunque sus ideas de planta centralizada coronada por una cúpula serán retomadas por Miguel Ángel.
Antonio Sangallo el Joven crea el modelo del palacio del Cinquecento, sobrio y austero, con el palacio Farnesio. Abandona el almohadillado florentino; las ventanas adinteladas carecen de parteluz, con frontones curvos y rectilíneos que incrementan el movimiento. Superpone los tres órdenes básicos: toscano, jónico y corintio, de abajo arriba, de lo recio a lo grácil. Miguel Ángel colabora en partes del proyecto.
La obra de San Pedro del Vaticano.
Si el siglo XV es florentino el siglo XVI es romano, con el mecenazgo de los papas, sobre todo en la gran obra del siglo, el templo de San Pedro del Vaticano, en la que trabajan los mejores arquitectos.
Bramante diseña dos naves perpendiculares y de brazos iguales, con cuatro entradas, y una gran cúpula en el centro de la cruz. Su proyecto de cúpula era todavía un compromiso entre el Gótico (con sus torres y torrecillas) y el Renacimiento (con su tambor de columnas rodeando y medio tapando la cúpula).
Rafael le sucede en las obras, pero no tiene tiempo para realizar su propio proyecto. Le suceden Peruzzi, que prosigue las obras con algunas modificaciones, Giuliano de Sangallo y Antonio de Sangallo el Joven, que apenas ponen su impronta.
Miguel Ángel llega a la dirección de las obras en 1546, a los 70 años. Exige la desaparición de las torres y torrecillas, y potencia la cúpula sobre un tambor, configurando el futuro modelo occidental. Sólo habrá una entrada, con un pórtico adintelado y doble fila de columnas exentas.
Miguel Ángel y la experimentación.
El florentino tuvo pronto la fama de ser el mayor genio de Occidente y siempre se atrevió a experimentar los límites en la pintura, la escultura, la arquitectura o el urbanismo, faceta en la que proyecta la plaza del Capitolio en Roma (con el ejemplo de Pienza en mente), y como diseñador destaca la escalera de la Biblioteca Laurenciana, con su fusión de líneas curvas y rectas.
La aportación véneta: Sansovino y Palladio.
La crisis de la sociedad veneciana y su efecto en su arquitectura.



EL URBANISMO.
CARACTERÍSTICAS.
El Renacimiento criticó la ciudad medieval e introdujo la perspectiva para la organización de los encuadres viarios. La ciudad ideal de los tratadistas adopta la forma de estrella y es concebida como un cuerpo orgánico, un edificio.
En el Renacimiento vuelven al primer plano del urbanismo los métodos del racionalismo y de la planificación, en un movimiento intelectual humanista.
El Renacimiento no cambia la estructura urbana bajomedieval, sino que acomete progresivamente puntuales transformaciones del espacio impulsadas por el poder público, no sobre la estructura entera sino sobre ciertos lugares públicos como plazas y monumentos, por motivos no ideológicos sino puramente funcionales.
Las murallas de torres medievales son sustituidas por las modernas con bastiones de perfil inclinado (para resistir el impacto de los cañonazos) para permitir una defensa más agresiva con el cruce de las líneas de fuego de la artillería, con un camino sobre la muralla para el movimiento de tropas y el suministro de material. Ese nuevo método de fortificación nació en la Italia del siglo XV y lo perfeccionó el francés Vauban a finales del siglo XVII (el mejor ejemplo es Lille).
El crecimiento de la ciudad moderna se dirige hacia el interior y el exterior de las murallas, que no se amplían. Otro factor es el elevado costo de las fortificaciones que resistan la nueva artillería y que hace inviable su expansión. Por ejemplo, Estrasburgo multiplicó por cuatro su superficie entre 1200 y 1450, pero no lo hizo ni un ápice entre 1580 y 1870 pese a triplicar su población. Eso explica que la ciudad de la Edad Moderna deba crecer internamente hacia las alturas con el progresivo desarrollo de las casas de pisos. Al mismo tiempo se desarrollan barrios extramuros de viviendas pobres, pero con pocos edificios de valor porque en caso de guerra o revuelta no estarían protegidos. La presencia del glacis (zona libre de edificios en el exterior de la muralla para facilitar el tiro), permitirá cuando las murallas se derriben en el siglo XIX y XX que se creen vías de comunicación, como los bulevares de París, las rondas de Barcelona, las avenidas de Palma.

