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sábado, 17 de mayo de 2014

Las vanguardias en el arte y la arquitectura.

LAS VANGUARDIAS EN EL ARTE Y LA ARQUITECTURA.

Un debate en la UNED (1997) sobre las vanguardias.
En un curso de la UNED, Leyenda y realidad de las vanguardias pictóricas, Ávila (1-4 julio 1997), dirigido por Enrique García Melero, los profesores y críticos de arte participantes coincidieron en la “hipertrofia” sin salida que supone el legado vanguardista para la representación plástica actual. Estamos en una crisis sin modelo de recambio universalmente válido. La pérdida de una actitud transcendente o transgresora no significa que todo vale.
F. Calvo Serraller considera que hay una pérdida irreversible del «sentido quimérico» del arte. «Si no hay contempladores, no hay arte; si no hay público de vanguardias, tampoco habrá artista de vanguardia».
Estrella de Diego incide en la «expresión de la frigidez de la época o respuesta anoréxica frente al exceso». El pop art constituye: «la última de las grandes corrientes artísticas de la tradición clásica» y «Representa la frigidez de la época que vivimos; una suerte de respuesta anoréxica frente al exceso. Y en ese sentido lo de menos es su formato pop o publicitario. Hemos de aprender a releer a Andy Warhol como un magnífico pintor de bodegones en el lenguaje de una época». Prosigue que «Ya se ha terminado el placer transgresor que caracterizó la actitud vanguardista del arte. Pero eso no quiere decir que ahora venga el vacío. Por fortuna, el deseo es innombrable». «Por fortuna, existe un canon de legitimación de la calidad que, aunque tiene que ver con alguna forma de poder, no se corresponde estrictamente con el mercado. A menudo se abusa del rótulo de mercantil como panacea disuasoria, para no entrar en reflexiones más a fondo».
Simón Marchán Fiz apunta a la fagocitación de las formas y actitudes vanguardistas por sus propios idearios conceptuales. Distingue entre vanguardias positivas y negativas: las primeras se corresponderían con las formas expresivas mientras que las segundas serían las aquellas meramente conceptuales víctimas de su propia cerrazón programática e ideológica. «En su forma positiva, los ismos vanguardistas pueden continuar operando como embriones».
Jesús Viñuales se fija en la absorción de la vanguardia por el poder oficial. «Si un poder oficial contempla un movimiento de vanguardia, éste, por definición, deja de serlo».
Enrique García Melero, por su parte, avisa de la contradicción irresoluble del «academicismo vanguardista». «Las vanguardias nacieron ya diluidas, o con su propio certificado de defunción bajo el brazo».
Montaner: arquitectura y modernidad.
Montaner considera sobre la modernidad: «Aunque el mecanismo de las vanguardias artísticas apareciera incipientemente a finalees del siglo XVIII con el culto a la novedad y a la originalidad por parte del romanticismo, la modernidad ha encontrado en el arte de principios del siglo XX sus expresiones y mitos más completos y culminantes. En consonancia con la idea de modernidad que significa expresión del “espíritu de los tiempos”, sectores de la burguesía más metropolitana y renovadora promocionaron la técnica de las vanguardias, confiando en un proceso inmediato y rápido, promoviendo la ruptura de las convenciones en aras de la originalidad. Este culto a la novedad y a la originalidad comportaba una revuelta contra la tradición y una defensa de la tabula rasa y el grado cero.
La conciencia de la modernidad se desarrolla desde el renacimiento como oposición de lo moderno al conjunto de los valores tradicionales medievales; tuvo su expresión en la recuperación del lenguaje clásico, en el surgimiento de la ciencia moderna y en el descubrimiento de América. Hasta entonces, el hombre tradicional no tenía conciencia de serlo, ya que ninguna diferencia histórica podía aformarlo en su identidad. En cambio, el hombre moderno empezó a ser consciente de su modernidad en tanto que se podía comparar con los antiguos y deducor las diferencias que le distinguían respecto a ellos. Esta conciencia de modernidad se producía en un doble sentido: por una parte, como superación del mundo medieval y, por otra, al recuperaer el lenguaje clásico y la cultura de la Antigüedad, como identificación con la República Romana y los textos de autores como Cicerón, Horacio, Vitruvio, Plinio el Viejo o Plinio el Joven. Giorgio Vasari escribió la primera historia de los artistas modernos y desde el renacimiento hasta el neoclasicismo se mantuvo vigente esta distinción básica entre artista de la Antigüedad, artista medieval y artista moderno. [Joseph Rykwert. Classic and Neoclassic. “Oppositions”, Cambridge, Mass., nº 7 (invierno 1976).]
Con la ilustración y el romanticismo se consolidan los valores de la modernidad respecto al continuum de la tradición. Desde el mundo clásico hasta la sociedad medieval, la originalidad y la invención, si llegaban a aflorar, eran inmediatamente camufladas. La concepción de un universo armó­nico bajo la autoridad divina va perdiendo vigencia a medida que el universo se desacraliza. Si hasta entrado el renacimiento no era posible criticar y poner en duda la sabiduría de la tradición, a partor del siglo XVII va generándose la razón crítica, la conciencia histórica y la idea del progreso humano y científico. Desaparece un mundo que se había basado en la transmisión de la tradición y surge otro que permitorá la aparición del autor original en la búsqueda del progreso y la ruptura. Si en la sociedad tradicional el clero y la nobleza eran los clientes de los artistas, la sociedad moderna verá la aprición del artista individual que intenta crear para un mercado anónimo, sin el condicionante de un cliente concreto.» [Montaner. La modernidad superada. Arquitectura, arte y pensamiento del siglo XX. 1997: 143-144.]
El arte de vanguardia tiene como uno de sus elementos fundamentales el ethos de la reproducción mecánica (Benjamin), en su reproducción en serie y en su representación/difusión en los medios de comunicación. Los dos mitos modernos de la “originalidad” y la “reproductibilidad” son totalmente contradictorios, como también son contradictorios los términos “original” y “novedad”, pues lo “original” se remite a los orígenes, a una sustancia arcaica que se recupera, y “novedad” significa ruptura, búsqueda que no tiene antecedentes. [Montaner. La modernidad superada. Arquitectura, arte y pensamiento del siglo XX. 1997: 145.] Otra contradicción de las vanguardias es pretender un discurso de transgresión (ruptura, extrañamiento) y que esa transgresión se institucionalice y entre en la esfera de lo cotidiano, pues:
«Las vanguardias artísticas sólo pueden surgir sobre la premisa de la autonomía de la actividad artística, sobre una abstracción que se separa de la praxis de la vida cotidiana; pero, al mismo tiempo, una parte de las vanguardias (...) también pretenden transformar esta misma sociedad. Arte y vida desean fusionarse sin conseguirlo nunca.» [Montaner. La modernidad superada. Arquitectura, arte y pensamiento del siglo XX. 1997: 145.]