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domingo, 1 de diciembre de 2013

Alexander Nevski (1938), de Sergei M. Eisenstein.

Alexander Nevski (1938), de Sergei M. Eisenstein. 

        Alexander Nevski(1938). Metraje-duración: 3.044 m., 1h. 51’. Productora: Mosfilm. Dirección: Sergei M. Eisens­tein. Guión: Sergei M. Eisens­tein y Piotr Pavlenko. Colaborador: D. I. Vasiliev. Foto­grafía: Eduard Tissé. Montaje: Sergei M. Eisens­tein. Música: Sergei Pro­kofiev. Ayudante de interpretación: Elena Telesheva. Decorado: Isaak Spinel, N. Solovev.
         Reparto: Nicolai Cherkasov (Aleksandr Nevski), Nicolai Ojlokpov (Vasily Buslai), Andrei Abrikosov (Gavrilo Oleksic), Dimitri Orlov (Ignat), Vasily Novikov (Pavsa), N. Arski (Domas Tverdislavic), Varvara Masaliti­nova (Amelfa Timofeevna), Valen­tina Ivaseva (Olga), Aleksandra Danilova (Vasilisa, la hija del voivoda de Pskov), Sergei Blinnikov (Tverdila, el traidor), Ivan Lagutin (el monje Anany).
            ARGUMENTO:
            La Rusia del siglo XIII. Alexander, príncipe de Pereslav, está en un lago con sus cortesanos. La tierra rusa aún no ha sido libe­rada del yugo mongol, que campan por sus respetos pero todavía es pronto para rebelarse contra ellos.
            Un peligro más inmediato llega por el Oeste con la inva­sión de los caba­lleros teutó­nicos de Livonia. Cae en sus manos Pskov y los rusos son quema­dos vi­vos y Novgorod es amenazada con la destrucción. La campana de la cate­dral llama a los habi­tantes, que, en con­tra de la opinión de los bo­yar­dos, deci­den llamar al príncipe, Alexander, para rechazar al enemigo. El príncipe hace una leva entre la nobleza y los cam­pesinos y reú­ne un ejér­cito verdaderamente popular.


            Van al encuentro del enemigo. Alexander decide librar la bata­lla sobre el hielo del lago Cudsk (Peipus). Concibe un plan que consiste en hacer recibir por el regimiento de vanguardia el ataque de los caballeros teutóni­cos para, después, en lo más fuerte del choque, hacer atacar los flancos por el ejército popular ruso. La espantosa batalla dura todo el día, el hielo es cubierto por la sangre de los muertos. Los rusos consiguen con su arrojo temerario la victoria que salva Rusia de la des­trucción y la esclavitud. En la alborozada Novgorod el príncipe Alexander anuncia a los tiempos venideros el duro destino que aguarda a quienes invadan la tierra rusa.
            COMENTARIO Y CRÍTICA
            La película surgió de un encargo político propagandístico. A comienzos de 1938 Stalin ya entre­veía que una guerra con Ale­mania sería inevitable y decidió preparar el terreno ideológico para ello. Entre las medidas tomadas estaba el hacer un filme que estimulase el ardor pa­triótico de los rusos contra los ale­manes y nada mejor que re­cordar la gran gesta del príncipe Alexander Nevski que había rechazado a los caballeros teutónicos que habían invadido Rusia en el siglo XIII.
            El filme se llamaría Russ (Rusia), el mismo título de la can­ción patriótica que se repite varias veces desde el princi­pio del filme. El encargo se dio a Eisenstein porque Stalin era consciente de que sólo él podría dar al magno proyecto la altu­ra artística necesaria.
            Eisenstein hacía en esta obra su primera película sonora con opción de ser acabada y decidió intentar realizar un viejo sueño: fundir el gesto, la palabra y la música, una síntesis de drama-ballet (de acuerdo a las tesis de Meyerhold), un filme que podría calificarse de filme-música o filme-ópera, en el que imagen y música se crearan de manera entrelazada en perfecta fusión creativa. Para hacer la música el mismo Stalin decidió que sólo Prokofiev podía hacerla así que se aceptó sin proble­mas que Eisenstein le tomara como director y compositor de mú­sica. Lo filmó durante cinco meses de un cálido verano y otoño, desde mayo de 1938 y lo ter­minó el 4 de no­viembre).
               
 
               Cherkasov en el papel de Alexander Nevski.

            Contó con enormes medios económicos, los mejores actores y técnicos, por lo que la filmación progresó mucho más rápido de lo previsible. Así, la portentosa escena de la batalla en el lago helado, que en el proyecto debía hacerse al natural en diciembre se filmó en pleno agosto, sobre un inmenso decorado de espuma blanca solidificada. El éxito fue inmenso y le reha­bi­litó de inmediato ante Stalin.
            Según Sadoul [Passek. Le cinéma russe et soviétique. 1981: 199] fue un punto de confluen­cia de todas las ten­dencias que habían marcado su obra anterior. Que­ría crear una obra total, partícipe de todas las artes escéni­cas y plásticas, un espectáculo suma de todas las facetas de los demás espectá­culos. Un montaje minucioso, con encuadres rebuscados, se con­juntó en un contrapunto audio-vi­sual con la partitura de Proko­fiev, como una sinfonía. Esta perfección for­mal hacía olvidar demasiado el papel de los hom­bres, pero el amor a la patria iluminaba la mayor parte del filme, profético por lo demás.
            En oposición a esta opinión sólo laudatoria, Bardèche y Brasi­llach [Passek. Le cinéma russe et soviétique. 1981: 199-200], nos muestran la ambivalencia del filme. Por un lado sería la obra maestra del cine épico-histó­rico y una de las mejores del cine soviético y, por otra, como el mejor del cinéma «fascista» en el sentido de to­talitario, con el hé­roe invencible y siempre sere­no, de pura raza nórdica, que ven­ce a los enemigos de la pa­tria. Debería ser la película-modelo para el cine nazi.
            Para conocer cómo Eisenstein y Prokofiev trabajaron en la música nada mejor que leer las notas de rodaje del propio Ei­senstein: «Me dice Prokofiev: `Lo tendrá usted al mediodía’, mientras salimos de la salita de proyección. Es medianoche pero estoy tranquilo. Mañana a las 11.55 un pequeño automóvil azul entrará en los estudios con Prokofiev llevando bajo el brazo la continuación de la música de Nevski. Por la noche veremos un nuevo fragmento de película y por la mañana un nuevo fragmento musical estará listo. Prokofiev es un reloj: atina el tiempo con la precisión de un campeón de tiro. Pero su exactitud no es maniática puntualidad; procede de la precisión que caracteriza toda su obra».
             Y tras el estreno Eisenstein anota en su diario: «La mú­sica fue compuesta unas veces para escenas montadas en bruto y otras para escenas con montaje afinado. Pero en las más la mú­sica era anterior a la imagen y rodamos de modo que la cons­trucción visual se apoyase en la sonora. Una vez intenté expli­car a Prokofiev la escena de la batalla en que los solda­dos rusos tocan flautas: no me entendía. Yo no lograba transmi­tirle lo que se iba a ver y él no encontraba el efecto musical preci­so para algo que no veía. Entonces pedí que que construye­ran las viejas flautas y las filmaran. Cuando Prokofiev vio a los flautistas, su visión se hizo automáticamente sonora, e inme­diatamente creó un equivalente musical de la imagen» [Fernández Santos, Ángel. La música de Prokofiev para ‘Alexander Nevski’. “El País”, Babelia (15-IV-1995) 2.].