La utopía urbanística.
La utopía urbanística es uno de los temas favoritos de la época. En la Antigüedad, el romano Vitruvio había elaborado en De Architectura un proyecto de ciudad ideal, con planta octogonal rodeada de murallas, de acuerdo a los principios de firmitas, utilitas y venustas, atenta a la orografía y los vientos, el agua y otros factores.
Casi todos los tratadistas de la época, influidos por Vitruvio, imaginaron ciudades ideales, con plantas poligonales con interiores en cuadrícula (damero).
Alberti, en su De re aedicatoria, desarrolla las ideas de Vitruvio, en un sentido renacentista y humanista. Establece una jerarquía de las calles, las principales más rectas y anchas que las secundarias, con edificios de la misma altura.
Filarete proyecta, dentro de una idea de urbanismo social, la ciudad ideal de Sforzinda, con un plan similar al ortogonal de las ciudades regulares medievales pero inscribiendo el octógono en un círculo (tal vez por la simbología divina de este). La planta central en estrella de ocho puntas (conseguido por la intersección de dos cuadrados que giran 45 grados) está inscrita en un círculo exterior. Es como un organismo global, con comunicaciones radiales, donde todos los edificios se planifican e interrelacionan armónicamente, desde el mercado hasta el prostíbulo. Pero la muerte de Francesco Sforza frustró esta humanista ciudad ideal.
Francesco de Giorgio Martini (1439-1501), en su Tratado de Arquitectura desarrolla tres tipos de ciudad ideal: 1) en forma de estrella, con bastiones en cuña para la defensa activa 2) sobre una colina, 3) en forma de tablero de ajedrez. La plaza ideal debe dar al fondo a una puerta de la ciudad.
Sebastiano Serlio teoriza que delante de los grandes monumentos se sitúen grandes plazas cuadradas proporcionales a las fachadas del monumento.
Las tesis de estos autores influirán más tarde en las reformas de Sixto V en Roma (1585-1590).

La práctica y sus resultados: Pienza, Ferrara, Mantua.
Hay una brillante serie de ejempos en Italia, como la perfecta ciudad estelar de nueve lados de Palmanuova (1593) en la frontera oriental de Venecia, realizada por el tratadista Scamozzi. En Francia tenemos Philippeville y en España el Escorial, casos siempre adaptados a la realidad local, por lo que no coinciden con los planos ideales de los tratados.
Posteriores, de finales del siglo XVI y principios del s XVII, son las ampliaciones de los cascos antiguos, con un nuevo trazado regular, de Nancy y Charleville en Francia y de Livorno en Toscana, con poderosas fortificaciones.
En Italia algunas ciudades medievales se amplían en esta época, aplicando estos ideales, como Pienza, Ferrara, Mantua.
Pienza fue una ciudad promovida por el papa Pio II desde 1459, sobre su pequeño pueblo natal de Corsignaro. Alberti dio seguramente ideas para su planificación, que fue realizada por el arquitecto Bernardo Rossellino, con una remodelación excepcional de la plaza, con una iglesia, edificio comunal y un palacio, en una composición trapezoidal simétrica.
Ferrara vive el primer proyecto renacentista de ampliación de la ciudad con la Adizioni Borso de 1451 y le siguió el proyecto de Rossetti de la Adizioni Ercole, realizado desde 1492. Rossetti diseñó no sólo las anchas y rectas calles y las grandes plazas (Ariostea), sino también ocho palacios, cuatro templos y otros edificios. Pero estas ampliaciones no fueron llenadas de edificios, debido a la crisis económica del siglo XVI.
Mantua, una ciudad lagunar próxima a Venecia, regida por los Gonzaga, se embelleció con edificios de Alberti, en San Andrea y San Sebastiano, de Andrea Mantegna (su casa cúbica) y Giulio Romano, en la catedral, el palacio de Justicia y el Palazzo del Té. Los duques promovieron un gran complejo palacial durante tres siglos, una ciudad dentro de una ciudad.

