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lunes, 17 de febrero de 2014

'In Memoriam': Elizabeth Taylor (1932-2011).

'In Memoriam': Elizabeth Taylor (1932-2011).


Los periódicos de todo el mundo ponen en sus portadas la noticia de la muerte de Elizabeth Taylor. Es un inevitable renglón postrero en su vida pero no es el final de su mito. Parecía que nunca podía morir y en parte así es, porque su belleza permanece vívida en nuestra memoria, con la inquebrantable entereza de lo límpido y puro.
A mí me conquistó desde el primer instante, como esos amores imposibles e inevitables, cuando yo tendría apenas 10 años o menos. En un cine de barrio volvían a echar por enésima temporada Ivanhoe (1952), y mi madre nos llevó a verla, a ella más que a la película. Liz era la muchacha judía Rebeca, por cuyo amor luchaban hasta la muerte los caballeros interpretados (impecablemente) por Robert Taylor y George Sanders, y se ganaba la estima de Joan Fontaine (que cuatro años antes había estado sublime en Carta de una desconocida, otra de mis grandes favoritas) y por allí pasaban un rato algunos de mis héroes predilectos, Robin Hood y Ricardo Corazón de León. Todo estaba muy bien. La película merece la pena, porque su director, Richard Thorpe, nunca fallaba, y aún me emociona cada vez que vuelvo a verla.


No obstante, nuestros ojos estaban sobre todo pendientes de las apariciones de la gran diosa del cine y el papel couché, ya casada con Richard Burton (como se ve, casi todo se quedaba ya entonces entre actores británicos; parece que han nacido con un gen especial). Su brillante cabellera azabache, su cutis… todo cumplía con el ideal de la perfección. A nada de ella se le podía poner tacha.
Pero a mí me enamoraron sus ojos. No es sólo que fueran oscuros como el pecado y luminosos como la vida, sino que tenían la rara propiedad de verme a mí, de clavarse en mí. Luego, otros (y otras) me dijeron lo mismo, que sentían que esa mirada estaba dirigida a cada uno de ellos (y ellas). Esa mirada era realmente divina, porque era profundamente humana. Sus destellos reflejaban la vida, el tormento interior, la pasión. No le hacía falta hablar. Sin duda podría haber sido una gran estrella del cine mudo al igual que lo fue del sonoro.
Luego la vi en muchas películas, creo que las he visto todas, y en ninguna estaba mal. Tal vez no era una gran actriz de método, de esas que se sumergen en sus personajes y acaban hablando chino mejor que los chinos (lo que tiene su mérito, no lo niego), pero había papeles en los que encajaba como un guante, y casi siempre supo escogerlos. Después se retiró. El cine es más cruel con las mujeres. Pero su mirada nunca se marchitó y creo que ella lo sabía y le bastaba para ser razonablemente feliz.
Gracias, querida Liz, por mirarnos.
Fuentes.
AA.VV. Especial obituario. Elizabeth Taylor. “El País” (24-III-2011) 46-49. Ayuso, Rocío. Del tejado de zinc al panteón de oro (46). Almodóvar, Pedro. Maggie, la eterna (46). Boyero, Carlos. Belleza y estrellato: Ella (47). Torres, Maruja. Superviviente de todo… y de sí misma (48). Ordóñez, Marcos. My Taylor is rich (48). Koch, T. El legado digital de ‘@Dame Elizabeth’ (49).
AA.VV. Especial obituario. Elizabeth Taylor. “El Mundo” (24-III-2011). Hernández, Virginia. Liz Taylor: La mirada violeta. Almodóvar, Pedro. Pura pasión. García-Calvo, Carlos. Ellos la preferían con curvas.
Lindo, Elvira. Liz Taylor, hasta la última escena. “El País” Semanal 1802 (10-IV-2011) 50-62.

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