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domingo, 1 de diciembre de 2013

¡Qué viva México! (1931), de Sergei M. Eisenstein.

¡Qué viva México! (1931), de Sergei M. Eisenstein.
        ¡Qué viva México!(1931). Metraje-duración: 1h 25’. Dirección: Sergei M. Eisens­tein. Correalizador: Gregori Alexandrov. Producción: Mexican Picture Trust (Upton y Mary Craig Sin­clair). Guión: S. M. Eisenstein. Fotografía: Eduard Tissé.
            Reparto: Isabelita Villaseñor (María), Martín Hernández (Sebastián), David Liceaga (torero)...
            ARGUMENTO:
            El filme estaba previsto en un prólogo, cua­tro partes (Sandun­ga, Maguey, La fiesta y Soldadera) y un epí­logo que no llegó a rodarse. Se mostraban en estas partes varias visio­nes de México a lo largo de su historia, con el hilo conductor de la muerte y del pueblo llano mexicano.
        En el prólogo vemos el México preco­lonial, con la arqui­tec­tura maya y azteca, una visión antropológica de los cuerpos hu­manos de la pura raza amerindia, el interés por la muerte, los dioses de sangre y muerte...
        En la parte llamada San­dunga (por la música popular que suena), vemos lo que sería el México colonial (y también el actual, pues las costumbres se han mantenido), con los prepara­tivos de la boda de Juanita Villaseñor en el pueblo de San­to Do­min­go de Tehuantepec, con los ritos matrimoniales, la ironía sobre el duro trabajo de las mujeres y la pereza consustancial a los hombres, la visión idílica del amor natural sin trabas.
            En Maguey tenemos una historia del México an­terre­volucio­na­rio, muy dura. Los trabajadores del magüey (una planta indus­trial de la costa de Yucatán) son explotados por los grandes propietarios. Una joven pareja a punto de ca­sarse es rota por un terra­teniente que viola a la muchacha y la mantiene se­cues­trada. El novio, apoyado por unos amigos, la libera, pero los rescatadores son per­seguidos por los terra­tenientes, son muer­tos salvajemente pisoteados por los caballos.
            Esta es la única historia de ficción de la película y los actores no profesionales dan una sensación de irrealidad (casi de teatro popular) que perjudica el desarrollo de la acción.

            Eisenstein en México.


            En La fiesta vemos una famosa secuencia de la vida coti­diana en el México postrevolucionario, la fiesta de los muer­tos, en la que todo el mundo come calaveras de azúcar, se pone máscaras mortuorias y dan­za en rituales macabros, dentro de un espíritu festivo de con­vi­vencia con la muerte. Es el símbolo de la perduración de las religio­nes antiguas por debajo del cato­licismo, que es presen­tado como una religión de muerte, sólo que más atemperada por la razón.
            En Soldadera, que no se filmó, pretendía desarrollar la vida de las mujeres revolucionarias (las soldaderas) que acom­pañaban a los hombres en medio de las campañas de la Revolución de los años 10. Un ejemplo de cómo hubiera podido ser lo tene­mos en la reciente película Gringo Viejo o en parte primera de la novela de Car­los Fuentes, La muerte de Antemio Cruz.
            En el epí­logo que tampoco llegó a ro­dar­se pretendía cerrar con un canto de esperanza en lo logros de la Revolución.
            COMENTARIO Y CRÍTICA
            El filme, por los motivos que veíamos en la biografía de Ei­senstein, se desglosó (1933) en los lar­gometra­jes Thun­der over Me­xicoEisenstein in MexicoMexi­can Simphony (des­glosado en seis episodios) y el cortometraje Death Day, utili­zando el ma­terial con intención comercial.
            En 1939 Marie Seton realizó el montaje Time in the Sun, consi­derado la apro­ximación más respe­tuosa al proyecto origi­nal. Con fines de es­tudio, Jay Leyda ordenó en 225 minutos de proyección todo el material dis­poni­ble, por iniciativa del Mu­seum of Mo­dern Art Library, en Ei­senstein’s Mexican Film: Epi­sodes for Study (1957). Eisens­tein desaprobó los montajes de Thunder over Mexi­co y Time in the Sun, que pudo ver en 1947. Este filme inacaba­do y desvir­tuado contiene empero algunos de sus mejores momen­tos.
            Gregori Alexandrov explicó la azarosa historia del rodaje y el conflictivo montaje [Revista “F. S.” 78/3 (1978) 17-19], del que hizo en los últimos años 70 una versión que hoy se considera de refe­rencia, editada por Mosfilm.
            Eisenstein ya se sentía atraído por el tema de México des­de su época de director de teatro (hizo el montaje de El mexi­cano). Le atrajo enseguida la posibilidad sugerida por el artista Diego Rivera de filmar una obra sobre la historia de México. La financiación del escritor radical Upton Sinclair le permi­tió acometer una ingente labor de documentación, entre­vis­tas, filmación. Más de 70.000 metros de material documental y de ficción, una enorme masa que se quedó en EE.UU. y de la que surgieron numerosas versiones espúreas, con fines comercia­les y aprovechando el tirón del nombre de Eisenstein.
            Lograda la re­cuperación del material original, que guar­daba el MOMA de Nueva York, Alexandrov volvió a la idea origi­nal de Eisenstein (con la misma estructura por lo menos) e in­tentó hacer una versión reducida, austera, sin concesiones co­mercia­les. «Lo principal en esta labor será conservar el espí­ritu de Sergei Eisenstein y llevar de la manera más plena su idea hasta el espectador».
            Es muy interesante observar el impacto de la revolución y de la cul­tura mexicanas en la obra de la fo­tógrafa radical Tina Mo­dotti, amiga de Diego Rivera (a tra­vés del cual sin duda conoció a los cineas­tas soviéticos recién llega­dos) con sus naturalezas muertas, alusivas a la Revolu­ción, y sus fotos de mujeres de Tehuantepec en 1928-29, un año antes de la visita de Eisenstein al mismo lugar (¿por sugeren­cia suya?).
            Podemos rastrear la influencia de Eisenstein en México en la obra de la fotógrafa contemporánea y modernista Lola Alvárez Bravo, que por los temas (entierros, muerte, sueños, jóvenes campesi­nas, sombras pictóricas, etc.) y estilo depurado de sus fotos tanto nos lo recuerda [Fotos de Alvárez Bravo en “His­tory of Photography” (otoño 1994) 211-218].
            En 1996 se descubrieron dos dibujos inéditos de Eisens­tein, en casa de su amigo Jorge Palomino, un artista que le ayudó a buscar localizaciones para el largometraje y para el que hizo estos dibu­jos, de 1931, que presentan escenas eróti­cas, y eran conocidos sólo por un pequeño grupo cercano a Palo­mino. Iban a ser publicados por el investigador Fernando de la Vega en un próximo libro.

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