ROMA: LAS GRANDES TRANSFORMACIONES URBANÍSTICAS.
Durante la Edad Moderna la ciudad de Roma será la única en que cambiará radicalmente su estructura. La morfología medieval era una agregación de polos: 1) La Roma altomedieval, junto al río, cerca del área del Vaticano, 2) La Roma Antigua, en la zona de los Foros, 3) Núcleos dispersos, alrededor de templos cristianos. En el siglo XV la zona de los Foros estaba abandonada en ruinas, mientras que la zona altomedieval, junto al Tíber, era minúscula, para una población que necesitaba el río para beber. La miseria a principios del siglo XV era absoluta, con menos de 20.000 habitantes.
Pero los papas y los artistas que vivieron y trabajaron en Roma tenían tres factores a su favor (Braunfels): 1) El omnímodo poder del papa. 2) Los inmensos recursos económicos del Papado, junto a los recursos provenientes de las órdenes religiosas y las peregrinaciones. 3) La mentalidad de que Roma era la capital espiritual del mundo, con una historia monumental en el pasado y en el futuro. Todos los papas y los artistas, italianos o europeos, se convirtieron en verdaderos romanos.
Se producirán cinco periodos de reformas, con el retorno de los papas a la ciudad, tras la época del exilio en Avignon:
1) El periodo del siglo XV, de 1439 hasta 1471.
2) El periodo del siglo XV, hasta c. 1470.
3) El periodo de c. 1470-1513.
4) El periodo de 1513-1580.
5) El periodo de 1580 al siglo XVIII.
Destacan las reformas de dos papas, Sixto V (1585-1590) y Alejandro VII (1655-1667). A lo largo de toda la Edad Moderna se continuarán las iniciativas de las etapas anteriores, con el adecentamiento de las calles y los solares, la reparación de los monumentos antiguos, la edificación de palacios, la construcción de calles rectas en el suelo urbano, con la novedad en cada etapa de añadir los nuevos conceptos, en particular las nuevas calles rectas en suelo urbanizable y la forma del tejido viario (en tridente y en triángulo).
Los cinco periodos se desarrollan así:
1) El periodo del siglo XV, de 1439 hasta 1471.
Son actuaciones puntuales, sobre las calles medievales, buscando el adecentamiento de estas (que eran curvas). El papa Nicolás V (1447-55) será el gran innovador, con la ayuda de Alberti, en el intento de hacer de Roma una capital universal. Se restauran edificios antiguos y se construyen palacios (Palazzo Venezia), al lado de la calle Corso. Se expropian casas y solares para realizar los proyectos, que quedarán paralizados al morir el papa. Pablo II (1464-1471) sistematizó el Corso, porque era axial a su Palazzo Venezia.
2) El periodo de 1471-1513.
Se proyectan y se realizan calles rectas en el tejido urbano existente. Se urbaniza Roma a partir del Vaticano y del puente de Sant’Ángelo, se organiza el tráfico desde la puerta y plaza del Popolo y se urbanizan las colinas abandonadas. Sixto IV (1471-84) hizo importantes mejoras en puentes, fuentes, calles convertidas en rectas, como Alejandro VI (1492-1503), con su restauración del castillo de Sant’Ángelo y la apertura de la calle Borgo Nuovo (la Alejandrina, entre Sant’Ángelo y el Vaticano).
En el pontificado de Julio II (1503-1513), con el arquitecto Bramante y sus colaboradores (Peruzzi, Antonio da Sangallo, Rafael), se hacen las Vías Giulia y Lungara, al lado del Tíber. Los palacios se levantan a los lados de las calles.
3) El periodo de 1513-1570.
Se acaban de realizar los proyectos anteriores. Se realizan nuevas calles rectas, en el suelo urbano y en el urbanizable (todavía no construido), en una previsión de futuro, con León X (1513-1521), Clemente VII (1523-1534) y Pablo III (1534-1549). En este siglo se mantiene el trazado urbano irregular en una zona cercana al casco medieval junto al río Tíber, entre el Vaticano y el Campidoglio. Los palacios se levantan al fondo de las calles, buscando la perspectiva central. El mejor ejemplo es la Piazza y Palazzo Farnese (por Pablo III), con unas fuentes posteriores, del siglo XVII, en un conjunto que busca una fusión de paisaje y entorno.
La forma preferida de apertura de nuevas calles es la radial, en forma de tridente (abanico o trivium), una forma que se difundió por toda Europa (Versalles, San Petersburgo.
El primero es el Tridente de Banchi, el que parte del Puente de Sant’Ángelo y penetra en el centro de Roma, con las calles Trinitatis, Papalis y Peregrinorum.
El segundo es el Tridente de la Piazza do Popolo (una puerta de la muralla aureliana), con un trazado regular secundario, favorecido por la ausencia de construcciones en esta zona. Una de las calles del conjunto era ya medieval (del Corso), León X promueve la calle Leonina (luego Ripetta), mientras que Clemente VII completa el tridente con la del Babuino. La importancia de este trazado era vital porque la Porta do Popolo era la gran entrada de los peregrinos, desde el Norte.
Esta periodificación es discutida. Braunfels y Giedion colocan esta reforma anterior de calles en tridente en el periodo (1513-1580) y, en concreto, Giedion coloca esta reforma en tridente en el pontificado de Paulo III, en 1534-1549. Por contra, Benevolo da el mérito de la innovación de las calles en tridente a los arquitectos anteriores a 1513, con Bramante.
