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miércoles, 25 de junio de 2014

Mud (2013), de Jeff Nichols.

Mud (2013), de Jeff Nichols

Mud (2013). EE UU. Género: drama. Duración: 130 minutos. Dirección: Jeff Nichols. Intérpretes: Matthew McConaughey, Tye Sheridan, Jacob Lofland, Reese Witherspoon, Ray McKinnon, Sam Shepard. Guión: Jeff Nichols. Música: David Wingo. Fotografía: Adam Stones. Montaje: Julie Monroe.
Trama.
En septiembre de 2011 en un pueblo en la desembocadura del Mississippi, dos chicos de 14 años, Ellis y Neckbone, viven el problemático final de su infancia cuando descubren en una isla a un fugitivo, Mud, que ha matado a un hombre para proteger al amor de su vida, Juniper, y ahora se oculta de sus perseguidores. Los chicos le ayudan en su proyecto de reunirse con su novia y emprender una problemática y casi imposible huida, al tiempo que descubren el pleno sentido de la amistad, el amor, la renuncia, el dolor de la pérdida, y la suprema aventura que es el vivir plenamente.
Opinión.
La crítica se ha entregado a la admiración por este film extraordinario, brillante recuperación de la tradición de aventuras y dramas infantiles de Charles Dickens (Grandes esperanzas) y Mark Twain (Hucleberry Finn), con reminiscencias del género del Oeste, en especial de sendos temas de Shane (1953) de George Stevens (la relación entre el niño y el pistolero) y Del infierno a Texas (1958) de Henry Hathaway (la venganza del padre), y del descubrimiento del amor en la juventud, con unos toques que no destaparemos de las míticas y poéticas Verano del 42 (1971) de Robert Mulligan y Badlands (1973) de Terrence Malick.

De izquierda a derecha, Jacob Lofland, Matthew McConaughey y Tye Sheridan.


Del elenco de actores cabe destacar a un eminente Matthew McConaughey (Mud), excepcional en esta abrumadora interpretación de sutiles matices; Sam Shepard (Tom), que borda otra vez en la senectud su papel de justiciero; Reese Witherspoon (Juniper) compone con sobriedad un papel dificilísimo; Jacob Lofland (Neckbone) aporta convicción y realismo a raudales; y asombra literalmente Tye Sheridan (Ellis) por su intensidad y talento en mostrar la evolución psicológica del protagonista desde cuya mirada el director narra esta historia. Este Sheridan apunta a actor genial. Los secundarios están ajustadísimos y menciono especialmente a un gran Ray McKinnon (el padre de Ellis), muy creíble en su papel de fracasado con buen corazón cuyo mundo se desintregra.
La fotografía es perfecta (esos insectos que aparecen entre las ramas como ramalazos de libertad) y la música encaja con maestría en todo momento. Jeff Nichols, un director que desde ahora reconozco de los grandes, ha logrado con tantos ingredientes una obra redonda, conduciendo la historia con una pausada lentitud, una perfecta armonía, en un prodigioso in crescendo dramático, sin una escena que falte, sin un plano que sobre, desde el inicio del río presentado como metáfora de la vida y la muerte, hasta los supremos planos de poesía visual de un final roto, al que la lógica de la historia permitía muchas salidas, pero al que el guionista (el propio Nichols) ha dado ese punto de especias que deja boquiabierto y expectante al espectador.
Corran a verla. Es la película del año. 
Fuentes.
Ocaña, Javier. Clásico moderno. “El País” (30-VIII-2013) 36. Una crítica rendida.