En cambio, la reforma de la plaza del Campidoglio (que se proyectó entre 1536, entrada de Carlos V, y 1546, fecha de la intervención de Miguel Ángel en la obra del Vaticano), Morata la sitúa en el periodo anterior a 1513, en lo que puede ser un fallo de fuentes, pues carecemos de los documentos.]
La reforma del Campidoglio (Monte Capitolino) fue encargada por el papa Pablo III (1534-1549), para dar representatividad política a la plaza de la ciudad. Comenzó el mismo papa al colocar arriba la célebre estatua ecuestre de Marco Aurelio, en ocasión de la visita de Carlos V a Roma en 1536 (hay fuentes que retrasan la instalación a 1538). El proyecto de Miguel Ángel (diseñado desde el encargo de 1537, presentado en 1550) fue un intento muy logrado de dar monumentalidad a los edificios del gobierno municipal, en la cumbre mal adecentada de entonces y fue un modelo para muchas plazas barrocas. Se realizó (durante más de un siglo, desde 1550 hasta 1664, aunque lo básico estaba hecho antes de 1569) una plaza trapezoidal con unas fachadas simétricas, con el medieval Palacio de los Senadores al fondo y otros dos palacios como alas en la plaza. El de los Conservadores era medieval y formaba ángulo recto con el anterior, así que Miguel Ángel proyectó uno nuevo, el Capitolino, para hacer simetría a los dos preexistentes. Revistió los palacios de una fachada renacentista para conseguir una visión unitaria. El pavimento es estrellado y abombado y se colocan más esculturas antiguas (Cástor y Pólux) en primer término para el embellecimiento de las vistas desde la escalera monumental en rampa que asciende desde el llano, la Cordonata (1552).
Miguel Ángel también planificó la Strada Pia (1561), que enlazaba el palacio del Quirinal con la Porta Pia. Esta obra y las que hizo el papa Gregorio XIII (1572-1585) son los antecedentes del gran plan de Sixto V.
4) El periodo de 1570-1585, y 1585-1590.
Se realizan nuevas calles rectas, en el suelo urbanizable, cruzadas entre sí para formar triángulos. El papa Sixto V (1585-1590), asesorado por el arquitecto Domenico Fontana (1543-1607), promueve que las largas calles (de varios kilómetros) se unan formando, entre otros puntos de encuentro, una estrella alrededor de Santa María Maggiore.
Sixto V, papa a los 64 años, en sólo cinco intensos años dominó a la nobleza, reprimió el bandidaje, desecó las lagunas Pontinas, construyó un segundo acueducto (Acqua Felice, de su nombre de pila Felix), varias fuentes y los grandes palacios del Quirinal y del Vaticano, y terminó al fin la cúpula del Vaticano (Giacomo della Porta en 1590).
Sobre todo, Sixto V promovió cuatro grandes avenidas a través de Roma, derribando sin piedad ruinas antiguas y edificios medievales, consiguiendo un trazado viario totalmente moderno para la circulación de los peregrinos y por la belleza de las vistas. Destaca la strada Felice, la más larga de Roma (3.780 m), hecha en un solo año (1585-1586) y que unía la zona de la plaza del Popolo (en el proyecto de Fontana llegaba hasta ella y se convertía así en un cuarto brazo del tridente, pero esto no se hizo, por problemas de desnivel) con Santa Croce de Gerusalemme, pasando por Santa Maria Maggiore.
Trasladó y levantó cuatro obeliscos egipcios como puntos de fuga para poner hitos en estas nuevas perspectivas, en San Pedro, San Juan de Letrán, Santa Maria Maggiore y la Piazza do Popolo. Este traslado fue un gran reto técnico para la época. Fontana se encargó en especial del de San Pedro (10-IX-1586), alrededor del cual Bernini levantó después la columnata, usando la fuerza de carga humana y animal.
Sixto V promueve también el Palacio de San Juan de Letrán (sede en los siglos siguientes de la administración papal), con un obelisco delante, quitando los edificios medievales que lo ocultaban y reordenando la zona.
5) 1590 al siglo XIX
En los siglos XVII y XVIII se unen el obelisco y la fuente decorativa, en un proceso de cristianización del hito pagano, e incluso se pondrá sobre los obeliscos un globo con una cruz. En San Juan de Letrán la gran cruz sobre el obelisco en el centro de la plaza regulariza el conjunto, igual que en San Pedro.
En la Piazza do Popolo, la gran entrada a Roma por el Norte, se pueden observar las diversas actuaciones papales: calles en tridente, el obelisco en el centro y las iglesias gemelas hechas por Bernini y Carlo Fontana según una idea de Rainaldi (Santa Maria del Monte Santo y Santa Maria dei Miracoli, 1662-1679). La última reforma en esta plaza será la hecha por Valadier en estilo neoclásico, ya a principios del siglo XIX (proyecto de 1794, hecho en 1816-1820), con un óvalo, una nueva iglesia (la cuarta en la plaza) y otros edificios para mantener la simetría, una escalinata serpenteante hacia las zonas verdes en el monte Pincio (conectando a pie con la Strada Felice) y una regulación del tráfico de carruajes. Más tarde se abrió otra calle hacia el Tíber, dando otra axialidad lateral a la plaza.

EL URBANISMO DE VENECIA.
El urbanismo veneciano se adapta a esta ciudad peculiar, de canales, dividida en 72 distritos definidos por un núcleo central, llamado el rio, con una red viaria de canales de agua y de calles estrechas con puentes. El núcleo de cada distrito tiene dos plazas: del campo (mercado) y del campiello (iglesia). La técnica de construcción es homogénea en toda la ciudad, sobre pilotes, incluso en los edificios principales, lo que marca su fachada como si fuera un cuadro. Los rasgos principales de esta arquitectura son:
- La predilección por soportes en hileras, con pilares y columnas estructurados en arcadas góticas.
- La distinción entre estructuras y elementos modificadores, con abundancia de vanos, aperturas para aligerar el peso: ventanas, balcones, óculos, rosetones...
- La ausencia de sótanos, sustituidos por el “cuerpo del agua”, una cámara inferior que permite el libre paso del agua por debajo del edificio, creando un espacio para el aire que mantiene la humedad como en un microclima.
- Los edificios tienen dos entradas, al canal la principal y a la calle la secundaria, excepto cuando da a la plaza.
- La ausencia de vistas urbanas monumentales, salvo el Gran Canal (Ripa Grande), con los lugares y edificios más emblemáticos de la ciudad: la plaza de San Marcos, con el Palazzo del Dux, la Biblioteca y la catedral de San Marcos, y enfrente, la iglesia de San Giorgio in Isola, con su plazoleta en la entrada principal. En cambio, en el resto de la ciudad no hay grandes calles ni cruces importantes.
- La predilección por el intimismo: son las famosas vedutte veneziane, con claroscuros, sorpresas visuales, contrastes entre lo abierto y lo cerrado.

Las casas de pisos venecianas.
Las casas de pisos venecianas son una excepción en la época, debido a la escasez de suelo urbano en la ciudad lagunar. Son comparables por su tipología a las insulae romanas y a las wakala con rab islámicas.
Aparecen en el siglo XVI, con un auge en los siglos XVI y XVII, para hacerse los últimos en el siglo XVIII, cuando la ciudad entró en definitiva decadencia, la burguesía se trasladó al continente y se agotó el poco suelo urbano libre.
Los edificios de pisos son promovidos por cofradías, las llamadas Scuole, que podían ser grandes o pequeñas. Las familias residentes son de la clase media e incluso alta, pagando una renta (diferente según la altura, luz, orientación...).
Tienen una apariencia externa de palacio unitario. Son de cuatro o cinco pisos de altura, exentos en sus fachadas, con muchas puertas sencillas (no hay una entrada monumental, lo que la diferencia del tipo romano e islámico) desde cada calle, para cada vivienda. El bloque da a una plaza o campo con un pozo en el centro que recoge el agua de la lluvia sobre los tejados. La vivienda tiene ventanas que dan a dos calles. Las viviendas se estratifican irregularmente, con diversas alturas, por lo que la planta es muy confusa y variada. Hay generalmente un patio de luces en el interior del bloque (en algunos casos sólo hay una calle). En las terrazas o tejados de los edificios más ricos hay chimeneas. El bloque se edifica sobre pilotes de madera, directamente en el suelo o a través del agua, con el llamado “cuerpo del agua”.

Las villas paladianas.
Las villas venecianas en Terra Ferma son conocidas como villas paladianas, por Palladio, aunque fueron muchos los arquitectos que las construyeron. Su gran periodo es el siglo XVI, en un periodo en el que la burguesía veneciana se vuelve hacia el interior por la decadencia del comercio marítimo y la escasez de suelo urbano en Venecia para levantar casas representativas de su dignidad y acordes con el gusto renacentista.
Toman la Villa Rotonda de Palladio en Vicenza como modelo, con sus cuatro fachadas iguales y una cúpula superior, con pocas comodidades para residir y con una excelente integración en la naturaleza. Su función es representativa, el ocio y el descanso, junto al control de la explotación agrícola.

LA ARQUITECTURA CLASICISTA.
En la arquitectura teníamos los últimos dos rasgos de la codificación artística en Toscana: 3) La proporción arquitectónica. 4) La renovación tipológica: templo, palacio, villa.

LA PROPORCIÓN ARQUITECTONÍCA.
En el Quattrocento hay un gran cuidado por la proporción y los órdenes arquitectónicos. Las escalas: en el Quattrocento la escala en un edificio es humana (es un rasgo clásico), mientras que en el Cinquecento hay escalas monumental y humana en el mismo edificio (es un rasgo anticlásico).
Hay una concepción antropomórfica del espacio. El espacio arquitectónico tiene una función: la de acoger al hombre, siendo éste la medida y proporción ideal del espacio. Simetría o proporción: concordancia uniforme entre la obra entera y sus miembros. Decoro: adecuación de la obra a su función. El orden arquitectónico, como símbolo, es el resultado de un concepto y representa un modo.
Vitruvio opina sobre el orden y distingue: Modo, Género, Decoro y Orden. Modo: alegoría simbólica de un orden arquitectónica (los distintos órdenes responden a dioses distintos). Género: caracterización simbólica de acuerdo a la distinción de los dioses masculinos (dórico), femeninos (corintio) y lo neutro (jónico). Decoro: adecuación de forma y función del orden arquitectónico, en el que no hay nada que no esté fundado en una razón. Orden: ordenación proporcional del edificio y de sus partes a partir de un módulo unitario para lograr la armonía, siendo el orden un concepto integrador.
Estos conceptos pasan a la reflexión teórica del Renacimiento, con Alberti y Serlio. Cuando no hay decoro hay anticlasicismo. El orden es el sistema de relaciones proporcionales entre los elementos del edificio.

4) LA RENOVACIÓN TIPOLÓGICA: TEMPLO, PALACIO, VILLA.
A) El templo, con una adecuación entre la función cristiana y la estética clásica. Alberti usa formas profanas clasicistas. El concepto de espacio interior en la planta centralizada se relaciona con: 1) la recuperación del modelo del templo antiguo, 2) la concepción de Dios mediante el símbolo divino del círculo y 3) la correspondencia del macrocosmos y del microcosmos en la estructura armónica del Universo.
B) El palacio urbano será la expresión del poder de los señores de la ciudad. La planta es centralizada con patio columnado, con formas clásicas en la fachada.

C) La villa rural es un edificio sin tradición medieval, una recuperación de la Antigüedad y una expresión humanista del ocio sacralizado (espacio para la cultura y el retiro espiritual, pequeño y poco cómodo). Rotonda de Palladio.

FUENTES.
Internet.
Películas.
Documentales.
Exposiciones.
Libros.
Busch, Harald; Lohse, Bernd. Arquitectura del Renacimiento en Europa. Castilla. Madrid. 1966.
Damisch, Hubert. L'origine de la perspective. Flammarion. París. 1993 (rev. de 1987). 474 pp. Renacimiento y Barroco.
Murray, Peter. Arquitectura del Renacimiento. Aguilar. Madrid. 1972. 504 pp.

Artículos. Orden cronológico.
González, Enric. El pasado turbulento de San Pedro. “El País” (22-VIII-2007) 13. La basilica de San Pedro del Vaticano.

ARQUITECTOS.
El arquitecto italiano Leon Battista Alberti.
Libros.
Borsi, Franco. Leon Battista Alberti. L’opera completa. Electa. Milán. 1980 (1975). 397 pp. Leon Battista Alberti. Complete edition. Phaidon. Oxford. 1977.
Alberti, Leon Battista. Sobre la pintura. Fernando Torres. Valencia. 1976.
Alberti, Leon Battista. De Re Aedificatoria. Akal. Madrid. 1991. 475 pp.

El arquitecto italiano Brunelleschi.
Libros.
Argan, G. C. Brunelleschi. Xarait. Madrid. 1981. Ed. francesa, Macula. Paris. 1982 (1955).
Artículos
Magi, Lucia. Hallado el ‘boceto’ de Brunelleschi. “El País” (15-XII-2012) 42. Localizan la cupulina, enterrada al lado de la catedral de Florencia, que Brunelleschi utilizó para experimentar la construcción de la cúpula.

El arquitecto italiano Miguel Ángel Buonarroti. [Solo su faceta de arquitecto]

 Libros.
Tolnay, Charles de. Miguel Ángel. Escultor, pintor y arquitecto. Alianza Forma. Madrid. 1985 (1975).